¡POR FIN! Aquí me tienen actualizando.

Como sabran, ninguno de los dos dramas me pertenecen, de ser asi, en BBF Yi-Jeong hubiera tenido al menos un beso con Ga-Eul, Woo-Bin seria mi esclavo personal y en Playful kiss Oh Ha-Ni definitivamente le hubiera dado algunos buenos golpes a Beak Seung-Jo por su estupidez.


Destinos Cruzados.

Capitulo 3

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Viejos recuerdos… nuevas memorias II


– Unnie ¿Importa si paramos un poco? Tengo hambre y creo que tus amigos están un poco aburridos. – Ha-Ni apunto a los atractivos chicos que les seguían de cerca. Aun se sentía un poco cohibida entre ese grupo de personas, pero se tranquilizaba diciéndose a sí misma que todos eran muy amables y que no representaba ninguna molestia, al menos, eso era algo que todos le habían hecho saber.

– ¿Tú crees? – giro ligeramente, inspeccionando a los F4, solo para comprobar que las palabras de Ha-Ni eran ciertas – bueno, sí, creo que a todos les falta un poco de condición. Entonces, vamos a descansar ¿Qué les parece si vamos a comer?

Unos pasos atrás, Woo-Bin mascullo.

– ¿Falta de condición? Que le pasa a esa mujer. Ella es la que tiene energía de más.

Pero para cuando Woo-Bin termino de quejarse, Jae-Kyung junto con las otras tres chicas, ya estaban cómodamente sentadas en una cafetería del otro lado de la acera.

Su estancia en Nueva Caledonia tenía a Oh Ha-Ni maravillada. El hotel era un conjunto de amplios, cómodos y lujosos bungalós, sostenidos por un sistema de pilotes sobre las aguas turquesas del mar; las playas –de delicada arena blanca– se extendían por kilómetros: limpias y con un ligero sabor a naturaleza. Y para hacer parecer todo aun mas de cuento, el personal de Jun-Pyo, como siempre, se encargaba de atender a los invitados como si fueran dioses.

– Deberíamos visitar el mercado de artesanías – sugirió Ga-Eul, con un cálido brillo en sus ojos, robando una sonrisa sincera de su novio y un asentimiento de cabeza, quien como siempre, no podía negarle nada a su novia.

Oh Ha-Ni sin querer bajo la mirada. Le daba un ataque de tristeza y desazón cada que miraba las muestras de cariño entre Ga-Eul y el joven heredero So. ¿Por qué Seung-Jo jamás se comporto así con ella? ¿Por qué un día le hacía sentir la mujer más feliz y dichosa, para al siguiente hundirla en un abismo de amargura? ¿Por qué simplemente no era más humano? Respiro profundamente e intento volver a prestar atención a la conversación, pero realmente era difícil para ella ver como las dos amigas de Jae-Kyung eran objeto de palabras dulces y detalles románticos. Su moral y autoestima bajaba por los suelos en momentos como esos y le costaba lágrimas nonatas y punzadas en el corazón volver a poner una cara sonriente.

En las horas diez horas que llevaba compartiendo con ese peculiar grupo, Jun-Pyo se había encargado de dejar muy claro a toda Nueva Caledonia que Jan-Di era su esposa con detalles que iban desde un simple abrazo hasta eventos que rayaban lo exagerado –como el desfile al mero estilo carnaval con espectáculos tradicionales, que el heredero de Shinhwa armo en menos de dos horas– y costoso. Yi-Jeong, al contrario, era un poco más discreto –pero más románticos–, pero no por eso sus detalles dejaban de ser lujosos y llenos de amor. A esas alturas del viaje, Oh Ha-Ni ya estaba enterada de los planes del joven ceramista de proponerle matrimonio a Ga-Eul.

– Ella es una chica afortunada – comento Ha-Ni a su sunbae.

– Lo merece. Sufrió para llegar al lado de la persona que ama.

Y Ji-Hoo, sin dejar su personalidad reservada, pero inspirado por la confianza que esa niña le brindaba, le conto a grandes rasgos como había nacido la relación entre el casanova del F4 y la mejor amiga de Jan-Di. No le hablo sobre la época de autodestrucción de Yi-Jeong, pero si menciono que el ceramista tenía tendencias a ser un casanova y una visión cínica del amor, también le hablo de Ga-Eul, sobre su personalidad dulce, ingenua e inocente, que creía ciegamente en las almas gemelas. Tampoco le hablo de las citas falsas, pero si del tiempo que la pareja se separo.

– Estuvieron lejos cuatro años, pero Ga-Eul espero y Yi-Jeong regreso por ella.

– Eso fue duro y triste… pero tan romántico – termino diciendo algo emocionada.

– Si eso crees que fue difícil, entonces no te cuento sobre Jan-Di y Jun-Pyo.

– ¡Bromeas! – Ji-Hoo negó – ¿Más complicado que eso? ¡Cuéntame!

– No.

Oh Ha-Ni hizo un puchero y tras algunos minutos de tira-jala y chantaje, Ji-Hoo le conto un poco sobre Jun-Pyo y Jan-Di, aunque de nuevo omitió detalles; no menciono sus antiguos sentimientos, ni el compromiso fallido con Jae-Kyung, se limito a hacer un recuento de los problemas que Kang, la cabeza de la familia Goo y madre de Jun-Pyo creó en el lapso de dos años.

– A eso llamo yo, una suegra de cuidado.

– La señora Kang siempre ha sido una mujer de negocios y mundo. Ella veía en Jan-Di un problema principalmente por su estatus económico – explico Ji-Hoo serenamente.

– ¿Jan-Di-unnie no tenía dinero? – los siempre grandes ojos de Ha-Ni se abrieron un poco más cuando Ji-Hoo le menciono que Jan-Di era tan o más humilde que ella. A Oh Ha-Ni le costó asimilar que una chica de pocos recursos estuviera casada con el hombre más poderoso de toda Corea. Ji-Hoo se tomo un poco más de tiempo para aclararle a su pequeña acompañante que Ga-Eul tampoco era una chica de dinero.

– Las plebeyas nos invadieron hace mucho tiempo Little Lady – Woo-Bin se agrego a la plática. Había escuchado la última pregunta de Ha-Ni, cuando él y Jae-Kyung se acercaban para invitarlos a ir a bucear. – Solo la mono es una niña rica y malcriada.

– Cuidado, que te estás mordiendo la lengua – retruco Jae.

Woo-Bin como de costumbre, hizo como que no la escucho, aunque internamente, le daba la razón a la pelinegra.

– Pero ¿Te digo un secreto? – sin esperar respuesta, el Song se acerco peligrosamente, haciendo que Ha-Ni se pusiera tensa y se sonrojara. Sonrió divertido y desvió su boca al oído de ella. – Las plebeyas como Jan-Di, Ga-Eul y ahora tu, solo han traído alegría. Así que no te preocupes… Pero ya basta de pláticas ¡Vamos a divertirnos!

En pocos minutos, los F4 y sus lindas acompañantes estaban disfrutando de las cálidas aguas marinas.


– Oppa ¿A dónde vamos? – pregunto Ga-Eul con voz impaciente. Yi-Jeong técnicamente la había secuestrado de la noche de chicas que Jae había planeado y además, la llevaba a ciegas.

– Pronto lo sabrás, pero ya casi llegamos – le susurro al oído, aprovechando para rosar sus labios en el cuello de ella. Ga-Eul se estremeció en los brazos de Yi-Jeong, y éste, inflo su ego un poco más de lo usual: So Yi-Jeong no solo amaba a Ga-Eul por su sencillez, dulzura e ingenuidad, sino que le fascinaba saberse el único – enfatizando esta palabra– causante de cada reacción, por más pequeña e insignificante que fuera, y claro, saberse el dueño de cada pensamiento y suspiro también era un punto más a su ego.

La noche de ese domingo contaba con un agradable clima templado y la naturaleza parecía estar de acuerdo con Yi-Jeong, ya que un embriagador aroma a silvestre impregnaba el ambiente, los sonidos de los animales más que molestar al oído, se coordinaban a tal grado que componían una suave melodía, pero lo más maravilloso, era observar el cielo:

Era una noche sin luna, pero las estrellas brillaban más que nunca y se amontonaban unas con otras, creando un espectáculo que pocas veces ocurría.

– Llegamos – dijo al tiempo que retiraba la suave tela de los ojos de Ga-Eul.

– Esto es… – las palabras quedaron atoradas en la garganta de ella.

Yi-Jeong la había llevado en bote hasta uno de los brazos de la bahía, a una plataforma de madera de escasos cuatro metros cuadrados, sostenida por el mismo sistema de pilotes que se usaban en el resort vacacional, dando la sensación de estar flotando sobre el mar.

No había una mesa donde sentarse a disfrutar de la sencilla cena a base de frutas, mariscos y postres dulces, a cambio, un fino mantel blanco con bordados a manos cubría una parte de la madera. Los ojos de Ga-Eul recorrieron cada detalle; desde las velas aromáticas, la botella de vino tinto –ya que era la única bebida con alcohol que el organismo de la Chu toleraba– algunas fotografías de ellos en momentos especiales, pero en especial, los miles pétalos de fresias, gardenias y lirios –flores que representan la dulzura, pureza e inocencia– esparcidos por todo la duela y el agua. Ga-Eul estuvo segura que Yi-Jeong había tenido que desojar cientos de flores para lograr tal espectáculo.

– ¿Te gusta? – le pregunto con su sonrisa de niño travieso.

–… hermoso.

– Eso ya lo sabía, pero me refiero a la sorpresa – se burlo Yi-Jeong, aprovechando que su novia tenía dificultades para pronunciar palabra.

– ¡Yah, oppa! Me refería a la sorpresa, no a ti.

– Lo sé, pero no puedes negar que tienes por novio al hombre más guapo de Corea – hablo galante. Con cuidado ayudo a Ga-Eul a tomar asiento sobre la fina tela, aprovechando para acomodarla entre el espacio de sus piernas.

– Se te olvido mencionar que también es casi el más arrogante – le dijo Ga-Eul – y digo casi, porque a Jun-Pyo, es difícil quitarle el primer lugar.

El excasanova rio suavemente, para después castigar a su novia con algunos besos por no aceptar que él era el más guapo.

– Parece que estamos flotando a la deriva – comento la Chu. Sin importar a donde girara la cabeza, sus ojos solo contemplaban azul y mas azul, arriba el cielo y alrededor el mar.

Ga-Eul se acurruco en el pecho de Yi-Jeong.

– Yo desde hace mucho que estoy flotando a la deriva, confiando solo en tu amor como mi tabla de salvación.

– Yi-Jeong… – pero sus palabras fueron cortadas con un suave beso.

– Déjame terminar de hablar. Yo planee este viaje por que aquí fue donde por primera vez en muchos años reflexione sobre el amor – dijo él, recordando aquella vez que la hostigo para que le contara mas sobre el pretendiente de Jan-Di. Esa vez no solo no obtuvo las respuestas que él quería, sino que Ga-Eul termino hablando sobre las almas gemelas y él, recordando a Eun-Jae. – En este lugar tu me demostraste que no todas las mujeres caían ante mi sonrisa – el recuerdo de Ga-Eul negándose a su ofrecimiento de ponerle bloqueador fue lo primero que se le vino a la mente, y no pudo evitar sonreír – pero en especial, en este lugar tu dijiste que si encontrabas a tu alma gemela no la dejarías ir.

El ceramista tomó uno de las pocas flores completas del suelo y con cuidado la coloco en el cabello de Ga-Eul.

– Y en este mismo lugar yo te digo que no soy el mismo hombre cínico de hace años. Por ti renuncie a ser un casanova, por ti deja atrás mi pasado y pude levantar la mirada al futuro, por ti mi corazón sano, por ti es que creo en el amor de nuevo, por ti se que pasare por todos y contra todo para estar a tu lado – a estas alturas, Ga-Eul estaba aguantando las ganas de llorar, ella ya conocía el lado sensible de Yi-Jeong, pero no dejaba de sorprenderse cada vez que él le daba muestras tan literales de amor, ya que no eran muy comunes – por ti no abandone mi sueño. Por eso quiero ayudarte a cumplir con uno de los tuyos – con cuidado saco una caja pequeña de terciopelo negro que había estado guardando celosamente en el bolsillo interior de su saco – pero a mi lado. Yo tampoco quiero dejar ir a mi alma gemela ¿Chu Ga-Eul, te casarías conmigo? ¿Serias mi alma gemela, el amor de mi vida… el aire que respiro?

Y las lágrimas cayeron libremente.

– Si, si, si ¡Si quiero!

No se podía decir quién de los dos era más feliz, ambos reían –aunque Ga-Eul también lloraba–, aferrados uno al otro. Se fundieron en un lento y tortuoso beso, teniendo como testigo solo a las estrellas y el mar.

– ¡Oh, casi lo olvido! – dijo Yi-Jeong sacando su celular, sin apartarse un centímetro de su ahora prometida.

– ¿Qué…

Pero no hubo necesidad de terminar la pregunta, el espectáculo de fuegos pirotécnicos estalló en los cielos.


La mañana del lunes en Nueva Caledonia estuvo cargada de felicitaciones, abrazos, pequeños gritos emotivos y una que otra amenaza.

– ¿Y para cuando los bebes? – pregunto Woo-Bin, haciendo sonrojar a la dulce Ga-Eul.

– ¡Idiota! Solo le propuse matrimonio – dijo Yi-Jeong, haciendo entender a sus amigos del F4 que aunque había pasado la noche en compañía de su prometida, no le había tocado un solo cabello, no al menos en un sentido lujurioso. Y no porque no lo deseara, si por él fuera, ya le habría hecho el amor a su linda novia, pero sabía que Ga-Eul era diferente, así que tenía que hacer las cosas bien, eso y que Jan-Di le partiría la cara – esa pregunta le queda más a Jun-Pyo.

Todas las miradas se concentraron en el joven matrimonio.

– Bueno… sobre eso… – contrario a la reacción que todos esperaban, Jan-Di se sonrojo al tiempo que se convertía en un manojo de nervios y Jun-Pyo sonrío tan ampliamente que Oh Ha-Ni pensó que la mueca se saldría de su rostro.

– ¡¿Acaso ustedes…?!

– No queríamos arruinar la sorpresa de Yi-Jeong y llevarnos toda la atención – aclaro el joven Goo – pero si, voy a ser papá en siete meses.

Para cuando los F4 salieron de la sorpresa y quisieron acercarse, Jae-Kyung estaba casi sobre su amiga, seguida por Ga-Eul. Ambas mujeres abrazaban, gritaban, planeaban y acariciaban el aun inexistente vientre de Jan-Di.

– ¡Yo seré la madrina!

– ¡Claro que no, tengo derecho de antigüedad!

Jae miro a Ga-Eul con los ojos entrecerrados.

– Olvídalo, yo seré la madrina. Si yo no hubiera cancelado mi matrimonio…

– Obviamente te estás olvidando de quien ha estado siempre a su lado, cuidándola y apoyándola.

Ji-Hoo y Oh Ha-Ni aprovecharon la discusión para felicitar tranquilamente a Jan-Di, quien alegremente correspondió a los abrazos e hizo prometer a Ha-Ni que la visitaría.

– ¿Y qué va a pasar con eso? – apunto Ha-Ni a la discusión sobre quien sería la madrina, donde también Jun-Pyo se había unido a la discusión, alegando que no dejaría que su hija –porque el presidente de Shinhwa daba por hecho que sería una linda princesita– estuviera cerca de una chica mono.

– No te preocupes, pronto se cansaran, además, yo y Jun-Pyo ya elegimos al padrino.

Aunque el tono de Jan-Di había sido bajo, rozando la confiabilidad, Jae-Kyung logro escuchar.

– ¡Yah! ¿Por qué tiene que ser padrino? ¡Eso no será bueno para tu bebe! – se quejo abiertamente.

– ¿Por qué? – pregunto Jan-Di.

– Un casanova, un sujeto raro casi ermitaño y un don Juan ¿Crees que le enseñarían algo bueno a tu bebe?

Todos reflexionaron las palabras de la pelinegra y sin querer su imaginación voló. Ga-Eul imagino a un pequeño Jun-Pyo con una rosa en la mano y la sonrisa matadora de su prometido… los futuros padres imaginaron a una pequeña niña de largo cabello rizado, de rostro parco y mirada taciturna… y finalmente Woo-Bin imagino a una pequeña copia Jun-Pyo con la personalidad ruda de Jan-Di coqueteando con chicas mayores y metiéndose en líos.

– Creo que no sería mala idea pedirle al hermano de Jan-Di que fuera el padrino – Yi-Jeong declaro al puro estilo diplomático. El mismo reconocía que el futuro bebe no sería un niño normal, pero tener a alguno de los F4 como padrino no era la idea más sensata, aunque él no tenía objeción con ser padrino.

– Assh –Jan-Di sacudió su cabeza, alejando las imágenes mentales–, es mi hijo y yo ya decidí que su padrino será Ji-Hoo.

El aludido giro la cabeza con tal velocidad, que algunas de las vertebras de su cuello hicieron un curioso sonido de quiebre. Miro a los futuros padres con los ojos llenos de incredulidad y agradecimiento al mismo tiempo.

– ¿Están seguros? – pregunto con cautela.

– Eres mi mejor amigo.

Jun-Pyo palmeo la espalda del príncipe blanco del F4.

Para todo aquel que conocía la historia, podía pasar como un tipo de venganza o una acción para restregar en la cara de Ji-Hoo que él se había quedado sin la chica, pero para los F4 y Jan-Di, era la mejor forma de recordarle a Ji-Hoo que no había rencores y que su amistad era demasiado preciada para perderla, que él era alguien especial en sus vidas.

– Entonces estaré encantado de ser el padrino – y esa era la manera de Ji-Hoo para expresar que su dolor ya estaba superado y el pasado enterrado.


Pasaba del medio día del lunes cuando el avión privado de la familia Goo despego de Nueva Caledonia. Oh Ha-Ni estiro ligeramente sus brazos, tratando de relajar sus músculos cansados después de tan ajetreado fin de semana. A su lado, Jae-Kyung seguía desbordando energía, hablando casi hasta por los codos; en el asiento frente a ellas, Woo-Bin se entretenía con una tablet de última generación y los dos asientos de un costado eran ocupados por Ji-Hoo, quien desde que subió al avión había caído dormido. Los dos F4 restantes y sus encantadoras mujeres compartían la cabina que estaba justo a su espalda. Para cuando aterrizaron en Seúl, la tarde estaba cayendo, acompañada con un hermoso cielo en tonos anaranjados y morados.

– Nosotros nos adelantamos, Jun-Pyo dejó una considerable cantidad de pendientes en la empresa.

– ¡Yah! lavandera ¿Qué beneficios tiene ser jefe si no puedes faltar un día al trabajo? – se quejo el aludido.

– No me vengas con holgazanerías, ser jefe no te da derecho a vivir la vida fácil ¿Qué clase de ejemplo le darás a mi hijo?

Y con una nueva discusión en puerta, el joven matrimonio se despidió de sus amigos, no sin antes Jan-Di hacer prometer a Jae-Kyung y Ha-Ni que la visitarían frecuentemente, en especial con el embarazo en puerta. Por su parte, Yi-Jeong se excuso con el resto, llevándose a su prometida sin dar explicaciones, aunque no eran necesarias, sus amigos sabían que la pareja quería su espacio y con el compromiso en puerta, tenían muchas cosas que platicar en privado.

– ¿Ustedes van juntas, verdad? – pregunto el joven príncipe de la mafia, sabiendo de antemano la respuesta, aunque más que nada, quería confirma que al menos por esa noche no necesitaba dividir a sus subordinados en otro equipo para que cuidara de la nueva adquisición de los F4.

Porque la pequeña Oh Ha-Ni tras ese fin de semana había pasado a ser parte del pequeño y privado circulo como el prospecto más posible y fiable de novia para Ji-Hoo –aunque ninguno de los involucrados estuviera enterado–. Y los F4 lo que tenían de caballeros, lo tenían de sobreprotectores.

– Si, mañana tengo que presentarme en la empresa y Ha-Ni tiene clases – explico Jae-Kyung con tranquilidad, en uno de esos extraños lapsus de responsabilidad.

– Nosotras estaremos bien, gracias por preocuparse – Ha-Ni flexiono su cuerpo en una suave venia – y gracias por su hospitalidad.

– Fue todo un placer Little lady, aunque usted me debe una comida – como siempre, Woo-Bin era un experto en poner nerviosas a las mujeres, y aunque Ha-Ni no era su tipo –demasiado joven para él–, disfrutaba viendo la mueca de enojo que ponía Jae-Kyung. – Es lo menos que puedes hacer después de destruir mi deportivo.

– ¡¿Cómo?! Yo no…

– Sea lo que sea que pienses… ¡No! – le reto Jae.

Song Woo-Bin no pudo soportar más y rompió a reír.

– Broma… broma. Pero si espero te dejes ver más seguido… eres una buena compañía para Ji-Hoo.

Y sin esperar respuesta de parte de las dos damas, las empujo al interior del vehículo de la familia Ha. Cuando Ha-Ni y Jae-Kyung reaccionaron, el auto ya estaba en marcha y Woo-Bin les despedía agitando su mano, sonriendo con picardía.

– Assh… ese sujeto es algo… – se quejo la chica mono, cruzándose de brazos y resoplando ligeramente.

– Es gracioso y muy amable.

– ¡Es un pesado! No te juntes mucho con él pequeña Ha-Ni, es una mala influencia.

Oh Ha-Ni estuvo por recordarle que apenas y conocía a ese chico, y en todo caso, era entera responsabilidad de ella por arrastrarla en sus locuras, sin embargo, Jae-Kyung se enfrasco en un monologo donde a momentos se entendía el nombre "Song Woo-Bin" acompañado de un buen numero de planes de venganza, así que prefirió dejarlo para otra ocasión.

Dio un suspiro. Se encontraba agotada física y emocionalmente, aunque para bien. Ese fin de semana en la playa le había relajado, además, era una experiencia nueva para ella ¿La vida siempre tenía que ser cruel? ¿Estaba haciendo bien o mal al aceptar tantos regalos de parte de Jae-Kyung? ¿Era malo disfrutar mientras su padre y la madre de Seung-Jo estaban preocupados por ella? ¿Seung Jo la extrañaría? ¿Se molestaría de enterarse la nueva vida que esta llevando? Muchas preguntas venían a la mente cansada de Ha-Ni, pero ninguna respuesta que le convenciera. Pero no podía negar que una parte de ella se encontraba en paz por primera vez en muchos años, y todo gracias a ese grupo de personas extravagantes. Sonrió con culpabilidad.

–… Dongsaeng ¿Estás de acuerdo? – los pensamientos de Ha-Ni se cortaron de golpe. Parpadeo confundida y se limito a decir 'si' con un movimiento de cabeza, aunque no tenía la menor idea de lo que Jae-Kyung hablaba.

Solo esperaba que no meterse en un lío extravagante o vergonzoso.


¡Me declaro inocente de lo que suceda de aquí en adelante! Todo será mera responsabilidad de Jun-Pyo y compañía. Siento el retrazo, pero la verdad, este viernes me desocupe realmente de la universidad. Ademas, agradescan que este capitulo ya estaba casi terminado cuando actualice la vez pasada, que si no, me hubiera tardado mas dias en actualizar.

Gracias a todas aquellas personas que me dejaron reviews. Los que tienen cuenta, les respondi personalmente, quienes no tiene cuenta, muchas gracias por su apoyo y palabras de aliento. Prometo no dejar sin terminar el fic, asi que no desesperen cuando tardo en actualizar, siempre son por motivos fuera de mi alcance. Proxima actualización... el viernes ;)

¿MERESCO UN REVIEW?

Andy