Verano de 1903, las calles de Londres eran transitadas, el humo de los trenes parecían cubrir el cielo como un velo gris apagando la luz del sol, Katherine caminaba por allí, acababa de llegar a aquella exquisita ciudad, ella apenas conocía los alrededores, sabía que él estaba por allí, algo más allá de sus propias investigaciones le decía que había sido enviado a ese lugar, se había pasado años dedicándose a su búsqueda, se había prometido encontrarle algún día, hasta que…

Al pasar frente una enorme tienda, lo vio, algo peculiar en él era que siempre era el mismo, siempre el mismo.

Estaba de espaldas, tenía de la mano a un pequeño niño aproximadamente de unos 4 años, este llevaba un short azul marino y una camisa del mismo color pero con decorados rojos y blancos, y un vistoso sombrero. Él, él por su parte muy elegante, un traje gris con pantalones del mismo color, su cabello negro cuidadosamente peinado hacia atrás, y esa clásica manera de andar tan refinada, tan suya, no podría ni describirle de lo perfecto que se miraba, para ella aún seguía siendo así; tan bello como la última vez que le vio.

Él estaba pagando algunas cosas ya que le vio sacar un poco de dinero y dárselo al hombre detrás del mostrador, el pequeño lo haló, apuntando aquella exhibidora de caramelos, él giró y sonrió dulcemente, Katherine observaba todo desde la esquina de enfrente, apretando el parasol color turquesa que llevaba en la mano derecha.

Cargó al pequeño niño mientras el hombre quien les atendía le dio el tan ansiado caramelo, sus pequeñas manos lo tomaron, y él pagó el gusto del chiquillo. Intercambió algunas palabras con el hombre de la tienda, este tomó unas bolsas preparándose para llevarlas al coche que aguardaba en la entrada, él dio la vuelta para salir, sonreía al tiempo que le hablaba a aquel pequeño sutilmente parecido a él, tenía sus ojos y esa luz natural de su rostro, Katherine derramó unas lágrimas, quizá el hecho de pretender jugar con el destino termine siendo una pérdida de tiempo, el hombre salió con las bolsas mientras que él se detuvo en la acera pasando el marco de salida, justo frente a ella, extrañamente sus miradas volvieron a cruzarse, su sonrisa se borró poco a poco, Katherine sintió como su pecho se comprimía al sentir de nuevo esa mirada, el aire le faltó, ella retrocedió y se alejó levantando ligeramente su falda, tratando de limpiar esas lágrimas de impotencia y desilusión al ver esa escena, algo en su interior se reprimió obligándola a retroceder, a abandonar esa idea de aparecer en su vida, una vida que tal vez a esas alturas, ya no tenía cabida para ella.

Incluso para recuperar el amor, se puede llegar tarde, muy tarde.

Después de todo, el alma, el espíritu, tal vez no tengan memoria.

- Esto es un desastre Natalie, un completo desastre –Se recostó en el sofá colocando la cabeza sobre los muslos de su compañera—, nunca debí haber aceptado esto.

- Calma, quizás sea porque aún no te conocen, ellos están acostumbrados a tratar con diferente tipo de personas. Es solo cuestión de tiempo Bill, te lo aseguro. –Acarició el rostro de quién yacía sobre sus piernas y apartó delicadamente unos mechones de cabello que caían por su cara.

- ¿Tom ha llamado? –Alzó un poco los ojos para mirar a su rubia acompañante.

- No, de seguro anda muy ocupado disfrutando sus viajes de chico soltero. –Bufó, sonriendo hasta esos enormes ojos expresivos.

- Entonces le llamaré.

- Espera Bill –dijo antes de que se levantara—. Quédate un rato más así, hace tiempo que no tenemos tiempo para nosotros.

Se levantó de aquella posición, se acercó a ella y le dio un beso en los labios, Natalie sonrió, incluso esos pequeños gestos de cariño eran fascinantes para ella.

- Lo sé, y prometo recompensarte muy pronto. –Sus miradas se fijaron una con otra, tenerlo así de cerca era algo que muchas habían deseado por mucho tiempo, pero sólo ella había logrado, justo después de aquel concierto en el 2008 en donde Bill le declaró los sentimientos que tenía hacia ella, haciendo que su rol de simple estilista personal pasara a ser el de alguien muy importante en su vida.

- Espero que para cuando nos casemos no nos tengamos que separar tanto, está bien que compartamos algunas veces por el trabajo, pero, quisiera estar a tu lado, no solo como una empleada más a tu alrededor.

- No eres una empleada más. –expresó con voz suave mientras acariciaba su rostro entre sus manos.

El teléfono sonó, de inmediato él se puso de pie y fue hacia su móvil, la chica giro la cabeza para observar lo que hacía su pareja.

- Tengo junta, ¡como pude olvidarlo! –exclamó con sorpresa—, Nat debo irme. –Sacó las llaves y las metió en el bolso de su pantalón, ella se puso de pie dirigiéndose hacia él.

- Pero aún no has cenado –dijo—, espera un poco la comida está casi lista. –Suplicó.

- Lo siento nena, olvidé eso por completo, si no voy estaré en graves problemas. –Puso sus manos acariciando el cabello de Natalie— Mañana yo te invito la cena ¿sí? –le dio un beso en los labios.

- Está bien. –Sus labios intentaron hacer una sonrisa que sólo quedó en una mueca de disgusto.

Él salió de inmediato a su cita, últimamente con ese nuevo rol de manager, poco tiempo había tenido para estar con su prometida.

- Lo he visto vivir y morir tantas veces que ya no sé si me duele igual –Katherine bebía un poco de té.

- Podrá vivir y morir tantas veces sean, pero jamás podrá desaparecer de tu corazón ¿no es así? –La mujer de cabellos blancos estaba sobre una mecedora observando la puesta de sol desde la ventana de la sala.

- Así es. Jamás podría olvidarlo, por más que desee. –Suspiró observando la taza de té.

- ¿Qué sucederá cuando termines la maldición que inicio tu hermana? –preguntó directa.

Katherine dejó la taza de té sobre la cómoda en medio de la enorme sala, y bajó la mirada, en realidad no tenía respuesta a ello, su meta inicial era acabar con todo aquello, salvar a su amado de esa terrible encrucijada en la que siempre se encontraba, de su cruel destino al que había sido sujeto desde que murió hace algunos siglos atrás.

Una parte de su ser le decía que posiblemente podría volver a vivir una historia de amor similar a la que compartieron en sus vidas pasadas, pero bien sabía que eso era algo muy poco posible. Demasiado imposible.

- Linda –Sus ojos azules la miraron—, si ese vampiro muere, lo habrás librado de volver de nuevo a este mundo, y devolverás el balance en el tiempo. Porque nuestra estancia aquí, en estos tiempos, simplemente no debe ser.

Sus ojos se cristalizaron, y se hundió más en el sofá, ese sentimiento de estar fuera de lugar permanecía, ese que estuvo desde el primer día en el que Lynn le lanzó ese hechizo que la mantenía aún viva, su duda era tan grande como el amor que le mantenía al recuerdo de William.

- ¿Por qué nos hicieron esto? –Su voz se quebró como muy pocas veces, y sus cejas se movieron denotando sufrimiento—, ¿por qué simplemente no nos dejaron vivir en paz?, no debí permitir que lo mataran, a él no. No tenía nada que ver con todo eso.

- Eran otros tiempos, –La anciana se levantó y se dirigió hacia ella–, la gente era demasiado supersticiosa en comparación al mundo actual. Ellos simplemente no aceptaban tus habilidades, esa magia del alma y la naturaleza que solo pueden manejar muy pocas personas. Simplemente no podrías evitar que él muriese –La joven la miró atenta–, si él no moría en ese momento, iba a morir de todas formas. Por falta de amor. Su destino era morir en ese instante, aunque no fuese junto a ti.

- Entonces ¿por qué no morí?, ¿por qué no me fui con él?, porque él y no los dos.

- Porque si tú morías, Katherine –hablaba con voz paciente– nadie podría detener a ese demonio suelto. El destino mueve a sus hombres como cree conveniente, y como todo, el rompecabezas siempre se resuelve.
Mi niña hermosa –Puso su mano sobre su hombro–, si el destino les da la oportunidad de nuevo, sólo recuerda quien eres y así podrás tomar la decisión correcta.

«Prometimos amarnos siempre, inclusive cuando mi calidez sea arrebatada, que la llama de nuestro amor brille aún más que el mismo sol. Mi alma, no puedo concebir que el recuerdo de esa fantasía no llegue a tu memoria. Puesto que fuiste el único dueño de mis sentimientos, de mi corazón, de mis sueños, de mi propio destino.»

Él tenía esa fotografía en las manos, observaba sus ojos verdes, y las ondas rojizas que caían por sus hombros; sólo él podía descifrar el atrayente gesto de su rostro, ese aspecto que había enamorado a más de uno, y que había llegado a ser parte importante de lo que fue, y es ahora, la fotografía se veía un tanto maltratada, pero parecía ser de hace algunos meses debido a sus vestiduras, estaba en la cruzada de una calle, una bufanda azul le cubría el cuello y pecho, y debajo de esto llevaba una blusa blanca de mangas largas, con esos jeans que se estaban volviendo muy frecuentes en ella, muy diferente a la mujer que alguna vez conoció. Los vestidos largos, algo rasgados, corsés y peinados extraños ya habían pasado desde hace mucho, ahora cada quien se renovaba, día a día. Incluso él.

En medio de esa oscura habitación, sólo la luz de una pequeña lámpara alumbraba a quien miraba esa fotografía, cabello obscuro, ojos marrones, un lunar en la parte inferior derecha de su labio, piel tersa y blanca, vestiduras negras, él sonrió levemente, pasó los dedos sobre el rostro plasmado en la fotografía, sabía que era ella, que día a día estaba cada vez un paso más cerca de acabarla, de desaparecerla.

"Katherine –murmuró–, pronto nos volveremos a ver. Muy pronto"

- El avión despega en 5 minutos –anunció la aeromoza con una fina sonrisa en su rostro.

Ella regreso a su puesto, mientras Bill tecleaba en la portátil que llevaba sobre sus piernas, los chicos hablaban entre sí, era un muy buen día para ellos, pero no para él, tantas citas, presentaciones con personas importantes, firmas, contratos…

Sus primeras semanas habían sido demasiado fuertes, incluso para una persona acostumbrada al trabajo bajo presión, así como lo era él.

Observó por la ventanilla, el avión despegaba; de repente volvió a sentirse como aquellas épocas en las cuales salía de gira con su propia banda y lograban llegar a muchos sitios, aun podía escuchar el grito de los fans en sus oídos, sonrió para sí mismo mientras recordaba esos momentos locos con su hermano, y sus dos más grandes amigos de toda la vida, las pláticas nocturnas, las bromas, los momentos de estrés, las peleas, sentía que había pasado mucho tiempo de aquello, aunque él no se sentía arrepentido de emprender un camino distinto, de hecho todos lo hicieron, decidieron intentar algo diferente de sus vidas, aunque obviamente sin abandonar lo que en verdad aman, de inmediato el celular sonó, el reaccionó al momento, miró la pantalla, un mensaje de su hermano deseándole un buen viaje con su nuevo "grupo", él sonrió, sabía que lograría algo demasiado bueno, como siempre lo hacía, muy a pesar de la negatividad de los chicos, muy a pesar de cualquier cosa.

- Sabes que está muy peligroso andar por estos rumbos, ¿cierto? –caminaba al lado de aquella mujer.

Ella lo miró e intento ignorarle aligerando el paso, sonando los tacones de sus zapatos.

- ¿A dónde vas? –volvió a decir acelerando el paso, esas fuertes botas sonaban contra el asfalto. Ella no respondió —Sé lo que eres. –soltó a lo que ella volteo de inmediato.

Quedó frente a ese perfecto rostro que la miraba fijamente, allí comprendió que trataba también con quizá, uno de ellos.

Ágilmente giró y comenzó a correr, él fue detrás de ella, dando de zancadas por el pavimento, la calle estaba en completa soledad, obscura, fría, un lugar perfecto para ellos, llegaron a un callejón, la mujer intento atacarle, abrió la boca dejando ver los blancos colmillos de su dentadura mientras trataba de rasgarle la cara; intento darle un golpe que él sostuvo con su mano, la atrajo para sí y con la mano que tenía libre enterró la gruesa y rústica estaca en su pecho.

Un grito ahogado se escuchó levemente, combinándose con el ruido natural de la ciudad que se mantenía muy activa las 24 horas del día, después de todo para quienes estaban en el exterior, no había pasado nada.

Rasgó su interior, despedazándole poco a poco, separó su corazón de su cuerpo, con esa estaca demasiado filosa, tomó un poco de la sangre que goteaba, sólo un poco, la sangre que lleva un vampiro en su cuerpo es poco apetitosa, y más para él, simplemente no era su especialidad; aún tenía ese pedazo de madera en la mano, lo dejó caer con un gesto de asco en su rostro, simplemente ya no le serviría para su cacería.

Agitó las manos debido a la sangre que goteaba de estas, la miró, su cuerpo se había convertido en una aproximación de estatua de yeso, completamente rígida, pálida y agrietada, pateó hacia los restos volviéndolos polvo, sonrió de forma arrogante dejando ver los filosos colmillos blancos de su dentadura, volvió a su camino principal, cubriendo las manos entre su gabardina negra.

Si continuaba así pronto acabaría con ellos.

- Él caza vampiros, y los extermina —Katherine sonaba un poco angustiada, mientras acomodaba algunos libros que se encontraban en el enorme estante pegado a la pared de su habitación—, su fin es algo que desconozco.

- ¿Decías algo? – Lynn le dio una vieja libreta de dibujo.

- Que él está haciendo cosas sin sentido –Ella se quejó dejando atrás su atención hacia el estante, dirigiéndose completamente a la libreta—, es extraño que aún no haya intentado nada en contra de Bill. Algo está tramando, lo sé. Además, ha estado matando vampiros, desde no sé cuándo. No lo entiendo. –Palpaba la parte frontal de la libreta con suma delicadeza.

- Los malos espíritus no pueden ser explicados por nada, mucho menos por seres vivientes.

- Pero… ¿por qué Lynn?, ¿por qué matar a quienes son de cierta forma como él? –Abrió la libreta y contempló el dibujo del único hombre que tanto había amado, el único recuerdo que tenía de él, y de cada una de las personas a las que había querido.

- Quizá porque no son del todo como él —pasó delicadamente los dedos sobre el rostro delineado por carboncillo—, hay una diferencia abismal entre William y los demás, y tú lo sabes. Está sobreviviendo a un mundo completamente paralelo a él, los vampiros que nos atacaban en la edad media, cambian, se multiplican, a veces permanecen o a veces mueren, pero él, él simplemente está, y sólo podrá ser detenido hasta que la misma sangre que le dio la vida, le de la muerte.

La joven observaba los finos trazos que formaban ese rostro que jamás en su vida olvidará, su mirada profunda, esas perfectas facciones que lo hacían parecer un sueño entre la neblina de su realidad. La arrugada mano de su compañera tomó delicadamente el extremo de la hoja y la pasó dejando ver otro retrato, este ahora era de una joven, de aproximadamente unos 17 años de edad, estaba de medio perfil, mirando hacia abajo, tocando su cabello lacio, oscuro que caía por su lado derecho, llevaba una diadema con algunas flores que le adornaban, Katherine viró la mirada de aquel dibujo alguna vez hecho por ella misma.

- Ella está muerta debido a esa ira absurda que le provocaron tantas desgracias. –comentó la pelirroja.

- No sólo fue la ira, ni el trauma, sino también la envidia, y la codicia de lo ajeno –La miró perspicaz la anciana—. Con su afán de quitarte a William y de su terrible odio hacia ti, ve todo lo que desató esa muchachita. Esos no eran los sentimientos correctos para una hermana.

- Lynn, ya basta –Gimió—, ella tenía sus razones. —Claro, siempre era lo mismo, Katherine terminaba justificándola.

- Cariño, no entiendo como aun sigues creyendo en ella. Kiara fue quien desató todo esto, desbalanceo algo que no debía, los lazos que separan a la vida de la muerte no pueden ser quebrantados. Ella lo hizo, y te ha condenado a ti y a él a estar aquí por más tiempo de lo debido; a él a nacer, morir y ser emboscado por ese ser, y a ti, a sufrir por verlo padecer. Eso no es justo para ninguno de los dos.

Katherine cerró la libreta, tomándola y pegándola a su pecho aspirando aire profundamente, cerró los ojos para no responder, no era lo correcto; Lynn la miró, se sintió mal por sus palabras, pero no podía hacer más ya que ambas sabían que era verdad.

- Iré a dormir. –dijo con un toque de remordimiento alejándose de allí.

Las luces eran cegadoras, la música hacia vibrar el piso, los cuerpos moviéndose, Bill estaba pegado a la barra observando la pantalla de su celular, "que te diviertas querido", decía el mensaje de texto enviado hace algunos minutos por Natalie; lanzó un suspiro y bebió un poco de su preparado con vodka, a lo lejos estaban Andrew y Christian charlando con algunas chicas, mientras que una mesa no tan lejos de allí estaban los demás haciendo el clásico ruido de personas pasadas de copas, brindando, sonriendo. Después de la pequeña presentación en ese lugar, era justo ir a relajarse un rato.

Aunque la discrepancia de ellos aún permanecía, él no se interesaba en ello, había demasiadas cosas como para preocuparse por esos pequeños problemas.

Desvió un poco la mirada, no había nada aparentemente divertido allí, tomó su pieza de alcohol y comenzó a caminar por aquella lujosa zona VIP, no pensaba entablar ningún tipo de plática con alguna mujer, él mismo sabía que si se relacionaba con alguna probablemente a la mañana siguiente despertaría en su cama, era algo que no le agradaba, su debilidad por el alcohol combinado con las mujeres no era buen resultado, se conocía, pensaba en Natalie y más ahora en su etapa de "prometido". Después de todo mantenerse al margen de esas cosas era muy buena idea.

Se asomó observando la planta baja de aquel lugar, puso el vaso sobre la armadura de madera que delimitaba al piso de arriba, todos bailaban, algunos caminaban entre la gente buscando a alguien o yendo a la barra, parejas que se besaban intensamente, personas que hablaban a pesar del elevado volumen de la música, sentía el pesado olor de alcohol, sudor y tabaco que azotaban su nariz, en la entrada observó algo que le llamo mucho la atención, de inmediato se movió de allí siguiendo con la mirada aquella figura entre las luces de aquel lugar, lo vio subir las escaleras, un estilo de andar muy familiar, unas ropas obscuras, de inmediato se dirigió a las escaleras para encontrarse con esa persona, pero el hacerse paso entre quienes bailaban por allí se le hizo un tanto dificultoso, lo vio llegar hasta allí y dirigirse a lo que parecían ser los baños, unas manchas color carmesí en las manos le despertó más la intriga, entre empujones y pasos algo torpes logró continuar hasta llegar al pasillo que dirigía a los baños, iba detrás de él, por alguna extraña razón su corazón palpitaba demasiado rápido, la adrenalina le embargó, algo en su interior le alertaba a algo, aquel hombre entró y Bill aceleró el paso para poder ver quien era, al abrir encontró a Andrew quien iba saliendo; unos pasos más y ambos chocaban.

- Ahora que, ¿nos vigilaras también hasta cuando vayamos al baño? –Gruñó quedándose frente a él. Bill parecía nervioso, pálido, miraba alrededor de aquel lugar y al parecer no había nadie excepto Andy y él—. ¿Te pasa algo? –llamó su atención.

- ¿Hay alguien más aquí? –En realidad no sabía por qué preguntó eso.

- ¿Crees que hago inventario de cada tipo que viene a mear? –respondió arqueando la ceja.

Bill iba a responder cuando el enorme espejo del baño estallo en pequeñas partes haciendo que ambos retrocedieran casi saliendo de aquella habitación de baño.

El vidrio quedó por todo el piso, Andrew volteo a verle confuso, algo allí no se sentía bien.

- ¿Qué diablos…? –Sus ojos azules se abrieron como platos mientras devolvía la mirada a los vidrios rotos por todo el piso que les impedía avanzar más a dentro del cuarto.

- Anda, salgamos de aquí –lo jaló—. Avísale a los demás, nos vamos de este lugar.