Sentía un ligero dolor en el cuello: después de todo, el sillón era peor que una caverna húmeda. O peor que cualquier tortura. Se levantó con mucho pesar, y fue a su habitación, bastante aletargado, para ver a Eileen. Ella no estaba ahí. Bostezó y se acostó en la cama, estaba cansado como nunca. Le preocupó, muy en el fondo, saber que Eileen no se encontraba ahí, pero lo más seguro era que estuviera en el baño, o en el estudio, o afuera. Durmió unos minutos más, ahora plácidamente. Y cuando despertó, Eileen seguía desaparecida. Decidió ir a buscarla al estudio, algo reluctante. De verdad tenía sueño.

Apenas iba a subir, iba casi arrastrando los pies, cuando escuchó unas pisadas que bajaban corriendo las escaleras. Eileen traía entre sus brazos un libro, y se emocionó al ver a Brandon, pese a su adormilado estado.
-¡Buenos días, Brandon! –le saludó enérgicamente-¿Dormiste bien?
-Sí… -mintió; aún se sentía terriblemente adolorido -¿Llevas mucho rato despierta?
-No pude dormir bien, si te soy sincera. Me sentí mal por ocupar tu habitación. La verdad no sé desde qué hora estoy despierta, no me fijé –miró el libro, tenía que excusarse por haberlo tomado –No quería despertarte si encendía la televisión, así que subí y comencé a leer algunos de tus libros. Me interesó éste de mitos de Sinnoh
-Ya veo… -sus ojos se cerraban por unos segundos

Eileen soltó una risita al verlo luchar entre quedarse dormido o quedarse despierto. Pese a su pérdida de memoria, se sentía enérgica, y pensó que esa era su forma de ser.
-Puedes seguir durmiendo, te veo algo raro
-Me pasa seguido en las mañanas –volvió a mentir, y después bostezó –Sólo es cosa de… esperar unos minutos. Además, prometí que te mostraría el lugar. Siempre cumplo mis promesas

Sus palabras le hicieron sonreír automáticamente.

Sus minutos de espera se convirtieron en dos horas. Dos horas que emplearon en desayunar, ducharse y vestirse para salir. La caminata por el sendero entre los árboles fue tranquila, con un refrescante viento en un día soleado.

La primera parada fue la cercana Pirámide Batalla. Eileen la admiró, boquiabierta. Una edificación gigantesca, con un color dorado. Desde donde estaba de pie no alcanzaba a ver la cima. Una explicación sobre la mecánica en batallas siguió. Después de un rato, Eileen se animó a preguntar
-¿Subes eso todos los días?
-No todos los días. Algunas veces uso un pokémon de tipo Volador, y otras veces, muy pocas, la escalo
-Estás loco… -comentó, aún mirando la construcción; él se rió –Quiero ver cómo es adentro ¡entremos juntos!
-Si entramos ahora mismo no tendremos tiempo para ver los otros lugares

Eileen entristeció al escucharlo, pero tenía razón. Parecía un lugar en el que se necesita de mucho tiempo disponible para subir.
-Iremos otro día, no te preocupes –le dijo; ella asintió
-¿Qué lugar veremos ahora?
-¿A qué lugar te gustaría ir?
-Uhh… bueno… el que esté cerca de aquí… según el mapa que vi ayer era… ¿Palacio Batalla?
-Pareces tener muy buena memoria –inmediatamente entendió lo que dijo –No, perdón… no quise decir eso
-No importa –contestó entre risas –No tengo por qué ofenderme, y no tienes por qué disculparte. De hecho, sigue haciéndolo, es bastante gracioso verte exasperado
-Sí… eh… ¿Palacio Batalla? Si caminamos por aquí llegaremos rápido

Se adelantó, bastante apenado por la situación. Eileen iba justo detrás de él, aún riendo por su gracioso desliz léxico. Mientras caminaban, Eileen no perdía tempo para mirar a su alrededor. Veía montones de personas, como si de un parque temático se tratara. Entendió que, básicamente, el Battle Frontier era un tipo de parque de diversiones para entrenadores. Caminó un poco más rápido que él, y se paró frente a su acompañante, deteniendo la caminata.
-Brandon, dices que aquí vienen muchos entrenadores a competir. ¿Tú crees que mis pokémon sean lo suficientemente buenos como para ello?
-Si estás aquí es por eso. Estoy seguro que eres una excelente entrenadora

La mirada de Eileen tuvo un brillo especial en ese momento. La única razón que encontró fue que él la había reconocido como buena entrenadora, pese a no tener ningún pokémon consigo en ese momento. En ese mismo arrebato de felicidad, lo abrazó por sorpresa y con mucha fuerza. Entre todo ese gentío, pocos voltearon a ver o a comentar la escena.
-Ahh… -se dio cuenta de las miradas de los otros –Perdón… no sé… no sé por qué hice eso

Lo soltó lo más rápido que pudo y agachó la cabeza en señal de pena. La gente, casi automáticamente, regresó a sus ocupaciones.
-Ya me ha pasado, no te preocupes –le contestó; Eileen levantó la mirada, algo sorprendida por su respuesta –Te contaré en otro momento, fue algo bastante gracioso

La joven seguía apenada, y no pudo evitar ver a la gente a su alrededor, por si a caso seguían mirándolos. Su nerviosismo era más que notable.
-¿Eh?, ¿Qué te pasa?
-Nada… -miró a lo lejos, y señaló el edificio que vio -¡E-Eso!, ¿Qué es ese lugar?
-¡Ah! Dojo Batalla. Está enfrente del Palacio
-Entonces mentiste cuando dijiste que lo más cercano era Palacio Batalla
-Bueno, soy un ser humano, también me equivoco –su respuesta pareció no convencerla
-¿Quién está encargado del Dojo?
-Greta, por supuesto
-¿Greta? –estaba sorprendida por la revelación –Ah, ya… era de imaginarse, por su ropa
-Ella está ahí todos los días. Más que nada porque puede practicar artes marciales junto a sus pokémon. ¿Quieres ir a verla?

"Pokémon". Esa palabra tenía, en esos momentos, un sabor agridulce.
-No. Mejor sigamos… Todavía quedan más lugares aquí, ¿verdad? ¡Vamos, quiero verlos!

Su energía fue contagiosa, y la necesaria para tenerlos en marcha. Unos minutos más, y estaban cerca de Palacio Batalla. Al estar detrás del edificio, Eileen no pudo ver mucho, y aunque el lugar en sí era majestuoso, en esa aura fastuosa (y a la vez, e irónicamente, humilde), no le importaba mucho. La debida explicación de la dinámica de batalla comenzó pero, por mucha pena que le diera admitirlo, no puso atención después de escuchar que ahí "los pokémon pelean por su entrenador". Era simple: ¿dónde estaban sus queridos pokémon?
-Hey, Eileen, ¿qué tienes?
-¿Por qué preguntas? –sabía que no podía ocultar sus emociones, y menos de él
-No sé cómo seas usualmente, pero no creo que seas el tipo de persona que se queda mirando hacia la nada. Digo, ya sé que justo ayer nos conocimos…
-Uh, no, estoy bien ¡De verdad! –Brandon la miró directo a los ojos; no sólo causó el nerviosismo de Eileen o un rubor en el rostro de la chica: logró hacerla hablar –Bien… la verdad es que sigo preocupada por mis pokémon. Si es que de verdad alguien los robó, esa persona debe seguir aquí. No sé por qué alguien haría eso, ¿por qué arrebatarle a alguien sus queridos pokémon? Y también… si es que esa persona sigue aquí, no puedo recordar quién es, y mucho menos a mis pokémon. Yo sé que de verdad estás intentando, y te lo agradezco. Pero… no sé qué tipo de persona soy en realidad, ¿y si de verdad merecía que robaran a mis pokémon?, ¿Qué tal si yo era una mala persona?
-No creo que hayas sido una mala persona. Sólo fue cuestión de estar en el lugar equivocado
-Tal vez… me gustaría ir a casa… pero no sé dónde queda eso…

Las cosas estaban algo tensas, ambos lo sabían. ¿Qué hacer en ese momento? Brandon tomó la mano de Eileen, y comenzó a caminar a Pirámide Batalla. Su caminar era enérgico, muy rápido. Eileen apenas podía mantener el paso, seguía algo aturdida por lo repentino de la acción.
-Oye, ¿qué haces? –comenzó a jalonearse, pero sin duda alguna Brandon era más fuerte que ella
-Dijiste que querías ver cómo era Pirámide Batalla por dentro, así que…
-Pero dijiste que iríamos otro día –interrumpió
-Cambié de opinión

Después de unos segundos, dejó de jalar, y apretó la mano de su acompañante. Una sonrisa se dibujó en su rostro, y comenzó a caminar al mismo paso que él.

El senderista parecía extrañado al ver a Brandon ese día, y su asombro acrecentó al ver a Eileen. Una mirada pícara fue lo que siguió al ver las entrelazadas manos de la pareja.
-Entonces… ¿es esto una cita?
-¿Cita? –él parecía no entender lo que pasaba; Eileen entendió rápidamente y se apresuró a soltar su mano
-Señor, usted tiene la idea equivocada –Eileen comenzó a defenderse -¡Esto no… no es ninguna cita! ¡Digo… yo no… él no..!

El senderista comenzó a reír. Eileen se puso nerviosa y lo reflejaba perfectamente en sus movimientos y expresiones.
-Chica, era una broma, no te pongas así –dijo finalmente –Si no mal recuerdo, tu nombre es Eileen. Yo soy Vreneli
-¿Vreneli? –repitió ella
-Sí –rió disimuladamente –Tiene nombre de moneda
-Mis padres eran un poco… fanáticos, por así decirlo –miró a Brandon -¿Qué se te ha olvidado?
-Nada. Eileen quiere ver cómo es el lugar
-Ya veo. ¿Seguro que la dejarás ir sola?
-No, irá conmigo
-Entonces es un caso muy especial –Brandon asintió –Bueno, como jefe, puedes hacerlo si quieres

Brandon subió las escaleras; Eileen le siguió, observando el profundo vacío mientras se sostenía fuertemente del pasamano.
-¿Qué hay allá abajo? –Brandon se apoyó en el balaustre para asomarse
-Nada. Si te caes, no podremos rescatarte –Eileen hizo una mueca de terror –Era broma. Pero no hay nada ahí

Continuaron caminando, hasta llegar al final de las escaleras. Había cuatro estatuas, dos en cada lado, y dos braseros, uno en medio de cada par. Eileen corrió a la puerta que parecía ser custodiada por las estatuas.
-¿Es por aquí?
-Sí, cuando pasemos por ahí, estaremos en una penumbra –su emoción era latente -¿Estás lista?

Ya no estaba tan segura de querer ir. Balbuceó un poco, y sin más, fue jalada por el Frontier Brain. Él cerró la puerta de golpe, y en efecto, todo estaba oscuro.

Eileen se agarró de la manga de Brandon, apretando fuertemente la tela. Caminaba con precaución, con cierto temor por caerse o pisar algo que no debiera pisar. En cambio, Brandon estaba sumamente tranquilo, después de todo, éste lugar era suyo.
-¿Puedes ver en la oscuridad?
-No. Es la costumbre. Casi todos los días camino por estos lugares. Aunque los laberintos cambian todos los días…
-¿Cambian? –su voz se escuchaba con cierto tono de sorpresa –La tecnología sí que avanza rápido
-Te explicaré después. Como te decía, aunque los laberintos cambien, aún puedes encontrar una forma de caminar por aquí: los sonidos
-Tal vez para ti sea fácil, debes tener un oído entrenado. Si viniera sola, simplemente me tropezaría con todo –recordó la explicación sobre las reglas de Pirámide Batalla –Ah, pero podría vencer entrenadores para iluminar un poco el lugar, ¿no?
-Así es. ¿Quieres intentarlo? Puedo prestarte a mis pokémon
-Uh… no, estoy bien así… -siguió caminando con sigilo –No puedo creer que yo entré a un lugar como este…
-Estabas en el segundo piso. Si no fuera por mi linterna, te hubiera dejado
-¿Y qué le pasó a eso de que "usas tus oídos"?
-Cuando subo por cuestiones de trabajo, uso la linterna. Pero cuando es por diversión, uso mis sentidos -pausó, como queriendo cambiar el tema –Se está aclarando un poco, estamos cerca de las escaleras

Las siguientes horas estuvieron repletas de comentarios sobre lo oscuro que estaba, y después, cuando llegaron a los últimos pisos, de comparaciones con los posteriores niveles.

Incluso antes de subir las escaleras que los llevarían a la cima el cambio en la coloración del cielo era evidente. Pasó del azul claro a una mezcla entre amarillo, naranja y rojo. Eileen no aguantó las ganas de subir corriendo, y así lo hizo. Las escaleras le guiaron a otra capa de la pirámide, ésta vez al aire libre, al fin estaban en la cima. Corrió una vez más; el escenario a su alrededor era imponente. Desde ahí arriba podía observar la mayoría del Battle Frontier.
-¿Te gusta? –preguntó al verla maravillada; ella sólo pudo asentir –Valió la pena haber dejado de lado mis planes originales, después de todo puedes ver las otras instalaciones desde aquí
-No puedo creer que en un lugar tan alto lleves a cabo batallas pokémon…
-Hay personas que se toman la molestia de subir todo esto sólo para ver la vista desde la cima
-No los juzgo… es impresionante… -sintió como temblaba, el cansancio al fin se estaba apoderando de ella –Necesito sentarme, espero que no esté muy caliente…
-Lo está. Espera un momento… -comenzó a desabrochar su cinturón, y después desabotonó la chaqueta verde. Eileen estaba a punto de cerrar los ojos cuando notó que bajo la chaqueta tenía puesta una camiseta negra; después de unos segundos, le entregó aquella prenda –Puedes sentarte sobre ella, así no sentirás que te estás quemando
-Gracias –la tomó, con un poco de indecisión –Muchas gracias…

Caminó hacia el borde del campo de batalla, se agachó para colocar a su gusto la chaqueta y finalmente se sentó a la orilla. Observó toda el área, embelesada. Brandon se acercó, pareció titubear un rato, pero finalmente se sentó junto a ella.
-Me gusta éste lugar –dijo finalmente –Deberíamos venir juntos otra vez
-Ciertamente. Se siente distinto venir acompañado. No hablamos mucho, pero hubo algo diferente en el recorrido
-Quedémonos un rato aquí –Eileen se apoyó en él casualmente –Por el momento, ¿puedes decirme qué es lo que está allá?

Señaló un edificio en la lejanía. Brandon fijó su vista, y reconoció en seguida el lugar.
-Es Fábrica Batalla –respondió
-Cuéntame de ese lugar –pidió –Tu idea de recorrer el Battle Frontier era interesante, pero prefiero quedarme aquí arriba contigo

Él sonrió y comenzó a describirle las reglas de batalla en la instalación.