Love Live Sunshine!
El deber de familia
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: Un capítulo más por esta semana, después de este me pongo a escribir el de Wildo que se quedó bueno y ya por fin se viene el festival y la esperaba pelea entre los Sonoda y Ayase.
Gracias por reviews, esto está como chorizo novelero estilo la rosa de Guadalupe. Puro cliché de drama queen. Admito que van a tener tiempos difíciles porque después de todo los matrimonios arreglados son complicados. Imaginense lo que es que te obliguen a casar con alguien que no conoces y prácticamente te viole con toda la legalidad la noche de bodas. Eso es feo. Así que esperen algunos angst por aquí. Namás digo pa que no se me sorprendan. Que mi novia ya me dijo que me van a odiar con este fic.
Me gustan los finales felices así que van a sufrir un poco pero tendrán su recompensa al final. Eso sí Kurosawa-dono es un desgraciado y punto. Día por favor no te vuelvas como él u. u sería muy malo.
— o —
—¿Cómo está? —Yoshiko se acercó a You quien permanecía afuera del cuarto de Hanamaru.
—No ha querido verme ni ha querido hablar con nadie —dijo con tristeza sintiéndose impotente de la suerte de su prima.
—Hay que hacerla comer algo, no puede estar así más tiempo, es Zuramaru —levantó la bandeja con comida que traía para la chica—. Maru no dejaría pasar un buen plato de comida.
—No lo sé —se encogió de hombros—, yo tampoco puedo estar así por más tiempo.
Se arremango las mangas de su camisa y todo decidido se plantó delante de la puerta para usar toda su fuerza bruta y abrirla si o si.
En realidad You había querido hacer eso desde antes pero había guardado la compostura, sin embargo le resultaba intolerante ir y sentarse afuera del cuarto de Maru a esperar que saliera y solo oír el llanto de la chica rompiéndole el corazón al ver su sufrimiento.
No se sorprendió de encontrarla hecha un ovillo debajo de las sábanas de su futon. La niña temblaba como una hoja tratando de acallar sus sollozos cuando se dió cuenta de la irrupción en su cuarto. Yoshiko dejó la bandeja a un lado y corrió a abrazar a la chica.
—¡Maru-chan! —quitó de un jalón la sábana que la cubría y la abrazó con fuerza—. No te puedes dejar rendir.
—¡Tienes que ser fuerte! —You también fue hasta ella y las abrazo a ambas—. No creo que sea tan malo.
—Si es la Día que conocemos, la verdad si da miedo —susurró esto último Yoshiko haciendo una cara sombría y You la miro feo.
—Estamos tratando de darle ánimos no lo contrario —la regaño y Yoshi se encogió de hombros.
—Lo siento, pero en verdad ella es algo estirada —dijo empezando a contar el cotilleo—. La ví el otro día que fui a la casa Kurosawa a buscar a Ruby-chan y ella estaba allí. Dicen que tampoco está de acuerdo con esto pero su padre la está obligando.
—¿En verdad ~zura? —Maru la miró con algo de esperanza en sus ojos—. Tal vez si hablo con ella quiera anular el compromiso.
—No sé si ella pueda —dudó You de que eso fuera una buena idea—. El viejo Kurosawa… ya sabes cómo es él.
—Nada pierdo con intentar —habló con renovados ánimos limpiándose las lágrimas, quizás aún había algo que hacer para parar esa locura.
—¿Qué piensas hacer? —la interrogó You preocupada.
—Debo ver a Dia-san ~zura —se levantó de la cama buscando cambiarse la ropa.
—Espera un momento —Yoshiko la detuvo—, si vas a encontrarte con ella al menos debes darte un baño y verte bonita.
—¿De qué rayos hablas Yoshiko-chan? —el chico la miró con confusión.
—¿Qué? —volvió a encogerse de hombros—. Al menos que sepa lo que se está perdiendo o lo que va a ganar si se casa con ella.
—Eres… —Maru lo calló para evitar que se pusieran a discutir.
—You-kun me vas a acompañar a la casa Kurosawa —el chico viro los ojos pero aceptó.
.
—¿Estás segura de esto? —You caminaba al lado de Maru siguiendo su paso presuroso—. Ni siquiera anunciamos la visita.
—No hay tiempo que esperar ~zura, Día cumple años en una semana —la chica se detuvo jalando del brazo a su primo para desviarse del camino—. ¿Por dónde es que entras a la casa Kurosawa cuándo vienes a ver a Ruby-chan? Y no te atrevas a decirme que no te escabulles a verla a escondidas ~zura —lo amenazó sujetándolo del cuello.
—¡Oye tranquila! —levantó las manos para mostrarse inocente—. Entre Ruby-chan y yo no hay nada, sólo es un juego.
—Mentiroso, como si no supiera lo que haces con Ruby-chan —lo miró con los ojos entreabiertos
—En serio que no, ¿Yo-chan fue de chismosa a decirte? —se quitó las manos de Maru de encima—. Es porque está celosa, jamás haría algo malo con Ruby-chan.
—¿En verdad? —siguió dudando de sus palabras.
—Si, no lo haría ni con ella ni con Yo-chan —dijo ofendida arreglándose la camisa—, ni con cualquier otra chica. Si así fuera, ¿no crees que Ruby-chan me habría desechado como los muchos otros caprichos que le aburren después de un tiempo?
Ante eso Hanamaru ya no tuvo nada más que decir. You-kun tenía un punto con eso. Si You hubiera cedido ante la menor seguramente esta se habría aburrido y lo hubiera dejado de perseguir. Aunque no sabía si eso era mejor. El que You se negara solo la encapricharia más con él.
Bordearon el camino y pasaron por un viejo muro que estaba lleno de una gruesa capa de enredaderas que You empezó a trepar para subirse a la parte más alta del muro. Estiró la mano y Maru la cogió para ayudarse a subir detrás de su primo. Con muchos problemas al fin logramos pasar y bajar del lado del jardín. You le pidió silencio y a hurtadillas anduvieron hasta llegar desde el extremo del jardín a cerca del dojo de entrenamiento.
You le dijo en voz baja que a esa hora Día probablemente estaría allí practicando con la espada. Se agazaparon para no ser descubiertos y con sigilo entraron en el edificio antiguo. Todo estaba en calma a excepción de los gritos que se escuchaban cada cierto lapso de tiempo, eran los lances de Día con la espada de madera.
Maru se detuvo un instante viendo aquella imagen de una Día sudorosa entrenando arduamente concentrada en un enemigo invisible al que atacaba sin tregua. Sus movimientos eran gráciles y delicados pero con la fuerza necesaria para romper el aire y producir ese sonido característico. Sus cabellos oscuros ondeaban al viento empapados con la humedad de su piel clara. Era como la recordaba Hanamaru, con ese porte elegante que la hacía parecer una mujer madura e interesante, había ganado algunos centímetros de estatura y su cuerpo ya tenía las curvas definidas en bordes suaves y femeninos. Era como una princesa de la corte real del imperio.
You se detuvo detrás de Maru esperando a que la chica hiciera algún movimiento o cualquier otra cosa, pero estaba de pie congelada contemplando a la hija mayor de las Kurosawa. Tocó su brazo para sacarla de la ensoñación y Hanamaru pego un pequeño brinco tapando su boca para no gritar por el susto.
Se giró a ver a You que estaba conteniendo una carcajada y la saco la lengua enojada. Tomó de la mano al chico ya salió de allí ofendida sin verlo. De último momento sintió flaquear su voluntad y no se atrevió a dar el paso para acercarse a Día y hablar con ella.
.
Caminaron de regreso al templo en completo silencio. You no quiso preguntar nada y le dió el espacio a su prima para pensar. Sólo se dedicó a suspirar y a ser ignorada por Maru.
Casi llegando al templo, Yoshiko salió a su encuentro queriendo enterarse de que había pasado pero Maru se siguió de largo sin darle ninguna explicación. You se encogió de hombros para hacerle saber que nada sabía.
.
Los días siguieron su curso sin que Maru dijera nada más o Día hiciera el intento de al menos entrevistarse con ella. Ambas tenían un mutismo que sacaba de sus casillas a You y a Yoshiko-chan.
—¡Es odioso! —exclamó a las grandes voces la chica—. ¿Por qué Dia-san no se ha dignado en venir a ver a Maru-chan? —tiró la papa que estaba pelando dentro de la olla con gusto que tenía al pie.
—¡No te atrevas a echar a perder la comida! —la regaño You amenazandola con la cuchara en alto.
Estaban en la cocina encargándose de la cena para los niños de la casa hogar como acostumbraban junto a los otros sirvientes del templo. Los You-yos se encargaban de dirigir lo relacionado con la comida y la huerta al igual que Hanamaru solo que la chica no había tenido cabeza para eso y su padre la tenía ocupada con otras cosas relacionadas a su boda.
—¡Es que es tan horrible! —se quejó Yoshiko—. Al menos debería tener la decencia de venir a verla antes y presentarle sus respetos pero ¡nooooo!
—Estás más ofendida tú que Maru-chan —You no estaba prestando tanta atención ocupada en la estufa.
—Si llegas a casarte alguna vez no seas así con tu esposa —terminó de pelar las papas y las colocó a un costado para que tomaran su turno para ser cocinadas.
—Dudo que alguna vez me llegue a casar —dijo echando los fideos a la plancha para cocerlos—. Ninguna chica respetable querría ser desposada por un chico pobre.
—Eres un tonto… —Yoshiko se enojó con You por su comentario—. Más bien es porque no te decides por ninguna.
—Es porque no has querido aceptarme —se giró a verla cerrándole un ojo a lo que Yoshiko se sonrojó.
—Y no lo haré porque eres un tonto sin remedio —se cruzó de brazos y You comenzó a reírse—. Mejor iré a dejar esto —tomó un plato donde You había depositado una parte de lo que acababa de cocinar.
Al salir de la cocina escuchó un alboroto venir de la entrada principal del templo y dejando el plato en el comedor se dirigió hacia allí a toda prisa. Una caravana de hombres ataviados con trajes formales y otros con uniformes del ejército estaban apostados en la entrada haciendo guardia. Yoshiko se alarmó al verlos, no era común que personas así llegarán al templo. De inmediato salió corriendo para acercarse y escuchar algo de lo que pasaba.
Rodeo el templo para entrar por la parte trasera y paró el oído al percibir las voces que venían del interior. Hablaba un hombre mayor y se podía oír la voz de dos mujeres jóvenes además de la de Kunikida-san.
—¡Es una insensatez lo que pretende Kurosawa-dono! —fue la voz del hombre mayor—. Si hace eso va a romper el acuerdo de paz que hay con la familia Takami. ¡Esto es una afrenta!
—Es la decisión de Kurosawa-dono, nadie se opone a su voluntad —esta vez fue Kunikida-san quien intervino—. Es muy temerario de su parte presentarse aquí para amenazarme.
—Nadie lo está amenazando Kunikida-san —oyó a una mujer—. Sabe que la paz que existe en este momento es muy frágil y la familia Kazuno y la familia Takami no van a obedecer el acuerdo que él impuso si sigue con esta locura.
—Sarah-san, es muy arriesgado oponerse a la familia Kurosawa y lo que él quiere hacer no está fuera de la ley del reino —el sacerdote habló calmado pero con tono severo.
—En ese caso usted no se opondrá a un matrimonio entre los herederos de la familia Kazuno y Takami —volvió a hablar la misma mujer que respondía al nombre de Sarah.
—La unión de esas dos familias rompería el trato —dijo tajante el sacerdote y se oyó un golpe.
—¿Solo Kurosawa-dono tiene el dinero suficiente para pagar por la hija y el favor del sacerdote del templo? —Sarah profirió la ofensa al hombre religioso y Yoshiko supo que este estaría conteniendose para no responderle—. ¿Qué precio tiene para bendecir esa unión?
—¡Largo de aquí! —alzó la voz enojado.
—Kunikida-san de la advertencia a su señor de que si insiste con esto tendrá que pagar un precio más alto por su capricho —lanzó la amenaza la mujer.
—No voy a consentir otra unión como la que he tenido que aceptar con mi hija, no voy a avalar otro matrimonio entre mujeres para unir a los enemigos de Kurosawa-dono —Yoshiko oyó un quejido después de un estruendo y supo que habían golpeado al sacerdote.
—Siempre será el perro fiel de su señor —esta vez habló otra mujer—. Recuerda el destino que tuvo la familia Watanabe, no quieras seguir su camino Kunikida-san. Habrá guerra de nuevo si no aceptan las condiciones.
—Aún cuando lo hiciera ustedes no se detendrían en su venganza —dijo con dificultad—. Eres tú quien debe aprender de los errores de tu padre, Mito-san, la ambición fue la culpable que lo llevó a su perdición.
— Está hecha la advertencia —repitió la mujer.
Con eso se dió por terminada la reunión. Se oyeron los pasos de los visitantes que abandonaron el templo y Yoshiko salió corriendo de allí para no ser descubierta.
— o —
