Me gustan sus bragas con flores.
Las estocadas eran cada vez más fuertes, el sudor del mago escurría por su frente, Hermione tenía enterrada sus uñas en la espalda blanca del hombre, si quisiera podría palpar una por una las cicatrices que el pelinegro lucía en su cuerpo, le era excitante.
Severus aceleró los movimientos y la bruja sintió un escalofrío recorrer su vientre, el mago soltó un gemido y relajo su cuerpo, había llenado a la bruja por completo, y al acabar depósito su rostro en el cuello de la joven. Ambos descansaban entre jadeos, luchando por respirar normalmente, por retomar la cordura.
Se encontraban en el cuarto de Snape en el castillo ¿Cómo se habían permitido terminar así nuevamente?
Después de las palabras que Harry pronunció en la reunión las emociones se habían mezclado, los invitados parecían ser un mar de tristes lamentos y amargos recuerdos, tardo un buen rato hasta que Aberforth Dumbledore quién apareció de la nada invito a una ronda de bebidas, entre Whiskys, Hidromiel, Cervezas y vinos elficos se empezó una sesión de brindis que parecía no acabar. Brindaron por Harry, brindaron por Ron, brindaron por Hermione misma, por Snape, incluso brindaron por las barbas de Hagrid, literalmente alguien grito "Un brindis por los pelos llenos de comida que Hagrid tiene en su cara" y todos gritaron "¡Salud!" Acto seguido se empinaron sus bebidas en mano y el lugar se inundó de risas, incluso ella había reído tanto, en parte porque también había bebido lo suficiente como para ver todo gracioso.
Molly estaba realmente preocupada por la manera de beber de todos, y se sentía un poco triste, porque ella solo quería reunirse y recordar a su hijo con respeto, Ginny hablo con ella, le dijo que a veces la gente no sabe lidiar con sus sentimientos, así que perderse en el alcohol era una opción que les ayudaba a olvidarse de todo por un momento, la señora Weasley se reconfortó con lo que su hija le dijo y se alegró al ver que Arthur no había bebido ni una sola gota de alcohol en toda la noche, en su lugar él había estado con ella en todo momento, la acompañó durante la velada, demostrándole su apoyo incondicional. Molly intento comprender el sentir de todos y el porque actuaban de tal manera, no hizo reproche alguno y se dedicó a velar por la seguridad de todos, que estando en ebriedad nadie saliera lesionado.
Hermione permanecía recostada sobre la cama destendida de su ex profesor de pociones, ambos habían retomado el control sobre sus cuerpos y yacían sin moverse, compartiendo una esquina de la cama, Severus tenía su peso parcialmente reposado sobre la bruja, a Hermione eso no le parecía molestar.
Eran horas las que habían pasado desde que ambos salieron juntos de aquella fiesta, había sido Snape quién se ofreció en llevar a Hermione, alegando que le causaba mucha pena el estado de la joven, pues se veía alcoholizada, y Molly Weasley no le permitiría marcharse si no era escoltada, quién mejor que un profesor de Hogwarts para acompañarla hasta el castillo.
Sintió como el mago salió de ella, se recostó a su lado y no la miro en ningún momento, estaba sudoroso y su piel estaba un poco roja por algunas partes, Hermione le había clavado sus uñas en repetidas ocasiones y por diferente lugares de su cuerpo.
-Tuve que mentir por ti- la voz del mago terminó con el silencio del lugar.
-¿De qué habla?- Hermione aún no se sentía con la confianza suficiente como para hablarle de tu.
-Molly Weasley me ha dicho que se le encomendó a usted el hacerme llegar la invitación para la reunión de esta noche- Severus hizo énfasis en la palabra "usted" Hermione decidió mirarlo de reojo.
-Cuando tuve la oportunidad para invitarlo señor, usted no me lo permitió, además de todas formas usted apareció en la fiesta ¿O no?- sonaba desafiante, si en algún instante de la noche el alcohol había inundado su sistema, durante ese momento era más que obvio que ya no había rastro perceptible de embriaguez.
-Pudo buscarme en otro momento Granger, tuve que decirle a la señora Weasley que en efecto, la cumplida y lambiscona de Hermione Granger había completado su encargo, mentí para hacerla quedar bien a usted- se notaba la calma con la que Snape hablaba, ni siquiera se podía sentir expresión alguna, no había pena en sus palabras, aunque la situación no fuera la más cómoda, él se encontraba tranquilo, si alguien simplemente lo escuchará pensaría que estaba regañando a la sabelotodo de Hermione en cualquiera de sus clases en Hogwarts, como de costumbre pasaba cuando él era su profesor.
Pero no era el caso, se encontraban hombro con hombro, acostados a un lado del otro, entre sábanas revueltas, con el olor a excitación y alcohol que ya les era familiar.
Hermione decidió no responder a aquello, en su lugar se descobijo de las sábanas que cubrían sus piernas y se levantó de la cama, tomo sus pantaletas y se vistió frente al mago. Repitiendo así el ritual que realizó la primera vez que tuvo relaciones con Severus.
Snape la miraba detenidamente, su interés en la muchacha podía verse reflejado en el brillo de sus ojos, como si cada movimiento de la bruja fuera arte genuino, Hermione le daba la espalda dejándolo ver una serie de pecas que cubrían su piel blanquecina, le parecían exquisitas, un adorno delicado para su pequeño cuerpo.
-Me retiro- anuncio Granger sin más, llevaba su chaqueta en una mano y su cartera en la otra, la joven acomodo su cabello y le sonrió al mago, ya se encontraba vestida por completo.
-Granger- llamo Snape antes de que la joven desapareciera de su vista en camino a su habitación en el castillo.
-¿Diga?- contesto ella.
-Me gustan sus bragas con flores-
Dos días enteros pasaron desde la reunión con los Weasleys, Snape había desaparecido por completo de los recintos de Hogwarts, decidió sin avisar a nadie irse unos días a su casa muggle en la Hilandera, tenía algunos pendientes por resolver y era imperativo realizarlos lo antes posible. De vez en cuando el mago se permitía recordar a Hermione, o mejor dicho, recordar las dos noches que había compartido con la chica.
Remembraba la reunión con algunas lagunas, tenía que ser sincero y confesar que llegó a la reunión por mero impulso y con ayuda de algunos tragos que lo envalentaron, él había decidido no ir a aquella verbena mágica, pero la soledad y el alcohol añejado que había consumido momentos antes lo habían hecho cambiar de opinión, se colocó su conocida capa negra y se dirigió a la fiesta.
Está de más decir que cuando llegó al lugar él se encontraba parcialmente ebrio, aunque nadie lo notará a no ser que se le acercarán lo suficiente como para poder oler su aliento alcohólico, pero sabía que nadie podía entrar en tacto tan íntimo con su presencia, la gente se limitaba a estrecharle la mano precavidamente, incluso él pensaba que tenían ese gesto con el porque de alguna manera les causaba incomodidad, pena y asco "Pobre hombre enamorado de la madre del chico Potter, que pena lo que sufrió por un amor que descansa en la tumba, como mínimo deberíamos estarle agradecidos" se le revolvía el estómago cada que pensaba en lo que la gente podría decir de él.
Cuando fue presentado por Molly Weasley el no supo cómo actuar, así que solo se quedó clavado en el lugar, esperaba que alguien lo salvará del acto incómodo que la esposa de Arthur había creado, y fue así como vio a Potter acercársele con la intensión de saludarlo, intento ser lo más natural posible y saludar de igual manera al hijo de Lily, esperaba que sus movimientos fueran tan normales y gráciles que no se notarán los tragos que llevaba encima.
Lo guiaron hasta la mesa en donde se encontraba McGonagall y los profesores, le ofrecieron de cenar pero el negó rotundamente la propuesta, si ingería cualquier alimento estaba casi seguro que terminaría vomitándolo, optó por quedarse quieto en compañía de los demás presentes, esperaría lo suficiente hasta que los niveles de alcohol bajarán en su cuerpo.
Había estado escuchando las pláticas de sus compañeros, era todo banal, nada lo necesariamente interesante como para que el tuviera que intervenir, se mantuvo callado la mayoría del tiempo, en ocasiones le hacían preguntas y él solo atinaba a mover su cabeza en manera de afirmación o negación según lo que se le cuestionara, no había tomado la molestia de pararse a saludar a nadie, más bien eran los magos y las brujas quiénes se le acercaban a saludarlo y a hacerle comentarios que lo elogiaban, le causaba un poco de repulsión que la gente lo aclamara de tal forma, pero le daba flojera soltar frases hirientes a aquellas personas, estrechaba sus manos y no decía nada.
La noche pasaba y su embriaguez disminuía, vio como Arthur se dirigió a Harry y le dijo algo al joven, en consiguiente vio a Harry levantarse de su asiento y conjurar un hechizo para que su voz fuera sonorina entre los presentes, el muchacho empezó a recitar lo que parecían unas palabras de aliento para amenizar la noche, de pronto todo había calmado y la gente estaba atenta a lo que Potter pronunciaba.
"POR ELLOS Y CON ELLOS" clamó el niño con la cicatriz de rayo, y todos le contestaron de vuelta con las mismas palabras, vio a Potter soltar unas lágrimas y como este sacaba su varita y la dirigía al cielo, el techo de la carpa había desaparecido, vio cómo se creaba una fuente de luz que volaba sobre ellos.
Poco a poco los presentes se unieron al chico, y con sus varitas al cielo se hizo una espiral de luz que se veía inspiradora, la gente se ponía de pie y con sus ojos brillosos seguían lanzando luz sobre ellos mismos, vio a muchos llorar y a otros abrazarse, algunos no aguantaron y se habían retirado del lugar, no quería ser vistos con tal vulnerabilidad.
Y fue ahí cuando la vio, ahí estaba la joven Granger, se podían distinguir las lágrimas que rodaban sobre sus colorados cachetes, ella como todos tenía su varita apuntante al cielo y su brillo interior se veía reflejado en la punta de esta, se dio cuenta de que no se había percatado de su presencia en toda la noche, Molly Weasley lo había puesto de tal nervio que se olvidó que la joven estaría presente en la reunión, se regaló algunos segundos para contemplarla como debía, ya no se sentía tan borracho como cuando llegó y era consciente de que dedicarle aquella mirada podría ser sospechoso para cualquiera que lo viera, pero todos estaban tan ocupados lamentándose que se atrevió a mirarla por un tiempo considerable.
Observo como ella bajaba su varita, su movimiento fue brusco y poco predecible, el la seguía mirando con la misma intensidad, entonces se dio cuenta de que la había cagado, pues ella ahora giro su rostro para hacer chocar sus miradas, vio el espanto en la cara de la chica, su expresión reflejo miedo al darse cuenta que él le clavaba la mirada, pero no hizo nada, siguió mirándola sin inmutarse, fue ella la que después de unos segundos retiro sus ojos de aquel encuentro, el volteo a donde McGonagall, se olvidó de Hermione en el instante en que escucho a la directora sollozar con pesar, la legendaria bruja lloraba a moco suelto, era la nueva directora de Hogwarts una de las personas que más había sufrido durante la guerra, nunca había visto a Minerva quebrarse de aquel manera, ella siempre fue una mujer fuerte y poderosa, verla así le removía en su pecho algo similar a la pena, la mujer seguía llorando aún al darse cuenta que el la miraba expectante, Severus no hizo más y posó su mano en la espalda de la bruja que tanto respetaba, sabía que no era mucho, pero esperaba que eso le reconfortara, y fue así, McGonagall lo miro y le dio las gracias ¿Por qué? El mago no sabía, pero le asintió de todas formas, la noche pintaba para ser larga.
Era de esperarse que Snape desaparecía durante los días siguientes a su último encuentro, incluso era lo que ella haría si pudiera, pero McGonagall le había dejado encargada de la reconstrucción de parte de la biblioteca y de los pasillos que conectaban a ella, no era mucho el daño, pero quería tomarse el tiempo necesario para centrarse en los detalles, la afluencia de gente en el castillo había disminuido considerablemente, en su mayoría Hogwarts se veía limpio y reconstruido, como si nada jamás hubiera deteriorado el edificio.
Se respiraba paz en el ambiente, convivía mucho con los elfos domésticos y pasaba sus tardes con Hagrid, aprendiendo de criaturas mágicas y como cuidarlas, sentía mucha lástima, pues una vez acabada la biblioteca ella tendría que irse, y sabría dios si algún día pudiera regresar, y aunque lo hiciera no sería lo mismo, sus años en Hogwarts habían sido lo mejor de su vida, desde cuando le informaron que era una bruja hasta la batalla contra Voldemort, todas las vivencias ahí tenían un espacio en sus recuerdos que atesoraría por siempre.
-Lamento mucho no poderte escoltar de regreso al castillo, esa noche en la casa Weasley perdí realmente mis sentidos- Hagrid caminaba junto a ella en los campos del castillo.
-No te preocupes Hagrid, regrese con bien ¿Cómo regresaste tú?- Hermione quería cambiar el centro de la conversación, no quería hablar de cómo había terminado regresando con Snape.
-Pues no regrese hasta la mañana siguiente, había mucho de qué hablar y nos estábamos divirtiendo, creí que tú te quedarías con los chicos en casa de Ronald-
-No podía, necesitaba estar temprano en el castillo, casi termino mi tarea en Hogwarts-
-Oh si, tienes mucha razón, eres una de las brujas más comprometidas que conozco-
-Gracias Hagrid- Hermione le regaló una sonrisa al guardabosque.
-Sabes Hermione, alguien me preguntó por ti en la reunión- la joven cargaba unas pequeñas plantas carnívoras, al escuchar a Hagrid decir lo último casi es mordida por una ¿Sería posible que...?
-¿Ah sí? ¿Quién?- pregunto Hermione, esperaba que el gigante no notará su entusiasmo por saber la respuesta, era demasiado la expectación.
-Ronald ¿Quién más?- concluyó Hagrid.
Ahora caía, no había pensado en el pelirrojo desde lo de Severus.
Feliz y prospero año 2019!
