Era un día glorioso, tan glorioso como los otros… eso diría si tuviera el optimismo de Makoto y es que desde que llego al restaurante no ha dejado de repetir aquello, como si fuera un mantra, yo no podía entender aquello, para mí no era un día glorioso, a pesar de que dormí como una roca me sentía totalmente cansado, apenas y podía mover un musculo, quien sabe como he hecho mi rutina. La noche anterior, y hasta ahora, no había desaparecido, viajando miles de millones de años para encontrarme con mi otro yo y vivir una vida tan extraña en aquel desierto, al parecer, y yo pienso que es así, es por lo que me siento de esta manera. En todos mis años, que a pesar de que no son muchos pero ya me siento un anciano, nunca me había pasado algo como esto, siempre, todas las noches, al amanecer, en la tarde, siempre, tenía esas visiones, repito, no había ni un solo día que no me transportara.

Y me extrañaba, ¿lo del contacto con pelirrojo aquel tendrá algo que ver con esto? Suspiro, si sigo pensando en eso me dará una jaqueca, la cual no quiero, porque Makoto me obligará a regresar a casa y cerrar el local, o buscar un reemplazo. No, eso jamás, una vez lo había intentado, me encontraba tan enfermo que no podía ni levantarme; para no perder el ingreso de ese día Makoto tuvo la grandiosa idea de contratar a alguien, solo para los días en los que estuviera ausente. El resultado: una pérdida de clientela del casi 86% en tan solo tres días, y todo por aquel inútil que intento pasarse de listo, al parecer era amigo de Makoto, y sabía cocinar… solo un poco. El que su madre le dijera que era un chef profesional por solo freír huevos era algo muy ridículo.

Aun enfermo me presente en el local antes de que ese desquiciado nos dejara sin comensales. Afortunadamente llegue justo a tiempo, aquel día solo tres personas ocupaban una sola mesa, su rostro al ver los platillos frente a ellos fue como el de una película de terror, como si unos extraterrestres hubiesen puesto huevecillos en su comida, o en vez de comida quemada y maloliente se encontrase un feto rostizado.

—¡Haru! Tienes que venir —la puerta es abierta estrepitosamente, dejando ver a un histérico castaño.

—¿Huh? Estoy ocupado —giro el rostro a los vegetales que corto en julianas.

—Haru~ Tienes que venir. Rin esta aquí —susurra lo último retorciendo su delantal azul. Abro los ojos con sorpresa.

—¿Quién es Rin?

—¡Haru! —me regaña tomándome del brazo para arrastrarme fuera de la cocina, observo alrededor perplejo, el día de hoy iba demasiado tranquilo, y veía por qué, no había demasiadas personas en el local, y era bastante extraño.

Al fin nos detenemos, el recorrido ha sido de medio local, frente a mí se encuentran un par de chicos, a uno lo conocía, o lo recordaba, o le había visto, tenía el cabello rojizo, un perfil afilado, salvaje y unos labios que… verdad, ahora lo recordaba, era el policía al que había besado. Y de pronto siento la mirada iluminada, el ver a aquel chico una alegría titánica me invade.

—Ah, Haru, ¿no tienes algo que decirle a Rin? —Esa misma mirada de borrego, dedicada solo a mí. Tuerzo la boca.

—Gracias por lo del otro día —pronuncio antes de inclinarme, pero soy detenido por las manos de mi amigo. Mi entrecejo se frunce.

—Ammm, é-él es Yamazaki Sousuke —me gira un poco, mostrándome al otro tipo, sentado frente a Rin. Un chico de cabello color caoba, de ojos turquesa, o aguamarina, más claros que los míos. Su rostro era casi tosco, admito que es bastante atractivo, pero se veía rudo.

Por alguna extraña razón, con solo verlo el estomago se me ha revuelto, tenía tantas ganas de lazármele encima y golpearlo, tomar su enorme cuello entre mis manos y apretarlo hasta dejarlo sin aire. Y la mirada de Yamazaki no se quedaba atrás, me miraba de una manera donde al reflejarme en sus ojos podía verme convertido en un cadáver, o mi cuerpo siendo torturado en infinidad de posibilidades.

«—Tsk, maldita sea, ¿qué diablos hace él aquí? —gruñe colocándose los pantalones —. No salgas, quédate —me hace ademanes con la mano, como si fuera un perro al que quiere entrenar. Frunzo el ceño tapándome hasta la cabeza con aquella sábana de satín mientras la gran puerta de madera sigue siendo golpeada con insistencia.

¿Estás bien? —pregunta una voz gruesa, casi intimidante.

Sí. No sé qué diablos haces aquí Ekusu, sé cuidarme solo —recrimina el pelirrojo. Destapo mi vista, la puerta se encuentra paralela a la cama, más allá de la mitad de la pared, lo cual me impide ver al recién llegado.

Sé que eres bastante capaz —veo una mano aparecer, atravesando la puerta entreabierta y tomando después la mejilla de Nir —. Es solo que me preocupas —escucho el bufido de mi amante, casi puedo ver como rueda los ojos.

Chasqueo la lengua, ¿cómo es posible que un vasallo pueda tocar al sultán? Nadie además de yo debería de hacerlo. Ese bastardo.

Cruzan un par de palabras más antes de que Nir cierre la puerta y vuelva conmigo, por obvias razones le doy la espalda.

Ey, no te enfades —besa mi hombro y acaricia mi brazo.

¿Qué no me enoje? ¿Cómo puedes dejar que ese tipo te toque de esa manera? —gruño removiéndome, evitando su toque. Odiaba sentirme celoso, y más porque sabía que yo no era nada para Nir y que muy posiblemente me cambie por alguien más, por alguien de su categoría, por una princesa de hermosa piel blanca o acanelada, de larga cabellera, con ojos tan grandes y expresivos como un par de joyas; alguien a quien pueda presumir por todo el reino, una persona de la realeza con la cual unir fuerzas, tener descendencia, alguien que valga algo, a alguien a quien no le corten la cabeza por meterse con alguien de la realeza, porque aquello es un delito.

Ey, no estés celoso. Ekusu ha estado aquí desde que tengo memoria —explica —, es como mi amigo, por eso tiene ese tipo de acercamientos conmigo. Vamos Akurah, no puedes estar celoso de alguien que es como mi hermano —susurra en mi oído antes de comenzar un camino de besos hasta llegar a mi trasero.

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Estaba a poco, solo unos pasos más y saldría del castillo, pero estaba pasando algo bastante extraño, no era normal que un montón de guardias estuviesen rondando por todo el palacio, dese los pasillos hasta los jardines, apenas y pude salir, y eso que había obtenido ayuda de Irotin, quien nos aviso desde muy temprano que Ekusu había ordenado vigilar bien el palacio. Al parecer estaba sospechando de algo, una jugada chueca de Nir o algo mucho peor.

Maldición —gruño escondiéndome en uno de los arbustos, Irotin haría lo posible por alejar a los guardias, pero eran demasiados como para persuadirlos a todos.

¡Rápido, están atacando al príncipe! —Mi corazón comienza a bombear sangre como loco, aquello no podía ser cierto, Nir no podía estar en peligro.

Instintivamente salgo de un salto de mi escondite, observo a Irotin, su gesto es de preocupación, y no lo entiendo hasta que siento como me sujetan firmemente del cuello, mi espalda se encuentra de un golpazo con el tronco de uno de los tantos árboles. Aquella mano ciñe mi cuello con demasiada fuerza, impidiendo que el oxigeno circule con normalidad, trato de aferrarme al poco aire que entra en mi sistema.

Mis pies se levantan unos centímetros del suelo, mis manos se aferran a aquella que me sostiene impidiéndome el respirar. Detrás de aquel tipo el sol brilla, provocando que quien me sujeta no sea más que una sombra.

Así que tu eres la pequeña rata que se escabulle hasta la habitación del príncipe —su voz grave provoca que mi cuerpo vibre, se escuchaba tan amenazadora, era él, estaba seguro, el guardia de la noche anterior; Ekusu»

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Genial idea la de Makoto, el que la casa invite la comida de ese par de policías como agradecimiento por el atrapar al tipo que me asalto y el no dejarme aquel día en los separados, además de devolver el dinero de la fianza. Estupendo, ahora tenía que preparar unos platillos especiales para ese par, Rin me caía bastante bien, a tal punto de pensar en él a cada instante, aunque le olvidé esta mañana. Pero no es mi culpa, los malditos pensamientos del chico marginado y aquel desierto inundaban mi cabeza, desplazando las cosas importantes hasta hacerlas desaparecer, dejando que vuelvan solo cuando es necesario.

Pero no más. No olvidaría de nuevo aquel rostro afilado, aquellos ojos flameantes, aquella voz profundamente sugerente, que acaricia mis oídos como incitándome a tener algo sexual; era tan erótica que mis oídos lo resentían, casi sentía como se ponían duros y calientes, como alguna otra parte de mi anatomía, entre mis piernas para ser más exactos.

Pero una cosa si quería que se desvaneciese lo antes posible. Aquel sujeto, al parecer compañero de Rin, me había dejado un mal sabor de boca, tan agrio como quien come limón, o peor aún. Sentía mis entrañas derretirse como si alguien hubiese vertido asido dentro de mi boca y yo lo hubiese tragado, provocando este malestar.

Era un maldito y le odiaba, no importaba la razón, solo lo odiaba. Pero había pasado algo bueno, la laguna mental volvió, tan extensa como en los últimos días, pero no le agradaba que fuera por la presencia de aquel tipo y que su imagen siguiera aferrada al borde de su mente, quería olvidarlo, ya.

—Haru… ¿qué estás haciendo?

—Colocando veneno de rata en la comida. Le da mejor sazón que la pimienta —murmuro demasiado concentrado vertiendo aquel polvo en una de las ollas.

—Maldición Haru, deja de jugar. Rin y Yamazaki-kun esperan impacientes la comida, deben volver al trabajo —me aleja de un golpe con la cadera, quita la olla del fuego y la lleva al fregadero, vertiendo allí su contenido.

Mi intento número uno de matar a ese sujeto ha sido fallido, vayamos al intento número dos.

Preparo la orden de Rin, un curry Vindaloo, platillo típico de la India, demasiado picoso y condimentado para mi gusto, pero extrañamente un presentimiento me decía que aquello le gustaría, porque él ama la comida condimentada. Vindaloo de cordero, ¿le gustará el pollo? Tal vez sea más de comer carne de res, digo, por sus afilados dientes.

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Coloco el plato frente al pelirrojo, noto que su mirada se ilumina y una sonrisa aparece en aquellos labios, me daban ganas de besarle de nuevo con ese gesto, se notaba más dulce que aquella vez en la estación de policías.

El carraspeo de alguien me saca de mi escaneo, giro la cabeza hacia la derecha topándome con el rostro disgustado de aquel tipo que acompaña a Rin.

—Disculpa, pero te pedí un sashimi no tofu —empuja el plato con la palma de la mano hasta dejarlo casi al borde de la mesa.

—Perdona, creí que te gustaría —mentira. Sabía de sobra que al menos al 63% de las personas que pisaban el restaurante odiaban el tofu, y no sabía por qué, el tofu con caballa era la gloria misma.

Tomo el plato dirigiéndome a paso lento a la cocina, no me importaba lo que él quería, por mí que se muera de hambre, una escoria menos en este mundo.

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—Aquí tienes —dejo el pedazo de pastel de fresa frente a Rin, una sonrisa divertida se le escapa, toma el tenedor y atraviesa la gran fresa que adorna el postre.

—¿Quieres un poco o esperaras a que llegue tu comida? —se burla haciendo círculos con el tenedor frente a la mirada furiosa de Yamazaki.

—Muérete —golpeando con las palmas de su mano la mesa se levanta con aquel impulso, pasa a mi lado rosando nuestros brazos en un molesto gesto, le sigo el paso con la mirada hasta que llega a la barra donde Makoto sirve un poco de jugo de piña, cruzan un par de palabras, Makoto se exalta y me mira con nerviosismo y desaprobación, dice unas cuantas cosas más y entra a la cocina.

Más le valía no tocar mi caballa o se enteraría de quién era yo.

—Esto es delicioso. Eres muy bueno en esto —aquel alago provoca una extraña sensación de felicidad en mí, hasta este momento ningún alago ha provocado este sentimiento de satisfacción, ¿por qué con Rin era así de diferente?

—Ah, gracias. Supongo —desvió la mirada al ver aquella sonrisa con crema batida en una de sus comisuras. ¿Sera conveniente acercarme a limpiarla? La última vez que hice contacto con él termine detrás de una puerta deslizable hecha de barrotes.

A la mierda, si me encerraba de nuevo fácilmente podía salir con las suplicas de madre preocupona de Makoto. Así que me arriesgo; tomo una servilleta y me inclino hasta estar a escasos centímetros de aquel perfecto rostro, así de cercas puedo notar un tono rojizo que se va instalando en sus pómulos, tan adorable como un niño queriendo llorar.

Cumplo mi tarea de limpiar la crema batida, pero sus ojos comienzan a seguirme como buscando los míos, hasta que nos encontramos. Me acerco a él como una pelota de beisbol golpeada por un bate, nuestras narices chocan casi dolorosamente, pero el quejido de cualquiera de los dos muere en la boca del otro.


Notas del Autor:

Increíble, creí que no saldría nada pero… aquí esta, una nueva actualización. Espero que sea de su agrado, he terminado de escribir a la 1.45 am y siento mis ojos secos. Quería desahogar mi tristeza escribiendo :( ¿Han leído de esos fanfics que sientes que te marcan? ¿Qué son tan importantes que no lograras superarlo ni leyendo una docena? Bueno, hoy me paso, toda la tarde casi me la pase llorando, fue horrible porque mataron a mi pareja favorita ToT Si se preguntan qué fanfic es se llama "Five", es un fanfic de "KNB", muy bueno pero a la vez doloroso (para mí) En fin, dejando de lado mi sentimentalismo sigamos con el tema del capítulo, creo que hasta el momento es el más largo que he escrito, y espero que haya muchos más largos, pero a la vez lo siento tedioso y repetitivo -.-''' No soy muy buena alargando los escritos, soy más de "Pequeños y directos", pero me eh propuesto a escribir mucho más. Well, díganme en sus reviews sus opiniones sobre todas las preguntas que he hecho e.e Me encanta interactuar con ustedes, quejas y sugerencias son muy bien recibidos.

Gracias por leer \°3°/