Bueno, hasta que actualizo XD. Les había dicho dos semanas, y ya casi va para tres. me gustaría decirles que el cap es largo para compensar el tiempo perdido, pero no, desgraciadamente es más corto que los anteriores !pero al fin actualizo! XD Sin más que decir, espero que les guste, hice lo que pude.
Capítulo 3 Shi
Particularmente Kagome regresaría a su época en dos semanas cuando mucho, pero esta vez no. Llevaba a lo mínimo una semana de más en la época antigua, cuidando a un niño convaleciente y muriendo de preocupación dado a que Shion e Inuyasha habían desaparecido.
Miroku sabía más de lo que decía, se le notaba en la mirada cada vez que las mujeres intercambiaban preocupaciones, y sólo Sango se había dado cuenta. Acaso callaba por guardar un secreto a su amigo, acaso sólo por verlas sufrir. El caso era que Kagome estaba cada vez más preocupada, tanto por la desaparición de los dos hombres como por la salud del pequeño Toru.
—Tranquila señorita Kagome, habrán tenido sus razones—solía decir Miroku cada vez que le entraba un ataque de nervios, de esos a los que Sango ya estaba comenzando a volverse aficionada también.
—No puedo estar tranquila, no cuando no sabemos si realmente Kikyo se encuentra en donde sea que él haya pensado que está, mucho menos si Shion va con él, es sólo un niño—rezongó Kagome caminando en círculos dentro del templo principal de la aldea, donde la energía espiritual fluyera con mejor ritmo y Toru se recuperara más rápido.
—Lamento decirles esto, pero él no es un niño—dijo Miroku, con un tono de voz serio—antes no se los dije por temor a cómo reaccionaran dadas las circunstancias, pero me parece que este es el momento adecuado para aclararles el asunto—anunció. Enseguida emprendió en contarles todo cuanto sabía de Shion y su verdadero origen, que descubrió en una visita a las memorias que tenían guardadas dentro del templo.
—Imposible…—murmuró Sango, anonadada y exaltada, porque nunca antes había escuchado cosa semejante— ¿entonces las aldea de exterminadores…?
—En efecto, pero lamento informarte que su suerte fue casi la misma—informó Miroku con pesar, posando una mano en el hombro de Sango, la otra en su trasero.
— ¡Cómo no puede tomar una cosa enserio!—gritó enfurecida golpeándolo con la vasija con agua, que precisamente estaba llena del agua que trajera rato atrás.
Viendo que no había de otra, tanto Sango como Kagome se vieron en la necesidad de tener que ir por más al rio, intentando ir lo más rápido y que no las agarrara la noche, desgraciadamente no fue así.
— ¿Estás bien?—Sango sabía que la sonrisa falsa que Kagome portara los últimos dos días era normal dado a los eventos ocurridos, pero su ánimo bastante decaído y rostro anémico la estaban comenzando a preocupar de más.
—No te preocupes, todo está bien—sonrió como siempre, falsamente.
Sango pensó que ese "todo está bien" era exactamente lo contrario, con un sinónimo de "todo está mal, realmente mal". Observó a su amiga mientras llenaba la vasija de agua, mirando como Kagome se quedaba absorta mirando su reflejo en el rio, con la mirada perdida y la presencia ausente…
—No pensé que fuese tan fácil—justo a tiempo Sango volteó y esquivó casi a la perfección la daga que se hubiera incrustado en su nuca. Giró la vista y de pie detrás de ellas estaba un soldado, no en las mejores condiciones pero lo suficientemente bien como para intentar asaltarlas.
— ¡Váyase!—exclamó ella parándose frente a Kagome, cubriéndola a sabiendas de que ella no estaba al cien por ciento.
—No, en esta aldea nadie me encontrara, y ustedes serán las que me escondan—dijo el hombre con el rostro deformado en una mueca de impaciencia— ¡ahora!—exclamó desenvainando su espada frente a ellas, haciendo reprocharse a Sango el no haber llevado la suya.
— ¡Alejate de las señoritas!—no se dieron cuenta ninguna de las dos en qué momento había llegado un segundo personaje, pero se dieron cuenta en el momento en que dio su demanda.
Era un muchacho, quizás de la edad de Kagome, con armadura samurái. Cabello largo y negro, ojos verdes y la piel tostada por el sol seguramente. Apuntaba al primer hombre con su espada en una amenaza silenciosa para que bajase la suya en contra de ellas.
Más hombres samuráis se unieron al segundo muchacho, apuntando todos al primero, que obligadamente bajo su espada y se arrodilló.
—Llévenlo en calidad de rehén—ordenó el joven, envainando su espada y virando su mirada a Sango y Kagome, ambas completamente desconcertadas.
— ¿Tú…?—inició Kagome sin realmente saber qué decir, pensando en un gracias pero desechándolo por ser bastante simple.
—Soy Kenshin, vengo en pos de Kae, demando verle enseguida—su voz, antes amenazadora y demandante, ahora era un poco más suave por tratarse de mujeres.
—No sabemos quién sea—respondió Sango, cautelosa.
—La aldea—dijo sin más el samurái joven, y ahí lo entendieron todo.
1
Inuyasha iba bufando.
Shion iba sereno-molesto.
Sora iba revoloteando alrededor de Shion por temor de que algo le pudiera pasar.
Los veinte hombres les acompañaban iban en la misma situación que su aldea.
Después de haber pasado la noche en la aldea Takegawa, el superior de Sora había decidido que la aldea debía de ser protegida, y qué mejor que la misma aldea fuera al frente de todos ellos, además, ella conocía mejor que nadie los alrededores.
— ¿Sabes por lo menos a dónde vamos?—preguntó Shion molesto al llevar más de mediodía con la misma ruta y ver a Inuyasha tan tranquilo a pesar de ir replicando la presencia de la aldea de ojos aguamarina.
—Por supuesto que lo sé niño—Shion no tuvo ganas de contestar eso, por lo que se mantuvo callado caminando más a prisa, mientras que Inuyasha deseaba internamente que Shion no se diera cuenta de que realmente iban a un lugar al azar.
2
Kagome y Sango estaban dentro del templo, Miroku estaba afuera conversando con el chico que se decía ser otra aldea, que realmente lo era. Ellas por su lado estaban comiendo, ya que después del susto de esa tarde no habían tenido apetito hasta ese momento.
—Mi…ca…beza—ambas se sobresaltaron al escuchar esto. Voltearon y encontraron a Toru, despierto e incorporándose mientras se sostenía la cabeza.
—Siento…un gran poder espiritual—manifestó Kagome aproximándose al niño y dejando su comida de lado, poniendo su mano sobre su frente para revisarle la temperatura, sintiendo y dándose cuenta de que el poder espiritual provenía del niño, mirando esta vez sus ojos que ya no eran negros, sino azules como el mar.
Sango inmediatamente fue a por Miroku, dejando a Kagome con el niño, viéndolo mucho más recuperado y con la energía espiritual aumentando a cada momento.
—Algo encontré sobre esto—informó Miroku que no parecía muy sorprendido al respecto—al parecer ni el mismo Shion estaba enterado a pesar de ser en él.
—Ya diga de una vez de qué se trata, monje Miroku—exigió Sango alarmada.
—Estuve revisando los archivos que encontré dentro del templo, y encontré algo sobre una piedra que fue resguardada aquí desde que se fundó la aldea—comenzó—es un cuarzo azul de energía espiritual, no contiene ningún poder, sólo purificador, por lo que se dejó aquí en honor a quien la hizo—dijo—al parecer, y según lo que yo creo, es que al pasar tanto tiempo en esta aldea, el cuarzo se unió a la aldea y al verla amenazada la protegió, por lo que deduzco que si vamos en pos de las almas arrebatadas podríamos devolvérselas a sus dueños, pero necesitaríamos el cuarzo para no dañar al recipiente de dichas almas—terminó, con la mirada expectante de todos sobre él.
—Lo que dice usted entonces, monje, es que si encontramos a Kikyo podemos sustraerle las almas hurtadas sin dañarla ¿cierto?—inquirió Sango, dudosa, porque no encontraba forma de que pudieran darle alcance a Inuyasha y Shion, mucho menos a Kikyo.
—Correcto, querida Sango, pero el problema radica en que no tenemos ni idea de dónde pueda encontrarse la señorita Kikyo, porque pierdo toda esperanza en darles alcance a tiempo a Inuyasha y el joven Shion—dijo Miroku, sopesando la idea de que Shion supiera algo al respecto de la dichosa piedra, pero por lo poco que lo conocía quizás no, porque si no desde un principio hubiera sugerido eso.
—Tendremos que buscarla por nuestra cuenta en ese caso, lo que me preocupa es cómo vamos a extraer el cuarzo del cuerpo de Toru—habló Kagome acercándose nuevamente al niño, dudosa de cómo pudieran reaccionar ambos poderes espirituales juntos.
—Eso es imposible, señorita Kagome, como ya dije antes, el cuarzo ha entrado en relativa fusión con el alma del joven Toru, extraerla lo mataría, dado que el cuarzo es el que está reteniendo su alma, y si el joven Toru muere, el cuarzo desaparecerá—todo el recinto quedó en un silencio denso.
Toru mantenía su mirada clavada en esos extraños, aunque no fueran eso exactamente, porque dentro de su coma podía escucharlos charlar, en voz baja o alta, siempre pendiente de él. Por supuesto que ya estaba enterado de todo lo ocurrido en y con la aldea, tenía vagos recuerdos de ese día, todos muy confusos como para afirmar que eran recuerdos en toda la extensión de la palabra, pero eran eso. El recuerdo más nítido era una mujer, una sacerdotisa, en cuya mirada podía ver reflejado todo el sufrimiento del mundo.
Nunca olvidaría esa mirada, eran la melancolía encarnada, desprendiendo tanta tristeza como nunca pudo haberse imaginado en su vida, pero más que eso, había claro arrepentimiento, como si estuviera pidiendo perdón de antemano por algo, y en ese momento Toru no sabía qué, sólo hasta después, cuando vio cómo uno a uno los habitantes de la aldea iban cayendo, y él fue el último con la sacerdotisa de ojos tristes frente a él, presionando sus pálidos dedos fríos sobre su frente, dentro del templo, y ese último resplandor azul que fue lo último que vio.
— ¿Toru? ¿Qué dices?—Kagome, esa chica con vestiduras peculiares, parecía ansiosa de que le respondiera, pero por no prestar atención, Toru no supo qué.
— ¿Qué?—manifestó, sintiendo de pronto la garganta tan seca como un desierto, rasposa y forzada como antes cuando despertó.
—Venir con nosotros para encontrar a la sacerdotisa que hizo esto y recuperar tu aldea—dijo la mujer llamada Sango, acercándose también. Toru sabía que hablaban de la sacerdotisa de ojos tristes.
—Yo…—dudó un momento por lo extenuante que esa misión representaba, pero entonces recordaba a su familia, a sus amigos, sus vecinos e incluso a esos chicos que una vez lo hicieron perderse en el bosque, y entonces tomó una resolución:
—Lo haré—dijo lo más firme y entendible que pudo, totalmente decidido a encontrar a la sacerdotisa que hizo eso, más aún porque quería saber exactamente por qué.
—Partimos mañana—habló la aldea Shi, Kenshin, parado en la entrada, con los brazos cruzados y expresión seria. Entró en el mismo momento en que Miroku lo hizo, pero con su sigilo nadie se percató.
—Pero Toru todavía no se recupera del todo—replicó Sango, cautelosa por la reacción que ese joven pudiese tener.
—Estoy consciente de ello, pero entre más tiempo pase más se alejará la sacerdotisa y menos posibilidades tenemos de recuperar la aldea—y kenshin habló con tanta autoridad y determinación que nadie se atrevió a replicarle nuevamente.
—Estoy de acuerdo con usted, joven Kenshin—dio la razón Toru, observando de la misma manera que una fanática a su ídolo, según observó Kagome.
—Está dicho, partimos mañana—dijo nuevamente Kenshin, por si no le había quedado claro a ninguno.
3
Se había detenido a descansar como por décima vez en el día por las suplicas de Sora, y ni Shion ni Inuyasha podían seguir tolerándola por más tiempo.
—Sólo será por unos cuantos minutos, no te entusiasmes, niña—Inuyasha sabía que tanto ella como Shion no eran niños, pero le estaba tomando el gusto a eso de sacarlos de sus casillas con lo referente a su edad.
— ¡Te acusaré con mi hermano!—dijo ella, harta y temblando del miedo pero decidida, porque hacer amenazas no era lo suyo.
— ¿Cuál hermano ni-ña~?—siguió Inuyasha, divertidísimo, más porque con eso olvidaba sus propias preocupaciones valiéndose de la paciencia de los demás, principalmente de Sora y Shion, a quienes tenía más a la mano.
— ¡Kae!—dijo ella en un histérico chillido.
—Entonces no es hermano, es hermana, tonta~ —dijo Inuyasha pensando lo muy tonta que era esa aldea para confundir a su hermana con un chico.
— ¡Es Shion!—dijo ella cambiando su humor, riendo por el desconcierto de Inuyasha, y sus carcajadas aumentaron cuando Shion llegó precisamente en ese momento.
— ¿Qué sucede?—preguntó al sentir las miradas sobre él de una manera que lo ponían nervioso.
— ¡Tienes nombre de chica!—Inuyasha estalló en carcajadas al igual que Sora coreándolo, tomándose el estómago mientras se limpiaba figurativamente unas lagrimillas.
— ¡Le dijiste!—exclamó Kae, frustrado, señalando a Sora con un dedo acusador, por lo que la chica se soltó a lloriquear.
Inuyasha los dejó hacerse bolas, porque pronto la escena se le hizo terriblemente familiar.
—Kagome…—murmuró observando el cielo, viendo las nubes pasar.
En otro lado…
—Inuyasha…—dijo suavemente Kagome, mirando el correr del viento por las copas de los árboles.
¿Merece review?
