Capítulo 3. ¿Día normal?
-¡Violador!
-¡Idiota!
-¡Pervertido!
-¡Inconsciente!
-Err… ¡Violador! Espera… ¿Eso ya lo habéis dicho, no..?
-¿Habéis terminado ya? – Interrumpió el albino mientras escuchaba aburridamente los insultos, bien merecidos, que le propinaban sus compañeros.
-¡Claro que no! –Gritó el peliverde indignado. -¿Es que te parece normal lo que has hecho? -.
-Fue un impulso, perdóname por tener necesidades –Dijo con sarcasmo Haruya, encogiéndose de hombros sin mucho interés, contestando así a la pregunta de su novio.
Suzuno suspiró y se tumbó boca abajo sobre la cama de la habitación. Haruya no tenía remedio. Intentar que entrara en razón era una perdida de tiempo.
-¡Pues no creas que te vas a salir de rositas tan fácilmente! –Dijo con notable enfado Hiroto.-¡Casi violas a mi novio! Bueno… no exactamente ¡Pero de todas formas casi violas al cuerpo de mi novio! –Gritó nuevamente el pelirrojo.
-No frunzas tanto el entrecejo. Vas a hacer que me salgan arrugas – Dijo sin prestar atención a las palabras de su amigo, que ahora ocupaba su cuerpo.
Hiroto apretó los puños con fuerza. No quería darle un capón a su amigo, y menos en el cuerpo de un inocente.
-Yo me voy a clase – Dijo el pelirrojo de ojos jade mirando el reloj –Suzuno, intenta que mi cuerpo acabe en las mismas condiciones en los que está ahora –Dijo sin mucho entusiasmo Midorikawa, mientras salía por la puerta.
-Espera, voy contigo –Hiroto se encaminó rápidamente junto a Midorikawa, y los dos salieron de la habitación, camino a su aula.
-Deberíamos ir con ellos –Comentó el peliverde – Sólo nos falta llegar tarde –Se puso en pie y cogió su mochila. Haruya con mucho pesar hizo lo mismo que él y ambos anduvieron por los pasillos hasta llegar a la clase del albino, que era la más cercana al vestíbulo, y ahora la nueva aula del chico de fuego-
Gazelle pasó de largo, sin despedirse de su chico, y Haruya le detuvo, cogiéndole del brazo. -Que te valla bien en clase –Se despidió mimosamente, haciendo como si no hubiese ocurrido nada de lo anterior, como si el intento de 'violación' no existiera.
-Lo mismo digo- Contestó de forma cortante al peliverde, tratando de soltarse. Nagumo tiró del brazo de su novio y lo acercó a su cuerpo. Juntó sus frentes en un abrir y cerrar de ojos y a punto estuvo de darle un beso, pero el peliverde le tapó la boca con una mano y le hizo un gesto con la otra, para que entendiera que TODOS los alumnos que allí estaban los miraban. -Te veo luego –Se separó del oji-negro con tranquilidad y entró en su clase. Dejando a Suzuno bastante molesto. Pero sabía que por una vez Nagumo lo había hecho sin querer, era la costumbre.
Todo el mundo les había visto, y estaban un poco extrañados por la escena. Osamu incluido.
El peliverde se quedó en el sitio intentando aparentar calma, como siempre hacía, y finalmente salió corriendo a su clase.
Los alumnos ya no sabían que pensar. Sabían que Haruya y Suzuno llevaban bastante tiempo de novios, y no entendían por qué de un día para otro, el peliblanco y el peliverde se daban muestras de amor, o lo que fuera eso, en público.
Gazelle entró en la clase de Midorikawa tratando de no aparentar estar exaltado, como en verdad estaba, y se sentó en el único pupitre que estaba libre. Sólo faltaba él en clase, así que supuso que ese era su sitio.
Algunos chicos lo miraban curiosamente y cuchicheaban. Dios... ¡Los trapicheos en este instituto se difunden con más rapidez que la velocidad de la luz!
-Bueno chicos, estas últimas horas de clase vamos a dedicarlas a conocer al nuevo jefe de estudios de tercer grado, ya que el señor Fushikawa está de baja por cuestiones de salud.- Anunció el profesor de ciencias.
El peliverde levantó la mirada. Era sospechoso un cambio tan repentino justo después del accidente.
La puerta se abrió, y un adulto joven de unos treinta años, más o menos, entró en el aula. En seguida se fijó en el peliverde y sonrió levemente. Midorikawa Ryuuji era uno de su mayores 'objetivos'.
-Buenos días alumnos –Saludó el recién llegado. –Mi nombre es Makoto Mizushima, y seré vuestro nuevo jefe de estudios –Se presentó, haciendo una pequeña reverencia.
Todos los alumnos le devolvieron el saludo educadamente, como era costumbre en la escuela, y tras eso el nuevo jefe de estudios se puso a explicar su plan de calificación del curso, sus expectativas, preguntó los nombres a los alumnos y ese tipo de cosas.
-Bueno chicos, ya sé que teníamos planeado que me quedaría hasta el final de las clases, pero tengo que presentarme en las demás aulas de tercero, así que os dejaré con el profesor Minamoto. Portaos bien. –Y tras despedirse, recogió sus papeles y salió de la clase.
Estuvieron dando clase normal hasta que sonó el timbre que anunciaba el final del horario escolar, y todos los alumnos abandonaron el aula rápidamente. El último en salir fue Suzuno, que no tenía ganas de cruzarse con la marabunta que se creaba justo a esa hora. Si esperaba un poco no tendría que cruzarse con nadie que no fueran sus amigos.
Así lo hizo y así fue, y cuando salió de clase sólo estaban sus compañeros esperándole en la entrada al pasillo de los dormitorios.
-Hey ¿Habéis visto al nuevo jefe de estudios? –Preguntó el oji-jade con alegría.
-Sí, se ha pasado por todas las clases –Le contestó el pelirrojo de ojos ámbar.
-A mi gusta más que el Señor Fushikawa, que me tenía manía –Comentó alegremente el peliblanco.
-Burn, a ti todos te tienen manía –Se burló Hiroto, haciendo que el ojiazul pusiera un puchero. Ya se les había pasado el enfado. Después de todo, enfrentados no conseguirían nada. Tenían que estar unidos para encontrar la forma de volver a la normalidad.
-Pues no sé, a mi me parece demasiado joven… -Comentó el peliverde, haciendo memoria de la apariencia del nuevo jefe de estudios.
-Sí, la verdad es que es muy joven para su puesto –Le apoyó Hiroto.
-Bueno, hay gente para todo ¿No? –Dijo alegremente Midorikawa –No le deis tantas vueltas -.
Así entre unas cosas y otras llegaron a las habitaciones. Hiroto y Midorikawa se quedaron en la habitación del primero para hacer los deberes, como siempre hacían, y Haruya y Suzuno se fueron cada uno a su habitación. Necesitaban despejarse un poco.
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-Señor, ya está todo a punto –Comunicó el joven trajeado mientras se sentaba en frente de la mesa del director.
-¿Y has notado algo inusual? –Le interrogó el mayor.
-Todo es normal señor, lo único es que por lo visto Hiroto está cambiando un poco de compañías, por lo que tengo entendido –
-¿A sí? -.
-Sí señor –Hizo una pausa- Como usted sabrá su hijo es muy a migo de Midorikawa Ryuuji, un joven de tercero, pero últimamente se está juntando más con el capitán del equipo Prominence, Haruya Nagumo y por otro lado Midorikawa se está juntando más con el capitán del Diamond, Suzuno Fuusuke… Pero su relación sigue estando muy presente, así que no creo que debamos preocuparnos, al menos por ahora-.
El director se puso en pie e hizo una leve reverencia- Buen trabajo Makoto, ya puedes retirarte-.
El menor imitó su reverencia y salió a paso ligero del despacho. Aun tenía mucho trabajo por hacer.
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Haruya terminó por fin la maldita redacción que tenían que entregar al día siguiente sobre las grandes potencias de la economía europea en comparación con la economía americana, en resumen, un aburrimiento.
Tiró el bolígrafo en cuanto terminó de escribir y se recostó sobre la cama. Estaba agotado. Esa redacción le había exprimido el cerebro, y el día había sido un poco ajetreado entre unas cosas y otras. Suspiró y cambió de postura, quedándose mirando hacia su mesilla, donde tenía colocada una foto suya con Gazelle, de la fiesta de Halloween del año pasado.
Al ver la susodicha foto sonrió. Le traía buenos recuerdos…
Ahora estaba aburrido. En condiciones normales iría a visitar a Suzuno, pero ahora que no podían intimar ni nada que se le parezca, pues le sobraba el tiempo.
Se levantó de la cama y se fue al baño, a lavarse la cara.
Se quedó mirándose en el espejo. En su reflejo no se veía a sí mismo, sino a su querido peliblanco.
Le echaba de menos. Sus besos, sus mimos, sus insultos… incluso sus collejas. Ya no era como antes.
Se quitó la camiseta y la tiró por ahí, sin mirar en donde había caído, realmente no le importaba. Se puso a posar delante del espejo, dando vueltas sobre sí mismo para poder observar tanto el torso como la espalda del moreno.
Estuvo observando su reflejo un par de minutos, hasta que se decidió y dejo de lado un momento el espejo, para cerrar la puerta del baño, poniendo el seguro.
Se quitó los pantalones y los dejó en una esquina, para que no le molestaran, y lo mismo hizo con la ropa interior.
Se acercó al espejo, hasta el punto de rozarlo y besó la superficie suavemente. Eso sería lo más cerca que estaría de besar al albino, al menos por ahora y a saber hasta cuando.
Se tumbó en el suelo, junto al mismo espejo, el cual iba desde el suelo hasta casi tocar el techo, reflejando así toda su silueta.
Dios… se excitaba a sí mismo. Sentía en su interior un remolino de sentimientos incompatibles, que por mucho que quisiera evitar, le era imposible. Estaba enamorado de su reflejo.
Pasó sus manos por su esbelto pecho, deslizándolas suavemente hasta llegar a su abdomen. Cada centímetro de piel que recorría con sus manos le producía un escalofrío.
Era una sensación tan conocida y tan nueva al mismo tiempo, le tocaba a él, a su Suzuno, eso veía en el espejo, pero lo sentía en su piel. Realmente eso le estaba volviendo loco.
Llevó sus manos a su trasero, y lo acarició con suavidad. Le gustaba pero… Faltaba algo.
Se acercó nuevamente al espejo, y volvió a besarlo.
Cerró los ojos.
-Nagu… -Susurró. Así le llamaba su chico. Con ese mismo tono de voz, con esa misma palabra.
-Nagumo… - Repitió su nombre, mientras pasaba sus manos por sus piernas y muslos. Sólo estaba pendiente de su reflejo.
Cerró los ojos nuevamente. Tenía que imaginarse al albino. Tenía su cuerpo, su voz… Lo tenía todo, sólo tenía que echarle un poco de imaginación.
-Haruya… -Se recostó sobre las frías baldosas que cubrían el suelo, y continuo deslizando sus manos por sus piernas.
-Ha... Haru… -Escuchar la voz del peliblanco salir de sus labios era sumamente excitante. Era como tener al albino susurrándole en el oído.
Se apoyó sobre uno de sus brazos, y con el otro comenzó a subir y bajar lentamente por su miembro.
Pronto se hicieron presentes los suspiros y los jadeos. Abrió un poco los ojos, lo suficiente para apreciar con claridad su imagen en el espejo. Le encantaba lo que veía.
Pasó a apoyarse sobre sus hombros, para tener las dos manos a disposición de sus necesidades. La postura era algo incómoda, pero le daba igual.
-A-ah… - Quería decir el nombre de su chico, pero eso estropearía toda la fantasía que se había montado.
Echó una última mirada a su reflejo y memorizó su silueta, cada curva, cada gesto, cada pequeño detalle del cuerpo del moreno, de su cuerpo.
Apretó los dientes y aumentó el ritmo. Otra vez.
Escuchaba los gemidos de su adorado chico de hielo inundar la habitación, animándolo a acabar con todo.
En ese momento la mente de Burn era un maremoto de pensamientos, de sensaciones… Se sentía en el cielo, y a la vez frustrado ¿Era eso posible?
Al poco tiempo, finalmente llegó. Suspiró profundamente y cogió aire, normalizando su respiración tan rápido como le era posible. Se tumbó de espaldas en el suelo, y se despejó el pelo de la cara con cuidado.
Había sido el orgasmo más raro de toda su vida.
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-¿Qué te da el problema ocho de la página ciento veintidós?
- … Veinticinco novenos.
-¿Y el número doce?
- … Menos cuatro tercios.
-¡Mierda! –Exclamó el pelirrojo de ojos jade, Midorikawa, al comparar sus resultados con los de su novio. Odiaba las matemáticas ¿Para que estudiarlas si viviría siendo catador de helado profesional?
-A mi me da un décimo… ¿Seguro que lo has hecho bien? –Interrogó Reize, a lo que Hiroto alzó una ceja, como diciendo ``¿Acaso lo dudas?´´.
-Perdona… Es que me desespero con tanto numerito… -. Desde luego, muy mal tenía que estar para dudar de Hiro. A él le gustaban los números, y se le daban bien los problemas, las ecuaciones, raíces cuadradas… Es decir, las matemáticas.
Hiroto veía bastante decaído el ánimo de su, por lo general, alegre e hiperactivo novio, así que optó por lo fácil.
-Ten, cópialo, no me importa –Le dijo amablemente mientras le entregaba su tarea, ya terminada y corregida.
-Muchas gracias Hiro… -El pelirrojo cogió el cuaderno del ojiambarino y le dedicó una cálida sonrisa.
Dejó el cuaderno a un lado y se acercó a él para…
Se separó en cuanto se dio cuenta. Hiroto se quedó esperando el beso con los ojos cerrados, cosa que nunca llegó.
-Perdona, ha sido un acto reflejo… -Se disculpó el fanático del helado. Tenía que aprender a controlarse, a veces ni se daba cuenta. Ya era una costumbre.
-No es nada… -Hiroto sabía perfectamente que habían acordado nada de muestras de afecto entre ellos, pero aun así, no podía evitar desilusionarse.
Ryuuji cogió nuevamente el cuaderno de su novio y comenzó a copiar rápidamente los resultados.
Se hizo el silencio.
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Un chico peliverde se encontraba en su cuarto, terminando de repasar la odiosa tarea de corregir las posibles faltas de ortografía que había podido cometer sin darse cuenta. Estaba terminando de leer el último párrafo de su tesis cuando un escalofrío le recorrió rápidamente el cuerpo, desde sus pies a su cabeza, pasando por su espalda. Se encorvó automáticamente y cerró los ojos ante esa extraña sensación nunca antes experimentada.
El escalofrío fue desapareciendo poco a poco, dejando pequeñas muestras de su corta existencia en forma de cosquillas en las articulaciones del chico.
Gazelle respiró profundamente y se frotó los brazos.
-¿Pero qué demonios..?-. Se le habían puesto los pelos de punta, y había comenzado a sudar frío. Eso no era normal.
Se llevó la mano a la frente, pero su temperatura era normal.
-``Esto no me gusta´´- Pensó algo confundido Suzuno, sabía que tenía algo que ver con el accidente.
Dio su tarea por acabada y guardó los papeles que tendría que entregar al día siguiente en su carpeta.
Miró la hora. Las seis de la tarde. Aun faltaba para que llegara la hora de la cena, y ya había terminado de hacer los deberes.
Quería ir a ver a Burn, pero… No estaba seguro de si era una buena idea. Seguramente acabarían haciendo algo de lo que luego se arrepentirían. Eran adolescentes, con las hormonas revolucionadas y con un gran problema de tensión sexual sin resolver…
Suspiró.
La rutina se estaba convirtiendo en una pesadilla.
Decidió salir a investigar, y a comprarse un refresco. Necesitaba algo frío para despejar su mente de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
Abandonó el cuarto de Midorikawa, donde ahora pasaba los días, para que nadie sospechara, y caminó por los pasillos rumbo a la sala común, donde había una máquina expendedora.
Llegó a la sala, y allí estaban entre otros compañeros suyos, Osamu, Ulvida y Diam. El mayor al verle le saludó con la mano, se levantó del sofá y se acercó al pequeño peliverde.
-Hola Mido ¿Has terminado ya los deberes? –Le preguntó amigablemente el pelinegro, en bajito para que no les oyeran hablarse tan familiarmente. Sin duda tenían una relación bastante estrecha.
-Sí, he salido a por un refresco –Contestó el moreno con una pequeña sonrisa. Mientras caminaban hacia la máquina expendedora.
-Yo te invito –Le dijo alegremente el mayor -¿Qué bebida quieres? –Preguntó mientras introducía el dinero que iba sacando de su monedero.
-Pues… -No sabía si Mido aceptaría esa invitación, pero acabó en la conclusión de que sí, así que aceptó – Una coca-cola –Respondió con calma.
Osamu le ofreció el refresco cuando salió de la máquina, y este al poco comenzó a beberlo.
-Te veo algo diferente, no sé… A lo mejor son cosas mías –Comentó el chico de ojos anaranjados.
-Deben ser cosas tuyas, soy el mismo de siempre –Mintió el chico de hielo, forzando una sonrisa.
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El joven señor Makoto, nuevo jefe de estudios del tercer curso caminaba sigilosamente por el área de entrenamiento de los jugadores estrella del centro.
Ya había repasado las imágenes grabadas con las cámaras de los entrenamientos, y todo parecía más o menos normal. El incidente de la explosión estaba quedando olvidado poco a poco.
Todo parecía tranquilo. Recorrió todo el instituto, en busca de posibles anomalías en los jugadores, ya fuera el comportamiento, el estado físico, o lo que fuera.
Todo en orden.
Sólo le quedaba revisar los baños y la sala común. Dejaría la sala para el final, ya que era donde más gente había.
Se encaminó a los baños…
-Ah… Ne-Nepper… a-así me… ¡Ahh!~~ -Intentaba hablar el pequeño Heat, pero desde su posición y en sus condiciones lo tenía un poco difícil.
-A-aguanta un poco… -Le contestó el mayor, haciendo a saber que cosas. Makoto no iba a entrar para averiguarlo.
En vista de que el baño estaba``ocupado´´ decidió ir directamente a la sala común. Con un poco de suerte allí no habría nadie haciendo el acto sexual.
Por suerte para él, si era. El pobre Makoto empezaba a sentirse como un pederasta, Espiando a niños a todas horas.
Asomó la cabeza disimulada por el umbral de la sala, encontrándose con los jóvenes viendo la tele, charlando, contando chistes, es decir, cosas normales.
Se fijó un poco más y divisó al peliverde, sentado tímidamente entre dos de sus compañeros, mientras tomaba un poco del refresco que tenía en las manos.
Hizo memoria… Esos chicos eran… Saginuma Osamu, un respetado capitán de rango superior, y el otro chico era un delantero del equipo del peliverde, no recordaba su nombre.
Ambos se veían muy complacidos por la compañía del moreno, mientras que el chico de ojos negros se sentía un poco sofocado, por decirlo de alguna manera, por estar tratando tan abiertamente con esos chicos, que en el fondo apenas conocía.
-``Todo parece normal, si contamos como normal que la mayoría de los chicos de este centro son homosexuales´´ -Pensó -``¿Serán efectos secundarios de la piedra? ¡Ay Dios! El director me va a matar! ¿Cómo se lo digo?´´ -Salió disparado a la sala de profesores -``Aunque puede que sea una coincidencia, pero… Joder… ¡No sé que pensar! A lo mejor por eso han cambiado un poco de compañías… O puede que llevar tanto tiempo conviviendo con chicos le haya afectado a las hormonas… ´´ -El nuevo jefe de estudios sacaba sus propias conclusiones, rezando por no tener que comunicarle a su jefe que su adorado y predilecto hijo pelirrojo no iba a darle nietos.
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-Mido, ya no lo soporto más… -Lloriqueó el pelirrojo de ojos ámbar, tirado en el suelo de lo que ahora era su habitación. –Uno pequeñito, sólo uno… -Le rogaba con lagrimitas en los ojos.
-Hiro, yo… Sabes que me encantaría, pero no podemos, se lo hemos prometido a Suzuno –Dijo entristecido Midorikawa.
-Ya lo sé, pero ellos se saltaron la promesa ¿Recuerdas? Esto no es justo… - Dijo enfadado, cruzándose de brazos.
Mido le miró entre enternecido y algo decaído, cuando una duda asaltó su mente.
-Nee Hiro –Le llamó- Si tu y yo nos acostáramos ahora mismo ¿Quién estaría arriba y quien abajo? –Preguntó seriamente. A lo que el pelirrojo le miró con cara de Poker.
-Pues… Yo arriba y tú abajo, supongo –Contestó algo dubitativo.
-¿Estás seguro? Mira que ahora soy Hiroto Kiyama ¿Acaso crees que eres menos seme que Burn? –Le preguntó burlonamente, lo cual molestó un poco al pelirrojo.
-¡C-claro que no! –Revindicó rápidamente Hiro –Yo soy tan seme como Haruya, y más –Comentó orgulloso.
-¿Más que Nagumo Haruya? ¿Él súper mega seme que consigue someter al frío y distante capitán del Diamond?- Preguntó con tono burlón el ahora pelirrojo de ojos jade, intentando poner en evidencia a su quedito novio. ¡Con un poco de suerte el podría ser el seme por una vez en su vida!
Hiroto tragó saliva, es cierto que Burn tenía que ser muy… ¿Varonil? Para poder dejar a Suzuno como el pasivo, pero… ¡Coño, él también era varonil, y era seme!
-Eso no es cosa de Burn, es cosa de Gazelle, él se deja –Se defendió el gran Kiyama.
-¿Tú crees ~~?
-…
-¿Eh ~~?
-¡Dios! ¡Deja ya el tema, ni que fuéramos ha acostarnos de verdad! –Dijo molestó el pelirrojo.
-Nee, Nee, Hiro-chan, no te enfades, lo decía en broma -``Más o menos´´- Se abrazó al pecho de su seme, y como Hiroto era demasiado blando cuando se trataba de Mido, se le pasó el enfado y le acarició la cabeza.
-¿Sabes Mido? En cuanto recuperemos nuestros cuerpos, lo primero que voy a hacer es ponerte de espaldas al escritorio y… -Fue interrumpido por un chico albino con una sonrisa de oreja a oreja, que no parecía suya.
-¡YA LO TENGO! –Gritó al entrar por la puerta.
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-¿Te preocupado algo Mido? –Preguntó el mayor, aprovechando que Diam se había ausentado un momento para ir al baño, que parecía bastante preocupado por el peliverde.
-Ya te he dicho que no –Insistió el menor.
-Midorikawa Ryuuji –Le llamó seriamente –Te conozco como si te hubiera parido, así que no me vengas con esas, que sé que te pasa algo, joder, y si no me lo cuentas, me das razones para pensar que lo que te ocurre algo grave- Dijo algo molesto el pelinegro.
-No es nada, en serio, err… Nii-chan –Contestó intentado parecerse lo más posible al Mido.
-… Tiene que ver con Hiroto ¿Verdad? –Soltó de repente el chico de tez pálida.
-¿Qué? –Se sorprendió al escucharlo.
-Lo sabía, ese tío siempre te está haciendo sufrir –Comentó con el ceño fruncido- ¿Ahora que te ha hecho? –Preguntó seriamente, mirando al peliverde a los ojos.
-Osamu-Nii-chan, no me ha hecho nada, en serio –Sonrió nerviosamente el peliverde. -``Este chico tiene un gran complejo de hermano celoso sobreprotector´´-Pensó Gazelle.
-Entonces es cosa del sexo – Dijo tranquilamente el mayor. -¿No lo disfrutas? –Le preguntó indiscretamente, como si fuera la más natural del mundo.
-¿C-cómo?- ``¿Se puede saber como coño a llegado a esa conclusión?-.
-No tienes que avergonzarte, hay veces que el sexo no resulta placentero por diferentes causas... Seguro que es culpa de Hiroto -Hablaba consigo mismo el pelinegro, sacándole los colores al pobre chico de hielo.
-E-esto… -Fue interrumpido.
-Tú tranquilo Mido, ya hablaré yo con ese pelirrojo, y le dejaré las cosas claras
-Nii-chan, n-no hace falta que digas nada, en serio…. -. Estaba más rojo que el pelo de su querido Haruya.
-Tú déjamelo a mí –Le guiñó el ojo de forma cómplice, y a Suzuno le cayó una gotita por la nuca.
-``Por favor… Tierra trágame´´-.
-¡Tíos, no os lo vais a creer!-Comentaba Diam, que acababa de volver -¿Sabéis a quienes me he encontrado en el baño?... -.
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Estaba Haruya tirada sobre su cama, más aburrido que Dios sabe qué, pensando en alguna manera de pasar el tiempo. Cuando de la nada, mágicamente una gran idea acudió a su cabeza, haciendo que pegara un rebote y saltara de la cama.
-¡¿Cómo no se me ha ocurrido antes? –Exclamó alegremente, mientras salía corriendo de su habitación.
Recorrió los pasillos como alma que lleva el diablo, hasta llegar a la su amigo pelirrojo. Pasó de llamar a la puerta y entró de golpe.
-¡YA LO TENGO! –Gritó, a lo que los dos chicos le miraron con cara de ``WTF?´´.
-¡Ya sé como podemos volver a la normalidad! –Aclaró, cerrando la puerta, para que nadie les escuchara.
-¿C-cómo? –Preguntó el ahora pelirrojo de ojos verdes.
-Muy fácil… sólo tenemos que provocar otra explosión – Dijo con una sonrisa macabra.
Hiro y Mido lo miraron fijamente. A ese chico al estar en el cuerpo del peliblanco se le estaba contagiando la personalidad sádica de Gazelle.
-¿… Y Suzuno? – Preguntó, cambiando de tema, al notar que su chico no estaba con sus compañeros.
…
Mientras tanto en un lugar no muy lejano, nuestro querido peliverde Alias Suzuno…
-``¡Ahhhhh! ¿No se va a callar nunca? ¡DIOOOOS! ¡Joder! ¿Donde está el tulipán cuando se le necesita?´´-Oía como Osamu le contaba batallitas de que si Hiroto no sé que, o Hiroto no sé cuantos… Todo quejas. Pero él no las escuchaba, y asentía de vez en cuando.
Empezó a sentir un cosquilleo en la nariz, y finalmente estornudó. Osamu le dijo ``Salud´´ y continuó con la misma historia, bla bla bla…
-``¿Estarán hablado sobre mi?´´ -Miró por la ventana y suspiró.
-``Como todos los días sean así… Creo que me tiraré por la ventana´´ -Pensaba, con lagrimitas en los ojos.
