Capítulo 4: El llamado a la guerra


"El nuevo programa escolar es una trampa, si no hacen algo lo lamentaran de por vida".

Nigel tomó la carta y la leyó por quinta ocasión, buscaba algún indicio que le pudiera ayudar a encontrar a quien escribió esa carta pero no obtuvo ningún resultado diferente a las veces anteriores. Sospechaba de los de la Otra Cuadra pues ellos eran los únicos que habían demostrado desagrado por el proyecto escolar. Además estaba acompañado por una piedra, alguien más hubiera utilizado una técnica menos destructiva para hacerle llegar el mensaje o les habría pedido ayuda de manera más directa.

—Todo esto se parece a cuando escoltamos al Presidente vitalicio de Cuarto año —se quejó Hoagie —, los de La Otra Cuadra trataron de detenernos y tenían razón. Pero en esta ocasión es diferente, sin asistencia suena bien para mí.

—No tiene sentido que quieran oponerse a esto —comentó Abigail pensativa —, la asistencia sería una carga menos e incluso los de la Otra Cuadra pueden usar eso en nuestra contra.

Muchos de los niños se habían mostrado felices de que la asistencia no fuera obligatoria incluso alabaron a los responsables del mismo proyecto. Recordar el suceso con el Presidente vitalicio de Cuarto año les dio un motivo para sospechar de las intenciones de los de la Otra Cuadra. Eran enemigos, eso no lo dudaban pero no debían olvidar que ellos también eran niños y que nadie quería tener que lidiar con tanta presión.

En los últimos días habían tenido varios incidentes con los de la Otra Cuadra, la mayoría, por no decir todos, habían terminado en una pelea. No siempre eran ellos quienes iniciaban aquellos enfrentamientos pero si tenían algo en común, intentaron decirle algo. Aquello les parecía divertido y molesto, después de tantos enfrentamientos no tenían motivos para creer en él.

—No tiene sentido que los adultos hagan algo bueno por los niños —agregó Uno pensativo —, lo he pensado y esta carta me lo confirma, una vez nos engañaron, dos no. Es hora de que los Chicos del Barrio analicen ese proyecto y le den su aprobación.

—¿No podemos posponerlo? Iré al cine para poder ver a Goku pateando traseros adultos.

—Tendrá que esperar, en cuanto aprueben el proyecto no habrá marcha atrás.

—Es solo un anónimo —se quejó Cuatro mientras se dejaba caer sobre uno de los asientos —, y yo debo ver la película antes de los exámenes, si mis padres ven mis notas seré castigado. Con la asistencia tendré unos puntos y…

Wallabee no agregó nada, los demás tampoco lo hicieron. Un silencio incómodo se instaló en la casa del árbol, ninguno de ellos había pensado en lo que implicaba el que la asistencia no tuviera un valor en la nota. Ninguno tenía una asistencia perfecta, muchas veces escapaban para cumplir sus misiones pero la mayoría de veces lo hacían de forma desapercibida por lo obtenían la mayoría de esos puntos.

—¡Voy por dulces! —gritó de pronto Kuki y nadie le reclamó por esa interrupción.

No retomaron el tema hasta que hubieran acabado con varios dulces y bebidas. Con el estómago lleno fue más sencillo llegar a una conclusión aunque no había mucho qué discutir, Cuatro sin ser consciente de ello había encontrado un punto clave.

—Lo haremos después de clases —ordenó Uno —. No nos quitaran nuestros puntos adicionales.

Cuatro no se quejó, si bien seguía considerando la película como lo que más quería hacer parte de él sabía que no podía posponer más ese momento. Perder esos puntos podría ser la diferencia entre aprobar y reprobar. Muchas veces consideraba que Uno era un paranoico pero la idea de hacer una tarea para recuperar puntos no le gustaba en lo más mínimo.

Esperaron hasta que las puertas se cerraran para empezar con la misión. No fue difícil llegar hasta la oficina del director. No fue difícil llegar hasta ese lugar pues tenían bastante experiencia en ese lugar, la mayoría de veces no precisamente por buenas razones. Obtener el expediente del proyecto no fue sencillo pues la seguridad que habían colocado en torno del mismo era bastante rigurosa.

—Nos estaban esperando —comentó Nigel mientras utilizaba la base en polvo de su madre para hacer visible los rayos que custodiaban los archivos.

Abigail fue la primera en cruzarlos y cuando lo hizo los desactivó utilizando el interruptor que estaba al lado del premio al "mejor director". Ninguno de los Chicos del Barrio creía que aquel premio fuera atentico, Hoagie estaba convencido de haber visto una etiqueta de premio en el mismo y a menudo hacía bromas al respecto, todas malas aunque a él no parecía haberlo importado.

—Son demasiado predecibles —se quejó Abigail en cuanto vio desaparecer las luces rojas.

En cuanto llegaron al armario de archivos comenzaron a revisar los cajones. Encontraron mucha información acerca de los estudiantes, perfiles con información muy detallada. Uno se encargó de tomar los de la Otra Cuadra y copiar la mayor parte de la información que estos contenían, confiaba que, en el futuro, les sería de utilidad.

Fue cuando llegaron al último cajón que encontraron problemas. Este tenía un candado especial que les impedía acceder a los datos. Aquello no los desmotivó, al contrario, Uno estaba convencido de que la razón por la que tenían especial cuidado con ese cajón era por lo que en su interior ocultaba y que, sin duda, era algo que no deseaban que conociera.

—Denme unos minutos y me encargaré de desactivar la trampa —comentó Dos feliz antes de conectar lo que parecía ser un Game boy en el candado.

Cuando este se abrió, Uno fue el primero en revisar los papeles que se encontraban en su interior. En pocos minutos comprobó que en su interior se encontraban los documentos que buscaba. No obstante se sintió levemente decepcionado, una parte de él esperaba encontrar varios archivos con los planes de los adultos. Nada le haría pensar que no ellos no planeaban algo a pesar de que, aparte de la propuesta para el plan escolar, solo encontró chocolates y revistas que no deseaba ni ver.

—¡Qué aburrido! —se quejó Cuatro cuando vio a Uno extender el folleto que habían ido a buscar.

Cinco lo calló al instante y con su mirada le indicó que no debía hacer ningún ruido. Wallabee se cruzó de brazos y aunque murmuró varias palabras que resultaron incomprensibles para sus compañeros, no dijo nada más. Tres era la única que parecía indiferente, había tomado algunos de los chocolates del cajón y se los estaba comiendo.

Cuando escucharon pasos supieron que tendrían que marcharse cuanto antes de ese lugar. De ser encontrados no tenían ninguna excusa que justificara su presencia en ese lugar y si tomaban en cuenta lo que tenían en las manos la situación empeoraba. De no escapar la expulsión sería la menor de sus preocupaciones.

Escaparon por las tuberías. De haberse demorado algunos minutos más habrían sido descubiertos pero eso no era lo que a Uno le molestaba, había encontrado lo malo de aquel plan de estudios, el proyecto, este demandaba mucho tiempo y de no cumplir con cada una de sus entregas se arriesgaba a perder el año.

Hubiera sido muy sencillo romper el plan de estudios teniéndolo en las manos o modificarlo y nadie sabría la diferencia pero eso de nada habría servido. El plan de estudios fue aprobado por el director y enviado a la regional para una segunda aprobación y su inmediata aplicación. La única forma de evitar que su tiempo libre se volviera inexistente era interceptar al cartero que entregaría dicho proyecto y para ello debían actuar rápido pues la cuenta regresiva había iniciado.

Necesitaban de ayuda. Era el momento de un llamado a la guerra.