Sé que debería haber subido capítulo el domingo de la semana pasada pero se me olvidó completamente. Así que pondré uno hoy y el siguiente mañana (así como un one-shot aparte de este). Y nada más, espero disfrutéis el capítulo aunque todavía queda un poco para que llegue el sexo y esas cosas. Nada más que añadir, señoría.


Capítulo

IV

Indecisión.

In fact, I am a weak and deplorable living being –Devilish of the punk (BORN)

De repente Shiroyama se encuentra delante de mí. No sé cómo he llegado hasta aquí. Sus ojos me recorren de arriba abajo. Busca algo en la profundidad de mi mirada. Yo no puedo moverme ni reaccionar y a duras penas consigo tragar saliva. Mi libido se activa cuando sus manos apartan el pelo de su cara. El chico sonríe con picardía.

Cuando abre la boca todo lo que libera es silencio, a pesar de ello su voz inunda mi oído izquierdo. No entiendo lo que me dice pero sea lo que sea hace que mi deseo se haga más fuerte. Comienza a ser imposible retener mi impulso de acercarme a él y besarle.

Se acerca. Está enfrente de mí, tan cerca pero a la vez tan lejos. Alzo una mano, no consigo tocarle, lo atravieso como si estuviera hecho de humo.

Momentos después estoy tumbada sobre algo cálido y suave. Las sábanas de una cama deshecha me sostienen. No llevo nada, nada me cubre, estoy completamente indefensa y desnuda. Shiroyama aparece desde un lugar en sobras de la habitación y al llegar hasta mí se tumba encima. Vuelvo a no poder moverme, aunque esta vez no lo deseo. No intento tocarlo, pues sé en mi interior que acabaré por atravesarle de nuevo. Solo él puede tocarme. Primero pasa su mano por mi cuello, acaricia mi brazo, una ardiente sensación brota de mis brazos, de mi cuerpo entero al ser tocada por la punta de sus dedos. El sudor, causado por el calor que siento, comienza a ser pesado.

Shiroyama llega a mi vientre, se detiene ahí durante un buen rato, y después poco a poco baja, con cuidado. Un inmenso placer recorre mi cuerpo entero, agarro con mis manos las sábanas con fuerza. Mi espalda se curva y mi cabeza mira al techo pero mis ojos se mantienen cerrados.

El placer ha sido tal y tan real que me despierto inmediatamente del sueño. Sorprendentemente sigue ahí. Durante algo más de cuatro minutos aún siento los dedos de él ahí abajo. El sonido de mi teléfono móvil me asusta y corta todo de repente. Supongo que es Uke el que llama así que no pregunto y pronuncio el nombre de mi amigo. Pero el que está en la otra línea del teléfono no es quien yo creo. Al oír su voz casi consigue que me dé un infarto y me pongo nerviosa a causa del sueño que acabo de tener. Me tengo que convencer a mí misma que él no sabe nada aunque debería ser obvio.

-¿Tan temprano y ya estás pensando en Uke? –me pregunta algo molesto.

-Shiroyama… ¿Para qué se supone que me has llamado? –le digo recordando de repente que estoy molesta con él y aparto el recuerdo del sueño de mi mente durante un momento.

-Quería disculparme por mi comportamiento de ayer. No fue correcto, y no debí decir eso. Me caes bien, Akiko. Realmente intentaba animarte, pero me equivoqué de resultado y antes de darme cuenta de ello no había marcha atrás. No suelo ser así, lo juro, pero contigo todo me sale fácilmente, y no tenía intención de hacerte daño. Luego Uke salió detrás de ti, creí que te haría volver, y cuando te abrazó entonces supe que ya no podía hacer nada. Estoy muy, muy arrepentido de lo que hice, lo digo en serio.

-Shiro-kun… -suspiro. Realmente se nota que lo siente mucho, pero yo no puedo creerle, no es esa mi naturaleza, tengo que comprobar que lo que dice es verdad antes de tomar una decisión-. ¿Cómo puedo saber si es cierto todo esto que me estás contando? ¿Cómo puedo considerarte un amigo después de esto?

-Si hay algo que pueda hacer… ¿preguntas? Lo que sea para conseguir que me perdones.

-No sé si lo hay… -me quedo dudando en qué le puedo pedir.

-Puedo hacer cualquier cosa, no me importa que sea vergonzoso –añade, y en cierto modo entiendo que ha sido algo difícil para él pronunciar esas palabras.

-¿Puedes pedirme perdón de forma pública? Con gente a nuestro alrededor, quiero decir –es lo único que se me ocurre.

-Este miércoles tenemos una actuación, puedo preparar algo si quieres.

En cierto modo me da miedo lo que llegue a hacer, pero confío en su palabra de que no va a ser nada vergonzoso, al menos no para mí.

Nada más acabar de hablar con Shiroyama llaman al timbre, cuando salgo a abrir me encuentro a Uke con cara de preocupado. Lleva algo en la mano. Al ver que parezco algo más contenta sonríe.

-¿Qué ha ocurrido que estás tan contenta? –pregunta mientras me da lo que ha traído, entra y se quita las zapatillas y la chaqueta.

Parece que hoy vuelve a hacer frío. Es demasiado extraño pues es casi julio y el calor debería impregnar el ambiente.

-Yama-kun ha llamado –Uke me mira sorprendido-. Va a preparar algo y me pedirá perdón de forma pública este miércoles cuando toquéis.

-Supongo que Takanori le dijo ayer que se había pasado. Pero, me alegro por ti.

Realmente no le veo muy animado, así que poso mi mirada en su rostro y él lo aparta inmediatamente. Definitivamente algo le pasa y no está feliz.

-Uke-san, ¿pasa algo?

-Nada, ¿por? –dice cuando ya se ha recuperado un poco mientras me mira y sonríe-. Me alegro por ti de verdad.

-¿Pero?

-Espero que no te vuelva a hacer llorar porque entonces no seré responsable de mis actos.

Esto me asusta un poco. No parece propio de él decir esta clase de cosas, y en cierto modo hace que me sienta mal por no sentir por él lo mismo que Yutaka siente por mí.

-Es un obento –me dice refiriéndose al paquete envuelto en tela morada que ha traído.

Lo abro y no puedo evitar también abrir mi boca. Dentro hay arroz con curry, así como un montón de cosas que no conozco pero que tienen muy buena pinta.

-¿Lo has hecho tú? –pregunto y él asiente-. ¡Vaya!, tiene que saber genial.

-Pues pruébalo –me invita tendiéndome unos palillos chinos.

Decido probar una de las cosas desconocidas para mí y que parece algún tipo de carne con verduras. Los sabores se revuelven en mi boca, está más que genial, ¡está delicioso!

-Dios y Buda –exclamo y el moreno sonríe-. Uke-san, cásate conmigo, por favor.

Ahora ríe con energía aunque no con felicidad, es más bien una risa hueca que debe doler, mucho.

-Si tú no estuvieras loca por Shiroyama y él no sintiera lo mismo por ti…

Un silencio incómodo nace entre nosotros como una flor a velocidad escalofriante y dolorosa. El silencio no solo es incómodo, también está siendo triste e incluso depresivo. Es un silencio denso. Cuando es roto por el sonido del timbre ambos suspiramos aliviados. Voy a abrir. Es Takanori. Su pelo rubio teñido está mojado así como parte de su ropa negra. Y saluda:

-Buenos días, preciosa, Yuta-chan.

-Yo ya me iba –dice Uke, se pone los zapatos que descansan en la entrada y se marcha sin dirigirme la palabra.

Lo observo marcharse sin acertar a decir nada tampoco. Takanori lo sigue con la cabeza, no entiende lo que acaba de ocurrir así que me mira buscando un poco de ayuda para encontrar la respuesta correcta. Le hago un ademán para que entre y cierre la puerta. Él lo hace, se quita los zapatos y se sienta en el suelo de mi salón-habitación. Le doy una toalla para que se seque el pelo, aún no tengo secador.

-¿Qué le pasaba a Yuta? –pregunta.

-Le gusto –se me hace raro decir eso. Nunca le he llegado a gustar a nadie, es la primera vez que me pasa y ni siquiera sabía que esto fuera posible tan siquiera.

-Pues ya son dos.

Le miro. ¿Dos? A Uke-san y a… No, la respuesta no puede ser Shiroyama. Es tan clara que mi cerebro se niega a aceptarla ya que esto es aún más imposible. No entiendo qué es lo que está ocurriendo. Hoy está siendo uno de los días más raros de toda mi vida, y mira que los he tenido raros en cantidades como puños.

Mi amigo rubio se ríe por mi expresión.

-¿Shiroyama? ¿Por qué te crees que te trata de ese modo? Para convencerse a sí mismo de que no siente nada. Siempre hace igual cuando cree que la otra persona no le corresponde y está enamorada de otro. Pero acaba haciendo daño en el proceso –muevo la cabeza incómoda por alguna razón que desconozco-. Aunque veo que esta vez no es así, también lo amas, ¿verdad? Por eso Uke se ha ido molesto. Él lo sabe.

Asiento a eso último. Asimilo la información, a continuación. Lo que Takanori acaba de decirme tiene sentido, demasiado. De todos modos, a mi parecer, toda esta historia tiene un pequeño, minúsculo, fallo. Y ese fallo en la ecuación soy yo.

Decido cambiar de tema. Me siento incómoda con este.

-¿Para qué has venido, Matsumoto-kun?

-Nos tenías preocupados, Akiko. Huiste ayer con Uke sin despediros tan siquiera. Hablamos con Yama-san, le dijimos que se había pasado contigo, pero él ya se había dado cuenta el solo. A veces es inteligente –es una pequeña pulla que pasa, al principio, desapercibida-. Luego Akira le pegó por haber sido tan idiota, y Kouyou le llamó de todo. Yuu realmente parecía arrepentido por todo, no te lo diría si no fuera verdad. A ese hombre le importas demasiado… Y veo que a Uke también.

Lo dice mirando al obento olvidado en mi cocina. Yo me coloco roja. Takanori se ríe.

El tema ha vuelto a su cauce inicial que tanto empeño he tenido en desviar.

-No te preocupes. Uke es un buen perdedor. Aceptará lo que tú decidas con tal de que seas feliz, Shiroyama es un amante estupendo por lo que he oído.

Me sonríe. Me está vendiendo bien a sus dos amigos, y eso consigue hacerme sacar una pequeña y casi imperceptible sonrisa.

-Por cierto –sigue diciendo pero esta vez cambiando el tema de conversación de una vez por todas-, no venía solo a hablarte del idiota de mi amigo. Sé que con lo que te paga Jun no te da para mucho, y esta ciudad es bien cara. Donde yo trabajo ha habido una baja y necesitan a alguien que se encargue de las entrevistas a grupos de música que no saben japonés, y he pensado en ti.

-¿E-enserio? –realmente no sé qué decir a aquello.

Me había entristecido un poco el haber tenido que dejar mi pequeño trabajo como escritora el mes pasado, y llevo desde entonces buscando otro modo de tener ingresos en el banco, a parte del dinero de las clases de inglés a mi amigo.

-Por supuesto que es enserio, hermosa. ¿Qué te parece? –le digo que sí entusiasmada y demasiado agradecida-. Kouyou es quien se encarga de las entrevistas, y debes "pasarla". Así que la tienes este miércoles a las doce de la mañana.

-Muchas gracias, Takanori.

-No me las des y ¡gambare!

-Hai.

Después de esta conversación se va, pues tiene cosas que hacer y me deja sola. Al despedir al rubio me doy cuenta de que Uke se ha olvidado su chaqueta en el colgador que tengo en la entrada. Me la quedo mirando pensando en qué hacer con ella. Debería llevársela a casa y así disculparme con él, pero tengo miedo de su posible reacción. Decido que se la voy a dar el día de la entrevista, cuando las cosas se hayan enfriado un poco entre nosotros dos.

El resto del día lo paso ocupada haciendo cosas. Limpio mi pequeño apartamento. Hago un poco de compra abajo en el 7-11. A mediodía me acabo el obento que Uke ha hecho expresamente para mí, realmente está todo delicioso. Y recojo la colada en el piso de abajo mientras escucho KPop para no pensar demasiado y bailo como estúpida con algunas de las canciones a pesar de estar "deprimida" y dándole demasiadas vueltas en mi mente a mis pensamientos. Hasta creo que he cantado en alto en algún momento.

No puedo depender de ningún hombre por mucho que le quiera y piense que lo necesito para vivir. Nunca he dependido de ninguno y ahora tampoco lo voy a hacer. Además, va a acabar sucediendo lo que tenga que suceder quiera o no. Lo mejor es que siga con mi vida como hasta ahora, aunque duela.

Continúo recogiendo la colada bailando al ritmo de la música, y cuando me doy la vuelta casi me da un infarto, Chiba está detrás de mí y me mira divertido, Takeru está con él.

Me quito los auriculares demasiado alterada y extasiada por la canción que estaba escuchando como para sentir vergüenza justo ahora.

-¿Qué hacéis aquí los dos? –pregunto y ellos no me hacen caso.

Ambos me miran mientras mantienen sus codos izquierdos apoyados en los brazos derechos, y sus manos sujetan sus cabezas por las barbillas y hacen un ruido pensativo. Takeru es el primero que dice algo, le habla al más bajito de los dos, claramente quiere que yo también le oiga.

-¿Qué puntuación le damos?

-Humm… -le sigue la corriente Jun-. No sé… Creo que el culo lo movía demasiado, pero por otro lado me gustan los culos…

-Sí, a mí me pasa igual. Lo que rompía el efecto hipnótico era su forma de cantar, no solo se estaba inventando la letra sino que estaba también destrozando melódicamente la canción.

-Vale, vale. Lo capto –les digo-. No debo cantar más en alto. ¿Qué es lo que ocurre?

-Veníamos a ver qué tal estabas, los chicos nos contaron lo que pasó ayer… -comienza Jun a hablar.

-Pero ya vemos que estás más que perfecta –acaba Takeru.

-Pues gracias por preocuparos, y ahora si me disculpáis –y me marcho escaleras arriba cantando en bajo-: Ano toki kou toka ima kara demo toka kazoe agereba kiri ga nai koto wakatteru dakedo…