¿Alguien quiere regalarme un aire acondicionado? God, siento que soy el sudor andando. Y esto no tiene absolutamente nada que ver con el capítulo pero el calor no me deja pensar (?) Perdón por tardar~ Dx ¡Espero que les guste! :3 Muchísimas gracias por los comentarios, hacen feliz a una escritora~
III
Los días pasaron, y Estados Unidos cada vez estaba más encantado, al igual que lo estaba Inglaterra. Sólo que la definición de "encantado" era distinta para ambos.
La mayor parte de su tiempo, el británico se la pasaba en casa del estadounidense. Miraban televisión, preparaban comida -o lo intentaban al menos-, iban al cine, salían a comer, jugaban videojuegos, o simplemente pasaban horas y horas recostados en la cama, abrazados y hablando de cualquier cosa que a ambos se le viniera a la mente.
¿Cómo no iba a estar encantado el menor, si estaba teniendo la fantasía romántica que lo acompañó por tanto tiempo?
Sin embargo, las cosas comenzaron a parecerles extrañas, y poco a poco, aquella excitación diaria iba desapareciendo para dar lugar a un sentimiento que no era capaz de comprender. Sentimiento que acabó de desarrollarse cuando, dos semanas después de haber pedido su deseo, se convocó a una Conferencia Mundial.
El tema a discutir era el Desempleo y los Desocupados. El lugar donde la Conferencia se llevaría a cabo, era la casa de Alemania. A pesar de eso, quien tomó la palabra fue Estados Unidos, adelantándose a cualquier cosa que el alemán pudiera llegar a sugerir.
–¡Hagamos más locales de comida rápida! -alzó su mano, apuntando hacia el cielo, como buena pose de héroe-. ¡Si creamos montones de locales más, muchas personas tendrán trabajo y muchos otros podrán mantener sus estómagos llenos! ¡Es una idea perfecta! Y por supuesto que no aceptaré opiniones contrarias.
Más de uno hizo una mueca y quiso responder, pero todos estaban esperando a que sea Inglaterra quien lo hiciera. Así era la secuencia, Estados Unidos proponía algo, Inglaterra daba su rotundo no, ¡Como en toda Conferencia!
Y a pesar de ello, la mirada de enamorado que mantenía el inglés sobre quien acababa de hablar hacía pensar a muchos que éste no diría nada. Era incómodo ver la sonrisa sutil en los labios de la isla y el brillo de sus ojos.
Luego de unos momentos, quien tomó la palabra fue Francia.
–Esa idea es completamente tonta, États-Unis, queremos acabar con el desempleo, no fomentar el sobrepeso, ¡Apenas te queda la ropa en este momento! -le criticó como siempre hacía, haciendo que el aludido inflara sus cachetes y el británico riese por lo adorable que su pareja se veía. Todos lo oyeron, todos lo vieron y todos se asustaron también.
–So cute -murmuró para sí mismo el inglés, ignorando al resto.
–Erm... England -ahora, quien se puso de pie, fue Alemania, con su mirada y su voz siempre severos. El nombrado se volteó hacia él sin prestar casi nada de atención-. No sé qué te ocurra, pero tú eres de los que más debería estar opinando con respecto a esto. En las últimas dos semanas tu casa ha estado bastante desatendida.
La mirada verdosa del principal país industrializado se mantuvo sobre el alemán durante unos pocos minutos más, y luego volvió al americano, como si nunca le hubiese prestado atención a lo que el otro le decía, y probablemente así fue.
Esta reacción sorprendió a más de uno, pero también comenzó a impacientar a otros, como a Suiza, que estaba pensando que aquella Conferencia empezaba a desviarse del tema como siempre lo hacía.
–¡Yo creo que deberíamos dedicarnos en el negocio de las producciones en masa, aru! ¡Ropa, muñecos, adornos, aru! Así todos tendrían trabajo y el negocio sería mucho más productivo, aru -dijo con una sonrisa suficiente y cruzándose de brazos.
–¡La culpa de toda la desocupación la tienes tú, bastardo! -gritó inmediatamente Italia Romano-. ¡Tú y tu jodida sobrepoblación! ¡Si hubiesen menos hijos de puta rondando este puñetero planeta no habría tanta mierda de desocupados!
–Tipo, como que yo creo que la culpa en realidad es de Japón -hablaba el polaco, balanceándose en su asiento-. Con todas sus nuevas maquinitas de colores raros, ¡O sea, como que sus hologramas son extremadamente cool y hasta yo querría tener las piernas de Miku pero, tipo, hasta los cantantes se quedan sin trabajo!
–E-Etto...Yo... Sumimasen -se disculpó la nación asiática con una leve reverencia.
–Vee~ ¡Yo quiero pasta! Germania, ¿Cuándo toca el descanso?
–...¿Descanso? ¡Concéntrate, Italien! -le habló/gritó el más alto-. ¡La reunión recién comienza! -lo reprendió, mientras el castaño retrocedía con una mueca asustada y dejaba salir un pequeño "ve~"
Así, diversas discusiones comenzaron a llevarse acabo en la sala y la tranquilidad desapareció con la misma rapidez de siempre. Sólo unas pocas personas se mantuvieron tranquilos, observando divertidos, o molestos, las discusiones de los demás. Entre ellos, extrañamente se encontraban Estados Unidos, Inglaterra, y por consiguiente su eterno rival, Francia, que lejos de quedarse sentado esperando a que la isla le dirigiera cualquier comentario agresivo (a pesar de preocuparse porque éste no se dio en todo lo que iba de la mañana), decidió ir a hacerle algo de compañía a Canadá, a quien todos ignoraban cuando pedía orden.
Estados Unidos observó al ojiverde con una mínima mirada de incomodidad. Él continuaba sonriendo, sin prestar atención al desastre a su alrededor.
No había discutido con nadie en todo el día. No se había separado de él en todo el día. No oyó a nadie en todo el día. Los ignoró absolutamente a todos y no observó a nadie más que no fuese el americano. No insultó por el alboroto, no alzó la voz, no golpeó la mesa, ni siquiera se había tomado la molestia de prepararse un té porque no quería desprenderse del estadounidense...
Estados Unidos respiró hondo, con pesadez y aburrimiento, desviando su mirada hacia un costado durante unos breves momentos. Inglaterra se preocupó ante la acción, preguntándose a sí mismo que le ocurría a su amor. El menor, mientras tanto, pensaba en cuanto extrañaba el ceño fruncido del inglés malhumorado del que se había enamorado. Tal vez ese extraño sentimiento en su pecho, no era más que nostalgia.
