Si algún día decides volver
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Disclaimer: La historia es mía, los personajes son de Stephenie Meyer. Prohibida su copia. Contiene escenas sexuales +18.
Summary: La veo en fotos, revistas y en televisión. La conozco. Ella me conoció. Mantengo la esperanza de que vuelva, que deje los vicios, que acepte que su vida no gira en torno a excesos. La quiero devuelta, para volver a ser lo que nunca fuimos.
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III
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Edward POV
Forks, 11 de Febrero, 1979
Cuando entro a mi casa, Jessica y mi padre charlan animadamente sobre el último partido de baseball. Sonrío a pesar de todo, me gusta que papá tenga con quien hablar. A mí no me gusta tanto el baseball, aunque cuando niño lo jugaba con Jasper.
—¿Edward? —exclamó mi padre, entrando a la sala.
No me había dado cuenta de que estaba absorto, mirando con tranquilidad el lugar.
—Oh. Hola, papá. ¿Jessica? —inquirí.
—¡Aquí, Edward! —indicó.
Dejo mi chamarra a un lado, en el brazo del sillón y camino hasta la cocina. Jessica está de espaldas, cocinando algo en la olla vieja de mi madre. Revuelve con esmero los guisantes y el suave caldo. Se huele delicioso.
—Te dignaste a aparecer —dice dándose la vuelta para mirarme.
Le sonrío por primera vez en mucho tiempo, pues se ve preocupada.
—Supongo que me estabas esperando —le sonrío otra vez, elevando mis comisuras.
Rueda los ojos, pero veo un leve rubor en sus mejillas que mi padre logra captar, por lo que eleva sus cejas sugestivamente. Le niego con la cabeza.
—¿Qué tal el trabajo en la escuela? Supongo que te pagará muy bien —conversa Jessica.
Me encojo de hombros.
—Eso creo. Pero es un trabajo duro, ya que requiere cambiar completamente la plancha y la madera del techo, está rota y picada. Necesitaré de Jasper —les digo a ambos, que me miran expectantes.
Se oye la puerta del baño abrirse con rapidez y la voz suave de Jasper.
—Veo que hablan de mí —exclama con ese tono juguetón en su voz.
Me abraza fuertemente, con fraternidad. No nos veíamos hace mucho, un mes más o menos. Él tiene más tiempo libre que yo, así que acostumbramos a acercarnos en casa de nuestros padres respectivos.
—¿Qué es de ti? —me pregunta mientras se acerca a la nevera y coge una cerveza.
Tenemos la confianza suficiente para movernos en casa, somos muy unidos.
Me encojo de hombros intentando parecer despreocupado.
—Nada nuevo —susurro.
Papá intenta no prestarnos atención, pero al fin y al cabo lo hace quitando los ojos del periódico y dirigiéndolos a nosotros. Jessica también finge no escuchar, pero lo hace, aunque sé que no le importa lo que hablemos.
—¿Nada nuevo? Oh, viejo, ¿cómo es eso? —comienza a reír—. ¿Ninguna novia? ¿Algo?
Niego rotundamente con la cabeza. Jasper bufa y me da una palmada en el hombro.
—Yo tampoco —dice pausadamente—. Estamos en 1979, Edward, ahora las mujeres no buscan muertos de hambre que viven de lo que la guerra de Vietnam les dejó, sino que famosos actorcitos o músicos drogadictos.
Se sienta en la silla que está frente a mi padre y me pide que me acerque. Lo hago. Me siento a su lado mientras papá hojea el papel débil de su periódico de hoy.
—Tengo algo que contarte —me susurra mi primo, bebiendo con lentitud de su botella.
Levanto las cejas con cierto interés. ¿Qué novedades podrían haber en este maldito pueblo?
—En realidad son dos —comentó distraídamente.
—Podrían actuar más discretamente si no quieren que escuchemos —dice mi padre con bastante curiosidad.
Lo miro de mala manera; a veces es algo asfixiante.
—Bien, tío Carlisle, lo mejor sería que Edward me acompañara a fumar un cigarrillo en el porche.
—Tú no fumas, Jasper.
—Estoy comenzando, no se preocupe. —Jasper me toma desde el brazo para que le acompañe y yo le sigo.
Cuando salimos de casa me hace sentarme en la acera. Bebe un poco más de cerveza y mira hacia el horizonte en busca de las palabras. Al parecer es grave. ¿Qué puede haber de grave en nuestra vida? ¿Qué cosa tan importante y completamente interesante nos podía afectar a nosotros?
—Todavía te acuerdas de Bella, ¿no? —me susurra con lentitud. Sabe que el tema me afecta e intenta no tocarlo, pero ahora le es indispensable.
Me tenso en el momento y me giro solo un poco para observarlo. ¿Qué novedades podían haber en la vida de una mujer que lo tiene todo? ¿Alguna otra película? ¿Un novio lo suficientemente rico para alejarse todavía más de mi lado? Qué babosadas pienso.
—Supongo que verla todos los días en televisión me ayuda a refrescar la memoria —le digo en tono sardónico.
—Ya, no te pongas así. Lo siento. Creí que se te había olvidado.
—¿Olvidado? Jasper… —iba a darle mi discurso, pero preferí callarme—. No podría olvidarla —le digo con sinceridad.
Se queda en silencio por un momento, quizá buscando las palabras exactas. Jasper es buena persona, no le gusta hacerme sentir mal y se lo agradezco, pero estoy acostumbrado. Es gracioso notar el dolor como algo tan propio, cuando en realidad eso está mal.
—Ayer vi a Charlie Swan —suelta de repente.
Siento la bilis subir por mi garganta, pero evito vomitar sobre mi primo. Charlie… Charlie Swan. ¿Qué puede hablarme Jasper del jefe de policía borracho?
—Tranquilo, Edward —susurra.
Asiento.
—Estaba bebiendo una botella en la acera de la casa y creyó que estaba haciendo fechorías —lanza una risotada—, pero le dije que era mi casa. Aunque en realidad era una excusa para hablarme de ti. —Da vuelta el rostro para mirarme.
—¿Hablarme a mí? —Le pregunto entornando los ojos en el intento—. ¿Qué tiene que hablarme él a mí?
—Pensó que sabías algo de Bella.
Nuevamente siento náuseas y es porque estoy nervioso. Demonios, cómo quiero dejar de escuchar su nombre, aunque sea una vez nada más.
—¿Ahora es el padre responsable? Bella ni siquiera lo consideraba como tal, tenía a Phill y él fue su padre durante todos esos años. Luego ella se fue… —la voz se me quiebra en la última sílaba.
Mi primo pone una mano en mi hombro y lo aprieta ligeramente, infundiéndome el aliento que yo no tengo. Odio ser tan débil, tan sentimental, ser un hombre tan diferente y tan repugnante.
Cuando era un adolescente me molestaban por eso, me decían marica u homosexual. Yo no entendía por qué utilizaban esos términos como un insulto y no entendía tampoco por qué me lo decían a mí, siendo que siempre me gustó una sola chica. Recuerdo que Emmett McCarty era el responsable gestor de aquellas bromas, y era el novio de aquella chica.
Yo era sensible, me gustaba escuchar música, cantarla a pesar de que no lo hacía bien y pintar paisajes en el balcón que daba hacia la montaña llena de pinos. Según los chicos yo era demasiado maricón, que los hombres no hacen esas cosas. Emmett demostraba su masculinidad golpeando a los demás y agarrándole el trasero a ella, sobre todo delante de mis ojos. Agradezco que no le haya pedido a Bella que me dejara a un lado, porque era mi única amiga.
Bella no entendió hasta que tuvo quince años, pero le dejó porque era un imbécil. Y, sin embargo, yo no tuve el valor suficiente para pedirle que fuese mi novia. Aunque claro, cualquiera me vería como vencedor ya que habíamos perdido la virginidad en el auto de mi papá junto al lago, pero no era un vencedor… Solo fue sexo entre dos adolescentes y me dolía pensarlo, porque de verdad la adoraba, quería algo serio, hacerle feliz. Nunca lo entendió y lo comprendí, era obvio que cualquier chica tan linda e inteligente no se quedaría con un muerto de hambre.
—Es grave, Edward —insiste mi primo rubio.
Frunzo el ceño rápidamente.
—¿Es sobre ella? ¿Es ella la que está grave? —inquiero con otra opresión en el pecho.
Jasper negó, por lo que me tranquilicé.
—Es su madre —dice al fin.
Aprieto mis labios, Renée estaba enferma la última vez que supe de ella. Claramente ahora está peor, no necesito ser un genio para adivinarlo. Desde que Bella se fue y Phill le dejó… ella decayó profundamente. Siempre me saludaba y preguntaba por mi padre y yo le iba a limpiar el suelo del porche sin cobrar. Quizá era la única manera de mejorar el vacío que nos había dejado Bella, viéndonos y sintiendo en nuestras miradas el dolor.
—¿Morirá? —Es lo único que me importa.
—No lo sé —señala—, pero deberías ir a verla.
Miro al suelo y frunzo el ceño. ¿Debo hacerlo?
—¿Bella lo sabe? ¿Alguien le ha avisado que su madre está mal?
Muy en mi interior crece la ilusión de que ella aparezca, solo unos minutos, segundos, lo que sea. La extraño más de lo que puedo soportar, recordarla se me hace doloroso, pero no menos saludable para mi corazón que palpita con cada recuerdo en mi memoria.
—Sí, lo sabe, pero no quiere saber nada de ella.
Las palabras de mi primo me duelen.
—¿Por qué tendría que ser verdad? —insisto.
—Según Charlie ella no contesta cartas ni el teléfono. Su prima Carmen intentó comunicarse, pero es demasiado reacia. No le importa, Edward, desde que se fue los demás ya no le importaron. ¿O debo recordarte las palabras que utilizó y que tú mismo me confesaste? No le interesaste nunca. —Sus palabras me duelen, pero son ciertas. Se da cuenta de que su comentario es demasiado honesto e intenta disculparse—: No debí decirte eso, lo siento…
—Tienes razón —susurro—. Solo fui un amigo.
Un amigo con el cual tuvo su primera vez, un amigo con el que hizo el amor. Pero no podía confesar aquello, no podía permitírmelo, no era de un caballero, no era propio si le quería tanto. Dios… quiero arrancarme el corazón del pecho.
—Edward —me llama Jasper luego de acabarse la cerveza.
Giro la cabeza para prestar atención y así eliminar tantos pensamientos absorbentes.
—Olvídala —me insta—. Tienes a alguien que espera realmente por ti y podría hacerte feliz. —Sé a quién se refiere y creo que tiene razón—. Jessica ha estado contigo siempre, te acompañó en todo momento y nunca has podido brindarle un poco de atención. Te quiere, y no como amigo.
—Lo sé.
—¿Entonces qué esperas?
Me encojo de hombros.
—Quizá esperé a que regresara. Pero ya no lo hizo.
—No. No lo hizo y ahora menos lo hará. Olvídala, Edward, tienes a alguien que podría ayudarte.
Y con ese comentario sé que debo hacerlo, dejar de pensar en ella y olvidar esta tortura agobiante. Debía darle una oportunidad a la vida, dejar que el pasado no se convirtiese en mi presente. Además, saber que Bella jamás estuvo interesada en su madre me generaba algo de decepción.
Jasper se levanta y me tiende su mano para que yo lo haga también. Cuando entramos a la casa, Carlisle me mira a través de sus gafas y Jessica ya está sirviendo los platos con la comida. Huele realmente bien. Le sonrío, recordando la conversación reciente entre mi primo y yo. Jessica sí se ha portado bien conmigo durante todo el tiempo que nos conocimos.
Ella iba conmigo en la secundaria, nos conocimos accidentalmente en una clase de pintura. Bella estaba de novia con Emmett por lo que me encontraba de mal humor casi todos los días, pero Jessica me alumbraba las mañanas con sus charlas extensas, ya que, como a mí no me gustaba hablar mucho ella era la que llevaba el tema hacia adelante y yo solo escuchaba. Siempre me decía que no le gustaba pintar, pero su madre le obligaba pues no tenía ninguna aspiración y eso lo encontraba lindo.
Conectamos enseguida, ella era extrovertida y yo tímido, por lo que me hacía sentir vivo y reluciente en tanta porquería interna. Fue la primera vez que vi a Bella celosa, pero no eran celos de amor, solo celos de atención, porque no le tomaba en cuenta.
Jessica y yo tuvimos una discusión el mismo día de la fiesta de graduación. Yo le conté que había perdido mi virginidad con Bella y ella lo encontró estúpido, decía que luego de esto mi corazón iba a destrozarse. No quería creerle, la sola idea me parecía absurda. ¿Por qué Bella me haría daño? ¿Por qué si ambos nos queríamos tanto? Fui tan estúpido. Y lo soy todavía.
—¡Te hará sufrir! —insistió Jessica tirando de su vestido burdeos con rabia.
Rodé los ojos, cansado de tanta palabra barata.
—La quiero, Jessica, lo sabes muy bien. He esperado todos estos años para que sucediera —susurré con algo de inhibición—. Y sucedió —me encogí de hombros con la intención de sonar despreocupado.
Se quitó el cabello miel de su rostro y bufó. Sus ojos se llenaron de lágrimas y yo acerqué mis manos hasta su rostro para que no lo hiciera. Me las quitó de un manotazo y se fue hacia atrás con los dientes apretados entre sí.
—Ella no es para ti, tiene demasiados problemas a su alrededor —insistió—. Emmett no te la dejará fácil, su padrastro es una mierda, su padre es un alcohólico y está obsesionada con brillar en Hollywood —suspiró—. Dime, Edward, ¿qué le darías tú a alguien tan ahuecado como ella? ¿Un retrato de ella desnuda? ¿Su rostro pincelado en un cuadro? —Tomó mis manos entre las suyas y me suplicó con la mirada—. Eres un pintor, un chico realmente perfecto, sensible, encantador —se ruborizó cuando decía eso y yo lo hice también; no estaba acostumbrado a ese tipo de palabras—, te hundirás con ella.
Me soltó y salió hacia la puerta de salida para irse a su casa. La vi correr con el vestido que tanto habíamos buscado, con los tacos de su madre muerta y el cabello sudoroso por el baile que había tenido con Mike Newton. No sabía por qué, pero verla irse me apretó el corazón. A Jessica le debía mucho, realmente jamás me había dejado solo y menos ahora, a pesar de todo sabría que iba a acompañarme en cualquier momento de la vida.
—Hey —llamó Bella, saliendo del baño de chicas—. ¿Sucede algo? —inquirió con el ceño fruncido.
Sus mejillas estaban teñidas de rosa y su maquillaje negro bajo los ojos escurría como si hubiese llorado abundantemente, pero era el propio sudor del atestado gimnasio escolar. Era nuestro baile de graduación y ella estaba adonizada de pies a cabeza.
Me martilleé los sesos por invitarla, sabiendo que no era muy propio luego del fracasado noviazgo con Emmett. Pero lo hice, luego de una semana de terminada la relación. Aceptó en un segundo y me puse bastante contento, cinco días después le invité al lago, como siempre, pero esta vez había algo, una cercanía constante entre los dos que nos producía un extraño jadeo impropio.
Acabamos haciendo el amor frente a los árboles salvajes y la brisa exquisita de Portland. Ella se entregó al completo y me miraba embelesada, realmente no entendía qué sucedía entre los dos, pero muy dentro de mí se escondía la teoría de que sí sentía lo mismo que yo.
Recuerdo muy bien unas pequeñas palabras que dijo al tenerla entre mis brazos, las palabras exactas que quedaron guardadas en mi cerebro para jamás irse.
—Es la primera vez que me siento segura. Aquí, en tus brazos, es como vivir en la calidez innata. Me gusta estar así contigo —susurró, pegando la mejilla a mi pecho y cerrando los ojos en el intento.
Su respiración chocaba con mi piel y su cuerpo desnudo se amoldaba al mío como si siempre hubiésemos estado destinados a esto.
—Entonces no te vayas de mi lado nunca más —le dije, suplicando que así fuese.
Me miró con tanta intensidad que me cohibí ligeramente. Sus ojos… El reflejo mismo de la destrucción y el paradójico paraíso, juntos, la calidez humana y la necesidad propia. Eso era ella. Con su brillo espontáneo y mágico, el que me liberaba de cualquier miseria.
Le adoraba, realmente le adoraba a más no poder…
Pasaron los días y la situación entre los dos era diferente, pasábamos juntos más tiempo que antes y no temíamos de lo que los demás pensaran. Nos sentábamos en la misma mesa en la cafetería, con Jessica de lado de Mike, mirándonos con recelo. Nunca demostramos nada más allá que una amistad frente a los demás, y realmente tampoco avanzamos mucho entre los dos luego de aquel encuentro. Isabella se mostraba muchas veces triste y acomplejada, pero eso lo atribuía al final de año cada vez que le preguntaba.
Una sola vez le vi una marca en la piel, justo en la muñeca. Eran dedos. No insistí en saber quién era, porque era tan propio de ella que me daba miedo.
Sabía que Bella no se llevaba bien con su madre y el causante de eso era Phill, un hombre que aparentaba ser un hombre modelo y que tenía a muchas mujeres comiendo de su mano, en especial Renée, la madre de Bella. Él no trabajaba y se la pasaba en el bar, mientras ambas mujeres discutían día y noche gracias a él. A Bella nunca le agradó y eso le molestaba en demasía a su madre.
—No sucede nada, tranquila. —Le di una sonrisa tranquilizadora y ella corrió hasta mi lado para abrazarme de golpe. Así era ella, muchas veces arisca, pero en otras ocasiones se pegaba a mí como si me necesitara.
De cualquier manera le abracé también, me gustaba sentirla contra mí. Levantó el rostro para mirarme y me tomó la mano para entrelazar sus dedos con los míos y llevarme hasta la zona del baile, dentro del gimnasio de la escuela.
—¿Ya quieres bailar? —le pregunté cuando tiraba de mi mano para que nos acercáramos a la pista.
Llevaba un vestido precioso de color azul profundo. Era vaporoso como el de Marilyn Monroe en "The Seven Year Itch", aunque no tenía tanto escote, ya que a Bella no le gustaba. Cuando daba vueltas entre pasos de baile, el vestido se elevaba ligeramente hasta hacerle notar entre las personas en su alrededor.
Me tomó con una mano y me acercó a ella para que bailara también mientras los demás miraban. Yo solo agaché la mirada y me dediqué a bailar con ella, girándola y sonriéndole a cada segundo.
—¡Vamos! Hazlo más rápido —me pidió.
Tomé su mano y le hice girar otra vez en su propio eje; el vestido volvió a elevarse entre sus caderas y su cabello rizado estaba enmarañado sobre sus hombros. Cuando paré de hacerle girar, cayó contra mi pecho, mirándonos entre risotadas y jadeos múltiples. Se apegó a mi camisa y cerró los ojos otra vez, amarró sus brazos en mi cintura y me apretó con fuerza.
—Me encanta bailar contigo —susurró.
—Y a mí.
Fue el momento exacto en que alguien puso aquella canción, como si nos indicara que todos estaban pendientes de nosotros. Blue Velvet de Bobby Vinton cantaba, indicándonos el azul terciopelo del vestido de su amada. Bella abrió los ojos y me quedó mirando un largo rato, invitándome a bailar otra vez.
Subió sus brazos a mi cuello, poniéndose de puntillas para alcanzarme. Sonreí y la tomé desde la cintura para elevarla y dejarla sobre mis pies, para así movernos como uno solo, un solo ser bajo la luna que se colaba por los grandes ventanales.
—Es una canción muy triste —murmuró mientras girábamos.
—Lo es. Pero le ama con tanta pasión que la estará esperando toda la vida —le dije, escuchando el coro.
But in my heart there'll always be
Precious and warm, a memory
Through the years…
—Ella usaba terciopelo azul —señaló con la mirada triste.
La estreché con más fuerza y apegué mi mentón en su hombro, respirando su perfume excitante. Ella movió el rostro hasta el mío y me besó con lentitud, poniendo ambas manos ahora en mi pecho. Yo me dejé llevar, sintiendo su piel contra la mía, recogiendo sus jadeos y friccionando nuestra carne. El aire se acabó y terminamos respirando con dificultad, juntando nuestras frentes y mirándonos.
Bella tomó mi mano y me llevó hacia afuera, se quitó los tacos y me hizo correr junto a ella. Pasamos por el pasto y algunos autos que estaban aparcados entre ellos hasta acabar en medio de la plaza de la escuela. Hacía frío, pero no tanto, el viento azotaba nuestros rostros con fuerza, sin embargo, no sentimos escalofríos en ningún minuto.
Sentimos el silbido de alguien a lo lejos y unas pisadas tórridas hacia nosotros. Nos giramos y vimos a Emmett McCarty, Mike Newton y Sam Uley mirándonos amenazadoramente. No sabía qué hacer, pero eso terminaría muy mal.
—No tenemos ni dos semanas de solteros ¿y ya te metiste con este pintor de cuarta? —exclamó Emmett, dirigiéndose única y exclusivamente a Bella.
Ella se tensó y se soltó de mi mano. Fruncí el ceño. ¿Por qué había hecho eso?
—Mi vida no es de tu incumbencia —le dijo.
—¿Y tus sueños, Bella? ¿No que nos iríamos a Nueva York para cumplir tu sueño? Yo tengo dinero, Edward no. ¿Serás su nueva ayudante de pintura? —Reía mientras hablaba, lo que le daba un aspecto de imbécil atragantado con aire.
Sin embargo, sus palabras dolieron. Sabía que no era cierto, yo podía hacer de Bella la mujer más feliz del mundo, pero dolía, porque realmente no era nadie en esta vida y ella sí tenía el talento suficiente para brillar ante el mundo. Y Emmett podía hacerlo.
—No necesitas hacer este espectáculo, Emmett —le susurró ella, liberando ligeramente la tensión.
Los tres tipos rieron estrepitosamente.
—¿Por qué? ¿Porque tu novio puede enojarse?
Se hizo un silencio eterno entre todos nosotros, en especial en Bella.
—Edward no es mi novio.
Entonces qué habíamos sido? ¿Por qué ella se había atrevido a acostarse conmigo sin importar nada más? ¿Por qué me había besado con tanta adoración y me miraba como si quisiese decirme algo? ¿Por qué había creído que sentía, por muy pequeño que fuese, un poco de amor por mí?
Luego de aquel tétrico y bochornoso momento, los tres me golpearon y alejaron a Bella, a pesar de que ella pedía a gritos que le dejaran. Cuando Jessica buscaba a Mike, me encontró ensangrentado en el pasto. Me dolía todo el cuerpo y ella me ayudó a limpiar algunas heridas.
No me dijo nada con respecto a Bella, solo me avisó que no saldría nunca jamás con Mike.
Vi a Bella en nuestra graduación y luego cuando se fue sin razón, alegando que yo no podría darle absolutamente nada. Me dejó vacío y sin nada, con el corazón muerto y a la espera de que alguna vez volviese, pero ya de eso habían pasado diez años. Diez largos y tortuosos años…
— ¿Por qué me miras así? —pregunta Jessica luego de pasarme el plato.
—Recordaba algunas cosas —le digo.
—¿Cómo qué?
No sé si es mi idea o qué, pero hoy parece mucho más dulce que antes.
—Recordaba la noche de la fiesta. —Ella sabe perfectamente de lo que hablo, no necesito explicar más.
Me mira un momento, lo que indica que pronto nos sentaremos a hablar. Luego de eso nos proponemos cenar tranquilamente bajo la luz de la televisión, hablando de nuestros próximos proyectos de vida, o sea ninguno. Papá cuenta sobre su enfermedad y nos propone que estemos más preocupados por nuestra salud, ya que la diabetes se está volviendo una masacre en pleno año 79.
Cuando acabamos la gustosa cena, papá se va a acostar y Jasper tiene que irse a casa, pues mañana debe ir a trabajar. Jessica y yo nos quedamos en silencio, aunque es cómodo a pesar de todo.
No tarda en comenzar:
—¿Sigues recordándole?
Asiento.
—Lo sabía, sabía que ibas a ver aquella noticia en la televisión.
—Lo lamento…
—No tienes nada que lamentar, Edward —susurra. Por primera vez creo que no va a regañarme—. Pero me duele que pases por estas cosas.
Miro al suelo, avergonzado e intranquilo. No sé qué hacer. Quiero olvidarla, dejar de pensar en ella, pero es imposible. Pero creo que ya es tiempo de acercarme a quien me ha estado esperando toda mi vida, dejar el pasado atrás y asegurarme del presente. Y sé que puedo hacerlo con Jessica.
Cuando ella se va a su casa, yo subo las escaleras hasta mi cuarto y me acuesto sobre los edredones y con ropa, mirando hacia el techo, meditando y reflexionando sobre mi vida.
¿Qué es lo que espero de la vida? ¿Cuáles son mis metas? Nada. Ninguna. ¿Qué estoy haciendo conmigo mismo? No lo sé.
Suspiro y me aferro a la almohada por un momento, aún no puedo dormir. Miro hacia mi izquierda y veo los cuatro cuadros que he estado pintando durante estos últimos meses. Isabella sonriendo, Isabella entre las flores, Isabella de niña, Isabella con vestidos exuberantes… No puedo quitármela de la cabeza, realmente no puedo.
Cuando ella se fue, me alisté en la guerra para quitarme la rabia, lo bueno fue que no sucedió nada fuera de lo común, luego estuve cerca de dos años viajando hacia algunas ciudades mostrando los cuadros que tenía con su rostro, preguntando si alguien le había visto o algo, pero siempre recibía un 'no'. Me preguntaban si los vendía, pero yo no quería vender el retrato de Bella, era como profanar su espíritu. Volví a casa cuando supe que papá tenía diabetes, y luego de tres años más supimos que Isabella trabajaría en una conocida película. En ese momento fui feliz, porque todos sus sueños habían sido cumplidos.
Verla en algunas pantallas de televisión era un sueño surrealista, la vi crecer cinco años, hasta hoy. Insisto en pensar que es feliz, que encontró el amor, qué se yo. Pero también ansío que vuelva, que deje los vicios, que se aferre a mí para quitarla de ese mundo lleno de lujos horribles y quizá qué maldades, porque quiero que seamos lo que nunca fuimos. Y sé que todo eso es un sueño. Un maldito sueño volátil.
Espero les haya gustado :3 Las espero muy pronto para subir el cap IV de parte de Bella.
Un beso grande a aquellas que me leen incondicionalmente.
