«Sin saberlo ella ocupaba los pensamientos de alguien más».
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Capitulo tres: Konoha sin una persona tímida.
Sakura Haruno, era una conocida Konoichi especialista en las artes médicas, miembro del escuadrón de Elite Ambu y también una de las mujeres más fuerte que haya existido sobre la faz de la tierra; renombrada por haber fundado el primer hospital para atender trastornos infantiles y temida por poseer un carácter de mil demonios. Era considerada una de las mujeres más bellas entre las cinco naciones, con particular cabellera rosada, orbes jade, piel nívea, largas piernas que lucía perfectamente con pantalones ajustados; senos de justo tamaño y su personalidad confiada que atraía a más de un hombre. Además, como si eso fuera poco fue discípula de Tsunade-sama, uno de los legendarios Sannin y había participado en la derrotar a la Diosa Conejo durante la cuarta guerra Shinobi.
Por eso y por ser excompañera de equipo del actual soberano de la aldea, durante muchos años entre los aldeanos surcaron rumores de que ella sería quien ocuparía el puesto de futura esposa del séptimo Hokage de Konohagakure no Sato, rumores que persistieron por algunos necios incluso después de su matrimonio con Uchiha Sasuke y de haber dado a luz a una hija, pues había quienes pensaban que ella mantenía una relación adúltera con el soberano, por aquella proximidad entre ambos inapropiada para simples amigos.
El hecho de que era un secreto a voces que Uzumaki Naruto tuvo sentimientos por Sakura Haruno durante su juventud, no ayudaban en nada a esos cuchicheos. Eran bien recordados los múltiples intentos de Naruto por conseguir una cita con ella. Asimismo, daba mucho que decir, la nula vida romántica del Séptimo, al que no se le conocía una pareja oficial hasta ahora y que Sasuke pasará más tiempo en misiones que en la aldea. Había gente osada que se atrevían a afirmar que los habían visto en situaciones comprometedoras.
Sakura no le daba importancia a ello, pero si alguien se atrevía a insinuarle algo en su presencia, lo mandaría al hospital con los huesos rotos. La gente necia no comprendía la fuerte relación de hermandad que tenía con Naruto.
Cuando era más joven siempre le creyó un idiota ruidoso con sueños demasiado grandes, no sentía respeto por él y su compañía le resultaba fastidiosa. Nunca tomó enserio sus declaraciones de que se convertiría en el próximo Hokage, ni sus afectos. Sin embargo, su apreciación hacia el rubio fue cambiando con el paso del tiempo. Quizá por las múltiples ocasiones en las que él arriesgó su vida para salvarla cuando ella sólo lo trató mal. Tal vez porque honró su promesa —una promesa de sangre— de traer a Sasuke Uchiha de vuelta a la aldea, cuando el susodicho se marchó sediento de venganza y poder, y ella egoístamente se lo pidió, causando que el rubio perdiera un brazo en el proceso. O puede que haya sido la tenacidad con la siguió peleando y defendiendo a todos sus camaradas, amigos o enemigos por igual, siempre que se tratará de la causa justa.
No supo con exactitud cuando paso, pero su voluntad le hizo creer en sus palabras. Su capacidad de enlazar a las personas, asi como perdonar los actos más atroces, ganó su respeto y amistad. Amistad que según su opinión no se merecía, pues aun recordaba con gran remordimiento que había pagado su amistad confesándose falsamente al Uzumaki con el propósito de manipular sus sentimientos y hacer que desistiera de su juramente de traer de vuelta al Uchiha, en aquel tiempo en el que ella había perdido la fe en su actual esposo, por los terribles crímenes que él había cometido. Por suerte el rubio vio a través de sus mentiras y la perdonó.
Las acciones de Naruto le inspiraron a dejar atrás su antigua actitud caprichosa y ver lo que realmente era importante. Su amigo tenía ese poder para influenciar a los demás. Todos le debían mucho. Ella le debía mucho.
Ahora, el rubio había pasado de ser un niño muy gritón a un hombre, nada más ni menos que el Séptimo Hokage, como prometió. Él era el héroe de la aldea y del mundo Shinobi, sus hazañas en la Cuarta Guerra Ninja se recordarían por muchas generaciones. Él era más alto, sabio, fuerte y mucho más atractivo, aunque eso último nunca lo admitiría en su cara. Había adquirido gracias a sus constantes entrenamientos un cuerpo de adonis que ocultaba debajo de su polera naranja y su orgullosa capa blanca que le daba el título. No por nada era el soltero más cotizado del mundo Shinobi, excelente partido para cualquiera.
Asi que, en cierta medida entendía la lógica en las suposiciones absurdas de la gente. Quizá si ella no amará tanto a su esposo, estaría desposada con su mejor amigo en estos momentos. Tsunade-sama se lo había comentado en alguna ocasión bajo los influjos del Sake y ella tuvo que darle la razón en eso.
—« No»—Se corrigió con media sonrisa—«La persona más tímida de Konoha me habría vencido».— Meditó. —«Si no nos hubiera dejado». —
Tardaron dos días en percatarse. Todos supusieron que seguía en su última misión. Los únicos que sabían que había regresado eran sus alumnos y el torpe de su amigo Hokage. Lo primeros no estaban tan involucrados en la vida de su maestra como para darse cuenta de su ausencia y Naruto no sabía que no había llegado a la mansión Hyūga esa noche. Así que se dieron cuenta hasta que el soberano la solicitó a su oficina dos dias después para una reunión y clan Hyūga informó que no estaba en casa debido que no había regresado de su ultima misión.
Después de eso se desató el pandemónium. El asunto se trató con la mayor discreción posible y como alta prioridad debido a que estaba desaparecida no sólo una Konoichi de alto rango, sino un miembro del Clan Hyūga, poseedora del Byuakugan. Se enviaron varios grupos de búsqueda y rastreo con Kiba Inozuka al mandó, empero por desgracia una tormenta de nieve el día anterior había borrado cualquier rastro de ella. Se enviaron peritos expertos a la mansión Hyūga para reconstruir escenas del crimen y tratar de averiguar si la habían secuestrado; ellos no encontraron señales de forcejeo o violencia. Los Kages tuvieron varias reuniones en las que la paz parecía pender de un hilo, puesto que una desaparición de tal magnitud señalaba que probablemente alguna nación estaba conspirando para apoderarse de los secretos de Konoha, otra vez.
Conforme fueron avanzando las investigaciones, unos guardias de turno confesaron haberse quedado dormidos sin razón aparente la noche en que el equipo ocho había regresado de la misión, y el Clan Hyūga no tardó en reconocer la señales de sus tecnicas empleadas en ellos, lo que hizo suponer que en realidad habían perdido el conocimiento de forma inducida por la propia Hinata.
Ante la falta de indicios de secuestro, aunado a la evidencia que ella se había marchado por su propio pie, desertando en el proceso, los señores feudales comenzaron a insistir que se diera la orden de colocarla en el Libro Bingo, ya que no había nada más peligroso que un Shinobi desertor miembro del Clan Hyūga, con los secretos de la aldea. Eso significaba que debía darse la orden de caza, pero Naruto se había reusado tajantemente a dar la orden aún. Les dijo osadamente a los vejestorios que él nunca abandonaba a sus camaradas; que ella era la persona más buena que conocía. En un acalorado discurso les recordó "no tan amablemente" de las hazañas de la azabache en la Cuarta Guerra Ninja y en el cómo sus palabras y acciones siempre demostraron la voluntad de fuego, evitando que él mismo abandonará su causa en aquel momento que él titubeó mientras el cuerpo de Neji Hyūga se enfriaba en sus brazos. Les aseguró que definitivamente era imposible que Hinata Hyūga hubiera cometido traición; de veras imposible.
Su discurso calló las demandas de los feudales, por un tiempo muy corto.
Sakura Haruno también le costaba trabajo creer que se había ido. De no ser porque ella estuvo presente en los análisis médicos de los guardias de las puertas, ella seguiría convencida que fue víctima de algún secuestro. Le era difícil conciliar la idea que la misma Hinata, la persona más dulce y tímida de la aldea, con un corazón de ángel se hubiera ido por su propia cuenta. Ella había visto el cariño que profesaba por sus alumnos, por su familia, por su camino Ninja y sobre todo por cierto rubio idiota. En efecto, había visto el amor en sus ojos; había curado las heridas de la azabache en la batalla de Pain cuando ella imprudentemente trató de evitar que secuestraran a Naruto, sabiendo que no tenía ninguna posibilidad de salir con vida. Ella había sido su consejera en el amor, dándose apoyo mutuamente, asi que la idea de ella desertando no le parecía posible; debida haber alguna razón….
Ya había transcurrido un año desde su desaparición, la investigación había muerto y la presión sobre el Séptimo de colocarla en el libro Bingo era más grande que nunca. El propio equipo de Hinata había sido reasignado y la vida en Konoha regresó paulatinamente a la normalidad como si ella nunca hubiera existido.
Pero se percibía su ausencia, como si alguien hubiera lanzado un guijarro al estanque y las ondas seguían moviéndose en el agua. Su hija Sarada se rehusaba a hablar de ello, pero se le veía un poco más madura, menos inocente desde que Hinata se había ido, y mientras Mitsuki, el hijo de Orochimaru, que nunca había sido muy expresivo, por algún motivo ella creía que estaba más cerca de la oscuridad que nunca. Todo ello, porque la azabache había marcado la vida de tantas personas con su corazón de oro, en particular la de su amigo; el muy ciego.
Entró a la oficina del Hokage y tal como había pasado muchas veces desde de la desaparición de la azabache, se quedó relegada, observando la ancha espalda del soberano de la aldea, mientras él miraba por la ventana hacia el infinito. Le pareció que lucía apagado. —«Tan bobo. ¿Cuándo te darás cuenta?». — Se preguntaba Sakura.
El susodicho traía puesto la bella capa distinguía su cargo, un jersey naranja, unos pantalones negros y unas botas largas de combate. Los Kānjis que citaban "Séptimo" habían adquirido un tono cobrizo debido a la luz que entraba por la ventana, al tiempo que la larga sombra de Naruto se proyectaba hasta sus pies. Era una sombra atrapada en un mar desértico color fuego; una especialmente solitaria. —«Otra vez está pensando en ella». —La expresión de su rostro se lo indicaba. —«Oh Hinata, si tan sólo pudieras verlo en estos momentos, sabrías que cometiste un error al haberte marchado». — Pensó cierta joven de ojos jades, sintiendo como el amargo la inundaba.
La mujer de rosas cabellos estaba consiente que desde que esa persona se fue de la aldea, el portador del Kyūbi tenía una única pregunta en la cabeza…
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—«¿Dónde estás, Hinata?» — Meditaba cierto rubio.
El día casi se extinguía afuera de la enorme ventana de su oficina. Los monumentos a los viejos Hokages, se veía especialmente imponentes bajo los tonos naranja y negro, propios del atardecer. Los niños corrían a refugiarse a casa antes de que sus madres las reprendieran y los hombres mayores tanto civiles como Ninjas se preparaban para la vida nocturna de la aldea.
Naruto frunció el ceño abatido, comprendiendo lo que el fin del día significaba: —«otro día más que ella no regresaba»—.
Ante la desaparición de Hinata, su primera reacción fue una infinita preocupación, al creer que había sido secuestrada y lamentó más que nunca no haber hablado con ella esa noche, ni al día siguiente como se había prometido, sino que estúpidamente lo recordó hasta dos dias después. Pero cuando la investigación se acabó, indicando que ella había desertado él cayo en negación, opinó que ella había sido victima de alguna fuerza de coacción que nadie estaba viendo y por eso se negó a colocarla en el libro bingo, junto con los asesinos y traídos. Después, simplemente reputó a los señores feudales que Hinata sólo necesitaba tiempo para estar sola para asimilar cualquier cosa que le molestara, cuando éstos afianzaron su opinión de que su nombre debería ser colocado en el dichoso libro. Asi pues, doce lunas habían pasado y no había rastro de su presencia en ninguna parte. Los feudales comenzaba a perder la paciencia y Hinata no volvía, pero a diferencia de con Sasuke, él no podía ir a buscarla esta vez. Había otras personas que dependían de él ahora, como soberano y protector de la Aldea.
Miró su rostro esculpido en piedra. Su título era una burla, se preguntaba el cómo podría lucir con orgullo el puesto de Hokage, si era incapaz de salvar una queridísima camarada. —«No merezco ser Hokage, sino puedo salvarla»—.
Ella era su amiga, ella era parte de la aldea, era parte de la armada Ninja, tenía una familia que se preocupaba por ella y tenía un equipo asignado a su cargo; la gente de la aldea la necesitaba. Había gente que la amaba, mientras él estaba inhabilitado para ir a buscarla directamente, tal como se lo había estado planteado desde su desaparición. De no ser porque Shikamaru le impidió actuar impulsivamente, él ya habría ido a por ella.
—«¿Dónde estás?» —. Pensó amargamente al vislumbrar a lo lejos a los miembros del desvanecido equipo de la azabache.
El rubio tardó mucho en asignarles nuevo maestro, retrasando injustamente su progreso, porque estaba seguro de que la azabache regresaría pronto, pero ya por fin estaba cayendo en cuenta que estaba siendo testarudo. Ella no quería estar de vuelta y debía aceptarlo. No podía seguir haciendo el trabajo comunitario que realizaba su antigua amiga, ni entretener a los niños que antes ella cuidada, ni seguir recibiendo los arranques de ira de Kiba por su abandono. Tampoco podía evadir más lo del Libro Bingo. No, definitivamente no podía continuar evadiendo sus responsabilidades, intentando llenar el vacío que dejó la persona más tímida de Konoha.
—¿Crees que regrese? —. Lo cuestionó una voz conocida, interrumpiendo sus pensamientos.
Naruto se giró para ver a la pelirosa que estaba a unos metros de distancia, con una expresión de preocupación. — ¿Cuánto llevas ahí? —. Cuestionó evadiendo el tema.
—Mucho tiempo Naruto. ¿Qué no te habías dado cuenta? Además, te dije que íbamos a salir a comer Ramen con los chicos hoy. —Le recordó indignada.
—Sakura, tengo mucho trabajo hoy—. Se excusó, dándole la espalda de nuevo.
El rubio escuchó a la joven de ojos jade suspirar y sintió su presencia acercarse desde atrás para quedar a unos centímetros de distancia.
—Yo creo que sí lo hará. Debió haber tenido alguna razón, estoy segura —. Le dijo en ese tono tranquilizador que empleaba siempre que hablaba de ella, mientras colocaba una de sus manos en su hombro.
— Ese día en que Hinata se fue, ella quería hablar conmigo de algo, pero no escuche—. Confesó al cabo de unos minutos. Su excompañera de equipo guardó silencio, esperando a que prosiguiera. Esto era algo nuevo que no le había dicho antes. — Mei me tomó por sorpresa, yo… no pude detenerla…incluso olvidó ese envoltorio —. Comentó ansioso, trabándose en las palabras.
— ¿Mei? ¿Hablas de tu fan número uno? —. Cuestionó ávida. No le gustaba para donde estaba girando la conversión. —¿De qué hablas, Naruto? ¿Qué tiene que ver Mei en esto? ¡¿Qué envoltorio?! — Preguntó en un tono un poco más alto de lo que había querido, ansiosa y temiendo lo peor. Recordaba cierto obsequio que Hinata había batallado por hacer al rubio, en el festival de Rinne de hace un año.
— Ese envoltorio —. Susurró en un tono apenas audible para su excompañera al tiempo que señalaba arriba en la repisa que estaba a la izquierda de su escritorio. Sakura vio un envoltorio color azul cielo con un moño rojo, polvoriento. — Ella lo dejó justo después de que Mei entrará y me besará sin razón — Reveló al fin.
—¡¿Qué?— Gritó sofocada, asimilando de pronto lo dicho por el Uzumaki: el beso, el obsequió y la deserción de cierta azabache. Todo tenía sentida ahora. La razón por la que la ojiperla se había ido de la aldea: era por desamor. —«Oh Hinata, debió haber sido devastador para ti»—. Sintió tristeza por la Hyuga, ella misma no sabía que haría si terminaba descubriendo a Sasuke besando a otra mujer.
—Yo… quise explicarle el malentendido, pero ella se había ido — Continuó el rubio cabizbajo. Desconocía las razones, no obstante por algún motivo este hecho le causaba gran pesar y le carcomía de culpa. Si bien, no estuvieran relacionadas su partida con dicha escena, no le gustaba pensar que lo último que ella había visto de él había sido un beso con Mai.
Pasaron un momento en silencio, él todavía cabizbajo sin atreverse a ver a los ojos a su excompañera de equipo, esperando la reacción de Sakura ante tal confesión. Luego escuchó la voz furiosa de Sakura. — Tú…tu ¡grandísimo idiota! ¡Yo podría… yo podría golpearte hasta ver si entra algo de sentido común en esa cabeza hueca que tienes! —. Le gritó con ese mismo tono que usaba justo antes de golpearlo. Esperando el porrazo él cerro los ojos como acto de instinto, sin embargo, al cabo de unos segundo nada vino. Confundido abrió sus orbes y miró la pelirosado. Ella estaba a unos pasos de él con el puño extendido muy cerca de su rostro, pero para gran perturbación del rubio, ella tenía la otra mano en su boca, al tiempo que contenía las lagrimas saladas.
— ¡Sakura, ¿qué pasa?!—. Musitó sorprendido.
— ¿Por qué eres tan ciego? ¿Cómo no puedes ver algo tan obvio? ¡La presente era para ti! —. Espetó la joven de ojos jade al tiempo que las lagrimas terminaban escurriendo por su rostro constreñido.
—¿Eh? — Exclamó atónito.
—Naruto, en la batalla contra Pain, curé a Hinata, ¿sabes? Estaba medio muerta. Nadie más se hubiera arriesgado a hacer lo ella hizo. Todos consideramos que lo hizo fue estúpido, incluso ella lo sabía. — Hizo una pausa. El rubio no entendía por qué estaba hablando de eso ahora. —¿Sabes lo que es eso, Naruto? —. Le miró a los ojos para asegurarse como comprendiera lo siguiente que iba a decir: —Ella sabía que iba a morir y lo hizo de todas formas —. Sus palabras abofetearon al Uzumaki, mientras sentía como le apretaba algo el pecho. —Nadie haría eso por un simple camarada —. Le dijo comprimiendo los puños. —¡Naruto, yo sólo haría eso por Sasuke!¡¿entiendes?! — Chilló frustrada a un estupefacto Hokage.
—«¿Qué quiso decir con eso?»—. Pensaba el rubio con el corazón latiéndole a mil por hora.
Al ver su expresión confundía, la joven de ojos jade suspiró resignada. Carecía de la energía para seguir peleándose con él, cuando era evidente que su amigo cabeza hueca no lo iba a entender. Así que mejor se dirigió rumbo a la puerta.
—¿Necesitas que te traiga algo de Ichikaru? — Instigó desde el umbral, a lo que Séptimo negó medio ausente, a modo de respuesta.
Haruno asintió y cerró la puerta.
Al interior de la oficina, Naruto seguía repasando las palabras de su excompañera de equipo.
—«¿Qué quiso decir con eso?»—. Se volvió a inquirir. —«Sakura-chan dijo que ella sólo haría eso por Sasuke. ¿Significa que para Hinata yo soy como Sasuke para Sakura? —. Meditó sintiéndose extrañamente agitado y nervioso por sus propias conclusiones.
—«¿Hinata, que soy para ti?»—. Se cuestionó mientras reparaba de nuevo en aquel envoltorio azul, como un objeto brillante. —«¿De verdad, era para mi…?»—. No podía abrirlo estaba mal, pero si el obsequio de verdad era para él, no había problema, ¿no?
Justo cuando se disponía a tomarlo de la repisa, una pila de papales se cayó de su escritorio para indignación del rubio, pues acomodar todo eso le tomaría horas. Tomó uno y su expresión ensombreció al leer su contenido.
Por andar distraído había olvidado por completo los informes que estaban en su escritorio. Cada uno de ellos contenía una novedad sobre el misterioso caso en el país de la tierra.
Los reportes tenían en común que narraban una serie extraños asesinatos que se estaban cometiendo en dicho lugar. En ellos se apreciaba el mismo patrón: todos los homicidios habían sido cometidos por alguien de poca estatura y realmente despiadado, ya que a sus víctimas les faltaba el corazón.
No obstante, lo que le desconcertaba de los reportes era que los homicidios sucedieron en línea recta, viéndolo desde la perspectiva del mapa. El asesino ni siquiera se había molestado a ocultarse o cambiar de ruta, mataba conforme avanzaba. Lo increíble del asunto es que aún no lo atrapaban. Y no se lo explicaba. Si el homicida era tan obvio ¿por qué no podían capturarlo?
Sea como sea de verdad tenía que detenerlo antes de que lastimara a más personas, más aún si éste parecía haber tomado rumbo a la aldea de la hoja. Este asesino estaba muy interesado en matar a personas civiles, sin entrenamiento Shinobi, especialmente familias con niños o jóvenes inocentes.
Eso le enfurecía.
La buena noticia es que su azabache e idiota amigo, ya estaba sobre el caso.
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Comentarios de Autora: ¿Qué les pareció el capítulo? Admito que este le pude rescatar bastante contenido del original, pero agregué unos detalles para empeorar el drama. Jeje
See ya
