15 minutos después:
Fubuki fue el primero en salir del club, seguido de una renovada Haruna Otonashi; la cual se tapaba el rostro con las manos.
- Haruna…- la regaño el amante de la nieve, con voz de reproche – oh vamos; no es tan malo ¿o sí?, además ¿Quién aparte de mi puede verte? – el joven giro la cabeza frente a ella, intentando observar entre sus manos.
- no es gracioso Fubuki-san, tu bien sabes que se me enrójese el rostro después de llorar, y más aun después de lo que paso…!me veo horrible! – se giro, dándole la espalda al delantero.
- ¡eso no es verdad!, te vez bien; además – inflo las mejillas – bien sabes tú igual, que si no le da aire fresco a tu cara, las manchas no desaparecerán; y se quedaran ahí mucho más tiempo – giro los ojos, metiéndose dos dedos a la boca mientras los jalaba, ampliando sus cachetes, intentando que la chica lo mirara para animarla.
- eso ya no funciona conmigo – dijo entre risas la peliazul, sin apartar las manos del rostro puesto que ya sabía lo que hacía su amigo; se lo había hecho la primera vez que la había visto con la "dichosa pena con que alguien la mirara llorar".
- Flash back –
Ella había salido corriendo hacia la biblioteca, ya que ese era el lugar en donde se sentía más a gusto porque poca gente iba a esa hora.
Las lágrimas corrían desenfrenadas por sus suaves mejillas hasta quedar suspendidas en el aire por la velocidad en la que corrían; choco con un par de alumnos y profesores en el transcurso, pero nada la detenía; quería llegar lo antes posible a su destino, lo necesitaba…
Una vez en donde quería estar, busco rápidamente la sección en donde sabia que nadie se acercaba a esa hora ni de chiste; era una de las secciones más aburridas según la mayoría, pero a ella le encantaba, era su lugar favorito después del club de futbol, claro.
Sintiéndose protegida entre los libros de historia animal que tanto adoraba; se sentó en un pequeño escritorio en donde solo se encontraba una lámpara, comenzando a llorar amargamente.
Cuando por fin había comenzado a entrar en calma, levanto su cabeza de entre sus brazos, mirando el enorme charco que había hecho en la mesa.
- bueno, supongo que no importa si las limpio o espero a que mis lagrimas se evaporen con la luz; al fin y al cabo solo soy yo la que viene a esta sección – se auto convencía en voz baja la joven.
Sumergida en la tristeza se había dado cuenta por el hojear de un libro, que no estaba sola; alguien más estaba a sus espaldas.
Con temor se giro hacia dicha persona, dando con su espalda y a juzgar por la manera en como susurraba, podría jurar que él (porque era varón, no había duda alguna) quería que se diera cuenta que no era verdaderamente la única que iba a esa sección.
- no, este ya lo leí 8 veces…- y dicho esto, devolvió el libro al estante al que pertenecía.
El chico se volteo, dando primero con el rostro ingenuo de la Otonashi, para después gritar impresionado.
- ¡WAAA!, pero ¡¿Qué es eso? – levanto la voz inesperadamente, alarmando a la ojiazul, quien rápidamente se tapo el rostro.
El joven de cabellos plateados era nadie más y nadie menos que Shiro Fubuki, el delantero de invierno del equipo.
El susodicho camino a un lado de ella, estirando su mano hacia una fila de libros que se hallaba frente a él.
- no pensé que lo sacaran para este año – su voz parecía la de un niño pequeño al ver un juguete - ¡"Historia de los pingüinos y los osos polares"!, esto será grandioso…
La joven miro entre uno de los espacios que había hecho a través de sus dedos, dando con el rostro iluminado de un Fubuki hincado junto a ella en el escritorio.
- ¿te gustaría leerlo conmigo, Haruna-chan? – le pregunto sin rodeos el joven a lo que la mencionada se giro, dándole la espalda – vamos, eh escuchado que es un libro muy bueno y-
- cuanto…- la voz quebrada de la peliazul llamo la atención del delantero, quien había tomado una posición más seria - ¿c…cuanto tiempo estuviste aquí?- le pregunto secándose el rostro.
- humm….eso depende – respondió mientras abría la tapa del libro y leía el epilogo.
- ¿de…depende?, ¿a…a que te refieres? – tanto había llorado que le había comenzado a dar hipo, y ruborizándose volvió a taparse el rostro.
- depende de cuánto tiempo te has encontrado sola llorando aquí…- le explico cambiando de pagina.
La respuesta de Shiro helo a la manager, ¿acaso él…había estado junto a ella todo ese tiempo?...
- mira, el epilogo es bastante bueno; estoy seguro de que te gustara – volvió a sonreírle, mientras le acercaba el libro abierto.
Haruna ladeo la cabeza de un lado a otro, negándose en silencio a lo que el chico le decía; el cual con rostro ingenuo se acerco mas a ella.
- vamos, Haruna-chan, a ti siempre te han gustado los animales. Te prometo que este libro te va a gustar mucho…-insistió el príncipe del hielo con una voz que usaría para reconfortar a una niña pequeña – al menos voltéate y mira la tapa, las fotos son increíbles – volvió a insistir, obteniendo como respuesta otra negación - ¿Qué pasa, acaso no te gustan los pingüinos? – pregunto el albino acercándose mas a la joven, hasta quedar frente a su cabeza.
- ¡n…no es eso! – le reprocho sacudiéndose de nuevo – lo que pasa, es que…no me gusta que vean mi rostro después de llorar…
- ¿eh?, ¿Por qué? – pregunto con preocupación.
- porque…¡porque me veo horrible! – le explico apretando sus manos contra su cara.
Fubuki tomo la silla, y dándole la vuelta de una manera no muy elegante, la detuvo frente a él.
- sigues sin contestar mi pregunta, Haruna. Hasta que no lo vea no lo creeré – y dicho esto, inflo sus mejilla y comenzó a caminar como oso enfrente de ella; subiendo y bajando las "patas" por encima de su cabeza y ampliando sus piernas hacia ambos lados, la llamo.
La Otonashi no pudo evitar reírse al verlo, y tanta era su alegría que se había olvidado de cubrirse la cara.
Shiro se detuvo en el instante en que su compañera se veía lo suficientemente feliz como para olvidar su "situación" y señalándola con el dedo puso una cara de impresión enorme.
- ¡mentirosa! – La acuso mientras ella recapacitaba - ¡¿eres tonta o te haces?, estas bien – dijo al momento en que su amiga se intentaba cubrir con el libro.
- s…si, tienes razón Fubuki-san, este libro es muy bueno – fue la única respuesta nerviosa de la joven.
El delantero no pudo evitar reírse de ella: 1- el libro estaba al revés, 2- no tenia puestos sus lentes, y 3-
- para mi te vez linda – la corrigió en la posición del libro al momento de sonreírle abiertamente.
Y dicho esto, el chico limpio con el antebrazo las lágrimas de la mesa en donde leerían juntos; y sentándose en una silla junto a ella; comenzaron a leer el tan dichoso libro.
- fin flash back –
Al ver que no cedía su amiga, Fubuki opto por el plan B:
- ¡WAAA! ¡UN OVNI! – grito señalando el cielo mientras fingía sorpresa.
- ¡¿QUE?, ¿DONDE? – se volteo la peliazul buscando el objeto volador no identificado.
Y al ver que no se trataba más que de una de las bromas del ojiverde, se volteo hacia él molesta.
- ¡Fubuki-san!, ¡eres un inmaduro, ¿Cuántos años dices que tienes? – le gritaba enfurecida.
- 17 años – le respondió sonriente.
- parece mentira que yo tenga 16, y sea más madura que tú – se cruzo de brazos molesta, para luego perdonar al delantero – pero no importa, me alegro de que estés aquí – sonrió tomando una de las maletas - ¿tienes donde pasar la noche? – le pregunto preocupada.
- creo que iré a casa de Endo, ayer pude hablar con su madre por teléfono y aproveché para preguntar; me dijo que me quedara el tiempo que yo desease – contesto el albino, relajando a su amiga.
- gracias a Dios – suspiro tranquila – bueno, te acompañare a casa del capitán para que no cargues solo las maletas – sonrió cargando la maleta que había tomado – esta…muy pesada- la arrastro con todas sus fuerzas, apenas consiguiendo moverla unos metros.
- a ver, dámela – dijo el delantero tomando la mochila y colgándosela del hombro, arrastro la otra que tenia ruedas.
Un pequeño silencio se formo en el camino, lleno de recuerdos y risas que solamente entre ellos podrían entender el motivo.
