¿Creyeron que no habría más?

¡Se equivocaron! Denme amor y me verán cada semana bebes

Capítulo 4: Estamos de vuelta

Las semanas habían pasado, los meses tras ellos y la amistad entre Marceline y Marshall crecía cada vez más, era como si cada carta y cada visita aumentara esa extraña y casi enfermiza amistad que tenían uno con el otro, y a su vez la soledad que ambos sentían se acrecentaba cuando no estaban juntos.

Marshall flotaba sobre los mares de Ooo a gran velocidad, tanta como sus poderes le permitían para llegar lo más pronto hacia la, en apariencia, joven vampiresa. Faltaban muchas horas para el atardecer pero quería verla ya y mostrarle la nueva canción que había escrito.

-Marcy se volverá loca cuando oiga esto

Se dijo bastante confiado mientras seguía flotando a gran velocidad, el agua bajo él se separaba suavemente por la velocidad que el llevaba y apresuro aún más su vuelo cuando diviso las tierras del dulce reino a la lejanía. Cuando llego a tierra toco suelo rápidamente y decidió olfatear un poco el aire ya que deseaba encontrar un lugar donde comprarle algo a la vampira antes de ir a visitarla.

-¿Dónde encontrare un buen regalo?

Se dijo mientras su fiel olfato lo guiaba hacia el dulce reino, a pesar de haber ido muchas veces a esa tierra de Ooo nunca había visitado el reino donde gobernaba la Dulce Princesa, también conocida como "La dulce perra" en palabras de su querida Marcy.

Cuando llego a la entrada del Reino aterrizo pues no deseaba, por una vez, provocar algún altercado y perder la oportunidad de comprar el tan esperado regalo. Comenzó a curiosear por todo el bazar a ver que encontraba, el precio era lo de menos puesto que podría robarlo si era el caso.

-Buenas noches apuesto joven ¿Qué es lo que busca? ¡Tengo de todo en el bazar del viejo Stu!... Soy el viejo Stu

Aclaro el que era un gigantesco hombre paleta, su color amarillo chillón solo le decía a Marshall que el tipo seguro que era acido, sonrió torcidamente por su chiste interno mientras buscaba entre las baratijas que tenía sobre su mostrador.

-Busco algo para una chica, una chica como de 1500 años, mal carácter, rockera a morir y con un bonito cuerpo… Y no, no quiero una tanga

Aclaro el vampiro cruzándose de brazos, ya que ese regalo aunque se le vería bien seguramente haría que ella quiera arrancarle un brazo… o peor, la extremidad más importante que el posee.

-Ah, pero si yo tengo exactamente lo que tú necesitas, lo que tú necesitas lo tiene Stu, y Stu soy yo. ¡El viejo Stu! No hay mejor que Stu, oh si ¡El viejo Stu tiene tu solución!

-¡Ya entendí te llamas Stu! ¡Dame el maldito regalo!

El vampiro estallo ¡¿Qué todos en ese reino excepto Marceline eran retrasados o algo así?! Lee furioso lo tomo del cuello mirándolo con sus ojos de demonio totalmente aterradores el viejo Stu tenía pegada su frente a él viéndolo a sus diabólicos ojos pero no parecía asustado.

-Así que…si, yo tengo lo que necesitas

Le dijo de lo mas calmado y sin despegarse del joven estiro una mano tomando una caja vieja y algo derruida de cartón pasándosela.

-Eso conquista a cualquier chica ¡El viejo Stu lo garantiza!

Dijo de lo más confiado mientras el de piel gris le arrojo lejos de su cercanía antes de arrojarle algo de dinero fastidiado y sin decir más salió disparado de allí antes que el dijera "Stu" otra vez y en un arranque de locura le atravesara la cabeza con su guitara hacha.

-¡Cuídate! ¡Stu te desea suerte!

Y con esa mención Marshall grito furibundo en los cielos del Reino espantando a más de uno, conteniéndose con todo su autocontrol para no regresar e iniciar un Holocausto Caníbal como en esa película que tanto le gustaba ver cuando estaba deprimido y necesitaba reír un rato.

Vio la cueva de la Vampira que tan fascinado lo tenía y sonrió aterrizando en su puerta, justo cuando estaba por tocar la puerta se abrió. En su clásica camisa de tirantes y jeans ajustados le recibió Marceline, pero lejos de ser la gran felicidad se sorprendió de verla realmente furiosa.

-¿Marsh?

Dijo ella sorprendido de verlo y casi golpeándose en la frente fuertemente por olvidar que ese día tenían otra de sus no-citas.

-¿Marcy?

La voz del chico sonaba confundida, ¿Qué sucedía allí?

-¿Hija?

Del fondo de la puerta apareció un hombre finamente vestido, llevaba un extraño collar al cuello que le recordaba exageradamente a su maldita madre. Gruño con fastidio y al instante supo de quien se trataba: El padre de Marceline.

-¿Hijo?

Una voz más vino del fondo, el cuerpo de Marshall se quedó estático, el de Marceline por igual mientras todos se giraban en esa dirección. Así, tras Hudson aparecía Mona, la madre del muchacho que sentía que el mundo se le venía encima.

-¿Mama?

-¿Es tu hijo mi amor?

Las palabras de Hudson cayeron sobre los más jóvenes como un par de baldes de agua fría, el chico dejo caer la caja de donde salió un pequeño y viejo muñeco de trapo mientras todo a su alrededor parecía desmoronarse cada vez más.

-Ah es bueno que se conozcan, ya que debemos informales muchachos: Nos vamos a casar, ustedes serán hermanos

Y con eso…. Todo se jodio….