"Recuerda".
Dime George –casi murmuró un hombre alto de cabellos rubios encanecidos– ¿por qué es tan difícil olvidar?
El aludido simplemente sonrío, con una sonrisa cansada, y levantó los hombros en señal de ignorancia.
Una carta, eso es todo lo que me queda de ella.
Una carta y tus recuerdos.
Albert sonrió con tristeza. Sus ojos reflejaban la melancolía de un pasado feliz. Sacó del bolso de su saco la cartera y en ella, doblado con mucho cuidado había un pedazo de papel. Una carta. Era claro que la había releído miles de veces.
Ella te amaba profundamente. Las cosas simplemente estuvieron fuera de su alcance, por eso…
Se fue –respondió el rubio.
Con cuidado desdobló la carta y comenzó a leerla de nuevo. Esto es lo que decía:
Otoño de 19...
Lakewood.
Albert,
Alguna vez una persona muy sabia me dijo que era muy sencillo darte cuenta de cuánto amas a alguien por el simple hecho de poder pasar una noche entera contemplando a ese alguien mientras duerme, vigilando su sueño, observando el acompasado y tranquilo movimiento de su respiración.
Por mucho tiempo decidí no creerle hasta ahora que he pasado largas horas contemplando tu rostro juvenil y lleno de vida, tan pícaro por las mañanas y tan sereno por las noches. He acariciado tu suave piel y he dejado que mis dedos jueguen con tu cabello. Durante algunos momentos has sonreído, seguramente aún dormido sabías que era yo quien estaba a tu lado, pero no has abierto los ojos, sin embargo me sorprendiste cuando tomaste mi mano y posaste sobre su dorso un suave beso y entre soñolientos murmullos me dijiste un profundo "te quiero".
El corazón se me inflamó de tanta alegría, pero también sintió una fuerte punzada de dolor. ¿Cómo es posible sentir dos emociones tan fuertes en el mismo momento? ¿Cómo puedes llorar de felicidad y pena al mismo tiempo?
¡Cuánta falta me hará tu compañía cuando no te tenga conmigo! Sí, mi presencia a tu lado esta noche es el inicio de nuestra despedida. No, no me iré mañana, ni el día siguiente, aún no sé cuánto tiempo más estaré a tu lado, pero sé que no será mucho. Debo irme y no hay nada que pueda hacer para impedirlo. Sé que sufrirás, pero estoy segura de que yo la pasaré mucho peor. Tus sonrisas, tus ojos brillantes, el sonido de tu voz… aún no sé cómo haré para estar en paz sin esas cosas. Aún no sé cómo podré partir sintiendo tanta añoranza de tu presencia.
Me recordarás ¿cierto? Con cariño, sin dolor. ¡Debes prometerlo! O al menos intentarlo, porque solamente así podrás seguir teniéndome contigo. El destino ha decidido que yo vaya a un lugar al que no puedes acompañarme hasta que sea tu momento, pero mientras me mantengas en tu memoria y en tu corazón no te dejare del todo solo. Debes recordar que aunque nuestros sueños juntos se vean ahora truncados por una jugarreta de la vida, el tiempo puede hacerlos trascender siempre que los recuerdes y los mantengas próximos a tu corazón.
Te prometo ser la estrella cuyo incandescente brillo ilumine tu camino en las noches en las que te sientas solo y perdido, estaré contigo siempre. Seré aquel cálido murmullo con el que el aire acaricie tus oídos cuanto te quedes sin palabras que alienten tu valor. Seré la fuerza que nazca dentro de ti cuando más debilitado te sientas, seré tu serenidad, tu paz, tu humildad y estaré siempre a tu lado para ayudarte a ser mejor.
¡Me duele tanto tener que dejarte! Pero este no es un momento para tristezas. Es simplemente un momento para hacerte ver que aunque ya no esté físicamente a tu lado viviré por siempre contigo mientras aferres mi recuerdo a tu memoria.
Tengo un hijo al que también me pesa dejar, y me reconforta saber que tú estarás para apoyarlo. Sabes que por mucho tiempo tú fuiste el hombre más importante en mi vida y lo seguirías siendo si la vida misma me lo permitiera. El pequeño muchacho que ahora duerme frente a mí… me habría encantado tener la posibilidad de verte crecer y convertirte en el maravilloso ser humano que serás. Me habría encantado estar a tu lado compartiendo tus lágrimas y sonrisas.
George, nuestro querido George, se hará cargo de entregarte esta carta cuando yo ya no esté a tu lado, él se encargará de cuidarte y velar por ti. Sé que la vida te llenará de amor, dicha y éxitos y yo estaré a tu lado en cada momento. Vigilaré desde donde quiera que me encuentre tus sueños como lo hago ahora. Por favor, Albert, recuerda nuestros momentos juntos, nuestras sonrisas y lo mucho que nos quisimos. Recuérdanos felices, recuérdanos juntos.
¡Te amo tanto, pequeño mío! Ahora debo dejar de escribir porque las lágrimas que no pude contener han comenzado a manchar estas páginas y no quiero que cuando las leas me imagines llorando, sino sonriente. Es momento de despedirnos y no se me ocurre una mejor manera que hacerlo con unas palabras que hace poco leí y no he podido apartar de mi mente: "duerme amor que todo duerme, cae en brazos de la oscuridad silente, velará tu sueño la noche vigilante. Duerme amor, que todo duerme".
Sé feliz y mantenme en tu corazón.
Rose.
Recuerdos y una carta, George… simples recuerdos.
