Nota: Al final del capítulo están las contestaciones a reviews anónimos y demás aclaraciones :D


Capítulo 4

Harry se despertó a la mañana siguiente con la sensación de no haber dormido nada la noche anterior. Habían llegado a la Madriguera bastante tarde, y cuando por fin había podido dormir, se había encontrado cara a cara con un inmóvil tío Vernon colgando del techo. No podía calificar su sueño como pesadilla, dado que sólo eran retazos de sus recuerdos, flashes de la cara blanca y pálida de tío Vernon, con los ojos muy abiertos. La expresión de terror puro en Dudley no había ayudado tampoco mucho.

Pero finalmente, el día había empezado. Un día que sólo podía ir a mejor, pensó Harry con optimismo. La magia, aunque había visto poca, parecía tan emocionante y asombrosa como su mente había podido alcanzar a imaginar. Todavía se sentía molesto por el asunto de la cicatriz: ahora que Dudley y Harry habían encontrado una familia, un padre y una madre que podían mimarlos y darles de comer dulces en vez de coger dinero para comprar más chucherías, Harry no quería que Dudley se sintiera desplazado.

Para Harry, la muerte de sus padres no levantaba una tristeza suprema ni recuerdos desagradables: ni siquiera recordaba sus caras, ¿cómo acordarse de sus muertes? Tía Petunia y tío Vernon habían sido lo más cercano que Harry había tenido como madre y padre, y recordar que se habían ido y no iban a volver le hacía sentir tremendamente triste. No eran sus padres y se sentía fatal, así que no quería ni pensar en cómo se sentiría Dudley.

—Dudley, ¿estás? —susurró Harry mirándolo tras las legañas en sus ojos. Dudley estaba tendido encima de su cama, con los brazos cruzados encima de la cara. Se movió un poco y murmuró en contestación:

—Sí, Harry. ¿Qué pasa?

—Ya es de día. —le informó. Abajo ya se oía actividad, lo que significaba que la familia estaba en pie, preparada para un nuevo día. Escuchó a Dudley suspirar y quiso decir algo alentador, pero Harry era malo en eso de consolar. Se sentía incómodo ante las lágrimas de otro. Finalmente, dijo, —Oye, nos irá bien.

—A partir de ahora, sólo puede mejorar, ¿no? —añadió Dudley. Se quitó las manos de la cara y le miró con sus ojos inyectados en sangre. Había estado llorando, lo más probable. Las oscuras ojeras delataban que tampoco había dormido mucho. Harry le sonrió, un poco culpable por haber dormido toda la noche de un tirón mientras dejaba a Dudley solo sufriendo.

—Sí, sólo puede mejorar. —admitió Harry. Se incorporó y se levantó, quedando al lado de la cama de Dudley. Le tendió una mano y, con una sonrisa triste, le prometió, —Haremos que mejore.

La cara de Dudley cambió por completo. De la expresión triste y cansada que tenía pasó fugazmente por una mirada de sorpresa y, antes de cogerle la mano con fuerza, le sonrió verdaderamente. Aún tenía ese velo de tristeza en los ojos, pero Harry no quería cambiar eso. Era normal que Dudley se sintiera triste por la muerte de tío Vernon, al igual que Harry se sentía mal, pero no iba a dejar que se encerrara en sí mismo y se deprimiera.

—Bajemos, me muero de hambre. —señaló Dudley, desperezándose. Se estiró cual gato y le hizo una seña a Harry para que le siguiera.

Salieron de la habitación sabiendo que no podían perderse. Sólo había que bajar la escalera y seguir el olor de la comida recién cocinada, y eso era fácil porque el olor llegaba hasta su habitación en el ático. Bajaron con calma, sus pies haciendo crujir las escaleras de madera. Con el sol resplandeciendo en el cielo azul, Harry se paró a apreciar el lugar donde se encontraban, observando los campos dorados que la noche anterior no había podido ver con claridad. Al pie de la casa había un coche, un modelo Ford Anglia si Harry recordaba correctamente. Habían sido bastante populares en Surrey.

—Harry, Dudley, llegáis justo para el desayuno. —les informó la señora Weasley, conjurando dos sillas más para añadirlas a las que ya había en la cocina. Los hijos del matrimonio Weasley ya estaban allí, comiendo como si no los hubieran alimentado por semanas. —Sentaos, sentaos.

Harry y Dudley siguieron el consejo de la señora Weasley y se sentaron, un tanto cohibidos entre tanto pelirrojo. Todos pararon de comer y les miraron, primero echaron un rápido vistazo a Dudley y después escrutaron a Harry y su famosa cicatriz. Harry suspiró y se puso una tostada y dos lonchas de bacon en el plato, intentando que no se viera su incomodidad. Le pasó el plato a Dudley, que también acabó comiendo bacon frito y aceitoso.

—Bueno, presentaciones. —exclamó de repente el señor Weasley al otro lado de la mesa, después de ver el tenso silencio que se había formado. Se levantó y fue uno por uno, presentando a sus hijos:

—Este es Ron, tiene vuestra misma edad, chicos. Entrará al año que viene a Hogwarts, como vosotros. —señaló el señor Weasley, poniendo las manos sobre los hombros de un niño pecoso, pelirrojo, de ojos azules y manos grandes, que se afanaba en devorar un filete de bacon. Gruñó por debajo del aliento e intentó decir algo, pero Harry no fue capaz de entenderle porque tenía la boca llena de comida. —Ron, no se habla con la boca llena. —le dijo su padre, moviéndose de su lado.

—Estos son Fred —puso una mano en una muchacho larguirucho y pelirrojo, — y George. —puso la mano encima del muchacho que estaba a su lado. Harry pensó que debían de ser gemelos, porque eran idénticos; misma altura, mismas pecas incluso. —Son un par de bromistas sin remedio. —los gemelos levantaron las manos, apaciguando a una masa enardecida que no existía. Harry y Dudley sonrieron curiosos por su actitud.

—Esta joven damisela es Ginny, —el señor Weasley dio la vuelta a la mesa y señaló a la única chica en la mesa (sin contar a la señora Weasley). La niña, también pelirroja y pecosa, se sonrojó y miró su plato. —Y por último, pero no menos importante, Percy. —Percy era un chico alto y delgado que se sentaba al lado de Dudley. Tenía gafas cuadradas que enmarcaban sus ojos azules, y un montón de pecas en la cara. Algo en él le dio la sensación a Harry de que sabía mucho. Fue el único que les tendió la mano y les dio una bienvenida formal:

—Bienvenidos a la Madriguera, Dudley, Harry. —su tono era solemne y serio. Harry y Dudley le estrecharon la mano animados; los ojos de Percy no se fueron en ningún momento a la cicatriz de Harry ni pasó excesivo tiempo mirándolo como si se tratara de un fantasma.

—Gracias, Percy. —dijo Harry. Dudley se veía un poco perdido, pero en seguida imitó a su primo:

—Sí, gracias.

—Charlie y Bill no están en casa, pero en algún momento os los presentaré. Ellos ya han terminado el colegio; Bill está en Egipto como rompe-maldiciones y Charlie se encuentra en la reserva de dragones de Rumanía.

—Estoy tan orgullosa de ellos. —no pudo evitar exclamar la señora Weasley. Los gemelos, Ron y Ginny rodaron los ojos, como si aquello que había dicho fuera cosa de todos los días. El señor Weasley sonrió paternalmente y dando un par de palmadas en la mesa, se levantó y se despidió:

—Tengo que irme, cariño, llegaré tarde al Ministerio. —después de despedirse de todos, le dio un beso a la señora Weasley en la mejilla y se marchó. Harry vio a través de la ventana cómo se subía al Ford Anglia y se marchaba. Cuando llegó al final de la carretera, el coche despegó del suelo y desapareció en el cielo. Harry y Dudley dejaron caer las mandíbulas un poco.

Por un momento la mesa se quedó en silencio, cada cual haciendo lo que más le apeteciera. El momento se alargó mientras Harry, todavía con los ojos fijos en el horizonte, por donde había desaparecido el Ford Anlgia, intentaba evitar sentirse incómodo. Y entonces, como gran salvador, Percy dijo:

—Entonces, Dudley, tu familia era muggle. —Dudley frunció el ceño ante la aseveración de Percy. Harry miró al resto de la mesa: la señora Weasley tenía una mirada mortal clavada en Percy, que decidió ignorar a todos menos a Dudley.

—¿Muggle?

—Son la gente no mágica, los no magos. —le explicó Percy. —Creo que a papá le gustará charlar contigo, a él le gustan las cosas muggles. Pero bueno, creo que a vosotros os interesará más lo mágico, ¿no? La gran novedad. —Harry y Dudley asintieron fervorosamente; Percy les había leído el pensamiento.

—¿Tenéis algún primer ministro o algo así? —preguntó Harry. Sospechaba que ellos habían estado en el Ministerio de Magia. Por tanto, tendría que haber un Primer Ministro.

—Sí, hay un Ministerio de Magia. Es subterráneo, aunque tiene ventanas. También hay una Oficina de Mantenimiento Mágico; ellos son los que encantan las ventanas para que se muestre un tiempo u otro. Pueden poner de todo, desde un día soleado hasta terribles huracanes. En el Ministerio también está el Consejo del Wizengamot, que se encarga de juzgar a los criminales y aprobar las leyes. El Primer Ministro siempre está vigilado por el Wizengamot para que no abuse de su poder.

—¿Entonces, quién controla al Wizengamot? —preguntó Dudley. Percy lanzó una carcajada al aire; el resto de la mesa ya estaba a lo suyo, sin hacer caso a lo que los demás consideraban aburrida conversación.

—Nadie controla el Wizengamot. El Wizengamot es un grupo conformado por los magos más sabios, importantes y poderosos de Gran Bretaña; pero eso no significa que estén de acuerdo en todo. De hecho, no necesitan ser vigilados porque constantemente se intentan sabotear los unos a los otros.

—¿Por qué querrían sabotearse pudiendo unirse y hacer lo que les diera la gana? —preguntó Harry. Percy le sonrió enigmáticamente:

—Ellos están sujetos a la opinión pública, en cualquier caso. Y nunca podrían acordar hacer una u otra cosa, porque son incapaces de ponerse de acuerdo en casi nada.

—¿Quién hay en el Wizengamot? —preguntó de nuevo Harry, curioso por saber quiénes eran los tontos que siempre discutían en el mundo mágico.

—Oh, bueno, hay bastantes personas. El jefe del Wizengamot es Albus Dumbledore, que también es el Director de Hogwarts, la escuela a la que todo mago inglés va. También está Amelia Bones, Dolores Umbridge, Griselda Marchbanks, el Primer Ministro Cornelius Fudge, Lucius Malfoy… Supongo que cuando tú, Harry, seas mayor, también tendrás tu escaño en el Wizengamot.

—Entonces también habrá policías, ¿no? Para capturar a los criminales. —añadió Dudley al ver la cara de confusión de Percy ante la palabra 'policía'. Se levantaron, habiendo terminado de desayunar, y acompañaron a Percy escaleras arriba, hasta su habitación. Era pequeña, igual que la de Harry y Dudley, y tenía una ventana por la que se podía ver el jardín de la casa.

—Entonces te refieres a los aurores. Son los encargados de velar por la seguridad mágica y se dedican a dar caza a los magos oscuros.

—¿Magos oscuros?

—Son los magos malos. Utilizan magia prohibida, magia oscura; son criminales. —Percy levantó las cejas y señaló con la cabeza hacia Harry. —El mago que te hizo eso era un mago oscuro.

—¿Qué tipo de magias hay? —preguntó rápidamente Harry, intentando desviar la conversación. No quería que volvieran al tema redundante de su cicatriz; era incómodo.

—Bueno, tienes la magia oscura y la magia blanca, además de todos los encantamientos y transformaciones que no se encuentran en un lugar ni en otro, como levitar una pluma o atraer objetos hacia ti. —Percy les miró a los dos con las manos juntas presionando los dedos índices contra la boca, sopesándolos. —Se considera magia blanca a toda aquella magia que cura. Y luego está la magia oscura, que es toda aquella que sirve para hacer daño a los demás.

—Ésa es la definición formal de magia oscura en la Antigüedad, pero el Ministerio tiene su propio catálogo de lo considerado magia negra. Por ejemplo, un encantamiento escudo no se considera magia negra, pero la maldición asesina sí. Últimamente se ha acuñado el término de Defensa Contra las Artes Oscuras a todos los encantamientos que, siendo puramente magia oscura, el Ministerio no cataloga como tal; pero esta denominación lleva vigente más o menos un siglo, por eso se la considera nueva.

—Un siglo es mucho tiempo. —dijo Dudley.

—No tanto tiempo; los magos tendemos a ser más longevos que los muggles, pero desde ya te digo que eso no está probado y son sólo especulaciones. De todas formas, la magia es tan antigua como la misma tierra que pisas, un siglo no puede ser mucho tiempo comparado con el tiempo que la tierra lleva aquí, ¿no?

—Hombre, si lo pones así…—se quejó Dudley. Miró al techo antes de preguntar, en voz muy baja, —¿Tú sabes qué ha pasado con la cicatriz de Harry? —Harry lo miró, mitad curioso y mitad incómodo.

—En el mundo mágico es algo de conocimiento común. —dijo en seguida Percy. Luego bajó la voz, se acercó a los niños y empezó a contar. —Hace como cincuenta años, apareció un mago oscuro, Quien-Tú-Sabes, que aterrorizó a todos los magos. Tenía la idea de que los muggles y los magos nacidos de muggles debían ser exterminados, algo horrible, —hizo una mueca mirando a Dudley, que había palidecido de golpe. — pero su movimiento en seguida cobró poder y él y sus aliados, llamados mortífagos, sembraron el pánico.

—Pero había un hombre llamado Albus Dumbledore, que entonces seguía siendo el Director de Hogwarts, como ahora, que le plantó cara. Por muchos años, el Director y Quien-Tú-Sabes estuvieron en guerra, y cuando parecía que la victoria del Innombrable era inminente, cometió un error. Él fue a por tu familia, Harry, considerándoos sus enemigos, mató a tus padres, pero cuando quiso hacer lo mismo contigo, la maldición asesina rebotó en ti y le dio a él. Murió, y tú quedaste como el único superviviente y como el héroe del mundo mágico, con sólo esa cicatriz en forma de rayo como vestigio de lo que el Innombrable quiso hacer.

—Y por eso todo mago y toda bruja te reconocerá con sólo mirar tu cicatriz. Por eso todos te mirarán y te señalarán… Como ha hecho mi familia antes, mirándote de esa forma. —concluyó Percy, luciendo incómodo.

—Tú no me has mirado así antes. —Percy levantó los ojos del suelo, sorprendido. —Me he dado cuenta.

—Oh, bueno, es que… No creo que sea muy divertido ser famoso por la razón por la que tú lo eres. No te estoy disminuyendo ni nada, —añadió rápidamente, —pero yo preferiría tener a mis padres de vuelta y ser un niño normal. Al menos, así pienso yo.

—A mí también me gustaría tener a mis padres aquí. —susurró Harry, sin ofenderse por las palabras honestas pero no muy acertadas de Percy. Dudley le miró y desvió la mirada a un lado. Harry se acercó a él, cogiéndole de la mano. Para su sorpresa, Percy se colocó al otro lado y pasó un brazo por la espalda de Dudley.

Dudley se frotó los ojos, disculpándose torpemente, y después parpadeó con fuerza. No quería llorar, no delante de Harry y Percy, que a pesar de ser buena persona, acababa de conocerlo. No quería captar toda la atención que estaba captando en esos momentos, y por un segundo, deseó que sucediera algo que les hiciera mirar hacia otro lado. Y ese algo se apareció con forma de Ron Weasley: abrió la puerta con fuerza, animado, y tomó el brazo de Harry con decisión y una sonrisa en la boca.

—Percy, deja de acapararlo para ti, egoísta. Es mi turno, ven, Harry, te enseñaré las escobas de Bill y Charlie. Ya verás, ¡será divertido! —dijo entusiasmado mientras salían de la habitación. Harry giró la cabeza hacia atrás, viendo a Dudley sobarse las manos y a Percy mirando a Ron con el ceño fruncido, molesto. —¡¿Mamá, puedo enseñarle a Harry las escobas?!

—Sí, cielo. —respondió en un grito la señora Weasley desde la cocina. Salieron fuera de la casa, donde Harry pudo apreciar por fin cómo era la Madriguera.

La casa en la que iban a vivir parecía una ruina. Harry ni siquiera entendía cómo era que todavía no se había caído: parecía haber sido construida en distintas fases, de forma que quedaba casi descompensada, pues había zonas en las que un lado sobresalía más que el otro y viceversa. A Harry le recordó a los juegos que Dudley le había enseñado sobre poner bloques y hacer un construcción muy alta. Sólo que en este caso, los bloques estaban puestos de una forma pésima; aunque no sería Harry el que dijera nada.

En la parte trasera de la casa tenían un pequeño jardín, y a un lado, un corral con gallinas. Más allá, había un cobertizo metálico, y pegado a él, un escobero estrecho y alto. Ron le dirigió hacia el escobero, tirando de él con fuerza y apurándole para llegar. Se le veía emocionado, aunque Harry todavía recordaba sus palabras: 'Es mi turno…'. ¿A qué se refería con eso? Ron abrió el pequeño escobero, dejándole ver el interior a Harry.

—Te gustan, ¿eh? —le preguntó con una sonrisa socarrona.

El escobero tenía una gran cantidad de polvo acumulada, así como algunas telarañas, en una de las cuales todavía había araña tejiendo su red. Harry miró a lo que Ron le señalaba: había allí dos escobas considerablemente viejas y usadas, además de varias cajas apiladas; en una de ellas, delgada y larga, ponía 'Kit de limpieza'. Ron se apresuró a sacarlas, dándole una a Harry y quedándose él la otra. Le miró y levantó su escoba, enseñándosela: a Harry le parecía una escoba normal.

—Ésta es una Barredora 1, es de Bill. Es bastante lenta, aunque a él no le importó porque no quería jugar al quidditch. —Ron se encogió de hombros, con una expresión en la cara que le hizo entender a Harry que Ron amaba el quidditch con una pasión más allá de lo imaginable. Rápidamente, Ron le quitó la Barredora 1 y le puso en las manos la otra escoba. La señaló, diciendo con voz gruesa, — Ésa es una Cometa 140, un poco mejor que esta Barredora, pero tampoco hace mucha diferencia si no sabes usarla. La llevaba Charlie, y fue capitán y buscador del equipo de Gryffindor, eso es bastantes mérito, teniendo en cuenta el estado de la escoba. —Ron alzó las cejas, creyendo que Harry entendía.

—¿Qué es el quidditch? —preguntó después de un momento de silencio. Todo lo que Ron le había dicho le parecía interesante, pero ni la Barredora ni la Cometa despertaban ningún sentimiento en Harry.

—¡¿No sabes qué es el quidditch?! —exclamó Ron, alarmado. —Es el mejor deporte mágico que encontrarás jamás. Son siete personas por equipo: el guardián, los dos bateadores, tres cazadores y el buscador. El más importante es el buscador, porque es el que termina el partido. Hay tres pelotas, la quaffle, la bludger y la snitch. Los cazadores deben anotar con la quaffle en uno de los tres aros que el guardián defiende mientras los bateadores deben mantener las bludgers lejos de su equipo y el buscador debe conseguir la snitch, que es una pelota dorada y pequeña que va muy rápido por el campo de quidditch.

—Suena divertido. —dijo Harry únicamente ante todo lo que Ron había dicho. Había demasiado concepto nuevo y Harry no había llegado a captarlo del todo, pero sonaba a algo como fútbol pero con escobas.

—Ya verás que es más divertido cuando lo juegas. —Ron le sonrió como si fuera a hacer una broma y salió corriendo, diciendo, —¡Ven, Harry!

Harry le siguió, con su escoba todavía cogida de la mano. La levantó para que no se arrastrara por el suelo y llegó hasta donde Ron estaba, mirando el cielo. De nuevo, cuando llegó a su lado tenía esa sonrisa infantil en la boca. Lanzó una mirada a la Madriguera, antes de incitarle:

—Vamos, subamos a las escobas.

Ron saltó encima de su escoba, acomodándose mientras Harry lentamente le imitaba. Después, Ron le indicó que le mirara con atención. Se concentró, frunciendo el ceño, y pegó una patada fuerte al suelo, levantando un poco de polvo de la tierra cuarteada. Rápidamente, se alzó a varios metros de altura, con una sonrisa en la boca. Sus piernas colgaban de la escoba mientras Ron le levantaba un pulgar desde arriba. Harry se humedeció los labios, nervioso por levantarse hasta tal altura, y pegó una patada al suelo. Sintió como la escoba debajo de él se levantaba y para cuando llegó a la altura de Ron, estaba a punto de caerse.

El muchacho pelirrojo le cogió de la ropa, estirando hacia un lado para que se equilibrase. Con las manos estrangulando el mango de la Cometa 140 y una posición rígida en el cuerpo, Harry miró a su alrededor. A pesar de que estaba temblando por el momento de pánico al creer que se caía, la vista de la Madriguera y sus alrededores era tan bonita que poco a poco se fue olvidando de que estaba sentado precariamente en una escoba, a varios metros de altura.

—Para bajar sólo tienes que empujarte hacia abajo, Harry. —le sacó de su ensimismamiento Ron. Le observó mientras el chico se inclinaba sobre la escoba, que descendió lentamente. Le miró con una sonrisa, esperando a que Harry probara a bajar.

Con cuidado, Harry imitó a Ron. Se inclinó sobre la escoba y observó aliviado cómo empezaba a descender muy lentamente. Cuando llegó al suelo, Harry pensó que las rodillas le iban a ceder al nerviosismo. Temblaba como una hoja de papel, pero a la vez se había sentido bien al estar allí arriba, sin nada bajo los pies, volando. Ron quitó la sonrisa en seguida, mirando por encima del hombro de Harry, que le siguió con la mirada. Desde ahí podía ver la mirada diabólica de la señora Weasley en la ventana de la cocina. A Ron le esperaba una buena bronca.

Cuando entraron a la Madriguera de nuevo, después de haber dejado las escobas en su sitio, Ron se fue directo a la cocina con expresión derrotada mientras Harry subía escaleras arriba, buscando a Dudley. No le gustaba haberlo dejado solo, pero lo había disfrutado tanto el subir a una escoba… Se sintió culpable; quizás en otro momento podía llevar a Dudley al escobero y montar con él. Recordaba las sencillas instrucciones que Ron le había dado.

—¿Dudley? —preguntó, en la escalera. Una puerta se abrió y la cabeza sonriente de Dudley apareció por el resquicio:

—¡Aquí, Harry! Ven, Fred y George me están enseñando unos trucos.

Harry subió las escaleras a toda prisa, internamente sorprendido por ver a Dudley tan alegre. Rápidamente sonrió, estaba bien verle feliz. Entró al cuarto de Fred y George, —había una placa que lo indicaba,— y encontró a su primo y los gemelos sentados en círculo en el suelo. La habitación estaba desordenada, con varias cajas abiertas. En el centro había una pequeña caja de Grageas de todos los sabores de Bertie Bott, o eso decían las letras amarillas del exterior de la caja.

—¿Qué son? —preguntó inmediatamente, sentándose al lado de Dudley. Señaló la caja de grageas. Fred y George se sonrieron.

—Coge una, Harry. —Harry cogió una al azar, la miró por un momento antes de meterla en la boca. —Las grageas de todos los sabores de Bertie Bott son de absolutamente todos los sabores, desde chocolate o fresa hasta cerumen, plástico o…

—¡Sabe a vómito! —exclamó Harry horrorizado, cuando ya se la había tragado. Al principio apenas tenía sabor, pero una vez se deshacía en la boca, el sabor a bilis le había golpeado, incrédulo.

—O vómito. —Fred, George y Dudley se carcajearon mientras Harry hacía un gesto con la boca, sacando la lengua.

—¿No tenéis nada para pasar el mal sabor? —preguntó Harry, todavía asqueado.

—Veamos que nos queda… Fred, haz los honores. —Fred puso una caja en su regazo y empezó a revolver en su interior, metiendo la nariz en la caja.

—Tenemos… Ranas de chocolate, pastel de calabaza, regalices de colores…Y piruletas ácidas.

—Las ranas de chocolate parecen más inofensivas que estas grageas. —dijo Harry, mirando con fingida molestia la caja de grageas. Fred y George le sonrieron, así como Dudley, y le lanzaron una rana de chocolate. Estaba envuelta en papel azul y dorado, y no parecía contener nada más que chocolate, para alivio de Harry.

Cuál fue su sorpresa cuando, al abrir el envoltorio, una rana de chocolate saltó a su cara. Harry pegó un bote y se quitó la rana, cogiéndola con un par de dedos. Tenía el tacto de chocolate, la textura del chocolate y, definitivamente, parecía chocolate. Pero se movía. Dudley miró la rana, fascinado, y los gemelos le hicieron un gesto para que se la comiera. Harry le arrancó con mucha delicadeza una pata a la rana, que repentinamente se transformó en un trozo de chocolate inmóvil.

—La magia es verdaderamente increíble, Dudley. —le dijo Harry con los ojos abiertos como platos.

El resto del día, Harry y Dudley lo pasaron pululando por la casa, descubriendo nuevos aspectos de la magia. Dedicaron al menos un cuarto de hora mirando las agujas de la señora Weasley tejer, y la tarde se les pasó acariciando a la lechuza de los Weasley, Errol, que aunque parecía vieja, era diligente y ni siquiera había amenazado con picotearles.

Al final del día, Harry pensó que no había estado mal. Ciertamente, había obtenido mucha información de Percy, una buena experiencia de Ron y divertidas aventuras entre chucherías de los gemelos. Ginny, la hija menor de los Weasley, se dedicaba a mirarlos de lejos, sin hablar con ellos. Harry miró a Dudley, tumbado en la cama de al lado. Después de cenar, se había quedado pensativo, pensando en las musarañas.

—Voy al baño, Dudley. —le informó Harry de repente. El señor Weasley acababa de llegar, según había oído, y sentía que tenía que acercarse para escuchar. Se levantó y bajó las escaleras en calcetines para que no le oyeran.

La planta baja estaba demasiado silenciosa, pensó Harry. Agudizó el oído, parado en el último escalón. Al final, escuchó unas voces, provenientes de la cocina. Se acercó cual espía hacia la cocina y escuchó desde detrás de la puerta vuelta. Los señores Weasley estaban allí dentro, y aunque hablaban en susurros, el silencio en el resto de la casa le permitía a Harry oírlos a duras penas.

—¿…pasa, querida? —decía el señor Weasley.

—Nada, pensaba que había alguien bajando. Una imaginación mía. —se desentendió la señora Weasley. El señor Weasley suspiró, —No podemos dejar que se lo lleven, Arthur. A saber lo que van a hacer con el pobre crío.

—No tenemos elección, Molly. El Wizengamot quiere que se decida el asunto mañana, Albus no ha podido retrasarlo más. Y, de todas formas, no tenemos tanto dinero como para mantener a Harry y Dudley. Apenas llegamos a fin de mes.

—¡Pero tenemos el apoyo del profesor Dumbledore!, ¿no es así, Arthur?

—Sí, sí, Dumbledore nos apoya, pero ni él ni yo nos esperábamos ese movimiento de parte de Malfoy. No sé qué pretende, pero no puede ser nada bueno. —señaló Arthur con voz grave.

—Viniendo de ese hombre… Lo que me preocupa es que los demás miembros del Wizengamot no lo vean: hará daño a Harry.

—No te olvides de Dudley, cariño. —le recordó el señor Weasley. Harry sintió cómo la ira hervía en su interior: aquella mujer parecía olvidar a propósito a Dudley.

—Siempre podemos pedir sólo la custodia de Harry Potter; a él podemos mantenerlo.

—No creo que los muchachos quieran separarse, no después de ver lo unidos que están. Son todo lo que tienen: a sí mismos y al otro.

—Nosotros podemos ser su familia también, Arthur. —le reprochó Molly. Arthur volvió a suspirar.

—Creo que Harry y Dudley deben decidir donde van a quedarse, Molly.

—Les estoy intentando dar el empujón en la dirección correcta. —de repente, la voz del señor Weasley se volvió seria y grave:

—Le has dicho a Ron que se haga amigo de Harry, Molly. Eso no está bien.

—De todas formas, iba a hacerlo, con o sin palabras por mi parte. —a los oídos de Harry, la señora Weasley sonaba increíblemente petulante. El señor Weasley chasqueó la lengua y añadió:

—El Wizengamot ve mejor que los niños se queden con Malfoy a que se queden con nosotros, Molly. Ésa es la realidad, y tenemos que afrontarla.

—¿Eso significa que te rindes, Arthur Weasley?

—Jamás. Pero hay que entenderlo, Molly. Ellos prefieren a… a… a ese hombre antes que a nosotros. —la voz de Arthur se tiñó de un odio feo por un momento. —Imagina las repercusiones que esto va a tener, Molly…

Sus voces se volvieron más apagadas cuando una mano pesada se puso en el hombro de Harry. Rápidamente miró hacia arriba, sintiéndose cazado, y vio a Percy. Le miraba con su habitual seriedad, pero se le veía un poco consternado. Le hizo un movimiento de cabeza, indicándole que le siguiera, y Harry se vio obligado a hacerlo, aún cuando quería continuar escuchando la conversación de los señores Weasley, por más que le hirviese la sangre.

—¡Sois malas personas! —susurró fuertemente Harry nada más llegar a su habitación en el ático. Dudley se incorporó rápidamente, sorprendido, mientras Percy cerraba la puerta por dentro.

—Siento que hayas tenido que escuchar todo eso, Harry.

—¿De verdad lo sientes o es sólo un truco más para que me quede? —Percy le hizo un gesto con las manos para que se calmase. Dudley saltó de la cama, poniéndose al lado de Harry en un gesto protector. Tampoco parecía muy contento.

—Cálmate, Harry. No es un truco, nunca lo ha sido por mi parte. Escucha, desde que habéis venido, mis hermanos y mi padre se han estado portando como siempre. Con o sin aviso de mamá, Ron habría intentado acaparar tu atención: eres una celebridad para él. Desde que se enteró de que tú estarías en el mismo curso que él, no ha dejado de fanfarronear y decir que tú y él iríais a Gryffindor y seríais los mejores amigos del mundo.

—Eso suena ridículo.

—Ron es así, no trates de comprenderlo. —Percy rodó los ojos, hastiado del comportamiento de su hermano. —Escucha, Harry, es importante que entiendas esto: todo lo que te concierne a ti tiene connotaciones políticas.

—¿Conno-qué? —preguntó Dudley, perdido.

—Connotaciones políticas. Afecta a la política del mundo mágico. Por eso todos los adultos quieren ser tu tutor o tu mejor amigo, o como quieras llamarlo. Todos quieren tenerte de su lado porque para ellos sólo eres la gallina de los huevos de oro.

—Eso es cruel, Percy. —se quejó Harry con expresión herida.

—El mundo es cruel, pero no por ello menos bello. —recitó Percy con una sonrisa. —Lo que quiero decir es que tienes que tener mucho cuidado con quien te relacionas. ¿Recuerdas lo que te he dicho esta mañana acerca de donde conseguiste tu cicatriz? En esa ocasión, muchos de los aliados del Innombrable salieron muy bien parados de los juicios. Los mortífagos solían ser gente importante, gente muy importante, como Lucius Malfoy, el mismo que ahora pide tu custodia y la de Dudley.

—¿Por qué querría encargarse de nosotros?

—Porque le conviene. Ahora que Harry Potter ha entrado al mundo mágico, contigo de su lado, al menos en la cara pública, se va a convertir en alguien de prestigio y de poder, mucho poder. O quizás sea porque de verdad le interesáis, yo no lo sé. Eso es lo que tú debes averiguar, Harry, en quien puedes confiar y en quien no.

—Obviamente, en la señora Weasley no. —le desafió Harry. Percy se sentó en su cama con gesto cansado.

—No, por ahora no te conviene fiarte de mi madre a no ser que quieras convertirte en el títere de Dumbledore. Mamá y papá trabajan para Dumbledore en cuanto a política se refiere porque creen en él. Algo muy noble y eso, pero no sé si es lo adecuado fiarte de una sola persona para todas las decisiones políticas, en vez de examinarlas una a una por ti mismo.

—Entonces, mañana en el juicio, sólo tengo que decir que quiero ir con los Malfoy, ¿no? —preguntó finalmente Harry. Aquellas cuestiones políticas de las que hablaba Percy eran difíciles de entender.

—No, tenéis que decidir vosotros dos dónde queréis estar. Yo no estoy diciendo que elijáis a Malfoy, sólo os estoy enseñando cómo funciona el sistema.

—Pero tu padre ha dicho que no teníais dinero para mantenernos a Dudley y a mí… —susurró. Percy le miró con ojos profundos y finalmente admitió:

—Sí, es cierto. Pero también has oído que ellos querrían hacerse cargo de vosotros, sin importar si llega o no el dinero para todos.

Percy los dejó a Harry y a Dudley en su habitación. Susurró un callado 'Buenas noches' y se marchó, dejando la puerta firmemente cerrada. Harry se tiró en su cama, aplastando la cara contra la almohada y haciéndose daño en el puente de la nariz, pues todavía llevaba las gafas puestas. Dudley le miró, interrogante, y Harry acabó contándole todo lo que había oído, intentando recordar todos los detalles de la conversación. Estuvieron debatiendo donde debían ir por un rato tan largo que parecieron horas y, al final, se durmieron bien entrada la madrugada, cuando el resto de la casa se había quedado en silencio.


Nota: Antes que nada, lo primero que Harry y Dudley han visto del mundo mágico ha sido el Ministerio de Magia, así que me pareció bien que Percy les diera una explicación acerca de todo lo que sucedía en el Ministerio. Por otro lado, esto me servirá para el siguiente capítulo, como ya se ve al final del capítulo, ¿no? He de avisar, todo lo referente al Wizengamot y el Ministerio es... Una mezcla entre lo que encontré por la wikipedia y páginas relacionadas (Harry Potter wiki) y un poco de mi invención para tapar ciertos agujeros.

Por último, antes de que pase a responder reviews anónimos, creo que subiré otro capítulo sobre el martes o miércoles, aunque no estoy segura de lo que haré. Quizás lo mejor es que chequeen de vez en cuando si están interesados :DDDDD

- Wigworthy: Nada, no eres cruel con Ron y Draco, en serio, pensándolo seriamente es como son, y es eso lo que les da esa personalidad. De todas formas, el abuso que los Dursley llevan sobre Harry no es más que negligencia y el no hacerle sentir querido, así que tampoco hay mucho que Harry pudiera decir, ya que la cicatriz sería mental, no física. Tampoco creo que Harry escondiera como tal lo que pasaba en su casa, simplemente pienso que era reservado, sino te preguntan, no dices nada y ya está. O algo por el estilo.

Respecto a las Casas, me parece una tontería que seleccionen a los alumnos el primer día de Hogwarts. Entiendo que es una manera de mantenerlos controlados e indirectamente hacer que se porten bien (ya sabes, todos te miran feo si te quitan puntos). Los nacidos de muggles apenas tienen idea de las Casas, y los sangrepura como Draco o Ron están obsesionados con ir a la Casa a la que toda la familia ha ido. Eso lo voy a plasmar en la historia, by the way :D

¡Gracias por comentar! -^u^-

- Mary: Respecto a los personajes, en un principio, he de decir que Dudley estaba fuera. Luego, consideré meterlo y como suele pasar, me apareció en la mente la imagen de los dos primos (Harry y Dudley) luchando contra tía Petunia y tío Vernon (tío Vernon sobre todo) por ir a Hogwarts y tal, como pasa con Harry en el cannon. Después decidí que no quería algo Angst (siempre que algo conlleva lucha emocional se me va de las manos y acabo en Agst XD), así que quité a tío Vernon y tía Petunia. De alguna forma, Harry y Dudley tenían que acabar queriéndose (fraternalmente, no empecemos con incesto ni nada...¬¬u) y así maté a dos pájaros de un tiro. Y después apareció la idea de Malfoy en mi mente y... No puedo contar más, te desvelaría cositas XD

A mí los Weasley no me parecen superficiales, ni ellos ni los Malfoy. Los Malfoy son los perfectos 'trepas', pero comprendo porqué actuaron como actuaron: primero el orgullo y una vieja gloria que querían recuperar les llevó a ser los malvados, y después se dieron cuenta de su error muy tarde, cuando Draco ya estaba metido en todo el embrollo de Voldemort.

Por otra parte, los Weasley nunca han dicho nada del estilo '¡Slytherins, qué asco!', aunque yo opino que lo piensan, o sino Ron no habría estado tan prejuicioso en el primer viaje en tren a Hogwarts. Por supuesto, la familia en sí me parecía demasiado... Demasiado amorosa y despreocupada en un principio; ¡Vamos, que tienes hijos adolescentes, ¿Dónde está esa rebeldía?! Pero tras el problema con Percy sí se vieron más... Humanos.

Ahora, con respecto a tus dudas: como ya te has dado cuenta, no, todos los weasley no van en el mismo molde. Yo creo que Arthur es más abierto que Molly respecto a todo ese asunto de las Casas y de llevar eso al mundo más allá de Hogwarts. Los gemelos van a ser los de siempre, te prometo que no puedo cambiarlos, y no siento que tengan nada malo. Percy sí que va a ser diferente: él entiende de política, y es más centrado, ordenado y 'comelibros' que el resto de los Weasley. Básicamente, no encaja en la familia; y eso se puede ver desde el primer momento, cuando Percy es el único que les saluda propiamente cuando Harry y Dudley son presentados.

Dudley y Harry sí van a conocer a otros magos, pero tampoco van a ser 'famosos' en cuanto a amigos. Pienso que ellos deben ser como el resto de los niños: se crían en casa hasta los once, cuando van a Hogwarts y hacen verdaderos amigos. Pero, definitivamente, Harry y Dudley van a 'conocer' a otros magos y brujas.

No van a ser sobresalientes en Hogwarts: no quiero a Harry y Dudley como personajes súper!. Dudley va a ser más cannon, el Dudley cannon no soportaba leer, y por tanto, Dudley no va a ser para nada sobresaliente. Por otro lado, Harry sí va a ser más estudioso, pero por razones que se desvelan más adelante, aunque no va a ser un Hermione masculino, levantando la mano en todas las clases. Él es Harry Potter, él es famoso y no le gusta; por eso prefiere no llamar la atención, aunque luego haga una buena actuación en clase y todo eso.

No sé qué decirte respecto a quedarse con los Weasley; podemos ver en la conversación Molly-Arthur que Dumbledore los apoya, presumiblemente ha conseguido que la custodia temporal de los chicos haya quedado en manos de los Weasley, así que ya es algo. El resto, hay dos fantásticos capítulos de juicio esperando hasta que se decida la sentencia de los niños.

No, Harry y Dudley no VAN a ser separados, lo que no implica que no intenten separarlos. Eso, ya lo verás en los siguientes capítulos.

¡Gracias por comentar! :DDDDDD

- mary2: los Weasley no son malos, te lo puedo asegurar. Por más negro que se pueda ver, ellos confían en Dumbledore, ellos harán lo que Dumbledore diga, y por más fuerte que el director sea, tiene que ser Harry el que acabe con Voldemort, así que sí, ellos apoyan a Harry. En mi historia no va a haber Bashing! (es decir, nada de utilizar a nadie...) Quiero hacer que la lectura sea lo más light posible, aunque no haya empezado bien matando a los tíos de Harry XD

Harry y Dudley no van a ser pareja, ni habrá enamoramiento entre ellos ni nada. Considéralos en una relación tipo Harry-Ron en el cannon (en sus buenos momentos, con Ron siendo el fiel amigo de Harry y acompañándolo hasta la muerte). No puedo tampoco afirmar nada, pero no creo que haya Slash (relación chicoXchico), pero si llega a haberla me comprometo a ponerlo en el resumen.

¡Gracias por comentar! :DDDDDD

Y ya ultimísima cosa: Muchas gracias a todos ustedes, los que comentan, followean o favoritean, y también a los ghost readers. Me hace mucha ilusión leer sus comentarios y realmente me ayudan mucho a fijar la historia en un curso con sus preguntas y consejos; hay cosas que si ustedes no las hubieran mencionado, yo habría pasado de largo, ignorando que son realmente importantes. Así que... ¡Muchas gracias a todos!

Paladium