Recordad, las cursivas son pensamientos y conversaciones mediante el cosmos.
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Capítulo 4: La grandeza de un Caballero de Oro
El Templo de Leo se alzaba majestuoso ante el grupo de espectros. Socarronamente, bromeaban entre ellos, creyendo que su guardián no seria un estorbo. Poco sabían de Aioria de Leo.
Cuando se detuvieron ante su entrada, lo encontraron allí. En guardia, pero relajado, con su capa revoloteando a causa del viento y envuelto en su calido cosmos. Eran muy diferentes los sentimientos que ese joven despertaba en cada uno de los tres. Aioria había formado parte de sus vidas de un modo u otro. Desde niño, había sido un autentico terremoto. Pero su inquietud y terquedad, lo habían llevado a ser quien era. Ellos mismos, habían sido quien mas le habían complicado su camino.
-¿Saga y los otros? –preguntó confundido Aioria al espectro de Cíclope.
-¿Pasaron por aquí esos traidores? –respondió el espectro.
Shura apretó los puños bajo su Armadura prestada. Realmente le estaba costando demasiado aguantar sin acabar con esos despreciables espectros que tenían de niñeras. Traidores. Esa palabra no había dejado de resonar en su cabeza un solo minuto desde que recordaba haber despertado.
Nunca le había preocupado especialmente lo que dijeran de él, pues tenia la conciencia muy tranquila. O al menos la tuvo, hasta que descubrió la verdad de la muerte de Aioros. Pero en aquel momento, la salida más justa le resulto la muerte. No tenía miedo a morir. Nunca lo tuvo. Su suerte había querido que su maestro se preocupara en educarle muy bien. En inculcarle valores que jamás olvidaría y en aprender que la muerte no era otra cosa que otro escalón más en la vida de un Caballero. Sin embargo, era uno mismo quien entretejía los hilos del destino que decidían las circunstancias de su final.
Y aquí estaba otra vez. En una cuenta atrás sin retorno posible. Los tres sabían que era un viaje con billete de ida, pero no de vuelta. Hades no se arriesgaría a dejarlos con vida. Nadie confiaba en ellos. Nadie. Ni siquiera los que habían sido sus amigos, sus hermanos.
Escuchar la palabra traidor traía tantos sentimientos a su pecho que por un momento le costó respirar. Traidor. Solo ellos, los Caballeros que nunca habían olvidado su deber, como Aioria, tendrían el privilegio de llamarles traidores. Porque tenían motivos. Y porque al igual que Saga, sabia que algún día lo comprenderían.
-Sea quien sea el enemigo, ¿crees que lo dejaría pasar?
El de Capricornio negó suavemente con la cabeza intentando desechar sus anteriores pensamientos, y al escuchar a Leo reparó en la sonrisa que vislumbró a través de la máscara de Saga. Si. Saga tenía el mismo sentimiento hacia Leo que él mismo. Orgullo. Se sentían orgullosos de él. No pudo evitar sonreír levemente. Aioria había sido el hermano pequeño que Saga y él nunca tuvieron. Ahora, estaba frente a ellos. Amedrentando a un ejército de espectros con su sola presencia.
-¿Tanto te preocupan Saga y los demás? –preguntó casi divertido el de la Quinta Casa.
-Nunca confiamos en Shura, Camus y Saga. –aseguró Giganto, causando una leve sonrisa en Aioria.- No podemos perderlos de vista hasta que acaben con Athena.
-Ya veo… así que los estabais vigilando. Desde luego vuestro Señor os concedió una misión de suma importancia… Ser las niñeras de tres Caballeros de Oro.
Los tres Santos volvieron a sonreír para si mismos. Era divertido el modo en que la insolencia del joven, estaba sacando de quicio a los pobres espectros. Quizá del mismo modo en que esa insolencia les había hecho perder los estribos a ellos mismos toda la vida. Una insolencia, que cada uno de los Doce tenía, en mayor o menor medida. Sin embargo, viéndolo desde otro punto de vista… era divertido.
-¿Creéis que sospecha algo? –preguntó Camus, justo en el momento en que Aioria descargaba el Rugido del León sobre cinco espectros, acabando con ellos al instante. Todos pudieron sentir el miedo que eso desató sobre los demás.
-Algo es seguro. Sabe que estamos en algún lugar entre Cáncer y Leo. –contestó Shura, mientras la risa maquiavélica de Raimi de Worm interrumpía su conversación.
-Para mi no eres más que un gatito. –escucharon como decía.
-Es repugnante. –continuó Camus.
-Puede que nos sea de ayuda. –habló por primera vez Saga.- Sigámosles.
Escucharon como su compañero de Géminis les decía, en el momento en que los demás espectros corrían hacia Aioria. No le quitaron la vista de encima un segundo, observando cada gesto del Caballero de Leo. Por ese motivo, no les paso desapercibida la expresión de sorpresa que lo asaltó cuando estaban ya demasiado cerca. Estaban seguros de que ahora si los había reconocido.
-Nos ha reconocido… -susurró Shura.
La expresión de sorpresa paso a una de espanto, cuando convencido, Aioria admitió para si mismo que aquellos cosmos tan familiares eran los de Saga, Camus y Shura. No era que no lo esperase, ya que los había sentido desde hacia unas horas en Aries, Géminis y Cáncer. Sin embargo, el ataque de Shaka, le hizo pensar que quizá el Caballero de Virgo había acabado con ellos. "Idiota", pensó para si mismo. Sabía de sobra que por muy poderoso que fuera Shaka, no tenia poder suficiente para acabar con tres Caballeros de Oro a la vez. Menos aún con ellos tres.
Cuando reaccionó, fue tarde. Un momento de duda… y en el instante en que iba a lanzar su ataque, se vio preso de los tentáculos de Raimi.
-¡Cobardes! –dijo Shura a sus dos compañeros.- Lo están atacando a traición.
-Sabes que saldrá de esta. –continuó Saga.- Debemos aprovechar el momento de despiste y pasar Leo.
Así fue. A su paso, se dejaron notar levemente. Sin saber por que. Al igual que cuando permitieron a Mu descubrir sus verdaderos sentimientos. Solamente deseaban que Aioria supiera que estaba en lo cierto, aunque ellos no se dejasen cazar tan fácilmente. Después de todo, Aioria no era el mayor de sus problemas. Su mayor inconveniente se encontraba frente a ellos. Virgo, el Sexto Templo; y su guardián: Shaka.
Siguieron sin problema el paso rápido que marcaba Giganto y no se sorprendieron al notar como no había ninguna resistencia para entrar a lo que quedaba de Templo. Sabían que de ese lugar no escaparía un solo espectro. Tendrían suerte si escapaban ellos tres. Virgo era el Templo mas difícil de atravesar y tras él, sólo Milo les separaba de Athena. Todo parecía cerca de su final, pero…
-Ninguno de ellos saldrá de este Templo con vida. –dijo Saga de pronto.- Tampoco será fácil que nosotros tres lo consigamos.
-Tus palabras son alentadoras… -protestó Shura con ironía.
-Quiero que me respondáis a una pregunta. –continuó Saga sin dejar de caminar por el Templo, sin mirarlos si quiera.- ¿Estáis dispuestos a todo, por llegar hasta Athena?
Los otros dos lo miraron interrogantes por unos segundos. Por supuesto que lo estaban. Aún así, la manera en que lo había preguntado, les puso ligeramente nerviosos y alerta. Era su manera de advertirles, estaban seguros.
-Si. –respondió decidido Camus.
-Por supuesto. –añadió Shura.
-Entonces… adelante. –continuó el de Géminis.
Velozmente, llegaron a una estancia más amplia y antes de vislumbrar a Shaka, escucharon su voz. Se oía lejana y de nuevo, parecía un tintineo en el silencio del Templo.
-¿Será posible que con el ataque de Saga se matasen mutuamente? Esta completamente vacío. –dijo Giganto.
-Y destruido. –dijo otro observando el techo.
Camus y Shura compartieron una mirada divertida. Esa banda de espectros eran lo mas ingenuo e inútil que habían enfrentado jamás.
-Ilusos. –escucharon como susurraba Saga.- Realmente creen que mate a Shaka y que podrán pasar como si nada. –de pronto sintieron el cosmos.
Los espectros dieron un par de pasos hacia atrás. Asustados ante la grandeza del leve atisbo de cosmos que Shaka había mostrado. Sin duda, estaban frente a sus últimos minutos de vida, y ni siquiera se habían dado cuenta.
Shura resopló cuando en lugar de percibir a Shaka claramente, vieron un montón de ilusiones donde su silueta caminaba en diferentes direcciones. El miedo atenazaba a los espectros.
-¡Estas vivo! –gritaron con terror.
-¿Dices que eres el camino hacia el otro mundo? No puedes contra nosotros tu solo. ¡Yo mismo te mataré! –gritó Giganto.
Como era de esperar, el ataque resulto en vano. Shaka seguía cubierto con su escudo y nada ni nadie lo atravesaría.
-¿Qué es eso? –pregunto Shura sorprendido, cuando el Caballero de la Sexta Casa mostró su Rosario.
-No estoy seguro… -respondió Saga, mientras intentaba recordar su significado.
-¡Ruptura de espíritus demoníacos! –gritó el de Virgo, mientras atacaba a los espectros.
Espantados, los espectros observaron como algunos de sus compañeros caían aterrorizados. El ataque de Shaka era temible, pero lo que más les atemorizaba eran sus palabras.
-Los espectros sois 108, exactamente el mismo número de cuentas tiene este Rosario. Un instrumento creado por Buda para exorcizar los malos espíritus. –explicó Shaka tranquilamente.
-Ahí tenemos nuestra respuesta. –susurró Shura.
-Cada vez que una de las cuentas cambia de color… uno de ustedes ha muerto. A estas alturas, once ya cambiaron de color. El numero de espectros que ha muerto en el Santuario.
-¡No puede ser! –gritó Giganto.- En el Templo de Leo cayeron cinco… eso quiere decir que…
-¡Imposible! –gritó otro.
-Worm, Deep… incluso Papyllon…
-¿Pero quiénes son los otros tres? –preguntó uno más.
En ese momento, los tres Caballeros se tensaron. No deseaban ser descubiertos antes de tiempo. Aunque pensándolo bien… si Shaka los mataba, no tendrían ningún motivo para enfadar a Hades. Temerosos, esperaron.
-Eso no importa… yo acabaré con los demás. –dijo Shaka de pronto, como si quisiera tranquilizarles.- ¡Morid sin más demora! –gritó.- ¡Ruptura de espíritus demoníacos!
Aterrorizados, los espectros sintieron como sus cuerpos se atenazaban. Apenas podían moverse, y con horror observaban como la muerte se acercaba hasta ellos. Ni siquiera se dieron cuenta cuando al menos uno de ellos, se adelantó y se colocó al frente. Solamente repararon en ello cuando el miedo les dejó moverse finalmente y observaron sorprendidos como toda la energía del ataque de Shaka había desaparecido. No alcanzaban a imaginar como fue, hasta que otra energía igual de agresiva y fuerte se manifestó frente a ellos, descubriéndose como aquel que había detenido el ataque con sus manos.
-¡Cube! –gritó Giganto.
-¡Que demonios haces! –gritó Shura en la mente de Saga.
-¡Basta Shura! –fue la única respuesta del Caballero de Géminis.
Por un momento, todo quedó en un tremendo silencio. Solamente aquellos con los sentidos lo suficientemente desarrollados podían escuchar como los cosmos de aquellos dos vibraban enfervorecidos frente a ellos.
-¿Has sido tu quién ha detenido mi ataque? –preguntó Shaka con total tranquilidad. Saga sonrió tras su máscara y finalmente dejó que su voz fuera escuchada.
-No todos aquí tenemos miedo de un ataque así… -dijo tranquilamente, mientras los tres reparaban en la expresión de sorpresa que Shaka dejo escapar por un momento, al reconocer aquella voz.
Los demás, observaban boquiabiertos la escena. Todo pareció reducirse a aquellos dos. Aunque era extraño como por un momento el cosmo oscuro de Cube, se volvió tan dorado como el de su rival de Virgo; justo en el instante en que Shaka reparaba en la identidad de su oponente y sus dos acompañantes.
-Muy bien Shaka… ¡Apártate! –exclamó el de Géminis.
-¡Si queréis pasar tendréis que matarme!
-Como desees… -contestó el peliazul.
Moviéndose tan rápido que los espectros no podían verlos, Shura y Camus siguieron a Saga. Se acercaron peligrosamente a Virgo y juntos, lanzaron un nuevo ataque.
-¡Excalibur!
-¡Polvo de Diamantes!
-¡Explosión de Galaxias!
Los espectros recularon unos pasos más, asustados ante las técnicas desconocidas que mostraban sus compañeros. Y estos, combinando el poder de las tres, ocasionaron tal cantidad de energía que los restos del Templo se estremecieron por un segundo. Todo se inundó de una luz cegadora.
-¿Quiénes son? –gritó un espectro.
-¡No lo se! Pero mientras exista ese campo de fuerza no podrán hacer nada…-replicó Ciclope.
-Sois unos idiotas. –escucharon decir a la falsa voz de Cube mientras atacaba.
Los tres Dorados, persistían en su ataque. Estaba siendo difícil y agotador, puesto que sabían que para derribar el escudo de su rival debían emplearse a fondo. Finalmente ocurrió. Las grietas se fueron formando en el campo de energía, y uno de ellos, hirió el rostro del Caballero. Aunque cuando menos lo esperaban, Shaka lanzó su ofensiva y todos, salieron despedidos por los aires.
Sonriendo, Shaka prosiguió.
-Aunque os habéis rendido al mal… Algún día fuisteis Caballeros de Oro y vuestro poder combinado es mortal.
-¿Qué? –gritó Giganto.- Ellos son…
-Muy bien… ¡Quitaos esos sapuris y mostrad vuestro rostro! –ordeno Shaka.- ¡OHM!
Los tres sintieron como el aire a su alrededor, de pronto se volvía ardiente. La fuerza del ataque les empujo hacia atrás, y el poder del mismo, resquebrajó sus Armaduras prestadas, que destrozadas cayeron al suelo. Finalmente, los tres se dejaron ver de nuevo frente a sus enemigos.
Shaka no se sorprendió, aunque cierto era, que verlos frente a el, hizo que sus emociones se tambaleasen por un segundo. Incluso Buda, extrañaba a sus hermanos. No se sorprendió al ver como Saga era el líder de los tres. Del mismo modo, que no se sorprendió al ver el rostro triste de cada uno de ellos. Curiosamente, su alma se alegró. En esta batalla, hacían falta sacrificios. Fue entonces cuando lo entendió. Ellos se habían sacrificado ya y cada paso que daban, era un castigo más que aceptaban gustosos. El no podía dejarles pasar, aunque lo desease. Estaban vigilados. Así que sin más remedio, aceptó su destino y la grandeza de los tres Caballeros que tenia frente a el.
-Continuará…-
NdA: Bueno, aqui finaliza el cuarto capitulo. Es el más cortito de todos y quizá el menos emocionante, pero prometo que lo que sigue es mucho mejor. Gracias por las reviews!
Silentforce666 y Eriha: mil gracias por continuar leyendo! y me alegro mucho de que os este gustando hasta ahora. Teneis razon, lo bueno llega ahora, cuando todo se decide en Virgo.
A los demas, seguid leyendo! y comentad! Hasta dentro de un par de dias ;)
La Dama de las Estrellas
