Hola.Un poco más tarde de lo prometido, pero aquí está la actualización de esta y algunas de mis historias, advierto que no son de todas.Espero les guste.
"Lo perdido no se puede recuperar, debes pensar en lo que aún tienes."
Capítulo 3: Lo siento.
*POV HARRY*
Esta molesta, lo sé.
La escucho gruñir en mi interior, loca de rabia pero también la oigo gemir y suplicar.
Creí que al hacer este viaje ella dormiría nuevamente, que de nuevo sería obligada a esconderse en las sombras, pero me equivoque.
Ella está más despierta que nunca, llena de ira y determinación.
Ella lo sabe.
Está consciente que es la ocasión perfecta para cambiar todo, por eso pelea con uñas y dientes para no dormir de nuevo, es terca.
Pero le doy la razón, no es momento de dormir.
¿Qué hacer?
—Mátalos... —Susurra con malicia.
Una buena idea, sería la manera perfecta de acabar con todos mis problemas, una solución sencilla.
¿Pero qué habría de divertido en ello?
No, ellos deben pagar y el sufrimiento alargado es siempre el más satisfactorio.
—Pero... ¿Y ella?— Respondió apresuradamente.
Ella...
Es verdad, ella es otra de las razones o quizás la más importante.
Mi amada.
Aquella pobre joven que ignore por esa estúpida pelirroja, ella nunca fue culpable de toda mi miseria, pero fue la que más sufrió.
Pero esta vez no la perderé, será mía.
Estaremos siempre juntos, como debía ser desde un inicio.
Nadie se interpondrá, el que lo haga lo pagará caro.
*FIN POV HARRY*
Sus pasos eran lentos y silenciosos como los de un felino, los pasillos de la vieja casona era inmensos pero había ocasiones como en aquel momento, que le permitían ordenar sus pensamientos, sin evitarlo a su mente vino la memoria del día que la conoció por primera vez.
*FLASH BACK*
Fue cuando la vio.
Sus ojos esmeraldas se encontraron con los miel de ella por un segundo, sin darse cuenta sus pasos se detuvieron hasta quedarse de pie en el pasillo.
Todo fue como en cámara lenta, el momento en el que ella dio la vuelta en el pasillo.
Sus pasos suaves y cortos, en aquel momento fue la cosa más hermosa para él, aún cuando su uniforme era al menos dos tallas más grande, bajo la tela pudo notar sus suaves curvas femeninas aún en desarrollo.
Tomo nota de cada detalle, la corbata escolar perfectamente anudada, el chaleco negro holgado con el escudo Slytherin brillando con intensidad en el lado superior derecho.
La falda unos centímetros bajo sus rodillas y las medias negras marcando sus torneadas piernas.
Ella pasó justo a su lado con la mirada clavada en el suelo y aferrando contra sí un grueso libro de encantamientos, dejando tras de sí un delicioso aroma a frambuesa.
Una sonrisa adorno su rostro al ver que un suave sonrojó ocupó las mejillas de ella cuando sus miradas chocaron.
No se molestó en girar a verla marchar pues su imagen estaba grabada a fuego en su memoria.
Retomó su camino sin notar a la pelirroja Gryffindor escondida tras un pilar cercano rechinando los dientes y lanzando una mirada de odio dirigida a la joven Slytherin.
*FIN FLASH BACK*
Un mortal odio lo atravesó de arriba abajo, si hubiera girado en aquel instante habría visto a la estúpida de Ginebra y quizás todo hubiera sido diferente.
Y luego siguió ese extraño accidente mientras trabajaba con los innombrables, el cual le costó la vida.
Poco después su repentino enamoramiento por la pelirroja, habría sido bueno que alguien lo hubiera notado, asi le habrian dado el antídoto de la amortentia y ella no hubiera muerto gracias a los planes de Ginebra y Molly Weasley.
En verdad su avaricia por la fortuna Potter era mucha.
—Erin...—Susurro para sí, prometiendo en silencio que mientras le quedara vida, a su amada no la tocara nadie.
Lentamente se detuvo en las puertas gemelas de ébano oscuro, estas se abrieron para él, se acercó a la pequeña mesita ubicada en el balcón de la habitación.
Sus ojos esmeralda barrieron su alrededor deteniéndose en un viejo reloj cucú ubicado en el lado opuesto de la habitación.
La manecilla más grande se ubicó en el 12 mientras que la más pequeña permanecía en el 5, segundos después un estridente sonido resonó en todo el lugar.
Su mirada entonces se clavó en su tía Petunia.
No, su tía Elizabeth se regañó mentalmente, y se recordó a sí mismo que debía llamarla así de ahora en adelante Petunia ya no existía.
Ella le sonrió radiantemente cuando notó su mirada y en rápidos y elegantes movimientos la vio tomar una vieja tetera de porcelana y servir un poco de té en cada una de las 4 tazas.
A su lado, su primo volteó inmediatamente al escuchar diminutos pasos acercándose, sin dudar un instante tomó una bandeja de plata de pastelillos.
Le agradeció al viejo elfo el cual se inclinó en una reverencia y con un crack desapareció.
Rápidamente el muchacho colocó la bandeja en el centro de la mesa.
Segundos después su tío tomó un panecillo y lo mordió.
—Harry — Lo llamó ella y él volteo a verla inmediatamente.
— ¿Si?
—Tu té se enfriara.— Exclamó ella como si fuera lo más normal del mundo, ignorando el caos dentro de su interior.
El asintió y rápidamente tomó asiento en una de las sillas, dando un trago al té.
Una sonrisa burlona adorno su rostro le parecía una mala broma toda aquella situación, viéndose a sí mismo sentado en una vieja mesa tomando té con su familia cuando meses atrás estos no lo dejaba ni acercarse a la cocina siquiera.
De pequeño rápidamente aceptó su situación, se resignó a que su vida siempre sería así, que nadie lo rescataría jamás, no había más mundo para el que aquella vieja alacena.
Claro eso fue hasta que a los 11 años un semi gigante golpeó a la puerta mostrándole el mundo mágico.
Mordió su panecillo mientras su mente se perdió en las viejas memorias tanto de su pasado como del futuro.
Su mirada se dirigió al cielo al sentir una leve presencia, entrecerró sus ojos al notar que era una lechuza negra la cual sobrevolaba por encima de sus cabezas dando círculos sin cesar como si buscara algo o alguien.
La vio dar una última vuelta para regresar justo por donde vino, era la tercer lechuza que veía en los últimos 2 días.
La primera había sido el viejo Errol, luego había sido una exótica ave multicolor la cual estaba seguro pertenecía a Sirius, hizo una mueca aún debía pensar qué hacer con su padrino.
Sería tan fácil decirle todo al hombre, pero el sabia que era un fuerte partidario del viejo Dumbledore.
Si le decía, él correría a exigirle una explicación y Dumbledore solo alegaría que todas esas verdades eran una de sus rabietas infantiles.
No.
Sirius, e incluso Remus no era opciones para decirles la verdad.
Aunque había una persona a la que tal vez pudiera decirle.
Su mente volvió a esa última lechuza, la que pudo reconocer como la de Hermione.
Continuaban buscandolo y sabía que no se detendrían, suspiró y golpeó con sus dedos sobre la mesa en un tamborileo impaciente.
—Volveré a Inglaterra.— Exclamó de repente con su mirada aún clavada en el cielo.
Inmediatamente sintió tres pares de ojos clavarse en él. —¿Porqué?— Interrogó la rubia y el clavo sus ojos esmeraldas en ella notando la preocupación en su rostro.
—Tengo que resolver algunos asuntos.
Ante su respuesta noto como su tía fruncía el ceño.
—Es peligroso. —Rebatió su tía.
—No tengo opción.
—Estos asuntos tienen que ver con aquél mago oscuro.— Interrogó de repente su tío y de inmediato Petunia se vió alarmada.
—Pero está muerto, no puedes ir. —Exclamó ella.
De soslayo miró a su tía notando la preocupación en ella, y esa misma mirada le dijo a Petunia que él ya había tomado una decisión.
Lo miro fijamente, Harry había cambiado; fue de la noche a la mañana. No sabía cómo, pero si el porque.
Apretó los labios y asintió rígidamente.
—Está bien. —Dijo fuerte y claro.
Vernon cuadro los hombros y miró pensativamente a su sobrino.
—Pero no iras solo— exclamó ganando la atención del ojiesmeralda, el azabache enarco una ceja pero asintió.
—Entonces— llamó Dudley— ¿Cuál es el plan?
— ¿El plan? El plan es largo, pero el primer paso es simple sólo llegar a Inglaterra, aunque no será una entrada cualquiera se los puedo asegurar.— Respondió con un toque de malicia en su voz.
— ¿Qué estás planeando?— Interrogó con los ojos entrecerrados Vernon.
—Sólo un poco de sana diversión— exclamó con un falso toque de inocencia.
—Si tú lo dices— dijo Dudley rodando los ojos.
—Pero para ello necesitaremos la ayuda de un viejo conocido.
*
Elizabeth White o Petunia (como antes era conocida), miró con deleite la nieve caer y cubrir el hermoso pueblecito en el que estaba en ese momento.
Respiró profundamente por tercera vez en el día, no podía deshacerse de esa sensación; algo grande pasaría, estaba segura.
Tanto como el hecho de que Harry estaría justo en medio de todo, era una sensación extraña, estaba grabada dentro de ella, enraizada negándose a dejar su pecho.
Sacudió su cabeza ahuyentando esos pensamientos, para ser reemplazados por otros.
El odio que sentía hacia sí misma, no podía borrarlo.
Por más que trataba.
Por más que pensaba y se recordaba una y otra vez que no era su culpa. Ese odio no desaparecía
Tantos años, habían sido tantos años y casi podría jurar que ni un siglo siquiera sería suficiente para borrar esa culpa.
Harry le había asegurado que ella no había sido la culpable, qué no la odiaba, porque sabía que aquello no era su culpa que la culpa era de ese viejo mago, pero aún así no podía quitarse esos sentimientos, no desaparecían.
Aún recordaba cuando lo vio la primera, vez un hermoso y encantador bebé de sonrosadas mejillas, hermoso cabello indomable y esos penetrantes ojos esmeralda. Aquella inocente mirada verde la atravesó por completo, y por un segundo creyó que eran los ojos de Lily los que la miraban.
Cómo la había odiado tanto, como detestaba, el saber que ella era diferente, que había tenido un hermoso hijo, y se había casado con un prominente aristócrata.
En cambio ella estaba atrapada con un marido que bien podría pasar por una ballena, y solo tenia una aburrida y patética vida doméstica.
Pero al paso de los años pudo comprender que no odiaba a Lili, a ella no, después de todo era su hermana, lo que en realidad sentía era envidia y odiaba el no ser especial como su pelirroja hermana.
En su infancia, ellas habían sido muy unidas hasta que Lily comenzó a tener esos pequeños arranques de magia accidental, por supuesto que ella lo encontró fascinante, además que amaba tener galletas gratis, o el que los libros flotaran y aparecieran luces de diferentes colores.
Pero un día él apareció, con su vieja ropa, y esos cabellos oscuros y grasosos.
Severus Snape.
Ahí supo que ellas eran diferentes, fue cuando vio la brecha entre ellas.
No tardó en comenzar esa espinita y las cosas cambiaron hasta el punto que le gritó a su hermana que la odiaba.
Se había roto ese lazo que tenía con ella, todos esos momentos que vivieron juntas se esfumaron con el viento, se convirtieron en viejos y dolorosos recuerdos.
Quería tanto disculparse con su hermana, rogarle su perdón y misericordia por todos esos años tortuosos que hizo pasar a su hijo, como deseaba disculparse.
Pero ahora, gracias a su sobrino ya sabía cómo pagar parte de su deuda.
Aceleró el paso mientras se cubría aún más con su bufanda, el no tardaría en aparecer.
Debía darse prisa.
*
Severus Snape caminaba presuroso, en la mano izquierda sostenía un hermoso lirio, miró un instante el cielo y frunció el ceño al sentir la nieve en sus mejillas.
Apresuró el paso, no tenia mucho tiempo, habia sido dificil salir del castillo sin que Albus diera el grito en el cielo.
Solo unos metros lo separaban de su destino, y cuando estaba a punto de llegar a la tumba de su amada Lily notó una presencia.
Jamás había visto esa persona, entrecerró los ojos afirmando ligeramente su varita y se acercó a ver a la extraña.
Era una mujer muy hermosa de cabello rubios y ojos azul zafiro, sin duda una veela.
La extraña escuchó sus pisadas y se giró a verlo, el mago se quedó clavado donde estaba, esa mirada azul lo atravesó por completo y sin saber la razón recordó a Lily.
La vio suspirar y regresar su atención a la tumba, dejó el ramo de lirios rosas que ella tenía y nuevamente lo miro.
—¿Quién es usted?
Ella enarcó una ceja y una mueca burlona adorno sus labios.
—Vaya te creí más inteligente, el dijo que me reconocerias. Quizas se equivoco.—Respondió ella con una dulce voz, pero en un tono burlón.
Frunció el ceño, quién demonios era "el".
—No repetiré la pregunta.—Amenazó y ella enarco una ceja.
—Deberías ser más amable, pequeño cuervo grasoso,veo que tu carácter solo empeoro con los años.
— ¿Pequeño cuervo grasoso?— Interrogó incrédulo, después de mandarle una mirada asesina.
Entonces como si una bludger lo golpeara, cayó en cuenta de las palabras de la rubia, solo había una persona que le había dicho así, pero era imposible, aquella mujer estaba muerta.
Dumbledore se lo había asegurado.
¿Pero si el director estaba equivocado?
Otro vistazo a la mujer, y la vio con esa mirada que le gritaba que ella sabía algo que el no, y como si fuera una pesima broma de mal gusto ella rodó los ojos y le enseñó la lengua.
Mierda.
El mundo lo odiaba solo había una persona que le habia dicho asi hace muchos años, había sido una mocosa egoísta y de patética apariencia.
—Petunia.—Susurro peligrosamente.
Ella asintió, aparentemente muy satisfecha consigo misma, y avanzó a el.
Por autorreflejo sacó su varita y le apuntó a la rubia.
—Explicate.
El rostro de ella adoptó un semblante frío, se irguió completamente y con voz plana le respondió.
—No soy yo quien debe hacerlo, si quieres respuestas deberás acompañarme e ir con el.
El pelinegro la miro fijamente tratando de hallarle el sentido a sus palabras, pero noto que ella era al igual que el.
Ambos podían manejar sus emociones y expresiones, de reír con alegría hasta mantener el rostro inexpresivo.
—Pero, siento que primero necesitas hablar con ella.
El no dijo nada solo la observo acariciar levemente la vieja piedra y sin mirar atrás o decir más se marchó del cementerio.
Aunque el sabia que no se desharía de ella solo le estaba dando espacio, algo considerado. Pensó irónicamente.
Miró la tumba unos instantes, se acercó al pie de ella y dejó su lirio, y procedió como cada año en el aniversario de cuando ellos se conocieron por primera vez, a relatarle todas las locuras que Albus estaba planeando para su pequeño hijo.
Si la pelirroja estuviera viva para Dumbledore, Voldemort había sido el menor de los problemas de el, pues ella misma lo habría matado con sus propias manos y despedazado por atreverse a poner a su pequeño en peligro.
*
Petunia esperaba impaciente a las afueras del cementerio, mordió su labio inferior con nerviosismo.
Si Severus decidia irse, ella no podría mirar Harry a la cara al haber fallado en el favor que él le pidió.
Debió ser más amable con él, o tal vez solo decirle que Harry quería verlo.
No importaba, que pasara lo que tuviera que pasar.
Su mirada azul se clavó en la entrada, a lo lejos de entre la nieve una figura oscura se acercó lentamente a donde ella estaba.
Suspiró de alivio.
Cuando lo tuvo nuevamente frente a ella, sacó de entre los pliegues de su túnica azul hielo; un pequeño dije de plata con la forma de luna creciente.
El pocionista enarco una ceja y ella rodó los ojos.
—Nos llevará con él.—Exclamó a su muda pregunta.
— ¿Con quién?— Preguntó él aunque ya sabía la respuesta.
—Harry.
Entrecerró los ojos pero no dijo nada y tomó el dije, sintiendo al instante la molesta sensación de los trasladores.
Cuando sintió nuevamente la firmeza del concreto bajo sus pies, supo que ya no estaba en Inglaterra, sus ojos examinaron su alrededor.
Se hallaban en un enorme jardín afuera de una antigua casona, la rubia no perdió tiempo y rápidamente se acercó a la entrada, de manera reluctante la siguió.
Caminaron por un largo pasillo hasta llegar a unas puerta de ébano.
—El está adentro —dijo de repente y tras darle una última mirada se alejó de ahí.
Las puertas se abrieron con lentitud, y determinado a terminar con aquel circo entro.
Era una habitación sencilla pero elegante, un escritorio, dos libreros, algunos adornos antiguos y un par de sofás gemelos blancos, en donde sobre uno de ellos estaba sentado de manera despreocupada un joven de ojos esmeraldas con un libro en sus manos.
Su mirada se clavó en él y al segundo siguiente las puertas se cerraron tras él con magia y podía jurar que fuertes hechizos de secreto envolvieron la habitación.
—Profesor— saludó el chico con un cabeceo y con un movimiento de mano le invitó a sentarse en el sillón frente a él.
Con sus túnicas agitándose furiosamente tras él, en pocas zancadas cruzó la habitación y tomó asiento.
—Potter— exclamó él con desprecio ocasionando una sonrisa en el azabache.
Lo observo fijamente, hasta que sus ojos se clavaron en sus muñecas, notando el intrincado lenguaje de las runas en ellas.
Sus ojos se dilataron por la sorpresa algo casi imposible en él, como buen erudito que él era podía reconocer vagamente algunas de ellas aun cuando era una lengua muerta.
El azabache miró el rostro de su profesor y las emociones que corrían a través de él, desde la confusión, el miedo, hasta incredulidad.
—Se ha dado cuenta.— Pensó el.
—Potter. —Exclamó el pocionista de nuevo pero esta vez con sorpresa, exigiendo respuestas a preguntas no formuladas.
Harry acarició el brazalete de su mano izquierda con su mano derecha, y con una expresión de inocencia miró al mago.
—¿Si?— Pregunto suavemente, ganándose una mirada asesina de Severus.
—Una explicación, ahora.—Exigió.
El rodo los ojos y clavando su mirada nuevamente en la de él, sonrió misteriosamente.
—¿Qué sabe de los viajes en el tiempo, profesor?
Bueno eso es todo por el momento, realmente no sé hasta cuándo actualizare, trataré de que sea pronto, aún sigo trabajando en las demás.Saludos a todos y no olviden comentar, me gustaría saber su opinión.Hasta pronto!
