Monólogos sobre ti.

Parte IV: Solo tú…

Miras al suelo. Con miedo. Con inseguridad, otra vez… ¡No! Perderte no puedo… no perderla, Dios, eso no… mi mano hecha fuego, sosteniendo la tuya. Lo diré. Hablaré de lo que sucedió. Siento… siento fuego, ¿tu no?

Debo decir. Hacer. Pero no puedo. Tu sola presencia me quita el habla. Eres… tan suave, tan frágil. Ese aura que te enreda en sus colores, toda tú. ¡Ah… Ámbar! Cuando dejaste de ser simplemente mi amiga, para ganar el espacio vital de mi corazón, no lo sé. Pero lo has hecho. Lo has logrado con una facilidad envidiable. Sin darme cuenta, me fuiste robando espacio. Mi vida, toda, en hechos y palabras concluye a ti. A tu ser.

Y transcurre el tiempo, lo sé. Se va el momento. Pero soy un cobarde. Tú, la primera. Sí, se que no lo crees así, pero así lo fue. Por amor, tan solo. Yo lo sabía, desde antes que sucediera, eso era amor. Sería especial. Y te quiero… y me repito que es necesario aparentar que eres tan solo mi amiga, con tal de tenerte… y no perderte. ¿Pero si tu sientes lo mismo? Falso espejismo, jugada sutil del amor. No tú. No tú, no me amas.

Y te observo. Cada rayito de luz que refleja en tu rostro, se asemeja a gotitas de rocío, tan linda… 'mi niña'. El silencio se ha hecho ambarino en tu mirada. Y solo quiero gritar.

Mis ojos, que fijos a tu rostro están, al fin se encuentran con los tuyos. Miles… miles de sensaciones, como nunca creí que nadie podría procrear en mi, nacen…con tan solo una mirada de tus ojitos. Te miro… y no puedo evitarlo. Te amo. Siéntelo. Por favor, siéntelo con mis ojos… te amo. Lo sé, dije que no creía en el amor. Pero si ahora, aunque no sea tangible a mis manos, aunque no sea corpóreo. Lo siento, recorre mis células a cada momento. Vive en mí, nace en tu mirada.

.- ¿Sucede algo?

Has hecho. Has dicho. Claro, sucede. Sucede algo, Ámbar. Pero no tengo la osadía de decirlo. No lo suficientemente valiente para hacerlo. Sabiendo, a riesgo pongo tu amistad. Eso no, nunca lo haría.

Te vi. Llegaste como una estrella fugaz, en un resplandor de segundos. Pero has sedimentado tus raíces a fondo. Como te necesito… lo sabes, pero no como yo quisiera. Con esa expresión distante, distraída… esa que me enloquece. Cuando te pones pensativa. Sí, solo tú sabes hacerlo de esa forma. Y me quitas la razón. Todo… mi universo pende del hilo que de tus ojos nace.

Quiero hablar. Decir todo. Estás distante, pero te obligas a mirar. ¿Esperando algo? Mi respuesta, seguro. Siempre atenta. Siempre ahí, tú. Con esa firmeza inusual, sí… porque solo quienes te conocen, tienen el privilegio de sentirla. De sentirse protegidos por ella. Quizá fue eso lo que me cautivó de ti. Ese amor incondicional que le das a todo cuanto te rodea. No lo sé. No sé nada… ya no entiendo, ni quiero saber… ¡basta!

.- Si… hay algo que quiero preguntarte, Ámbar.

Lo dije. Más… ¿Cómo preguntar? Si tu rostro demuestra miedo… ¿a mi? ¿A mi pregunta? Imposible. Imposible, como tratar de retener el agua en la cuenca de la mano, así de imposible es retener tu amor. Lo sé… siempre fuiste libre. Un pajarillo que se siente enjaulado por el mundo. Pero has a prendido a volar, alto, mucho… a ver, todo, demasiado… a sentir… ¿lo mismo que yo? ¡Más quisiera! Mejor gozo sería ese… escuchar de tus labios lo que los míos quieren decir… pero no pueden.

.- ¿Q-que… es?

Preguntas. Y sonrío. No puedo evitarlo. Sonrío de amor. Tan fuerte, pero tan inocente… ¿Cómo? Solo tú sabes hacerlo así, nena… solo tú puedes contener en una simple sonrisa a ambos sentimientos… y solo tú sabes demostrarlos. Y así, tan tímida esa pregunta que dejó tus labios. Pero se estrelló en mi pecho… porque ahora no sé que contestar. Siempre eres tú la que tiene las respuestas… solo tú a mi vida eres imprescindible, como el agua, el aire.

Y recuerdo, aunque no lo quiero hacer. Recuerdo tu decisión. Tu confianza esa noche… toda tú, a mí… como yo a ti, te amé. Quisiera que tu lo mismo… ¿será? Y estás roja… roja como nunca sueles estarlo. ¿La razón? ¿Mi presencia? Mi sonrisa que aún está firme… ¿Cómo apartarla? Si todos los recuerdos que me trae vienen de ti. Es lo único que puedo decir… me pertenece.

No sé que decir. Lo admito. Roja tú. Confuso yo. No tengo palabras. Quiero hacer… besarte. Nuevamente. Deliciosos, pero del pecado, nacidos en el mismo infierno. Esos labios, para mi… son mi propio cielo… mi propio infierno. Me queman, y aún puedo sentirlos, como fuego que abrasa la piel. Sentirlos… sí. Los siento. Como heridas abiertas en los míos. Y tú eres la receta a mi ser leso.

Quito mi sonrisa. Ya no tiene sentido. Te miro, sí, como antes. Pero dejo que salga el amor. Ya no más barreras. Es que el solo hecho de sentirte de nuevo cerca de mí, me quita la lógica innata que me caracteriza. Sentir que tu espalda se arquea bajo mi cuerpo otra vez. Sentir que gritas mi nombre como todo símbolo de placer… de amor. Recuperar las tardes que pasábamos jugando en la nieve. Tú, yo… solo nosotros. Divirtiéndonos, como niños con juguetes nuevos. Las nochecitas que recorríamos el lago de la mano. Quiero recuperar eso. Era mío… lo necesito.

Bajo mí vista hasta tus labios. ¡Que importa si no es lo que quieres! Yo sí… debería…

Me acerco. Quiero sentir tus exhalaciones contra mi rostro. Si, besarte. Eso pretendo. Acortar distancias. Comprobar que sientes lo que yo… que me amas. Así quiero que sea, que me ames…

Y cierro distancias entre nuestros labios. Te aprisiono. Quiero sentirte. Lo sé… el libido no lleva a esto, no: es amor. Quizá, tan solo sea un alucinación de mi corazón. Pero me aferro a él, como única esperanza en una catástrofe. Una luz que nace lejos, en el horizonte. Pero que será mía al llegar el día… si me amas, como yo a ti… ámame, por favor, ámame, Ámbar…

Te abrazo. Esa sensación que ya se me hacía necesaria. Tu cuerpo en mis brazos. Como delicados hilos de seda, que resbalan entre mi piel y mi libido. Así eres. Puro deseo, puro amor. Amor deseado… solo tú. Mis ojos cerrados con fuerza. Intento capturara este sabor en mi boca, mi mente. Y siento… al fin, como tus brazos contactan con mi cuello. Lo sé. Soy feliz. Me quieres. Me quieres. No puede ser de otra forma… ¿por que sino dejarías que te bese? ¿Por que sino, no permitirías que te suelte? Me quieres… o al menos eso quiero creer.

Y creo, que eres capaz de escuchar en este momento, el redoble que es mi corazón. Lío de sentimientos. Caudal de esperanzas. Porque todo, todo será mejor que antes: si tú me quieres, me amas…

¡No! No me sueltes, por Dios. Te separas. Unos centímetros solamente, pero son suficientes para sentirme vacío otra vez. Te miro, con miedo. Dudando. Temblando.

Sonrío, nuevamente. Con amor, con todo el amor cohibido. Lo leí en tus ojos. Como tú me enseñaste a hacer. A sentir. Me quieres, lo haces… me amas… lo sé. Soy feliz, al fin te tengo, niña. Al fin estoy seguro. Tan pocas, tan pocas fueron las otras. Y ninguna, ninguna te alcanza a ti, Ámbar.

.- Ámbar. Quería decirte algo. Te quiero.

¿Y solo eso logro decirte? Sé que las palabras me han hecho el vacío. Se han borrado de mi. Pero necesito que creas. Has sufrido, lo sé. He sido un tonto… lo sé. Debí hablar antes, decir antes. Pero no pude… más, tú tampoco lo habías hecho. Igual yo sufrí por ti, igual.

A contra partida, mantengo mi sonrisa, intentando, así, demostrarte cuan grande es esto que siento. Como nunca antes… como el universo mismo. Tan grande como tu corazón.

Algo anda mal… ¡Sirius! Lloras… una lágrima que destroza mi alma. Una lágrima que no tiene sentido. Deberías reír. Deberías estar feliz. Como yo lo hago. Por ti, por mi… más, tu lloras, y no logro entender. Pero veo en tus ojos. Veo que no es tristeza… es decepción.

.- Te quiero, Ámbar. Te quiero, pero no como una amiga. Te quiero como lo que eres… una mujer. Mi mujer… 'mi Ámbar'.

Lo he dicho. Y mi corazón se aliviana. Se siente libe, al fin. Pero a su vez, atado. Por la eternidad, atado. Atado a ti. Y logro verlo. En tu rostro. Estás feliz. Con un suave movimiento, suave como tu, seco una de tus lágrimas, que como un río perforaban mi pecho. Te acomodo el pelo, como solía hacerlo antes… cuando llorabas. Y sonrío. De puro placer. Puro júbilo del alma. Al fin libre mi pena, mi desvarío, mi dolor. Al fin libre yo… libres los dos. Libre nuestro amor. Te amo… te amo… siempre será así.

Porque lo sientes. Porque lo eres. Cuán yo. Un alma libre… un alma dispuesto a dar todo, a cambio de recibir amor. Y así será, porque lo sentimos… porque es contigo… porque eres solo tú: 'Mi Ámbar'.

Fin

Lucy Diamonds

Amante de Sirius Black. Lobita de Remus Lupin.