The sweet things in life
La cadencia de la respiración de Castiel estaba siendo profunda esa mañana, probablemente porque seguía dormido. A la altura de este mes, sus problemas no eran tan urgentes, ni tan enormes. Su trabajo en el bar le daba para comer, para pagar las cuentas del departamento y para mantener una reserva de emergencias. Su vida era tranquila, y Castiel era feliz por eso.
Cuando el reloj de la sala pasó de las nueve, el frágil cuerpo del que era un ángel se removió despacio. Abrió los ojos con lentitud, acostumbrándose a la luz y estiró sus miembros con energía, se oyó un pequeño gruñido y finalmente Castiel despertó. Se levantó y se puso una playera limpia, negándose a usar la que llevaba en el trabajo la noche anterior, y aunque moría por lavarse los dientes, jamás se acostumbraría al mal sabor por las mañanas, lo que más deseaba ahora era desayunar.
Entró a la cocina directo por un plato hondo, y su estómago gruñó con impaciencia al alzar la caja de cereal, se sirvió y abrió el refrigerador para tomar la leche... Leche...Leche que no estaba por ningún lado. Oh, no. Hora de hacer la despensa. Castiel cambió su pijama por unos jeans, se aseguró de llevar dinero, tomó sus llaves de la barra de la cocina y salió del edificio. Giró a la derecha y agradeció que el mercado estuviera a solo dos cuadras y media. Tomó uno de los carritos que estaban en la entrada y cruzó las puertas; un suspiro salió de entre sus labios. Le gustaba hacer las compras, la tranquilidad de las personas, ese aspecto rutinario que todos parecían tener, y el hecho de que nadie parecía tener miedo en este lugar.
Con su carrito sostenido a salvo con ambas manos recorrió todos los pasillos con lentitud, revisando mentalmente las cosas que necesitaba. Pasta de dientes, listo. Desodorante, listo. Caja de sobres de té, listo. Leche... ¡ajá! Listo. Esto es entretenido. Tomó un paquete de galletas saladas y uno de pan integral, y se dio cuenta de que le sobraba más que suficiente para un artículo más. Sabía exactamente qué comprar.
Cuando entró a su departamento, fue directamente a sacar el pan, la mermelada y de las bolsas del mandado, la mantequilla de maní. El cereal de la mañana por completo olvidado.
