He aquí un nuevo capitulo. ¡Enga! ¡A disfrutar!

- blablabla - (Diálogos)

"blablabla" (Pensamientos)

Descargo de responsavilidad: Estos personajes no son míos, ni los utilizo con intención de lucro. Estos personajes (la mayoría de ellos) son de The Legend Of Zelda, de Nintendo.


CAP 3…

Lo prometió por su hermana y por él mismo que no confiaría en nadie salvo en su propia hermana. Y así seguiría su manera de pensar hasta el día en que muriera. Estaba seguro de ello.


"No se por qué lo buscas", pensaba Zelda, "eres una tonta". Pero cuando ya iba a darse la vuelta para entrar, de refilón vio al muchacho, Link, caminar hasta la entrada.


CAP 4: Cada quién se busca su cebolla para llorar.

Zelda observaba como el chico se acercaba a la entrada del lugar mientras luchaba por andar y sujetar la bolsa llena de libros.

Zelda se acercó a él e intentó cogerle la mochila para que no tuviera que llevarla hasta el cuarto piso, pero cuando se acercó a él, el chico se alejó de ella, como si su tacto le quemara. Ante el movimiento tan brusco para esquivarla hizo una mueca de dolor.

- ¿Estás bien? – Preguntó Zelda.


- ¿Estás bien? – Le preguntó la muchacha.

Link puso cara de asco.

Algún día dejaría de hacer preguntas obvias y entonces, solo entonces, sería feliz. Sinceramente dudaba ser feliz aunque desaparecieran del mundo tales preguntas o todas las cosas que odiaba. Ya estaba demasiado quemado y lo sabía. Dudaba que algún día pudiera ser de nuevo abierto con la gente.

- Oye, - Dijo la chica al ver que la miraba con repulsión – que solo me preocupaba por ti.

- Para preocuparse, - Susurró. – no se necesitan esas preguntas.

- Ya sé que es una pregunta obvia, - Respondió la chica. – pero es necesaria, ¿No crees?

- No.

- Ah… - Suspiró y continuó hablando. – Déjame que te ayude con esto.

- No. Ni me toques. Ni te me acerques. – Dijo con odio.

- ¿Disculpa? – Cuestionó sin creerse que alguien pudiera ser tan obstinado – Mira, para hablar siquiera contigo no sabes lo que me cuesta. No sabes lo que he vivido.

- Lo mismo digo. – Intentó seguir caminando para no seguir escuchándola.

¿A él le iba a hablar de dolor?


"¿Lo mismo digo? Si es solo un crío", pensaba Zelda, "con quince años, ¿que puede haber vivido?"

- ¿Qué has querido decir con eso?

- Eso… - Masculló el muchacho – no te interesa.

- ¡Mira, el amante de lo "no-obvio"! ¡Si no me interesara, no te lo preguntaría!

- Llego tarde a clase.

Y acto seguido se fue cojeando.

Y Zelda seguía sin poder ayudarlo a subir sus cosas.


Salió del ascensor rojo cuando una voz femenina mecanizada indicó el cuarto piso.

Aun seguía pensando en el comentario de "si no me interesara, no te lo preguntaría". Tenía un punto pero, ¿por qué alguien se preocupar por alguien a quien acaba de conocer? No lo entendía.

Fue directo a su clase, sin preocuparse por las miradas que se posaban sobre él. Seguramente mirarían su muleta y su escayola. Y porque no habían visto su espalda…

- Hola, Link. – Dijo una voz aguda que conocía muy bien.

Se dio la vuelta y vio a la chica rubia que tanto odiaba. Ilia.

- ¿Qué…? – Susurró tartamudeando Link - ¿Qué haces aquí? ¿Por qué estás aquí?

- Para estar contigo, ¿por qué sino?

- No… aléjate de mí. No me toques. Ni me hables. Ni me mires. ¡Ni nada!

Se alejó unos pasos y chocó contra la pared con los ojos muy abiertos. Hizo una mueca por culpa de los moratones violáceos de su espalda.

Y se dio cuenta de un detalle gracias a la sonrisa macabra de la rubia.

- Tú… - Susurró Link entrecerrando los ojos. – tú les dijiste…

- Yo te quiero mucho, Link. Pero si no lo hago, no me aceptarán.

- No sabes donde te metes Ilia, no lo sabes…

- Sí lo sé. – Rió Ilia. - Ya lo creo que lo sé.


Sentada en su mesa de clase escuchando el timbre de cambio de clase, pensaba en lo que había visto hace una hora en el pasillo de cuarto de ESO.

"Estaba subiendo las escaleras con sus amigas cuando vio a Link empotrado de espaldas contra la pared y es tal Ilia "en-profundidad" justo delante de él, sonriéndole mientras el chico la miraba con odio."

Sintió unos celos tan grandes que casi se le tira encima para partirle los dientes. "¿Quién se cree que es esa zorra?", pensaba Zelda mientras se preparaba para su siguiente clase violentamente, "¿Quién se cree que es para acercarse a MI Link?", abrió los ojos como platos y se quedó en la posición de "abrir el libro".

- Zelda… - Susurró Ruto mientras le golpeaba suavemente la cabeza. - ¿Es-estás bien?.

- Se le ha… ido todo el color de la cara de golpe...

- Una semana… mal agradecido… - Murmuraba Zelda con los ojos muertos.

- Vale. – Dijo Midna. – Ahora sí da miedo.

- ¡Por qué! ¡Mal agradecido de mierda! ¡Desde hace solo una semana, maldita sea! – Gritó golpeando la mesa y levantándose de clase con los ojos llenos de ira.

Todos los alumnos gritaron por el susto y exclamaron cosas que harían sentirse orgulloso al director.


Cuando tocó el timbre de la hora del descanso, fue lo más rápido que pudo guardando los libros utilizando el brazo sano. Salió de los primeros de clase y fue al ascensor para bajar al patio antes de que la mal nacida lo encontrara. "Maldita sea… maldita sea. ¡Maldita sea!", Gritaba Link en su mente.

Salió al patio y cuando se quiso dar cuenta estaba sentado hecho un ovillo en las escaleras en sombra abrazando la muleta. "¿Por qué?", se preguntaba, "¿Por qué me siento más seguro y relajado que hace cinco malditos minutos?"

- Hola. – Escuchó la voz de Zelda.

Entonces le vino una respuesta de lo más descabellada: "Es por ella". Pero aunque fuera absurdo, le agradaba estar alrededor suyo. Aunque odiara tener gente al rededor. Y aunque odiara sus preguntas obvias.


Salió de su clase de las primeras, queriendo tener unas palabras con la "en-profundidad".

Sus amigas habían ida a unas "colonias" de teatro por una semana, lo cual lo hacían como extraescolar. Hasta Midna iba a teatro.

Bajó al cuarto piso e iba a gritar el nombre de la rubia cuando vio a Link caminar con la muleta hasta el ascensor.

Decidió bajar directamente al patio que hablar con la mal nacida de esa Ilia. Cuando ya estuvo abajo, pensó que a lo mejor estaría en las escaleras, pero lo reconsideró porque él la odiaba, ¿no? Zelda creía que Link era un sociópata, una persona que odiaba a todo el mundo. "Bueno, seguro que es porque su mejor amigo le mintió", rió Zelda, "Después de todo, así son los quinceañeros." Pero sabía que no era por eso. Nadie podría ser TAN borde por eso. Lógica pura y dura.

Buscando y buscando, lo encontró en el lugar en el que había supuesto que no estaba. En las escaleras en sombra, hecho un ovillo, como la primera vez que lo vio.

Se acercó a él y lo saludo suavemente para no asustarlo.

- Hola. – El rubio no se inmutó, así que Zelda se sentó al lado suyo abrazándose las rodillas sobre su vestido rojo oscuro. - ¿Estás mejor? – El chico levantó la mirada y la fulminó mirándola a los ojos. – No me mires así… - Dijo mientras reía – solo quería saber eso.

- No. – Dijo mientras miraba al frente con sus bonitos e insensibles ojos azules.

- Vale. – Giró la cabeza hacia él y le preguntó. - ¿En que piensas?

- En nada.

- No se puede pensar en nada.

- Sí se puede.

- No, no se puede.

- Sí, sí se puede y yo lo hago.

- Ah…- Suspiró Zelda. – En serio, ¿por qué eres tan desagradable?

- Soy yo.

- No, nadie puede ser como tú porque es así desde nacimiento.

- Vaya, tú, que problema… - Musitó Link, apoyando su cabeza en las rodillas sin parar de mirar hacia delante.

- ¿Por qué me odias tanto? – Preguntó Zelda. – Encima que quiero ayudarte…

- No me ayudes.

Tras decir eso, Link la miró de reojo y muy sin que se notara.

Lo que vio lo asombro de sobremanera. La chica parecía… triste.

¿Triste por qué? ¿Por qué alguien que le parece borde la rechaza? Vaya, eso ayer no era un problema. Pero verla triste se sentía… mal. No. Mal no. Horrible. Su corazón palpitaba más deprisa desde el primer saludo de la muchacha, pero ahora se sentía… triste. ¿Sentirse triste porque algún otro se sentía triste?

- Lo siento. – Dijo Link antes de poder detenerse. "¿¡Qué!", pensó horrorizado. Sus mejillas se tornaron de color rojo carmín y apartó la mirada. Quería salir corriendo a la vez que quería esperar a ver la reacción de la chica, y su cuerpo no se movía así que…

- Espera, espera, espera, espera… - Dijo Zelda a los dos minutos - ¿Qué has dicho?

- Nada.

- Has dicho "lo siento".

- No.

- Sí, sí que lo has dicho.

- No, no lo he dicho.

- Será mi imaginación.

- Podría ser. – Dijo a la vez que se encogía de hombros y cerrando los ojos.


Zelda se apoyó en los codos, que estaba apoyados en unos escalones más arriba, mirando al cielo y con una sonrisa de oreja a oreja. Azul, sin ninguna nube, como su felicidad. Como sus ojos. Se giró hacia el chico y le miró los ojos. Ya no le parecían tan insensibles, en aquel momento le parecían… avergonzados, que sumados al color carmín de sus mejillas… Zelda se puso a reír como nunca delante del chico.

- ¿De que se supone que te ríes? – Exclamó Link, enfadado.

- Es que… - Dijo al parar de reír un poco. Pero pronto reanudó su risa. – Lo siento. Es que verte avergonzado es una faceta tuya que no había visto.

- ¡Cállate! – Gritó mientras sus mejillas cogían más color y desviaba la mirada.

- Es broma, tonto. – Zelda nunca había estado tan a gusto con un hombre desde… al momento, quiso despejar su mente de aquellos recuerdos y se preguntó si podría confiarle a él sus problemas. Se preguntaba si él escucharía con atención o simplemente no la escucharía. Prefirió hacer una pequeña prueba. – Una cosita… ¿te puedo hacer una preguntita?

- Pregunta. De ahí a que te responda ya veremos.

- Buena respuesta. – Se aclaró la garganta y continuó - ¿Si una amiga tuya te dijera que ha tenido un problema gordo por culpa de alguien, que harías?

- No lo se.

- ¿No? ¿Y eso?

- Nunca he tenido amigos.

- Nunca… me pregunto porque.

- No es por lo que crees.

- ¿No? ¿Y tú que sabes si es o no?

- Estás pensando que soy un borde, y que no te extraña que no tenga amigos.

- Em…

- No es por eso.

- Entonces, ¿por qué es?

- Porque… - Lo pensó antes de responder. – no preguntes.

Se levantó, cogió la muleta y se fue. Dos minutos después tocó el timbre.

"¿He hablado con él media hora y ni me he enterado?", se cuestionó a si misma.

CONTINUARÁ…


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