Tercer Capítulo: Bad Touch Trio: IngenuaSpagnola, PervertitoFranceseeSecondo Patate Bastard

Warning: Los personajes utilizados en esta trama no son de mi propiedad, sino de la del señor Hidekaz.


"Merda…todo me pasa a mí, ¡Por qué la maldita mancha no se va!"

Suspiré frustrado mientras seguía restregando en el cubo y con el trapo la gran mancha de las sábanas blancas. Todavía me parecía increíble que tras dos meses de convivencia, la misma estúpida ardilla de siempre viniera a estropearme el día mojando mi cama, aunque España no me creía (¡Es imposible que yo hiciera algo tan infantil como aquello!). Cada mañana me levantaba temprano solo para esto, y empezaba a cansarme. No se puede mantener el tipo frente una mujer cuando ella te llama lindo a cada momento y te riñe por culpa del inútil animalillo. Contento con el resultado de mi esfuerzo, las tendí y procuré que, con la ayuda de una criada, este incidente se cerrara sin que nadie se enterara. Satisfecho, me dirigí a la cocina para desayunar, y allí como siempre ya se hallaba España, con su eterna sonrisa (¿no le dolía la cara?) sirviendo un par de vasos de leche.

"¡Buenos días Roma! ¡Qué madrugador!" dijo al verme entrar.

"Hm…supongo…" me senté sin probar bocado por mucho que ese vaso me llamara para que me lo tragara de un trago debido al hambre que tenía. No estaba bien visto que un caballero comenzara a engullir como si su vida dependiera de ello cuando una señorita aún se encontraba de pie "¿No te sientas?" pregunté suplicante.

"Jajaj voy voy, estoy buscando un plato para colocar el bizcocho" se pone la mano en el mentón "Juraría que cada vez tengo menos vajilla…en fin" el nudo en mi garganta se fue junto a mi preocupación. Ella se sentó a mi lado y comenzamos a desayunar tranquilamente.

Las mañanas se habían convertido en mi momento favorito del día. Simplemente permanecíamos aquí, ella hablando sin parar de todos sus proyectos futuros, de viajes, del huerto…pero sobretodo de sus pequeñas colonias. Últimamente su mirada se entristecía al nombrarlas y comentar cuán grandes se habían vuelto. También, de una forma adorable, ponía pucheros cuando alegaba que hace tiempo que no veía a sus amigos y que la tenían abandonada. Yo asentía a todo lo que me decía, sin detenerme ningún momento en degustar mi comida. Me pregunto cuándo partirá…después de todo, no podía dejar mucho tiempo sus territorios tan alejados a su suerte.

"Hoy lavaré yo los platos, ¿vale Roma? Tu solo quédate ahí que en dos minutos termino" suspiro aliviado, lo que me faltaba es que ella viera el motivo por el cual desaparece su vajilla "Luego, ya que tengo el día libre… ¡ah! ¿Te apetecería dar un paseo? Seguro que amarás el mercado, todos los vendedores son encantadores, siempre me regalan algo" ríe alegremente.

¿De verdad era tan ingenua? Yo mismo había visto como los hombres se la comían con la mirada, como prácticamente se arrodillaban a su paso y la agasajaban hasta el punto de ser molestos e insolentes. Si no se acercan más a ella era evidente los motivos. Su estatus, su posición…y que los reyes torturarían a cualquier ser viviente que se atreviera a provocarle el mínimo daño. Y en el fondo, yo sabía que haría lo mismo… ¡pero no por celos! Una bella mujer como ella debía estar protegida, y después de todo yo estaba bajo su tutela. Y observando como ella confiaba demasiado en las personas…sin duda necesitaba de alguien que espantara a cualquiera que supusiera una amenaza. Se levantó, y se puso a hacer su labor mientras cantaba algo en español. No escuché la letra…mis ojos estaban demasiado concentrados en admirarla, embobado.

"¿Verdad que tiene un culo estupendo, garçon?"

"¡CHIGIII!" grité asustado al escuchar la extraña voz en mi oído, corriendo directamente a refugiarme tras las piernas de España. Ella se giró confundida y lista para atacar pero su expresión cambió a una de felicidad al ver en frente suyo al hombre de vestimenta exagerada (ese azul tan chillón de la chaqueta, decorada con encaje de oro y unas mallas tan apretadas que debían estar cortándole la sangre. No me resultaría raro que tampoco le llegase a la cabeza…), su cabello rubio ondulado recogido en una baja coleta y unos ojos azules que no apartaban la vista del cuerpo de la española. Mi cara se volvió roja de ira.

"¡Tú bastardo pervertito!¡¿Nadie te enseñó a llamar a la puerta antes de invadir una casa, imbécile?"

"ohm, Mon cher Espagne, te has buscado un subordinado con mucho carácter, ¿no crees?" sonríe, pasando una mano sobre los hombros de España "¿Seguro que no quieres dármelo? Te aseguro que yo lo dominaría con mon amour en cuestión de días…" sentí unos escalofríos al escuchar eso… ¿ella me cambiaría?

"Francia, hemos hablado de este tema ante, y está zanjado. Romano es MI subordinado, ¿entendiste?" lo mira mal y me coge en volandas, haciéndome sonrojar avergonzado "Por cierto…si tú estás aquí, entonces…" La puerta se abre con fuerza, haciendo un boquete en la pared.

"¡EL INCREÍBLE PRUSIA HA LLEGADO! Kesesese…Ya podéis maravillaros con mi presencia, reverencias y halagos están permitidos"

¡Lo que me faltaba! El estúpido bastardo de las patatas número dos también había venido. ¿Qué cojones era todo este escándalo? ¿Y por qué entraban en la casa como si les perteneciera? España no parecía inmutarse mucho, y no decaía su sonrisa. El maldito prusiano me miró y empezó a reír descontroladamente.

"¿Vistes a este mocoso de pañuelo de sirvienta y encima de todo, ROSA? JAJAJAJAJ Romano, nunca pensé que diría esto pero…estás muy GUAPA ajajajaj"

"Sin duda, cherie, le queda muy bien…ahhh" suspira melodramáticamente "me pregunto si un vestido de doncella le quedaría tan bien como a su hermana Italie"

Mis mejillas se hincharon cuando ambos rieron al unísono, burlándose de mí. Antes de que comenzara a despotricar contra ellos revolviéndome en los brazos de España, ella se adelantó propinándoles una fuerte colleja a cada uno.

"No permitiré que os metáis con mi subordinado, ¿Lo habéis entendido? No me obligues a echaros…"

Por primera vez, la había visto enfadada, y por defenderme. Eso hizo que mi corazón saltara sin explicación alguna, oprimido. Me sentía extraño…feliz. Ellos se sobaron la cabeza, y yo saqué la lengua mientras les hacía una mueca. Eso por estropearnos los planes que teníamos para hoy, aunque no es que quisiera observar como otros hombres eran los que se fijaban de forma muy indebida a la española. Lis condujo a la sala, y a allí les sirvió algo de vino para beber. El prusiano renegó un poco, pidiendo cerveza, pero al final se rindió y tomo la copa con el líquido rojo.

"Ey, ¿Cuándo te embarcarás otra vez a las Américas?" preguntó el albino, tomando un ligero trago.

"Supongo que dentro de unos meses…los preparativos están comenzando" me coloco sobre sus rodillas abrazándome por la cintura como un peluche. Yo comía tranquilamente un tomate, sin perderme ni un segundo la conversación con los malditos bastardos.

"Oh, eso es bueno…" sonríe perversamente "Anglaterre seguro que te ha echado mucho de menos. El mar es muy grande…sin embargo, ha cogido el gusto por ti y tus queridos tesoros"

La cara de España se oscureció, y yo acaricié ligeramente sus manos para que parara de temblar. El idiota debía estar preguntándole un tema delicado. Espero que el idiota franchute se atragante con el vino.

"El cejotas inglés me tiene amargada…sus piratas solo me traen problemas y pérdidas millonarias de oro. Mis jefes han intentado por todos los medios negociar con los suyos, pero no hay manera, siempre vuelven a la carga" suspira hastiada.

El prusiano y el francés se miraron el uno al otro, y sonrieron. Con paso firme se acercaron y se posicionaron a cada lado de ella, sus manos en sus hombros. Si no fuera porque me encontraba sometido contra su regazo, les mordía.

"Ya sabes, Spanien, que si tienes algún apuro…"

"…nosotros podríamos ayudarte" sentenció Francia.

Ella rió, ¿qué clase de broma era aquella que le había hecho tanta gracia? Los inútiles hombres mantenían su socarrona sonrisa y su porte arrogante.

"¿Me lo dice la nación Prusiana que me ignora y la Francia que me reta cada poco tiempo?" En cuestión de segundos los arrastra a un abrazo grupal "No somos los amigos perfectos pero…"

"¿Quién necesita la perfección cuando tiene al maravilloso Prusia como amigo?"Sacude la mano riéndose haciéndose el ofendido.

"pero somos los trois meilleures amies, y eso es lo que importa, además, los otros incidente se deben a rutina y política, no hay nada que hacer con ello" añade, ignorando al prusiano.

De repente, los dos chicos bajaron la mirada hacia mí, y yo las enfrenté desafiante. Los tres me estaban volviendo loco con tanta parafernalia y discursitos que no sabía si etiquetarlos al límite de la estupidez o de la cursilería.

"Esperamos que cuides bien de nuestra chica, ¿eh, Romanito?"

"No quisiéramos que un miembro de nuestro fantástico Bad Touch Trio resultara dañado…" concluyó el prusiano.

Más tarde, tras unas copas más de vino se marcharon, ¡finalmente! Por cuestiones desconocidas (España por lo bajo había murmurado que yendo tan borrachos como iban esperaba que no cruzaran el territorio suizo debido a que dicha personificación era bien conocida por su falta de paciencia y poca tolerancia a que invadan su territorio). Yo, por otro lado, si que los deseaba ver bien lejos de mí, a ser posible a miles y miles de kilómetros bajo tierra. Me habían puesto en ridículo tanto como habían querido. Me giré a España…aún quedaba un asunto por zanjar…

"¿Te irás?" pregunté, cohibido pero manteniendo la vista fija en sus ojos verdes, que me observaban consternados.

"Será poco tiempo…te prometo que en seis meses, me tendrás aquí achuchándote pequeño Roma *sonrió y se abalanzo hacia mí, abrazándome "Aún así, quedan todavía 3 o 4 meses para que me marche ¡Y tengo muchas cosas que enseñarte! Nunca dejaría a mi lindo subordinado sin apenas una base para sobrevivir en mi casa mientras yo no estoy aquí"

"Olvídalo…tu solo limítate a volver pronto, ¿vale? "Le correspondí el abrazo "tonta…ni se te ocurra perderte, ¿entendiste? Derechita a casa y si problemas "sonreí avergonzado "Y sé cuidarme yo solito muy bien…¡Y como vea una herida, prepárate para una buena bronca por ser tan descuidada!"

"Jjjajajjaj a sus órdenes, Jefe Romano "me besó en la mejilla y se puso en pie "Bueno… ¿sigue en pie lo del mercado? Porque creo que disponemos algo de tiempo…"guiñó el ojo y yo, tomando su mano, la seguí.

Mientras tanto…mi venganza ya se debía estar ejecutando…


"MALDICIÓN, PRUSIA, ¿ESTA ES OTRA BROMA TUYA? Gritó un francés colérico corriendo hasta su casa lo más rápido que podía.

"IMBÉCIL, ¿PIENSAS QUE SI FUERA UNA BROMA MÍA, EL MARAVILLOSO YO ESTARÍA EN TU MISMA SITUACIÓN, TARUGO? Respondió corriendo al lado contrario hacia su hogar.

"¡PRUSIA, ESTÁS EN MI TERRITORIO BASTARDO!" chilló un enfurecido suizo disparándole a Prusia, quien solo atinaba a maldecir su suerte.

Ahhh, que dulce y bella es la venganza…


Autora: ¡Por fin! El tercer capítulo…no sé si más largo, pero desde luego muchísima más conversación tiene xDD por alguna razón es algo que extrañaba en toda esta historia, ya que al ser narrada en primera persona solo me deja lugar a narrar y describir, por lo que olvido que una historia sin diálogo puede ser pero que muyyy muyyy aburrida. Espero que os haya gustado y siento mucho haber actualizado tan tarde, como podréis observar sigo sin indagar mucho en el trasfondo histórico, solo dando algunos detalles para aclarar más o menos la época en la que se encuentran puesto que sigo sin encontrar la información que necesito TT-TT (y eso que mi casa parece una biblioteca). Muchas gracias a por todos los review ^^ siempre lo digo, pero una se siente bien viendo como una persona te ha dejado un trocito de su pensamiento sobre los que escribes xDD para mí es una maravilla. En fin, no aburro más. Adiós¡ (Para los que se lo pregunten, sí xDD Bélgica y Holanda deberían aparecer pronto antes de que Isabel se marche a su viaje).