O-O-O

Siempre puedes llamar a un profesional,

Pinchan alfileres en tu cara como si fueras un vegetal.

Niños por siempre, niños por siempre,

La suave piel de bebe se convierte en cuero.

No dramatices que solo es un poco de plástico,

Nadie te amara si tienes poco atractivo.

Melanie Martinez

O-O-O

Los siguientes días en el tren fueron una tortura. Hacíamos paradas para recargar el combustible cada seis horas, haciendo que nos retrasáramos bastante. A veces aprovechaba esas paradas para intentar escapar, pero apenas iba a brincar la barandilla del último vagón del tren o tirarme por la ventana, algo me decía que no lo hiciera. No sabía que era; quizás el collar o quizás la parte que aun estaba algo cuerda dentro de mi (bueno, en ese entonces, estaba perfectamente normal) De vez en cuando en esas paradas, veía un segundo tren siguiéndonos, donde iban los otros dos tributos. No podía dejar de pensar quienes podrían ser.

La única razón por la que salía de la habitación era para comer. Y siempre metía algo en mis bolsillos, por si acaso me daba más hambre luego. En la mesa se sentía un ambiente de odio inmenso. Nadie hablaba más de lo necesario. De vez en cuando alguien pedía que le asaran la sal o una servilleta. Pero fuera de ahí, nadie decía nada. Y como odiaba los silencios, comía lo más rápido posible, y regresaba a mi cuarto.

La segunda y última noche que estuvimos, recuerdo haber escuchado un grito proveniente de alguna de las habitaciones. Casi involuntariamente, brinque de la cama y salí corriendo a ver de qué se trataba. Cuando abrí la puerta, encontré a Maysilee parada enfrente de mí, con una manta en los hombros. Parecía que ella también había ido a ver que ocurría.

"¿Qué pasa?" pregunté moviendo mis labios. Ella se encogió de hombros.

Entonces, la puerta a lado de la mía se abrió, e Ilios salió de ella. Tenía un martillo en la mano, como si esperara que alguien saliera a atacarla. Primero nos miro a nosotros, y luego, cuando escucho que las cosas se caían y un grito mas, sus ojos se tornaron preocupados y corrió hacia el cuarto de Jano.

—¡A su cuarto los dos!—nos gritó antes de entrar completamente—.¡Ahora!

Maysilee obedeció sin rechistar. Sin embargo, yo me quede mirando un rato antes de irme, como si estuviera diciéndole quien no tenía pensado irme hasta ver como acaba todo eso. Porque de hecho, no tenia pensado irme. Era lo más interesante que había asado en todo ese rato, como me lo iba a perder. Aunque parecía que Ilios no iba a aceptarlo.

—He dicho ahora.—ordenó, señalando mi puerta—.Mueve tu afeminado trasero, y duérmete.

Fingí que me metía y cuando Illios dejó de prestarme atención, me regresé a la sala común para escuchar mejor.

—Jano, ¿en que estas pensando?—le preguntó, ocultando su ira—.No es un buen momento como para que decidas molestarte.

Asomé un poco mi cabeza, y lo vi sentado delante de su cama, ocultando su cabeza entre los brazos. Ilios estaba a una distancia prudente de el, y extendía sus brazos como si intentara calmar a un animal salvaje. Y de cierta forma, así era. No conocía muy bien a Jano en esos momentos, ero sabia que la gente loca era peligrosa. Le quise decir que tomara el martillo por si acaso, pero lo había dejado sobre el sillón.

—Déjenme ir…—murmuraba Jano—.Déjenme solo…

—No hay nadie aquí.—contestó ella—.Estás… bien. Estamos solos.

No estaban solos. Los veía yo.

—¿Cómo estas tan segura?—preguntó mientras se volteaba, revelando que tenia un par de enormes tijeras, con las que estaba amanazandola—.Tu no sabes lo que hubo en esa arena… tú no sabes si vienen por mí.

Ilios se atrevió a acercarse un poco más, seguro que con toda la intensión de tranquilizarlo, pero entonces, el sonido de las tijeras cerrándose fue lo que sonó. Ah, y un grito de horror.

—¡Mi cabello!—grito Ilios—.¡Has cortado mi cabello!

Jano se rió de una forma tan terrorífica, que me quitaron las ganas de reír a mí, y hasta casi logró que dejara de ver. La escena si era un tanto divertida, si le quitabas algunos detalles oscuros (como que estamos hablando de que estábamos en un pleno ataque de locura, por ejemplo) sobre todo porque Ilios no parecía de las típicas chicas que se preocupaban por su aspecto de esa forma. Pero la hacía. Ya me preguntaba yo el como lo hacía para mantener su cabello tan bien todos los días.

—¡Te lo mereces!—le gritó. Hasta allí le escuchaba la sonrisa maniática—.¡No deberías meterte entre los juegos y un vencedor!

Y ella perdió los últimos estribos que le quedaban. Sin pensárselo dos veces, Ilios se le lanzo hecha una fiera. Lo tomo de los hombros, y él comenzó a forcejear. Por suerte, había soltado las tijeras cuando choco con la pared. Ambos estuvieron empujándose mutuamente, hasta que finalmente, ella quedo arriba de el sobre la mullida alfombra que había en la habitación.

Tanto ellos como yo, guardamos silencio. Como si no supiéramos que hacer luego de eso. En mi opinión, era muy obvio. Ilios lo golpeaba, Jano intentaba hacer lo mismo. Ella se ríe de él, pero luego, saca su fuerza interior y comienza a atacarlo… eso es lo que yo pensaba que iba a ocurrir.

Pero al final, Ilios se puso de pie, y le extendió la mano a Jano, ayudándole a levantarse. Se miraron un rato más, hasta que él rompió a llorar.

Ella no se rindió en su intento por calmarlo. Lanzo un largo suspiro, antes de hacer cualquier movimiento. Después, simplemente se sentó a su lado, y mientras el seguía diciendo un montón de cosas sin sentido para nadie. Sin embargo, para ella si lo tenían. Tenían mucho sentido. Quizás nunca lo hubiera admitido, y mucho menos esa noche, pero sé que ella lo quería. En el fondo. Pero lo quería.

Al final, regresé a mi cuarto sin saber mucho de cómo termino todo. Cuando desperté al día siguiente, Ilios se había cortado el cabello en el mismo estilo que Jano, de tal forma que ella parecía hasta mas hombre que él. Fingí toser para ocultar mi sonrisa. Se veía tan diferente… Maysilee sonrió pícaramente. Seguro que ella también había escuchado todo. Pese a eso, nadie pregunto sobre el asunto ya que estaba más que claro. Aun así, Shiny le ofreció un broche con un sol de plástico pegado en el, porque pensó que "sería un bonito detalle que luciera algo femenina para los juegos" Se lo puso a regañadientes.

—En mi opinión como hombre, luces igual.—dijo Jano, mientras se tomaba unas pastillas de color naranja con un trago de café. Tenia una venda en su mano, y un rasguño en el puente de la nariz—.¿Sabías que Ilios significa sol? Es una ironía. Ja…

O-O-O

Después de dos días, llegamos al Capitolio. Definitivamente, no tenía nada que ver con el Distrito 12: los edificios eran altos, estaba lleno de gente alegre con trajes muy poco discretos, colores raros, y sobre todo, vida. Había algo que hacía sentir que estaba vivo de cierta forma. Como si los edificios respiraran. Maysilee y yo estábamos pegados a la ventana, viendo todas las maravillas que nos estábamos perdiendo desde hacia dieciséis años, con Jano mirándonos detrás. Creo que sonreía, como si estuviera orgulloso de nosotros por alguna razón.

—¿Les gusta?—pregunto acercándose y pegando su nariz contra el vidrio también.

—Es muy lindo.—contesto Maysilee sonriente—.Nunca había visto edificios tan altos.—se dirigió a mi y siguió preguntando:—¿Cuántas clases de dulce que crees que tengan? De comida en general.

—Uf, miles.—aseguré—.Quizás coman perros asados. O niñas rubias preguntonas.

—Ugh, no.

—¿Y a ti Haymitch?—me preguntó Jano—.¿Te gusta?

—No está mal.—conteste—.Aunque la gente se viste extraño.

—Si, tiene modas curiosas.—contestó riéndose un poco.

Yo mire a Ilios, y ella estaba viendo por la ventana también. Pero apenas se dio cuenta que la estaba mirando, me miro también, con una ligera sonrisa.

—¿Recuerdas cuando fuiste mi mentor, y la escolta tenia literalmente un gato en la cabeza?—le preguntó a Jano, riéndose un poco por debajo—.¿Y que Augustus le hecho un sermón sobre el maltrato animal, pero que Pail le contestó "Habla con la mano"?—y cuando termino de decir lo último, puso su mano frente a mí.

Mi cara debió ser muy sorprendida (por lo del gato, porque no soporto a los gatos, y mucho menos en mi cabeza) porque tanto ella como Jano se comenzaron a reír muy fuerte. Yo intente enojarme con ellos por hacer burlas de mi sin que yo las entendiera, pero creo que hasta me sentía feliz porque finalmente se estuvieran riendo juntos y no intentaran matarse con jarras de vino. Y él le daba de las pastillas durante la cena. Un avance bastante grande. Si querían ayudarnos, entonces deberían llevarse bien entre ellos.

—¿Quién es Augustus?—preguntó Maysilee.

Ilios de inmediato se dejo de reír. Y parecía que a Jano también. Casi me palmeo la cara ahí mismo. Niña, pero si se notaba a leguas que había preguntado una imprudencia de pregunta.

—Ya no importa.—contestó Ilios, volviendo a recargarse en la ventana—.Esta muerto. Lo mató el hijo de puta del tres…

—Era su novio.—le contestó Jano a Maysilee, con evidente tristeza—.Salieron juntos en la cosecha. Yo estaba ahí.

Recuerdo que hace cinco años, cuando fueron los juegos de Ilios, ella hizo una alianza con el otro tipo del 12 apenas salieron de la cornucopia. Una chica de mi escuela decía que ella había escuchado que eran novios, pero yo no la conocía y pensaba que estaba inventándolo todo, además de que ellos ni siquiera se tocaban cuando estaban en el desfile o hablaban de ellos durante las entrevistas. Hubieran sido los "trágicos amantes del distrito 12" de su generación.

—Alguien del tres me tomo por el cabello cuando corríamos y cuando el intento ayudarme, lo mato.—decía, sin dirigirse a nadie en concreto—.Ese hijo de puta del tres…

—Si veo a alguien del tres, lo mataré sin dudarlo.—le dije al ver que estaban comenzando a pasársele los efectos de la pastilla. No quería que matara a nadie, al menos por el momento.

Ilios sonrío. Pero no es una sonrisa buena, es más bien como… burlona. O quizás triste. Las sonrisas pueden representar tantas cosas.

—Claro, se que lo harás…

O-O-O

Apenas llegamos, nos pusieron bajo custodia total del Capitolio. Vi que los chicos te otros distritos bajaban, con sus bonitos cuerpos y sus miradas encantadoras, siempre ganándose a las cámaras. Parecía que Ilios se indigno un poco y hasta le susurro a Jano algo como que nosotros también existíamos y que dejaran de hacerse los tontos. Pero por mi parte, a mi me daba igual completamente. Yo esperaba al tren donde vendrían los siguientes tributos; pedía que fueran lo suficientemente tontos como para no representar ninguna amenaza a la hora de pelear. Si, hasta yo acepte que me asustaba el pensar así.

Maysilee pidió a nuestros mentores que nos quedáramos un rato más para conocer a los otros tributos. Sonó como una niña nueva en la escuela que decía que quería conocer a sus compañeritos del curso. Nada más alejado de la realidad. Después de unos cuantos ruegos suyos y muy pocos míos, nos dejaron. Me alegre de que todas las cámaras se enfocaran en los chicos de otros distritos, en especial en el distrito cinco que tenía un par de gemelos como tributos masculinos. Por lo que entendí, ambos habían sido cosechados y a las personas le había parecido sumamente trágico. Y a mí me había parecido una coincidencia muy grande…

Unos treinta minutos después, cuando la estación ya casi estaba vacía por completo, el tren del distrito doce llego dando pequeños trompicones y soltando largas columnas de humo. Se detuvo soltando todo eso sobre nuestras caras, haciéndonos toser a todos y dejando ver los zapatos más reconocibles que pudieron haber existido para mí en ese momento. No pude evitar abrir mucho los ojos, intentando decidirme en que pensar (aunque no importaba. Al final de cuentas, sería solo yo el que lo sabría)

Richie. Richie Ucan El tipo que me había puesto en evidencia, estaba bajando del tren. Tenía la misma mirada que debía haber tenido yo en el momento que dijeron bien alto mi nombre. Asustado, perdido, intentando huir de alguna forma… El karma nos llegaba a todos tarde o temprano.

Richie miro hacia el interior del tren y dijo algo que no alcance a entender. Sin embargo, sí que entendí el tono. Uno tierno. Uno que jamás hubiera esperado oir de el. Entonces, poco a poco, la segunda tributo se fue dejando ver. Se veía algo mayor que nosotros, sin embargo, Richie la tomo de la mano y la ayudo a bajar. Ella miraba hacia todos lados, como si estuviera confundida de donde estaba.

—¿Dónde estamos?—le preguntó.

—Oh bueno… estamos en el Capitolio.—le contestó.

Yo seguía muy sorprendido. No tanto porque estuviera viendo a mi némesis hablándole cordialmente a alguien, sino porque ambos estábamos en los juegos. Y realmente, no sabia como sentirme respecto a eso. ¿Alegre por matarlo? ¿O triste?

—Hey…—los llamo Jano cuando se percató que los buscaban con la mirada.

Ambos lo voltearon a ver con sus ojos grises del Veta, algo aliviados. Pero justo cuando Richie me miro a mi, se horrorizo casi por completo.

—Richie…—salude, inclinando un poco la cabeza, como un caballero.

—Haymitch, yo…—no le permití terminar la frase.

—Bienvenido al club, idiota.

Me alegraba que estuviera así de indefenso, de esa forma, no podría golpearme ni hacerme nada. Sobre todo porque ahí había adultos. Adultos, que hasta donde sabia, estaban más de mi lado que el del suyo.

—Bueno, veo que ustedes dos se conocen.—dijo Jano, arreglándose los lentes—.¿Son amigos o algo así?

—Algo así…—contestamos al mismo tiempo.

—Hola, me llamo Ein—saludó ella, extendienle la mano. Jano sonrió un poco—.¿Cual es su nombre?

Su tono de voz me recordaba a el de una niña de nueve, por alguna razón. Quizás era en su forma de presentarse, o en como actuaba aun siendo tributo. Me daban ganas de sacudirla y gritarle "Eh, ¿hola? ¿Sabes en donde demonios estamos? ¡Estamos en los putos juegos del hambre! ¡No hay tiempo para formalidades!" Sin embargo, tuve la suficiente prudencia para no decirlo.

—Mucho gusto, Ein.—contestó—.Me llamo Jano.

Ella le sonrió.

—Ella es Ilios.—la señaló —.Y ellos son tus compañeros tributos.—y nos dio un ligero emujon para que diéramos un paso enfrente.

—Hola, ¿Einlenia Sinla, cierto?—saludo Maysilee—.Te he visto en clases. Te sientas a lado de mi hermana.

—Oh, ¿eres la hermana de Marelee? Debí suponerlo, son idénticas.

—Es porque son gemelas.—le explico Richie.

—Creo que lo sabe.—le dije, malhumorado.

Poco tiempo después, los tres se fueron se fue con su equipo de preparación y yo me quede solo, esperándolo. Tres mujeres, vestidas aun peor que Shiny, llegaran y se presentaron como Lane, Wondy y Rose. Ellas ya deberían saber mi nombre, así que no perdí tiempo en presentaciones. Ni ellas tampoco. Me metieron en una habitación y me obligaron a usar una bata mientras decidían que hacer conmigo. Yo me dedique todo ese rato a mirarme las uñas y el techo. Cuando terminaron su larga conversación, empezaron quitando algunas imperfecciones del rostro y cortarme lo que decían que eran partes demasiado largas del cabello.

¿Qué si me negué?

Si. Y mucho. Más que Ilios.

—¡Pero a mí me gusta mi cabello largo!—exclame enfrente de Rose. Lo había tenido hasta poco debajo de la barbilla desde que tenía diez, y no pensaba cortármelo así como así. Menos en para complacer a los capitolinos. Además, lo adoraba. Astéri decía que era lo que mas le gustaba de mi aspecto.

—Se que te gusta cielito, pero no es el corte que queremos para ti.—contestó ella sonriendo sintéticamente.

—Tienes facciones muy interesantes.—dijo otro de ellos—.Y nosotros tenemos el corte perfecto para ti. Definitivamente, el cabello largo te hacia lucir más grande de lo que eres y eso no va con el espíritu de los juegos.

—¿Y eso que tiene?—pregunte—.Me guste verme mayor, sirve para que no me molesten en el instituto. ¿Qué prefieren ver a niños matándose?

Y sin más, Rose miro a Wondy y esta, me pasó las tijeras por detrás de mi nuca, cortando sin remedio mi cabello. Casi suelto un grito, pero por suerte, logre mantener la boca cerrada. Imagine que mi cabello caía lentamente, hasta llegar a meced de los altísimos tacones de la loca mujer que no paraba de jugar con las tijeras, usando mi cabello como patio de recreo.

—Las odio—les dije sin rechistar.

—No seas dramático—se quejó Lane—.Haremos un trabajo estupendo cuando terminemos. Nos darás las gracias incluso.

Por más que nos habían dicho a mi y a los demas que no nos quejáramos de lo que nos hacían, yo no pude evitar aguantarme no hacer algunos comentarios sobre lo que hacían y sobre que no quería terminar como ellos. Me llegue a meterme con la nariz de Lane, que la tenia sumamente grande a mi parecer. Parecían muy aliviadas cuando terminaron y se fueron; incluso escuche como murmuraban entre ellas lo mucho que habían querido dejarme calvo. Que su hubieran atrevido las muy zorras. Probablemente les terminaría clavando sus adoradisimas las tijeras en la cara llena de maquillaje caro.

No podía dejar de pensar en que si mi equipo había sido así de idiota, mi estilista tenía que ser peor. ¿De qué nos vestiría? ¿De alguna especie de carbón gigante? Una vez lo habían hecho, cosa que había sido de lo mas racista, considerando que uno de los tributos era bastante moreno a comparación de los otros del 12. Solo esperaba que no me pusieran un gato por sombrero considerándolo genial.

—Hola.—saludo una hombre entrando a la habitación después de unos minutos de espera—.¿Tu eres del Distrito 12?—pregunto.

—Si…—conteste en un susurro. Tenía ropas muy similares a la de los demás, un traje de color amarillo mostaza, el cabello negro con mechones del mismo color y la cara empanizada de maquillaje blanco. Daba la sensación de ser algún payaso bien vestido para fiestas infantiles o algo así.

—Me llamo Frankail, tu estilista.—se presentó, extendiéndome la mano.

Sin embargo, yo no la acepté.

—Hola Frankail mi Estilista.—contesté en tono sarcástico.

Frankail notó de inmediato mi gesto de no querer hacer buenas migas y se sentó. Aunque estoy casi seguro de que el tampoco quería hacer ningún tipo de contacto conmigo. Solo era un simple pueblerino del doce y el toda una persona importante, llena de prestigio entre la gente del Capitolio. Tanto prestigio como para que le asignaran al distrito doce.

—¿Cual era tu nombre?—lo decía como si realmente no le interesara.

—Elián.—mentí por alguna razón—.Y esto lo prueba.—agregué mostrándole el collar que tenia en el cuello.

—Muy divertido.—contesto. Por el tono que usó, creo que no le pareció muy divertido—.Pero no es cierto. Te llamas Haymitch Albernathy.—no le dije nada—.¿Qué opinas de los Juegos? ¿Estás emocionado?

—Emocionado de mi muerte, pero por supuesto.—dije—.No tengo ninguna familia que me extrañara, no te preocupes.

—Oh, tienes una familia.—murmuro mientras sacaba cosas de una maleta que había traído con el—.¿Por que no me cuentas de ella? Quizás te sirva para que entremos en confianza.

¿Qué es esto? ¿Una especie de interrogatorio? Hasta creía que le iba a decir detalles sobre mi vida en el distrito 12 a ese hombre que acababa de conocer hacia, ¿Qué? ¿Cinco minutos? Seguramente solo lo hacía porque tenía ganas de reírse de lo patética que era mi vida a comparación de la suya. Me lo imagine dentro de unas horas, partiéndose el culo de risa junto con sus otros compañeros estilistas sobre todo lo que pasaba en mi distrito.

—Tengo una madre y un hermano.—comencé a contar haciéndome bolita—.Y una novia. Y ya…

—Vaya, novia.—dijo alzando sus tatuadas cejas como sorprendido (aunque no lo estaba realmente)—.Entonces te va bien con las chicas en el instituto.

—Supongo…

—¿Sabes que sigue?

Desgraciadamente lo sabia. Así que asentí y contesté:

—Me prepararan para el desfile… ¿verdad?

O-O-O

Cuando vi el traje con el que me vistieron, realmente pensé que mi estilista había sido demasiado perezoso como para pensar en algo mínimamente decente. Si, sabía que tenía que representar al distrito del que venía y que una tontería así no seria ninguna sorpresa, pero esto ya era una exageración.

No esperaba vestirme con un traje de minero hasta los 18, cuando me metieran en las horribles minas de carbón. Y quedarme cubierto de este hasta ese momento. Me entraba a los ojos y a las orejas, haciendo que tallara esas partes cada dos minutos.

Lo peor es que el traje ni siquiera me quedaba bien. Era al menos tres tallas más grande que la mía, y los tirantes del overol se me caían de los hombros cada vez que los movía. Y siendo alguien que se comunica casi totalmente por asentir o encogiendo los hombros, era algo complicado vestir así.

Vi a los demás tributos de reojo; todos lucían trajes sumamente elaborados. Los del uno tenían coronas de diamantes y espadas en las manos. ¿Qué tan legal era eso? Se supone que no pueden usar coronas hasta que haya un vencedor. Pero bueno, tratándose del uno… los del Capitolio se harían muy de la vista gorda con ellos.

—No estén nerviosos.—me dijo Frankail, mientras me empolvaba por última vez con la mejilla con el polvo negro que simulaba ser el carbón—.Intenta parecer simpático, la primera impresión nunca se olvida.

Estuve un rato recargado sobre el carruaje un rato, intentando aparentar ser el típico chico que no quiere hablar con nadie. De vez en cuando, levantaba la mirada del suelo y me fijaba en otros tributos. Sabias fácilmente quien era de que distrito, solo con mirar sus ropas. A los del cuatro les pusieron redes sobre vestidos blancos, con peces de fantasía. Los del dos usaron armaduras blancas similares a los agentes de la paz. A los gemelos un traje con muchos focos y que sacaban algunos rayos. No eran los mas originales, pero si mucho mejores que los del doce. Tuve ganas de matar a Frankail de un golpe en la cabeza con mi pesado casco de minero, que hacía que mi propia cabeza de ladeara de vez en cuando. Demonios, si dolía.

Después de que me quitara el polvo de los parpados, escuche como unos pasos presurosos retumbaban por el lugar. También eran seguidos de algunos cuantos quejidos y murmullos por parte de otros tributos. Asome la cabeza por sobre el carruaje y vi a tres mineros corriendo y empujando a todos para poder llegar a donde yo estaba. En la punta de todos ellos, estaba Maysilee, quien empujo a la chica del siete antes de llegar derrapando y dándose contra el carruaje.

—Excelente llegada, chicos.—dije con sarcasmo—.Ahí quedo la princesa del dos, ¿Por qué no vas a empujarla, Maysilee?

—Porque de eso ya se encargo Richie.—contestó mientras lo miraba con los ojos entrecerrados.

—Me encanta su vestido…—murmuro Ein con expresión soñadora.

—¡Súbanse al coche!—exclamo Frankail, justo cuando iba a contestarles—.¡El desfile ya va a comenzar!

Maysilee subió al coche de un brinco, y me extendió la mano para ayudarme a subir. La acepte, y de un tirón me metió con ella. Luego, mientras ella se acomodaba, Richie pasó a lado de mí, para sentarse hasta la otra punta del carruaje, y yo decidí hacer mi buena obra del día y ayudar a subir a Ein.

—Deja te ayudo…

Ella subió casi sola. No tuve que hacer mucho esfuerzo.

—Creo que ella ya sabia como subir.—me dijo Richie, justo con el mismo tono que yo había utilizado unas horas antes con el.

—Al menos fui caballeroso.

—Es mi prima.

Ahí fue cuando note el parecido entre ellos; aunque bueno, todos los del Veta nos parecíamos entre nosotros. No era de extrañarse. Podría decir que mi madre era mi hermana, que la Astéri era mi abuela, e Ilios mi hermana y todo el mundo nos creería.

Entonces, nos indicaron que teníamos que salir. Los caballos arrancaron tan deprisa, que me fui ligeramente para atrás. Las personas parecían fijarse mucho en los primeros distritos y casi parecía como si nosotros no existiéramos. No me extrañé mucho. Sin embargo, las cámaras nos enfocaron y nos pasaron en la pantalla en un momento. No quería que lo hicieran. Pude ver como todos se rieron de nosotros, como si fuéramos una de sus comedias tontas que pasaban por televisión.

Cuando llegamos al centro de todo, salió el Presidente Snow. Habló del Vasallaje, de lo importante que eran los juegos sobre todo ese año, y un montón de cosas que realmente no quería escuchar. El era el culpable de todo esto, de que no volviera a ver a mi familia, de que todos nosotros muriéramos, de haber sido el hazme reír de todo el país… Cabrón, cabrón, cabrón… Lo sigo odiando. Por todo lo que me hizo.

Mientras escuchaba y refunfuñaba en mis adentros, sentí como Maysilee buscaba mi mano y la apretaba fuertemente. La voltee a ver y note que apretaba los dientes, como si estuviera reteniendo un fuerte grito. Y lo mismo hacia con mi mano, la cual sentía apunto de explotar. No le dije que parara porque pensé que seguramente odiaba tanto a Snow como yo. Era un ser humano despreciable. Mira que mandar a niños y adultos a matarse entre ellos solo para su diversión y el de toda la gente sanguinaria del Capitolio.

Finalmente, después de lo que yo sentí como si hubieran sido horas, el desfile acabo y todos pudimos regresar a con nuestros estilistas. Estaba aliviado que mi sangre podía volver a circular.

—Lo siento, pero es que no encontré otra forma de no matar a nadie.—se disculpó torpemente.

—No pasa nada.—contesté, porque enserio no pasaba nada—.Solo si me prometes que cuando quiera matar a alguien, me dejaras hacer lo mismo con tu mano.

—Cuenta con eso.

—¡Pero si lo han hecho de maravilla!—exclamo la estilista de alguno de los otros, a quien yo no conocía en absoluto—.¡Apuesto que pronto habrá cientos hablando de ustedes!

Nos estaba mintiendo cruelmente. Lo supe aun antes de que Maysilee y yo nos volteáramos a ver, parpadeando sarcásticamente.

—¿Enserio te gusta?—le pregunto Ein—.Creí que se me veía muy mal.

—Oh no querida, te ves genial.—afirmó la mujer, sonriente.

—Ilios y Jano nos esta esperando.—dijo Frankail rompiendo el silencio que se había hecho—.Seguro que ya es hora de la cena.

Si, no he actualizado. ¿La razón? Bueno, es que pasaron tantas cosas en estos últimos dos meses, que siento que mi mundo ya no esta siendo como el de antes. Todo cambio demasiado rápido. Además, tenia muchas ideas ara este fic, y siempre habia algo que corregir en este cap. Hice como tres versiones de los otros tributos, hehe.

Alphabetta: Bueno, parece que has atinado. Admito que bueno, en los primeros capítulos no fui muy explicita en esas cosas, así que decidí corregirlos un poco, agregando un poco mas de explicaciones sobre el asunto :D

Dios, enserio, cada vez que alguien le dice que mis Ocs le han gustado, me siento super aliviada y feliz. Se que a veces ese tipo de personajes no son tan bien recibidos en los fandoms en general, ya que suelen ser aburridos, pero me alegra que me des a conocer que llevo mis personajes bien. Bueno, la verdad, escribir a Ilios es muy divertido. Es joven y todo, pero muy confiada y fuerte, todo lo contrario a su compañero. Ambos tomaron su victoria en los juegos de distinta manera ):

Siempre he pensado que Haymitch es así; como escondiendo todos sus sentimientos y luego derrumbarse en privado. Me gusta mucho esa idea de cierta forma, como que te da inspiración, jaja. Tuve que pensar mucho es como seria esa parte, ya que quería que fuera real, pero también divertida. Y pues… salió eso XD

Si, a mi nunca me han gustado realmente los triangulos amorosos demasiado obvios. Incluso, tengo que admitir que eso fue algo me molesto un poquito de la saga en general, ya que a mi me hubiera gustado mas que Katniss y Gale se quedaran como simples amigos, pero bueno, de todas formas se hizo un buen trabajo manejándolo. ¡Un saludo a ti también!

Prometo estar más seguido por aquí, y no dejar mas fics abandonados. También esperen algunos fanfics mas de esta saga. Tengo muchas ideas en mente.

Nos leemos!