Hoy Adrien se sentía realmente deprimido. Había tenido un día horrible, discutió con su padre solo por pedirle permiso para ir a un lugar y no obtener ese permiso. Su padre lo seguía tratando como a un niño, lo privaba de su libertad y no le daba explicaciones. Esa situación ya lo tenía cansado, quería descansar, quería tener libertad y quería un momento de paz, un momento en el cual pudiese hacer lo que él quisiera.

Algo tarde se dio cuenta de que una de sus personalidades sí contaba con la libertad que la otra ansiaba, aunque no del todo. Chat Noir era un superhéroe y contaba con la libertad de salir, eso estaba claro. Pero no podía estar con libertad por las calles, las personas se le acercaban y lo grababan o le pedían fotografías. Tampoco contaba con total libertad.

Ignoró ese detalle y se transformó. Comenzó a saltar entre los techos de París. Disfrutaba con gran alegría la sensación del viento golpeando su rostro. Disfrutó observar a otras personas y simplemente se permitió disfrutar de esa libertad que añoraba, de poder estar fuera sin pedir ninguna especie de permiso. Eso era lo que necesitaba, eso era lo que quería.

Sin saber cómo, llegó al balcón de Marinette. Es que vio a la chica ahí parada y decidió acercarse a ella.

—¿Todo bien, Marinette? —preguntó al pisar el suelo. La chica lo miró dando un salto, lo había visto llegar, pero de todas formas era algo sorprendente.

—Yo estoy bien, ¿y tú? ¿sucedió algo? —necesitaba respuestas rápido, si tenía que transformarse lo haría enseguida. Siempre estaba dispuesta a pelear.

—Nada. Solo estaba patrullando —respondió Chat Noir —. Ya sabes lo difícil que es ser un héroe, es demasiado trabajo. Pero yo puedo contra todo —comenzó a golpear el aire, de modo heroico.

—Ya quisiera saber lo que es ser una heroína —respondió Marinette con tono soñador. Tenía que hacerse la desentendida. Era divertido, siempre se preguntaba cuál sería la reacción de su gatito al descubrir que después de todo, sí conocía a su amada Ladybug.

—Nunca se sabe —respondió Chat Noir.

Chat Noir notó que la chica sostenía entre sus manos una pulsera. Y esa no era cualquier pulsera, era la que él le había dado como regalo de cumpleaños.

¡Cielos! ¡el cumpleaños de Marinette había sido el mejor! Una abuela akumatizada, eso fue tan divertido. Además, el poder de Befana era muy divertido. Lo mejor era como cantaba y que tanto él como su Lady tuvieron la oportunidad de cantar. Definitivamente no olvidaría ese día.

Aunque su cumpleaños también había sido divertido, solo que algo forzado, aunque claro, Nino tuvo buenas intenciones. Y gracias a él, pudo estar encerrado junto a su Lady en una burbuja.

—¿Y esa pulsera? —preguntó haciéndose el tonto.

—Es una pulsera especial, me la regaló alguien muy importante para mí —Chat Noir se sonrojó, no pudo evitarlo.

—¿Un muy buen amigo, no?

—Claro —respondió ella volviendo a la normalidad. No quería dejar en evidencia sus sentimientos, sabía lo bromista que Chat Noir podía llegar a ser, no quería que supiera su secreto.

Chat Noir estaba pensando en que necesitaba ser libre, no quería volver a su casa. Por lo que decidió que pasar tiempo con Marinette podría ser una buena opción. Aunque bien sabía que no podía dar información sobre su verdadera identidad, pero sí tenía un plan.

—¿Sabes? En poco tiempo será mi cumpleaños, y me encantaría poder celebrarlo. Pero como te imaginas, no podré venir aquí en mí forma civil y tampoco en la forma heroica... —comentó él.

Marinette parpadeó confundida.

¿Cómo podía ser que su gatito no le haya contado eso a Ladybug? ¿y por qué se lo decía a Marinette primero? ¿qué pasaba si quería pasar algo de tiempo con ella? ¡Ay, no!

Chat bajó la mirada ante esa reacción, había arruinado el momento, lo sabía.

—Marinette, no...

—¡Espera aquí!

Marinette bajó las escaleras corriendo. Llegó junto a sus padres que estaban en el comedor, la miraron de modo extraño, no parecía ser la misma de siempre.

—¡Papá! ¿recuerdas a Chat Noir? Bueno, ¿cómo no? ¡es un superhéroe y toda la casa! Pues resulta que pronto será su cumpleaños, pero ese día no puede venir y ¡él está aquí ahora! Entonces, me preguntaba si... ¿podríamos comer con él? ¡por favor! —dijo todo de modo atropellado.

Sabine y Tom compartieron una mirada que contenía diversión y confusión. Luego miraron a su hija.

—Te llamaremos en un momento —informó Sabine.

Marinette volvió junto a su Gatito y lo entretuvo contándole su día escolar. Le contó que había tenido problemas con una chica, porque quería robar uno de sus diseños y hacerlo pasar como propio, y que había tenido ciertos problemas al seguir siendo ignorada por un chico de su colegio.

Adrien internamente se prometió que pondría más atención en Marinette, si a ella le gustaba alguien, él la ayudaría con eso.

Cuando Sabine llamó a su hija, ella lo convenció de bajar con ella. Eso hizo, aunque algo temeroso. Parecía que después de la akumatización de Tom todo estaba bien entre ellos, pero aún no estaba completamente seguro.

De todas formas, se sorprendió con lo que encontró al llegar al comedor.

—¡Feliz cumpleaños! —gritaron los adultos. Marinette se unió. Chat se quedó boquiabierto, eso era increíble.

—Ven, hijo —lo invitó Tom.

—Hicimos un pastel casero, esperamos que te guste el chocolate —dijo Sabine.

Se sentaron todos. Estuvieron reunidos, hablaron de muchos temas distintos, incluso de lo que es ser un superhéroe. Le desearon lo mejor, le dijeron que era increíble.

Adrien finalmente entendió lo que era estar en familia, compartir momentos con personas increíbles. Ese era el mejor falso cumpleaños de todos y todo se lo debía a Marinette. Esa chica era asombrosa.