Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi.

"Me gustas y no sé porque, todo en ti me parece muy lindo"

Conjuro Travieso.

El Monstruo de las montañas.

Ni siquiera pudieron arrancar, en un solo pestañear el monstruo había saltado de su humo y cayó parado al suelo haciendo vibrar todo escuchándose un gran estruendo.

-¡Quién demonios eres tú!-Gritó InuYasha exigiendo saber de forma ruda, posó su mano en la espada.

-No creo que puedas pelear con tu espada-Le dijo bajito Kagome señalándole sus manos-No podrás moverla ni siquiera pelear conmigo así, tampoco puedo usar mis flechas…-Comenzó a ponerse ansiosa y nerviosa ante el desfavorable panorama.

1-No peleaban con un monstruo fuerte hace mucho tiempo.

2-Ella no podía usar su arco.

3-Él no podía usar su espada.

¿Qué haremos?

Se preguntó en su cabeza tratando de buscar una solución rápida. Kagome miró al monstruo desde atrás de InuYasha, quien aún esperaba que él hablara y solo le había murmurado un cállate por el insignificante detalle que ella le mencionó.

Piensa Kagome, piensa.

-InuYasha súbeme a tu espalda.

-¿Qué?

-Súbeme rápido, así podrás manejar tu espada, trataré de volverme como una extensión tuya.

-Tus brazos son más cortos que los míos.

-¡Solo hazlo!-Le chilló cuando vio que el monstruo abría la boca. InuYasha la subió a su espalda y Kagome se acomodó de tal forma con su cuerpo cargado hacia adelante y hacia sus brazos unidos para que él pudiera blandir la espada con mayor comodidad.

-Me has preguntado quien soy yo, intruso, que irrespetuoso-Dijo finalmente el demonio, con su voz gutural, era de el porte de un edificio de treinta pisos, su cuerpo de un verde musgo, ojos como cocodrilos y dientes filudos. No tenía orejas pero si dos orificios ubicados a cada costado de los parietales, una nariz tosca y aplastada con grandes fosas nasales. De sus extremidades inferiores seguía brotando levemente el humo que lo acompañaba.

-Keh, tú eres él que ha venido aquí de manera altanera.

-Orejas de monstruo pero cuerpo humano, ya sé quién eres, eres un Hanyou, el híbrido InuYasha.

-¿Y eso a ti que te importa? bola de moco. Pero jah, no sabía que mi nombre se había vuelto tan famoso.

-Lo es, derrotaste a Naraku pero yo soy mucho más fuerte que ese fracasado, mi nombre es Tokimeku…-El demonio llevo sus fríos ojos entonces a Kagome, con una sonrisa que parecía más una mueca dejó desnudos sus dientes de cuchillas, luego se pasó su larga lengua bífida por los labios- Una mujer… tú debes ser la reencarnación de esa sacerdotisa, oh, yo debo comerte, sí que debo comerte-El demonio comenzó a dar leves saltitos en su lugar de felicidad aplaudiendo con sus gigantes manos.

Kagome tragó duro y algo molesta. ¿Cómo era posible que después de tanto tiempo aún la trataran como "La reencarnación de"?

-Escúchame bien idiota, mi nombre es Kagome, Ka-go-me, no soy reencarnación de nadie, soy solo YO- Espetó irritada, InuYasha la miró por unos instantes recordando su primer encuentro, luego apartó esos pensamientos, no era el momento de recordar ese tipo de cosas.

-Una vez traté de comerme a la sacerdotisa Kikyou, mi cuerpo no era así, ella me maldijo deformándomelo pero ahora pienso que me dio su bendición, ¿y sabes que es lo que más me encanta comer?

-No me interesa…-Murmuró Kagome apretando su brazo libre al hombro de InuYasha.

-Me encanta comer mujeres jóvenes con poderes espirituales, me hacen más fuerte… así que…-Esta vez abrió más grande su boca y salió un rayo de energía directo hacia la pareja.

InuYasha sacó su espada de la funda y logró golpear el ataque desviándolo a otra zona.

-¿Escuchó eso Señorita Rumie?

-Ha comenzado la batalla, es mejor mantenernos a esta distancia, estoy apostando mis cartas a favor de ese Hanyou y ganaré.

-Pero están esposados, ¿Eso no dificultará sus movimientos?

Rumie se quedó callada por unos instantes, luego sonrió a su pequeño compañero.

-A veces de situaciones así te fortaleces más ya lo verás.

-No entiendo a que apunta Señorita Rumie.

-Solo ten presente esto, el amor, proteger aquello que amas es como un impulso, una fuerza en tu interior que te ayuda y motiva a sacar lo mejor de ti, y ellos tienen todo ese potencial y más-Sonrió con calma- Oh mira, subiremos al primero árbol del bosque, desde ahí se podrá ver todo el espectáculo.

En el lugar de batalla, InuYasha seguía golpeando con su espada arduamente los ataques de Tokimeku, los cuales eran consecutivos, sin poderle dar una oportunidad de aproximarse, sabía que Kagome estaba haciendo un esfuerzo por tratar de volverse una parte de él y así no interponerse en la batalla, pero aun así tenía ciertas dificultades para mover la espada con libertad.

-No pienses en mi-Le dijo Kagome cuando uno de los ataques casi los lastima.

-¿Qué?

-Te estas reteniendo porque piensas que me puedes hacer daño al moverte rápido, solo concéntrate en la batalla, yo estaré bien porque estoy contigo.

-Kagome… bien, así lo…-No pudo terminar de responder porque recibió directo en su cuerpo un manotazo del demonio, fueron proyectados directo al suelo, antes de caer InuYasha logró dar vuelta a Kagome para él aceptar el impacto.

-No se desconcentren-Dijo burlonamente caminando hacia ellos.

-¿Estas bien?-Preguntó InuYasha a la muchacha del futuro ignorando completamente al demonio.

-Te dije que no pensaras en mi-Respondió Kagome con un rostro determinado intentando levantarse junto con él.

-Pero…

-Necesitamos tiempo, creo que es momento de poner en práctica lo que me enseñó la anciana Kaede.

-¿Qué?

Kagome cerró los ojos siendo consciente de que el demonio solo estaba a centímetros de ellos, comenzó a emitir un rezo rápido, una luz violeta los rodeo y se intensificó cada vez más hasta que destellaba todo tan fuerte que Tokimeku tuvo que detenerse al encontrarse ciego.

-¡Bien! InuYasha solo tenemos unos segundos, a lo más un minuto antes de que vuelva a ver.

-Si- InuYasha se encontraba desconcertado. ¿En qué momento su frágil Kagome se había vuelto una gran sacerdotisa? Parecía que ella lo estaba protegiendo a él y no al revés, ese sentimiento lo hizo sentir indefenso y algo enojado, era su responsabilidad protegerla.

-¿Qué haces? ¿Por qué no te mueves?-Le gritó Kagome desconcertada.

-Esto no está bien-Dijo mirándola directo a los ojos.

-¿De qué hablas? ¡Solo muévete y atácalo!

-No. Soy yo quien te protege, es mi responsabilidad, no tú a mí- Exclamó con voz ronca. Kagome abrió la boca sorprendida por unos segundos, luego sus cejas se entre juntaron y sus labios se cerraron en una mueca, para finalmente terminar suspirando.

-InuYasha, no te pongas machista en este momento en que estamos en peligro, no tiene nada que ver con quien protege a quien, ambos nos cuidamos mutuamente, y estoy en este instante tratando de ayudar a que sobrevivamos ambos. Además no tiene nada de malo en que quiera protegerte, después de todo eres la persona a quien amo. Entonces déjate de eso y ¡MUEVETE!-Chilló golpeándole el brazo-Si te mueves, lo derrotas, si lo derrotas, me proteges. ¿Entiendes?-Kagome pudo ver como la duda en los ojos de InuYasha se disipaba por una más tierna.

-Yo también te protejo por el mismo motivo que tú a mí…

-¿El mismo motivo?-Preguntó, pero antes de poder seguir conversando InuYasha la había vuelto a subir en su espalda, para ir de saltos subiéndose por el cuerpo de Tokimeku, quien se había estado retorciendo en esos largos segundos desesperado por no poder ver. Tuvieron que esquivar sus manos que intentaban atraparlos al sentirlos subir por su gruesa piel.

-¿Qué me hiciste mocosa? Te mataré, te comeré-Exclamaba vigoroso.

-No lo creo, toma esto ¡Viento cortante!- Agitó su espada con fuerza desplegando el viento cortante con toda su potencia, este cubrió al demonio en ráfagas que cortaban y destrozaban su cuerpo una y otra vez, sus gritos se volvieron agudos por largo rato hasta que finalmente todo quedó en silencio.

-Lo logramos- Sonrió Kagome dando saltitos de victoria- Creí que estaríamos oxidados pero lo logramos, InuYasha-Le dio un codazo amistoso, él le devolvió la sonrisa con cautela.

-Keh, derroté a Naraku, eso me hace el ser más fuerte, nadie puede vencerme-Se jactó con una sonrisa orgullosa.

Kagome lo miró de pronto de una forma más seria pero también amorosa, él sintió ese escalofrió de miedo recorrer su columna vertebral, ella tenía esa mirada de que haría una pregunta complicada de la cual él posiblemente no podría escaparse.

-Dijiste-Comenzó ella con una voz dulce y queda- Dijiste que me protegías por el mismo motivo de que yo a ti… ¿Podrías ser más específico con ello, sobre cuál es tú motivo para protegerme? InuYasha.

InuYasha tragó duro pensando que quizás estaría mejor en el estómago del monstruo muerto que teniendo que enfrentar su sentimiento y decirlos. Pero lo sabía, esta vez no había escapatoria, había llegado el tiempo de confesárselos a Kagome.

Continuará…

¿Me perdí mucho tiempo? Lo sé, lo sé, no me maten, espero les haya gustado el capítulo.

Gracias como siempre por los mensajes de apoyo tanto de este fanfics, como de mis anteriores creaciones de los cuales aún me llegan lindos comentarios 3

Besitos.