Episodio 4

El reencuentro

"Caminó unos pasos para intentar recordar con un poco de claridad el sitio donde ella le había contado que se iría de allí. Recordó un banco verde, un árbol… y los ojos le guiaron hasta el sitio justo; En aquél preciso lugar estaba sentado Haru con un posado melancólico, como si estuviera recordando algo, como si recordara algún bocín de su pasado."

Robin se quedó paralizada por unos instantes. Su cabeza aún estaba asimilando lo que estaba haciendo y por qué. Al ver en aquél preciso lugar a Haru algo le dijo que no era una simple casualidad, algo le dijo que era mucho más que aquello.

-Ha-Haru…-Soltó entrecortadamente la chica al fin. Lo dijo sin pensar, se acercó al banco donde estaba él sin ser dueña de sus actos. Lo único que le estaba guiando allí era su corazón.

El chico de cabellos claros y de ojos grisáceos se giró de repente, asustado, y al ver a la pelinegra se quedó mudo por unos instantes, hasta que su boca logró pronunciar el nombre de la chica.

-Robin… ¿Qué haces tú por aquí?- Lo dijo intentando que en su voz no se notara la melancolía que llevaba impregnada su alma.

Ella no sabía que decir, que hacer. Sólo fue capaz de bajar la cabeza.

-Robin… ¿Te ocurre algo?- Preguntó Haru más preocupado que antes.

La chica se sentó a su lado, y de repente abrió mucho los ojos, como recordando algo que tenía olvidado, levantó la cabeza y, mirando fijamente un grande árbol que había justo delante e ellos empezó a hablar de nuevo.

-Ahora empiezo a recordarlo todo… Recuerdo un día en que el sol brillaba intensamente y que los pájaros volaban libremente por un cielo que tenía un hermoso color zafiro intenso. Las nubes habían dejado de existir aquel día… y lo mejor era que era el día en que Kale me permitía salir a la calle sin permiso de mi padre. Adoraba a Kale… más que mi mayordomo fue como el padre que nunca tuve, él fue el único que me quiso y el que cuidó de mí, lo demás era esperar en vano una muestra de amor de alguien a quien siquiera conocía. Es muy triste que no llegara a conocer a mi propio padre… pero al fin de cuentas pude aguantar y tirar adelante… y esto fue gracias a alguien que días como aquél en que salía a la ciudad venía a por mí y me hacía sentir viva. Recuerdo que un día fuimos a un parque, donde un banco estaba cubierto por un hermoso árbol que tenía unas curiosas hojas grandes y amplias…-Robin levantó la vista al árbol que tenían delante y pudo comprobar que las hojas eran magnas y anchas. A su lado, Haru escuchaba hechizado todo lo que Robin le estaba contando. A primera vista parecía que la chica se estaba desfogando. Ni por casualidad se trataba de aquello.

Después de aquella pausa la chica curvó los labios, haciendo con ellos una sonrisa que le salió del todo nostálgica. Aún así continuó con su relato.

-Allí fue donde aprendí a jugar al escondite…-Una risa emergió de sus labios-Y desde entonces me gustó tanto que quise jugar siempre a este juego cada vez que podía ir con él…- A Haru cada vez se le cruzaban más ideas en la cabeza y una profunda confusión invadió su ser. No podía ser, era imposible.

-Pensaba que después de huir de mi padre sería capaz de abrirme al mundo… y lo único que hacía era convencerme de una errónea teoría que yo misma me infundé. Quiero mucho a mis padres… y también a mis amigos ¿Sabes? Pero no logro saber si de verdad están conmigo por placer… no soy capaz de confiar plenamente en ellos. No puedo confiar en nadie… Creo que lo empiezo a comprender todo…

Pensaba que mi pasado había quedado enterrado en un vacío rincón de mi corazón, pensaba que aquella plaza había desaparecido de mi memoria… Me pensaba…-Robin levantó la cabeza que había vuelto a agachar, y Haru pudo ver con claridad como unas lágrimas que brillaban a causa del reflejo de la luna salían calmadamente de sus ojos cristalinos. Su corazón dio un vuelco. Su mente se aclaró de golpe. Lo acababa de comprender todo, la incomodidad que había sufrido al conocer a aquella chica quedó resuelta en aquel momento.

-Pensaba…-Repitió ella- Pensaba que no volvería a verte… Hatsuharu-Kun…-Aquél nombre se desvaneció en una oleada de brisa que hizo ondear aquellas hojas verdes con tonos oscuros que avisaban de que la estación calurosa estaba por terminar. Haru la miró intensamente y, abrazándola, le susurró unas palabras que terminaron de encajar aquel complicado rompecabezas.

-Robin-San… Eras tú… Nunca me dijiste que tuvieras dos nombres…-Después de aquellas palabras no hubo necesidad de decir nada más; había quedado más que claro que habían encontrado algo que inconscientemente buscaban… habían descubierto algo bueno de su pasado.

Estaban en aquella plaza, eran los dos chicos que 7 años atrás habían estado jugando al escondite… eran los mismos que ahora se volvían a reencontrar después de tantos años.

¿Existen las casualidades?...

¿El destino nos aguarda a todos un futuro intocable?...

¿Podemos guiar nosotros mismos nuestro camino?...

¿Podemos librarnos de la tristeza?...

"Las casualidades no existen, las cosas ocurren siempre por algún motivo y punto"

-¿Cómo pude olvidarme de algo tan importante?-Fue capaz de reprocharse Robin una vez su mente procesó todo aquello.

-Por la misma razón que se me olvidó a mi también-Respondió Haru haciendo reír a Robin después de mucho tiempo.

-Estamos en la misma plaza… Ni me di cuenta en este tiempo…-Realmente no llegaba a comprenderlo, no le entraba en la cabeza.

-Seguramente al irte del barrio… tu cabeza quiso borrar el daño que este barrio te llegó a causar, Robin…- Dijo él. Fue entonces cuando se dio cuenta de que aún no se habían separado, puede que por la emoción, puede que por la alegría.

-Hatsuharu-Kun…-Por más que su mente lo hubiera comprendido su corazón aún no lo había asimilado bien, le costaba mucho pronunciar aquél nombre…

"-No quiero que me llames Yakade, prefiero que me llames Hatsuharu, que es como me llamo"

-Bien… pues te llamaré Hatsuharu-Kun… Tu llámame Robin…

-De acuerdo, así te llamaré… Robin-san"

Así recordaba que se habían presentado la segunda vez que se vieron y que pudieron conocerse mejor.

-¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? –Empezó él- Tu ibas corriendo por las calles chocando con la gente, y ellos te miraban mal. Tú te limitabas a pedirles disculpas y seguir corriendo. Yo te estaba contemplando desde unas escaleras donde tenía una vista de aquella calle. Fui corriendo curioso donde tú te habías parado para descansar, pues estabas exhausta. Recuerdo bien que me puse frente a ti, te toqué el hombro, y sin ningún tapujo te dije "Oye niña ¿Qué haces corriendo así? ¿Te persigue el diablo acaso?"

Robin, que estaba escuchando atentamente todo lo que decía Haru lo recordó y se puso a reír asintiendo con la cabeza.

-Y yo te dije "No me persigue el diablo… me persigue mi mayordomo…"

-Sí, y lo dijiste con una naturalidad que hizo que me quedara de piedra-Los dos amigos empezaron a reír recordando momentos en los que habían disfrutado realmente de su infancia.

El sol empezaba a esconderse tras los edificios de la ciudad y los pájaros volaban cansados por un cielo que empezaba a teñirse de un color ceniza apagada. Las nubes empezaban a aparecer mezclándose, tapando un cielo que había sido testigo de un bonito reencuentro de dos jóvenes que buscaban alguien en quien apoyar su dolor.

-Robin-San… ¿Qué te parece si continuamos la conversación mañana? El sol ya se está marchando y empieza a hacer frío…

-¿Sigues queriendo llamarme Robin-san?- Dijo ella ignorando la explicación del chico.

-Al igual que tu me llamas ahora Hatsuharu… queda bonito ¿no crees?

-Sí… así podremos sentirnos como antes… en lo bueno-Completó ella recordando lo mal que lo había pasado.

-Sí, en lo bueno-Repitió él mirando el color apagado que empezaba a matizar el cielo.

-Hoy tuve un día horroroso, ¿sabes? Tú has conseguido que el día se me hiciera menos lívido…- Dijo ella recordando la angustia que hasta horas antes había sufrido. De pronto el rostro del peliverde se gravó en su cabeza, causándole una punzada en el interior.

-"Zoro…"-Su mente volvió a bloquearse y su nombre empezó a retumbar en sus oídos, ensordeciéndola.

-Robin, ¿estás? –Preguntó Haru que había estado hablándole en medio de su caos mental.

-S-sí, estoy…-Respondió ella sonriéndole forzadamente a causa de la impresión.

-"¿Qué pensará de mi ahora? Sin darme cuenta lo estuve evitando todo el día… Él solo se preocupaba por mí… y yo… no sabía que hacer"-Robin empezó a darle vueltas a aquél problema, pero la voz de Haru la sacó por segunda vez de su mente.

-Vuelves a reír forzadamente…-Era increíble como Haru sin haberse visto durante tanto tiempo seguía conociéndola tanto.

-Tengo… problemas con…-Hizo una pausa, sonrojándose- con mi…-Era increíble el hecho de que le costara tanto decir aquello. La poca costumbre a contar sus cosas le hacía pasar una vergüenza sorprendente.

-¿Con tu novio?-Acabó Haru con una media sonrisa. Le hacía mucha gracia ver como Robin se sonrojaba así solo para contarle algo referente a su novio.

-S-sí…-Ella se sacó un peso de encima cuando él acabó la frase por ella.

-¿Qué tipo de problemas?-Dijo él con un tono de interés y misterio.

-No lo sé con exactitud…- Confesó ella en medio de un pozo de confusión.

-Pues vamos bien, chica…-Dijo él riendo calmadamente.

-¡No te rías! –Dijo avergonzada-Yo… no estoy acostumbrada a que me cuiden... como quiere cuidarme él…

-¿Y eso es malo?

-No es eso… estaba confundida, bueno, de hecho aún lo estoy en referencia en algunos temas…-Le vino a la cabeza el grito que lanzó a sus amigos en un momento de inseguridad "¡Qué no me pasa nada! " –Pero… él solo quiso saber que me ocurría y yo…- Haru frunció el entrecejo, confundido. Ella continuó hablando, o más bien desfogándose- Pero yo no hice más que evitarlo durante todo el día…- Bufó y miró a Haru, que lo miraba con una cara que denotaba que no se estaba enterando de nada.

-Robin-San…- Dijo él- No comprendo muy bien esto, pero si realmente crees que tu novio merece una explicación deberías dársela… y claro… por supuesto deberías dejar de evitarle… -Acabó medio riendo a lo que Robin se molestó.

-¡No sabía que hacer! No te burles…

-Vale, vale…-Se calmó-Ahora que lo pienso… ¿Recuerdas la primera pelea que tuvimos?

-Pues… ahora que lo dices…

"-¡Te dije que nos meteríamos en problemas, Hatsuharu-Kun! ¡Haver como recuperaremos el balón ahora!

-¡Tu tranquila, Robin-San! La vamos a buscar y listos…

-Vale… etto… ¡venga, ve tu!

-¿Por qué yo? ¡Has sido tú que la lanzaste demasiado alta!

-Pero aquél señor da miedo… ¡y tu me la lanzaste mal, por esto fallé, baka!

-¡Mentira, es culpa tuya por no saber coger una pelota!

-¡Si tu hubieras aprendido a lanzar un balón yo lo habría podido coger!

-¡Eres una boba y una mala, Robin-San!

-¡Y tu te crees que solo por tener los ojos grises ya eres especial!"

[……]

-Jajaja…-Robin y Haru rieron al recordar aquella disputa infantil- Que bien lo pasábamos…- Recordó Robin.

-Y que críos éramos…-Añadió él.

El sol había terminado su trabajo por hoy, el cielo quedó solo iluminado por las estrellas y el resplandor de la luna llena. Las farolas se encendieron y su luz fosforescente iluminó las calles vacías y oscuras de la ciudad.

-¡Mierda! ¡Se nos han hecho las 9! – Exclamó Haru al mirar su reloj-.

-Oh, no… Nos hemos entretenido hablando de tonterías y mira ahora…-Admitió Robin riendo.

-Y las tonterías que nos quedan por contar…- Dijo él riendo también- Venga, te acompaño a casa…-.

-Oh, no… deja, está a cinco calles de aquí… si la memoria no me falla la tuya está más cerca…

-Estaba, Robin-San… ahora vivo cerca de la estación…

-Pues entonces vives a la otra punta de la ciudad…- Dijo ella con una expresión de torpeza-.

-Pues sí, maja… y el autobús ya no pasa a estas horas… Debo darme prisa o se me harán las doce…- Dijo riendo.

-Pues entonces ni se te ocurra la idea de acompañarme, aún tardarías más…-Robin no dejó que el chico la acompañara de ninguna manera, le convenció en que debía darse prisa y que ella llegaría en cinco minutos, que el que tenía que preocuparse era él, que vivía al menos a 40 minutos de allí.

-Ya, pero yo se defenderme…- Dijo él defendiéndose.

-Claro, claro… bueno, pues defiéndete bien… ¡Nos vemos mañana, Hatsuharu-Kun!-Dijo ella empezando a alejarse de allí saludándole con el brazo y guiñándole un ojo.

-Esta es la Robin-San que yo conocía…- Pensó en voz alta mientras le correspondía al saludo-"Puede que su cambio de personalidad fuera lo que me impidiera reconocerla…"

La chica llegó efectivamente en cinco minutos a su casa y a la de sus amigos. Se plantó en la puerta y de repente dudó en entrar.

-"Que tontería… esta es mi casa y me da miedo entrar en ella…"-Se reprochó la chica mentalmente-"¿Qué pensará Zoro al verme? ¿Y si se ha enfadado?"-Tantas dudas le impedían hacer el simple gesto de tocar el timbre de la pared pintada de un color ocre.

De repente vio rodeada su cintura por unos cariñosos brazos. Se giró sorprendida y vio que detrás de ella se encontraba ni más ni menos el chico que había sido dueño de sus pensamientos.

-Zo-Zoro…-su boca no fue capaz de susurrar nada más.