Aclaración: La historia será narrada en primera persona, desde los puntos de vista de Lucy y Natsu, y los puntos suspensivos centrados (…) indicarán el cambio de narrador.
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Capítulo 4
NO ES EL DÓNDE SINO EL CUÁNDO
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Esto era una pesadilla. Absolutamente, la peor pesadilla de todas.
Estaba mal. Debía estarlo.
Salí de inmediato del museo, con mi mente ocupada, debatiendo en cuál sería mi próximo paso. Ésta era una de esas pocas veces en la que debía enseriarme y pensar claramente. No podía simplemente tomar lo que había sucedido a la ligera.
Me detuve en el techo, y observé la bolsa de cuero que llevaba conmigo. Necesita llevar de vuelta el tapiz a la Fiore de siglos atrás. Lo había jurado. Había destruido el futuro de Lisanna, y ahora el destino de un dragon slayer estaba en mis manos.
Pero la marca…
No podía irme a casa y dejar a mi compañera pero tampoco podía quedarme en este período de tiempo, donde era muy alto el riesgo de ser golpeado inadvertidamente por una carga eléctrica. Ése era el punto débil de cualquier dragon slayer, porque dependíamos de los impulsos eléctricos para cambiar de forma, cualquier clase de choque eléctrico podía transformarnos involuntariamente. Es por eso que los de nuestra clase evitaban el tiempo después de la invención de la electricidad.
Pero nuestras leyes eran claras, debíamos proteger a nuestras compañeras. A cualquier costo.
Siglos de guerra habían llevado a los de nuestra especie al borde de la extinción. Nuestros eternos enemigos se habían dedicado a rastrearnos y asesinarnos; y ahora que Lucy había sido atada a mí por el infortunio, ella sería un blanco más. Mientras ella llevara mi marca sería una tentadora presa. Si la abandonó en este momento, sin duda, ella sería carne muerta; y todo sería mi culpa.
Si ella muriese, nunca podría formar una pareja.
–¡Qué me lleve el infierno!–murmuré. Levanté la vista a la brillante luna llena–. Demonios…
"Déjala".
Debería. Pero sí lo hacía, dejaría atrás mi única posibilidad de formar una familia. Diferente al hombre humano, yo sólo tenía una oportunidad en esto. Si fallaba en reclamar a Lucy, pasaría el resto de mi vida, excepcionalmente larga, solo.
Completamente solo.
Ninguna otra mujer sería capaz de despertar el deseo en mí. Estaría condenado al celibato.
Esa era la maldición que conllevaba la sangre de dragón que recorría por mis venas. Una maldición muy cruel. Pero ser emparejado con una humana lo hacía mucho más cruel. Sólo pasaba muy raramente, tan raramente que nunca consideré la posibilidad de que pudiera sucederme. ¿Por qué yo?, y ¿por qué ahora?, ¿por qué con ella?
¡Oh, demonios!, al maldito infierno con eso.
No había elección. Al final de tres semanas, la marca en su mano desaparecería y olvidaría que alguna vez me conoció. Pero la marca en mi mano sería eterna. Tendría que llevar luto por ella el resto de mi existencia. Aún si regresaba después por ella sería demasiado tarde. Una vez que la marca desapareciera mis posibilidades se habrían acabado.
Era ahora o nunca.
No podía dejarla ir, ella era mi única posibilidad. Pero esa no era la única razón para querer mantenerla a mi lado. No era tan egoísta como para pensar sólo en mi bienestar.
Ella me necesitaba… Necesitaba de toda la protección que yo pudiera ofrecerle. Durante las próximas tres semanas la marca en Lucy la pondría en el radar de mi más peligroso enemigo.
Él podría estar en este momento rastreando, sintiendo y saboreando su frágil esencia mortal. Deleitándose con mi desgracia, y maquinando mil y un formas de hacerme sufrir aún más. Él y yo hemos jugado mortalmente por siglos al gato y al ratón. Nuestras psiques estaban estrechamente unidas, tanto que a veces no sabía dónde terminaba la de él y comenzaba la mía. Cosas que suceden cuando existen dos seres que en un principio debieron ser uno.
Debía protegerla de él. Debía protegerla de mí.
Si la dejaba sola, a su merced…
Me sobresalté ante la horrible imagen que se dibujó en mi mente.
¡No! Tenía que protegerla. La seguridad de Lucy era lo único que importaba.
Cerré los ojos, y me transformé en dragón para volar de regreso al apartamento de Lucy, en donde me transformé otra vez y entré por la ventana de la habitación como un hombre.
Estaba a punto de romper un buen número de leyes de los dragones. Nada nuevo realmente. Así que, ¿por qué preocuparme? Si estaba muerto para ellos, entonces, ¿por qué debía regirme por sus leyes?
Sin embargo ese fuerte vínculo de lealtad entre cazadores de dragones era lo único que me movía a ayudar a Sting.
Durante mi larga vida había perdido casi todo lo que realmente me importó. Mi familia. Mis amigos. Mi gremio.
Happy era lo único que me quedaba, y el único por el que realmente me preocupaba.
Pero mirar a Lucy, durmiendo bajo la luz de la luna, me hacía pensar que algo había cambiado en mí. Un sentimiento de posesividad crecía en mi interior. Ella era mi compañera. Mi única salvación.
Por cualquier retorcida razón, el destino nos había unido. Dejar a Lucy ahí, desprotegida, estaba mal. Ella no tenía idea de la clase de criaturas que harían cualquier cosa para tener mi cabeza. Ellos no vacilarían en lastimarla porque ahora ella era mía. Ella me pertenecía y la marca era prueba de ello.
Me acosté a su lado y la atraje hacia mis brazos. Ella murmuró en sueños y se acurrucó contra mí.
Mi corazón latió con fuerza cuando sentí su respiración rozar mi cuello.
Miré hacia abajo y vi en el dorso de su mano derecha la misma marca que yo tenía en mi mano izquierda. De un tenue color rosado, el antiguo dibujo invadía la tersa superficie de su piel. Había esperado una eternidad por ella, y luego de siglos de perderme en diversidad de cuerpos femeninos que no lograban llenarme completamente, por fin, la había encontrado. Parecía irreal que frente a mí estuviera ella, mi única compañera, la única que podía acabar con mi soledad.
Pero, ¿podría atreverme a pensar en un hogar?, ¿en una familia? Esto no era un cuento de hadas, y aunque lo fuera, yo no encajaba en el perfil del valeroso príncipe. No. Yo era el temible dragón que mantenía cautiva a la hermosa princesa Lucy. Si no me hubiese acercado a ella en el museo quizá no hubiese sido marcada como la compañera del único descendiente del gran Igneel.
Mía.
–¿Lucy? –susurré, tratando de despertarla–. Necesito preguntarte algo.
–¿Hmmm? –murmuró aún adormilada.
–Necesito que vengas conmigo. ¿Lo harías?
No podía saltar en el tiempo con ella sin su consentimiento. Lo único bueno en este cuento, es que la princesa tiene la libertad de decidir si quiere, o no, permanecer al lado de la feroz bestia.
Ella abrió sus hermosos ojos y me miró con cara adormecida.
–¿A dónde me llevarías?
–Quiero llevarte a casa conmigo.
Ella me sonrió como un ángel, y luego suspiró.
–Claro.
Mis brazos se tensaron alrededor de su cuerpo. Ella había dicho sí. La alegría me embargó. Tal vez mi larga soledad llegaría a su fin. Quizá por fin mi castigo había terminado.
Tal vez, por una vez, podría tener un respiro del pasado.
La sostuve cerca de mi cuerpo, y miré por la ventana hasta que los primeros rayos del amanecer se hicieron presentes usando la energía de esa mágica luz para impulsarnos fuera del mundo moderno al que Lucy pertenecía, arrastrándola conmigo hacia mi mundo. Uno que se encontraba mucho más allá de cualquier cosa que pudieran imaginar.
…
Sentí un extraño tirón en el estomago que me provocó nauseas. ¿Qué demonios pasaba?
Abrí los ojos para ver a Natsu que tenía toda su atención sobre mí. Vestía de forma extraña, ya no usaba esa ropa de chico malo pero elegante, sino un chaleco, pantalón, faldón y bufanda. Nunca había considerado los faldones como una prenda sexy, al contrario la consideraba totalmente fuera de moda, pero en él… mmm, bebé. Estaba segura que cualquier cosa que usara ese hombre le vendría bien. No podía quejarme cuando tenía el placer de deleitarme con el panorama de sus seductores músculos perfectamente expuestos.
Hmmm, y mil veces… hmmm.
Una sonrisa tonta se escapó de mis labios, y no fue hasta que aparté mi vista de él cuando me di cuenta que estábamos montados sobre el lomo de un caballo. Un gran, realmente un gran caballo.
Pero algo aún más extraño era que yo llevaba puesto un hermoso pero sencillo vestido. El verde no era mi color favorito, pero no podía negar que lucía bien en mí. Sonaba tonto pero, me sentía como una princesa de un cuento de hadas.
–Ok–tomé aire, cerré los ojos y me aferré al cuerpo tibio de Natsu–. Esto es un sueño–dije más para mí que para él. No podía ser otra cosa. Seguramente era uno de esos sueños locos en los que soy rescatada por un sexy caballero y huimos de un monstruo malvado, alejándonos a gran velocidad en un brioso corcel.
–No es un sueño–dijo el quedamente.
Sonreí nerviosamente mientras me acomodaba en su regazo y miraba alrededor. El sol estaba en lo alto del cielo, casi como si fuera bien entrada la tarde, viajábamos por un viejo y sucio camino que corría perpendicularmente a lo que parecía ser un denso bosque.
Dios, no había visto tanta vegetación junta en toda mi vida. Aquello no estaba ni cerca de ser la ciudad de Fiore que conozco. ¿En dónde demonios estoy?
Algo estaba mal. Podía sentirlo en mis huesos, y por la rigidez que su cuerpo había adquirido.
–¿Dónde estamos?
–El dónde de esto–dijo él lentamente, evitando mirarme–, no es tan interesante como el cuándo.
–¿Perdón?
Vi las emociones fluctuar en sus ojos, pero lo peculiar fue la fugaz mirada de pánico que me dedicó, como si estuviera nervioso de responder a mi pregunta.
–¿Te acuerdas anoche cuando te pregunté si podía traerte a casa conmigo y dijiste que sí?
Fruncí el entrecejo.
–Bueno, cariño, estoy en casa–dijo con una gran, pero nerviosa, sonrisa.
La cabeza empezó a dolerme. ¿De qué estaba hablando él?
–¿Casa? ¿Dónde?
Él aclaró su garganta aún evitando mi mirada. Definitivamente estaba calculando los riesgos antes de hablar. ¿Pero por qué?
–Dijiste que te gustaba la investigación, ¿verdad?
Mi estomago se anudó aún más.
–Sí.
–Considera esto como una aventura única de investigación entonces.
–¿Qué estás tratando de decir?
Noté como los músculos de su cuello y mandíbula se tensaban aún más. Parecía estar un poco frustrado por no hacerme llegar su mensaje.
Más le valía hablar claro de una vez para que ahora sí pudiera entender esta muy extraña situación. No todos los días, en un momento estoy en la cama con un hombre en la tranquilidad de mi hogar para luego despertar en lugar desconocido cabalgando hacia Dios sabe dónde.
–¿No has deseado alguna vez poder viajar a la Fiore de la edad media y ver cómo era realmente antes de que fuera invadida por Edoras?
–Por supuesto.
–Entonces, tu deseo fue concedido–me miró y lanzó una sonrisa que no sentí muy sincera.
Tal parecía que me había perdido de algo muy importante la noche pasada. No recordaba haberlo invocado de una botella. Él no era un genio, sólo un hombre excéntrico que cree en cuentos de dragones y magia.
Reí nerviosamente. Realmente estaba tratando de contener mi mal carácter. No quería explotar en ese momento y mandar a volar al chico sexy que me tenía en su regazo.
–¿Qué estás diciendo? –volví a preguntar. Si Natsu estaba bromeando entonces este era el momento de parar.
–Estamos en Fiore. O mejor dicho, estamos en el lugar que se convertirá en Fiore. Por ahora este reino se llama Lind.
Me quedé completamente callada. Conocía muy bien la historia de cómo el gran reino Lind se convirtió en Fiore durante la edad media, tras ser invadido por el reino de Edoras, pero… esto no era posible. No, no había forma de que yo estuviera acá.
–¡Deja de bromear!–estaba empezando a molestarme su tonto juego.
–No es una broma–dijo con tanta seriedad que podía llegar a convencerme.
Froté mi frente, en un intento de organizar todo en mi cabeza. Tratando de encontrarle un sentido a sus palabras.
–Ok, me has dado una bebida fuerte. Genial. Cuando esté lo suficientemente sobria, puedes estar seguro que llamaré a la policía.
–Está bien, pero tendrás que esperar muchos años antes de que haya policías a los cuales llamar, y tendrás que esperar muchos más para tener un teléfono. Pero estoy dispuesto a esperar si tú lo haces.
Cerré con fuerza los ojos y traté de pensar, a pesar del punzante dolor de cabeza.
–Entonces, ¿me estás diciendo que no estoy soñando y que no estoy drogada?
–Así es.
–Entonces, ¿estoy en la Fiore Medieval?
Él asintió.
–¿Y tú eres un cazador de dragones?
–Ah, aún recuerdas esa parte.
–Sí–dije, tratando de ser razonable. Pero con cada palabra que pronunciaba, una moderada histeria crecía en mi voz–. ¡Lo que no recuerdo es cómo demonios llegué aquí! –grité, haciendo que varios pájaros salieran volando de los arboles.
Natsu se sobresaltó.
–¡Esto es una locura!
…
No la culpaba por estar enojada. De hecho ella lo estaba tomando mejor de lo que había esperado.
–Sé que esto es difícil para ti.
–¿Difícil para mí? Ni siquiera sé por dónde empezar. Hice algo que nunca había hecho en mi vida y luego me despierto y me dices que me has llevado al pasado, y no estoy seguro si estoy demente o bajo una ilusión o qué. ¿Por qué estoy aquí?
–Yo…– no sabía qué contestar con seguridad.
La verdad era bastante inadmisible. «Lucy, prácticamente te rapté porque el destino ha decido que seas mi compañera y no quiero estar solo por los muchos siglos que quedan de vida».
No, definitivamente no era algo que pudiera decirle en nuestra primera cita. ¿O era la segunda?, da igual. La cuestión era que tendría que hacer algo que no acostumbro hacer. Algo que he visto hacer a los hombres de mi época en incontables oportunidades.
Cortejo.
Tendría que cortejarla, rápidamente, ganarme su afecto y lograr que ella deseé quedarse aquí conmigo. Preferentemente antes de que un dragón se coma a uno de nosotros.
–Mira, porque no piensas que esto es una gran aventura. En vez de leer la historia en un aburrido libro puedes vivirla por un par de semanas. Tentador, ¿no lo crees?
–¿Qué te crees tú?, ¿el modelo de la campaña "vive tus vacaciones soñadas" de una agencia de viajes? – preguntó ella–Y yo no puedo quedarme aquí por un par de semanas, tengo una vida, ¿o se te olvida? Tengo clases a las cuales asistir, una tesis por terminar, si falto al trabajo me despedirán y en dos días tengo se vence la renta del departamento.
La histeria salía por cada uno de sus poros, y el exceso de volumen en su voz la hacía sonar molesta y chillona. ¿En dónde había quedado la mujer angelical de la cual había quedado prendado?
–¿Y quién demonios recogerá mi ropa de la lavandería? –volvió a chillar.
–Si te quedas aquí conmigo, nada de eso sería un problema. No tendrías que preocuparte nunca más de esas cosas.
Creo que mi forma tan despreocupada de resolver el problema la molestó aún más. Podría jurar que un instinto asesino emanada del aura de Lucy.
Ella inhaló profundo, y luego exhaló.
–No–me dijo–, tienes razón. Si me quedo aquí no tendré que preocuparme de esas cosas. Sólo tendría que preocuparme por la falta de higiene, la falta de cañerías, la invasión de Edoras, que crean que soy una bruja y terminar en la hoguera, tener que vivir sin las comodidades modernas, exponerme a horribles enfermedades y no contar con antibióticos. Santo cielo, ni siquiera podré tener una aspirina. Por no mencionar, ¡que no sabré que pasará la semana que viene en The Walking Dead!
Solté una larga y paciente exhalación y le dirigí una mirada de disculpa que de alguna forma logró mitigar una buena parte de su enojo.
–Mira, haré un trato contigo. Pasa unas pocas semanas aquí conmigo, y si realmente no puedes soportarlo, te llevaré a casa tan cerca del tiempo en que partimos como me sea posible, ¿ok?
No comprendía el apego de Lucy hacia ese mundo moderno. Su aire contaminado, su reducido espacio, su molesta y complicada tecnología, y sus sin fin de medios de transporte… Sin duda aquello hubiese sido una tortura para mí si no hubiese contado con la ayuda del dragón slayer del cielo, Wendy, y su magia curativa capaz de apaciguar hasta mis mareos.
…
Nota de Tsuki-chan
Edoras: en esta adaptación, Edoras no es un mundo diferente, considérenlo como otro país, nación, etc(¿?) ubicado en la misma dimensión de Fiore. Edoras no tendrá un papel relevante, sólo fue mencionado en este capítulo como referencia histórico y nada más, por ende no esperen ver las versiones-edo de ningún personaje en el trascurso de la historia.
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¡Hola de nuevo! Gracias a todos por leer, por todos sus comentarios y por ser tan pacientes. Sé que tardé en publicar este capítulo pero tengo mis razones, comencé la universidad y apenas me estoy adaptando a la carrera y toda esta nueva carga académica. Además estoy trabajando y definitivamente estudiar y trabajar no es algo fácil.
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