DETRÁS DE LA PUERTA

Ludwig jaló a Antonio y lo obligó a correr hasta otra habitación la cual cerró apenas entraron incluso se recargó en la puerta para así evitar que se abriera aunque tenía el presentimiento de que el escapar y encerrarse no le serviría de absolutamente nada.

El rubio se llevó un mano a la frente tratando una vez mas de tranquilizarse, aun preguntándose porque Antonio que ahora mismo se quitaba la playera para exprimirla, estaba tan empapado… tal vez lo mejor sería no preguntarlo ya que seguramente tendría como respuesta alguna ilógica y sobrenatural explicación así que prefirió mantenerse en silencio, tan solo escuchando los ruidos de afuera que no eran más que el silbido del viento y los ya acostumbrados ratones junto con los grillos, como si una vez más fueran solo ellos dos solos en la casona.

-Tendremos que regresar a esa habitación, solo rompiendo la ventana podremos salir de aquí- propuso Ludwig esta vez de nuevo con su tono serio y autoritario, tal vez tratando de acostumbrarse al hecho de que tenía tras ellos a un par de fantasmas psicóticos con tendencias asesinas, o por lo menos uno de ellos parecía tenerlas.

-¿Y los dejaremos aquí?- preguntó Antonio de pronto descolocando por completo a Ludwig que pensó había escuchado mal ¿Acaso Antonio se estaba preocupando por un par de chiquillos muertos? Aunque si planteas así la pregunta parece algo cruel la manera en como Ludwig lo pensaba.

-¿Qué quieres decir?- preguntó para intentar comprender un poco al español que de nuevo se ponía la camisa arrugada y algo fría por la humedad que aun tenía

-Pues que yo hablaba en serio cuando dije que podríamos ayudarlos a descasar en paz, tú sabes, terminar con los asuntos pendientes que aun tienen aquí…- dijo de manera casi tímida viendo como el rubio lo tomaba por los hombros al parecer enfadado.

-No puedes estar hablando en serio ¡Nos quieren matar! ¿Cómo puedes preocuparte por alguien que tiene todas las intenciones de asesinarte? Además ya los escuchaste, no podemos traerlos a la vida, no podemos hacer nada por ellos más que largarnos de aquí- le decía el ojiazul zarandeándolo por cada frase que decía tratando de hacerlo entrar en razón, a veces olvidaba que Antonio era demasiado bueno y esa bondad solo lo llevaría a la perdición, todo por su estúpida manía de ayudar a la gente.

-Pero no son malos- intentó contradecir el castaño separándose del agarre del rubio que se quedó algo estupefacto al escuchar eso y se llevó una mano a la cabeza, otra vez, tratando de razonar lo que el ojiverde acababa de decir.

-Antonio… me estás diciendo que un par de chiquillos que prácticamente nos acaban de dar una sentencia de muerte ¿Son buenos? ¿En qué retorcido universo alguien que tiene todas las ganas de matarte es bueno?- decía Ludwig con unas tremendas ganas de darle un par de fuertes bofetadas a su amigo para que dejara de decir tantas tonterías.

-¡Lo que pasa es que tienes que ver más allá de tus narices!- gritó exasperado por fin Antonio ahora si captando por completo la atención del otro –Tú también lo escuchaste, cuando el chico me dijo su última voluntad: Dijo que regresáramos a la vida a su hermano...-

-Claro que lo escuché y no sé a qué diablos quieres llegar porque yo no sé como carajos podemos revivir a los muertos- le discutió Ludwig.

-Es que ese no es el problema, él dijo que reviviéramos al otro… sin embargo nunca se mencionó a sí mismo, nunca dijo "Tráenos a la vida"- dijo Antonio a lo que Ludwig solo arqueó una ceja.

-Sigo sin entender que quieres decir- dijo cruzándose de brazos viendo como Antonio se revolvía los cabellos al no explicarse bien.

-¡Él se preocupa por su hermano! Dios mío Ludwig ¿Cómo no puedes entender algo tan sencillo? Él prefiere que su hermano menor viva incluso si él tiene que permanecer muerto, solo quiere cuidarlo ¿Cómo alguien que pone a su hermano por encima de si mismo podría ser malo?- explicó viendo como el semblante frío de Ludwig no cambiaba ni un ápice.

-Bueno ¿Y tienes una manera de traer a la vida al niño ese? Porque si no es así nuestra situación sigue siendo exactamente la misma. Nos van a matar por mas buenos y bondadosos que sean, ellos solo cuidan el uno al otro nosotros nada mas somos los intrusos a los que se les ocurrió meternos a su casa y nuestros buenos deseos no los van a hacer cambiar de opinión- debatió Ludwig

-Obviamente no podemos traerlos a la vida pero- el castaño hizo una pausa tratando de prepararse para lo siguiente que diría esperando tal vez una rotunda negativa por parte de Ludwig que de alguna manera tenía cierta sospecha de la propuesta que le haría el hispano -¿Qué tal si les ayudamos a descansar en paz? Si les ayudamos a descubrir porque fueron asesinados- dijo está vez con un tono demasiado serio como para tratarse del español aunque se podía ver la determinación en sus ojos.

El rubio estaba a punto de contestar cuando escucharon un extraño tintineo al otro lado de la puerta, ambos se detuvieron de su discusión para aguzar el oído, incluso pegaron su oreja a la delgada pared para escuchar mejor el tintineo que no era producido por ningún animal, mucho menos por el viento… si tuvieran que describirlo dirían que era como el chocar de pequeñas piezas de metal. Así que tragando saliva se arriesgaron una vez más a abrir la puerta, después de todo ya estaban preparados para algún tipo de atentado contra su vida.

Los chicos miraron primero hacía la izquierda y luego hacía la derecha en donde no muy lejos vieron al menor de los mellizos correr alegremente con un enorme llavero circular en la mano, las llaves chocaban la una con la otra provocando el anterior tintineo.

-Las llaves ¡Deben ser las de la puerta principal!- exclamó entonces Ludwig saliendo disparado de la habitación para correr tras el chiquillo que solo iba dando saltitos amanerados hasta el fondo del pasillo seguido del alemán y el español que no había perdido el tiempo en ir tras su amigo con un mal presentimiento atacándolo aunque tal vez era normal el tener esa clase de sensaciones cuando se está encerrado en una casa embrujada.

-¡Espera!- le gritó Ludwig al niño que volteó riendo como si estuviera haciendo una travesura hasta que llegó al final del pasillo en donde dio un par de saltitos para lograr alcanzar una cuerda que colgaba del techo y la cual al jalarla logró desplegar una escalera que estaba escondida, seguro llevaba a un viejo desván; el castaño solo echó otra rápida mirada sobre su hombro para luego subir corriendo las escaleras y rápidamente fue alcanzado por Ludwig y un jadeante Antonio que intentaba seguirles el ritmo, así que como si se tratara de una persecución el fantasma que cargaba las llaves seguía corriendo por la polvosa habitación que tenía una pequeña ventana la cual se abrió fácilmente permitiendo al muchachito salir por ella y al parecer trepar al techo.

-¡No te vas a escapar!- gritó Ludwig, cosa irónica puesto que minutos antes era él quien escapaba del fantasma, sin embargo perdió su miedo al ver la solución a todos sus problemas en ese llavero así que no dudó ni un solo segundo al asomar su cabeza por la ventana y ver que efectivamente el muchachito estaba en el techo por lo tanto se agarró de las tejas de la azotea mientras apoyaba sus pies en el marco de la ventana y se impulsó para lograr subir también.

-Ludwig, espérame- le pidió Antonio que igualmente se dirigía a hacer lo mismo pero cuando apenas se acercaba a la estrecha ventana está se cerró gracias a una fuerte brisa, Antonio intentó abrirla pero no pudo, esa situación ya se le hacía demasiado familiar y estaba empezando a cansarse de que las puertas y ahora ventanas de esa casa se cerraran sin razón alguna… no… sí había una razón y esa era:

-No puedo creer que ustedes sean tan tontos- y por tercera vez el chico del vendaje en el cuello le hablaba, de nuevo con ese tono altivo y arrogante mientras se recargaba en una pared con una pierna flexionada mientras que su mano una vez más estaba acariciando su garganta.

Pero mientras tanto Ludwig estaba más ocupado en seguir al otro mellizo que sin ninguna dificultad correteaba por el techo al mismo tiempo que el rubio tenía que extender sus manos para equilibrarse por el techo y no resbalar gracias a las tejas ya que a diferencia de la ventana de la habitación en el segundo piso, el techo se veía realmente alto y peligroso, tal vez una caída desde ahí podría dejarte lisiado por el resto de tu vida.

-¡Dame las llaves!- le exigió el ojiazul cuidando sus pasos tratando de alcanzar al castaño que por fin se había detenido

-Ve~… pero si te las doy se irán de aquí- dijo en un tono de desilusión enlazando sus manos detrás de su espalda dejando al descubierto su enorme mancha de sangre en el vientre que en ese momento gracias a la obscuridad de la noche se veía casi negra

-Eso es más que obvio, nosotros no tenemos ninguna intención de quedarnos así que dame las llaves por favor- volvió a pedírselo esta vez con el seño fruncido y su tono de voz más alto viendo como el chico temblaba un poco ante su petición.

-¡No quiero!- dijo el castaño inflando sus mejillas como si estuviera haciendo berrinche a la vez que corría hacía Ludwig –Ustedes se van a quedar aquí igual que nosotros- dijo aun haciendo pucheros a la vez que le daba un fuerte empujón al alemán lo que hizo que este inevitablemente se fuera de espaldas resbalando por las tejas para rodar por el techo pero gracias a sus buenos reflejos el chico pudo sostenerse del filo del techo mientras sus pies que colgaban se movían intentando buscar algún apoyo sin resultados.

-Nos vemos luego ve~- dijo el fantasma alejándose de ahí dando saltitos dejando a un desesperado Ludwig que sentía sus dedos adormecerse.

-¡No, espera!- le gritaba el rubio que tan solo alcanzaba a ver de reojo el suelo que se veía demasiado lejos, incluso para ser de noche podía ver a la perfección la larga distancia que había entre el techo y el piso sin embargo el chiquillo solo lo ignoraba. –Espera… ¡Feliciano!- gritó por fin con todas sus fuerzas haciendo que el espíritu se detuviera

-Ese es tu nombre ¿Verdad? Lo leí en la placa que está abajo y tu hermano te llamo Feli- decía tratando de no soltarse, luchando contra el dolor en sus músculos que sentía se desgarraban al soportar todo su peso.

-Si, ese es mi nombre, me alegra que lo sepas- dijo el castaño regresando sobre sus pasos sentándose de cuclillas en el techo justo donde Ludwig colgaba intentando no caer

-Feliciano ayúdame por favor, ya no aguantaré mucho- le pedía cuando el hormigueo en sus dedos le estaba imposibilitando el sostenerse, su mano derecha ya estaba cediendo y él estaba haciendo esfuerzos monumentales para no soltarse.

-Ve~ no quiero porque te vas a ir- le dijo ladeando su cabeza poniendo una expresión inocente

-Por favor… no quiero quedarme aquí, yo también tengo un hermano mayor que se preocupa por mi- decía cerrando sus ojos apretando sus mandíbulas tratando de soportar el dolor en sus extremidades. –Si algo me llegara a pasar él se sentiría muy mal- seguía diciendo imaginando por una decima de segundo la cara que Gilbert pondría si él saliera lastimado… no, definitivamente no quería ver esa expresión en el rostro del albino.

-¿En serio?- preguntó Feliciano sosteniendo las llaves entre sus manos ensangrentadas mirando fijamente a Ludwig que ponía muecas de dolor

-Te lo juro- dijo casi exclamando

-Que bueno…- eso contestó Feliciano haciendo que Ludwig abriera mucho sus ojos viendo la mirada vacía del fantasma que había cambiado su rostro sonriente e ingenuo por uno impasible, serio… con sus mirada perdida en la nada pensando en algún recuerdo que lograba borrarle el brillo a sus iris almendradas –Así mi hermanito no será el único en sentirse triste- y dicho esto arrojó lejos las llaves a la vez que retomaba su camino.

-¡No!- gritó Ludwig viendo el llavero caer en algún lugar del marchito jardín mientras que una de sus manos por fin cedía y ahora solo se sostenía con su mano izquierda que tampoco soportaría por mucho tiempo.

Cuando esos sucedía Antonio también lidiaba con el otro hermano que se mantenía mirándolo como esperando a que el español hiciera o dijera algo.

-¡¿Qué quieren de nosotros? ¡Si nos van a matar entonces háganlo rápido y ya!- gritó por fin desesperado Antonio quien en realidad quería ayudar al par de hermanos sin embargo estos parecían no querer ser salvados de su prisión terrenal… como si se hubieran resignado a quedarse ahí el resto de sus días.

-Eso sería muy aburrido- contestó el espíritu como si de verdad le diera pereza el solo pensar en una muerte rápida para los chicos

-Así que quieres que suframos… no creo que necesites hacerlo…- dijo el castaño un poco más tranquilo mirando con algo de melancolía al espíritu que no relajaba su entrecejo en ningún momento –creo que puedo imaginar que fue lo que sentiste cuando moriste, debió haber sido horrible- terminó de decir viendo como el muchacho frente a él por un momento abría bien los ojos, como mirando estupefacto a Antonio, pareciera que acababa de escuchar algo inaudito…

-¿Puedes imaginarlo?... ¿En serio…. puedes hacerlo?- comenzó a decir aun con ese gesto de asombro con sus ojos abriéndose un poco mas dejando ver sus pupilas desorbitadas –Entonces ¿Puedes escuchar los cascos de los caballos a lo lejos, los gritos de los pueblerinos profiriendo maldiciones y las armas chocando?- empezó a preguntar llevándose las manos a los oídos como si en ese mismo momento pudiera escuchar todo -¿Puedes sentir el cuerpo de tu hermano temblar entre tus brazos… puedes escuchar tus propios rezos desesperados para que Dios los escuche?- la voz comenzaba a quebrársele mientras que sus manos que estaban posadas en sus oídos ahora jalaban algunos mechones de su cabello.

-Dime ¡¿Acaso puedes sentir esta maldita impotencia por no poder hacer que Feliciano deje de llorar? ¿Por qué llora si le digo una y otra vez que no le pasará nada? ¡¿Por qué sigue temblando?- Antonio tragó saliva al escuchar como el castaño subía el tono de su voz mientras que su mirada desorbitada estaba clavada en el piso mientras aun jalaba con fuerza su cabello. -¿Escuchas? ¿Escuchas como los soldados han entrado? Por favor, por favor… que no encuentren a Feliciano… pero siguen buscando- Antonio no interrumpió, solo dio una profunda respiración como sintiendo por primera vez que él mismo estaba viendo la escena que el chico narraba

-¿Puedes ver cómo han abierto la puerta del armario? Uno de esos desgraciados se ríe… toman a Feliciano, luego a mí, me tiran al piso y les grito ¡Dejen en paz a mi hermano!- Antonio dio un salto al escuchar la voz atronadora que retumbó por el pequeño desván mientras que las manos del espíritu se desvían a su labio inferior –¿Acaso puedes ver cómo me golpean en la cara y escuchas como Veneciano grita y llora? Yo solo quiero que se eche a correr… corre tan rápido, no podrán alcanzarlo… pero no lo sueltan- sus manos resbalaban hasta su cuello…

-Contéstame… ¿Puedes sentir la espada cortándote el cuello? ¡¿Sientes como la sangre brota?- agarró su improvisado vendaje con fuerza -¡Sigue saliendo sin control y quieres hablar pero no puedes porque solo logras ahogarte! Y Feliciano esta gritando tú nombre y no se detiene- alzó aun mas su voz como si fueran alaridos a la vez que se jalaba el vendaje como si quisiera arrancárselo -¡Ya casi no escuchas la voz de tu hermano no sabes si ya lo mataron! ¿Sientes el miedo de no volver a escuchar nunca más a tu hermanito? ¡¿Acaso estás pensando en lo inútil que eres por no poder protegerlo otra vez? ¡Inútil, inútil, inútil!- seguía diciendo mientras se rasguñaba el cuello sin control.

-¡Basta! ¡Ya basta!- fue entonces Antonio quien gritó, también con la voz quebrada sin poder evitar que una lagrima rebelde se escapara de sus ojos verdes.

-¡NO! ¡Quiero que lo sientas también!- gritó arrojándose al español que cayó de espaldas en el suelo con el fantasma sobre él jalándolo del cabello con fuerza para echarle la cabeza hacia atrás sometiéndolo –Siente como es morir, como es escuchar los gritos desgarradores de tu hermano en tu oído cuando tú estás tirado ahogándote con tu propia sangre y vez como se expande por el suelo hasta los pies de tu hermanito que te implora que te levantes y no puedes ¡Siéntelo!- le gritaba de nuevo con sus seño fruncido mientras pasaba un dedo helado por el cuello de Antonio que podía jurar que la hoja de un cuchillo acababa de trazar una línea por su garganta

Las lágrimas que Antonio no podía controlar escurrían por sus mejillas a la vez que el fantasma lo encaraba al punto en que pudo ver a detalle sus ojos color chocolate y cada uno de los detalles de sus iris

-Te lo haré sentir, hasta que des tu ultimo maldito suspiro vas a saber lo que es el dolor- le susurró sin embargo esta vez no sonrió con esa malicia de antes ni tampoco había arrogancia en su tono.

-No lo harás, no si yo logro que descanses en paz primero- dijo Antonio tratando de controlar sus lagrimas que salían en contra de su voluntad –Yo sé que no son malos, solo son víctimas de una injusticia y lo probaré- dijo aun con el fantasma sobre él que por una milésima de segundo borró su gesto malvado y pareció algo sorprendido.

Hubo un largo silencio en donde el espíritu no aflojó su agarre mientras parecía estar pensando profundamente en algo, hasta que una extraña mueca sonriente se empezó a dibujar en sus labios así que jaló aun mas fuerte el cabello del hispano obligándolo a verlo directamente a los ojos

Me parece interesante lo que dices así que hagamos un trato: Si tú logras probar todas las tonterías en las que crees, mi hermano y yo los dejaremos ir a ti y a tú amigo… pero si no puedes hacerlo los mataremos de la misma manera en que nos mataron a nosotros, tienen hasta el amanecer- y dicho esto se levantó y fue hasta la entrada del desván desapareciendo apenas habiendo bajado un escalón.

Antonio solo lo vio desvanecerse mientras que él se limpiaba las lágrimas que habían salido en contra de su voluntad, se incorporó mientras intentaba tranquilizarse y poner su cabeza fría o al menos eso estaba haciendo hasta que escuchó como algo golpeaba contra la puerta; el chico volteo al instante y vio que era el pie de Ludwig lo que hacía ese ruido así que sin perder el tiempo abrió la ventana justo en el instante en que su rubio amigo perdía fuerza en la mano que aun se aferraba al filo del techó y se dejaba caer sin embargo fue hábilmente atrapado por Antonio que casi se va de cabeza por la ventana a la hora de atrapar los brazos del ojiazul.

-¡Diablos Ludwig ¿Qué estabas haciendo?- le reclamó caminando hacia atrás jalando a su amigo que sentía que en cualquier momento sus brazos se desprenderían de su cuerpo

-Ese chiquillo loco me empujó- respondió el alemán dejándose caer en el piso del desván frotando sus brazos mientras intentaba respirar profundo para lograr calmar su corazón y sus nervios pues por unos segundos pensó que sería su fin… -¿Y a ti que te pasó? ¿Estabas llorando?- le preguntó al ver los ojos enrojecidos de Antonio que desvió la mirada al instante, era algo vergonzoso admitir que si había llorado.

-Eso no importa ahora, de hecho tengo algo que decirte…-

Antonio le explicó la situación a Ludwig, sobre todo la parte en donde prácticamente había apostado su vida con el espíritu del mayor de los mellizos, le dijo que o descubrían el misterio de su muerte o las siguientes almas en pena que habitarían la casa serían las de ellos, idea que Ludwig obviamente no tomó muy bien, incluso le reclamó la tontería que había hecho aunque tampoco es como si el espíritu le hubiera dado oportunidad de renegar a Antonio.

-Supongo que no tenemos otra opción- se resignó Ludwig aun sintiendo sus brazos adoloridos también con un poco de curiosidad por el misterio que encerraba la muerte de los chicos, quería saber qué razón había sido tan poderosa como para hacer que alguien guardara tanto rencor que incluso lo llevaba a desear el mal hacía otras personas.

-Entonces si vamos a hacer esto debemos ir al lugar donde murieron- dijo Ludwig con toda la seriedad que su voz y cara podían expresar, después de todo su vida estaba en juego

-Ese sería el sótano- dedujo Antonio viendo al ojiazul asentir con la cabeza mientras ambos tomaban aire para aventurarse a ir a la escena del crimen, sin estar muy seguros de que lograrían encontrar ahí, seguramente ese lugar estaba tan vacio como el resto de la casa por lo que no tendrían evidencias ni nada parecido pero no tenían nada que perder, si podían hallar al menos una mísera pista se darían por bien servidos.

Ambos chicos bajaron por las escaleras que rechinaban a cada paso que daban, caminaron por el obscuro pasillo a tientas hasta que encontraron esa puerta con la placa alguna vez dorada que rezaba los nombres de los chicos junto con el epitafio que les deseaba paz eterna. Abrieron la puerta que sospechosamente no estaba cerrada con llave, las bisagras rechinaron haciendo que los chicos hicieran muecas raras cuando el sonido les lastimó los tímpanos, respiraron el aire húmedo que se encerraba en el lugar, un peso invisible se posó sobre sus hombros a la vez que un extraño ambiente de tensión los inundaba, sin dudarlo dieron un par de pasos adentro a la vez que la puerta volvía a cerrarse tras de ellos tan lentamente que ni siquiera lo notaron… esta vez las bisagras no rechinaron.

-Ve~ hermano, acaban de entrar al sótano ¿Está bien que lo hayan hecho, no te enojarás?- preguntó entonces Feliciano que estaba sentado en las escaleras sabiendo que el par de muchachos ahora estaban invadiendo la que por mucho tiempo fue su tumba

-No te preocupes Feli… de todos modos ellos son como todos los demás, también van a creer que nos lo merecíamos- comenzó a decirle Lovino que estaba sentado un escalón más arriba –Sólo tú y yo sabemos la verdad- continuó diciéndole mientras ponía su dedo índice en la frente de su hermano y lo paseaba por el puente de la nariz de Feliciano hasta llegar a la punta para luego bajar a sus labios –No necesitamos que nadie más nos crea- concluyó apoyando su dedo en la boca del menor como indicándole que guardara silencio tan solo para escuchar un grito de terror proveniente del sótano que hizo reír a ambos hermanos.

-Parece que lo encontraron- comentó Feliciano soltando un risita que el mayor también acompañó mientras acariciaba su garganta como de costumbre.

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Wow, debo admitir que me emocioné mucho escribiendo este capítulo XD, sobre todo las partes de Romano, es que simplemente lo amo (oh, se nota) ahí tienen a su servidora con mi nudo en la garganta escribiendo con la música corta-venas en los audífonos.

Cómo sea, mis historias acerca de lo Forever Alone que soy no son relevantes así que antes que nada quiero agradecer los reviews, los Story Alert y los Favorite Story y espero que estén disfrutando esta historia que poco a poco pasa del "terror" al misterio. ¡Mil gracias por ponerle atención a esta cosa y darse el tiempo para comentar!