4. Illusion

Los ojos azules del Cazador de sombras estaban fijos en el ir y venir de Magnus por la cocina. Era la víspera de navidad y aunque Alec no era muy afecto a esa celebración, no podía evitar sentirse contagiado por la emoción de Magnus quien estaba preparando la cena para los dos. Aquella era la primera navidad que pasaban juntos y Alec estaba profundamente agradecido con la idea de no pasar ese día en casa puesto que cada año terminaba sacando a Isabelle y Jace sin conciencia del bar que su hermana y su parabatai habían elegido para celebrar la festividad, una festividad en la que por cierto, ninguno de los dos creía.

El aroma del enorme pino que Magnus había hecho aparecer en medio de la sala, así como el aroma de los dulces y de la comida que el Brujo había conjurado de la nada para ponerlos a los dos en "ambiente" entraba por la nariz de Alec haciéndolo sonreír. Aunque tal vez no se trataba de las luces de colores, ni de las esferas doradas bellamente decoradas con brillos de distintos tonos que le recordaban a Magnus, sino Magnus en sí el que lo había tenido sonriendo de aquel modo todo el día.

La mañana había empezado con ellos dos decorando el árbol, algo que Alec jamás había hecho. Magnus iba indicándole el modo en el que los adornos tenían que ser colocados, combinando colores y texturas, tonos y aromas que hicieron que el siempre hosco Alexander Lightwood riera más de lo que acostumbraba.

Aunque con Magnus no era tan raro reír, jamás lo había sido. Alec recordaba que los primeros días a su lado sus mejillas terminaban doliendo a fuerza de sonrisas involuntarias, sonrisas que acudían a sus labios después de un beso especialmente cálido o del modo juguetón en el que Magnus lo tocaba y como esos besos y caricias siempre terminaban convirtiéndose en algo más.

Las mejillas del muchacho se sonrojaron al recordar la noche anterior y el modo en el que las manos de Magnus se habían deslizado por todo su cuerpo mientras los labios del Brujo mordían sus labios y bajaban después por su cuello y su pecho, deteniéndose en los lugares correctos para besarlo y succionarlo, dejando marcas muy visibles, marcas que serían el objeto de la burla de Jace cuando volviera a verlo, pero nada de eso le importaba a Alec cuando Magnus lo acariciaba del modo amable y después apasionado en el que lo hacía.

Alec tenía que reconocer que los 400 años de experiencia de Magnus en las artes del amor eran un privilegio que él se había ganado por quién sabe qué absurdo milagro y en aquel justo instante de su vida, cuando la guerra con Valentine ya había terminado y su mundo parecía estar en paz por un tiempo, no estaba dispuesto a dejarlo ir, no podía dejar ir esa sonrisa, no podía desprenderse de los besos de Magnus, de las caricias de Magnus, de las noches al lado de Magnus en las que su cuerpo desnudo al lado del cuerpo del brujo parecían capaces de conjurar la primavera.

La verdad, Alec sentía aún un poco de pena porque sabía que sus habilidades como amante dejaban mucho que desear pero Magnus no parecía quejarse. Aunque las manos del chico eran torpes a la hora de resbalar sobre aquella piel de caramelo, aunque los labios del chico perdían el aliento al besar y lamer la piel de todo el cuerpo del brujo, Magnus siempre terminaba diciéndole que lo amaba, que siempre lo amaría, que jamás había amado a alguien como lo amaba a él.

Alec se quedó pensando en aquello de forma profunda, casi ausente. No en las caricias de Magnus, aquello siempre lo distraía claro, pero pensaba ahora en las palabras que Magnus siempre pronunciaba y a las que él jamás respondía ¿Por qué no podía hacerlo? ¿Qué demonios estaba deteniéndolo?

-¿Alexander?- dijo Magnus y Alec notó que el brujo estaba frente a él, vaya, de verdad se había perdido en sus pensamientos- ¿Pasa algo?

-¿Qué?- dijo el chico de los ojos azules sintiendo que su corazón elevaba su frecuencia con la cercanía de Magnus.

-Te acabo de entregar tu regalo de navidad y no has dicho nada- dijo Magnus y el corazón de Alec pareció detenerse ¿Regalo? ¿Magnus tenía un regalo para él?

El brujo sonreía ampliamente, de ese modo brillante como todo él que podía hacer que las piernas de Alec se transformaran en gelatina. Magnus señalaba un paquete alargado que hizo que los ojos azules del muchacho se abrieran aún más puesto que aquel regalo era todo, menos pequeño. Estaba envuelto en listones dorados y azules y Alec sospechaba que Magnus había gastado una pequeña fortuna en lo que fuera que estuviera adentro.

-¿No vas a abrirlo?- dijo Magnus con una mirada que le hacía saber al muchacho Lightwood que el brujo había estado esperando aquel momento con verdadera emoción.

-Magnus, no debiste…

-Ya sabía que dirías eso- dijo el brujo poniendo los ojos en blanco- ¿Cuál es el sentido de tener al novio más guapo de Nueva York si no puedes darle un regalo de Navidad? Anda, deja de decir estupideces y sólo ábrelo.

-Pero yo no compré un regalo para ti…- dijo Alec sintiéndose realmente avergonzado

¿Por qué él no le había comprado algo al brujo? Isabelle lo había estado insinuando prácticamente desde que diciembre había empezado y él había desechado la idea porque jamás hubiera pensado que Magnus querría celebrar aquella fiesta mundana como los mundanos solían hacerlo, con el intercambio de regalos, el árbol de navidad, la cena, los adornos, circo, maroma y teatro.

-Estás aquí…- dijo Magnus besando sus labios de ese modo suave y pausado que hacía que algo en el corazón de Alec se derritiera.- Eso es todo lo que quiero, así que anda, abre tu regalo…

Alec suspiró cuando los labios de Magnus se separaron de los suyos ¿Por qué él no podía decirle todas esas cosas a Magnus? ¿Por qué él no podía decirle al gran brujo de Brooklyn que él también lo amaba, que había tomado tan poco tiempo darse cuenta de todo el amor que sentía y que en realidad él tampoco necesitaba un regalo porque estar ahí, con él y poder besarlo era el mejor regalo que tendría toda su vida?

"Vamos Alec, díselo ya", pensó el joven, pero en lugar de dejar salir aquellas dos palabras de su boca, sus mejillas se sonrojaron y empezó a quitar la tapa del regalo que Magnus le había entregado y cuando sacó el papel de seda color azul que envolvía una flecha alargada y fina, sumamente bella, letal y perfecta para enfrentar demonios, Alec tuvo ganas de abrazar al brujo y no soltarlo hasta el próximo siglo.

La risa feliz del brujo llenó el departamento y Alec se dio cuenta de que como siempre pasaba, Magnus podía ser feliz por todas aquellas pequeñas cosas que él ni siquiera era consciente que hacía, pero estaba seguro de que la mirada embelesada que había en su rostro después de haber visto aquel regalo, era suficiente para que Magnus se riera así: feliz, satisfecho, tan lleno de amor como el propio Alec.

-¿Te gusta?- dijo Magnus acercándose de nuevo a él.

-Es…- dijo Alec intentando forzar a su cerebro para que le diera una respuesta perfecta- es… Magnus… gracias.

-Piensa en mí cuando dispares una de estas- dijo el brujo besándolo de nuevo- si haces eso, jamás errarás tu blanco, las encanté. Son infalibles.

-¿Usaste tu magia? Magnus, no debiste, pudiste agotarte y… espera ¿Una de estas?- dijo Alec todavía más sorprendido.

-Sí, encanté al menos cien, las envié al Instituto hace un mes. Isabelle dijo que ella las ocultaría en el cuarto de armas- dijo el brujo levantando los hombros como si lo que había hecho no importara de verdad- ¿Crees que serán suficientes? Si no es así, Ragnor dijo que el amigo que las consiguió podía traer más del mercado negro de los subterráneos porque…

Magnus no fue capaz de terminar la frase porque los labios de Alexander Lightwood impactaron con los suyos de forma alocada. El brujo rio en medio del beso, habían compartido ya tantos besos pero de algún modo aquella boca sobre la suya siempre se sentía diferente, húmeda y cálida, llena de todo el amor no dicho que sin embargo brillaba en los ojos azules del cazador de sombras, y aquella luz era suficiente para el brujo hasta que fuera el mismo Alec quien pudiera ponerlo en palabras.

-Magnus, te a…- empezó a decir el joven Lightwood pero en ese preciso instante el urgente pitido de una alarma empezó a sonar en medio de la sala.

-¡La comida está lista!- dijo Magnus riendo de modo resplandeciente- puede que sólo la haya puesto a calentar, pero tú, Alexander, mereces todos los sacrificios.

Alec rio aunque se sentía molesto por la interrupción. Había estado tan cerca de decirlo, habrían bastado unos segundos más para decirlo y sin embargo… Quizá no era el momento, pensó el joven mientras se acercaba al comedor, sonriendo sin poder evitarlo ante la visión del suéter azul con un enorme reno que Magnus usaba y que era idéntico al suyo. El Cazador de sombras había arrugado la nariz al verlo, pero había decidido usarlo para no terminar con la emoción de Magnus. Él ya había sufrido mucho por su culpa y los suéteres con motivos de fauna navideña eran un precio muy bajo que pagar por ver feliz al gran Brujo de Brooklyn.

El joven Lightwood se sentó a la mesa, observando cómo su novio arreglaba fuentes y platos mientras cantaba una alegre canción de una banda Inglesa que le había hecho perder la cabeza (y el buen gusto, a juicio de Alec) aquel último mes.

Pero en aquel momento, el deficiente gusto musical de Magnus era la menor de las preocupaciones del muchacho. Porque la voz de Magnus era suave y hermosa, y Alec solo podía sonreír pensando que sí, aquel quizá no había sido el momento de decir lo que tenía que decir, pero tenía que hacer de cualquier otro momento el momento perfecto. Porque la canción de Magnus era como una pregunta "¿Crees en el amor? ¿Crees que es más que una ilusión?" y mirándolo en aquel justo instante, las luces del árbol reflejándose en los brillos de la piel del Brujo, Alec sólo tenía una respuesta: sí, creía en el amor, jamás pensó creer en algo como eso, jamás creyó merecerlo pero ahora que lo tenía, no iba a cuestionarlo. Ya no, al menos no esa noche, no ahora que Magnus cantaba dirigiéndose a él, mirándolo a los ojos:

Dime que crees que el amor no es sólo una ilusión.

He estado pensando en las noches y en los trucos sucios que la gente juega con el amor de las personas.

Incluso yo puedo convertir un montón de corazones en trozos rotos con engaños y mentiras que desaparecerán después en frente de ellos.

Pero créeme a ti no estoy tratando de engañarte. Te prometo que enamorarte de mí no será un error.

No cariño, esto no es una ilusión realmente tengo mi corazón en la mano.

Oh cariño esto no es una ilusión, es magia entre tú y yo, realmente has puesto mi mundo de cabeza.

Así que dime que crees en el amor porque esto no es sólo una ilusión para mí.

Magnus dejó de cantar y se sentó en frente de Alec. Aquella de verdad era una hermosa noche, era una hermosa vida después de años y años vacíos en los que creyó que la inmortalidad había perdido sentido. Pero ahí sentado, mirando esos ojos azules llenos de las luces de navidad, la tierra parecía un lugar mil veces mejor.

El brujo sonrió sintiéndose más feliz de lo que se había sentido en el último siglo y Alec suspiró probablemente sintiendo lo mismo que él estaba sintiendo. La verdad aquella idea de la navidad perfecta en pareja había sido solo un pretexto para pasar más tiempo con Alec, para que la mente del Cazador de Sombras se relajara un poco después de todos los sobresaltos que había tenido aquel año. Y Alec parecía feliz, contento y relajado, cómodo por fin con aquellos sentimientos que lo habían torturado por años. Y Magnus sabía que de algún modo, aunque Alec no se lo hubiera dicho aún, aquellos sentimientos existían por él y sólo por él.

Los dos comieron generosas cantidades de comida, mucha de la cual Alec no había probado jamás. Magnus tenía una anécdota divertida para cada plato, desde los postres delicados que había conocido en Francia, hasta los guisos sencillos pero sumamente deliciosos que el Brujo había comido en Sudamérica. Alec lo escuchaba hablar sin dejar de reír, perdiéndose en las historias de Magnus, esperando que el silencio los envolviera de nuevo y él pudiera decirle por fin lo que ya no podía callar más. Pero aquel silencio parecía negarse a llegar, quizá Alec tendría que convocarlo de algún modo pero ¿Cómo?

-¡Vamos a la calle!- dijo Magnus cuando los dos estuvieron hartos de comida, sacando a Alec de sus cavilaciones una vez más- A esta hora ya deben de estar cantando los villancicos, además, tienes que ver las decoraciones de Dykers Heigths, esos chicos saben cómo decorar una casa.

Alec sonrió y asintió con entusiasmo al tiempo que Magnus desaparecía los platos sucios con un chasquido de sus dedos. Los dos se levantaron de la mesa y cogieron sus abrigos del perchero puesto que aquella noche era fría. Había dejado de nevar en la mañana pero seguramente la nevada continuaría más tarde.

Dykers Heigths era una zona residencial que estaba ubicada al sur de Brooklyn donde cada año los propietarios, que eran la clase de ricos que podían permitirse pagar exorbitantes cuentas de electricidad, adornaban sus casas compitiendo con los demás por conseguir la decoración más extravagante, por ello los ojos de Alec se abrieron de par en par cuando él y Magnus llegaron a aquella zona. El muchacho sentía fascinación por la luces de Nueva York, era algo que siempre le había gustado observar desde la ventana de su dormitorio en el Instituto, pero aquello no tenía nada que ver con lo que estaba viendo ahora.

Porque en Dykers Heigths las luces de colores que adornaban las casas parecían cientos de estrellas prendidas a las paredes de las viviendas o a las figuras que estaban formando: copos de nieve, Santa Claus, renos, bastones de caramelo, árboles de navidad y guirnaldas, todo aquello brillaba en medio de la calle quitándole el aliento al chico cuya mano estaba enlazada a la de Magnus.

Bien era cierto que el joven Lightwood no era muy afecto a las demostraciones públicas de acariño pero aquello, tomar a Magnus de la mano, siempre le había gustado. Era algo simple y sin embargo, tan íntimo, sumamente cálido. Ni siquiera le importaban las miradas que aquello pudiera causar y por ello siempre que caminaban por el parque o por la ciudad, Alec tomaba la mano de Magnus como estaba haciéndolo en aquel justo instante.

Los dos observaban las decoraciones con calma, escuchando el resonar de los villancicos que salían de algunas de las casas. Alec no sabía si algo como la magia de la navidad existía, pero sin duda el mundo parecía un lugar distinto aquella noche. Mucha gente ya no recordaba a quién se suponía que estaban festejando y a Alec la historia no le había quedado muy clara cuando Hodge les había hablado acerca de las tradiciones cristianas de los mundanos, pero aquel mundo lleno de luces y de brillo, ese mundo tan parecido al propio Magnus, era algo digno de celebrarse sin duda alguna.

-¿Cuál es tu favorita?- dijo Magnus cuando llegaron al final de la calle.

-Todas…- dijo Alec de forma honesta y Magnus se echó a reír.

Y a la risa de Magnus se unió de pronto la melodía que él había estado cantando en la cocina. Alec sonrió sin poder creerlo, pensando que sin duda alguna aquellos chicos ingleses eran de verdad famosos porque le parecía escucharlos en todos lados. Y como si la melodía alegre de aquella canción hubiera descongelado algo en Alec, el chico se soltó de la mano del brujo y caminó hacia un montón de nieve agrupado a la orilla de la banqueta.

-¿Qué haces, Alexander?- dijo Magnus riendo alegremente.

-Hay algo que siempre quise hacer…- dijo Alec un poco nervioso- lo vi una vez en una película y…

-¿Te refieres a esto?- dijo Magnus recogiendo un poco de nieve del suelo para hacer una bola que fue a estrellarse al pecho de Alec.

El joven Lightwood sonrió y se apresuró a devolverle el golpe a Magnus quien rio divertido porque aquello era simplemente hermoso. Y no se trataba de las luces de navidad, ni de la canción que salía de la ventana de alguna de las casas o los copos de nieve que empezaban a caer de nuevo sobre sus cabezas, no. Es que Alec no solía ser así, es que el cazador de sombras era tan serio, tan recto, tan diferente de sus dos hermanos problema que aquel lado juguetón y despreocupado era toda una delicia para el brujo.

Porque Magnus estaba seguro de que Alec no era así con nadie más que con él y aquella confianza, la confianza de que a su lado estaba bien ser quien era, de que estaba bien ser aquel muchacho de dieciocho años que reía en plena calle teniendo una lucha de bolas de nieve con la persona que amaba, era algo que Magnus atesoraba. Porque Alec obviamente se sentía feliz, ni siquiera tenía tiempo de preguntarse si aquello era infantil o no. Alec se sentía feliz porque Magnus podía verlo de aquel modo desinhibido sin juzgarlo, sin reprocharle que se estuviera divirtiendo como un idiota, sin pedirle que pensara en sus responsabilidades. Magnus no esperaba nada de él, nada salvo que fuera él mismo y aquello a Alec le parecía una muestra de amor sin límites.

Y él también amaba a Magnus.

Y mientras las bolas de nieve volaban en el aire, mientras sus risas llenaban la calle y la canción seguía su curso, Alec pensó que ya era tiempo de decirlo, que lo diría, que le gritaría a todo aquel que quisiera saberlo que amaba a Magnus Bane y que seguramente lo seguiría amando hasta que su corazón dejara de latir:

No tienes que preocuparte por mi o por lo que traerá el destino, yo soy todo lo que necesitas esta noche.

Nunca romperé tu corazón, no tienes que pensarlo dos veces al verlo en mis ojos.

¿Puedes verlo? No estoy tratando de hacerte daño.

Te prometo que enamorarte de mí no será un error.

No cariño, esto no es una ilusión realmente tengo mi corazón en la mano.

Oh cariño esto no es una ilusión, es magia entre tú y yo.

Realmente has puesto mi mundo de cabeza.

Así que dime que crees en el amor porque esto no es sólo una ilusión para mí.

Puedes atarme con cadenas y lanzar la llave al vacío, pero no hay puertas escondidas, no voy a irme.

Eres la verdad que no puedo explicar, eres lo único que puedo ver.

Esto no es sólo una ilusión para mí.

No, no era una ilusión, quizá jamás lo había sido. Porque lo que los había unido a él y a Magnus era más cercano a la magia que al destino y Alec ni siquiera estaba pensando en la Magia del Brujo, sino en la forma en la que su amor había surgido, lentamente, tan lentamente que en el camino había tenido que cometer muchos errores hasta poder ser consciente de todo lo que sentía.

Pero ahora, todos esos sentimientos estaban ahí, estaban en su corazón que latía con fuerza al sostener el cuerpo de Magnus quien, con el cabello lleno de nieve y las mejillas sonrojadas por el frío, se había acercado a Alec, derribándole sobre la nieve por la fuerza con la que se había lanzado en sus brazos.

El chico de los ojos azules se echó a reír cuando los dos tocaron el suelo, el cuerpo delgado de Magnus sobre el suyo, temblando todavía por las risas que estaba produciendo. Los dos se rieron un poco más, hasta que todo el mundo pareció quedarse en silencio, sumido en el frío brillante de aquella noche de invierno, de aquella noche de navidad. Aquel silencio parecía pertenecer a otro mundo, parecía ser un regalo del cielo nublado y Alec supo que aquel era su momento y que no tenía que preocuparse por decir un discurso, no tenía que preocuparse por poner sus sentimientos en muchas y hermosas palabras porque para Magnus solo bastarían dos, dos palabras, las dos palabras más preciosas de todo lenguaje humano, dos palabras que para un Nephilim y un ser inmortal eran siempre algo más que para el resto de los mundanos.

-Feliz navidad, Alec- dijo el brujo mirando fijamente los ojos azules del cazador de sombras, pensando en lo hermosas que lucían las largas pestañas del joven Lightwood llenas de pequeños copos de nieve.

-Te amo, Magnus Bane- dijo Alec y el corazón inmortal del brujo pareció detenerse, congelarse, y derretirse, todo al mismo tiempo.

El brujo sonrió, sus ojos habían empezado a lagrimear indecentemente pero él era el Magnífico Magnus Bane, no se iba a dejar llevar de aquel modo por la emoción que lo embargaba. Pero es que había esperado tanto por escuchar aquellas palabras, había soñado aquellas palabras por tanto tiempo que ahora que estaban ahí, todo parecía parte de un sueño pero él sabía que no era un sueño. Y quería decirle a Alec que por favor volviera a repetir lo que había dicho pero de un modo que no admitía réplica, el "te amo" de Alec seguía presente en los ojos del Cazador de sombras y en el latido de su corazón debajo del pecho de Magnus. Aquel sentimiento era verdadero y poderoso. Y era suyo, era de los dos.

-Aku cinta kamu…- dijo el brujo y Alec sonrió a pesar de no entender aquel idioma.

-¿Qué significa?- susurró el chico.

-Significa que también te amo, Alexander- dijo Magnus- y que eso nunca va a cambiar.

Los labios de los dos volvieron a encontrarse, estaban fríos, pero el calor de su amor bastó para caldear el beso y caldear sus almas. Las luces de navidad seguían brillando y la nieve del invierno seguía cayendo a su alrededor pero dentro de ellos, en lo más profundo de sus almas, la primavera apenas había empezado y el amor era más que una ilusión para los dos.


CANCIÓN: Illusion- One Direction (la traducción mal hecha es obra mía) (no me juzguen, Magnus y yo tenemos buen gusto musical y Onedi tiene canciones muy bellas a pesar de lo que diga Alec xD)

NDA: Hellooooo¡ Dudes¡ No inventen¡ Sólo quería agradecerles de nuevo sus hermosos comentarios, creo que lloro porque de verdad es genial saber que sí están leyendo esta historia y que les gusta y eso motiva para seguir adelante :) MIL GRACIAS¡

También he escuchado todas las canciones que me han recomendado, sólo denle tiempo a la inspiración para poder usar alguna. Es que de verdad las ideas me golpean así como en instantes, por ejemplo, con esta canción, ya sé que es Julio pero me entró el espíritu navideño temprano xD Además, tenía que hacer algo al respecto de "aku cinta kamu" porque cuando Magnus lo dice por primera vez en los libros, fue muy triste. Yo no se ustedes, pero yo lancé el libro al suelo y lloré como bebé. Así que quise hacer algo al respecto y cambiar eso por algo bonito. Al menos yo pienso que es bonito... ¿Ya se dieron cuenta de que soy una cursi? Sí... xD

En fin, déjenme saber lo que pasa por su hermosas mentes después de leer este capítulo de Navidad en julio, no sean tímidos. Les mando abrazos y feliz navidad adelantada :D Nos leemos pronto¡