N/A: ¡Este cap está sin betear! Así que si ves algún error o dedazo, por favor no dudes en avisarme :D
Recuerdos
—Creo que jamás te vi sonreír tanto —comentó Joseph. No era ni una crítica ni una burla, era simplemente una descripción objetiva.
Haciendo que un par de miradas igual de azules se encontraran, Lisa Lisa levantó la vista cuando terminó de anudar la corbata de su hijo. Ahora sólo quedaba acomodarla hasta que quedara impecable.
—Mi único hijo se casa en las próximas horas. ¿Cómo no voy a estar sonriendo?
Ella recibió un «Mmmh» de entendimiento a modo de respuesta. Zanjada la cuestión, Lisa Lisa siguió con su labor. De no ser porque nadie le tenía ni la más mínima fe, Joseph se hubiera vestido él solito. Pero luego de recibir la negativa no sólo de Caesar, sino también de su madre, su tío y su abuela, quienes querían que todo fuera perfecto el día de la ceremonia, desistió.
—Estás pensando en papá, ¿no?
Por una milésima de segundo, las manos de su madre se detuvieron. Sin borrar la sonrisa, Lisa Lisa asintió.
—Todavía me pregunto de dónde salió esa capacidad de observación tuya. De mí no la has heredado.
—No lo sé. Pero no hace falta ser un gran observador para darse cuenta. Siempre sonríes de la misma manera cuando alguien lo menciona o cuando pasas al lado de alguna de sus fotos.
—Ah, ¿sí?
—Sí, ma.
Con un gesto cariñoso, Lisa Lisa terminó de acomodar la corbata. Joseph tuvo que admitir que él nunca la hubiera podido anudar de manera tan impecable.
—Es que siempre pensé que te pondrías triste —dijo.
—Claro que también me entristezco al pensar en George. Pero a la vez tengo un millón de recuerdos felices. Incluso si el tiempo que pasamos los tres fue poco. Y ahora —Elevó las manos hasta el rostro de Joseph y le acarició las mejillas— tú vas a crear tus propios recuerdos con Caesar. Así que hoy no podemos dejar que la tristeza le gane a la alegría, ¿no?
Por primera vez en un largo rato, Joseph sonrió también. Él y su madre no tenían la relación más cercana del mundo, pero aun así ambos habían sabido quererse e incluso adorarse. Joseph se inclinó apenas hacia adelante y le besó el moflete.
—Todavía no te he contado cómo es que le propuse matrimonio a Caesar, ¿no?
—No, y me muero por saberlo —dejó escapar una risita—. Porque siempre pensé que sería Caesar quien daría el primer paso.
—Es que no fue una proposición exactamente romántica y con toda la parafernalia —Joseph se rascó la nuca—. Simplemente estábamos viendo televisión y, mientras mirábamos una película bien cursi, le comenté que después de conocernos tanto tiempo, ya deberíamos casarnos.
—Sí, suena a algo que harías tú, Jojo. ¿Cuál fue la reacción de Caesar?
—Luego de escupirme encima el vino que estaba bebiendo —Levantó la vista, haciendo memoria—, se quedó mirándome con la boca abierta unos segundos. Entonces se enojó un poco. «¿Pero qué clase de estúpida proposición es esa, Jojo?» —dijo imitando a Caesar—, ya sabes, porque es un fanático del protocolo y del cliché. Pero al rato se le pasó y me dijo que sí, que deberíamos casarnos.
Lisa Lisa rió.
—Ese es un maravilloso primer recuerdo, Jojo.
—Qué bueno que estés de acuerdo conmigo —La abrazó por los hombros para conducirla fuera de la habitación—. Porque Caesar opina todo lo contrario.
Perspectiva
—Creo que voy a explotar.
—¿Con todo lo que comiste? No me cabe ni la menor duda. Por un momento pensé que no dejarías nada para los invitados.
Joseph rió con suavidad al mismo tiempo que se echaba sobre la cama. Suspiró aliviado cuando se quitó los zapatos y se aflojó el cinturón. Mientras, Caesar se desvestía ante el espejo con prolijidad para no arrugar la ropa.
—No me siento para nada diferente —dijo su flamante esposo luego de unos segundos—. ¿Deberíamos sentirnos diferentes?
—No lo sé, Jojo.
—Es decir —continuó—, no es como si algo hubiera cambiado, ¿no? Tú y yo nos conocemos de toda la vida. Hace ya varios años que vivimos juntos —Meditó unos instantes—. ¿Acaso tengo una mirada muy fría sobre el matrimonio?
—No, creo que simplemente es distinta —Por fin se volteó y se sentó a su lado sobre la cama—. Es decir, quizá yo tengo una visión más romantizada sobre él y sobre la vida en general. Pero desde tu punto de vista creo que tienes razón: simplemente ahora tenemos acceso a un par de derechos y obligaciones más. Aunque —sonrió petulante— no voy a negarte la idea de que no puedo esperar a presentarte como mi esposo.
—¡Lo sabía! ¡Sólo soy un símbolo de estatus para sí! ¡Y aun así te negaste a tomar mi apellido! —bromeó y lo golpeó con un almohadón—. Oh, cuán usado me siento…
—No me hagas arrepentirme de haberme casado, Joestar —amenazó entre risas mientras se defendía del ataque lleno de plumas.
Caesar pudo finalmente quitarle su arma y se echó sobre Joseph, apresándolo bajo su propio peso y contraatacando con una lluvia de besos en su rostro.
—Ay, Caesarino, vas a querer moverte si no quieres ver una reproducción abstracta del servicio de cáterin sobre el colchón.
Caesar así hizo y se echó a su lado dejando caer su peso, haciendo que su cuerpo y el de Joseph subieran y bajaran sobre el colchón. El italiano jugueteó con los cabellos de su pareja y le besó la frente.
—Tengo que serte sincero, Jojo —El susodicho levantó la cejas ante el tono repentinamente serio del otro—. No tomé tu apellido justamente porque no quería que la gente pensara que me casaba contigo por conveniencia. Es decir, de verdad eres el heredero de una de las más grandes empresas de bienes raíces…
—¿Desde cuándo te importa lo que piensen los demás? —preguntó con genuina sorpresa y levantando una ceja.
Caesar meditó su respuesta antes de contestar.
—Supongo que es a mí quien me da un poco de… ¿culpa?
—Caesarino, estás siendo ridículo. Eres el que más duro trabaja de los dos. Siempre lo has hecho y dudo mucho que eso cambie. Además, quiero creer que te casaste conmigo porque soy, primeramente y ante todo, tu pareja y tu amigo, ¿no?
—Por supuesto —dijo ligeramente ofendido.
—Pues entonces deshazte de la culpa y disfruta la vida, ¿sí?
Se arrimó a Caesar para abrazarlo. Hubo un intercambio de besos y de caricias de ambas partes. Joseph suspiró hondo.
—¿Puedo sincerarme contigo también? —preguntó al cabo de un rato.
—Siempre.
—¿Recuerdas cuando empezamos a salir?
—Difícilmente podría olvidar ese puñetazo que me acomodó las ideas —dijo divertido.
—No sabes lo mal que me siento por eso. Lo siento tanto, Caesarino. Nunca debí haberte golpeado. Perdóname.
Esta vez le tocó a Caesar sorprenderse. Sólo una vez lo había visto tan arrepentido en su vida: cuando había roto un portarretratos con una foto de su abuelo Jonathan mientras ambos jugaban por los pasillos de la mansión Joestar.
—Está bien, Jo, yo también me hubiera golpeado a mí mismo.
—No, no está nada bien, Caes. Nunca debería haberte puesto ni un dedo encima. Prometo nunca más volver a hacerlo.
Hundió su rostro en el pecho de Caesar; éste lo rodeó para abrazarlo y besarlo sobre la coronilla. No pudo evitar sonreír: Joseph jamás lo admitiría debido a su naturaleza impulsiva y orgullosa, mas en estos últimos años había madurado muchísimo. Seguía siendo el mismo tipo de siempre del cual se había enamorado, el auténtico y espontáneo, pero mucho más inteligente y sabio.
—Ahí tienes una nueva perspectiva sobre el matrimonio, ¿sabes? —Joseph levantó la vista y lo miró lleno de curiosidad; lo que fugazmente le recordó a cuando eran niños y a cuando era todavía Caesar el más alto de los dos—. Puedes tomarlo como una promesa de ambas partes para ser mejor persona con la ayuda del otro. Y para ayudarse en momentos de necesidad también. Y todo lo que dijo la persona que nos declaró marido y marido.
—Ah, he aquí al Caesarino cursi del que me enamoré.
Se besaron entre risitas tontas. Fue la ilustración casi perfecta de su enamoramiento, una relación donde el amor, la amistad, la lealtad, el respeto y el sentido del humor abundaban copiosamente.
—Así que… ¿Deberíamos llevar a cabo la consumación de nuestro matrimonio? —Joseph preguntó con un tono exageradamente anticuado.
—Ganas no me faltan. Pero la verdad es que, si tengo que volver a ver el cáterin de nuevo, preferiría que fuera sólo en fotos y no sobre las sábanas.
—Oh, gracias —suspiró aliviado—, porque de verdad mi estómago no podría soportarlo. Ahora solamente quiero dormir hasta haber hecho la digestión. Y creo que eso le llevará unos cuantos días a mis pobres órganos.
N/A: ¡Gracias por leer!
