APPLAUSE

Peleas de egos y otras tonterías

Hay veces en las que cuando comenzamos a hacer algo esto sin querer y sin darnos cuenta se convierte en un hábito. Para Lukas el ver la cara de Mathias al otro lado de la ventana y esa sonrisa idiota junto con una mano ondeante que lo saludaba, ya era costumbre y el nuevo hábito del noruego era dedicarle algún gesto ofensivo a base de señas o articular palabras con su boca que no eran más que groserías, todas dirigidas al danés que a cambio las ignoraba por completo y prefería mandarle besos.

Ese era otro de esos días en los que Mathias desde el estudio de baile pegaba casi todo su cuerpo al cristal y fingía un beso apasionado con Lukas el cual optaba por pegar su mano al cristal mostrándole su dedo medio al otro rubio que de pronto señalaba con su dedo índice hacía él.

-¿Qué haces?- preguntó la voz de Berwald que era a quien Mathias señalaba desde la distancia.

Mas que un sobresalto Lukas dio un brinco de sorpresa al escuchar al profesor entrar al lugar y verlo haciendo eso en plena ventana.

-¡Nada!- exclamó Lukas con la cara tan roja como nunca antes se le había visto, volteó entonces a ver de reojo al edificio vecino encontrando a Mathias partiéndose de la risa, evidentemente burlándose de él. Solo alcanzó a dedicarle una mirada furiosa mientras el otro solo hacía un corazón con sus manos y se disponía a hacer lo suyo en el estudio de baile.

-Antes de que empecemos con la clase, quería darte esto- dijo Berwald sacando de su maletín un formulario que extendió al chico que le echó una ojeada rápida sin entender muy bien de que se trataba así que volteó a ver al más alto con un gesto interrogativo.

-Es para un concurso… creo que sería bueno si participaras- le explicó el profesor al chico que soltaba un suspiro que más bien parecía un resoplido.

-No soy tan bueno para un concurso, la gente que participa es como Roderich. Deberías decirle a él- dijo dejando la solicitud sobre el piano pero Berwald, con su eterno gesto estoico solo volvió a tomarla.

-Ya le dije a Roderich pero te lo digo a ti porque creo que eres bueno; no tienes nada que perder- le dijo al otro que se estremeció al escuchar el humilde alago por parte de Berwald.

Volvió a darle otra mirada al papel y después al profesor que lo miraba directamente con esa cara tan atemorizante esperando la respuesta de Lukas que casi volvía escuchar en una especie de eco como el profesor le decía que era un buen músico y su corazón se removió dentro de su pecho.

-Está bien… pero si termino humillado por todos esos niños prodigio tendrás que compensarme- amenazó Lukas a lo que el otro sin cambiar el gesto en su rostro solo asentía con su cabeza mientras su alumno sacaba de nuevo su violín.

-Y si gano tendrás una cita conmigo- soltó sin más el nórdico dándole la espalda al profesor pues temía que viera lo avergonzado que estaba por haber dicho eso; no cabía duda que juntarse tanto con Mathias le hacía mal.

-¿Perdón?- dijo entonces Berwald pensando que tal vez no había escuchado bien.

-Dije que me invitarás una comida… no lo malinterpretes- respondió de inmediato Lukas, tal vez después de todo no era tan temerario como el danés loco.

-Si eso quieres… pero entonces tendrás que practicar mucho- dijo con total desinterés Berwald sin tomarse muy en serio una invitación a comer lo que desilusionó por completo a Lukas que quiso en ese mismo momento arrancarle las cuerdas al violín y ahocar a Berwald con ellas por lo poco intuitivo que era.

-Hasta que me sangren los dedos- coincidió el noruego, ganaría ese concurso y con ello una cita con Berwald así tuviera que sacar a Mozart de la tumba para interpretarlo correctamente; después de todo había escuchado que Mozart siempre era el favorito de los jueces.

-Creo que te vendría bien tocar a Paganini- comenzó a decir Berwald sin darle más rodeos al tema del premio.

-¿Paganini? ¿No crees que es demasiado dramático?- preguntó Lukas a quien no parecía agradarle tanto la idea, de hecho Paganini no era su compositor favorito.

-Por eso mismo… a veces creo que le falta emoción a tus interpretaciones- dijo sin más Berwald desencajando por completo al otro nórdico que frunció ligeramente el ceño.

-No es que no lo hagas bien- se apresuró a decir rápidamente el profesor buscando las palabras correctas a decir –Es solo que te empeñas tanto en hacerlo perfecto, justo como dice la partitura que te olvidas a veces de poner tus sentimientos en el violín, da la impresión de que te fuerzas por hacerlo como el compositor hubiese querido tocar y no como tú quieres- explicó Berwald costándole un poco de trabajo expresarse con palabras a lo cual el otro solo pareció molestarse más.

-Pues es precisamente por ello tocamos ¿No? Si quisiéramos decir lo que nosotros queremos compondríamos nuestras propias melodías como hace Roderich- dijo Lukas haciendo una pausa breve –Y tampoco es como si lo que yo quisiera decir con la música fuera escuchado por alguien- murmuró el rubio platinado en un tono apenas audible que pasó desapercibido por el de lentes.

-Entiendo, debemos respetar la composición de los autores pero… creo no hay nada de malo poner algo de nosotros en la pieza. Intenta compaginar con Paganini, tal vez te resulte un autor interesante- intentó convencerle Berwald sacando de su maletín un cuadernillo con partituras.

-Capriccio número 24 en La menor- señaló Berwald sacando su propio violín para interpretar la pieza.

Apenas comenzaron a sonar las primeras notas Lukas pareció darse cuenta de pronto de porque Berwald quería que tocara a un autor como aquel; su música sonaba compleja, difícil de describir, a veces elegante y en algún movimiento se convertía en una especie de lamento desesperado que se tornaba furioso y a su vez apasionado… aquella melodía, ese Capriccio era como Lukas: Tan indescifrable, tan complicado y muy lejos de poder ser entendido.

Odiaba a Berwald en ese preciso momento por ser tan observador con sus alumnos a ese punto pero también por ser un torpe monumental pues a pesar de ver todo aquello no podía ni siquiera darse cuenta que frente a él había un pobre idiota que se moría de amor por él.

Lukas miraba con algo más allá de la admiración las manos hábiles del maestro, como este movía el arco y sus dedos dándole vida a la melodía y sus bruscos cambios. Era en esos instantes en que se enamoraba más del músico, por esa manera de tocar, por ver que él no hacía esfuerzo en hacer que sus palabras llegaran a quien quisiera a base de la música sin dejar de respetar la composición. Solo cuando tocaba podía ver al Berwald que quitaba su careta intimidante y dejaba al descubierto su lado más sensible porqué después de todo el ojiazul eso eran un hombre sensible.

-¿Crees poder hacerlo?- preguntó Berwald al terminar de tocar mientras Lukas asentía con su cabeza respirando hondo

-Tal vez no tan bien como tú pero puedo intentarlo- dijo Lukas dándole una repasada a las partituras para comenzar a tocar en un primer intento.

Veamos Paganini… déjame saber que querías decirle al mundo.

Pensó el muchacho acomodando el instrumento sobre su hombro y sin quererlo y cosa que ya hacía con mucha frecuencia, volteó a ver al edificio contrario en donde vio a Mathias bailando, como siempre el chico sonreía y antes de posicionar el arco sobre las cuerdas por primera vez se preguntó ¿Cuál era el motor de Mathias? ¿Por qué bailaba?... borrándose preguntas tontas de la cabeza comenzó a tocar siguiendo el ejemplo del danés, tal vez intentaría divertirse tocando.

Mientras tanto al otro lado todos efectivamente estaban bailando como si la vida se les fuera en ello; Elizabetha había anunciado que estaban oficialmente inscritos al concurso de baile y por supuesto se enfrentarían a sus archirrivales los Shanghai Drangons, por supuesto, esto solo hizo que la fibra asesina de Elizabetha ardiera como si le hubieran tirado 15 litros de gasolina y una colección de encendedores y ni qué decir del otro par de orgullosos Alfred y Mathias que estaban matándose en cuerpo y alma por cumplir con las estrictas exigencias de su coreógrafa que no quería solo un buen trabajo, quería que superaran la perfección misma.

El ambiente en el discreto estudio de baile era casi sofocante, el calor por poco empañaba los vidrios y a coro se escuchaban respiraciones aceleradas solo interrumpidas por las instrucciones de la castaña y la música. El chillido de las suelas de goma contra el piso de madera, las palmadas, los saltos, las correcciones y más música hasta que todos caían rendidos rogando algo de piedad, sabían perfectamente que Elizabetha también estaba cansada pero ella se empeñaba en mantenerse de pie a pesar de que sus piernas ya temblaban por el ejercicio.

-Descansen diez minutos- les ordenó a sus pupilos que fueron a tirarse en el piso y otros más civilizados se sentaron a beber agua.

-Ósea si muero como que recuerden lo fabuloso que era- dijo Feliks que bañado en sudor se dejaba caer al suelo como una lagartija respirando forzadamente y con la cara roja por todo el ejercicio.

-Creo que me voy a desmayar- se quejó Tino estirando sus piernas lentamente para relajar sus músculos.

-No sean dramáticos- les regañó Alfred que junto con Mathias bebían agua tranquilamente

-Es que ustedes no son humanos- dijo el nórdico de los ojos obscuros limpiándose la cara con una toalla pequeña.

-No es cierto, solo nos gusta lo que hacemos- dijo sin más Mathias que alzaba sus brazos también estirándose e inclinando su cuerpo hacía la derecha y luego hacía la izquierda.

-Ojalá solo el gusto bastara para ser así de bueno- respondió Tino en voz baja sin que nadie más lo escuchara pero su amigo lo hizo así que vio a este ponerse en cuclillas frente a él clavándole sus ojos azules enérgicos que brillaban de manera sobrenatural.

-Nadie dijo que solo porque te gusta es fácil- le dijo Mathias abochornando un poco a Tino que no esperaba que le escucharan -¿Acaso alguien te dijo que solo porque amamos bailar ya seríamos amos de la pista?- le preguntó como si esta fuera una reprimenda pero la sonrisa en su rostro negaba esto.

Mathias se levantó y le extendió una mano a Tino que la tomó también para levantarse.

-Deja de lloriquear y hagamos nuestro trabajo- le dijo finalmente el danés dándole una fuerte palmada en la espalda que casi le sacó el aire al más bajito pero que finalmente solo atinó a sonreír por el extraño animo que el otro le daba.

Los diez minutos de descanso pasaron más rápido de lo que esperaban pero antes de que Elizabetha pusiera a sus alumnos a ensayar como si fueran sus esclavos, un visitante llegó al estudio. El albino de ojos carmín entraba al discreto salón tocando la puerta mientras entraba impidiéndole a Elizabetha que reprodujera la música.

-Gilbert, llegas temprano- le dijo la ojiverde al muchacho que se sonrió con autosuficiencia.

-Espera Lizzy como que ¿Qué hace esa cosa aquí?- preguntó de pronto Feliks señalando directamente al albino que bufaba enfadado por el solo escuchar la voz del rubio.

-Puedes estar seguro que a verte no- aclaró Gilbert.

-Yo lo invité- dijo entonces Elizabetha a lo que Feliks abría mucho la boca mientras Mathias, Alfred y Tino iban a saludar al chico.

-Osea Lizzy… ¿Tú me odias o como que solo te divierte hacerme rabiar? Ósea chica, como que si tienes algo contra mí me lo dices, nos damos unos jalones de cabello y ya, no tienes que traerme a… él…- dijo Feliks mirando con desdén a Gilbert que fingió no importarle.

-Relaja tus hormonas niña, vine porque mi increíble presencia les es de ayuda y claro, por invitación de Elizabetha- dijo a punto de abrazar a la chica que en un ágil movimiento logró quitarse del alcance del ojirrojo y así evitar su incomodo abrazo.

-Así es gente, Gilbert como cada año hará la mezcla para la pista que usaremos para la competencia- explicó la castaña.

-Siéntanse agradecidos de que Dj Preußen usará su talento para que ustedes se luzcan, si no ganan es porque son un montón de inútiles- dijo Gilbert a lo que Feliks soltó una risotada para nada discreta y bastante falsa.

-Oh disculpa cariño, me pareció graciosa tu triste insinuación del talento que no tienes- dijo Feliks enroscando uno de sus mechones de cabello rubio sobre su dedo índice.

-¿Ya te dije que un día de estos voy a romperte la cara?- preguntó Gilbert imitando al otro enroscando un mechón de cabello invisible sobre su dedo índice con una sonrisa boba.

-Háganos un favor y consíganse un cuarto, todo el estudio puede sentir la tensión sexual entre ustedes- comentó Mathias empujando a ambos lejos de él para que siguieran discutiendo y así lo hicieron, para cuando se dieron cuenta ya estaban diciéndose toda clase de groserías en alemán y en polaco.

-También he hecho que Gilbo vaya de espía al estudio de Yao, no es como si yo fuera un perra oportunista y usara a Gilbert para que haga lo que quiera a mi conveniencia pero… ¡NECESITAMOS GANARLES A ESOS CHINOS SIN ALMA DE UNA VEZ POR TODAS!- rugió Elizabetha y como si este fuera un grito de guerra Alfred y Mathias rugieron con ella con un alentador e intimidante "¡SI!". Tino volvía preguntarse de donde sacaba tanto ánimo.

-Oh cierto, me tome la libertad de grabarlos mientras no me veían kesesesese- dijo el albino sacando del bolsillo de su pantalón su teléfono celular; Mathias se lo arrebató rápidamente y buscó el video.

En menos de cinco minutos casi todo el estudio estaba alrededor del danés mirando el video y por cada minuto que pasaba un ambiente de desánimo se sentía en el lugar, tanto que de pronto ya se escuchaban murmullos desmotivados y algunos que decían "será imposible ganarles" pero una vez terminada la grabación Mathias rompió con todo aquel cuchicheo con una risa sonora y enérgica.

-¡Estoy emocionado!- gritó dando saltitos como si estuviera hiperactivo -¡Ya quiero competir contra ellos! Ese Yao de verdad que es bueno, ya quiero verlo llorar de vergüenza- se decía tratando de contener su emoción mientras que el resto del alumnado lo miraba con extrañeza pues mas de la mitad de ellos ya habían dado por hecho que los harían polvo los asiáticos.

-Tienen una increíble coreografía, una coordinación impecable y aparte de todo también usan su vestuario para ayudarse en la rutina y todo es más vistoso, dejarán boquiabiertos a los jueces pero nosotros tenemos algo que ellos no tienen- dijo Elizabetha cruzándose de brazos.

-¿Alma?- preguntó Tino haciendo reír a la chica.

-Aparte de eso, tenemos a un buen Dj, una coreografía con corazón y a mí que no dejaré que descansen hasta que no me rueguen piedad y quieran vomitar después de cada ensayo, si alguien quiere desertar puede hacerlo ahora mismo- advirtió la ojiverde mirando a todos con seriedad pero nadie dijo nada (mas por temor que por otra cosa).

-Me agrada que digas eso de mi nena pero tampoco yo lo tendré tan fácil. ¿Escuchaste la pista que están bailando? Uno de los hermanos de Yao, Kiku, es el Dj que hace sus pistas y ese tipo es como la reencarnación de Steve Aoki o algo así- dijo Gilbert mientras ponía a pensar a Tino.

-Pero Steve Aoki sigue vivo- comentó el nórdico.

-Bueno, entienden lo que quiero decir ¿No? Esos asiáticos tienen todo de su parte para ganar- comentó con un poco más de seriedad el albino.

-Mejor aún, el reto será más interesante- comentó entonces Mathias con una sonrisa de lo más arrogante en su rostro, confiaba en sus habilidades pero el saber que había tanto en su contra hacía que la piel se le erizara de la pura emoción.

-Entonces ya sabemos a lo que nos enfrentamos, estamos poniendo en juego nuestro orgullo y un premio de mucho dinero además del prestigio de este estudio- dijo Elizabetha

Así que con esto dicho comenzaron las preparaciones, tanto en cuestiones de música como de coreografía e incluso vestuario; a pesar de la presión que sentían la ansiedad y la emoción entremezcladas provocaban en todos una inquietud agradable. Cada nuevo proyecto era una experiencia diferente pero el sentimiento de autorrealización era el mismo para todos… aunque Tino, siempre acechado por sus complejos a veces no solía compartir esto.

Finalmente el día en el estudio de baile terminó y cada quien salió tomando su camino; Alfred se despidió de ellos adelantándose con el pretexto de que tenía que conseguir unos libros para su hermano, Feliks y Gilbert se fueron tirándose de insultos hasta que se separaron al llegar a la esquina de la calle y Elizabetha, Mathias y Tino se encaminaron al conservatorio, Tino en realidad solo acompañaba a los otros dos aprovechando la oportunidad para saludar a Berwald con quien de vez en cuando cruzaba algunas palabras.

-¿Irás a acosar a Lukas una vez más?- preguntó Elizabeth divertida mientras Mathias iba en su bicicleta y la miraba de mala forma.

-No lo acoso, lo conquisto- corrigió el danés adelantándose un poco a sus amigos para alcanzar al noruego cuando este saliera de clases. Así que pedaleó más rápido y en unos minutos ya estaba cruzando las verjas de ese conservatorio en donde los alumnos ya no se extrañaban al verlo.

Bajó de la bicicleta y fue hasta le puerta principal sin embargo en lugar de encontrarse con Lukas fue a toparse con el que menos deseaba ver. Berwald.

-Buenas tardes- saludó cortésmente el maestro pues ya un par de veces anteriores había visto a Mathias rondar por ahí junto con Tino.

-Hola- dijo sin más Mathias con un tono seco alzando ligeramente su cabeza en un gesto altivo -¿Lukas ya viene?- preguntó entonces al profesor que tuvo que detenerse de su camino un momento por la pregunta.

-No lo sé- respondió el ojiazul viendo al otro rubio que parecía estarlo examinando de arriba abajo y de abajo hacia arriba buscándole cualquier ínfimo defecto.

-Sigo sin entender que vio en ti- dijo Mathias de pronto –pero no importa, mientras tú no te des cuenta de nada mucho mejor para mí- concluyó dándose la media vuelta alejándose de ahí dejando completamente confundido a Berwald que no supo a qué diablos se refería con aquello.

Vio al chico alejarse y el maestro sin darle más vueltas a sus extrañas palabras tan solo se alejó también siguiendo con su camino encontrándose en el portón de la puerta a Elizabetha acompañada de Tino, cosa que bastó para que se detuviera en seco al sentir su corazón golpear directo contra su pecho.

Tal vez ya debería acostumbrarse a ver al muchacho más seguido, pero le era imposible mantener la calma al ver esa sonrisa amable, sin embargo Berwald tragó saliva, se limpió el sudor de las palmas de sus manos en el pantalón y se dirigió hasta el portón mientras repasaba mentalmente una y otra vez como debería saludar a Tino.

-¡Hey Berwald!- pero como siempre el finlandés se le adelantaba y lo saludaba con un animado gesto de la mano que hizo al sueco sentir un calor extraño por todo su cuerpo.

-Hola- dijo secamente reprendiéndose mentalmente por haber sonado cortante pero Tino pareció no haber reparado en ello.

-Cuanto tiempo sin vernos Berwald- comentó de pronto Elizabetha llamando la atención del más alto que la miró por segundos intentando recordar esos ojos verdes y aquel cabello castaño que estaba más largo que la última vez que la vio.

-Elizabetha… cuanto tiempo- dijo Berwald dándole la mano educadamente a la chica que le dio un apretón un poco masculino por la fuerza impresa en el acto.

-¿Se conocen?- preguntó Tino señalando a ambos, Berwald asintió con su cabeza mientras que la castaña solo sonrió.

-Berwald es maestro de Rod y también es un super talentoso violinista y pianista, ha tocado en muchísimas orquestas y lo conocí cuando su filarmónica tocó para una presentación de ballet en la que estuve- explicó la húngara sorprendiendo a Tino. –Deberías escucharlo Tino, toca como los ángeles- agregó ella a lo que Berwald hubiera deseado que no dijera aquel comentario pues pudo ver como la sonrisa de Tino se debilitaba por segundos.

-No sé si sorprenderme por lo de Berwald o por acabar de descubrir que bailas ballet- dijo el rubio sin perder el ánimo en su voz a lo que Elizabetha solo rió con falsa modestia.

-Solo estudié ballet por unos años, nada formal- dijo la chica.

-Pero si estuviste en una academia de ballet muy prestigiosa, tu Lago de los Cisnes fue sublime- dijo Berwald quien había tocado precisamente para esa presentación en especial, la muchacha rodó los ojos mientras sus mejillas se coloreaban de un leve rojo.

-Mis profesores no solían pensar eso de mí, si por ellos fuera le hubieran dado el lugar a Natasha ¿Recuerdas a la hermana de Iván, el que tocaba el chelo? Esa mujer parecía una muñeca sacada de una cajita musical- dijo la ojiverde.

-Vaya, parece que estoy destinado a rodearme de gente talentosa, que suerte la mía- dijo Tino ganándose unas palmaditas en la espalda por parte de Elizabetha mientras que Berwald por su parte pudo identificar el verdadero significado de estas palabras… casi parecían un lamento.

Antes de poder continuar con la plática Roderich llegó saludando a los presentes, Elizabetha le tomó la mano posesivamente y tras otro rato de charla se fueron por su lado dejando solos a Berwald y a Tino que también emprendieron el camino.

Como si fuera el destino entre ambos, siempre se formaba un silencio incomodo al principio, casi siempre este era disipado por el mas bajito sin embargo, esta vez el finlandés se mantuvo ensimismado en sus pensamientos así que a Berwald solo le quedó tener que soportar ese ambiente para nada agradable que se formaba, no se atrevía a decirle un "¿Qué te sucede?" no era tan atrevido como para inmiscuirse en sus preocupaciones.

Por lo tanto el sueco solo se dedicó a echarle miradas de soslayo al otro que tenía los ojos clavados en el piso mientras caminaban. El músico comenzaba a ponerse ansioso y miraba a todos lados pensando en algo inteligente por decir ¡Odiaba esa timidez suya que ni siquiera le dejaba hablar como una persona normal! Seguramente a Tino le parecía en esos momentos el tipo más aburrido de todo el maldito mundo.

-Disculpa, creo que me quedé callado mucho rato- dijo de pronto Tino justo como si le hubiese acabado de leer el pensamiento al otro que negó rápidamente con la cabeza como haciéndole saber que estaba bien.

-Dentro de poco tendremos un concurso de baile y estaremos compitiendo contra los mejores de todo el estado; es un poco intimidante porque esos chicos son increíbles y en estos últimos años nadie ha podido ganarles. Mathias y Elizabetha están muy entusiasmados aunque yo no puedo decir lo mismo- decía un poco apenado rascando su mejilla mientras reía con cierto nerviosismo.

-Creo que lo harás bien, solo tienes que tener más confianza en ti mismo- dijo Berwald en voz baja pero por ello sin querer esta se hizo aún más profunda.

Tino entonces se detuvo en seco y miró de una manera extraña al profesor.

-Para ustedes es muy fácil decirlo- el de ojos chocolate había dicho aquello como si le estuviera espetando algo a Berwald, incluso el ojiazul sintió aquella breve frase como un ataque así que también se detuvo un poco extrañado. De inmediato el finlandés cambió su tono al habitual.

-Ah… discúlpame, quiero decir que para ustedes es fácil decirlo porque no son tan torpes como yo, siempre he tenido que esforzarme un poco más que los demás para estar a un nivel aceptable y…- decía Tino intentando disculparse pero aquello parecía más una excusa por haber empleado el tono anterior.

-Para nadie es fácil, ni siquiera para los que tu llamas talentosos- dijo entonces con firmeza Berwald, lo miraba como el profesor que regaña a su alumno o como un verdugo a punto de ejecutar a una triste alma –Si tienes talento debes pulirlo a base de práctica y disciplina; si no lo haces te echas a perder por mucha facilidad que tengas al hacer las cosas. No menosprecies a la gente solo porque para ti te es difícil, todos trabajamos duro- le riñó Berwald frunciendo ligeramente el ceño.

Se quedaron callados un momento y el maestro cayó en la cuenta de todo lo que le había dicho a tino ¡Quiso morir! que la tierra se abriera por favor y se lo tragara hasta lo más hondo de las entrañas del planeta. Lo odiaría, definitivamente Tino lo odiaría y no querría volver a ver su cara jamás; Dios, estaba tan avergonzado que quería echar a correr.

Desvió la mirada pues no se atrevía a escuchar a Tino reclamándole y diciéndole que no lo quería volver a ver. Era estúpido, y tonto.

Sin embargo al contrario de lo que el dramático Berwald pensaba, Tino echó a reír como si le hubiesen quitado un peso de encima.

-De alguna manera me acabas de recordar a Mathias- le dijo mientras reía con frescura –Tienes toda la razón, para nadie es fácil. Perdona si te molesté con mis problemas… como bien dices creo que debería confiar más en mí mismo, eso haré- decía alegre a lo que Berwald sintió sus mejillas calentarse.

Tino era la representación misma de la bondad, por cada cosa que ese hombre hacía y/o decía Berwald trepaba hasta la misma gloria y sentía que no podía sentir más mariposas y otros bichos en el estómago a causa de ese muchacho.

-Por cierto, aún sigo esperando esa invitación a escucharte ¿O no quieres que un triste bailarín de poca monta como yo vaya a algo tan elegante?- preguntó en broma el de ojos castaños a lo que el otro pareció alterarse y negó frenéticamente con su cabeza mientras movía sus manos de un lado a otro.

¡Por supuesto que quería que fuera! ¿Cómo podría pensar algo así de Tino?

-Habrá un evento dentro de poco… por si te interesa- dijo Berwald intentando no tartamudear a lo que el otro solo sonrió más ampliamente.

-Estaré ahí para verte; avísame la fecha y hora exactas- le dijo mientras llegaban al semáforo; Tino tuvo que despedirse cuando la luz se tornó verde y se fue ondeando su mano animadamente mientras dejaba a Berwald viéndolo alejarse.

Mientras Tino se perdía entre el gentío Berwald veía su espalda y tenía esos imperantes deseos de ir tras el rubio y rodearlo con sus brazos para atraparlo y jamás dejarlo ir; quería saber cómo se sentía rodearlo por completo, que tan menudo se sentiría su cuerpo en su abrazo, como sería besarlo… estaba desvariando más de lo que debería hacer en plena calle pero no podía evitarlo. Sin que Tino se diera cuenta tenía el corazón de Berwald dispuesto en una bandeja de plata.

Mientras tanto regresando con Mathias, este apenas vio a Lukas salir, ya lo tenía acaparando toda su atención. El noruego no se preocupó en esconder la molestia que le provocó ver al danés esperándolo en plena puerta del conservatorio así que tras un ácido saludo al que el rubio ya estaba acostumbrado tuvo que soportar el parloteo incesante de este.

Lukas, al igual que su hermano menor, tenía ese don de serle indiferente a muchas cosas (no era un profesional como Emil pero no se quedaba atrás) así que mientras Mathias le daba un resumen exacto sobre su día Lukas se limitaba a sacar su teléfono celular y revisar sus últimos mensajes.

Estaba tan concentrado en esto último que de pronto sintió como Mathias le arrebataba en aparato inesperadamente.

-¿Con quién tanto te mensajeas? Más vale que no me estés engañando- le dijo el danés mientras miraba los recados.

-Hablo con mis amigos, y por favor deja de hablar como si tuviéramos una relación- le dijo Lukas arrebatándole de nuevo el teléfono con molestia escuchando al otro reír.

-¿Amigos? ¿Tú? Esa fue una mentira tierna- le dijo el más alto a Lukas que lo miró con la frialdad usual haciéndole entender al otro que no mentía.

-Dime el nombre de cinco amigos que tengas y te creeré; tu maestro terrorista y yo no contamos- agregó el danés al otro que soltó un sonoro resoplido y alzó un poco su mano para enumerar.

-Arthur, Bladimir… y… ah…- comenzó a decir Lukas doblando su dedo pulgar e índice mientras pensaba en otros nombres aunque mientras lo hacía Mathias echó a reír.

-Ese de Bladimir te lo acabas de inventar, nadie en este siglo se llama así- se burló el mas alto irritando a Lukas que le mostró la pantalla que claramente decía Bladimir junto con un mensaje de texto.

Ey marica, te vemos en la cafetería de siempre en diez minutos. Jodete si no llegas a tiempo.

Y ese era uno de los cordiales mensajes que Bladimir, su amigo desde la preparatoria, le mandaba para quedar de verse.

-Vaya, al parecer Dios los hace y el diablo los junta, se nota que es igual de agrio que tú- dijo Mathias leyendo el texto, Lukas respondió rápidamente y se guardó el teléfono.

-Bueno, ahora que sabes que estoy ocupado puedes irte a robarle oxígeno al resto de la humanidad y dejarme en paz- dijo Lukas que se disponía a alejarse lo más rápido posible de Mathias el cual no le iba a dejar tan fácil deshacerse de él.

-Claro que no, te llevo a esa cafetería, claramente te están amenazando si no llegas temprano. Vamos, por primera vez te subirás a mi increíble vehículo- le decía Mathias tomando por la mano a Lukas que como siempre intentó zafarse incluso aferró bien sus pies al suelo para no dejarse arrastrar por el más alto.

-¡Hey ni creas que me voy a subir a esa cosa, no tiene otro asiento!- le decía haciendo esfuerzos por no ser llevado pero al parecer para Mathias era tan fácil jalarle que en menos de lo pensado ya estaban enfrente de la mencionada y afamada bicicleta.

-No, no me voy a subir a eso- dijo firmemente Lukas cruzándose de brazos viendo los postes laterales que la rueda de atrás tenía montados para que una segunda persona pudiera pararse sobre estos.

-No te pasará nada, no dejaré que te caigas, solo confía en mi- dijo Mathias al otro que seguía empeñado en no treparse a la bicicleta.

-No confío en ti, no confió en la precaria seguridad de una bicicleta y te he visto andar por la calle, pareces un loco. Me voy caminando, para eso tengo piernas- dijo Lukas queriendo darse la media vuelta pero fue prácticamente obligado por Mathias a subirse.

Fue a base de ruegos incesantes, jalones y finalmente llevarlo al borde de la desesperación que Lukas se vio a sí mismo una vez más cumpliendo con los caprichos de Mathias. Y ahí estaba subiendo a esa cosa infernal aferrándose a los hombros de Mathias, le clavaba los dedos tan fuerte en los hombros al otro rubio que este no pudo evitar soltar un par de quejidos audibles.

-¡Sopórtalo idiota!- le regañó Lukas que sentía en cualquier momento iba a caer cuando Mathias comenzó a pedalear –Maldita sea… maldita sea… maldita sea- repetía cuando el danés comenzaba a aumentar la velocidad.

-¡Relájate hombre, sino de verdad te caerás!- decía el alegre danés sintiendo al otro poner cada vez más fuerza en su agarre hasta que en una curva sin poder evitarlo Lukas soltó algo muy parecido a un grito ahogado y se encorvo rodeando fuertemente el cuello de Mathias con sus brazos.

-Wow Lukas, y yo que pensé que jamás me abrazarías por voluntad propia- dijo el alegre bailarín cuando sintió los brazos del mencionado e incluso su mejilla fría en su cuello.

-¡No es por abrazarte imbécil, es para estrangularte si no vas más lento!- le retó Lukas apretando el agarre efectivamente cortándole la respiración al otro.

-No puedo ir más lento o nos caeremos, suéltame- le pidió Mathias cuando sentía que el oxígeno ya se le terminaba; el otro solo aflojó el agarre pues seguía aferrado a él mientras iban por la calle esquivando autos y peatones.

-Que gracioso, nunca pensé que te diera miedo este tipo de cosas- comentó Mathias mientras el otro aun intentaba con todas sus fuerzas mantener el equilibrio.

-Hazme el favor de callarte antes de que vuelva a ahorcarte- le dijo Lukas mientras rezaba porque llegaran pronto, la cafetería ya no quedaba muy lejos pero aun tendrían que avanzar un poco más.

Mientras Lukas se aferraba al cuello de Mathias podía sentir el cabello alborotado de este picarle la mejilla. El cuerpo del danés, a pesar del frío en el ambiente, estaba tibio. Al contrario de lo que pensaba no apestaba a sudor a pesar de que acababa de salir de su ensayo, tampoco olía a colonia… si tuviera que describirlo de alguna manera, podría decir que olía a nieve, a esa nieve que suele acumularse en los bosques y se mezcla con el olor del rocío del césped y de la madera húmeda junto con la tierra mojada. Cerró los ojos un momento, solo un segundo para aspirar ese olor e intentar ignorar el hecho de que ese agradable aroma venía de alguien tan desagradable como el loco danés.

-Oye Mathias- comenzó a hablar Lukas tras un silencio largo -¿Por qué bailas?- preguntó a lo que el otro solo pareció pensativo.

-Pues porque me gusta ser el mejor y bailando soy el mejor- contestó encogiendo rápidamente sus hombros, no había ni gesto de duda en su respuesta, parecía muy seguro de lo que decía.

-¿Y por qué te gusta ser el mejor?- volvió a preguntar Lukas que había dejado relajar su cuerpo mortalmente tenso mientras escuchaba al otro.

-Nunca lo he pensado profundamente… pero supongo que me gusta porque me hace sentir vivo- dijo sonriendo ampliamente –Cuando soy el número uno es como un sinónimo de una prueba de que estoy vivo; ser el mejor, ganar en todo es como recordarle el mundo que estoy aquí, que existo en esta tierra. Bailar me gusta porque es divertido y porque conozco gente que es buena y puedo competir con ellos, siempre aprendo algo y siempre hay algo que perfeccionar, algo que superar así que cada vez que supero todo eso me siento un poco más vivo. Algo así- completó riendo con ese gesto brillante que iluminaba su rostro siempre.

-Pues para no pensarlo profundamente has dado una buena respuesta- comentó Lukas mientras apretaba el agarre cuando doblaron en una esquina.

-¿Y tú porque tocas?- preguntó Mathias esta vez –ya me habías dicho que es una forma de comunicarte pero que te llevó realmente a tocar- preguntó mientras el otro intentaba hacer memoria ¿Qué era lo que le había hecho enamorarse tan perdidamente de la música clásica? No… no era algo como Mathias, era otra cosa.

-Mis padres tienen una pequeña tienda de instrumentos en mi pueblo natal, mi padre adora la música clásica así que desde niño la he escuchado y papá siempre me contaba la historia detrás de cada composición y su autor. Toco el violín porque…- pausó un momento al recordar su razón inicial.

-Porque siempre he pensado que todos esos compositores querían enviar un mensaje con sus melodías, entonces decidí que si yo puedo hacer algo para que esos mensajes no mueran lo haré; seguiré tocando para que sus melodías continúen siendo inmortales y al mismo tiempo yo también quiero enviar mi propio mensaje- dijo sin más, no con una sonrisa en su rostro como Mathias, era una expresión más tranquila, más seria pero no por ello menos emotiva.

Mathias entonces frenó, bajó uno de sus pies para apoyarlo en el piso y volteó a ver a Lukas con una expresión extraña en sus ojos, el noruego pudo jurar que esos ojos brillaban un poco más que antes.

-Wow… creo que me volví a enamorar de ti- dijo el danés al otro que solo atinó a fruncir el señor al ver ese rostro risueño tan cerca de él y soltando esa sandeces sin pudor.

-¡Hey Lukas ¿No nos presentas a tu hombre?!- una voz de pronto sacó a ambos chicos de su ensimismamiento. Lukas prácticamente saltó de la bicicleta y se separó en instantes de Mathias al notar que justo estaban enfrente de la cafetería y quien le hablaba no era otro más que Bladimir acompañado de otro muchacho que era Arthur.

Contando a Lukas, los tres eran mejores amigos desde el bachillerato, habían formado un club de "magia negra" como el resto del alumnado solía decir, pero no era nada de eso, solo eran tres tipos interesando en el ocultismo ya nada más, no era como si fueran por la vida haciéndole vudú a todo aquel que les desagradara pero los rumores corrían y se tergiversaban fácilmente por lo tanto terminaron siendo conocidos como el Magic Trio además de que la apariencia gótica de Bladimir no ayudaba mucho a la hora de dispersar los chismes, de hecho los alimentaba.

En la mesa de la terraza un rubio de ojos verdes fumaba compulsivamente con una fiel taza de té negro frente a él y el otro vestido completamente de negro disfrutaba de un pastel de zarzamora.

-No es mi "hombre"- apuntó Lukas entre dientes volteando ahora hacía el rubio. –Gracias por traerme… ya puedes irte- más que pedirle, Lukas básicamente le ordenó al otro.

-Hey, deja que el chico se quede, puede contarnos como hizo para abrirte esas piernas- gritó Bladimir llamando la atención de algunos y haciendo que el danés se sonrojara un poco.

Lukas solo se limitó a rodar los ojos y suspirar ignorando al rumano.

-A menos que quieras escuchar a ese par humillarte con un lenguaje formal del que no vas a entender ni siquiera la mitad será mejor que te vayas- le recomendó el noruego al ojiazul que volvió a echarle una mirada al par de peculiares personas que reían de verdad con toda la intensión de destrozarlo a base de sarcasmos e ironías.

-Está bien, me voy. Cuídate- le dijo Mathias pellizcándole la mejilla cariñosamente antes de irse dejando al otro insultándolo por ese atrevimiento.

Mathias por fin se alejó dejando a Lukas con su pandilla de amigos que parecían compartir el mismo placer por menospreciar a la gente.

-Tú siempre con tanta clase Bladimir- dijo Lukas como saludo sentándose a la mesa haciendo sonreír al rubio ojirrojo; al hacerlo un par de caninos anormalmente largos y afilados asomaron de sus labios pálidos.

-Es mi sello, parte de mi personalidad - dijo el rumano llevándose una cucharada de pastel a la boca.

-¿Y? ¿No nos vas a decir quién es el tipo al que venías abrazando con tanto fervor? Raro en ti, el que prefiere que lo toquen usando pinzas y guantes de latex- comentó Arthur que apagaba su tercer cigarrillo y le daba un trago a su té ahora dirigiéndose a Lukas.

-Es cierto, yo pensé que el único que metería sus virtuosas menos en tu cuerpecito sería ese tal Berwald- comentó Bladimir moviendo de un lado a otro su tenedor

-Si Berwald fuera lo suficientemente inteligente para darse cuenta de que quiero que meta sus virtuosas manos bajo mis pantalones no me verían con el imbécil de la bicicleta ni mucho menos estaría aquí con ustedes; estaría comprobando porque es tan hábil con el piano y el violín- decía Lukas sin atisbo de emoción en su tono pero no por ello sus palabras no dejaban de tomar tintes lascivos al decir esto. Soltó un larguísimo suspiro mientras se removía en la silla

-Estoy destinado a la soltería y pasar mis días reuniéndome con ustedes para vivir del recuerdo de viejos tiempos y quedarme estancado en la adolescencia- dijo Lukas llamando a la camarera para pedir un café negro bien caliente.

-No me metas en la misma clasificación, yo si superé la preparatoria- advirtió Bladimir riendo jocosamente –Ustedes no, sobre todo tú- dijo señalando a Arthur que frunció sus espesas cejas rubias.

-No sé de qué me hablas, soy el más maduro entre ustedes ¿Recuerdas quien está haciendo una maestría y no repitiendo el último semestre de la carrera?- le dijo el ojiverde a su amigo que ignoró el comentario con un gesto de la mano.

-Esos profesores te reprueban según por poner mensajes subversivos en tus reportes, son unos imbéciles- repuso el ojirrojo pellizcando el pastel y llenándose el dedo con crema batida.

-Vaya, siguen siendo unos chiquillos solo que su vocabulario se hizo más extenso, ya veo porque siguen siendo un par de inadaptados- les señaló Lukas recibiendo su café agradeciendo rápidamente.

-Debes saber querido Lukas que a pesar de mis nefastas habilidades para interactuar con la gente y a diferencia de ustedes dos perdedores, yo tengo alguien que me recibe en casa con comida caliente, una sonrisa y un cuerpo sexy en la cama- le dijo Bladimir sacando su celular mostrándoles una fotografía de su pareja, un muchacho de cabello negro y ojos verdes que aparecía medio desnudo lleno de moretones en el cuello. Ese era su novio, Nicolai, con quien había estado desde que entró a la universidad.

-No puedo creer que el más raro de nosotros tenga la relación más sólida y seria- comentó frustrado Lukas mientras Bladimir veía con ternura la foto.

-Los colmillos tienen su encanto- respondió el rumano dándose aires de grandeza.

-Tonterías. La monogamia está sobrevalorada- comentó entonces Arthur prendiendo su cuarto cigarrillo haciendo reír tanto a Lukas como a Bladimir… o bueno, Lukas sonrió a medias.

-Oh Artie, puedo escuchar tu fobia al compromiso hablando, casi puedo apostar que ahora dirás que el sexo también está sobreestimado y solo existe para reproducirse, que el placer sensual es solo para mentes enajenadas- comentó Bladimir casi acabándose su pastel.

-No estoy tan retorcido como crees y tampoco soy tan frígido como piensas; de hecho ahora mismo tengo a alguien que cumple con esa función de apaciguar mi lívido- dijo con una sonrisita lujuriosa sacando el humo del cigarrillo por su nariz

-El joven modelo Arthur Kirkland se ha conseguido pareja, alguien por favor grabe esto, tal vez sea el primer y último novio serio que tenga en toda su triste vida- bromeó Lukas viendo al otro hacer una cara de desagrado por esto.

-Ey no, solo quiero su cuerpo no su drama- dijo moviendo sus manos en gestos negativos –Lo conocí hace poco, a ese tipo no puedes solo verlo y no querer hacerlo tuyo ¡Maldito culo perfecto el que se carga!- exclamó ganándose un par de miradas por parte de un grupito de gente que iba pasando aunque no le dio importancia, estaba más ocupado pensando en el trasero de su sex friend.

-Qué suerte tienen ustedes, Blad tiene un novio que debe ser único en su especie por el simple hecho de soportarlo, Arthur anda tirándose el culo perfecto de algún desconocido y yo estoy babeando por un imbécil que no capta que me estoy muriendo por él- decía meneando su taza de café diluyendo el azúcar.

-¿Y no has intentando hacer lo que la gente normal suele hacer… como por ejemplo decirle que estás enamorado de él?- preguntó Bladimir como si fuera la cosa más obvia del mundo.

-Espera, que un chico vampiro me de consejos acerca de lo que la gente normal hace es bastante patético. ¿Podemos cambiar el tema por favor? A algo que no ponga en evidencia que tan miserable puedo llegar a ser - aclaró Lukas mientras el ojirrojo se encogía de hombros.

-Sigue sufriendo entonces el precio del silencio mi estimado amigo, carga con esa cruz- dijo Arthur dándole otra larga calada a su cigarrillo mientras que Lukas soltaba un segundo suspiro mirando el humo dispersarse y finalmente desvanecerse entre la brisa.

-Estoy acostumbrado- murmuró el noruego dándole un trago a su café; al tiempo que en la acera contraria su consanguíneo iba acompañado de su más que amigo Xiang.

Ambos chicos iban camino a casa de Emil para hacer esas cosas que Lukas les prohibía terminantemente pero como buenos adolescentes se burlaban de la autoridad.

Emil acompañaba a Xiang que salía de sus prácticas diarias con el grupo de baile que llevaba en compañía del resto de sus hermanos, liderados por Yao, el mayor entre todos.

-Te hermano no le tiene piedad a nadie- comentaba Emil mientras caminaba al mismo ritmo lento de Xiang que bostezaba tranquilamente.

-Así es siempre para todo, de alguna manera estoy acostumbrado- contestó sencillamente Xiang como si el pasar tres horas y media de ensayos seguidos bajo un régimen de exigencia casi militar fuera solo un juego de niños.

-Supongo entonces ya tienen la victoria asegurada- dijo Emil al otro que ladeó ligeramente su cabeza como pensando en esta posibilidad.

-Si aunque al parecer hay un estudio de baile que se ha estado haciendo de buena reputación estos últimos meses, creo que ya hemos competido contra ellos, son Little Floor- respondió el asiático intentando hacer memoria; eran tantos los estudios contra los que su equipo había competido y a los que les habían ganado que le era imposible recordarlos a todos.

-Si los Shanghai Dragons ganan te daré algo a cambio- propuso de pronto Emil al otro que se detuvo en seco. Ambos se mantenían inexpresivos pero había cierto tono cómplice entre las miradas de los dos.

Emil se acercó a Xiang y cubrió su boca con su mano a la hora de acercarse a decirle algo al oido del otro que escuchó atentamente hasta que Emil se separó.

-¿Lo que yo quiera?- preguntó Xiang entonces.

-Lo que quieras- repitió Emil pasando discretamente sus dedos por la palma de la mano del asiático que alcanzó a tomarla antes de que este se separara.

-Entonces puedes darme un adelanto- propuso el moreno jalando a Emil hasta un pequeño callejón en dónde lo acorraló contra la pared.

Al rubio casi platinado le molestaba que Xiang tomara esas actitudes dominantes así que antes de que el moreno pudiera adelantarse, lo jaló por los brazos acercándolo a él para besarlo antes de que este pudiera solo pensarlo.

Tal vez ninguno de los dos fuera una de esas típicas parejas adolescentes que derrochan amor a cada oportunidad, puede que apenas y hablaran, intercambiaran un simplón cruce de palabas y ni siquiera se sonrieran, pero ellos tenían sus propios métodos para hacerse saber cómo se sentían con respecto al otro. Besos secretos en un callejón abandonado tan cerca de una figura de autoridad, era uno de ellos.

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Aparición especial del Magic Trio porque no puedo escribir de Noru si no aparecen los otros dos frikys de la magia aunque acá son un trio de hipsters petulantes pero los amo.

Din se enamora mas de Noru, Noru sufre por Su, Su sufre por Fin y Fin sufre por todo menos por amor XD espero les haya parecido divertido e interesante este capítulo y mil millones de gracias por sus reviews, por sus felicitaciones de navidad que no pude contestar por estar en medio de la nada sin internet y por supuesto a los lectores silenciosos y sus Favs.

Espero nos leamos en el siguiente capítulo, me despido no sin antes desearles un increíble año nuevo que venga con muchas bendiciones para todos ustedes, sus familias y seres queridos, gracias a las personas que me acompañaron en otro año vía FF y redes sociales. Amor sexy para todos.