N/A. El problema de dejar pasar tanto tiempo es que ya no me acuerdo a dónde carajos pretendía llegar con esto. Meh, los voy a subir así y si alguien tiene sugerencias, dudas o críticas, soy toda ojos XD Quiero pensar que esta cosa no sólo me rompe la cabeza a mí (?) XDD

Otra cosa, no recuerdo si Essence se escribe así o con una sola S, en todos mis documentos está escrito de las dos formas (kill me plz) Sí alguien lo sabe le agradecería de por vida que me lo dijera.

Este capítulo es un poco más extenso en comparación que los otros, espero que no lo encuentren tedioso.

Salvo Alexa, los personajes que aquí aparecen son propiedad de DC. Hago esto sin fines de lucro.

Enjoy it :D


Morir dos veces.

Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz […]. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Milan Kundera.

Las pequeñas gotas golpean los cristales de la ventana, Alexa las ve sin mucho interés. La lluvia decembrina no le hace ninguna gracia. Puede sentir el frío en las manos, sin mencionar que su nariz está roja, si aquel lugar era un refugio para el pelinegro, al menos debería tener calefacción. O eso piensa ella. Echa la cabeza para atrás, últimamente las cosas no marchan bien, bueno no es como si alguna vez lo hicieran, al menos no del todo.

Enciende su sexto o décimo cigarrillo, el número no era relevante. A esas alturas una nieblecilla invade la habitación, exhala el humo y luego da una larga calada, la cereza se pone mucho más roja. Vuele a soltar el aire. La lluvia que cae por la canaleta provoca el constante sonido de agua fluyendo. La puerta se abre de golpe rompiendo el rítmico tintineo de las gotas. No se molesta en girar, ¿para qué?, ya sabe quién es.

−Apesta, por lo menos deberías abrir una ventana−, el tono monocromático de su voz la hace rabiar, bufa como respuesta. –Eres tú quien está en mi 'casa', no te hagas la digna.

−Ni siquiera tienes calefacción, no me jodas. Además cómo si no te gustara la nicotina, Todd−. Hace una breve pausa sin saber que más decir. –Estaba por irme−. No es cierto, incluso pasó a un restaurante chino por algo de comida, planeaba pasar el día ahí.

−Alex, no tienes porqué irte. No sé qué debería hacer para que me perdones. Ni si quiera estoy seguro de haber hecho algo−. Su voz se suaviza un poco, sólo logra enfurecerla más. No existe nada que la rompiera más que el tono condescendiente.

−Dejar de tirarte a Essence, sería un gran inicio−, responde con tanta mordacidad como puede. Ir a Gotham fue un gran error, comenzar a salir con Jason también. Enamorarse de él la gota que derramó el vaso.

−Yo no…es decir, ya no…Mierda Alexa, te he explicado eso mil veces−, ya, porque que Essence fuera su primer amor, la encarnación de una raza guerrera, jodidamente guapa y hubiera aparecido cuando todo parecía ir de mal en peor era tranquilizador. No podía despreciarla, en realidad no podía hacer otra cosa más que agradecerle, había ayudado a Roy, probablemente era gracias a ella que el pelirrojo vivía. Pero eso no minimizaba la demás.

−Ya déjalo Jason, lo entiendo a la perfección. Pero no voy a esperar hasta que te canses de jugar al galán, no estoy para bromas−. Aparta el cigarro de sus labios, apagándolo con la suela de la bota.

−Alex−, espera que le diga algo, lo que sea. Nada. Ninguna palabra sale de los labios ajenos además de su nombre. Suspira frustrada, su problema es básicamente ese, cree demasiado en un cabrón. De gente como Jason Todd no puede esperarse nada; salvo ira y balas, claro está.

−El puto problema, Jay−. Remarca el nombre tanto como puede, −no es la All castle, el puto problema eres tú. No es sólo Essence. Es Isabella. Es Kori. Es Barbara. Son todas −, muerde un poco su labio inferior, soltó la frase con mucha más rabia de la que imaginó. Lo mira acercarse. Instintivamente, retrocede.

Luego de silencios incomodos, apariciones, desapariciones, golpes, suturas, sangre y muerte. Puede decirse que ambos se toleran bastante bien, sin embargo, Jason nunca escuchó a Alexa tan... ¿dolida?, ¿frustrada? Ni siquiera en medio de montañas de arena la vio tan frágil. Quiso tomarle la mano pero ella lo apartó con brusquedad, está decidida a marcharse de una vez por todas y no regresar. Al menos hasta que lo extrañase lo suficiente. Es extraño porque hasta ese momento jamás había tocado el tema. El aceptar que coqueteara y durmiera con cuantas tías quisiera estaba implícito en la relación, es decir, no se quedaría con él para siempre apenas terminara con su trabajo regresaría a Estambul y Jason Todd no sería más que el recuerdo de un buen postre. De pronto se le ocurre que ya no quiere soportar más aquello. Y con la reaparición de Essence sólo reafirmó su idea. Cruza el umbral de la habitación, en el acto los hombros de ambos chocan. El más alto afianza una mano en frágil muñeca de la chica. Una sonrisa irónica se dibuja en sus labios, es gracioso que alguien que se dedica a volar sesos a kilómetros de distancia tenga las manos tan finas.

−Suéltame de una maldita vez, Jason. Me voy−, brama irritada ¿Para que la quería ahí, si de todos modos le daba igual con quién durmiera? Como efecto contrario el aludido la jala más hacia él. Sus costados rozan un poco. Alex mueve la mano con tanta fuerza como puede, Jason la aprieta de modo tal que las partes que no son apresadas por los dedos se tornan blancas. –Eso imbécil, rómpeme la muñeca−, el moreno no quiere lastimarla al menos no de esa forma.

−No voy a soltarte hasta que me escuches−, y con eso la ojiverde parece calmarse. Deja de tirar de su mano, pero aun así no siente alivio, él sigue sujetándola con el mismo ímpetu. Cuando dijo aquello, no creyó que se lo tomase tan literal. Ahora la mujer lo mira con los labios fruncidos y la ceja derecha ligeramente alzada. Nada. Jason no puede decir ni media palabra. Hablar de sentimientos nunca fue ni sería la suyo.

Alexa siempre lo supo, desde el momento en que sus miradas se cruzaron en Hong Kong supo que Jason nunca iba a decir nada respecto a sus sentimientos seriamente, sin sarcasmos o ironías, al menos no con ella. Antes preferiría morir otra vez. Pero ahí está, esperanzada y boba, creyendo que las cosas serían diferentes que un ingenuo "te quiero" se le escapara en el momento indicado. No quiere, no puede, ella no puede ser como Talia, o como Barbara o cualquiera de las mujeres que ha tenido la desgracia de cruzarse en el camino de los Wayne. Sólo dios sabe lo mal que terminan siempre. Tampoco esperaba una declaración romántica. Ya no sabe qué esperar, pero tampoco quiere quedarse a averiguarlo.

−Bien, ya tuve suficiente. Dejas las cosas en claro−, tiene que esforzarse, el agarre era duro. Siente la punzada aguda cuando por fin se libera. Sin pensarlo dos veces corre hasta la salida. Gira el pomo y se detiene por una fracción de segundo. Grave error. No iba a irse así, es decir, no sin su chaqueta, no sin sus armas, las necesitaba. Menuda estupidez, escucha los pesados pasos correr tras de ella ¿Qué más daba si llovía? Un resfriado no marcaría la diferencia.

−Quieta ahí−, la voz del más alto suena áspera, pesada. Alexa da unos pasos más hacia adelante. Escucha el corte de cartucho, lo conoce bien. No le importa sigue caminando bajo la fina lluvia. Mierda está helada. Le hubiera gustado tener su chaqueta. –No me obligues a dispararte−.Gira una sonrisa ladina adorna sus labios.

−Hazlo−, alza los hombros y luego de un ademan de despedida, guarda las manos en el pantalón, avanza con paso lento. El frío le cala en los huesos pero no iba a verse frágil, no otra vez. El primer disparo hace que se estremezca. Disparar al cielo. Qué cliché. El segundo se impacta contra un ciprés que se mueve al ritmo del caprichoso viento, puede ver el espectro de humo que se eleva al firmamento. No espera el tercero, da media vuelta para regresar al lugar del que esperaba huir. Pone el cañón justo frente a su pecho. –Te vuelves blando, Todd.

−Dije que no quería hacerlo, no me malinterpretes podría darte con los ojos cerrados−, maldice para sí porque sabe que es verdad. –Quiero hablar es enserio.

−No me digas, como en Gotham, en New Orleans, en El Cairo, no me hagas reír Todd−, levanta la mano y le golpea el antebrazo. Jason tiene que apartar el arma. Alexa aprovechó para tomar otra pistola que descansaba en su cadera y apuntó a la frente. El índice se mantiene firme en el gatillo, el moreno sólo sonríe. –¿Estás listo para abrir la boca ahora?−, pregunta con calma.

Su mirada se afila, sin dudas o miramientos. Por un segundo Jason piensa que realmente le va a volar la cabeza, sin poder evitarlo sus instintos de supervivencia se activan. Levanta el brazo izquierdo para apartar el cañón de su rostro como si se tratase de un espejo la castaña lo imita. Movimientos fluidos, mirada tranquila. Al menos hasta el momento.

Nada, sólo más silencio. Sin dar más batalla Alex deja caer la pistola al suelo. Inmediatamente después su mano se impacta contra la mejilla del ojiazul. La fuerza con que lo golpea lo toma por sorpresa. Gira el rostro. Ella se da media vuelta y comienza a caminar nuevamente. Junto con el punzante dolor de su mejilla aparece una oleada de ira. Nadie, absolutamente nadie lo golpeaba de aquella manera. Nunca más lo harían.

Le sujeta el brazo y arrincona en la pared más cercana. Escucha el gemido ahogado que la mujer emite tras el impacto. Está fría, sus mejillas, nariz y orejas rozadas. Le aprieta el cuello con la mano derecha con mucha más fuerza de la que previó, el endeble cuerpo de la chica queda suspendido en el aire por unos segundos; con la otra le sostiene la cadera, tampoco quiere asfixiarla, al menos no del todo. En segundo ataque más bien lo hice reaccionar, la libera de inmediato. Alexa masajea su cuello con ambas manos, los gruesos dedos quedaron marcados.

Lo empuja con tanta fuerza como puede, él no retrocede se queda quieto esperando. Nada pasa, la francotiradora simplemente titirita, no sabe si es por frío o miedo. Toma su mentón y sus ojos se cruzan. Los obres verdes, lucen acuosos. –Mierda, Todd−, murmura de forma casi inaudible. Siguen mirándose en silencio, con culpa. Aguardando. –No tengo nada más que decir, es todo. Ahora podrías por favor dejarme ir. Hace frío y por si no lo habías notado llueve a cantaros−. Agrega con un tono indescifrable.

Era ahora o nunca, si va a decir algo más vale que se apresure. –No. Me perteneces−, responde tajante, los ojos de Alexa se abren como platos, entreabre los labios, pero se queda en silencio. Si bien las palabras no arreglan nada, tampoco espera un final feliz, ¿verdad?

−No soy tu puta−, Jay ríe con ganas, echa su cuerpo para adelante y vuelve a apresarla contra la pared, aunque de manera mucho más suave. Inclina un poco la cabeza y se acerca a los labios ajenos.

Ante la negativa de la mujer suspira y vuelve a hablar de manera cansina.−Ya lo sé, ya lo sé−, la otra sólo le aparta la mano. Apoya la palma contra el muro y con la que tiene libre le aparta unos cuantos cabellos del rostro. Alex cierra los ojos. –Es por eso es que sigues…que seguimos aquí.

Y eso fue todo, la castaña cae rendida ante el bizarro encanto del mayor. Le abraza con fuerza y se estremece cuando la ropa helada se le apega al cuerpo. Jason suelta una risilla. No le da tiempo de nada más. La besa con urgencia, muerde, lame y tira tanto como puede. Dichas acciones no son unilaterales, la otra hace lo propio. En un comienzo más que nada era una caricia de reproche, sólo la ocasión para hacerse saber cuánto se detestan. Ser tan dependiente de otro era algo que los enfermaba. Summers mató a su padre biológico cuando tenía 17 e inmediatamente después se dedicó a cazar a todos y cada uno de los turcos que habían manchado el nombre de su familia, ya sólo le faltaba su hermano. Y él, él murió y regresó a la vida, no sólo eso, justo después de revivir fue entrenado para convertirse en un guerrero, uno de verdad. Sin embargo ambos lucen patéticos y mojados.

Se le antoja que un mundano beso no denota la frustración que siente. La coge por los hombros obligándola a apoyarse en el muro nuevamente. Sus labios bajan, bajan por su mentón y paran en su cuello. En sus oídos resuena la agitada respiración de su acompañante, quien como desesperada tira de sus cabellos. Siente las yemas heladas hundirse en su nuca buscando quién sabe qué cosa. Con determinación muerde el pálido cuello hasta dejar una marca lilácea. Cuando observa el vaho tibio salir de la boca ajena sabe que es momento de terminar lo que comenzó, pero dentro, en la cama. Bajo sus brazos el cuerpo de Summers le parece mucho más ligero que otras veces.

Piel fría, gotas de agua dulce, vainilla, tabaco y suspiros. Está de rodillas sobre la cama y las alas del ruiseñor lo envuelven por completo. Blusa, chaqueta, sostén, pantalones, cinturón, armas caen uno tras otro sobre los fríos azulejos de la casa de seguridad. El tenue canto del avecilla castaña se mezcla con el sonido del agua fluyendo. Le encanta aquel suave trino, pronto él mismo se haya entonando una melodía que nunca antes ha escuchado. Eso lo hace enrojecer, prefiere pensar que era por el calor del momento. Termina por empujarla para atrás y amarla entre el suave algodón negro que les ofrece el nido.

Al poco tiempo ambos dormitan desnudos bajo la colcha y sobre las almohadas, el umbral entre el sueño y la conciencia se hace cada vez más difuso, mas ninguno de los dos parece querer dormir, es como si supieran que el sueño rompería con el hechizo. Alexa mira por la ventana las últimas gotas caer, el sol comienza a hacerse paso entre las densas nubes. Tiene la espalda recargada en el pecho de Jason quien le acaricia el cabello de forma ruda. Pese a todo, la mujer sigue teniendo frío, la ropa que ahora yace en el suelo está mojada, pero hay un cambio en uno de los cajones de la cómoda. Está a punto de levantarse pero una mano en su cadera la obliga a permanecer ahí. –Tengo frío−, se queja al fin.

−Pues entonces gira y abrázame−, decreta sin derecho a replicas con un tomo que habría hecho temblar a más de uno. Alex gruñe y se voltea de mala gana, tiene el cabello húmedo. Ni hablar de ir por un baño con agua caliente. Casi como si le leyese el pensamiento el más alto agrega un tanto vulgar. –O si quieres podemos ir a darnos una ducha y luego comer.

−Preferiría salir desnuda−, hunde su cabeza en el pecho ajeno cerrando los ojos, el otro la sigue acariciando con una mano y con la otra la mantiene apegada a él.

−Tu falsa repulsión es muy graciosa−, tira del cabello de la castaña. Alexa sólo suspira. Un nuevo silencio se forma, a Jason le parece algo irónico. –Mañana…

−Mañana a estas horas Luke Summers no existirá más−, la sorna es sus palabras hace que el otro sienta un extraño vacío. Uno simplemente no habla con tanta facilidad del asesinato su familia. Incluso él ha dudado en el último segundo. Conoce a la perfección esa rabia, pero aun así titubeó en más de una ocasión, quizá sea porque a él tuvo entrenamiento de una raza guerrera, porque su destino es más grande. Quizá que tu padre te enseñe el arte de la guerra no es lo mejor. Quizá Derek Summers debía morir para que Selim corrompiera a su hija y así poder cruzarse con ella: de lo contrario Alexa Summers sería ahora una pasante en algún prestigioso bufete. Quizá él tiene que salvarla para salvarse.

−La reunión será a las 2, ¿no?− No podrá impedirlo pero quiere estar ahí para asegurarse que la mujer que ama saldrá con vida y entera.

−Si intentas detenerme, señor venganza, voy a volarte la cabeza−, levanta la vista, se encuentra a un meditativo Red Hood. Ríe. –¿No me digas que estás preocupado por mí?

−Ya morí una vez−, la castaña entrecierra los ojos intentando descifrar las erráticas palabras, −es extraño, las personas suelen pensar en el paraíso y el infierno. Pero, nada de eso es verdad, sólo hay oscuridad, frío. No recuerda otra cosa. Sólo oscuridad y frío.

−Jay, ¿estás en transe o tienes una epifanía?−, pasa la mano frente a los ojos azules. Jason sólo le toma la mano y la aprieta.

−¿Acaso eres idiota? Con lo que pasó la última vez no puedo estar tranquilo. Si fallas no vas a encontrar otra cosa. No hay venganza o paz del otro lado, no existe un coro de ángeles o llamas abrazadoras, no serás una mártir, sólo pasarás a formar parte de la nada. Sinceramente Alex, ¿qué carajos es lo que esperas? ¿Vengarte o morir en el intento?

−¿Cuál es la diferencia, Todd? Este mundo es una mierda. La venganza es un capricho, nada más. Si la venganza solucionará algo desde hace siglos que habría paz.

−No hables como si entendieras la vida−, suelta la mano para sostenerle el mentón.

−¿Y tú si la entiendes?−, cierra los ojos por unos segundos.

−Al menos entiendo la vida después de la muerte−, responde con cierto pesar.

−No hay mucho por hacer respecto a mí, he tenido mucho tiempo para pensarlo. Luke se lo ganó a pulso…

–¡Sabes algo? En realidad morir es fácil, es como quedarse dormido, pero despertar. El despertar es duro, desconcertante, Alexa. Estoy cansado de perder todo lo que amo… Estoy cansado de ver morir y resucitar a las personas. Por eso quiero que mueras sólo una vez, en un lugar tranquilo, por causas naturales. O porque contribuiste a hacer de esta mierda de mundo un lugar mejor… Incluso si encuentras a alguien que te haga lo suficientemente feliz como para formar una familia está bien para mí, quiero mueras rodeada de tus hijos, tus nietos. Así nunca más tendré que despertarte, con lo egoísta que soy ya deberías saberlo, ya no sé estar sin ti. No quiero obligarte a experimentarlo. Todo será un sueño, un dulce y placido sueño. Entonces podré aceptarlo, seguiré con mi vida, esperaré la segunda muerte con la calma que nunca he tenido. Pero si te consumes por la venganza, si me quedo callado, dejo las cosas fluir; repetir la historia, tendré que obligarte a despertar. Entonces verás con tus propios ojos lo horrible y aterrador que es darte cuenta que tu ausencia no alteró en lo más mínimo al universo; que flujo del tiempo sigue inalterable. Descubrirás lo jodido que es ver que nadie es indispensable, sentirás más ira, más dolor y las cosas te parecerán más banales, más etéreas. Tú no buscas venganza buscas redención. Tú no eres como ninguno de nosotros. Eres la mujer más justa que he conocido jamás. Así que debes creerme cuando te digo que morir una vez es más que suficiente, estoy dispuesto a vivir el resto de mi vida a tu lado. O, si lo que realmente quieres es venganza, entonces deja que muera por ti las veces que sean necesarias… Dijiste que tú nunca ibas a dejarme, cumple con la maldita promesa.

Termina el improvisado discurso, sabe que no puede hacerla cambiar de opinión. Sólo quiere hablar, sólo eso. Sólo tenía que sacar de su pecho todo lo que siempre quiso decir. Es cierto que de vez en cuando duerme con Essence, que en algún punto idealizó a Barbara y la quería de una forma especial. Que pensó que con Isabella podría ser feliz por ser ajena a todo el bizarro mundo. Pero Alexa, Alexa es especial, porque con ella encuentra más paz al dormir que con Essence, porque no intenta cambiarlo como Barbara, porque lo comprende como Isabella y porque sus manos encajan a la perfección. Aun cuando están frías, al sujetarlas encuentra una calidez reconfortante, se siente; menos roto luego de un rato; mortal, suficiente, inocente. La escucha sollozar por lo bajo y sonríe culpable, no quería hacerla llorar. Sabe que no logró expresar todo lo que quería, aun deseaba decirle. Pero sabe que hay cosas que sólo el tiempo se encargará de decir. Así que calla.

Alexa enjuga las lágrimas y también le acaricia la cara, en menos de un segundo todo el dolor es aplacado con un bálsamo de besos y mimos. Jason, incluso después de morir, no comprende la vida. Le asusta pensar que la muerte y la resurrección pueden ser un ciclo que se repite una y otra vez. Morir y luego vivir era como dormir por la noche y despertar por pesadillas.

Incluso así, si despertar al lado de aquella mujer era la recompensa, si morir fue el precio que tuvo que pagar para que el destino se moviera y lo arrastrara hasta aquel mar castaño, si el amargo sabor de las despedidas era la antesala para un ritual lleno de dulces besos, si la posibilidad de despertar entre esas alas suaves existía aunque fuera en un mínimo porcentaje, entonces, entonces no importaba morir y renacer, lo haría cuantas veces fuera necesario. Volvería a morir, a renacer. Volvería a vivir sólo por ella.

Se separan y se miran. Hablan mejor con silencio, porque son demasiado problemáticos, tienen demasiado ego para hacerlo con palabras. Alex se levanta y se encamina hacia la ducha. Decide dejarla ir, mira el cielo desde la ventana, comienza a clarear, parece que la lluvia de hace un rato fue sólo una mala broma.

Regresa completamente desnuda, sin pudor se pasea ante el otro reuniendo sus cosas en una maleta que Jason nunca antes vio. Finaliza sacando la ropa de la cómoda, unos jeans de mezquilla, zapatos deportivos y una sudadera holgada con capucha son suficientes para la mujer. El pelinegro lo entiende. Supone que tiene cosas que hacer antes de mañana.

−Al final tomaste ese baño sin mí−una sonrisa ladina adorna sus labios. Intenta sonar tranquilo. –Supongo que nos vemos luego. No te mueras, quieres−. Lo último lo murmura. Alexa se encamina hacia la puerta sin girar. "Si volteas hacia atrás perderás de vista al objetivo", le dijo Selim alguna vez, pero ya estaba muerto. Así que podía hacer lo que mejor le pareciera.

−Si vuelves a coger con otra voy a cortártelo, Jay−se da media vuelta, observa al hombre desnudo en la cama. Tiene un cigarro en los labios, mira hacia el techo como si este le fuera a responder todas sus preguntas pero sonríe al escucharla decir eso. Alza los hombros como respuesta. –Nos vemos pronto− concluye. Selim no sabía que a veces se tiene que mirar hacia atrás para restructurar el plan cuando las cosas se han salido de control. En ocasiones algún detalle se escapa de la primera vista. De no haber girado hacia atrás jamás habría escuchado lo que estuvo esperando por meses.