Saludos!
Flannya reportándose!
Cuarta entrega de este fic, "Mi nombre es..."! Y como siempre, quiero agradecer a las personitas que dejan reviews! Que son pocas, pero importantes! :D Mil gracias a: Lady Loba y Natsumipantoja! mil gracias por sus reviews! Por cierto, saludos hasta Bulgaria que por lo visto nos leen hasta allá! :D
En fin, la vez pasada nos quedamos en que María había huido, y de manera milagrosa Antonio la encontro medio muerta en medio de la tormenta. Que pasara en la relación de estos dos? :D Se van a querer como en el 99% de los fics de Papa Toño y Chibi Mex? XD Bueno, mientras eso pasa... MAS DRAMA! Por si no habían tenido suficiente mwahahahahaha!
Espero les guste! :D
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Capítulo 4: Adiós
Ya había pasado mucho tiempo. 6 días. Pero todavía no había mejora alguna.
Antonio estaba desparramado en un sillón y su estado era deplorable. Aunque sus ojos estuvieran abiertos de par en par, vigilantes y siempre atentos, se empezaban a ver algunos rastros de cansancio. Algo de ojeras bajo sus ojos, los labios partidos y secos, sus cabellos mas revueltos de los normal. Sus ropas estaban muy arrugadas y no las habia cambiado.
Y era obvio. No se podía esperar menos de una persona que no había dormido en 6 días. Cualquier otro mortal ya hubiera caído muerto por el cansancio o la inanición. Pero no el. El era el fuerte y poderoso España. Su cuerpo podía resistir esto y mil tormentos mas.
Pero no su hija.
Desde que Antonio encontró a Maria a mitad de la lluvia no había dejado su lado junto a la cama ni por un segundo. Pensó que tal vez seria cosa de uno o dos días y Nueva España estaría mejor. Pero estaba equivocado.
La pequeña seguía enferma, ardiendo en fiebre, sudando día y noche mientras que respiraba con dificultad entre sus labiecitos partidos. Dormía todo el día y solía gemir en sueños, probablemente delirando por la alta temperatura. Cualquiera otra persona ya hubiera muerto y hasta enterrada estaría a estas alturas. Pero Maria al ser una nación, o bueno, una colonia, no enfermaba normalmente y si lo hacia, se recuperaría rápidamente.
Tanto tiempo enferma implicaba que las cosas no estaban bien y por eso afectaba a la pequeña. Era lógico: si algo le pasaba a la colonia o a la gente de ésta las repercusiones las recibía Maria, normalmente en forma de una enfermedad. Así de profunda e intrínseca era la relación entre países y personificaciones humanas: a uno le pasaba algo, el otro mostraba síntomas. Antonio frunció el ceño pues sabía perfectamente lo que estaba sucediendo y porque su hija estaba así.
Una epidemia había azotado a toda la población indígena.
El oji verde se paso una mano por la cara, mientras que daba un suspiro cansado. Los indios no eran nada sanos ni fuertes, y ahora se había soltado una epidemia de viruela. Los españoles, acostumbrados a esas enfermedades podían soportarlas, pero los aztecas estaban cayendo como moscas, sus organismos no habituados a las enfermedades, cientos de cuerpos muertos, tantos que se apilaban por montones en las calles. Eso no ayudaba. Las calles empezaron a llenarse de olores putrefactos y toda la ciudad hedía a muerto y a enfermedad.
Y obviamente... Tanta población enferma y muerta, que era la misma gente de Maria, acabó por enfermarla.
Lo que le preocupaba al español era que dicha epidemia estaba acabando con TODOS los indios.
Y si no hay gente en un país... No hay país en si. Solo un pedazo de tierra, dejando un cuerpo hueco y vacio. La muerte.
La simple idea de que su hija muriera lo atormentaba de tal manera que le impedía cerrar los ojos. Le daba pavor que en la mas pequeña cabeceada fuera a abrir los ojos y su hija ya no fuera a despertar mas. Por eso estaba ahí, despierto, vigilante, atento, viendo el pecho de su hija subir y bajar débilmente. Y si por alguna razón su respiración de pronto era mas apagada, se empezaba a poner histérico y brincaba a la cama a su lado. El sabia que lo que le pasaba a la niña no era sencillo y máxime ella siendo tan pequeña. Seguramente en esa semana que había estado evitándolo ya estaba enferma, y el día de la tormenta cayó inconsciente, agotada y consumida en su arbusto de gladiolas haciéndola inlocalizable. Luego se desató la tormenta y ella siguió ahí, mojándose en el frió, alimentando su enfermedad y dándole una invitación abierta a la muerte. Suerte que la había encontrado pero aun así había la gran posibilidad de que ella muriera si no mejoraba...
Antonio apoyó los codos en las rodillas y hundió la cabeza, agarrándose los cabellos con los puños, frustrado y enojado. En cada rato libre que tenía oraba fervientemente, imploraba por todo lo que fuera santo que la niña se salvara, que se fuera a mejorar, en sin numero de veces pidió que todo el dolor cayera sobre el y no en los pequeños hombros de ella...
Pero por lo visto Dios no escuchaba. En mil ocasiones el español tuvo que morderse la lengua, a punto de maldecir y blasfemar a Dios... Pero se controlaba y sumisamente volvía a orar.
Pero por cuanto tiempo ? Cada día le dolía mas el ver a su hija así, tan reducida y débil... Recordó alguna vez ver al estúpido de Kirkland, moribundo y enfermo por la peste negra hace años... El mismo también enfermó, al igual que la mayoría de los europeos. Pero de los europeos el bastardo inglés fue el peor de todos, al borde del delirio y la muerte. Y aun así, el no estaba tan mal como María.
Un pequeño gemido hizo que el oji verde levantara de golpe la cabeza, y en un segundo se encontró al lado de Nueva España. Se sentó suavemente junto a ella en la mullida cama y le acarició el pelo. La menor, gemía débilmente incongruencias en náhuatl.
"Calma princesa, aquí esta papá... No te esfuerces, descansa..." le dijo suavemente el español.
Tomó un vaso de agua de la mesita de a lado y lo llevó a los labios de la morena. Constantemente le estaba dando agua o caldo, para que siguiera hidratada y nutrida, pero no era suficiente. Ella, por instinto, tomo algunos sorbitos del liquido vital. Cuando termino, abrió un poco los ojos cansinamente. Esto lleno un poco de esperanza al hispano, que acarició la mejilla de la niña con el revés de la mano. Por instinto, ella acercó la cara mas al tacto del español, buscando confort y algo de alivio.
"Princesa...?" preguntó esperanzada el ojiverde. Era la primera vez en días que se mostraba algo consciente.
La menor abrió ligeramente mas los ojos, totalmente nublados por la fiebre. Vago lentamente con la mirada perdida el techo, luego el ventanal, y los pies de su cama, como para cerciorarse de donde estaba. Una vez identificado el cuarto en medio de toda su fiebre giro lentamente los ojos a su derecha y vio, con los ojos medio abiertos por la fatiga,al español.
Su rostro infantil cambio. Antonio vio que mover cada músculo era un esfuerzo titánico para la niña. Aun asi, frunció débilmente el ceño, y volteó levemente la cabeza, huyendo del tacto del europeo, dándose cuenta que la mano que le acariciaba era de el.
"Amo..." murmuró la pequeña, su vocesita casi imperceptible y rasposa.
Antonio no pudo evitar sonreír algo muy dentro de si, sabiendo ya esa palabra negativa en náhatul de tanto que la repetía su hija... Aun al borde de la muerte era testaruda...
"Tranquila princesa, toma agua..." dijo el español mientras que le acercaba el vaso nuevamente.
Maria trato inútilmente de girar la cabeza, alejándose de cualquier cosa que viniera de ese hombre. Pero dándose cuenta de su situación y su mismo cuerpo gritándole que tomara el liquido, alzó levemente la cabeza y acercó los labios al vaso, mientras tomaba agua.
Después de 2 lentos tragos, la pequeña dejo caerse nuevamente en las almohadas blancas y acolchonadas mientras sus ojos se cerraban, agotada de tanto esfuerzo, el ceñito fruncido dejando su rostro mientra caía dormida.
España, por su lado, el estomago hecho un nudo, con la incertidumbre de alguien que no sabe lo que depara el destino, continuo acariciando el cabello de su pequeña, una sonrisa triste en sus labios.
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Maria sentía que le dolían hasta las pestañas. Pese al hecho de haberse despertado no quiso abrir los ojos. Estaba demasiado cansada, demasiado adolorida... Nunca en su vida había estado tan enferma.
Antes, los sacerdotes hubieran sabido que hacer con ella. Los sumos sacerdotes la hubieran sacado a un pedazo fresco de pasto a respirar aire puro, justo cuando salía el sol, para recibir su energía. Mientras, otro sacerdote recogería el fresco rocío. La acostarían de nuevo en un petate y lentamente verterían el rocío en su nariz, mientras un séquito rezaba a Quetzalcoatl...
Había intentado mínimo rezar, ya que la idea de que saliera era inalcanzable, pero sin éxito alguno. Lo que le pasaba era mas grave y aun a su corta edad lo sabia.
Lentamente abrió los ojos, o trato de abrirlos hasta donde sus parpados se lo permitieran. Sentía que tenia piedras en ellos. La luz que se metía por la ventana iluminaba su cuarto. Y pudo ver que al lado de su cama hincado en el piso estaba Antonio. La pequeña frunció levemente el ceño molesta, tanto como sus músculos agotados se lo permitían. Estaba dormido, la cabeza y los brazos recargados en su cama, por lo visto el cansancio lo venció y acabo en esa posición tan incomoda. Pero ella quería que se fuera de ahi.
Trato de moverse bajo las sábanas para huir, esperando que el hombre estuviera lo suficientemente dormido para no despertarlo, pero automáticamente el ojiverde levanto la cabeza. Al ver con algo de lucidez a su hija le sonrió.
"Princesa! No te muevas, yo te acomodo la almohada!" dijo sonriente el europeo.
Maria solo le fulmino con la mirada, aunque la verdad estaba tan débil que lo mas que pudo hacer es fruncir el ceño ligeramente mas. Antonio, acomodo a la niña en medio de los grandes almohadones y la arropo bien con las sabanas. Luego ella vio que tomaba un recipiente con agua de la mesita de lado y exprimió una pequeña toalla con la que después se dispuso a pasarla suavemente por su carita ardiente.
Los ojos de Maria nunca dejaron de ver cada movimiento del europeo que solo sonreía tranquilamente. Esta actitud extrañaba a la niña. Tan cuidadoso y atento... Siempre había sido así, desde que empezó a vivir con el... Pero esta vez vio preocupación en los ojos del mayor desde que desperto. Acaso asi de grave estaba? Y de ser así, no seria mejor? El se libraría de ella, tal como lo hizo con su padre. Entonces, porque estaba tan empecinado en que se recuperara? Porque tanto problema para cuidarla? Porque tanto interés?
La actitud tan amable siempre le pareció molesta a la niña, pero ahora... Ahora lo encontraba extraño. No tenía sentido.
"Ya estas princesa, así la fiebre bajara aunque sea un poco." le dijo el español con una sonrisa mientras que seguía mojando su frente.
Maria de pronto se sintió muy cansada, agotada, y su ceño fue cayendo mientras que cerraba los ojitos. Si, era muy extraño el comportamiento de este hombre blanco pensó mientras que sentía al mayor mojando su cara y sentía que caia sobre ella la obscuridad de el peso del sueño.
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Los parpados seguían igual de pesados que siempre. Cada vez que despertaba era como salir de las profundidades del mar. Ella lo recordaba bien. Le gustaba el de manera algo vaga pero le recordaba a su madre muerta, el gran imperio Maya y como ella le enseño a nadar en el mar. Cada vez que pensaba en ella la recordaba nadando, en las profundidades del mar, su pelo largo y negro flotando revuelto en el agua mientras que su delgado cuerpo moreno se movía con la ligereza y gracia de un delfin. No era inusual verlos nadar junto a ella.
Y así se sentía cada vez al despertar. Como si hubiera estado zambullida a gran profundidad, en total obscuridad, su cuerpo con una extraña ingravidez. Y sentía como, al despertar iba subiendo y subiendo, casi flotando a la luz, como si subiera a la superficie...
Maria abrió los ojitos, igual que varias veces anteriormente. E igual que otras veces se sentía fatal. Todo le dolía, cada mínimo movimiento la cansaba, el cuerpo le pesaba como si estuviera hecha de piedra...
Ya no sabía cuanto tiempo había pasado desde la ultima vez que se despertó... Habían sido días o tan solo instantes? Lo que si pudo ver al reconocer mas los objetos fue que era de día. Probablemente temprano, por que el sol apenas entraba por su ventana. Y como todas las veces, vio ahi sentado en el sillón junto a la cama al español atento como siempre.
El hombre al ver que despertaba, se sentó mas derecho, y miro expectante a la niña. Se veía que ya tenía rato despierto. La pregunta era desde hace cuanto?
Ya por costumbre Maria frunció el ceño como pudo, y ya por costumbre el ojiverde le sonrió dulcemente.
"Buenos días princesa! Como dormiste?" pregunto suavemente el europeo mientras que se levantaba de su lugar y se sentaba junto a ella en su cama.
Ella solo le miro cansadamente. Se había hecho una rutina entre ellos: ella despertaba, el le daba agua o pequeños sorbos de caldo, el le hablaba amorosamente y ella mientras en silencio le miraba enojada, luego ella volvía a dormir a los pocos minutos y caía de nuevo a un abismo obscuro. Lo único que cambiaba, era el aspecto del español. Porque aunque Maria no supiera cuantos días habían pasado, veía como cada vez el ojiverde se veía mas cansado, agotado y desgastado, unas bolsas negras bajo sus ojos por el tiempo en vela, y cada vez mas delgado. Su rostro estaba demacrado y se le veía en exceso sucio. Estaba claro que no se había despegado de la cama ni un segundo.
Pero eso extrañaba cada vez mas a la pequeña. Hubiera preferido que el hombre fuera malo, así no costaría trabajo seguir con su odio permanente. Pero la actitud tan amable y cariñosa de el se le hacia ilógica y la confundía. No era necesario que se quedara día y noche en vela y sin comer solo para ver que estuviera bien. El hombre no tenia necesidad alguna de estar en ese incomodo sillón teniendo una gran cama en su habitación. El no tenia porque molestarse en alimentarla, podía decirle a cualquier criada.
Mientras que Maria pensaba en todo esto, el hombre mayor ya le estaba dando sorbos de caldo. Después de algunas 5 cucharadas que tuvo que obligarse a tragar, la niña le miro directamente a los ojos. Tal fue la dureza de su mirada que el ojiverde detuvo la sexta cucharada en el aire.
"Que pasa princesa?" le pregunto el mayor consternado, leyendo las facciones de su hija.
Maria sentía que de nuevo una fatiga caía sobre ella. Seguramente pronto dormiría de nuevo, pero tenia que saber, aunque eso significara hablar con el hombre blanco en su lengua. Abrió un poco sus labiecitos secos y partidos tomando aire con trabajo. Era un esfuerzo inhumano, pero tenia que preguntarle.
"Por...que...?" pudo decir la niña en apenas un susurro mirando al español, la mirada nublada por la fiebre. No podia formular mas palabras, y esperaba que el le entendiera.
Antonio bajó la cuchara, sorprendido de escuchar a su pequeña hablar en castellano por segunda ocasión. Rápidamente entendió lo que ella le preguntaba: porque hacia esto por ella. No pudo evitar sonreír. Con toda la dulzura paternal que tenia, le acarició suavemente el cabello y se inclino para darle un beso en la frente. Dichas acciones sorprendieron de sobremanera a la niña, pero nada la preparo para lo que iba a escuchar.
"Porque te amo princesa, y siempre te voy a proteger y cuidar." le dijo España mientras se hacia para atrás y la veía a los ojos con una pequeña sonrisa.
Maria abrió los ojos tanto como pudo en total shock. Y no solo por lo que dijo... Sino por la sinceridad con lo que lo dijo. La niña ahora era un torbellino de sentimientos encontrados, nunca espero que realmente el ojiverde se preocupara por ella.
La pequeña abrió la boca para decir algo, pero fue inútil. Totalmente exhausta por el esfuerzo hecho fue cayendo, de nuevo a la obscuridad, sus parpados cerrándose contra su voluntad, la sonrisa de el en su mente y sus palabras resonando como un eco lejano.
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España se quería morir.
Tres semanas.
Tres malditas semanas.
Y todavía no había mejora.
Estaba sentado en el mismo sillón, aquel que no había dejado desde que su hija enfermo. Estaba inclinado, los codos en las rodillas y sosteniendo la cabeza en la manos, aguantados las ganas de arrancarsela de un tirón.
Estaba al borde de la histeria. Dado a que Maria era la representación de un país, para ahorita ya debería estar recuperada. Pero no. La niña estaba peor. Su pequeña forma estaba casi consumida por la enfermedad y se aferraba a la vida con cada respiro que daba.
Si ella moría...
Antonio apretó los ojos con fuerza y los dientes en ira, tanto que le dolió la cabeza, ahuyentando esos demonios que a diario y a todas horas le atormentaban. NO! NO IBA A MORIR, SU PEQUEÑA NO PODÍA MORIR!
Un sonido suave en las puertas de madera hicieron que el hispano volviera a la realidad.
"Adelante" ordenó el español su voz cansada.
La criada indígena que hacia semanas le había avisado que Maria estaba desaparecida, entro tímidamente. Jugando nerviosamente con el extremo de una de sus trenzas dio dos pasos al frente.
"Ya 'sta todo listo 'pal viaje patrón. Namas 'tan esperándolo 'aste y a la niña." dijo con su peculiar voz baja cantadita.
España no se molesto en mirarla. Solo veía a su hija. Tan frágil e indefensa... Y el tan inútil... De que servia ser el imperio mas poderoso, el imperio donde nunca se oculta el sol si no puede salvar a su hija?
"Patroncito?"
Hasta este momento el europeo vio a la criada que seguía de pie junto a la puerta mirándolo. Vio que la muchacha era joven, unos 15 años tendría, y pese a su aspecto delgado, parecía haberse salvado de la epidemia. Ella le veía con un aspecto temeroso, pero también preocupado.
"Le puedo hacer una preguntita patrón?" pregunto la indígena, casi encogiéndose en su lugar.
Cansadamente el español la miro unos segundos en silencio, y luego asintió.
"A donde se lleva a la niña siñior? Porque no la deja aquí?" preguntó la muchacha jugando nerviosamente con su trenza, su voz algo suplicante.
Eso no sorprendió a España. Normalmente se hubiera molestado por ser cuestionado de sus acciones pero entendía que sucedía. La niña se había ganado el corazón de todos en la casa. Era dulce, cariñosa, tierna y juguetona con todos los criados, y pronto se volvió en su adoración. Solo se mostraba huraña con el. Era obvio que los criados estuvieran preocupados por ella.
Reclinándose en su sillón vio a la criada cansadamente dando un largo suspiro agotado.
"Aquí en la ciudad se respira el aire a muerte y enfermedad. Necesita aire puro y fresco, es mas seguro que en la hacienda de Veracruz encuentre eso y sane." explico el español.
La muchacha asintió, entendiendo las razones y sin objetar mas.
"Patroncito, 'tonces, ya que se lleva a la niña, puedo darle esto?" preguntó la india.
Antonio alzo una ceja sin saber a lo que se refería, y de pronto vio algo en las manos morenas de la india.
Era una pequeña muñeca de manta, con pelo de grueso hilo negro y ojos también de hilo negro. Estaba vestida con lo que era un huipil chiquito blanco a la medida y bordado ricamente con flores de colores como solo los indios sabian hacerlas. Sus pelos de hilo estaban trenzados con listones de colores en dos trenzas y tenia una pequeña boquita de hilo rojo que hacia a la muñeca sonreír. Antonio no pudo evitar sonreír pequeña y tristemente. Era una copia miniatura de su Maria.
El español asintió y la india fue al lado de Maria que dormía. Con mucho cuidado, coloco a la muñeca junto a la niña bajo las cobijas y le acarició dulcemente el pelo mientras le murmuraba algo en náhuatl. Alguna despedida seguramente.
"Muchas gracias siñior." dijo la muchacha mientras que daba una pequeña reverencia y salia de la habitación.
En el silencio de la alcoba, Antonio miro a su hija y luego a la ventana. El cielo estaba de un bonito azul y los pájaros cantaban. Veracruz... Era su ultima opción, sacar a su hija de esta intoxicada ciudad llena de muerte y pedirle a todos los cielos que se aliviara. Porque si no lo hacia... El español no sabría lo que iba a hacer.
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Maria miraba en la obscuridad del cuarto. Era uno de esos raros momentos en los que la enfermedad se replegaba y tenia un poco de lucidez. Pero ella sabia mejor. Sabia que habia pasado mucho tiempo enferma y que no habia mejorado. Sabia, inevitablemente que pronto iba a morir.
La pequeña niña dio un suspiro cansado mientras se sentaba en su mullida y pomposa cama. En la penumbra, apenas iluminada por la luz plateada se la luna pudo ver su nueva habitación... Grande, ricamente amueblada con muebles de madera forrados con costosa tapicería, las cortinas blancas y delgadas para dejar pasar la brisa nocturna. Y el español tirado en un sillón, junto a ella.
Por primera vez, Maria se detuvo a observarlo bien. Estaba dormido. De hecho las ultimas ocasiones en las que había despertado estaba dormido o cabezeando. Y como no estarlo. Su estado era lastimoso. Era la mitad del hombre que la niña recordaba. Es como si se hubiera encogido. Sus ropas ahora le quedaban holgadas por la inanición a la que se estaba sometiendo y su piel una vez rosada y suave ahora estaba seca, pálida y agrietada. El brillo de su cabello se había ido y se le veía exhausto, como si no quisiera tomar alimento alguno o descanso hasta que ella se aliviara.
Una pequeña culpa se instaló en el pecho de la niña. Tampoco quería ver así al una vez fuerte ojoverde. No es que le importara claro! Ella lo odiaba! Pero cada día que pasaba y seguía viendo al español a su lado, constante, preocupado y angustiado por ella dudaba cada vez mas de sus sentimientos hacia el. Y podía escuchar claramente en su cabeza una y otra vez la frase que le dijo:
"te amo princesa y siempre te voy a proteger y cuidar".
Maria estaba confundida. Por una parte quería odiar al español, después de todo lo sucedido tenia que hacerlo. Pero por otra había algo que su inocencia y nobleza infantil no se le permitía. El modo en el que la cuidaba, que le hablaba dulcemente, como le miraba y trataba con sumo cuidado y cariño... Poco a poco el español se había ido ganando a la niña sin que ella supiera, y ahora ella no sabia definir bien su actitud para con el.
Un rencor dentro de ella surgió de pronto, haciéndola fruncir el ceño. No! El era el enemigo! Por el ella estaba así!
Totalmente agotada, la pequeña miro la ventana y suavemente escucho la quietud de la noche: los insectos nocturnos y su interminable cantar, las hojas meciéndose por el aire, el aroma salino, las olas rompiendo en la arena...
La niña abrió los ojos de gran manera al percatarse de lo ultimo. El mar! Estaban cerca del mar!
Una fuerte ola de dolor y cansancio cubrió a Maria, que tuvo que respirar tranquilamente y apretar los ojos hasta que pasara. Cuando los abrió, sabía que no tenía mucho tiempo, iba a morir irremediablemente. Y pronto.
No tenía miedo, de hecho la idea la acariciaba de cierta manera. Pronto, muy pronto moriría, y se convertiría en colibrí como sus padres y volaría y volaría hacia el Sol. La idea no sonaba tan mal...
Pero no quería morir ahí. No en esta habitación, olvidada y consumida en una cama, comida por la enfermedad. No de esta manera.
De nuevo escucho el romper de las olas... El mar estaba cerca, muy cerca. Le llamaba una y otra vez con cada sonido, que se acercara, que fuera a las profundidades, que durmiera profunda y eternamente en la obscuridad del mar y se cobijara con su frío manto de agua...
Con una nueva determinación infantil, Maria lo decidió. Si iba a morir, sería en el mar, donde su cuerpo seria llevado a las profundidades del Xibalba. Y renacería después como colibrí.
Tomando todas las fuerzas posibles, lentamente muy lentamente, se fue jalando de las sábanas hasta llegar al borde de la cama. Suavemente y agarrándose con todo y sabanas, se dejo caer lentamente al suelo, donde cayó suavemente envuelta en sus sabanas y sin hacer el menor sonido. Una vez sentada en el frío piso de madera, Maria miro al español, pero este estaba totalmente agotado y seguía durmiendo.
La pequeña estaba sudando. El esfuerzo era demasiado, pero su idea de morir era mayor. No tenia miedo, sus padres jamas la enseñaron a eso. Siempre le inculcaron que era un viaje mas... Un viaje al cual estaba preparada.
Tmándose del colchón con sus manitas, lentamente y dando pasos torpes, Maria camino por todo lo largo de la cama una de las sabanas todavía en mano. Era un ritmo lento y tortuoso, pronto la niña estaba cubierta de sudor y respirando agitadamente, pero se movía en total silencio hasta llegar al otro lado de la habitación.
Con pasos temblorosos, Mexico se tomo del marco de la ventana que apenas alcanzaba y se recargó en la pared. Cerró sus ojitos, sintiendo el corazón palpitandole en la garganta y la cabeza. Era tan fuerte el sonido que la niña juraba que el mayor se iba a despertar. Pero cuando abrió los ojos lo vio en la misma posición en la que estaba: desparramado en el sillón, con un brazo colgando y las piernas extendidas, la cabeza sobre el pecho y durmiendo el sueño de alguien que no ha dormido semanas.
Con una pequeña sonrisa triunfal, Maria volvió la vista a la ventana y parándose de puntitas, alargo su manita y suavemente la empujo. La ventana de marco de madera y cristales suavemente se abrió sin hacer ruido alguno. Automáticamente un dulce aroma de selva le pego en la cara y le lleno los pulmones. La pequeña se permitió cerrar los ojos y aspirar hondamente, tomando fuerzas del aroma a madre selva y rocío, mezclado con sal y arena. Ese aroma le recordaba a su madre ya fallecida...
A lo lejos, un jaguar rugió, rompiendo con el cantar sincronizado de los insectos. Maria volvió a reaccionar. Por la posición de la luna todavía faltaban horas para amanecer y el mar no estaba lejos. Para cuando el español despertara, ella ya no estaría en este mundo.
Con pocas energías renovadas, la niña agarro la cortina blanca y jaló un poco de ella. Al ver que sostenía su peso la tomo con fuerza y trepo levemente hasta poder asirse del alféizar de la ventana. retorciéndose como una orugita, se trepo por el marco hasta estar sentada en este, las piernas afueras y la espalda ala habitación. Estaba mareada por el esfuerzo, estaba increíblemente débil, sentía que se iba a desmayar... Pero el solo sentir la brisa y ver que estaba tan cerca de su libertad le animo. Miro hacia abajo y sonrió. Por fortuna la casa era de un piso y la altura no era nada alta para saltar.
Maria vio que tenia que cruzar el jardín que por fortuna se veía desierto y en total obscuridad y después internarse en la selva que estaba separada por una tosca barda de maderos que fácilmente podía pasar por ellos por debajo. Tal parecía que los dioses le sonreían por primera vez en un largo tiempo. Con una sonrisa cansada, la pequeña se agarró del marco de la ventana, lista para saltar y caer en la suave hierba...
Pero algo la detuvo.
Una presión en su corazón la detuvo. La pequeña se encontró de pronto sentada en la ventana, sus piernitas colgando afuera y sus manos sin querer soltarse.
Maria volteo sobre su hombro y vio al español. El seguía ahí, dormitando. No se veía tranquilo, solo agotado y vencido por un sueño no deseado. Que pasaría en unas horas cuando el despertara y no la encontrara en su cama? Se preocuparía? Iría a buscarla como la vez pasada? Y en dado caso al no encontrarla, lloraría por ella? La extrañaría? Y por que ella estaba tan preocupada por la reacción del español?
Un gran sentimiento de culpa cayó sobre su pequeño corazón. De pronto la idea de dejarlo y huir no era tan buena como sonaba al principio. Ella sabía que le afectaría al hombre, y algo dentro de ella no le gustaba la idea de hacerle sufrir. De hecho ya no encontraba extraña ni molesta su eterna sonrisa y amabilidad, ni su lenguje extraño y rasposo que sonaba tosco y lleno de jotas...
Maria de pronto se encontró con un dilema al ver al acabado hombre. Y se sentía mal por huir. De nuevo un jaguar en la lejanía rugió. La morena giro la cabeza a la selva que se extendía, como respondiendo al llamado del felino... La niña trago difícilmente saliva y apretó los ojos. No sabia que hacer!
Una ola de cansancio la abrumó de pronto de tal manera que casi pierde el equilibrio y por poco cae hacia el frente de cara al jardín. Se agarro con fuerza del marco y se encontró respirando fuertemente.
No. Ella iba a morir. Y moriría como lo hacia su gente. Su verdadera gente.
Maria volteo una ultima vez sobre su hombro a ver al español dormido. No podía evitar sentir algo dentro de su pechito que le incomodaba dejar al pobre hombre en ese estado. Era un sentimiento incomodo, que le molestaba y la dejaba intranquila, como tener una piedrita en el calzado. Pero no había vuelta atrás.
"Anej..." murmuró la pequeña quedamente, y salto fuera de la casa al jardín, perdiéndose tan rápido como le dejaba su enfermedad en la obscuridad de la selva.
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Antonio sintió como pese a tener los ojos cerrados, la luz le molestaba a través de los parpados. Un fuerte dolor en el cuello solo le reafirmaba el hecho de que se había quedado dormido sentado con la cabeza colgando mientras que velaba a Maria.
Mustiando un par de groserias por lo bajo para que su hija no escuchara, se talló los ojos con la mano mientras bostezaba.
"Perdón princesa pero que parece que me he quedado dormido..." empezó el español con una sonrisa en los labios mientras bajaba la mano y parpadeaba un par de veces para acostumbrar la vista.
Pero España se calló a mitad de la oración viendo fijamente la cama.
Nueva España no estaba .
Un gran hoyo se depositó en el estomago del hispano al mismo tiempo que una desesperación ya bien conocida se instalaba en su pecho.
Parpadeo varias veces, para asegurarse que no estaba dormido, y con la esperanza que despertaría y acostadita estaría Maria. Pero no. La cama estaba revuelta y la niña no estaba.
"MARIA!" gritó desesperado Antonio levantándose de un golpe del sillón y lanzándose a la cama, revolviendo inútilmente las sabanas. Nada. Ahí no había nada.
Las puertas de la habitación se abrieron de golpe varios criados en el pasillo amontonados, acudiendo al grito del patrón.
"Patrón, esta usted bien?" le pregunto un indio vestido de pantalones y camisa de manta con una faja roja en la cintura. Tras de el varios sirvientes se agalopaban tras el hombre, también habían escuchado el grito llegaron corriendo a ver que ocurría.
Antonio, que se movía de un lado a otro de la habitación buscando abajo y dentro de los muebles, se volvió a los sirvientes, con una mirada casi loca y perdida, una mano agarrándose los ya muy revueltos cabellos.
"Buscad a la niña! PRONTO!" bramó el ojiverde casi al borde de la histeria.
Los sirvientes no tuvieron que escucharlo dos veces, huyeron despavoridos en todas direcciones, la hacienda llenándose de gritos a los pocos segundos buscando a la menor.
Antonio quería llorar de desesperación. Otra vez... Otra vez su amada hija se había ido...y otra vez su mundo se caía sobre el.
Vio que una de las sabanas estaba tirada cerca de la ventana, y algo negro se asomaba de ellas. Presa de un frenesí inhumano, se lanzó a la sabana con la esperanza de que fuera su pequeña hija.
Pero al removerlas solo encontró la muñeca de manta con la que la niña se dormía y que últimamente le tenia tanto afecto. España dejo caer la cabeza apretando los ojos fuertemente, derrotado y odiándose, llevándose la pequeña muñeca a la frente. Si tan solo no se hubiera dormido... Si tan solo fuera un buen padre...
Una fresca brisa removió sus castaños cabellos haciendo que levantara la vista. Los ojos del oji verde se abrieron de golpe y se paró de un salto, su cabeza trabajando rápidamente. Esa ventana la había cerrado el personalmente la noche anterior...
Rápidamente se asomó por la ventana, casi saliendose por completo, y justo abajo del marco, en el único lugar donde había tierra y no estaba cubierto por hierba, vio un par de pisaditas. El corazón se le fue a la garganta ahora con una leve esperanza, al ver que las pisaditas se alejaban por la hierba e iban dirigidas a...
"La selva..." murmuró España fijando la vista en el denso y amenazador follaje verde, la boca levemente abierta.
Pero como se le había ocurrido a su hija escapar a la selva?!
El sonido de un cañon rompió el aire de la mañana seguido de gritos muy lejanos. Antonio, saliendo un poco de su trance, vio a la lejanía, donde se encontraba el puerto y vio muy a lo lejos con ojos acostumbrados a reconocer objetos a la distancia una bandera negra conocida.
Piratas!
Una ira de pronto surgió del estomago del español y sentía que subía por su garganta, pues conocía esa bandera tan bien como su negro pasado. Kirkland! En que jodido momento se le ocurría atacar su puerto! Antonio soltó una grosería al aire, cabreado por la situación y por que el ingles estaba atacando sin el estar preparado.
Pero en un segundo, la ira se esfumó y un pensamiento mas obscuro y centrado le llego a la mente. Uno que le hizo sentir frió y pánico y súbitamente se encontró sudando frió.
Kirkland estaba atacando sus costas... Y su hija estaba sola en la selva muy cerca del puerto...
"MARIA!" grito desesperado Antonio, presa de un terror indescriptible.
Rápidamente tomo su alabarda que estaba descansando junto a la puerta y en tres pasos cruzo de nuevo la habitación y, saltando por la ventana y hacia la selva, corrió desesperadamente con un nudo en la garganta, esperando encontrar a su hija antes que alguien mas lo hiciera.
Los criados, que entraron de golpe nuevamente a la habitación para dar aviso urgente que el puerto estaba bajo ataque, encontraron el cuarto extrañamente vacio, la ventana abierta y la brisa jugando con las cortinas blancas que juguetonamente se mecían, mientras una pequeña muñeca sonriente de manta con trenzas largas y huipil de flores estaba tirada bajo la ventana.
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CHAN CHAN CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAANNNNNNNNNNNNNNNN!
Hehehe por si no querian mas drama ahí esta su super dosis! y soy tan mala que voy a dejar asi el capi! Ñaca Ñaca! (se retuerce las manos en deleite maquiavelico)
Notas históricas!
- Los españoles trajeron consigo muchos virus y epidemias al Nuevo Mundo. Las epidemias más dañinas fueron las de viruela, entre 1510 y 1520 (el emperador Moctezuma Ilhuicamina murió víctima de ella), el sarampión en 1545 y la peste de 1546. En esta última morían más de cien personas diariamente. En menos de treinta años murieron nueve de cada diez indígenas.
- La peste negra de la cual menciono se enfermó Arthur, alcanzó un punto máximo entre 1347 y 1353. Se extendió por toda Europa pero principalmente afectó a Inglaterra, España, Francia, Alemania e Italia. Fue causa de muerte de 25 millones de personas.
- Amo- "No" en náhuatl.
- El remedio que pongo (sacar a la persona en el amanecer, verter rocío en la nariz mientras esta acostada y rezarle a Quetzalcoatl era el remedio azteca mas común para curar un resfriado XD
- La frase "El imperio donde nunca se oculta el sol" fue acuñada pro Carlos V refiriendose a España en su mas alto esplendor con todas sus colonias por todo el mundo.
-Efectivamente, los aztecas creían que los guerreros al morir se convertían en colibríes y se iban volando al Sol. awwww! :3
- Los mayas por su parte, asociaban al mar y sus profundidades y secretos con el inframundo, mejor conocido como Xibalba. Eso también incluye cenotes.
- Anej- "adios" en náhuatl.
- México era uno de los lugares predilectos para los piratas. Entre los piratas mas famosos en pisar (y saquear) tierras mexicanas fueron Francis Drake, John Hawkins, Henry Morgan, Jean Lafitte, Jean-David Nau "l'Olonnais", Lorencillo, Eduard Mansvelt... la lista sigue y sigue, los lugares predilectos eran Veracruz y Campeche.
Fin de las notas!
En fin, que creen que pase? Aparecerá el anglocejón mas temido de los siete mares? María se convertirá en colibrí y volara al Sol? Antonio encontrara a Maria antes de que se lo coma un jaguar? Porque la muñeca de manta esta tan sonriente?
Todas las respuestas a estas preguntas en el siguiente y ultimo capitulo! Alguien tiene alguna predicción? Reclamos? Sugerencias? Pedidos? Commentarios?
Porfa dejen reviews! muchos muchos reviews! :D (se que están ahi! Piquenle al botoncito de abajo que dice review, y algo mágico aparecera! :D)
Saludos! :D
