Aclaración: algunas me lo habéis preguntado, de modo que prefiero responderos a todas juntas. Esta historia se desarrolla en el mundo auténtico de Naruto, por lo tanto, todos siguen siendo ninjas y con sus respectivas habilidades. Pero siempre he pensado que eso no les impide tener una vida más detallada, de ahí que hayan estudiado en la universidad, tengan empleos, etc.
Ep. 4: Situaciones extrañas
Al cabo de un par de horas, cuando ya la tarde caía sobre los desérticos parajes de Suna, Sakura empezó a recobrar la consciencia. Abriendo lentamente los ojos, se preguntó qué demonios hacía tirada en el pasillo (y también agradeció tener suelo radiante o se habría quedado helada), hasta que los acontecimientos inmediatos a su desmayo volvieron frescos a su memoria.
- ¡¿Qué fue lo que...?! - gritó, incorporándose y levantándose de un salto.
Un leve mareo, a causa del repentino movimiento, la hizo apoyarse en la pared y respirar profundamente un par de veces. Luego, ya un poco más calmada, miró a su alrededor con la esperanza (y el temor) de hallar algo fuera de lo común... pues se conocía lo suficiente como para saber que su limitada imaginación, ni en el más creativo e inspirado de los momentos, hubiera podido crear semejante cosa capaz de hacerla desmayar. Por lo tanto, fuera lo que fuese aquello, debía ser real.
Pero no había más que penumbra en torno a ella. La tormenta de arena ya había amainado casi por completo, por lo que el sistema eléctrico había desconectado automáticamente las extrañas luces de emergencia. La escasa luz que había en la mansión se debía a los últimos rayos del Sol, a punto de ocultarse, por lo que Sakura hizo de tripas corazón y se decidió a caminar, rumbo a la escalera principal, bajo la cual había un cuarto diminuto. Era allí donde por fin recordaba que estaba la caja de fusibles.
Una vez que sus hermosas y nuevecitas lámparas volvieron a iluminar cada rincón de la casa por el que pasaba, la joven médica ya se sintió más valiente, y con toda la entereza de la que era capaz, comenzó a buscar la inquietante presencia sobrenatural que tanto la había impresionado.
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Sasori se hallaba muy cómodo en la biblioteca, sentado en uno de los divanes que Sakura había comprado, inmerso en la lectura de los Diálogos de Platón. La falta de luz diurna no había sido problema para él, pudiendo manejar su ectoplasma para producir una leve luminosidad que brotaba del libro, siempre y cuando mantuviese un contacto directo.
Fue entonces que la oyó rondar por las habitaciones.
- Sakura-sama debe haberse despertado ya - murmuró, cerrando el libro y yendo a su encuentro.
Siguiendo el ruido, se cruzó con ella en una de las alcobas para huéspedes del segundo piso, aunque por supuesto, Sakura no se percató de su presencia y continuó su recorrido. Sasori se preguntó qué se supondría que estaba haciendo, hasta caer en la cuenta de que ella debía estar buscándole... o algo parecido, puesto que no acertaba a comprender cómo esperaba encontrarle la pelirrosa, si incluso estando a su lado no podía verle. Por ello, previendo adónde se dirigirían pronto sus pasos, Sasori se le adelantó y la esperó en el salón de té que había después de todos los dormitorios.
En cuanto Sakura entró y encendió la luz, un rápido vistazo le bastó para ver que la estancia estaba vacía, igual que todas las anteriores. Estaba por irse y proseguir su búsqueda, cuando un inexplicable estertor en el aire, o más bien en el espacio, llamó su atención. Había sido el instante exacto en que su desconocido fantasma se había inclinado educadamente en una reverencia, sin importarle lo más mínimo que ella no pudiera apreciar su cortesía.
- Me alegra ver que mantiene toda su energía, Sakura-sama.
- Oigo el viento del desierto... aunque la tormenta ya se ha calmado - susurró ella, avanzando un par de metros - Estás... quiero decir, ¿está usted aquí, Sasori-dono?... Kami-sama, no puedo creer que realmente esté haciendo esto - farfulló, llevando una mano a su frente, señal de que pronto estaría sufriendo una jaqueca de campeonato.
- Sí, aquí estoy - respondió él, acercándose algunos pasos.
Inmediatamente, la mirada de la Haruno se fijó en él... o más bien, en ese punto en el espacio que el pelirrojo distorsionaba al moverse. Sasori aguardó, expectante, pero al cabo de unos segundos, los ojos de jade volvían a vagar erráticamente; probó de nuevo, caminando hacia un lado, y grande fue su satisfacción cuando Sakura giró la cabeza en la misma dirección.
- Oh, ya veo - comprendió el difunto Akasuna - No es capaz de verme en el sentido específico del verbo, pero puede captar mi movimiento, ¿verdad?
- Ciertamente hay algo que se mueve... y que suena a intervalos irregulares - habló Sakura, indecisa - Bien, esto... Sasori-dono, si en verdad le he encontrado y puede escucharme... por favor, venga conmigo al hall de la entrada, donde empieza la escalera principal. Necesito... de verdad que necesito comprobar si mi cordura sigue intacta.
Y sin esperar más respuesta, ella misma se encaminó allí. Sasori fue detrás, la curiosidad manando de él como el agua de una fuente, deseando saber qué se le había ocurrido.
Al llegar a la escalera, lo primero que la joven hizo fue sacar uno de sus extraños aparatos del bolsillo, algo que ella llamaba móvil y que, por lo que había deducido, servía para hablar con otras personas que tuvieran un artefacto semejante (la forma en que esto funcionaba estaba más allá de su entendimiento, pero durante las reformas, Sasori había presenciado muchas veces esta inverosímil forma de comunicación).
- Hola Neji, soy Sakura... Bien, gracias... No, todo va bien, sólo llamaba para preguntarte algo...
Y mientras tanto, rondaba cerca del cuartito bajo la escalera, intentando percibirle con la mirada para comprobar que estaba allí. Para facilitarle la tarea, el pelirrojo continuó caminando por el hall, para que Sakura al menos tuviera una idea aproximada de dónde se encontraba.
- Es acerca de la instalación eléctrica. Hoy me asaltó el simoun y las luces se apagaron... Sí, claro que se encendieron las de emergencia, precisamente es sobre lo que te quiero preguntar... - en ese momento, Sakura abrió la puerta del trastero y buscó la caja de fusibles - Neji, ¿qué clase de luz tiene esto?
Era evidente que su inquilina pretendía hacer alguna clase de experimento, si bien el finado shinobi no tenía idea de cuál podía ser. Por un momento, la médica asomó la cabeza para buscarle nuevamente, convenciéndose de que el "fantasma" se hallaba más o menos donde el armario de los zapatos. Y de repente, todas las luces se apagaron.
- ¿Luz espectrográfica?... ¿Qué se supone que es eso?... - preguntó la Haruno, aguardando por un breve momento a que las luces de emergencia se activasen - No, no hay ningún problema, es tan sólo que...
Una penumbra morada brotaba nuevamente de los focos dispuestos a tal fin, y Sasori finalmente entendió. Sakura salió del cuartito bajo la escalera, todavía con el móvil en la oreja, pero con la vista fija en él... asegurándose de que realmente no estaba alucinando.
- Bueno, tardan un momento en funcionar, apenas unos segundos... - seguía hablando ella - No te preocupes, no hace falta arreglar nada, con esto es más que suficiente... Sí, de acuerdo... Gracias, Neji... Saludos a Hinata, adiós.
Y colgó, dando por terminada la conversación.
Durante unos minutos hubo silencio. Sakura no se decidía a hablar, no sabiendo bien qué decir, y Sasori no lo intentó porque de todas maneras ella no le habría entendido. Finalmente, tomando aire, la kunoichi dijo:
- Veo que, después de todo, mi racionalidad está a salvo - titubeó, acercándose un poco - Si recuerdo bien, usted es... ¿Akasuna-dono?
Él simplemente hizo una leve reverencia a modo de saludo. Fue su turno de avanzar unos metros hacia ella.
- Bueno, es... es un placer conocerle... supongo - un tenue rubor apareció en las mejillas de Sakura - Disculpe que no sepa qué decir, pero... desconozco la forma adecuada de dirigirme a usted. No pretendo ofenderle, pero hablar con un fant- digo, espíritu, no es algo que enseñen en la academia ninja.
Sasori no pudo evitar sonreír. El desconcierto de la muchacha se le antojaba adorable, y por demás, cómico. También su cautela al tratar de evitar llamarle "fantasma", lo cual no sonaba muy amable en una conversación cara a cara.
- Con decir "Sasori" es suficiente, Sakura-sama.
Después de todo, ya habían convivido juntos durante casi un mes, aunque ella apenas se enterase. Podían relajar la formalidad, en su modesta opinión. Lamentablemente, estaba por verse cómo se lo haría entender a ella.
- Su voz es... ciertamente como el viento del desierto... como una nana oída a través de la almohada - al escucharse a sí misma, el sonrojo de Sakura aumentó - Perdóneme, estoy diciendo tonterías - se excusó, sacudiendo la cabeza - Pero mi nombre lo he percibido con bastante claridad. ¿Me ha llamado usted... Sakura-sama?
El pelirrojo asintió, complacido de su agudeza.
- Oh no, por favor, eso es excesivo... Con decirme "Sakura" basta y sobra.
Poco a poco, la peculiar conversación se tornaba más relajada. Tomando eso como una buena señal, Sasori asintió a su indicación y movió una mano en su dirección, señalándola a ella y después a sí mismo.
- Uh... ¿me está diciendo que le trate yo también de manera más informal? Como... ¿Sasori-san? - él negó con la cabeza - Ah, ¿simplemente Sasori? ¿Está seg... estás seguro?
Una sonrisa fue toda la respuesta que necesitó para ver que eso era exactamente lo que él pretendía. Sonrisa que lentamente se tornó en un gesto de extrañeza cuando un nuevo silencio les invadió, al estar ella mirando fijamente su cabello, rojo como la sangre. Tampoco le pasó inadvertido al Akasuna que este detalle de su aspecto no parecía agradarle a la joven.
- ¿Se encuentra... te encuentras bien, Sakura?
El característico sonido que ella captaba como su voz la sacó que su desconcertante trance, aunque no supiera qué le había dicho.
- Bueno, yo... voy a encender de nuevo las luces - dijo, yendo otra vez al cuartito bajo la escalera - Luego iré a cenar algo, porque tengo hambre. Y tú...
Y al regresar se cortó en lo que estaba diciendo, porque bajo la luz normal, le era prácticamente imposible distinguir al Sasori.
- ... supongo que puedes volver a... lo que sea que estuvieras haciendo, ahora que ya nos hemos presentado formalmente y aclarado las cosas.
La Haruno se quedó quieta por unos segundos, esperando alguna clase de respuesta que no estaba segura de recibir. Y sintiéndose bastante incómoda por la repentina quietud, fue a hacer precisamente lo que había avisado.
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Ya era noche cerrada en el desierto. Sakura se había retirado a descansar hacía un par de horas, y por su parte, Sasori había regresado a la biblioteca con la intención de continuar su lectura. Desgraciadamente, en esta ocasión su mente se negaba a centrarse sobre la palabra escrita, puesto que su atención se desviaba una y otra vez hacia la joven doctora.
- "En efecto, Simmias y tú, Cebes, si yo no creyera encontrar en la otra vida dioses tan buenos y tan sabios y hombres mejores que los de aquí abajo... sería muy injusto si no me afligiera tener que morir". Siempre hay hombres mejores y peores en distintos lugares; me pregunto de qué tipo habrá sido ese muchacho taciturno que parece atormentar a Sakura. En fin... "Pero sabed que espero reunirme a hombres justos. Quizá pueda lisonjearme de ello al atreverme a aseguraros todo lo que puede asegurarse en cosas de esta naturaleza, que espero encontrar dioses, dueños muy buenos". Ella sí debería haberse reunido con un hombre bueno, pero no parece que haya alguno a su lado en este momento, o se habría mudado aquí con él... "He aquí el porqué no me aflige tanto la perspectiva de la muerte, confiando en que después de esta vida existe todavía algo para los hombres, y que según la antigua máxima, los buenos serán allí mejor tratados que los malvados". ¿Podría interpretarse esto con un mensaje divino hacia mí, Kami-sama? ¿Debería suponer que la llegada de Sakura a mi mansión es una especie de presente para mí, que hay algún significado o motivo oculto para ello que todavía desconozco?
Nada, no había manera. Desde que él y la Haruno se habían "conocido", Sasori era incapaz de alejar sus pensamientos de ella. Demasiadas cosas acerca de la kunoichi estimulaban su curiosidad, la cual por cierto había tenido ínfimas cosas con las que entretenerse en tantísimos años. No era de extrañar que ahora mismo el pelirrojo estuviera saturado por la presencia femenina.
- Hay algo de lo que quiere huir, eso es evidente... - reflexionó Sasori, dejando el libro sobre una mesita, dando la lectura por imposible - La prisa que tenía Sakura por adquirir la propiedad de mi casa, y las reformas que empezaron inmediatamente... el hecho de que no regresara a su aldea incluso aunque la mansión estuviera casi inhabitable... y sobre todo, sus reacciones con todo lo que tenga que ver con el joven de cabello y ojos negros. También hay algo respecto al color rojo...
"- ¡Frentona, mira lo que te traigo! - exclamó sonriente una joven rubia y exuberante - Son semillas. Tooooodas las plantas y sus variedades capaces de desarrollarse y sobrevivir en el desierto.
- ¡Cerda, muchas gracias! - la abrazó Sakura, contenta - Eres un sol de amiga, no sé qué haría yo sin ti.
- Ya sé que no puedes vivir sin mí - presumió Ino - No iba a dejarte tirada sabiendo eso y que cayera sobre mi conciencia. Ven, te enseñaré algunas de las muestras. También te he traído un manual para que aprendas a cultivarlas, algunas incluso son comestibles.
- Ésta me gusta mucho - Sakura señaló una especie de cactus con una hermosa flor morada y espinosa - Y ésta... oh, ¿es una planta trepadora? ¿Crees que podría hacerla crecer hasta mi balcón? Veamos qué más hay... - la radiante sonrisa de la médica se esfumó en cuanto vio la imagen que había en uno de los paquetitos de semillas - Ino, ¿qué es esto?
- ¿El qué? Ah, es una especie de amapola arenosa. Tarda en crecer, pero es muy resistente...
- Es una amapola.
- Sí, es lo que he dicho.
- Las amapolas son rojas. Siempre, no importa cuál sea la variedad - Sakura arrugó la frente, contrariada - Yo no tendré una carrera en botánica pero sé al menos eso. Te dije que no quería ninguna flor roja, Ino.
- Ya sé que me lo dijiste, frentona, pero honestamente... ¿crees que puedes ponerte exigente al respecto? No son muchas las flores que se adaptan a este entorno, ¿sabes?
- Me da igual - insistió Sakura, devolviéndole esas semillas en concreto - Te agradezco mucho el esfuerzo, cerda, pero no la quiero. Me quedo con todas las demás, pero ésta no. Llévatela.
Había ocurrido lo mismo con la otra amiga de Sakura, la que había diseñado los interiores. Aunque la Hyuuga había tenido carta blanca para hacer y deshacer a su gusto, la única prohibición había sido el utilizar rojo. No había ni una sola pincelada de ese color en toda la restaurada mansión, y Sasori se preguntaba el porqué.
- Ella es médica - se dijo, meditando - Concretamente, de la rama de la cirugía, según ella misma declaró antes de desmayarse. Debe estar acostumbrada a ver sangre... ¿tal vez por ello reniega de ese color? No creo, sería estúpido... si Sakura tuviera aversión a la sangre, habría elegido otra profesión. Tiene que haber otro motivo... ¿o no?
El Akasuna suspiró profundamente, y al hacerlo, un mechón de cabello en su frente se agitó. Lo miró unos segundos, pensativo, antes de frotarlo entre sus dedos.
- Mi cabello es rojo... y ella lo miró intensamente antes. Seguramente le desagrada - suspiró de nuevo - Qué lástima... me pregunto si yo en general le desagrado también. Hasta ahora se ha comportado de manera civilizada conmigo, pero acabamos de conocernos, no es señal de nada. Pero querría gustarte... porque tú a mí... también me agradas mucho, Sakura. Hace tanto tiempo que no he estado en contacto con otra persona... desearía que pudiéramos tener una relación amistosa.
Y así, sentado en el sillón de la biblioteca y navegando por sus sentimientos, le sorprendió la mañana.
¡Las cosas entre Sasori y Sakura por fin se han puesto en marcha! A partir de ahora habrá más interacción entre ellos, por supuesto, ¡de modo que muchísimas gracias por vuestra paciencia! Los misterios se irán desvelando poco a poco, no desesperéis. :D
Lo que Sasori lee es un fragmento de Fedón, uno de los diálogos de Platón, donde se habla de las últimas horas de Sócrates y el tema del alma. Bye!
