Cuando mi padre me prohibió el Quidditch y obviamente aprender a usar una escoba mágica, pensé que después lo haría a escondidas, pero por ahora tenía razón, yo me adaptaba apenas a Hogwarts, esperaría a tener algo más de tiempo; cuando estaba en su despacho, el revisaba los deberes de sus alumnos y yo hacia los míos, veía como le causaba aversión algunos nombres y casi automáticamente sabia la nota que tendría cada uno; en ocasiones preparaba pociones por algún encargo del Director o él mismo investigaba algo nuevo, verlo trabajar en una poción era como ver a un escritor usar la pluma en un momento de inspiración, a veces tenía ideas y murmuraba cosas y en un instante saltaba de su escritorio a tomar algunos ingredientes, yo me acercaba tratando de ayudar, pero en un par de ocasiones en que le pase el ingrediente equivocado arruiné su trabajo, según dijo; ahora me limitaba a pasarle solo lo ingredientes debidamente clasificados y etiquetados y cosas muy sencillas como tomar el tiempo o tomar notas, si por algún motivo lo interrumpía recriminaba que lo hacía perder la concentración, así que cuando mencionaba que era algo delicado y no requería mi ayuda, solo observaba, sin entender muy bien como era fascinante para él preparar una poción al grado de tardar horas, en esas ocasiones, yo me retiraba y el continuaba.
Lo observaba mucho tiempo notando que no teníamos parecido, yo más bien era como mi madre, excepto porque el color de sus ojos era azul y su cabello rubio oscuro era ondulado, mi cabello era lacio y negro como mis ojos, solo eso compartíamos mi padre y yo, el color de cabello y ojos, o eso creía yo.
Conforme pasaban días y semanas, me fui acostumbrando lentamente a la vida en Hogwarts, tuve tiempo para pensar en él y la clase de relación que teníamos como una supuesta familia, trataba de obedecer lo mas que podía lo que me decía, pues era mi padre y seguramente buscaba lo mejor para mi, pero ¿Porque era tan difícil para él demostrarlo? tal vez le daba vergüenza o los hijos de los profesores no podían asistir a esa escuela, eran preguntas tontas que me hacía, pero no me atrevía a preguntarle directamente.
Referente a lo que no debía hacer, era difícil, mis compañeros también tenían prohibiciones de sus padres, pero al estar lejos de ellos se puede decir que hacían lo que querían, mientras no los viera algún prefecto o Profesor, yo por el contario tendría que cuidarme que no se enterara, lo que era imposible, por lo tanto obedecía aunque no fuera de mi agrado, lo peor, fingir que era yo quien no quería hacer algunas cosas, como las clases de vuelo.
- ¿Entonces cuando empezamos con las clases de vuelo Marie? podemos pedir una escoba a Madame Hooch.
- Hermano… ¿crees que quiera prestarnos escobas para enseñar a otro estudiante?
- No, pero aun así la tomaríamos.
- Chicos, es que ya no quiero aprender.
- ¿Qué dices? Eso no es posible, todos quieren aprender.
- No, ya lo pensé bien y no me interesa volar.
- Vamos Marie, ¿Porque no quieres aprender? Es muy divertido.
- Si, hace algunos días parecías entusiasmada, y así, de repente ya no te gusta volar.
- Me da miedo, ya no quiero volar... qué tal si… no sé, puedo caer de la escoba y romperme un hueso.
- Por lo mismo debes hacerlo, debes olvidarte de eso, que tal si ya volando te olvidas del miedo.
- No, además ustedes ya están en el equipo no tienen tiempo para enseñarme.
- Mmm... ¡No nos convences!
- ¡Te enseñaremos aunque no quieras!
De pronto, entre los dos me subieron a una escoba donde uno de ellos iba al frente y nos elevamos un poco, para luego dar vueltas en el campo de Quidditch, mientras el otro nos seguía.
- Lo ves Marie, no es nada del otro mundo, vamos a dar un paseo.
- ¡Nooo! ¡Ya bájame!
- ¡No!, mira, ¿Lo ves? ¡No pasa nada!
- ¡No… me siento mal, por favor!
- ¡Mientes!
- ¡Hermano! creo que no miente, se ve pálida y asustada.
Bajamos y Kitty se acercó rápido a nosotros, nos sentamos en el césped y yo veía todo oscuro, pensé que tal vez mi padre tenía razón y podía inclusive romperme todos los huesos, las cosas se aclararon para mí ya no me sentía tan mal, lo que tenia era miedo que él estuviera cerca o algún estudiante le dijera que andaba paseando en escoba con los chicos Weasley, así que con la mirada buscaba si alguien estaba observando.
- Tontos que no ven que está mal, ¿Marie como te sientes?
- Mejor, ya tengo que irme… ya me voy…
- ¡Hey! Espera, te vas a caer si corres ahora, ¿Qué? ¿Se te cayo algo? ¿A quién buscas?
- George porque la subiste así en tu escoba… te dijo que no quería volar.
- ¡Tú me ayudaste, no te hagas que ahora no te acuerdas, Fred!
- ¡Los dos son unos torpes! Pudo caer y hacerse daño.
- La hubiéramos atrapado…
- No lo dudo chicos, bien ya me voy… ya me siento bien.
- ¿A dónde vas? ¿Quieres ir a la enfermería?
- No hace falta, se hace tarde y tengo que ir por mis apuntes.
- ¿Apuntes? ¿Para qué?
Yo no podía decirles la verdad, no quería mentir, pero era la única forma que no se enteraran, no lo entenderían, y mucho menos que mi padre se molestara conmigo, así que no pasaba mucho tiempo con mis amigos, eran, las clases, los deberes, algo de tiempo en la sala común, aparte de las horas de comida, los pasillos y el tiempo que debía estar con él estudiando.
- Llegas tarde Marie ¿Dónde estabas?
- Ya estoy aquí, olvide unas cosas y regresé por ellas.
- ¿Qué te pasa? te veo mal
- Nada padre, solo que corrí demasiado.
- Espero que sea eso, y no por perder el tiempo con tus compañeros, Ah también te recuerdo, que está prohibido correr por los pasillos.
Se mostraba interesado en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras que ese año la impartía el Director Dumbledore, por lo tanto no le agradaba los métodos de estudio ni la forma en que este la impartía. Insistía en que era algo importante y debía ser cuidadosamente tratada, el decía que no era un juego y Dumbledore de seguro la convertía en un circo. De algo servían ese tiempo de estudio, repasaba las clases y le preguntaba en lo que tenía alguna duda, aunque no era un hombre paciente, mejor dicho tenía poca tolerancia a los errores y si eran por descuido peor aún, corría el riesgo de una burla sarcástica.
- Si entendieras Marie, y no solo escucharas, la clase de Flitwick te sería más fácil.
- No es difícil Padre.
- ¿Ah no? Entonces, ¿Por qué me preguntas por un encantamiento del primer grado?
- Solo pedía su opinión. Le preguntaré al Profesor Flitwick - y cerrando el libro lo retiré de su escritorio.
- Al menos él no se burlara de mí - pensé. - no volveré a consultarle nada de otras materias que no sean la suya.
- No me estoy burlando.
- ¿Qué? ¿Cómo supo…? - me pregunté si habría dicho aquello en voz alta sin notarlo.
- Solo te repito que pongas atención, ya te he observado conversando con más estudiantes, no quiero que te distraigas.
- Son mis compañeros, tengo que hablar con ellos.
- Con los de tu casa tal vez, pero con los Gryffindor… ¡son un montón de patanes engreídos que solo piensan en la diversión! Sobre todo si son ese par de tontos Weasley.
- ¿Fred y George?
- Si ellos, al parecer esos Weasley no terminan de pasar por Hogwarts, y cada uno peor que el anterior, en este caso por partida doble de idiotas.
- Padre, no hacen daño a nadie, no veo que tenga algo de malo en ser su amiga.
- No te permito que seas amiga de quienes son una mala influencia, no solo para ti, sino para toda la clase. Esos dos desobedecen todas las reglas impuestas. Y tú resultas muy fácil de convencer, no dudo que algún día intentes romper las reglas también.
- No lo hare padre.
- Bien, porque me molestaría bastante si anduvieras por ahí paseando en escoba con ese par de Weasley desobedeciendo mis órdenes. - Eso lo dijo muy lentamente, y mirándome directamente, apoyaba su barbilla en su mano al esperar mi respuesta.
- ¿Cómo dice?
Yo me quede sin palabras, lo miré y no supe que contestar, solo trague saliva y sentí que mi corazón me delataba, él tampoco me quito la vista, e hizo un gesto de burla, sonriendo sarcásticamente, entonces me di por descubierta.
- ¿Como lo supo? Padre… yo
- Marie… eres tan transparente, puedo verlo en tus ojos, en tu cara, en como tratas de ocultarlo, desde que entraste lo supe, tienes la cara de asco de aquellos que no soportan el vuelo, y la culpa encima.
- No fue a propósito, yo los detuve, les dije que no quería aprender… y.
- Ves que tengo razón, esos dos no respetan nada. Por lo tanto no quiero que hables con ellos, no quiero que vayas a los entrenamientos, no tienes nada que hacer en ese lugar.
- Padre, no quiero desobedecerlo, pero son mis amigos.
- Dependerá de ti, demuéstralo en tus notas, no tendré problema si tu nivel es alto, pero, si veo que no es bueno, te despides de los juegos y de ellos.
Ahora tenía que ser perfecta, si quería conservar a mis amigos, aquello no era justo, dijo que no estaría tras de mí, pero lo estaba haciendo, no directamente, pero me estaba condicionando, no sabía que tenía contra los Weasley, ahora no podía ir al campo de Quidditch, entrenamientos ni nada por el estilo, el Halloween se acercaba y corría el riesgo de no ir a los partidos si él no estaba de acuerdo, ahora esperaba su permiso para asistir a los juegos.
Dos días antes de Halloween en el Gran Salón, desayunábamos, yo lo veía sentado en la mesa de profesores; sin que nadie lo notara, volteaba hacia mi lugar, cuidando que no se acercaran Fred y George, si lo hacían, mas tarde me reprendía o inclusive en su clase trataba de restarnos puntos por cualquier cosa, afortunadamente no tenía problemas en las materias, así que por esa parte sabia que podría seguir con mis amigos sin ningún problema. En un momento entraron muchas lechuzas diferentes, lo que siempre era un espectáculo divertido, ver caer los paquetes y algunas más osadas, se paraban en la mesa esperando un premio de parte de sus dueños, al no tener lechuza sabía que no podía recibir nada, solo me divertía ver como dejaban los paquetes y sus dueños las premiaban, pero ese día si recibí algo, una lechuza de plumaje oscuro y café dejo caer una caja en mi lugar, en un principio creí que estaba equivocada, pero al ver mi nombre no lo dude. Trate de no ser muy obvia y mire a mi padre, tal vez el me habría mandado algo, pero también tenía la expresión de curiosidad en su mirada, trataba de ver que contenía ese paquete.
- ¡Ábrelo Marie! - dijo Kitty emocionada. - ¿Quién te lo envía?
- ¡No puede ser!
- ¿Qué es?
- Son cartas, de mis compañeras de clase - sentí gran emoción - de mi escuela anterior.
- ¡Sera por Halloween!
- No sé, pensé que no me recordarían - estaba tan emocionada que Fred y George se acercaron sin darme cuenta.
- ¿Hey Marie, te mandaron las cartas de un año en ese paquete?
- No, no es nada - dije en forma casi indiferente, tratando que no estuvieran mucho tiempo cerca o él se molestaría.
- Son cartas de sus compañeras anteriores - dijo Kitty.
- ¿Y qué esperas? Vamos empieza a leerlas.
- No, me tengo que ir, después las leo.
- Marie ¿sigues molesta por lo del vuelo?
- No, no es eso. - volteaba a verlo y tenía ese gesto de disgusto, así que tenía que salir de ahí antes que se molestara mas.
- ¿Entonces qué es? Tratas de alejarte de nosotros desde entonces.
- Si, es más, parece que prefieres ir a tus clases particulares.
- No sean bobos, ¿que están diciendo?
- Ya casi no te vemos, no vas a vernos entrenar, ni sales, te la pasas en la sala común de Ravenclaw o con Snape
- Si, pareciera que quiere ser la consentida del Profesor.
- ¿Hasta cuándo vas a tomar clases con Snape?
- No les interesa, déjenme en paz.
- Oye Marie, creo que te está afectando pasar tanto tiempo con él, si sigues así, pronto te cambiaran de casa a Slytherin.
- No me molesten, no es por mi gusto ya les dije el Director lo ordenó, además ¿Que tiene de malo? - me alejé con mis cosas y solo escuché lo último que decían.
- No nada, todos quisiéramos ese honor algún día.
¡Muchas Gracias por leer, en verdad me alegran!
Saludos a Lisscandy que está también en esta página y me ha echado porras (animado) para seguir el fic y a MoonyMarauderGirl por ser ya seguidora de él. :D
Continuamos el martes.
