CAPÍTULO 004
Primera hora de la mañana. Richard se situó frente a la jueza. Algo avergonzado. La Jueza lo miró desafiante, desde que entró en la sala. Estaba todo perdido. Era el único pensamiento que revoloteaba por la mente de Richard.
Susan Stevens lo observó atentamente durante varios segundos. Siempre hacía lo mismo. Permanecer en silencio, mirar al acusado y dejar que el tiempo corriese a su favor. Una forma de intimidación que, hasta ahora, le había ofrecido resultados favorables. 'Habrá que darle una lección' pensó. 'O quizá, simplemente, ayuda'.
Antes de llegar a la citación de esa mañana le había llegado un informe del FBI, explicando los últimos acontecimientos sufridos en la familia Rodgers. Al revisar meticulosamente el documento, se auto convenció en que no había excusa posible, pero lo que aquel joven estaba viviendo tampoco era algo sencillo de sobrellevar. Se puso en su piel, recibir la terrible noticia de aquellas muertes rasgaría la fortaleza de cualquier ser humano. Salir a la calle y acomodar su rabia en alcohol no había sido la mejor decisión, pero tampoco la más descabellada.
El perfil que habían plantado en la mesa de su despacho fue verdaderamente completo. No faltó ningún detalle. Desde el mismo día de su nacimiento, hasta el momento en el que había pisado por última vez L.A. '¿Quién era este muchacho?' El FBI no tenía tanta información sin ningún motivo. Su niñez, su adolescencia, su primer viaje a ., su etapa universitaria, su primer amor, su vida nocturna, su etapa en Suiza, el dolor de la pérdida de Verónica… Todo lo imaginable e inimaginable estaba ahí expuesto.
Susan Stevens miró a Richard sabiendo que debía juzgarlo de forma implacable. Pero con el objetivo de aplicarle un castigo que le proporcionase la ayuda suficiente para encaminar su futuro.
- Señor Rodgers, una vez expuestos los motivos por los cuales usted se encuentra aquí, paso a detallarle la decisión tomada. El señor Rodgers hará frente a una multa de 1000 dólares por conducción temeraria, con la pérdida de su carnet de conducir durante 6 meses, tras los cuales deberá volver a examinarse. A esto debemos sumarle la obligación de acudir durante 24 semanas a la consulta del Doctor James Stewart para llevar a cabo la terapia correspondiente.
- Perdóneme… creo que la estoy entendiendo mal. – Richard.
- Señor Rodgers, ante todo tenga en cuenta que no puede cortarme mientras no acabe con la sentencia. Y segundo, irá al psicólogo, quien le ayudará más de lo que cree ahora mismo. Y tenga en cuenta que recibiré los informes pertinentes de su evolución. Si falla, nos volveremos a ver aquí y no será, para nada, agradable. Se lo aseguro.
Richard iba a replicar, pero Thomas no le dejó. No estaba conforme. '¿Un psicólogo?' ¡Él no estaba loco! ¡Para nada! Sólo había bebido más de la cuenta pero, ¿quién no lo hubiese hecho en su situación? ¡Esto tenía que ser una broma! ¿24 semanas al psicólogo? Para lo que le iba a contar le sobraba con media hora.
Todo iba de mal en peor. Desde que había pisado tierra norteamericana sentía que iba hundiéndose más y más, sin retroceso posible. No había un solo día tranquilo, sin novedades que no le hiriesen o no le hundiesen. Solo necesitaba unas horas tranquilas, poder cerrar su mente entorno a todo lo que quería procesar. Él no había viajado para quedarse ahí. Tenía pensado regresar a Suiza. Pero todo se estaba complicando más de la cuenta. El asesinato. Su amenaza. La herencia. Alexis. El psicólogo. Todo daba vueltas a su alrededor. Ni siquiera se había percatado cuando su abogado se había alejado, momentáneamente, para hablar con la jueza y volver hasta él.
- Richard, ¿te encuentras bien? – Thomas.
- Perdona, sí, sí. – Richard.
- Ya podemos irnos.
- ¿Es necesario lo del psicólogo?
- Tienes que cumplir con todo.
- ¿No pueden aumentarme la multa?
- Podrían ponerte una alternativa, como comedores sociales, o trabajos similares. Recuerda que tú en estos momentos debes estar más aislado que expuesto.
- Cómo voy a olvidarlo si no hacéis más que recordármelo. – Richard exasperado.
- Debes asumir la situación. Es más fácil afrontar todo. – dijo Thomas con calma.
- Es más fácil hablar desde la barrera.
- Acompáñame. Antes de irnos, alguien quiere hablar contigo.
Richard no cuestionó el motivo y le acompañó hasta una sala del propio juzgado. Al entrar vio a tres agentes del FBI y a un cuarto hombre. Todos se volvieron al oír la puerta. La habitación era grande, contaba con una estancia contigua desde la cual se escuchaba el murmullo de una voz. Alguien más había ahí. Pero no podía ver de quien se trataba.
- Encantado de saludarle, Richard. – John Reynolds.
- ¿Y usted es? – Richard.
- El agente del FBI a cargo de su protección.
- El amigo de mi abuela. – concluyó Richard.
- Exactamente.
- ¿Y ha pensado que la mejor forma de conocernos es aquí? ¿En un juzgado?
- Este es tan buen sitio como cualquier otro, ¿no cree?
Los otros tres agentes, Espósito, Ryan y Mayer, miraron con recelo a Richard.
- Martha me comentó todo lo ocurrido. Lo de su amenaza. Además de la decisión de dejar aparcada la investigación de los asesinatos de sus padres y familiares. – le informó Reynolds.
- Sí. – Richard se mostró cortante al no entender el motivo de dicha reunión.
- Ella me ha solicitado ayuda. Y yo quiero ayudar.
- No es necesario.
- Necesita protección. Lo sabe. – insistió Reynolds.
- Usted me va a proteger. – Richard irónicamente.
- Sí. Bueno… no precisamente. Habrá un agente a su cargo. Con una preparación perfecta. Confío en ella al 100%.
- ¿Ella? – preguntó sorprendido Richard.
- Sí. – le confirmó Reynolds.
- ¿Una mujer? – Richard insistió.
- Sí.
- Su protección para mi… ¿es una mujer? – reiteró Richard.
- Sí. – Reynolds en todo arisco.
- Déjelo. Me buscaré la vida.
- No entiende nada Richard. Déjeme que se lo explique mejor. Esto es un hecho. Los asesinatos y su amenaza están adjudicados al FBI. No puede negarse. O colabora o será a la fuerza. – Reynolds sin perder la calma.
- ¿Tú y cuántos como tú me vais a obligar? – Richard perdió la paciencia.
- ¡Deja de comportarte como un niñato! – Kate entró desde la habitación contigua, a paso firme, plantándose cara a cara con Richard.
- ¿Y tú? ¿Quién demonios eres? – Richard enfrentándose a ella.
- Agente Beckett. – Kate encarándole.
- ¿Y? – Richard la miró de arriba abajo.
- Su vida está a mi cargo. – dando un paso más al frente.
- No la necesito. – Richard dio otro paso hacia ella.
- No es usted quien toma la decisión – la inspectora dio un nuevo paso.
- ¿Me vas a obligar? – Richard a escasos centímetros de su boca.
- Delo por hecho. – Kate con seguridad.
Richard sonrió y se dio media vuelta hacia la puerta de salida. De pronto, sin saber cómo, Kate a su lado, lo agarró, retorció uno de sus brazos y lo esposó.
- Si no es por las buenas, será por las malas. – Kate con sonrisa victoriosa.
- ¡Esto es un delito! – Richard gritando.
- No, esto es hacer mi trabajo. Lástima que siempre me toquen los descerebrados. – Kate sujetándolo con fuerza.
- Van dos insultos ya, agente Beckett. – Richard la nombró con ironía.
- Seguro que queda alguno más por salir. Y si no tiene nada más interesante que decir, nos vamos.
- ¿Nos vamos? ¿A dónde? – Richard con suspicacia.
- Señor, le llamaré en cuanto estemos instalados tal y como se decidió. – Kate dirigiéndose a Reynolds.
- Espero su llamada. – Reynolds sonrió ante la habilidad de Kate para afrontar la situación.
Kate junto a sus tres compañeros, con Richard esposado, salieron del juzgado.
Laurel y David estaban sumergidos en los libros de cuentas del último año de la empresa. Habían llegado a las 8 de la mañana. Antes de que la auditoría se llevase a cabo querían tener todas las cuentas listas y organizadas. Era el procedimiento legal previo al nuevo nombramiento.
Enero. Febrero. Marzo. Abril. Mayo. Junio. Julio. Agosto. Septiembre. Las cuentas no cuadraban. En los últimos nueve meses había habido movimientos inapropiados en varios números de cuenta.
Era la segunda revisión que hacían y no encontraban el posible fallo. Tal vez habían traspapelado algunas facturas. A la tercera, comenzaron a preocuparse. Tres números de cuenta con un vacío que descuadraba todos los beneficios obtenidos. Se miraban incrédulos. Era lo último que les faltaba.
- Esto no huele nada bien. – David cerrando las carpetas desesperado.
- ¿Cómo no nos hemos dado cuenta? – Laurel dando vueltas por el despacho.
- Porque no podemos estar en todo. Sabes cómo ha sido este último año. Un caos. – David.
- Aun así David. La cantidad perdida es alarmante. Hablamos del fondo de seis meses que siempre debe permanecer intacto. Y no encontramos el agujero. – Laurel.
- Parece que alguien haya hecho unas transferencias. – David.
- Pero para eso debe tener todas las claves. Deben quedar registros. No tenemos nada. – Laurel.
- ¿Quieres decir que puede ser alguien de nosotros? – David.
- O es alguien de nosotros o es alguien que ha robado las claves. – Laurel.
- O nuestros padres. – David.
- ¿Qué insinúas? – Laurel.
- Vamos, se fueron los 6 de improviso. Sin decir a donde. De forma misteriosa, como si ocultasen algo. No me digas que no da que pensar. – David.
- ¡Hablas de nuestros padres! – Laurel alterada.
- ¿Y? ¡Cosas peores se ven por el mundo! – David no entendía la postura de su hermana.
- ¿Cómo iban a hacer algo así? – Laurel.
- ¿Y si estaban metidos en algo raro? – David.
- ¿En algo raro como qué? – Laurel incrédula.
- A tanto no llego Laurel. Y no te alteres tanto. Sólo busco alternativas para entender esto. – David.
- No te das cuenta que con estas pérdidas, ¿podemos estar en serio peligro financiero? ¡Nunca harían algo así! – Laurel.
- A veces la desesperación te hace perder la razón y cometes actos que en un estado normal no te permitirías. – David.
Se quedaron en silencio durante varios minutos. Miraban aquellos libros pero no encontraban la solución a la fórmula. Una fórmula que no resquebrajara más a la familia.
- Debemos hablar con Richard. – David con desesperación.
- Suma y siguen los problemas.
- Tiene que saberlo cuanto antes.
- Esta tarde. Recuerda que, esta mañana, tenía visita a los juzgados. – recordó Laurel, mientras David asentía fríamente.
- Búscame para comer. Voy a intentar adelantar algo de trabajo. – David saliendo del despacho de su hermana.
Martha estaba persiguiendo a Alexis cuando Richard entró a casa, esposado, junto a Kate.
- No preguntes. La agente Beckett cree que soy un niñato. – aclaró Richard ante la sorpresa de Martha y Alexis.
- E inmaduro e irresponsable. – continuó Kate.
- Sigue, sigue… ¡Tú no te cortes! ¡Qué estamos en confianza! – soltó Richard irritado.
Martha miró el espectáculo conteniendo la risa.
- ¿Vas a soltarme? – preguntó Richard deseando que lo hiciera.
- ¿Vas a portarte como un buen chico? – Kate intentó controlar su sonrisa.
Como un torbellino, Alexis, se abalanzó a las piernas de Richard.
- ¿Te has portado mal? – Alexis, mientras Richard se agacha a su altura.
- No, esto es una broma. – Richard.
- Yo creo que no. Ella está enfadada. – Alexis apuntó con un dedo a Kate - Sí, sí, mírala… no se ríe. La abu también pone esa cara cuando se enfada. Dime…
- ¿El qué? – Richard.
Alexis, con sus pequeños bracitos le hizo el gesto de agacharse a su altura. Cuando Richard lo hizo, se sentó en una de sus piernas.
- ¿Te has portado mal? – Alexis con cara de pícara.
Richard no pudo evitar reírse.
- Un poquito. Pero no lo digas, ¿eh? Nuestro secreto. – Richard en un susurro.
- ¡Nuestro secreto! – Alexis.
Martha y Kate contemplaban a los dos con asombro. La interacción entre Alexis y Richard era tan buena que no comprendían como había establecido esa comunicación con ella en apenas horas.
- Agente, ahora que estamos en casa, ¿cree que podría soltarme? ¿Por favor? – Richard con rostro de niño bueno.
- ¡Por fi! ¡Por fi! ¡Por fi! – Alexis.
- Menuda defensora te has buscado. – Martha.
- Creo que es mejor que tu abogado abuela. – guiñándole un ojo.
Alexis no quitaba el ojo de encima a Kate, que terminó sonrojándose ante esa mirada traviesa.
- De acuerdo. Lo voy a soltar, pero a cambio me tiene que prometer una cosa. – Kate.
- ¿Qué? – Los dos a la vez.
- Que va a escucharme y que va a dejar que le ayude. – Kate mirando fijamente a Richard.
- ¿Lo harás? – Alexis tirando de sus pantalones.
- Está bien. Te escucharé. Lo prometo. – Richard.
- ¡Bien! – Alexis aplaudiendo, mientras Kate se acercó y le quitó las esposas.
- Gracias. – le sonrió Richard.
- ¿Ahora crees que podríamos hablar? – Kate.
Martha cogió a su nieta de una de sus manos. – Vamos a dejar que hablen, luego jugarás con él.
- ¿Prometido? – Alexis dirigiendo su mirada a Richard.
- Prometido. – Richard.
Richard y Kate entraron al despacho de la primera planta. Estaban nerviosos. Querían poder mantener una conversación sin tanta tensión, como la vivida esa mañana. Richard le indicó, amablemente, que se sentase en uno de los sofás mientras él hacía lo mismo frente a ella.
- Hablemos. Soy todo oído. – Richard.
- Te lo agradezco. – Kate.
- Entonces tú serás quien…
- … quien te proteja. Estaré contigo 24 horas al día.
- ¿Haga lo que haga? – Kate lo miró de forma interrogante. – No, no me entiendas mal. Me refiero a tener que estar acompañado, salga a donde salga.
- Sí. Llevarás siempre protección.
- ¿Hasta cuándo?
- Hasta que el peligro cese.
- ¿Y si no cesa nunca?
- No te puedo hablar del futuro. Sólo te puedo hablar del presente
- Ya… ¿cómo vas a evitar que me maten? – Richard soltó a bocajarro, ante una incrédula agente.
- Tenemos un buen plan establecido. Confía.
- ¿Cuántos agentes estarán en casa?
- Habrá dos agentes en la puerta principal. Dos agentes en la puerta trasera. Y yo estaré dentro. Contigo. – le explicó la agente con cautela.
- ¿Vas a vivir aquí?
- Sí. Martha ya ha preparado todo. Ella está verdaderamente preocupada por ti. Sé que esto no va a ser sencillo pero, al menos, inténtalo, por la gente que te quiere y se preocupa por ti.
- Ya… imagino que ya tendrás en tu poder un estupendo informe mío… sobre… toda mi vida…
- No te equivocas.
- Bueno… eh… tendré que comenzar a ir al psicólogo… - Richard un poco avergonzado.
- Sí, también lo sé. – le confirmó Kate.
- ¿Cómo haremos con ese tipo de cosas?
- ¿Con la salidas?
- Sí.
- Iremos en un coche blindado. Habrá un secundario de apoyo.
Aquella noche Richard bajó a la cocina de madrugada. Tras la conversación con David y Laurel no podía evitar sentir preocupación. Hablaban de mucho dinero. Era lo que podría mantener a flote o hundir la empresa. 'El dinero no desaparece sin más' pensó. ¿Y si todo esto tenía que ver con la muerte de sus padres y tíos? Necesitaba claridad de ideas. Se preparó una infusión. Quizá tomar algo caliente le ayudase a poner en claro las escasas ideas que caminaban por su mente. Al alzar la vista hacia la puerta de la cocina, encontró a Kate.
- ¿Tampoco puedes dormir? – Richard.
- El cambio de cama. – Kate.
- Mira que estas son de alta calidad. – guiñándole un ojo.
- No lo dudo.
- ¿Quieres una infusión? – Kate asintió – No muerdo, ¡eh! Te puedes acercar.
Kate entró y se sentó en uno de los taburetes de la encimera central.
- ¿Y tú? ¿Preocupado por tu visita de mañana? – Kate.
- Ojalá. – Kate frunció el ceño sin comprenderle bien – Problemas en la empresa.
- Vaya, lo siento.
- Por cierto, ¿si tengo que ir?
- Te acompañaré.
- Así que eres mi sombra oficial. – Richard sonriendo.
- Es otro punto de vista.
- ¿Me vas a tener al tanto de la investigación? – preguntó Richard esperanzado.
- Igual que a tu abuela y al resto de la familia. – contestó Kate seria.
- Yo me refiero al día a día… pistas, sospechosos. – acercándose a ella.
- No creo que sea conveniente. – Kate se tensó al sentirlo tan cerca.
- ¿Soy sospechoso? – lo que comenzó como una broma, se convirtió en una realidad más que tangible. El rostro de Kate la traicionó. - ¿En serio? – Richard frunció el ceño.
- Es el procedimiento. – Kate intentó excusarse.
- Entonces no solo vienes a protegerme… puede que también vengas a buscar pistas para culpabilizarme de todo esto. – Richard dejándole la infusión cerca de sus manos.
- No es así.
- ¿Ah no? Ya, ya sé cómo es esto. ¡Venga! Vienes aquí, intentando mostrar una cercanía que no sientes, porque tienes una estrategia para sonsacarme la verdad. – dijo molesto.
- Entonces… ¿fuiste tú? – acusó, directa, rabiosa por la actitud de él.
- Sí. Yo maté a mis padres y a mis tíos. Y también, apunta esto… he saqueado la empresa familiar. Ya tienes mi confesión. ¿Cuál es el siguiente paso? – Richard le contestó ofendido.
- Creo que el primer paso es que te calmes.
- ¿Qué me calme? ¡Joder Kate! Si de verdad fueses tan buena agente como han dicho, te darías cuenta que, sospechar de mí, es tan absurdo como hacerlo de Alexis. – Richard se levantó del taburete en el que estaba sentado – Mañana tengo psicólogo a las 10 de la mañana y después tengo que ir a la empresa. Buenas noches. Qué descanse, agente Beckett…
Richard salió de la cocina sin dar tiempo suficiente a Kate a poder responder sus palabras. Y, ahí, se quedó ella, moviendo la cuchara en su infusión. ¿Por qué le dolía tanto lo que él pudiese pensar de ella? Apenas lo conocía y hasta ahora se había comportado como un payaso.
Él era sospechoso. Por supuesto. Como podría serlo David o Laurel. Incluso Paula. Pero él contaba con más puntos en contra por el resultado de la herencia. Ese era el procedimiento. Era el que se llevaba en casos similares y no iba a variar por él. Y como sospechoso, tendría que sufrir el interrogatorio establecido. Ahora que lo pensaba, eso tampoco lo había hablado con él. Daba igual. Tendrían tiempo suficiente para hablar de todo. Tenía la intuición que este caso no iba a resultar para nada sencillo. Intuía que, lo que envolvía estas muertes, era algo más complicado que un simple asesinato por dinero o venganza.
