Título: Umbra
Autora: Clumsykitty
Fandom: MCU, Universo Alfa/Omega.
Parejas: Stony, principalmente.
Derechos: todo es de Marvel y Mr. Lee. Soy tan pobre.
Warnings: Bueno pues, este es un mundo paralelo llenito de Alfas, Betas y Omegas. Hay algunas variaciones respecto a las películas en orden de hacer esto provechoso y satisfactorio para la pervertida autora. Acción, sangre, peligro, etc., etc. Sobre aviso no hay engaño.
Muchas gracias por leerme.
Capítulo 3. Ni tú ni nadie pueden cambiarme.
-Coulson, explícamelo una vez más y claro por favor. ¿Cómo es posible que Stark esté desaparecido?
-La señorita Potts nos lo hizo saber en la madrugada cuando los mensajes al Señor Stark se acumularon. La Agente Romanov inspeccionó la torre sin encontrar ninguna señal de intrusión ni armaduras faltantes.
-Ajá, pero Viernes dijo que había sufrido un ataque y que Stark había salido para encontrar al culpable. Sin decirnos nada, como siempre.
-No tenemos idea hacia dónde fue. Es parte de los datos perdidos de Viernes, director Fury.
-Abogando a mi infinita paciencia, ¿quién o para qué querrían los datos personales de Stark?
-No lo sabemos, hasta donde tenemos entendido, cualquier niño de primaria podría saberlos con solo buscar en Google.
-Mi humor para las bromas se fue con su llamada, Jefe Coulson.
-Seguimos investigando, señor.
-Hasta entonces.
Nick Fury colgó la llamada, girando su asiento hacia su costado derecho donde estaba sentado Steve Rogers en un largo sofá de piel con una expresión de sincera preocupación y algo de enfado porque ya era más que conocido que Tony Stark siempre se metía en líos sin decirles palabra alguna sino hasta que las cosas alcanzaban un grado de peligrosidad suficiente para reunir a los Vengadores.
-Primero el ataque a las Naciones Unidas, y ahora esto –bufó el director- ¿Alguna idea, Capitán?
-Ninguna, Natasha me había informado que Tony estaba trabajando en sus trajes.
-Los cuales están intactos en su taller. No se llevó absolutamente nada, ni siquiera una billetera, simplemente desapareció.
-Sí, señor.
-¿Se tomaría unas vacaciones sin decirle a nadie?
-Él no es así.
-¿Maximoff?
-Está fuera de su alcance.
-La señorita Potts quiere emitir una alerta, no tenemos otra opción que…
-Director –María Hill entró en esos momentos a paso apurado- El Señor Stark regresó.
-¡¿Dónde?! –Steve se puso de pie de inmediato.
-Está saliendo en estos momentos del aeropuerto rumbo a la torre.
-Rumbo a estas instalaciones, Hill –gruñó Fury casi estampando un dedo sobre el grueso cristal de su escritorio- AHORA.
-Sí, señor.
Ambos hombres intercambiaron una mirada cuando la agente salió. No era extraño para alguien como el genio de las industrias Stark hacer esa clase de desmanes. Fury hizo un gesto desganado con su mano para indicarle al rubio que podía salir a encontrarle. El Capitán América casi corrió hacia la entrada principal donde esperó a que apareciera el taxi citadino del cual bajó un sereno y algo distante Tony Stark quien le sonrió alzando una mano de forma tímida.
-Capipaleta.
-Tony, ¿dónde estabas? –Rogers casi se mordió la lengua para no maldecir.
-Paseando. Supongo que Fury quiere hablar conmigo.
-Y no sabes cómo.
-Estoy aquí, todos tranquilos.
-¿Qué sucedió? –Steve caminó a su lado una vez que pagaron el taxi y entraron al cuartel con los demás murmurando a su alrededor.
-Te ves bien, ¿fitness?
-Tony…
Éste se encogió de hombros, cruzándose de brazos. Steve prácticamente apestaba a preocupación.
-¿Cómo están todos? ¿Ya tienes novia? Seguro debe ser una de ésas Beta Cero que…
-¡Stark! –la voz de Fury en lo alto de un pasillo cortó su charla.
-Ahí está papá oso. Vamos Stevie, seguro te encantará mi regaño.
-Realmente estaba preocupado por ti.
Tony no les dijo de Circe. Era humillante como peligroso. La Alfa Prime había dejado en claro que si por causa suya la llegaban a molestar iba a conocer el significado de la palabra infierno, comenzando con sus mejores amigos a los que iba a hacer sufrir hasta que él suplicara besándole sus botas que los dejara en paz. No bromeaba. Les inventó la historia de que su traje había sufrido una avería, cayendo en alguna villa italiana donde decidió descansar aprovechando que no tenía más que hacer, enviando su armadura de regreso con órdenes a Viernes de borrar su paradero. Pobre de su IA, iba a sufrir un corto circuito por el conflicto pero era mejor. Había estado ensayando la historia en el avión de regreso que Circe le consiguió, sabiendo que una vez que pisara Nueva York sabrían de su retorno. Fury le dedicó una mirada antes de soltar el consabido sermón sobre responsabilidad y todas esas cosas que ya venía escuchando desde hace tiempo. Stark hizo sus acostumbradas bromas bajo la mirada inquisitiva de Steve quien parecía poco convencido de su historia, cosa que le hizo saber una vez que el directo de los Vengadores le liberó entre amenazas de no volver a repetir eso o le sacaría del equipo.
-¿Qué estás ocultando? –preguntó tranquilo pero firme el Capitán América.
-Nada.
-Hay un aroma ajeno a ti.
Eso detuvo los pasos del Hombre de Hierro quien parpadeó girándose al rubio antes de reír divertido.
-Pastelillo de azúcar, creo que soy un adulto que bien puede tener un poco de compañía, ¿no te parece?
Mantuvo su sonrisa aunque sus piernas estuvieron a nada de flaquear ante la sorpresiva ola de feromonas que su conocido Alfa Prime despidió. Celos. Celos. Su instinto de Omega quería hacerle pedir disculpas, explicarle que no había tenido la culpa pero se mordió un labio resistiendo el maldito impulso. Por todas las anillas de Mjolnir, juró que la mirada de Rogers pedía la cabeza de quien le hubiera dejado impregnado su aroma de Alfa. Sabía por experiencia que era un acto innato del buen capitán quien protegía a los suyos, en ese anhelo de formar la Manada que aún no eran, eso requería de varios milagros de dudosa aparición. El aroma cambió a uno de arrepentimiento, provocando que Tony desviara su mirada al sentirse culpable por mentirle.
-Ten más cuidado –fue todo lo que dijo Steve antes de darse media vuelta y dejarle.
Stark se mesó sus cabellos con un profundo suspiro, buscando la escalera que le llevaría de vuelta hacia el pasillo central que daba a la entrada. Saludó a Sam a quien se encontró de paso, como a Natasha con quien compartió un par de bromas pasadas de tono antes de llegar al domo principal donde uno de los agentes le llamó tendiéndole un teléfono.
-Señor, es para usted. Una mujer.
-Pepper –Tony hizo una mueca de susto, agradeciendo al agente tomando el teléfono para sonreír descarado- ¿Sí, Ballerina?
-Solo te recuerdo que si abres el hocico realmente te venderé al mejor postor antes de cargarme a tus amiguitos inútiles vestidos en disfraces igualmente patéticos.
Justo en esos momentos un jeep de carga botó a un costado cuando sus cuatro llantas se reventaron al mismo tiempo, tirando el cargamento que llevaba entre un escándalo que puso en alerta a todos ahí cerca, confundidos al no comprender cómo había sucedido aquello. El castaño contuvo el aliento, pasando saliva al verlo. No era una casualidad. Circe hacía honor a su nombre como la hechicera griega tan temida entre su pueblo. Buscó un rincón donde nadie pudiera escucharles mientras agentes ponían orden al caos dejado por el jeep.
-No he dicho nada.
-Lo sé.
-Entonces deja de atacarlos.
-No tienes poder alguno para mandarme.
-Solo quiero negociar.
-Estaré vigilándote, bonito, así que cuida esa boquita tuya.
Lo que quisiera decir, se quedó en sus labios al escuchar la llamada cortarse. Tony tomó aire mirando el teléfono en sus manos como si con ello pudiera ver a Circe. Que bruja. Si fuese enemiga de los Vengadores ya estarían muertos a esas horas. Una mano cayó sobre su hombro, haciéndole respingar a punto de tirar el teléfono.
-Tony, ¿estás bien? –el Capitán América le miró con el ceño fruncido, inspeccionándole.
-Ah… sí, tranquilo Capi, estaba lejos del jeep. ¿Qué cosa, no? ¿Saben lo que sucedió?
-Reventaron las llantas, parece que las llenaron demasiado de aire. ¿Por qué estás tan inquieto?
Malditos sean los dioses que dieron tan buenos olfatos a los Alfa. –Tampoco soy de piedra, Stevie. Sonó horrible.
-¿Quién te habló?
Alguien le había dado a Steve Rogers vitaminas de AlfaYoProtejo ese día. Stark miró el teléfono una vez más que devolvió a uno de los agentes cuando pasó cerca de ellos, tallándose sus manos en la tela de su pantalón con una sonrisa despreocupada.
-Pepper. Debo regresar a la torre para escuchar otro sermón.
-¿Quieres que te acompañe?
-No, Capipaleta, pero gracias. Soy un Tony fuerte, sé tomar un taxi yo solito –sonrió guiñándole un ojo para alejarse.
-… Hércules, ¿verdad?
Eso hizo al castaño detenerse, Steve estaba aprendiendo –y rápido- sus referencias cinematográficas. Rió complacido antes de asentir varias veces.
-De verdad tengo que irme, águila patriótica. Nos vemos luego.
-Buen día, Tony.
Echando un último vistazo al jeep dañado, Stark salió de ahí para volver a su torre donde se puso a trabajar para ver el daño hecho en Viernes. Su IA estaba intacta en cuanto a sus directrices pero había sido robada de aquellos datos sobre su condición como Omega Azul y su paradero con Circe quien debía poseer tal información para chantajearle como lo estaba haciendo. Viernes se disculpó por no haber sido capaz de detener el hurto pero Tony la tranquilizó, aún le faltaba mucho para que alcanzara el nivel de Jarvis pero era digna sucesora. Estaba haciéndole mejoras a su sistema cuando las luces del taller parpadearon como las pantallas antes de volver a la normalidad.
-¿Viernes?
-"Está bien, Señor Stark, despertará cuando terminemos." –se escuchó una voz ronca, gruesa como intimidante.
-¿Quién rayos eres tú? ¿Circe?
-"Ella me creó. Mi nombre es Ra."
Una daga se enterró en el orgullo Stark al escucharle. Nadie en el mundo poseía una IA tan avanzada, lista como imparable que igualara a su Viernes. Se levantó mirando alrededor apretando sus puños al recordar que la danesa lo había mencionado pero él lo había tomado por una persona real.
-Perfecto, Ra, dile a tu creadora que se pudra en el infierno.
-"Estoy aquí para verificar el contrato que tienen ambos. Tal cómo puede atestiguar, Señor Stark, puedo entrar cuantas veces sea necesario a sus sistemas, no hay red o inteligencia que no haya ya inspeccionado sin nunca ser atrapado. Soy Ra."
-El dios todopoderoso de los antiguos egipcios.
-"Queda claro entonces que una sola falta al contrato será causal de pago de daños, lo que en otros términos entenderá como la pérdida de sus amigos, entre otras cosas."
-Inteligencia artificial polimórfica compuesta de cuádruple programación –dijo Stark al meditar la naturaleza de Ra.
-"No cuádruple, óctuple."
El castaño se quedó estupefacto. –Eso es imposible…
-"Circe quiso llamarme Matrix en un momento dado, pero me pareció demasiado lógico el nombre además de ser algo superficial. Preferí Ra."
-Ra, ¿estás diciéndome que no hay sitio en el mundo donde pueda esconderme de ti?
-"Efectivamente."
-¿Por qué es tan jodidamente importante que yo sea un Omega Azul?
-"Recibirá un paquete en aproximadamente hora y media. Circe quiere que lo use."
-Perra…
-"Alfa Prime, es el término adecuado."
-¿Quieres que te dé las gracias?
-"Por favor, no olvide el contrato, Señor Stark."
Con el parpadeo de las luces, Tony supo que la conversación había terminado. Viernes volvió a la normalidad como si no hubiera tenido ese lapso de pausa que Ra le hizo. De buena gana hubiera estallado en un ataque de pánico al saber que ni en su propia torre estaba a salvo de aquella loca. Y seguía sin las respuestas del por qué tanta importancia a su condición. No podría investigar porque Ra se lo iba a impedir, lo sospechaba. Prefirió hacer a un lado todo aquel asunto porque ya estaba dándole dolor de cabeza. La llamada de su furiosa, angustiada Pepper Potts apareció. Si bien habían terminado su relación de pareja de manera pacífica, seguían siendo buenos amigos por lo mismo. Stark perdió la noción del tiempo calmando a la alterada ejecutiva cuando Viernes le avisó sobre un paquete de mensajería que arribaba a la torre. Terminó diplomáticamente la conversación con Pepper antes de bajar al recibidor donde esperaba una caja mediana y alargada llena de sellos postales de todas partes del mundo sin un remitente con la hoja de destino donde su nombre resaltaba entre todos los datos.
-Perra maldita –murmuró.
-¿Todo bien, señor? –preguntó Happy.
-Sí, ¿qué tal el juego?
-Vamos ganando, señor.
-Eso es todo, Happy. Carga a mi cuenta unas buenas cervezas.
-Gracias, jefe.
Subió de vuelta al piso del penthouse, tumbándose sobre el amplio sofá con la caja en el regazo que miró por largo tiempo antes de tomar el coraje de abrirla, descubriendo aquella chamarra de cuero que le viera usar cuando fueron a comer. Había una nota escrita a computadora en un papel corriente bajo la chamarra que tomó gruñendo al leer lo que decía.
Úsala cada vez que salgas a la calle.
-¿Qué soy? ¿Su mascota? –rugió aventando a otro lado la chamarra, tallándose el rostro antes de ponerse de pie para servirse algo fuerte que beber- Karma, si estás escuchando, me sales debiendo puntos.
Se quedó hasta altas horas de la madrugada trabajando en aquel nuevo cañón con el que iniciara toda la aventura, sintiendo los ojos cansados. Decidió hacer una pausa pero no tenía sueño. Sus preocupaciones se lo robaban. Recordó que Fury no le había mencionado nada sobre el incidente de las Naciones Unidas, seguramente era una misión en la cual no iba a participar como castigo por su desaparición incoherente. La nueva junta administrativa había sido elegida pero aún no retomaban todos los asuntos pendientes hasta que las investigaciones sobre el ataque no tuvieran un informe oficial. Pensaba sobre las posibilidades respecto al tema cuando Viernes le pasó la llamada de Steve.
-Hey, Capipaleta, los boys scouts se duermen temprano.
-¿Podemos vernos?
-… claro –frunció su ceño, extrañado- Seguro que sabes venir a la torre…
-Preferiría que nos viéramos en otro sitio.
-Am, okay.
-¿Dónde los shawarma?
-Excelente, te veo ahí en veinte minutos.
Tony se arregló sus cabellos, cambiándose de playera por una con una estampa de Darth Vader cuando sus ojos captaron la chamarra tirada cerca de un perchero. Tamborileó sus dedos sobre la barra de la cocina, indeciso. Aquella cosa tenía el aroma impregnado de Circe, si la usaba, el Capitán América iba a preguntar de inmediato la razón y no podía decirle la verdad. Si no la usaba, algo peor que un jeep con llantas reventadas iba a suceder. Rodó sus ojos, caminando de mala gana hacia la prenda para levantarla y colocársela. Le quedaba ligeramente grande pero no había remedio. Tomó las llaves de su auto pidiéndole a Happy que esperara por él en la torre ya que estaría con Steve. La ciudad estaba en una quietud típica de la transición entre la madrugada y el amanecer. Aquel comercio de comida tan conocido por los Vengadores era ahora para su suerte, un negocio de veinticuatro horas. Sonrió al ver la motocicleta en la acera donde esperaba Rogers, siempre llegando antes que los demás en sus maneras tan correctas. Con un saludo de su mano desde el auto, se estacionó a un lado de la moto, bajando con una sonrisa tranquila.
-Capi, ¿qué mosca te picó?
-Ninguna –Steve bajó de la motocicleta, acomodándose su chamarra de piel clara, corte clásico, deteniéndose cuando detectó el aroma que el castaño traía encima- Esa ropa… no te la había visto…
Alfa celoso. Alfa celoso. Alfa celoso. Tony chasqueó la lengua, tomando aire mirándose como si aquella ropa fuese normal en él. No lo era, por supuesto. Sus manos sujetaron el cuello de piel negro, haciendo un esfuerzo titánico por no quitársela al acto para lanzarla lo más lejos posible. Tonterías. Steve no tenía por qué estar celoso de esa manera.
-Estoy probando suerte con la moda –mintió, señalando el restaurante- ¿Vamos?
Quizá estaba imaginando cosas pero le pareció que Steve casi azotó la puerta al abrirla para él cuando entraron, siguiéndole muy de cerca hasta tomar una mesa esquinada esperando por el mesero para decirle sus órdenes. El Hombre de Hierro limpió varias veces la lata de su refresco antes de abrirla para darle un trago apurado ante la mirada posesiva que apareció en el tranquilo rostro de Rogers el cual seguía observando inquieto la chamarra.
-Entonces… -se aclaró la garganta- ¿Por qué estamos aquí? ¿Steve?
-¿Qué sabes del asesinato a la junta de las Naciones Unidas?
-No mucho, hablaban de nosotros, eso sí. Éramos un punto de la agenda. Lo demás eran cosas ordinarias de burócratas sin nada mejor que hacer.
-El asunto de Sokovia. Hay ciertos gobiernos que no ven con buenos ojos lo que pasó.
-Porque era un punto de intercambio de armas con Hydra. Por eso.
-Hay rumores de que la nueva junta creará una comisión de vigilancia sobre la iniciativa de los Vengadores.
-Ya se habían tardado.
-Tendremos que rendir cuentas ante ellos. Todos.
-No te preocupes, Stevie. Se les pasará. Esa gente solamente quiere ganar votos, en cuanto lo consigan les dará igual si bailas desnudo en pleno Central Park con transmisión en vivo por Internet.
-Tony, esto es serio.
Éste rodó sus ojos cruzándose de brazos al tiempo que el mesero dejaba delante de cada uno sus platos de shawarma y ensalada con una canastilla de papas fritas de la cual el castaño robó un par para comerlas tranquilamente.
-Supongamos que asesinaron a toda la junta para poner a los nuevos en contra nuestra. Digamos que es nuestra vieja enemiga, Hydra, detrás de todos ellos. No pueden detener a los Vengadores. Unas malditas actas no van a dictar nuestras acciones.
-No maldigas.
-Malditas, jodidas, hijas de…
-¡Tony! –Steve gruñó, antes de negar sonriendo- Buen provecho.
-Buen provecho, muffin –Stark correspondió a su sonrisa.
Los empleados encendieron la televisión del establecimiento luego de limpiarla, las noticias matutinas se desplegaron, con la foto de una joven desaparecida apenas un día, para seguir con el incidente de las Naciones Unidas. Un tema que no iba a disiparse pronto por lo agresivo del ataque. Tony desvió su atención hacia el monitor, comiendo lentamente a veces quedándose quieto al escuchar los datos o los nombres que se ofrecían de las nuevas pesquisas. Era extraño porque si bien Hydra pudiera intentar imponerles restricciones con el fin de entorpecer sus avances en su contra, se estaban tomando muy a pecho el hecho de no dejar ni una sola huella de sus intenciones. También tenía la sensación de que los medios no estaban siendo muy serios ni honestos con la información. Manipulación mediática, algo que no le extrañó. El Hombre de Hierro tomó un trozo de pan con el que señaló el televisor.
-Eso, el presidente de la nueva junta. Conozco al hombre de años, un poco más y sudaría agua bendita. No me parece que esté con Hydra, aunque puedo equivocarme.
Steve le miraba fijamente. Tony volvió sus ojos hacia él al sentir aquella penetrante mirada con el bocado atrapado en sus labios. El rubio sacudió su cabeza como si estuviera pensando en alguna tontería antes de alcanzar el mentón de Stark que limpió con un pulgar.
-Tienes salsa.
El otro se quedó de una pieza, sin decir nada o moverse hasta que el mesero llegó a preguntarles si deseaban algo más, negando para continuar con su platillo, aclarándose la garganta. El corazón le latió aprisa. Alfa preocupado. Cerró sus ojos unos momentos ante su estúpido pensamiento proveniente de sus instintos Omega, recobrando la conversación que tenían, terminando su desayuno para despedirse con la promesa de verse más tarde en su torre para seguir sus propias indagaciones respecto a la nueva junta en la compañía de los demás Vengadores.
-Hasta la vista, baby –sonrió Tony.
-Terminator –replicó Rogers.
-Bah, ya no es divertido así.
-Cuídate, Tony.
Unos brazos vinieron a rodearle con fuerza, correspondiendo el gesto con algo de inquietud al sentir el fuerte agarre del Capitán América. Por nada, el castaño estuvo a punto de confesarle toda la verdad al sentirse extrañamente protegido, seguro. Como si de esa forma nada ni nadie pudieran hacerle daño. Un suspiro discreto se le escapó al separarse.
-A la noche, entonces –susurró, girándose para entrar a su auto con el corazón latiéndole aprisa.
