Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

Notas: ¡Hola, lindas y lindos! Me es una alegría traerles éste nuevo capítulo. Espero que les guste :D Sigh, sé que me tarde otra vez, les pido una disculpa. Lo que pasa es que los días se me van como arena entre los dedos y de repente, en un parpadeo, ya pasó un mes. Pero descuiden, los capítulos se pueden leer por separado, no tienen una continuación, cada capítulo es una pequeña trama diferente, es lo bueno.

Gracias por los bellos reviews:

Hime-uchiha-nami: ¡Hola! Muchas gracias por tu apoyo y por saber esperar :) Estoy muy feliz de tener una lectora como tú. Cuídate mucho, linda.

lavida134

KattytoNebel

andy'hina

inusatiga

MR. Chess96

Tobi Uchiha-chan

dharaaishani

fuegoenelmundo: ¡Hola! Muchas gracias por tu review. Lamento la espera :c Y te agradezco tus palabras hacia el fic :D ¡Abrazo asfixiante!

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La asistente de Rokudaime Hokage

Capítulo 4: Eso no es moda


―No –dijo Hinata terminantemente. Su voz se escuchó firme y su mirada no rehuyó.

―¿Por qué no? –se extrañó Kakashi mirando de nuevo el vestuario que había mandado pedir.

―¿Quiere que Tsunade-sama vuelva a dejarlo en el hospital? –Hinata le reprochó. De la mesita de al lado tomó un vaso con jugo y una pajita, después le dio de beber a Kakashi, quien por cierto, estaba acostado en una camilla de blancas sábanas, con una pierna rota en dieciséis partes, el cuello con un collarín, un brazo enyesado y varios dedos fracturados.

―Oh, ¿así que fue ella quien me golpeó? Ni siquiera alcancé a verla, solo vi oscuro. ¿Cómo pasó, Hinata-chan?

La muchacha soltó un suspiro de cansancio y empezó a relatarle la historia.

-o-


Hace tres días.

El día estaba muy aburrido. Los canes estaban tranquilos. Hinata estaba del otro lado del escritorio haciendo papeleo. Y él solo estaba sentado, con los pies sobre el alfeizar de la ventana, mirando hacia afuera un tranquilo atardecer. No había misiones ni problemas, todo estaba en calma. Lo único para lo que se requerían los ninjas era para hacer trabajos manuales. Como había mucha baja de misiones, Konoha se estaba preparando para un cambio drástico. Había que sacar dinero a como diera lugar para los aldeanos. Por lo pronto, los ninjas de nivel genin y chunin eran muy solicitados para las tareas domésticas, o de otra índole manual, por lo que tenía que pensar en qué ocupar a los de rango mayor.

Por ejemplo, Yamato había encontrado un buen negocio haciendo casas de madera. Shiranui Genma se había alquilado para citas y las jóvenes y señoras estaban locas por sus servicios. Morino Ibiki había decidido poner todo su conocimiento sobre técnicas psicológicas y de tortura en una trilogía de libros a la que llamó "50 sombras de Morino". Cada quien trataba de generar sus propios ingresos, pero había algunos que no sabían hacer otra cosa más que matar. A esos había que buscarles alguna manera de sostenerse antes de que se volvieran locos y causaran problemas. ¿Pero qué?

―Hokage-sama –escuchó la vocecita de ella –Tiene que firmar estos pergaminos.

Kakashi la escuchó pero no volteó inmediatamente. Se quedó viendo la rueda gigante de color fuego metiéndose allá en el horizonte.

―¿Hokage-sama?

―Hay que salir –determinó, sin moverse.

―¿N… nani?

―Estoy pensando demasiado. Tenemos que salir –se levantó en seguida de su silla y empezó a caminar rápidamente –Vamos chicos –los canes se levantaron un poco perezosos.

―Ho… Hokage-sama, es importante firmar estos pergaminos –se apresuró a darle alcance, pero Buru; el Bulldog café y grande, tapó por completo la salida. Se había quedado atorado. El pobrecillo pataleaba para poder salir y Hinata lo empujó con suavidad, sin embargo, una vez que salió, Hinata cayó de lleno sobre la espalda del perro y éste volteó hacia ella y le gruñó ferozmente –¡Waa! ¡Lo siento! –se alejó en rastras con sumo nerviosismo. Luego el can dio la vuelta y siguió su camino como si no hubiera pasado nada.

Sentada, Hinata soltó un suspiro de alivio y luego se dio cuenta de que los pergaminos que traía en la mano se habían arrugado y roto de algunas partes con el traqueteo de huir del perro.

Se dejó caer sobre el suelo de madera cómicamente, con los brazos extendidos. Miró el techo y pensó en todo el esfuerzo que invirtió para que esos pergaminos le quedaran bonitos. Todo para nada.

―¿Por qué a mí? –lamentó, cansada.

De pronto escuchó un par de pasos llegar sobre su cabeza y antes de que Hinata pudiera hacer algo para levantarse, Genma Shiranui estaba con las rodillas flexionadas, el senbon entre los labios y una ceja enarcada, mirándola con curiosidad.

―¿Qué haces allí, chica asistente? –le preguntó.

Hinata abrió grandes los ojos y se puso de mil colores. Sus manos temblaron al igual que su boca.

―Y… yo…

No pudo ni siquiera terminar esa oración cuando vio una gran masa café saltando sobre ella y haciendo que Genma desapareciera de su visión. Hinata parpadeó un par de veces sin comprender lo que había pasado.

―¡Buru, mátalo! –escuchó la voz inconfundible de su jefecito.

La gran masa café era el Bulldog y… ¡Estaba sobre Shiranui Genma!

―¡No, Buru! –gritó ella, rodando a la mitad para poder ver mejor lo que pasaba.

Efectivamente Genma estaba en el suelo con el hocico de Buru apretando su cuello. Aquél panorama espantó a la Hyuga.

―¡Shiranui-san! –se aterró –¡No me estaba haciendo daño!

―Está bien, Buru –dijo Kakashi tranquilamente, como si solo estuviera viendo un aburrido programa de televisión –Déjalo vivir un poco más al desgraciado.

El perro soltó a Genma y éste respiró desesperadamente, jalando aire hacia sus pulmones.

―¿Se encuentra bien? –Hinata logró hacer que sus piernas respondieran y corrió en auxilio del castaño –Hokage-sama, él no estaba molestándome –explicó angustiada.

―Lo sé –Kakashi se encogió de hombros.

―¿Lo… lo sabe? –la peliazul arqueó una ceja.

―No es tu culpa –logró hablar Shiranui después de haberse recuperado –Es Buru, me odia. En una misión pasada con Kakashi, el perro se atravesó y mi senbon le dio de lleno.

―Que yo recuerde, tú erraste tu tiro.

―Que yo recuerde, en esa misión no era necesario llevar tus canes, creo habértelo dicho.

―Que yo recuerde, el uso de Ninkens es de vital importancia para una misión de búsqueda.

―Que yo recuerde, teníamos ubicado al sujeto…

―Que yo recuerde…

Hinata puso los ojos en blanco… si eso era posible. Los hombres empezaron a pelear frente a Buru y ella. Los demás canes no tardaron en venir llegando de nuevo, esperando a que la pelea verbal de sarcasmos acabara.

-o-


Caminaban por las tiendas del centro en Konoha. Los aparadores mostraban la nueva moda extranjera que había llegado después de la cuarta guerra. Los atuendos eran mucho más vistosos, modernos y… cortos. Sobre todo la vestimenta femenina. Las blusas de red estaban de moda, pero ahora sólo se llevaba un pequeño top debajo. Nada más. Los vestidos para kunoichis eran más abiertos y ya no se usaban mayas o vendas debajo de ellos.

Curiosamente, Kakashi inspeccionaba más los aparadores que tenían maniquís con ropa femenina que los que mostraban atuendos masculinos. Hinata se preguntó si el Hokage tendría acaso una novia… o una hija, ¿Quién sabe?, podría ser. O tal vez era de esos hombres que les gustaba vestirse de mujeres cuando nadie los veía…

Hinata sonrió de medio lado ante esa posibilidad mientras iba un poco detrás de su jefecito. De repente, Kakashi se detuvo frente a un aparador en particular y con el dedo apuntó sobre el vidrio.

―¡Ese es perfecto! –declaró emocionado, como si hubiera encontrado la aguja perdida en el pajar –¡Hinata-chan, vamos adentro!

―¡No se aceptan perros…! –les gritó la dependiente –¡Oh, Hokage-sama! ¡Adelante, su deidad, su excelencia, su superioridad!

―Qué buen recibimiento –sonrió el peliplateado y luego volteó hacia su asistente despectivamente –A ver si aprendes algo –le susurró entre dientes y luego volvió hacia la dependiente, quien ya le estaba poniendo una silla con cojín. Los Ninken estaban muy tranquilos y cada uno se sentó al lado de su dueño.

―¿En qué puedo ayudarlo, su bondad…?

―Quiero probar ese atuendo negro –señaló.

―¡Desde luego, su excelencia poderosa, su semi dios shinobi! Vamos, niña –la estiró del brazo de mala gana.

―¿Qué? ¿Yo? –Hinata se vio totalmente sorprendida.

―No, los perros, ¡Claro que tú! –le dijo la dependienta gorda, metiéndola en una esquina que tenía cortina negra –Quítate la ropa, iré por tu vestuario –y de un tirón cerró la cortina.

Hinata se quedó sola y sin saber qué hacer. De pronto, por arriba, le cayó una especie de tela. La extendió frente a ella para verla y…

Unos segundos después, un grito femenino de terror se escuchó por toda la tienda… y tal vez por toda Konoha.

Kakashi, quien por cierto leía su famoso libro, solo levantó las comisuras de los labios.

―¿No crees que te estás pasando con Nata-chan? –le preguntó Pakkun con su cara seria.

―Nah.

―Su alteza, la niñita ésta no se quiere probar la prenda –dijo la dependienta muy preocupada.

―Bien… -Kakashi eligió otro atuendo y la señora gordita se fue muy feliz.

A los pocos minutos, otro grito desaforado cimbró los cimientos del local.

―Vamos, Hinata-chan, algún uniforme tendrás qué usar para ser mi asistente –escuchó la voz de Kakashi detrás de la cortina.

―¡No se atreva a entrar! –chilló la joven.

―Ante todo, soy un caballero.

―¡Es un uniforme de enfermera!

―Apuesto a que se te ve lindo.

―¡No!

―Bien, te buscaré otra cosa…

―¡Hokage-samaa! –escuchó una especie de llorido lacrimógeno.

―Nata-chan –la llamó Pakkun con voz baja después de que el peliplateado se había ido –Solo síguele el juego, verás que se aburrirá pronto. Lo conozco bien.

―¿Estás se… seguro, Pakkun? –su voz sonaba insegura.

―Sí que sí.

―De acuerdo.

Kakashi estaba aburrido en su silla esperando a que Hinata estuviera lista. Había prometido conservar el último atuendo que Kakashi le consiguió, pero él no le creía nada. De pronto, la cortina finalmente se abrió después de varios minutos. Hinata traía consigo un conjunto entre lila y rosa, con encaje blanco. Era un vestido que le llegaba a la mitad de las piernas, de mangas cortas adornadas con listones y un moño grande de color fucsia sobre el pecho, y terminaba en una falda de holanes pequeños pero gráciles, además unas mayas lilas cubrían sus piernas, pero dejaban una parte libre. Y como toque final, sobre la cabeza llevaba unas orejitas de conejo lilas.

Kakashi la escrutó con la mirada. Era blanca. Inocente. Y estaba sonrojada. Se sujetaba las manos y miraba hacia el suelo, en un gesto total de sumisión. El Hokage abrió grandes los ojos y sintió que le dolía la nariz. Se volteó en seguida, levantándose.

―Muchachos, nos vamos. Hinata, quítate eso en seguida. Nos vamos en cinco –declaró todo rápidamente, como si fuera una orden de guerra.

"Funcionó, Pakkun", pensó la ojiblanca con una media sonrisa.

Después de allí, todo pasó como en cámara lenta.

Kakashi dio un par de pasos.

La campanilla que anunciaba un nuevo cliente, sonó.

La dulce sonrisa de la cliente embarazada estaba tranquila, pero esos ojos miel repararon en la muchacha vestida de conejita. La reconoció, era Hinata. Y un poco más adelante estaba Kakashi, quien caminaba sin verla. Pasó por un lado de ella e hizo un poco de viento que movió milimétricamente los cabellos de la rubia.

―Mue… re –susurró, apretando un puño.

―¡Tsunade-sama! –gritó Hinata.

Los perros ladraron.

Kakashi, confundido, volteó para ver qué pasaba. Pero no pudo investigarlo. Sus ojos se encontraron con un mazo fuerte que lo mandó a la lona casi al instante en que Hinata gritó.

Después de ahí… la memoria de Kakashi marcó "Game over".

-o-


Ahora.

―Ya veo, ya veo, así que era ella –musitó Kakashi, entendiendo por qué estaba en el hospital.

―Sí, así que ya no me mande pedir ropa –Hinata tomó el vestido rojo y lo miró por un momento, tal vez si le agregara una tela rosa por debajo quedaría bien, y más largo.

―¿Qué? ¿Te gusta? –sonrió debajo de su máscara.

Como si la quemara, Hinata aventó el vestido sobre el sillón cercano.

―Claro que no. M… mejor me apuro a darle chakra curativo en esa mano… hay muchos pergaminos qué firmar.

Hinata concentró chakra en sus palmas. El especial y puro chakra verde comenzó a emanar profusamente y ella lo colocó sobre la mano de su Rokudaime. El hombre, ya muy tranquilo, la observó cómo se concentraba en curarlo.

Sonrió de medio lado. Le agradaba tenerla como asistente. Solo a ella. Y no es que el hecho de tener niñera le agradara, sino más bien que precisamente Koharu-sama hubiese escogido a Hinata para el trabajo y no a otra chica.

Ella era perseverante. A pesar de todas las que le había hecho, no había escuchado ni una sola queja por parte de ella.

―Y las que faltan –se rió Kakashi en voz alta.

―¿Cómo? –preguntó Hinata.

―Nada, nada. Tú prosigue –sonrió misteriosamente de medio lado bajo su máscara.

La Hyuga asintió.

―Tu chakra Hinata… es tan cálido –dijo él con una voz dulce. A Hinata le extrañó aquél tonito –Mi mano… se siente tan caliente… -La pobre Hyuga abrió grandes los ojos y fue una ardua labor mantener el chakra verde a flote y no cortarle la mano –Te sonrojaste, gatita.

Y en ese justo instante en que la llamó de esa manera tan provocativa, Tsunade Senju abrió de golpe la puerta de la habitación.

―¡AH! –Hinata lanzó un grito, asustada tanto por la voz ronca de Kakashi en su oído como por la entrada de cataclismo de Tsunade. Y del susto había descuidado el chakra.

Kakashi e Hinata miraron con los ojos abiertos como platos el muñón sangrante de la muñeca del Rokudaime.

Segundos de silencio.

Y después histeria, pánico, sangre a chorros. Los gritos y lloriqueos de Hinata.

―¡Mi mano! ¡Mi mano! ¡POR RIKUDO! –Kakashi gritaba sin poder creer que su propia mano estaba caída entre sus piernas –¡Ayuda! ¡HINATA, DEJA DE LLORAR Y HAZ ALGO! ¡TSUNADE-SAMA!

―¡Soy una asesina! –se lamentaba Hinata con las manos sobre la boca, al borde de la histeria.

―¡No es momento para que te vuelvas loca!

Tsunade entró a la habitación del pánico con suma parsimonia, con pasos lentos. Se acercó a Kakashi, vio la sangre, con sumo cuidado se dirigió al sillón y se sentó. Allí, responsablemente por su estado de embarazo, se desmayó.

Kakashi vio aquello y se imaginó un futuro donde tendría que vivir con su discapacidad. Hinata tendría que hacerse responsable de darle vuelta a la página cuando estuviera leyendo Icha Icha.

Pero pronto Sakura entró a la habitación y puso todo en orden. Tranquilizó a Hinata y entre las dos, con esfuerzo y gritos de dolor por parte de Kakashi, le salvaron la mano al Rokudaime Hokage.

Con la mano vendada y recostado en la cama de hospital, Kakashi miraba por la ventana, pensando en lo que le había costado ser un poquitín coqueto.

La puerta de la habitación se abrió y por ella entró un shinobi castaño muy risueño que tenía vendas alrededor de su cuello, producto de un incidente perruno en la mañana. Kakashi puso los ojos en blanco. "Lo que faltaba", pensó.

―Así que casi pierdes la mano por andar de adulador –se rió Shiranui Genma.

―Si vienes a burlarte, ya te puedes ir –le dijo sin ningún atisbo de humor –Tsunade-sama me advirtió que la próxima vez vendrían A-sama y ella para convertirme en cadáver putrefacto, Koharu-sama me pegó con su bastón en la cabeza. Y ahora vienes tú para burlarte.

―¿Sabes? Lo más curioso es que la niña no se va de tu lado. En verdad debe quererte mucho.

―No después de este día de locos –negó con una sonrisita. Genma entrecerró los ojos y frunció el ceño –De todas formas, le dije que ya se podía ir a su casa.

―Lo hiciste a propósito, ¿verdad? Lo de la mano.

―Estoy en un hospital, ¿en verdad crees que iba a perder la mano? –arqueó una ceja.

Genma lo miró despectivamente.

―Estás enfermo, Kakashi, lo juro –negó con la cabeza –No tienes remedio –se encaminó a la salida y cerró la puerta tras de sí, dejándolo solo.

-o-


Hinata llegó exhausta esa tarde a la mansión Hyuga. Pensaba y pensaba en su jefecito. El pobre se había quedado sin mano por unos minutos a causa de un descuido de ella. Tal vez ella no era la adecuada para el puesto. Ser la asistente del Rokudaime Hokage era para una persona de carácter firme, alguien diferente a ella.

Entró y su padre y Hanabi la esperaban en el recibidor con cara de emocionados.

―Hinata, ¿Cómo te ha ido hoy como la asistente de nuestro Hokage? –preguntó Hiashi –¿Sabes? Hoy vino a comer con nosotros Mitokado Homura, del consejo de Konoha, y solo habló maravillas de ti –declaró con el pecho henchido de orgullo.

―Y Nee-san, en la academia solo hablan de ti, todos me preguntan cosas como qué marca de Kunai usas… ah, ¡Y todas me tienen envidia porque tenemos teléfono! ¿Puedes creerlo?

―Padre, me ha ido bien, me alegro que a Homura-sama le guste mi trabajo. Hana-chan, no seas creída, comportante como madre nos enseñó. Si me disculpan, estoy algo cansada.

―Por supuesto, debes estarlo, ve a descansar –le apresuró Hiashi –Mañana te espera un nuevo día como la digna asistente de Rokudaime.

Hinata sonrió forzadamente, a pesar de que sentía sus labios resecos. Le dio una leve reverencia a su padre y se encaminó a paso veloz hacia su recámara.

Se dejó caer en la cama boca abajo y luego de un par de segundos, empezó a patalear.

―¡Ya no quiero ir! –chilló la pobre Hyuga.

Pero Hiashi tenía razón, mañana sería otro día.

Sí, otro día de paciencia infinita, de pergaminos sin resolver, de las escapadas de Kakashi.

Después del incidente de ese día, ¿cómo iba a verlo a la cara?

Le asustaba el mañana. ¡Le aterraba!


¡Hi, corazones hermosos!

Espero que el capítulo haya sido de su agrado. Creo que me pasé de creepy con lo de la mano XD Pero así soy c: Pero no se preocupen, que ya viene la de Hinata, tal vez para el capítulo 6 ;) porque el 5 ya lo tengo ocupado con otro tema.

El vestuario final de Hina es el que usa en un omake, solo googleen "Hinata omake" por si no saben cuál les digo.

Si me dejas un review, ya sabes lo que pasa, que te amo y te contesto por MP.


Nos leemos luego… si tú quieres.