Aclaraciones: Los personajes de eyeshield21 no nos pertenecen, son propiedad única y exclusivamente de Riichiro Inagaki y Yusuke Murata.
-Fiesta de navidad con… ¿los Anezaki?-
Hiruma caminaba pausadamente por la calle. Iba tan tranquilo y lento que hasta un caracol le podría adelantar en cualquier momento. En comparación a él, todas las personas a su alrededor caminaban a la velocidad de la luz, y no era para menos, se acercaba la hora de la comida y todos querían llegar cuanto antes con sus familiares, después de todo, era el día de navidad, una de las fiestas más importantes del año que, normalmente, se pasaba en familia.
El rubio paró delante de la verja de una de las casas, una casa de tamaño medio con la puerta blanca y un pequeño jardín de flores que le daba un toque pintoresco a la vez que femenino.
El chico abrió la verja y caminó calmadamente dirección a la puerta de entrada, buscó el timbre con la mirada y en cuanto lo encontró dirigió uno de sus finos dedos hacía él, aunque antes de hacerlo se paró al oír un grito infantil en el interior de la casa, unas risas siguieron al gritito y él giró la cabeza en señal de confusión.
—Pero… ¿Cuánta gente hay ahí dentro? ¿Un maldito regimiento?—Pensó Hiruma.
A que mala hora se le había ocurrido comentarle a la maldita manager nada sobre su solitario día de navidad, los últimos años los había pasado solo y no le había pasado nada, incluso llegó a mentirle a la manager sobre lo que iba a hacer ese año, aunque ella, como siempre, lo había descubierto en un par de segundos, según ella porque sus ojos lo delataban. Estupideces.
Aun negándose con todas sus fuerzas a ir a la fiesta de navidad de la familia Anezaki ella logró convencerlo, no sin antes hinchar los mofletes y juntar las cejas en señal de molestia, había hecho una expresión tan adorable que no se había dado cuenta siquiera de cuando le había dado el "Sí". Incluso Agon le había llegado a decir durante el entrenamiento que esa maldita mujer, durante todos esos años de universidad, lo había dominado a su antojo con esa maldita cara adorable que ponía a veces y, en parte, tenía toda la razón.
Dios, en ese momento, escuchando el jaleo que se oía desde el interior de la casa de la chica, parado en la puerta como un idiota, con una de sus manos en el interior del bolsillo de la chaqueta y la otra a punto de pulsar el botón del timbre de la puerta, se dio cuenta de lo ridículo que sonaba lo de entrar ahí dentro porque, después de todo, el día de navidad era para estar con la familia y él, precisamente él, no era nada de ella, solo era un amigo con el que a ella le encantaba discutir, punto, no había más. Todavía tenía tiempo de huir.
Justo cuando iba a darse la vuelta para desaparecer de allí como si nunca hubiera ido a la casa de la muchacha, la puerta se abrió mostrando a una pequeña niña de pelo castaño oscuro y unos grandes ojos cafés, junto con una mujer de cabello castaño rojizo y ojos azules que acababa de atrapar a la pequeña abrazándola por detrás.
La niña llevaba un pequeño vestido de manga larga azul oscuro con un gran lazo blanco y la mayor, llevaba unos pantalones negros de tela encerada, unos zapatos de tacón, no muy altos, y una camiseta blanca y holgada.
—Mierda—Pensó el chico.
—¡Te pillé! ¿Qué te ha dicho tu madre de salir a la calle sin chaqueta? Te vas a resfriar.
Por primera vez en todo ese tiempo, la muchacha miró al frente encontrándose con unos familiares ojos verdes. Mamori no pudo evitar sonreír al ver al rubio que estaba delante de ella, al final había ido, le había hecho caso, pensaba que le había dicho que sí de forma irónica y que no se presentaría, pero había aparecido de la nada, cumpliendo su promesa.
La chica aumentó su sonrisa y se incorporó un poco, soltando del agarre a la niña, para saludar apropiadamente a Hiruma, aunque él lo único que atinó a hacer fue a evitar los ojos de la muchacha.
—Al final has venido, me alegro de que por una vez en la vida me hayas hecho caso—Comentó Mamori con una sonrisa aun más amplia en el rostro.
—¡Es él! ¡Es él! ¡Es él!—Gritaba sin parar la niña
Mamori y Hiruma no pudieron evitar girar el rostro para mirar a la niña que parecía conocer a Hiruma de algo, tal vez de alguna de sus amenazas, no, imposible, la niña era muy pequeña para haber roto un solo plato en su vida. Los dos muchachos se miraron sin entender nada.
—¿Lo conoces Ayame?—Preguntó Mamori confundida.
—¡Pues claro! Papá me dijo que vendría. ¡Él es el señor elfo que viene a darnos los regalos! Papá me dijo que un duende que trabaja con papá Noel vendría a darnos los regalos de navidad porque Santa no pudo hacerlo anoche ¡Tiene que ser él!
Mamori al oír la ocurrencia de la niña no pudo evitar reírse a más no poder mientras miraba a Hiruma, quien solo contemplaba a la niña, confundido, con una de sus cejas levantada.
—No Ayame, él no es el señor duende que te dijo tu padre, él es un amigo mío.
La niña, que saltaba de la emoción, paró precipitadamente de moverse y miró a Hiruma fijamente sin entender lo que le había dicho su adorada prima, ¿que el no era el duende que había esperado durante toda la mañana? ¿Solo era un amigo de su prima? No podía ser… ¿y su duende?
—¿un amigo… de nee-chan…?
—Así es, el señor elfo lo más seguro es que venga después de comer pero mi amigo vino a comer con nosotros ¿no es una buena noticia?
—¡Sí! ¡Cuantos más mejor! ¡Voy a ir a decírselo a todos!
La niña salió corriendo hacia el comedor dejando a los dos muchachos completamente solos. Hiruma suspiró, tenia la sensación de que ese día iba a ser muy largo, tal vez demasiado largo. El chico giró el rostro para observar a la muchacha que, desde que la niña se había ido, no había parado de mover sus hombros ligeramente de arriba a abajo, ¿se estaba riendo de él?
—Oye maldita manager ¿Me vas a invitar a pasar o tengo que quedarme congelado como un maldito helado en la puerta?—Dijo Hiruma muy enfadado.
—Lo siento…señor elfo…—Dijo la chica sin parar de reír.
Mamori invitó al rubio a pasar y lo acompañó hasta el comedor donde estaban los adultos: Un hombre alto, de cabello negro y claramente maltratado por la edad, y dos mujeres, una mujer de cabello castaño rojizo y ojos azules, y la otra de cabello castaño y ojos marrones, idénticos a los de la pequeña niña.
—¡Hiruma-kun!—Gritó sorprendida la madre de Mamori—¡Que bien que hayas decidido venir con nosotros! Hacía mucho tiempo que no venias por aquí.
—Mami*, ¿quién es el joven?—Preguntó la mujer del pelo castaño oscuro.
—¡Ah! Sí, él es…—Intentó decir la madre de Mamori.
—¡Él es el novio de nee-chan!—Gritó la niña que estaba sentada en el sofá—Te lo dije antes mamá y no me hiciste caso…
El rubio suspiró, ahí estaban otra vez con lo de emparejarlo con la maldita manager, tantos años con ella lo habían enseñado a ignorar los comentarios de los demás sobre su relación amorosa inexistente, y a ella también, habían pasado miles de rumores y, después de varios años, ella ya no se molestaba tanto como al principio, suponía, que eso significaba que se había llegado a acostumbrar, al igual que él.
Al girar la cabeza hacia la chica Hiruma se dio cuenta de algo que lo sorprendió. El rostro de la muchacha estaba más rojo que un tomate e intentaba esconderlo, sin suerte alguna, en el cuello de su camiseta. Al parecer, las palabras de la niña, no habían pasado tan desapercibidas para ella como había pensado en un principio.
El corazón de Hiruma comenzó a acelerarse sin motivo alguno dejando totalmente estupefacto al muchacho. Viéndola de esa forma tan adorable, con el rostro como un tomate maduro y los labios curvados en una sonrisa, claramente nerviosa, le había recordado viejos tiempos en Deimon y su corazón había comenzado a bombear a la velocidad de la luz, ¿por qué? La respuesta era fácil pero aun no tenía bastante valor como para decirlo alto y claro.
—¿Has oído eso Tateo*? Tu hija por fin nos ha traído a su novio a casa—El hombre que estaba en el comedor se dirigió a la cocina con paso lento.
—Ti… tio… no es mi…—Balbuceó Mamori.
—¿Acabas de decir "novio"?
Un hombre más bajo que el otro, de cabello oscuro y gafas, salió de la cocina sartén en mano con una mueca totalmente desencajada, Mamori observó como su padre ponía esa expresión en el rostro mientras observaba a Hiruma totalmente horrorizado.
—¿Pa…papá?
El señor Anezaki observó al muchacho que estaba al lado de su hija, a pocos centímetros de ella, para él demasiado cerca de rozar el suave brazo de su linda niña. Lo primero que observó en el chico fue ese aspecto diabólico: Pelo de punta, rubio, seguramente tintado, ojos alargados, orejas puntiagudas y dientes amenazantes y afilados ¿Cómo podía haber caído su hermosa e inocente niña en las garras de ese demonio?
—No… No me habías dicho que tu… esto… "novio" venia a comer Mamori—Dijo el padre intentando disimular el malestar que le provocaba la presencia del chico.
—Papá sí que te lo dije, os avisé a ti y a mamá de que Hiruma-kun vendría a comer, y además él no es…—Se paró un momento y se aclaró la garganta—…mi novio…—Dijo en un suspiro.
—¿No lo es?—Preguntó el padre.
—Es lo que he intentando decir todo este tiempo Tateo, no me habéis dejado acabar…—Dijo la madre de Mamori con las manos en las caderas—Él es el quarterback del club de futbol americano, trabaja con Mamori, pero solo son amigos. Cariño… te pones nervioso enseguida—Dijo girándose hacia el padre.
—¿Amigos?—Preguntó el señor Anezaki—¡Amigos!—El padre de Mamori comenzó a reír a más no poder y se acercó a Hiruma—Por favor hijo, pasa, pasa—Volvió a reir—Esta es tu casa.
El padre de Mamori comenzó a empujar levemente a Hiruma quien no podía parar de mirar hacia Mamori con un claro mensaje grabado en los ojos "Definitivamente me las vas a pagar maldita tonta". La chica no pudo evitar que una sonrisa se escapara por sus labios porque sabía lo que le ocurría a Hiruma, su familia a veces podía resultar algo alocada pero lo que le extrañaba a Hiruma era ese recibimiento efusivo que le estaban dando todos, después de todo, él no estaba acostumbrado a esa efusividad. Mamori miró al chico que en ese momento era abrazado por su tía y suspiró.
—Creo que Hiruma-kun está haciendo un gran esfuerzo por no estallar…—Pensó.
El chico la miró con la misma expresión anterior y ella no pudo evitar reírse de nuevo, definitivamente ese día de Navidad iba a ser algo duro y largo para Hiruma, pero se acostumbraría, después de todo, conocía a ese demonio mejor que él mismo y estaba segura de que aguantaría incluso una bomba nuclear, así que estar unas horas con su familia no sería tan duro.
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Durante la comida, había podido confirmar algo que para él llevaba claro desde el principio, esa familia estaba loca, demasiado loca, no sabía si llamarlos locos o dementes, definitivamente dementes era la palabra correcta.
En cuanto a las mujeres, la cosa iba desde la tía pervertida y curiosa de la manager que no hacía nada más que hablar de cosas extrañas, y preguntarle a la manager sobre su relación con él, hasta la madre de la chica, una mujer demasiado tranquila y sonriente que no parecía haber roto un plato en su vida, pero que controlaba a todos los presentes a su antojo.
Y de los hombres mejor ni hablar, el tío de la manager no soltaba la botella de vino ni aunque su mujer se lo pidiera de todas las maneras, incluso le había llegado a cantar al pollo, y el padre de la manager… mejor ni acordarse de él, había estado toda la comida mirándolo con ojos amenazadores cada vez que hablaba con la chica, él no tenia la culpa de que ella se hubiera sentado a su lado.
La única persona normal de toda la familia parecía ser la niña que se comportaba justo como lo que era, una niña de unos seis años, aunque tenía que admitir que tenía mejor conversación que los adultos, incluso le había preguntado por el fútbol americano. Las conversaciones que tuvo con la niña eran las más normales después de las de la manager, porque las de la tía de la chica… mejor omitirlas de su cerebro, demasiada perversión en un día.
Después de la comida, toda la familia empezó con el reparto de regalos, la cosa estaba bastante animada, la verdad, no recordaba lo que se sentía en esas fechas cuando toda la familia estaba reunida alrededor del árbol repartiendo regalos y abrazos, pero sobretodo, no recordaba lo que se sentía cuando se estaba rodeado por las personas que más se quería.
Sin siquiera darse cuenta y en un auto-reflejo, miró a la muchacha de ojos azules, ella estaba sonriendo a más no poder al observar a su pequeña prima disfrutar del nuevo saltador que le había traído papá Noel, y no pudo evitar unirse a ella con una sonrisa que no demostraba por ninguna parte ese lado diabólico que lo caracterizaba. Todo esto, bajo la atenta mirada del padre de la chica que no pudo evitar darse cuenta de la forma en la que el demonio miraba a su linda niña.
—Mamori, podrías ayudar a tu madre a sacar las pastas y el café—Dijo el padre de la chica en un tono que demostraba claramente algo de molestia.
—¡Ah! Esto… ¡Claro papá!
Cuando la chica se levantó ,sin querer, hizo que la alfombra se moviera un poco haciendo que la niña se resbalara con el saltador. Tanto Hiruma como Mamori fueron a atrapar a la niña, para que no se hiciera daño, y los dos consiguieron su cometido no sin quedarse antes uno frente al otro, con la niña entremedias de los dos y sus narices a punto de rozarse.
—¡Aquí traigo el café!—Gritó la madre de la chica.
Al entrar, sin darse cuenta, dio un pequeño golpe a Hiruma por detrás provocando que el chico acercara más su cara a la de la chica y la besara en un pequeño roce inocente de labios. Aunque el beso fue una simple caricia todos los familiares de la chica, excepto la señora Anezaki, que aun no se había dado cuenta del revuelo que había provocado su pequeño golpe, miraban a la pareja con los ojos bien abiertos totalmente sorprendidos.
Cuando Mamori tiró la cabeza un poco para atrás para separarse de los labios del demonio, intentó decir algo, pero lo único que pudo hacer en ese momento fue soltar un pequeño e inaudible suspiró seguido de un prominente sonrojo que la hacía verse aun más roja que un tomate maduro.
—Yo…—Volvió a intentar la chica—¿Ayame estás bien?—Le preguntó a la niña intentando cambiar de tema.
Al bajar la mirada encontró unos ojos marrones totalmente abiertos y una sonrisa increíblemente amplia, e incluso juraría que miles de estrellitas salían de los ojos de la pequeña niña, o… tal vez era solamente su imaginación loca que después del shock del beso la hacía ver cosas extrañas.
—Entonces… ¿Sí sois novios? Él es mi nuevo nii-chan ¿verdad?—La sonrisa de la niña se amplió aun más.
Bien, no eran imaginaciones suyas, todo lo que había visto a su alrededor era cierto. La mirada ilusionada de su primita, la cara triste de su padre, los rostros asombrados de sus tíos y la mirada de confusión de su madre, pero la única de las caras que no entendía era la de él, ¿por qué no había ningún tipo de reacción en él?
Ni contento, ni desilusionado, ni enfadado, ni siquiera había dicho una sola palabra con ese tono burlón suyo tan característico, nada, no había reacción, como si no la hubiera besado, aunque hubiera sido sin querer, se esperaba algún tipo de reacción y eso, esa reacción inexistente, era lo que más la enfadaba.
—Voy a por las pastas…
La chica salió del comedor y se metió en la cocina echando humo por la cabeza bajo la atenta mirada de todos los presentes, pero sobretodo, bajo la atenta mirada del demonio que había entendido mal el motivo del enfado de la chica, ya que él se pensaba que le resultaba molesto besarlo y que se había enfadado por ese beso accidental.
—Disculpad… ¿Qué es lo que ha pasado exactamente?—Preguntó la madre de la chica—¿Tateo? ¿Tateo qué te ocurre?
—Él… ella… labios… demonio… yerno…—Murmuró el padre de la chica a la vez que caía redondo al suelo.
—¡Dios mío! Ayame, querida, tráele a tu tío un vaso de agua ¡pero corre! Creo que está delirando.
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Tiempo después del café y de la recuperación del padre de Mamori después de su desmayo, Mamori aun seguía igual de molesta con el demonio, y decidió que era mejor hablar con él en un sitio donde hubiera menos ojos para observarlos, su cuarto.
Estuvieron allí un rato, sin decir ninguna palabra, tanto él como ella evitaban la mirada del otro aunque también observaban alguna vez que otra a la persona a su lado, cada uno con sus propios pensamientos y pensando, sin saberlo, en qué era exactamente lo que tramaba el otro.
Mamori no pudo evitar más tiempo el silencio y se levantó, enfadada, dirigiéndose hacia la puerta con aire molesto, lo que no pasó desapercibido para el rubio, que bufó sabiendo exactamente cual era el humor de la manager en ese momento.
El chico se metió la mano en el bolsillo del pantalón y acarició algo que estaba en su interior con la punta de sus finos dedos, lentamente. En un principio, iba a esperarse hasta irse de la casa de la chica para darle lo que llevaba en el bolsillo debido a la vergüenza que le provocaba el solo pensar lo de justificar el porqué de ese regalo sin previó aviso.
Hiruma sonrió de medio lado al pensar en lo estúpido que se veía al lado de la manager, ella lo ponía nervioso y ansioso simplemente permaneciendo a su lado, parecía un idiota, pero… ¿Qué le iba a hacer? Esa maltita mamá gallina lo había embaucado desde que la conocía y el solo hecho de haber aguantado tanto tiempo como lo hizo sin siquiera hacer un solo movimiento demostraba lo idiota que era, lo orgulloso que había sido todo ese tiempo, pero lo que lo hacía verse cada vez más idiota por momentos era ese nerviosismo y ese latido incontrolado de su corazón simplemente al pensar en lo que pensaría ella de el regalo que llevaba en su bolsillo.
—Maldita manager—Gritó el rubio—Toma
La chica que estaba al lado de la puerta, a punto de abrirla, se sorprendió al ver un objeto volador ir directamente hacia donde ella se encontraba y a duras penas consiguió poner sus dos manos listas para agarrar la pequeña cajita que le había tirado el rubio, no sin antes poner diferentes muecas extrañas que hicieron al chico sonreír.
—¿Qué es esto Hiruma-kun?
—Ábrelo y punto maldita manager, aun tienes esa mala costumbre de preguntarlo todo—Hiruma sonrió de forma burlona.
—Er… eres horrible… pero tendré que saber el porqué de esto ¿no?—Dijo la chica con los brazos en jarra y a punto de inflar los mofletes en señal de molestia.
—En serio, me desesperas maldita tonta…—Suspiró—Es por haberme invitado a comer hoy.
—Pero… yo no sabía… Deberías habérmelo dicho, no tengo nada para ti y…
—¿Crees que importa eso ahora idiota? ¡¿Quieres abrirlo de una maldita vez?!—Gritó Hiruma.
La chica comenzó a desenvolver la pequeña cajita de papel dorado con el corazón en un puño, nerviosa, por si todo era una broma del rubio. En Deimon se lo había hecho varias veces, meterle gusanos o objetos que no quería recordar envueltos en papel de regalo para asustarla, ese chico era el demonio con peores ideas del planeta y no podía fiarse de él.
La respiración de Mamori se cortó un instante al abrir la pequeña caja y ver su contenido, no tenía palabras para describir lo que había en el interior de esa cajita, tenia ganas de llorar, era tan hermosa…
La chica sacó de la caja la pequeña pulsera plateada, con pequeños toques azules marinos y cuatro dijes de plata colgando de las diferentes ranuras que la conformaban. Los cuatro dijes eran preciosos: un ala de murciélago con pequeños toques dorados, un ala de ángel totalmente plateada, un candado con forma de corazón y una llave totalmente dorada.
—Es… preciosa Hiruma-kun, realmente hermosa… Yo… Muchísimas gracias—La chica le sonrió de forma tierna.
La sonrisa de la chica consiguió que por primera vez en todo el día, el demonio se relajara, al parecer había acertado con su regalo y eso lo ponía bastante contento, aunque a la maldita manager se le había escapado el significado real de los dijes de esa pequeña pulsera, pero bueno, no importaba mientras le hubiera gustado.
—Trae que te la ponga, torpe—Dijo el chico al ver que la castaña no podía enganchar la pulsera en su muñeca.
—Gracias…—Susurró Mamori—Es preciosa… de verdad, Hiruma-kun, muchas gracias y discúlpame por ser una mal pensada, después de lo de los gusanos…—La chica comenzó a reír.
—Sí, la verdad es que es para pensárselo dos veces—La chica lo miró confundida—Lo de fiarse del demonio kekeke—Aclaró el chico
—Idiota…—Dijo Mamori con una sonrisa enorme en los labios.
La chica le dio a Hiruma la pulsera y él comenzó a ponerla tranquilamente alrededor de su muñeca. No hacía más que mirarla de arriba abajo preguntándose si aun estaría molesta por el asunto del beso accidental y lo de disculparse lo veía impropio de un demonio, pero por otro lado, para ella había sido algo duro y por experiencia sabía que era mejor tener a la manager tranquila y contenta si quería que rindiera lo máximo posible en el club, así que por una vez en la vida tendría que disculparse, aunque el motivo fuera una tontería.
—Ya está puesta…—Dijo Hiruma en voz baja.
—Gracias Hiruma-kun
—De nada y… siento lo de antes… lo del beso…
Un silencio incomodo se apoderó de repente en la habitación y de los dos chicos . Mamori miró a Hiruma a los ojos sin saber bien qué decir, lo del beso no le importaba pero… ¿Cómo decirle lo que sentía sin meter sus sentimientos por el medio?
—Sé que para una maldita santa como tú lo de besarse con un hombre que no quiere debe haber sido peor que cometer un pecado capital así que…
—¡No es así! —Gritó la chica sin pensar—No tienes que disculparte, no por eso, porque… por una vez en tu vida te equivocas, no me molestó el beso.
Hiruma la miró con los ojos como platos sorprendido por lo que había dicho ella, porque después de todo ella estaba muy molesta, pero si no había sido por el beso… ¿qué demonios la había molestado de esa manera? ¿Y que era ese sonrojo cada vez más notorio de sus mejillas?
— Yo… a mí… dios, que difícil es decir esto…—Mamori respiró hondo—Nunca me arrepentiría de… de ese beso accidental porque… yo… tú… ¡Yo te qu…!
Mamori no pudo acabar con lo que estaba a punto de decir porque unos labios aprisionaron los suyos propios en un beso casi salvaje y hambriento que dejaba entrever la naturaleza de demonio de su compañero.
Cuando los dos se quedaron sin aire en sus pulmones, se separaron, a duras penas, con la respiración acelerada y el corazón a punto de salírseles por la boca. Los dos se miraron a los ojos durante unos segundos intentando adivinar el pensamiento del otro, pero se encontraban ambos tan felices que ni siquiera pudieron concentrarse en eso.
—No me dejaste terminar…—Susurró Mamori a la vez que sonreía ampliamente.
—¿Tenía que hacerlo…—Hiruma, pensativo, paró un segundo de hablar—…maldita novia?
Mamori no podía pensar en otra cosa que no fuera en esas ultimas palabras del demonio "maldita novia", maldita novia", "maldita novia", una sucesión de esas dos palabras que dichas por otro le habrían parecido un autentico insulto, pero que dichas por él le sonaban a gloría, se hicieron presentes una y otra vez en su cabeza.
—¿Es… en serio? ¿de verdad?—Preguntó la chica a punto de saltar de la emoción.
—En serio tienes una manía muy fea de preguntar todas las cosas que son obvias ¿no?
La chica se lanzó a los brazos de Hiruma y lo besó sin pensar, estaba tan feliz que en ese momento nada ni nadie podría romper ese magnifico y mágico momento, había esperado tanto tiempo para eso que aun le parecía un sueño o una ilusión, pero esa sensación de calor que emanaba el cuerpo del hombre a su lado se lo confirmó, era real, todo eso era cierto.
—Por cierto maldita novia, feliz Navidad…—Dijo Hiruma separándose un poco de los labios de la chica.
—Feliz Navidad…—Susurró ella al sentir las manos del chico subir por su espalda.
Un pequeño pero audible golpecito en la puerta los hizo pararse a ambos que se miraron sin creer en lo que podía significar ese ruido, porque, ambos sabían lo que era ese molesto golpecito en la puerta, aunque ninguno de los dos quería creerlo.
La chica se giró y fue a abrir la puerta haciendo que las dos mujeres, que estaban apoyadas en ella, cayeran de bruces contra el suelo al interior de la habitación.
Mamori miró al suelo para observar como su madre y su tía se levantaban con una sonrisa nerviosa en los labios, y luego, a su tío y a su pequeña prima ,en el exterior de la habitación, con una sonrisa de oreja a oreja en los labios. La muchacha miró a su padre, también en el exterior de la habitación, con la vista ida y a punto del desmayo.
—Esto… nosotros…—Balbuceó la señora Anezaki.
—Estábamos… ¿arreglando la puerta?—Intentó explicar la tía de la chica.
La niña entró en el cuarto de su prima con una sonrisa enorme en los labios y se abrazó a la pareja apretándolos lo justo. Mamori la observó, parecía bastante feliz, demasiado feliz, lo que confirmaba que había oído todo.
—Mi… mi linda niña… con ese demonio… yo…—Tateo se desmayó de nuevo.
—¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!—Gritaba el tío de la manager que aun seguía algo ebrio.
—¡Salid de aquí ahora!—Gritó Mamori con un color rojo fuego en las mejillas, debido a la vergüenza.
La chica comenzó a sacar a toda la gente que se encontraba a su alrededor, menos al chico, a trompicones con pequeños y flojos empujones, y cerró la puerta cuando consiguió sacar al ultimo de sus familiares.
Hiruma no pudo evitar reír ante tal situación alocada, definitivamente esa familia estaba loca, pero, después de todo, tendría que soportar su locura, acostumbrarse a ellos, porque planeaba pasar el resto de sus días con su maldita novia.
La castaña vio como su actual novio no paraba de reír y no pudo evitar contagiarse de su risa loca, la verdad es que esa situación era algo cómica, la verdad, algo era poco, era una situación demasiado cómica.
La chica subió un poco la cabeza al sentir que había una sombra que se acercaba hacia ella. Era Hiruma, que había aprovechado el momento de distracción de la chica para acercarse hasta ella y agarrarla por la cintura. Él, con una sonrisa torcida en los labios, acarició suavemente el cabello suave castaño de la chica y se acercó a su oído susurrando unas palabras que la hicieron sonrojarse a más no poder.
—¿No ibas a besarme hace un momento maldita novia? ¿Necesitas una invitación?
La chica sonrió de forma picara como respuesta a la provocación de su novio, "novio" que extraña y hermosa sonaba al mismo tiempo esa palabra cuando uno se refería al demonio más temido de todo Japón. Mamori se acercó hasta los labios del chico y los besó de forma tierna y lenta.
Definitivamente esa fiesta de Navidad iba a ser la más increíble de todas las que había vivido hasta el momento, tan perfecta que nunca podrá haber imaginado nada igual, ni siquiera en el mejor de sus sueños, y todo gracias a su demonio, el demonio más tierno y pícaro que podía desear.
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*Mami y Tateo: Nombres reales de los padres de Mamori sacados del manga.
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Bueno, aquí os dejo el último shot navideño.
Espero que os hayan gustado estas pequeñas historias y que, como siempre, tengáis la amabilidad de regalarnos algún que otro review.
Y como no, ¡Feliz navidad!
Os desea: Fanfiction/Hirumamo -Fans/lectoras y autoras.
Tema: Fiesta Navideña
Autora: Rei sama18
De nuevo, ¡Gracias por su tiempo! ;)
