Nota: Esta parte se enfoca en narrar el pasado de Candy
CAPÍTULO 3: TÚ ME SALVASTE
Parte 2
El viaje había sido bastante tranquilo y, aunque ninguno de los dos hablo demasiado, no se sintieron incómodos con el silencio, al contrario Candy y Terry agradecieron internamente ese momento, para disfrutar de la compañía de alguien... un amigo...
Al llegar a Londres se dirigieron a un hote , Terry dejo a Candy en su habitación para que descansará, en ella Candy tomo un baño y se recostó en la cama ¿Qué suerte me reservará Londres? Pensó. Experimentaba cierto temor al sentirse en la gran ciudad en donde probablemente viviría un largo tiempo.
A la mañana siguiente, Terry recibió un telegrama de su madre avisándole que el barco se retrasaría dos días debido a un desvió.
Por lo tanto, decidió llevar a Candy a pasear por la ciudad de la niebla...
Terry llevo a Candy a ver los museos, los grandes parques llenos de frescura, de verdor, en donde piaban los pájaros.
Pasaron largo rato en uno de los parques viendo a los pintores ambulantes, el cual estaba acompañado de un perro muy inquieto, que sostenía una canastilla en la boca, en donde dejaban alguna moneda a cambió de cualquier dibujo.
Candy convenció a Terry de comprar uno, donde estuvieran ellos dos juntos... Esta será la única manera de tenerte junto a mí... toda la vida pensó la rubia.
También pasaron por las calles elegantes: Bond Street y Regent Street, donde abundaban mujeres bonitas, elegantes, en pocas palabras esas partes eran dominadas por mujeres preciosas, rubias, morenas con tocados vaporosos.
Candy se sintió poca cosa en comparación con esas mujeres hermosas, porque ella estaba vestida de forma muy humilde...
Ese día, Candy se acostó pasada la media noche.
Al día siguiente, Candy se asomó por la ventana, vio con gran pesar que seguía lloviendo, razón por la cual el día anterior tuvieron que regresar al hotel cuando apenas empezaba a anochecer, pero se tranquilizó porque un instante después cesó de llover, se levantaron las nubes y el cielo quedó puro y sereno.
Se arregló e inmediatamente fue a la habitación de Terry, donde la esperaba con el desayuno listo.
Terrence... – comenzó la rubia
Dime Scraia
Pues... – Candy se moría de la pena, pero tenía que pedírselo porque tal vez Terry deseara vivir con su madre y ella tendría que regresar a Italia con un enorme vació, la noche anterior estuvo pensando y tome la decisión de que aprovecharía cada segundo que estuviera con Terry – me gustaría pedirte un favor... – Terry levantó la cara, a pesar de estar ciego, él abría sus ojos, Candy sabía que él no podía verla, pero en ese momento sintió los penetrantes ojos del joven - ¿podríamos ir a un día de campo?
... – Terry lo pensó detenidamente ¿Un día de campo? Eso fue algo que le prometí a la pecosa, y sólo con ella quiero ir... No, no Terrence, recuerda que prometiste olvidar el pasado – Por supuesto que sí, Scraia.
¿En serio?
Sí – dijo sonriendo, ¡Qué sonrisa más cálida! Pensó Candy.
El tiempo estaba hermoso, el cielo gris perla, azulado, con algunas nubes blancas en el horizonte; a ratos caían gotas de lluvia y la tierra exhalaba un hálito de frescura. Atravesaron prados verdes surcados por constelaciones de flores; y se sentaron en unas piedras para descansar un poco, después fueron a un estanque sombrado por árboles, se sentaron sobre el césped; el sol, un sol pálido, brillaba y caía en manchas amarillas sobre el suelo.
Después de almorzar, estuvieron contemplando el paisaje...
Scraia... – dijo Terry rompiendo el silencio.
Dime Terrance...
Llevamos mucho tiempo callados, ¿te incomoda?
Es raro... – dijo Candy cerrando los ojos – pero tengo una sensación de dejavú, pensarás que estoy loca, pero siento como si nos comunicáramos sin palabras... solo con nuestra presencia... – la rubia miro a Terry - ¿crees que eso sea posible?
Mmm... - Terry subió sus manos a su barbilla, a Candy le encanto el gesto de seriedad que tenía en su cara – antes te hubiera dicho que eso era imposible porque no eres... ella, pero ahora... – Una ligera brisa hizo que ambos cerraran sus ojos disfrutando de esa caricia de la naturaleza.
¿Pero ahora? – Candy retomo la conversación, al notar que su acompañante ya no continuó.
Creo que es algo que te une con las personas que más te importan... – Candy sintió muchas ganas de llorar de felicidad y abrazarlo, demostrándole todo lo que su corazón ocultaba, pero a veces las ganas no son suficientes para vencer las inseguridades...
Ha comenzado el atardecer, Terrance
Por favor, Scraia, descríbelo para mí
Pero Terrence, yo no puedo hacer eso
Si puedes, hazlo como en los poemas – Candy noto la desesperación en la voz de Terry e hizo el intento de describirlo como ella lo estaba viendo y... sintiendo.
El cielo, es de un azul muy pálido, se extiende sonriente por encima de las laderas verdes que se engalanan con guirnaldas; las laderas, llenas de hierba; con el toque de los últimos rayos del sol, brillan las flores silvestres. Del estanque se levantan nieblas ligeras, que van flotando en la atmósfera; y el cielo gris azulado se llena de nubes de color rosa y anaranjado... la tarde muere y una estrella comienza a templar en el crepúsculo
Gracias, Scraia... – su cara se tornó seria y triste.
¿Sucede algo Terrence?
No – en eso Terry se levantó del césped tan rápido que tropezó con una de las raíces del árbol, Candy se movió rápido y lo abrazo para caer debajo de él, sus rostros estaban muy juntos, tanto que podían sentir la respiración del otro. Terry noto que su mano estaba sobre algo suave, y un pequeño grito de Candy lo hizo retirarla inmediatamente de ese lugar, el joven se levantó y ayudo a la rubia, Terry ya no podía más tenía que confesarle sus sentimientos. Tal vez no te conozco lo suficiente, pero tu presencia es como la de ella, eres alegre y vivaz, aunque no puedo verte te siento mirándome con ternura, Scraia... discúlpame... En ese momento Terry beso a Candy, él no supo cómo, pero encontró los labios de Candy, esta se tensó y el joven lo noto, así que la beso con ternura, la tomo por la cintura y Candy aprovecho que Terry soltó sus manos para subirlas al cuello del castaño, se besaron dulce y tiernamente durante varios minutos, subiendo a las nubes y tocando las estrellas, ese beso estaba cargado de deseo, de confianza, de entrega, de generosidad, un auténtico beso de amor. El aire comenzó a ser insuficiente y renuentes se separaron...
Terry - ¿Terry? ¿Me llamó Terry? pensó el joven, y hasta ese momento se dio cuenta del tono de voz de la rubia ¡Es como el de ella! ¡Imposible! Pero... son demasiadas coincidencias... ¿y si es... ella? No, no, tengo que hablar con Albert y dejar esta paranoia, estoy empezando una nueva vida y quiero que Scraia esté a mi lado, yo hice esa promesa... – Terry ¿me escuchas?
Perdón, estaba distraído
Yo... sólo quiero decirte que... ¡te... te... AMO!
¿Amor? ¿Cómo sabes que no estas confundida?
Porque sé lo que es el amor, cuando me dijiste que te ibas de Italia sentí una profunda tristeza, desde hace mucho te has metido en mí, la único que pienso en el día es en ti y también te sueño de noche. Estás presente en mi en cada respiración, durante cada latido y el simple hecho de pensarte me llena de felicidad, y te extraño cuando no te veo.
Eso no es amor, es necesidad – dijo Terry dolido de que Candy solo lo viera como un sustituto de la soledad.
Terry, yo te necesito, pero no para que me hagas compañía, eso es egoísta – dijo un poco molesta de que él dudará de sus sentimiento – si no porque quiero estar segura de que no te falta nada, quiero saber si algo te molesta... y si eres feliz. Me siento incómoda porque no tengo la certeza de cómo estarás, necesito saber de ti porque te amo... Antes de ti tenía muchas dudas, aun cuando no puedo quejarme de lo que he vivido los últimos dos años, no tenía la seguridad de haber tomado las decisiones correctas, es decir, quedarme en Italia y no operarme, pero el conocerte a ti ha sido la respuesta que esperaba... ahora sé que esas decisiones fueron las mejores porque prepararon el camino para conocerte... para enamorarme... para amarte... tú eres la respuesta a mi vida, eres el hombre que amo, que amaré toda mi vida y aún después de ella lo seguiré haciendo... eres mis sueños hechos realidad, eres la libertad, eres el sentido de mi vida... lo mejor que me ha pasado...
Gracias por llegar a mí
Gracias por estar aquí
Yo juré que era mi fin
Gracias por amarme así
Gracias por estar aquí
No sé qué haría sin ti
Scraia – dijo Terry, admirado... sí, admirado por la fluidez en que Candy hablaba de sus sentimientos. Querida Scraia, yo también siento lo mismo que tú, pero tengo miedo... miedo de perderte... he tenido demasiadas perdidas... y el solo hecho de imaginarme sin ti me hace hundirme en una tristeza tan grande que me congela el alma y me detiene el corazón, absorbiendo mis esperanzas y mis ganas de vivir... Me amas y eso me hace muy feliz, pero sé que pronto, por un hecho de la vida, tendré que dejarte ir para siempre y eso me destrozaría porque eres la persona más importante para mí... y sin ti simplemente dejaría de existir, una vez más...
Terry... la vida no es para siempre – dijo de pronto Candy, adivinando los pensamientos de Terry, ese lazo invisible que los unía hizo que ella escuchará internamente los pensamientos de su amado – no podré estar a tu lado por siempre, pero estoy aquí... ahora... Terry sé que estas dolido, sé que has sufrido, por favor confía en mis palabras... y si estas no son suficientes mis acciones también demostrarán lo que siento – por respuesta, Candy recibió un abrazo y un tierno beso, ambos se quedaron así, abrazados, hasta que la última estrella desapareció del cielo...
Tú me salvaste del infierno
Volví a nacer
Cuando no creía en nadie
Me hiciste creer
Sanarás mi pesar
Tu amor lo va a vencer
Me salvaste del infierno
Solo tú puedes salvarme
El domingo era un día espléndido; el cielo estaba por excepción azul, las calles iluminadas por el sol.
Scraia – la llamo Terry mientras ambos tomaban el desayuno.
¿Si?
No entiendo por qué no quieres acompañarme a ver a mi madre y a mi amigo – le dijo con tono un poco molesto y severo.
Pero Terrence – Candy no le podía decir que era porque se sentiría como una intrusa, tal y como se sintió cuando visitaron Bond Street y Regent Street, ¿Qué voy a hacer entre un banquero y una bella y famosa actriz? se cuestionaba la ojiverde, con Terry se sentía cómoda porque él no podía ver la forma tan humilde en que ella vestía, pero la señora Baker y el señor Andry eran personas de otro mundo, un mundo al que ella no pertenecía – es mejor que te reúnas con tu madre y con tu amigo a solas, después de todo, hace muchos años que no los ves – Candy no encontró una mejor excusa y sabía que Terry no desistiría tan fácilmente.
No me convences Scraia, y sé que me estas mintiendo – Candy casi expele el café que acababa de beber, ¿cómo sabía Terry que ella le mentía? – Cuando estas nerviosa – dijo Terry adivinando sus pensamientos – o mientes, empiezas a mover tus pies de arriba abajo y se escuchan los golpes en el piso – Candy no lo había notado nunca, al parecer el oído de Terry se estaba agudizando – Quiero que mi madre y mi mejor amigo te conozcan... quiero formalizar nuestra relación – Candy se sonrojó.
Te diré la verdad, Terry... – dijo derrotada – como sabes yo trabajaba como enfermera en un pequeño hospital y no ganaba mucho dinero... pues... – qué difícil era decirlo, Candy notó que Terry levantó la ceja, clara señal de impaciencia – no tengo ropa elegante, ni bonita, y me sentiría muy mal entre tu madre y el señor Andry. – Candy miro a Terry, él permaneció callado e inexpresivo, hasta que...
Jajajajajajajajaja - Terry comenzó a reírse a carcajadas - ¿esa es la única razón, señorita vanidosa?
No te rías, Terry, además yo no soy vanidosa, es solo que estoy segura que ustedes querrán ir a un elegante restaurante y ese tipo de extravagancias que hacen las personas ricas.
No – le dijo mientras movía su dedo índice de un lado a otro – Albert y Eleanor son personas muy sencillas, pero si la ropa es un pretexto, muy malo por ciento, para que no me acompañes, entonces iremos de compras.
Pero... – Terry ya se había levantado y para que ella no objetara nada la beso.
Pasaron tres horas comprando ropa para Candy, aunque la primavera estaba ya muy avanzada, el clima seguía estando muy frío. Después se dirigieron al hotel donde se encontrarían con Albert y Eleanor...
¡Buenas tardes! – dijo Terry, pero no obtuvo una respuesta igual
¡Esto no puede ser posible! – dijo Eleanor al borde de un ataque
¡Eres Candy! – exclamó Albert abrazando a la rubia, quien lo miraba sorprendida y asustada.
¿¡Candy!? ¿Dónde? – preguntó Terry con el corazón latiéndole a mil por hora.
Continuará...
