-¡Padre! Hoy hace un buen día, ¿verdad?
El pirata utilizó su mano de visera y miró la lejanía (errante) del mar. No pensó que recibiría un gruñido por respuesta de su padre.
-Si nuestras almas están inquietas, da igual lo bello que sea el día haya fuera.
El hombre se gira, aún con las manos en los costados y mira perplejo a su capitán. Tiene la mirada levantada hacia el cielo, pero a los segundos cierra los ojos y los baja hacía el pirata. O eso cree él. En realidad, mira más hacia allá.
-Aparte, hijo. Hace mucho que no veo a esta mujer.
El pirata deja caer las manos a sus costados y abre la boca para replicar tal locura, pero sus años como pirata le han enseñado mucho. Y aunque está camino de hacerse oír por el mar y tener su propio cartel, ha sabido desarrollar los principales elementos que todo pirata adquiere muy poco a poco con los años: astucia, oído e intuición.
Oye detrás suyo un cesante golpeteo de gotas en la madera. Alguien está ahí, alguien que respira fuertemente. Se gira lentamente, con la cabeza alzada esperando ver un enemigo gigante, pero solo ve a una mujer cabizbaja y mojada hasta el alma que suspira fuertemente.
-Pa... padre...
La voz no le sale y rápidamente se gira hacía su capitán, que se mantiene tranquilo. Este comienza, para su sorpresa, a reír estrepitosamente. El pirata se queda a cuadros.
-Hijo, ve a otras tareas. Tengo recuerdos que compartir con esta mujer.
El hombre se retira medio dudando.
Shiroge mira a la chica y le parece que el tiempo ha volado hacia atrás, a cuando la vio por primera vez: asustada, mojada y perdida.

(NAMI)

Cuando ese pesado se ha ido de mi vista, levanto la cabeza y miro a Shiroge. Está sentado como en una especie de trono. Su pecho desnudo está lleno de vías y finos tubos que llevan hasta goteras de suero y medicina. Su imagen, respecto a la que yo mantengo en mi mente, es deprobable. ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué mi pelo está tan largo y Shiroge tan viejo?
-Cuando tiempo sin verte, hija mía.
Su voz ronca y gastada hace que rompa a llorar; no lo aguanto más.
En mi cabeza el titular de "Se cumplen veinte años de la muerte del que se proclamó Rey de los piratas." retumba fuertemente, doliendo más que ninguna otra cosa.
Me llevo una mano a la cara para sostener mi rostro y medio esconderlo. Pero enseguida encuentro el valor y alzo de nuevo mi mirada, hacia él, que sigue mirándome (impune).
-¿Dónde está? -Le sostengo la mirada duramente, a pesar de que, si todo es cierto, me enfrentaría con él allí mismo.
Su única respuesta es un gruñido que pone mis nervios a fuego. Un calor que añoraba recorre mi cuerpo, incluso ya no siento el frío del agua.
Ese calor me da un impulso que me lanza a correr hasta él, saltar hasta su pecho y comenzar a golpearle.
-¿Dónde está? ¡¿Dónde?!
-Lo sabes muy bien, pequeña guerrillera.
"No, no, no, no. ¿Por qué me ha llamado así? Ahora que la furia se había hecho con mi cuerpo y había borrado mis lágrimas..."
Dejo de golpearle el pecho, mis puños se han quedado pegados a su cuerpo y ahora resbalan a la vez que de nuevo lágrimas por mi rostro.
-Por qué... -Sollozo-. ¿Por qué lo hizo?
-Él tuvo unas razones para cada uno. -Me dice. Eso me sabe a poco, a nada, a mentira.
Nos miramos y dejo que mire mi emborronada mirada de lágrimas.
-¿Qué voy a hacer ahora sin él? -Apenas mi voz es un susurro, pero sé que él lo ha oído.
-Seguir viviendo como él quería que hicieras.
-¿Ese maldito quería esta vida para mí? -Le grito-. ¿Engañarme? ¿Dejarme tirada? -Los ojos de Shiroge se achican, escrutando-. ¿Cuánto tiempo llevo dormida? -Estoy apretando tanto mi puños que dentro de poco mis uñas se clavaran en la piel y me harán sangrar.
Quiero que vea el odio y la ira centellear en mis ojos y que oiga la furia de mi voz.
-Veinte años. -Intento no mostrarme sorprendida. Sé que Roger tenía miles de habilidades, de secretos, de trucos... Por eso no debería sentirme sorprendida al ver que parece que fue ayer cuando me mareé y me desmaye. Lo único que delata este secreto es mi largo cabello-. Sabes que siempre debes de obedecer a tu capitán, hija mia.
Furiosa, lo miro y aprieto mis puño.
-Lo único que ha hecho mi capitán ha sido condenar millones de almas. ¡He notado la sangre en el mar! ¡He oído entre los senos del océano miles de lamentos! ¿Qué es lo que hizo ese bastardo? -Le grito de nuevo-. ¿Por qué si me encontró en el mar y me acogió, salvando con ello mi vida, me ha dejado sola?
Ahora un gruñido grutal sale de la garganta de Shiroge y veo como su mano ejerce una fuerte presión en el mango de su hacha.
-¡No lo odies porque te dejó abandonada! ¡Ríe porque te dio la vida! -me grita ahora él. Parece que le he hecho llegar a sus límites, pero eso quiero, que se enfade y suelte todo por esa boca.
-¡Y qué vida es esta sin él! -Le respondo.
-¡La vida que él quería para ti! ¡Se sacrificó por ti! -Se levanta de su trono y todo a nuestro alrededor retumba. Oigo como cientos de pasos se acercan corriendo y se quedan al margen de nuestro entorno-. ¡Sacrifico a su familia, a sus amigos, a sus camaradas...! ¡Todo por dejar, que tú niña, vivieras algún día para hacer su sueño realidad!
La verdad me da una bofetada que deja al contacto en mi piel un frío y una rigidez (pasmosa). Me he caído hacía atrás y ahora estoy en el suelo, mirando hacia arriba cuán alto e imponente es. Otra vez una similitud a cuando nos conocimos. Cuando lo vi tan gigante y majestuoso y el miedo me hizo caer hacía atrás.
-Él... no... No... -El aire parece que deja de entrar en mí. Mi pecho se escandaliza, subiendo y bajando rápidamente intentando encontrar aire, pero...-. No, no, no... -Pongo las manos en la madera, intentando estabilizarme, pero de repente me encuentro mareada.
-Nami.
El solo sonido de mi nombre hace que mi mente reaccione y que me estabilice un poco. Me giro y le miro.
-Le hiciste una promesa. -Me dice (rudo)
Ante esa afirmación, me encuentro perdida.
-Yo... ¿una promesa? -Mi voz deja mostrar claramente mi duda. Ahora mi cuerpo se mantiene en alerta.
Sus ojos me observan achicados. Se queda pensativo ante mi.
-Él me dijo que te hizo una promesa. -Sus tono de voz parece dudar también.
-Yo... -Me recompongo y me quedo sentada en el suelo, mirando al suelo-. Hay... hay cosas de las que no me acuerdo... No me acuerdo de los últimos días... -Levanto el rostro y le miro-. Lo único que recuerdo más cercano es un mareo, las caras de Roger, (Rayleigh) y Shanks y caer. Supongo que me desmayé... ya no recuerdo más.
-Él me contó que hicisteis una promesa. Prometiste realzar su aventura.
-¿Realzar su aventura? Eso es una tontería... lo que es pasado, pasado está.
Shiroge parece sorprendido ya que alza las cejas y su expresión es desconcertada. Me levanto decidida.
-Haré algo mucho mejor que cumplir su promesa.
-¿Si? ¿Y qué es lo que piensas hacer?
M media sonrisa le pilla desprevenido. Seguro que mi imagen ahora daría miedo: rociada de lágrimas, con la mirada encendida y una media sonrisa explosiva.
-No te lo diré. Descúbrelo por ti mismo en los próximos periódicos.
Y con las mismas, antes de que me pille, salgo corriendo y me zambullo de nuevo en el mar.

-¿Qué crees que puede hacer?
-Marco -Gruñe Shiroge, mirándolo de reojo.
-¿Cómo piensa aplacar su dolor esa mujer? Todo sobre ese hombre se desvaneció hace mucho en este mundo... ¿Cómo piensa luchar por algo tan enterrado?
-Esa mujer puede acabar con una maldita isla de un solo silbido.
Marco gira el rostro y mira a su capitán, confundido.
-Es la única persona que conozco que lleva dos frutas diabólicas en su interior.