Capítulo 3
(Parte B)
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Rivaille observaba al mocoso montado encima de él, la determinación que reflejaban sus orbes esmeraldas y también ese toque de miedo. Se le tornó lo más erótico que había visto en su vida.
Quiso erguirse y acomodarse pues estaba al revés en la cama, pies en el cabezal y cabeza en la parte donde van los pies, se sentía desnivelado, pero el castaño se lo impidió.
- N-no, y-yo voy a tomar el c-control desde ahora – tartamudeó mientras ejercía más presión en el pecho de su superior.
- Ya te oí, sólo quiero ponerme cómodo – bufó con algo de molestia el pelinegro,
- No.
- ¿Eh? Hablo en serio mocoso, me siento m…
- NO – casi gritó – Usted no se va a mover de donde está y se va a dejar… a-a dejar… - la voz empezó a temblarle, desvió la mirada – ¡a dejarse complacer! – finalizó apenas.
Contempló algo incrédulo al ojiverde. Sabía que aquel virgen cuerpo era incapaz de darle el placer que necesitaba, pero, ya sea por lástima o curiosidad, no sabía a ciencia cierta cuál de las dos, se dejó hacer.
Eren tomó su silencio, y el hecho de que los músculos debajo de su tacto se relajaron, como una señal para seguir adelante.
Se dobló para atrás, apenas moviéndose de donde estaba sentado: los muslos del heichou, y agarró dos almohadas que rápidamente pasó al susodicho para que se pusiera a gusto. Él hizo como se le indicó y las acomodó una encima de otra, se recostó y pasó ambos brazos detrás de su cabeza, expectante por lo que haría de ahora en adelante el castaño.
Cuando vio que el otro estuvo listo, Eren tomó un largo suspiro y fijó su vista en los afilados ojos oliva de su superior, luego, con movimientos más bien lentos y sensuales, fue descendiendo como una serpiente por las piernas del mayor hasta que su rostro quedó a la altura de aquel miembro mojado y erecto. Todo esto sin romper el contacto visual en ningún momento.
Se relamió los labios con parsimonia, provocando al sargento, a continuación abrió la boca, respirando contra la base y subiendo lentamente, rozando pero no tocando, haciendo que aquel cálido aliento chocase con la piel ardiente y mojada y ocasionando que el mayor jadease ligeramente. Cuando llegó hasta la punta, lamió, circuncidando el pequeño agujero por donde sale el semen y luego enredando la lengua en todo el grosor, ensalivando y apretando. Más líquido pre seminal brotó de la punta.
- Hmm… ¡Ngh! – se le escapó al pelinegro, quien tenía el entrecejo totalmente fruncido y respiraba entrecortadamente.
Esto no hizo más que incentivar a Eren, quien engulló de golpe, metiéndose casi toda la extensión del mayor en la boca. Comenzó un vaivén continuo con su cabeza, metiendo y sacando, chupando, succionando y lamiendo como un experto; intercalando su mirar entre el miembro que devoraba y la expresión morbosa que había salido, al fin, a flote en el sargento.
- Mocoso… - aquel llamado sonó casi como un bufido. El hombre había acabado apoyado sobre sus codos para mayor comodidad.
El castaño alzó la vista y la posó en los ahora entreabiertos ojos del pelinegro. Sacó el falo de su cavidad con un mojado "plop".
- ¿Sí? – preguntó mientras se relamía los restos de fluidos que se escurrían por su mentón.
Un gruñido de frustración salió de los labios de Rivaille.
- Continúa… - ordenó a la vez que posaba una mano en la cabeza del menor.
- Como usted mande, señor – respondió Eren con una sonrisa.
- Tsk…
El castaño rió disimuladamente y volvió al afán, esta vez migrando hacia los testículos del mayor, lamiéndolos y succionándolos a intervalos mientras que su fiel derecha se ocupaba de masturbar aquel miembro caliente y palpitante.
- ¡Aah! – el heichou echó la cabeza para atrás al tiempo que jaloneaba los cabellos del ojiverde.
Aquella acción le indicó a Eren que no faltaba mucho para que se corriera, por lo que aumentó la velocidad de su mano y decidió ayudarse con la boca, masturbando y succionando al mismo tiempo.
Rivaille estaba en la gloria, la imagen del ojiverde totalmente despeinado, sonrojado y con pequeñas lágrimas que amenazaban desbordarse por sus mejillas mientras se la mamaba era una de las cosas más deliciosas y eróticas que había visto en su vida. Se sentía nublado por el placer, casi no podía pensar cuerdamente. Aquella lengua inexperta hacía un buen trabajo, apretándolo, mojándolo, calentándolo y los sonidos que brotaban de la unión de la boca del mocoso ascendiendo y descendiendo sobre su miembro se le tornaban lascivos y aún más estimulantes. ¡Ah!, sentía que pronto alcanzaría el éxtasis y no tenía la menor intención de detener al castaño; más bien decidió guiarlo para que lo hiciera culminar.
Apretó su agarre en la cabeza de Eren y comenzó a marcar el ritmo, tomando desprevenido al ojiverde y haciendo que casi se atragante. Pero no se detuvo, ni el otro tampoco se quejó. Condujo al menor haciendo que tragase más y más de aquel falo, casi al punto de tocar su garganta. Eren se dejó hacer, engullendo y succionando, acompasándose al ritmo violento que Rivaille le había impuesto.
No fue ni un minuto el que pasó y el pelinegro se corrió abundantemente en la boca del castaño.
Eren cerró los ojos de golpe cuando aquel líquido caliente invadió su cavidad. Las pequeñas lagrimitas que se habían acumulado producto de la excitación se derramaron irremediablemente por sus pómulos.
- ¡NGGHH¡… ¡AH! – un sonido gutural escapó sin pudor alguno de la garganta del sargento, acompañado de todo su cuerpo estremeciéndose. Soltó el agarre que ejercía sobre el menor y se dejó caer en la cama.
Cuando se sintió libre, Eren se separó del miembro de su superior y empezó a toser. El semen se pegaba en su tráquea y le era imposible pasarlo por completo, era demasiado. Siguió tosiendo, tratando de aclararse la garganta, pero le estaba costando, parte del líquido blanquecino se había chorreado, llegando hasta su cuello, su corazón latía desmesuradamente, casi llegando a doler, tenía la adrenalina por las nubes y jadeaba sonoramente.
Ambos se tomaron su tiempo para recuperarse, había sido una experiencia demasiado fuerte.
El primero en recomponerse fue Rivaille, quien se quedó observando cómo Eren seguía tratando de quitarse la sensación viscosa de la boca.
Casi de inmediato el menor se percató de que estaba siendo observado. Sonrió.
- ¿Le gustó? – cuestionó, algo orgulloso.
- … Nada mal para un novato… - respondió sincero el mayor pero desviando la mirada.
Eren se le acercó, prácticamente recostándose sobre él y depositó un casto beso sobre sus labios, pero esto no le bastó al sargento, quien apresó de nueva cuenta al castaño por los cabellos y profundizó el beso. El contacto duró poco, el sabor amargo y salado repugnó al heichou.
- Asqueroso… - murmuró.
- ¡N-no es mi culpa! – chilló el ojiverde avergonzado – ¡Usted fue el que se vino sin siquiera avisarme!
- Como sea…
- ¡No es como sea! Se… s-se sintió raro… y era demasiado y… y muy pegajoso… y… y-yo… - para ese punto ya su rostro ya estaba totalmente rojo de nuevo – y-yo nunca había hecho a-algo así… y…
- Ya, mocoso, ya entendí – lo interrumpió con voz algo irritada – primera vez que se la chupas a alguien y no te gustó, está bien.
- N-no dije que no me gustara… - susurró muy bajito, pero fue escuchado.
- ¿Entonces? – preguntó el mayor, arqueando una ceja.
- S-sólo digo que pudo avisar… - respondió quedito el menor.
- ¿Y en qué hubiera cambiado la cosa?
- M-me habría preparado psicológicamente… - confesó dubitativo, como quien no supiera exactamente qué decir.
- Hehe… - una pequeña risa escapó de los labios de Rivaille. Eren abrió los ojos enormemente.
El sargento se percató y se aclaró la garganta para disimular, luego continuó.
- Bueno, ya deja de complicarte la vida y mejor recuéstate – ordenó a la vez que se sentaba, haciendo que el otro lo imitase.
- ¿Q-qué? ¿P-Pa-para qué? – tartamudeó el castaño apenado al sentir que las manos del pelinegro se posaban en sus hombros, haciendo que acabase echado como correspondía en la cama.
- ¿Uh? Aún no llegamos a la parte del sex…
- ¡YA ENTENDÍ! ¡NO LO DIGA! – gritó cual colegiala, soltándose del agarre y tapándole la boca al mayor con ambas palmas.
Rivaille sólo rodó los ojos, algo exasperado por la inocencia del mocoso que salía a flote cuando menos lo esperaba.
Decidió ignorar eso y proseguir. Migró su toque a desde los hombros, descendiendo por el pecho, las caderas y las piernas, hasta que llegó a la altura de las rodillas del menor y las flectó, abriéndose espacio y posicionándolas en sus antebrazos. El castaño sintió un fuerte rubor esparcirse por su rostro al percatarse de la bochornosa posición en la que habían quedado, peor aun cuando sintió el miembro del sargento rozar ligeramente su entrada. Jadeó sin poder evitarlo.
El pelinegro sonrió internamente y se acercó cauteloso al oído del castaño.
- ¿Ansioso? – cuestionó con sorna mientras lamía el lóbulo del ojiverde y empezaba a friccionar lentamente su pene contra el ano del mocoso.
- Aahh… s-si… - gimió avergonzado el susodicho.
- ¿Cómo quieres que sea en tu primera vez, Eren?- preguntó con voz ronca, plagada de lujuria - ¿Gentil? – aceleró el roce.
- P-por favor… - se sentía patético rogando, pero la excitación nubló su razón.
- Oh… - ronroneó el sargento contra su oído, y ocasionándole un escalofrío – pues entonces… seré lo más rudo posible.
Y sin más, lo penetró de una sola estocada.
Eren sintió que sus ojos se salían de sus orbitas. Sintió que algo se rompía en su interior. Dolía. Dolía de puta madre.
Trató de gritar, pero una mano en la boca lo acalló. Trató de quitarla, pero la fuerza del heichou era más que la suya. Se retorció como un gusano, ocasionándose más dolor.
- Quédate quieto – susurró Rivaille contra sus labios. En algún punto le había quitado la palma de la boca y ahora procedía a besarlo tiernamente.
Era tan contradictorio.
El castaño sólo pudo llorar ligeramente mientras el sargento lo besaba con premura, delineando su labio inferior con la lengua, luego pasando a su barbilla y así hasta llegar a su cuello. Eren respiraba entrecortado. No sabía qué sentir, si dolor, rabia, vergüenza o excitación.
Al final se decidió por una mezcla de todo.
En todos esos largos minutos en los que el menor jadeaba y se quejaba en susurros del malestar, Rivaille no se había movido ni un ápice en su interior. Ni siquiera él mismo entendía por qué.
Le había dicho al mocoso que iba a ser brusco, rudo… y sin embargo allí estaba, esparciendo caricias por toda la cara del castaño, tratando de apaciguar su sufrimiento y dándole tiempo para que su estrechez se adaptase al tamaño de su miembro.
Joder, aquel niñato lo estaba volviendo bipolar.
En lo que se recriminaba a sí mismo, Eren aprovechó para abrazarse de su cuello y besarlo con ira. Mordió su labio hasta hacerlo sangrar y adentró su lengua en la cavidad ajena, recorriéndola en su totalidad, succionando y aprisionando el apéndice de su superior. Tomando el control del beso.
- Grr… - gruñó el pelinegro mientras apartaba al ojiverde con torpeza. Le miró con total molestia y se dispuso a castigarlo.
Pero antes de que Rivaille tomara su revancha, el menor le esquivó y fue directo a su cuello, mordiéndolo hasta hacerlo sangrar.
El sargento hizo una mueca de dolor, pero ningún sonido escapó de sus cuerdas vocales.
Eren se separó y lo miró con infinita rabia.
- Dolió. – dijo con voz seria que contrastaba con sus ojos brillosos con rastros de llanto y sus mejillas sonrosadas.
- ¿Y? – respondió seco el mayor.
- ¿Por qué se burla de mí? – soltó irritado a la vez que comenzaba a alzar sus caderas. Se sentía incómodo, pero el daño ya había pasado.
- Ngh… - bufó el sargento ignorando la pregunta – ¿No piensas que eres algo masoquista por seguir queriendo que te folle?
- Cállese y muévase – refunfuñó el ojiverde apresando las caderas del pelinegro con sus piernas y desviando la mirada al tiempo que hacía un puchero.
- Heh…
El hombre no se hizo de rogar y empezó a embestir al mocoso lentamente. El interior de Eren se sentía tan bien. Estrecho y cálido.
Por su parte, el castaño aún sentía que en cualquier momento se partiría en dos. Aunque el malestar había menguado considerablemente, aún persistía cierto dolor. Decidió que era mejor concentrarse en otras cosas, así que se dispuso a adormecerse a punta de besos.
Rivaille sintió el contacto de los labios de Eren contra los suyos, pero él no quería eso ya. Apoyando su frente en la del menor, lo empujó suavemente, separándolo sólo un poco. El castaño lo miró confundido, pero se calmó al sentir la lengua de su superior trazar un camino desde el inicio de su cuello hasta la clavícula. Iba con parsimonia, intercalando besos y pequeñas succiones más bien inocentes, jugueteando con aquella piel tan suave y sensible del mocoso.
- Ah… aahhh… - El ojiverde empezó a soltarse y gemir bajito cuando las estocadas adquirieron un ritmo marcado y continuo.
Aquellos ruidos eran como música para el pelinegro, quien decidió migrar sus caricias más abajo.
Eren abrió los ojos que tenía previamente entrecerrados por el placer y arqueó la espalda cuando sintió la lengua del heichou trazar círculos alrededor de sus tetillas, lamiendo posteriormente y chupando. Esparciendo todas esas sensaciones en ambos pezones en intervalos cortos.
Sus gemidos aumentaron de volumen.
En cuestión de minutos, un sonido de piel mojada chocando violentamente hizo eco en la habitación. Rivaille había decidido que ya bastaba de amabilidad y empezó a darle duro a Eren.
Había alzado sus piernas, haciéndolas reposar ahora las rodillas del menor en sus hombros, ocasionando que su trasero quedase levemente alzado y facilitando la entrada de su miembro. Sus manos se dedicaban ahora a pellizcar los pezones del castaño mientras que con su boca besaba y marcaba el cuello del ojiverde, dejándole manchas moradas que tardarían buen tiempo en desaparecer.
Eren sólo se dejaba hacer y gemía desvergonzadamente. Sus brazos antes aferrándose al cuello del mayor ahora reposaban a ambos costados en la cama, apretando las sábanas con extrema fuerza, siendo ésta la única cuerda que lo ataba a la cordura y le evitaba ver blanco.
- Aaahh~… he-heichou… y-ya no… n-no pue… - tartamudeó eróticamente, cerrando los ojos dispuesto a dejarse llevar.
- No, aún no…
Y con un brusco movimiento, salió del interior del castaño y lo dio vuelta.
- ¡¿E-eh?! – gruñó frustrado - ¡¿Por qué hiz…?!
- Rápido, ponte en cuatro.
- ¿Q-qué?...
- ¡Rápido, Jaeger!
- ¡S-sí!
Algo rehúso y apenado, el menor se posicionó como le indicaron, apoyándose en sus palmas y rodillas. Sintió su entrada demasiado expuesta. Una nueva oleada de calor y rubor atacó su cara.
- Buen chico – Alabó su superior y de un solo movimiento lo penetró de nuevo.
- ¡AH!... nggghhh… ¡gah! – chilló el ojiverde.
Se sintió más lleno que antes. De alguna forma, ahora más de Levicito entraba en él. A este paso tocaría el cielo en cualquier momento.
El pelinegro retomó las embestidas con fuerza, calando más profundo ahora que estaban en esa nueva pose. Colocó sus manos en las caderas del ojiverde para darse impulso.
Eren sentía como aquel falo entraba y salía de su interior. Se sentía exquisito.
Cuando creía que el orgasmo lo golpearía en cualquier momento, el heichou se detuvo y le indicó a Eren que se apoyara en sus codos y no en las palmas. El menor, algo extrañado, obedeció presuroso, ya era la segunda vez que paraban justo en la mejor parte y ya moría por correrse.
Su espalda quedó curva y su trasero notoriamente levantado y expuesto. Pensó que si alguien los viera, él quedaría como una puta cualquiera. Hizo un puchero ante su propio pensamiento.
Rivaille vio aquella mueca tan infantil y alzó la ceja interrogante. ¿Qué carajos pasaba por la cabeza del mocoso ahora?... de igual forma lo ignoró, afianzó su agarre en las caderas de Eren y se adentró con una ruda estocada.
El castaño vio estrellas.
- ¡GYAAHHH! – gritó de forma lasciva e impúdica mientras temblaba completamente y un hilo de saliva se escurría de la comisura de sus labios.
- Perfecto – el pelinegro había dado con aquel punto que haría que Eren tocase las nubes: su próstata.
Sin perder tiempo, siguió penetrándolo con brusquedad, tocando aquel sitio sin piedad y haciendo que Eren mordiese la almohada y sus nudillos se blanquearan de tanto apretar las sábanas.
El menor se sentía en éxtasis. Se vendría. Se vendría en cualquier momento y de forma tan copiosa como jamás se había corrido en su puta vida.
Un escalofrío intenso de placer lo recorrió cuando la mano experta del sargento comenzó a masturbarlo. Él también estaba por correrse, lo sabía, las embestidas ya se habían tornado erráticas y potentes.
Un par de "sube y baja" y dos estocadas en su próstata bastaron para que Eren se viniera violentamente, corrientes tras corriente de espasmos sacudiendo su cuerpo; tensando su interior y apresando casi inhumanamente el miembro del mayor, causando que él también llegara a su clímax y se viniera abundantemente dentro del castaño.
- ¡AAHHH! ¡HEI- HEICH…! ¡HMMMFF! – su grito orgásmico fue interrumpido por la mano del pelinegro, que se estampó contra su boca, acallándolo.
- ¡Nnghh! ¡Aagh!... E-eren… - un gemido gutural pero moderado salió de la garganta del sargento, quien se había dejado caer sobre la espalda del ojiverde y ahora quedaba a la altura de su oído, jadeando.
El menor se dejó vencer y cayó rendido sobre la almohada, con los brazos totalmente estirados, aún temblando, pero el culo levantado.
Rivaille salió de su interior y se dejó caer al lado, de espaldas.
Ambos respiraban entrecortados y estaban totalmente sudados.
Eren abrió los ojos y se sobresaltó cuando sintió un líquido tibio y viscoso salir de su entrada y deslizarse por sus muslos para abajo. Al percatarse que era la esencia del mayor, se sonrojó como un tomate en temporada.
- Erótico… - murmuró Rivaille quien se había volteado de costado una vez que recupero la compostura y veía a Eren fijamente.
- C-cállese – chilló el castaño totalmente avergonzado mientras se volteaba, escondiendo su trasero de la mirada inquisidora del heichou.
Y allí estaban, ambos de costado, frente a frente.
Se hizo un silencio incómodo.
El pelinegro no quitaba su mirar del ojiverde, no había realmente ninguna expresión o seña de alguna emoción, simplemente lo veía fijo por gusto y gana y ya. Pero eso cohibía a Eren, quien ahora estaba confundido… bien, había tenido sexo con el sargento… ¿y ahora?
- Uhm… - empezó el castaño – N-nosotros… ahora…
- Nos acostamos – finalizó por él el mayor.
- Uh, s-si… pero…
- ¿Pero?
- ¿S-somos algo ahora…?
- …
Afonía.
El ojiverde le rehuyó la mirada al sargento. Tragó duro y apretó los puños. Muy en el fondo sabía la respuesta a esa pregunta, pero quería oírlo directo de los labios de su amado.
Boqueó como un pez fuera del agua, pero nada salía, no sabía que decir. Volvió a dirigir sus ojos suplicantes al rostro del heichou, rogando por una respuesta. El susodicho suspiró pesadamente.
- Eren. – le llamó.
- ¿Sí…? – respondió temeroso.
Y entonces lo atrajo a su pecho. El castaño se sorprendió de sobremanera. Trató de verle de frente, pero una mano en su cabeza le impidió moverse. Se vio obligado a encajarse en el hueco del cuello del sargento. Aspiró su aroma, era embriagante.
- Eren – repitió el pelinegro.
- ¿Hmm? – balbuceó el menor, aún perdido en el olor de su superior.
- Escucha bien mocoso, porque sólo diré esto una vez – tomó aire – no somos nada y dudo que algún día lleguemos a ser algo de lo que tú esperas que seamos.
Crack.
En el corazón de Eren se abrió una grieta.
- Pero… - prosiguió el hombre, ignorando el ligero estremecimiento del castaño – si te basta, mi oficina y mi habitación siempre estarán abiertas para ti…
- ¿E-eh? – el menor trató de moverse, pero el agarre sólo se afianzó más.
- No digo que te ame, porque en serio no lo hago – suspiró y dejó de mirar algún punto fijo en la pared, bajando la vista hasta el cabello de Eren – pero supongo que si es sólo para encuentros casuales y algo de apoyo mutuo sin cursilerías de por medio… puedo… uh… estar a tu disposición.
Eren sintió cuando la mano del mayor soltó su cabeza, pero se rehusó a hacer nada, se quedó allí estático, tratando de procesar lo que había dicho el heichou. Cerró los ojos y se acurrucó más contra su cuerpo. Escuchó un "tsk" a la distancia, pero lo ignoró.
De nuevo se hizo el silencio.
Pasaron los minutos y Eren estaba adormilado. Lo arrullaban los fuertes y constantes latidos del corazón del sargento.
…
Un momento…
Abrió los ojos sorprendido y se deslizó lentamente, hasta dejar su oído a la altura del pecho del pelinegro. No hizo ningún sonido ni el otro tampoco emitió ninguna queja.
Allí estaba. El recordatorio de que aquel, "el hombre más fuerte de la humanidad", aquel indiferente y de frío mirar ser igual tenía un corazón como cualquier otro humano, y que, aunque no demostrara sus sentimientos, no estaba exento de caer… de caer por él, por el titán quinceañero de hormonas alborotadas.
Río bajito por sus pensamientos.
Ah, la esperanza es lo último que muere, ¿no?
Rivaille le vio reír extrañado. Por un momento llegó a pensar que aquel mocoso estaba loco, pero luego… luego sintió unos cálidos labios sobre los suyos. Fue un roce fugaz pero muy dulce.
- Puaj… - exclamó el sargento mientras empujaba a Eren y se daba vuelta, mostrándole la espalda.
- Jejeje… - rió risueño el castaño – Buenas noches… heichou…
- Tsk… buenas noches mocoso – respondió seco.
Y sin más Eren se dejó caer en los brazos de Morfeo, con una boba sonrisa en los labios.
…
Al cabo de unos minutos, cuando la respiración acompasada del castaño llenó el lugar, el pelinegro se dio vuelta y observó con el ceño fruncido cómo Eren dormía.
Suspiró pesadamente después de un rato. Ah, aquel mocoso iba a ser su perdición…
- Bueno – pensó en un susurro – al menos no fue dinero totalmente malgastado…
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Final penca e_e pero fuck, me tiré toda la tarde, TODA LA FUCKING TARDE escribiendo esto y ajkgsajhsfhagsa god que no es fácil escribir porno, Satanás no lo es!
Mis respetos señoritas/señoritos/ancianas/ancianos/aliens/árboles/etc que escriben lemon e_e pensé que era más fácil, que salía del alma y esas weas xd pero no, requiere ciencia y conocimiento de muchos sinónimos y no sé xDD
Bueno,e esto fue mi threeshot de cuatro capítulos (xD)? Y uhm, realmente podría continuarlo y hacer que Rivaille ame a Eren, peeeero tengo una tercera historia en mente y esa promete más :D será claro, larga, lenta y uhm sufrida pk me gusta que Eren sufra :D y que no lo amen… pero si xD al final RIVAILLE TIENE QUE AMAR, NO, HAMAR A EREN ò_ó* y… eso, ya sabrán más pk ando de vaga xD tons, metámosle a escribir.
Eso :D taus y gracias por las flores que me envían (¿?) ok no ;-;
Pd. Leche condensada anda sin inspireichon e.e pero lo acabaré ò_ó ai promissss xD
Pd 2.- al Arthur kun paraguayo que me leyó el 10 de dic y me dejó review :D holi y gracias man xD espero que ahora leas la tercera parte y me dejes otro review :B
Eso, ya mucho xD taus!
