Kingdom Hearts no me pertenece, pertenece a Square Enix y a Tetsuya Nomura.


Capítulo IV.

Discusión.


Volvía de la universidad bastante más tarde que otros días, pero era normal, aquel día había tenido que hacer horas extra en la biblioteca porque había llegado un pedido de ejemplares totalmente inesperado y era de las pocas que aún quedaban allí, así que volvía a casa con desgana, con la única esperanza de poder tumbarse en el sofá y no despertarse hasta el día siguiente, a lo mejor tenía suerte y se encontraba con su querida compañera amable aquella noche y le hacía algo para cenar. Solo de pensar en comida su estómago rugió y tuvo que llevarse una de sus manos para calmar a la bestia.

Malditas caminatas sin fin.

Nada más cruzar una de las calles para llegar a su adorada casa y sortear a un par de niños que jugaban a ver quién aguantaba más golpeando la bola sin tocar el suelo, visualizó una tienda bastante conocida a lo lejos. Naminé no era muy fan de aquel tipo de cosas, pero aquel día tenía tantas ganas de saciar un poco su hambre que no dudó en entrar en la tienda, comprando un par de helados que había visto comer en incontables ocasiones tanto a Roxas, como a Xion y a Axel cuando les visitaba. Abrió uno y comenzó a comerlo mientras caminaba.

Nada más llegar a la calle donde se encontraba la entrada hasta su pequeño apartamento, divisó una cara conocida que llegaba justo de en frente cargando una mochila llena de lo que seguramente eran libros de texto. El rostro del chico estaba nublado por el cansancio y las ganas seguramente de encontrar una cama y dormir una eternidad, sin embargo pareció iluminarse un poco al ver a su vecina.

- Hola Naminé, ¿qué haces llegando tan tarde? -saludó Roxas con una sonrisa cansada.

- Hola Roxas -saludó la rubia. - Tenía que ayudar un poco en la biblioteca donde trab-

- ¿Eso es un helado de sal marina? -preguntó mientras abría la puerta, aunque paró en seco de hacerlo por lo que acababa de descubrir, interrumpiendo a la joven que había comenzado a explicarlo de forma tranquila.

- Esto... Sí, lo es, ¿por qué? -preguntó mientras terminaba de abrir la puerta para meterse por ella y empezar a subir las escaleras.

- ¡Por fin alguien que sabe lo que es bueno! -exclamó el chico, cambiando totalmente su semblante a uno de alegría. - Solo Xion y yo lo comemos, ¡ay! Ojalá pudiese tomar uno ahora... -divagó subiendo detrás de Naminé. Ésta, por su parte, rebuscó en la bolsa que llevaba y tomó uno de los helados que había comprado para luego tendérselo al chico, parándose a la mitad del primer piso. - Toma, he comprado de más.

- ¿D-de verdad me lo das? -preguntó el chico casi con lágrimas en los ojos de ilusión. - Es el mejor regalo que me han hecho nunca... -dijo, emocionado. Al escuchar el alboroto, una cabellera oscura salió por una de las puertas de aquel piso, curiosa.

- ¿Qué pasa aquí? -preguntó acercándose, dándose cuenta de que tanto Roxas como Naminé tenían algo que, por supuesto, ella no tenía. - ¿Habéis comprado helados de sal marina sin avisar? Oye, no es justo, yo también quiero...

Naminé dejó su helado en la boca, sujeto únicamente por sus labios y volvió a rebuscar en la bolsa mientras Roxas degustaba el primer bocado de aquel exquisito manjar. Cuando la rubia tomó otro de aquellos extraños helados y se lo dio a la morena, la chica no pudo evitar tirarse sobre Naminé, emocionada ante el gesto de su vecina.

- ¡Mil gracias, Naminé! -exclamó con los brazos aún cubriéndola. - Has hecho que este día sea el mejor de la semana, ¡vamos, Roxas, que tengo a Axel en espera!

- ¿Desde cuando habláis tanto vosotros dos? -preguntó el chico frunciendo el ceño, y ambos se perdieron en el apartamento de la única fémina de la pareja. La rubia que estaba fuera se encogió de hombros y siguió subiendo las escaleras, sin saber muy bien cómo reaccionar ante lo que acababa de pasar. Xion y Roxas solían ser majos con ella, agradables, pero nunca habían intercambiado más allá que saludos y frases de cortesía, así que aquella escena se le antojó demasiado extraña, demasiado informal, demasiado... Vale, necesitaba un descanso, ¿era ella o ahora todo el mundo la trataba como si fuese una amiga de toda la vida. En lo más profundo de su corazón, se había sentido bien, aquella extraña calidez que la invadió cuando Sora confió en ella el día anterior o cuando Ventus se preocupó por cómo estaba, y eso, como ya había comprobado, le hacía tener sentimientos encontrados.

Negó con la cabeza varias veces mientras mordía el palo de madera que había quedado después de terminarse el helado. Buscó las llaves en su mochila y abrió, encontrándose con la luz apagada, las cortinas echadas y un olor a palomitas que echaba para atrás. Cuando dejó sus cosas y se aproximó al sofá vio a dos bultos acurrucados y llorando a moco tendido.

- ¡Naminé! -gimió una de ellas. - ¡Ha muerto! Hip. ¡Ha puerto!

- ¿Quién? -preguntó Naminé, preocupada por si había pasado algo, lo normal es que Kairi la recibiese bien, alegre y haciendo la cena como de costumbre.

- ¡El pobre perro! Solo... Jo... Su amo... -y comenzó a llorar de nuevo, mientras Sora le daba palmaditas en el pelo. Naminé miró al chico y éste se encontraba en iguales o peores circunstancias que la pelirroja, cuando, de pronto, salió un chico del baño mientras se frotaba las manos. Riku tenía un aspecto más maduro que ellos, y aunque parecía que aún brillaban sus ojos, parecía que había sobrellevado mejor la película que ellos. Naminé suspiró, no tenían remedio. Les dejó continuar con la sesión que tenían de cine aquella tarde y se ocultó en su habitación para hacer algunas cosas que se habían atrasado al no poder haber llegado antes a casa.

Cuando ya tenía todo preparado y listo para comenzar, unos suaves golpes se escucharon en la puerta, Naminé murmuró un adelante sin esperar que fuese escuchada o no y tomó el lápiz dispuesta a dibujar más siluetas, ajena a la persona que se iba a colar por su puerta segundos después. Pronto, un chico comenzó a inspeccionar la habitación detenidamente, parándose en cada dibujo que tenía la joven decorando cada rincón de su tan blanco cuarto.

- ¡Vaya, no sabía que dibujases tan bien! -exclamó el chico parándose en uno de los dibujos que tenía pegados en el armario. - Pero, no lo entiendo...

La joven dio la vuelta a su silla y lo miró, estaba mirando fijamente aquel dibujo, con los ojos entrecerrados y el labio un poco elevado, con dos dedos en el mentón.

- ¿Qué no entiendes? -preguntó la chica mientras se levantaba y miraba fijamente al dibujo, simplemente salía Kairi durmiendo sobre el sofá, un boceto al que dio forma por puro aburrimiento. - Es Kairi dormida, las personas duermen...

- Ya -dijo él justo cuando ella terminó su frase. -Pero en todos los dibujos sale alguien, Xion, Aqua y Terra, Roxas, Kairi... Pero tu no sales en ninguna.

- Ni tú -puntualizó ella, sintiéndose totalmente indefensa.

- Es porque a mí no me conocías -murmuró él, luego se fijó en una de las que había en la pared, donde salían todos en el ático, sonriendo, como si fuese una fotografía tomada en aquel momento.

- Supongo que porque me fijo en ellos, en sus caras, en sus rasgos, pero no puedo saber cómo estoy yo para poder hacerlo -mintió mientras se sujetaba un brazo con la mano del brazo contrario, desviando la mirada a otro de sus tantos dibujos, donde solo salía una niña jugando con su perro en el parque.

- Será por eso... -murmuró él, distante, luego negó con la cabeza y buscó con la mirada a Naminé. - ¿Vienes a ver la televisión? Quiero pedir una pizza y sé que tu no has cenado -preguntó con una sonrisa.

- Bueno, yo...

- ¡Vaaaaaaa, Naminé! Kairi me ha dicho que tu favorita es la de queso, ¡como la mía! -insistió el castaño, poniendo ojitos.

- Bueno, está bien... Ahora voy, déjame terminar esto -pidió mientras volvía a sentarse. Justo cuando el chico se fue cerrando la puerta tras de él, ella se desparramó por la silla, tapándose parcialmente la cara con una mano. Aquel chico era demasiado persistente y obviamente había notado lo que pasaba allí, con sus dibujos, ninguno era tonto y seguramente Kairi lo supiese también pero no lo habría querido hablar con ella por respeto. Suspiró y miró sus obras, tan coloridas y llenas de vida, luego buscó con la mano uno de las asas para abrir un cajón de los que tenía su escritorio y tiró, moviendo un par de carpetas e imágenes desperdigadas sin ningún tipo de control sobre ellos. Rebuscó unos segundos y lo encontró. No era más que un trozo de papel, más pequeño que una hoja normal, donde salía ella sonriente, agachada y ofreciendo su mano a quienquiera que la estuviese mirando, como para que la tomara para ayudarle a levantarse o simplemente la tomase sin más. Su vestido blanco ondeaba con el falso viento que había creado, al igual que hacía que se meciesen sus cabellos. La chica apretó los labios y casi arrugó la imagen, ofuscada. ¿Por qué no podía ver lo mismo en ella? ¡Algo faltaba ahí! Volvió a guardarla, con furia, con dolor, pese a ser uno de sus primeros y, por ende, más preciados dibujos, le molestaba verlo, en cambio; ver los que tenía por toda su habitación la llenaban, aunque no conociese a la mitad y a la otra mitad simplemente los rechazaba sin querer, por miedo a hacerse daño; aquellos hacían que se sintiese bien.

Suspiró y buscó otra imagen, esta vez una fotografía, y la encontró medio arrugada. Allí salía ella junto con otras cuatro personas, todas de unos catorce o quince años. Nunca se atrevió a dibujarla porque justo cuando quiso hacerlo, ellos se habían marchado de su vida. Dejó caer sus hombros y volvió a guardar la foto bajo dos carpetas, guardó el cajón y volvió a suspirar, cerrando su cuaderno y saliendo fuera de la habitación.

- ¡Hola, vecina! -saludó Xion quien estaba entrando en la cocina como si fuese su casa. Naminé frunció el ceño y rápidamente echó una ojeada a su entorno. No solamente estaban Sora, Riku y Kairi, no; es que estaba casi toda la banda repartidos por todos lados. Kairi apareció dos segundos después, contados; la cogió por los hombros y la miró, suplicante.

- Ha sido idea de Sora -murmuró ella para que nadie la escuchase. - ¿Te importa? Si te importa, echo a todos de una patada, eh, tu no te cortes en decírmelo -alegó ella mientras asentía, convencida. Naminé todavía no sabía cómo reaccionar, tenía una cara de póquer que no se la quitaba nadie, luego miró a la pelirroja a los ojos y asintió lentamente. - ¿Te importa entonces? - Naminé negó, porque Kairi no lo había entendido. - Bueno, pues ponte cómoda que yo lo preparo todo, si tienes que echar a alguien del sofá no dudes en hacerlo.

- ¡Naminéeeeeeeee! -chilló Sora desde el sofá con un vaso de plástico en la mano. - ¡Siéntate a mi lado!

- ¡Sora vas a manchar el sofá! -regañó Riku con el ceño fruncido.

- ¡Que nooo! -alargó la última palabra, sonriente. - ¡Que yo controlo todo lo que hago!

Naminé se sentó donde el castaño le dijo y rápidamente su otro lado fue ocupado por Ventus que no había abierto la boca desde que la rubia hizo acto de presencia, ésta lo notó y rápidamente desvió la mirada hacia otro sitio mientras él sonreía. Roxas estaba sentado sobre un cojín en el suelo y a su lado se estiraba Riku sin dejar de mirar la televisión.

Kairi y Xion aparecieron después con un montón de vasos de plástico, bebidas de todo tipo y más palomitas, alegando que es que seguramente después las pizzas se quedarían en poco con los tragones que tenía como amigos, aquello último lo dijo mirando más a Sora y a Roxas, que sonrieron al unísono. Kairi tomó asiento al lado de Riku y Xion se sentó en el sofá que quedaba libre.

No sabía como había acabado allí, pero prácticamente después de cinco minutos estando todos tranquilamente mirando la televisión, uno a uno se fueron dispersando en pequeños grupos para hablar de cosas que a Naminé les sonaban en otro idioma. Se cruzó de brazos y se removió en su asiento, incómoda. El único que parecía ajeno a aquellos grupos era Ventus, que comía palomitas y se reía de la serie que estaban dando. No supo cuando, pero se acercó un poco más a él y cogió una palomita, se la comió, cogió otra y repitió el mismo proceso hasta que...

- No lo entiendo, ¿por qué no les dice la verdad y punto? -murmuró un Ventus malhumorado porque aquella escena estaba siendo del todo ilógica.

- Porque no puede, si se lo dice entonces no le vería de la misma manera, le recriminarían que viene de otro planeta y probablemente terminarían con su vida -contestó Naminé tomando otra palomita del bol ya casi vacío. - ¿Es que no lo ves?

- ¿Y tú cómo estás tan segura?

- Porque ya he visto la serie -informó la chica encogiéndose de hombros. Ventus la miró con asombro. - Bueno, leí mejor dicho de dónde estaba sacada...

- ¡Entonces ya sabes cómo termina! -exclamó él.

- Sí, bueno, no está acabada...

- ¿Entonces no has visto la serie? -preguntó Ventus sin entender bien a lo que se refería la rubia.

- No, la serie no la he visto, pero sí me sé la trama principal, no sé si han cambiado algo con respecto al libro.

- Ya tengo a alguien con quien comentarla -sonrió el chico mientras se acomodaba mejor en el sofá. Naminé solo sonrió ligeramente, la verdad era que, poco a poco, aquel chico terminaba por caerle bien.


Naminé se encontraba sola, aburrida y sin saber qué hacer mientras estaba tirada en el sofá con un cuaderno sobre su cabeza. Había sopesado varias veces en dormirse, pero visto lo visto no parecía que su cuerpo quisiese cooperar con ella y vencerse al sueño, por lo que, hastiada, empezó a pensar sobre lo que tenía que ir haciendo para las clases. Dio varias veces en el sofá y soltó un bufido al décimo movimiento, sin duda, aquel día iba a ser de lo menos productivo. Kairi se había ido con Sora para enseñarle la ciudad y no sabría cuando volvería, así que no le quedaba más remedio que pasarse el día sola.

Como si de alguien leyendo su mente se tratase, el sonido estridente del timbre resonó por las paredes de su apartamento. Tardó tres segundos exactos en levantarse e ir a abrir para encontrarse a Ventus fuera con el abrigo a medio abrochar y un gorro sobre su puntiagudo cabello. La joven arqueó una ceja, pero rápidamente removió la cara de desconcierto por una de duda que le surcaba todo su rostro.

- Hola Vent- Ven, ¿qué necesitas? -preguntó.

- Hola Naminé -saludó él sacando una de sus manos de los bolsillos. - Verás, el impresentable de mi hermano me ha abandonado ruinmente por ir a buscar helados con Xion, así que hoy estaba solo y me preguntaba sí, bueno... -jugueteó con la cremallera unos escasos segundos antes de seguir. - Te apetecería dar una vuelta conmigo -preguntó desviando la mirada, con las mejillas comenzando a adquirir un sonrosado color.

Ella se mordió el labio inferior, sin saber muy bien qué responder. Volvía a encontrarse en aquel dilema donde se cuestionaba a ella misma qué quería, y es que desde que hacía cuatro días se había convertido en el pasatiempo favorito de su rubio y feliz vecino, con el cual nunca había intercambiado más de dos frases seguidas. ¿A qué venía todo aquello? Entendía lo del rollo de la amistad, porque Ventus parecía necesitar hacerse amigo de todo el mundo al que conocía, pero... ¿No podría haberlo hecho antes? ¿O estaba esperando a algo para hacerlo?

Ese chico cada vez más hacía que su confusión aumentase como sus ganas de preguntar sobre aquello.

- ¿Ahora? -terminó por preguntar, indecisa por dar una respuesta. Ventus asintió. - Es que no estoy vestida...

- Yo veo que vas vestida.

- No me refería a eso -puntualizó la joven mientras se estiraba la camiseta que llevaba. - Bueno, es igual, espera que coja el abrigo y ahora salgo -dijo y acto seguido se metió dentro de la casa, buscando algo con lo que abrigarse, a parte de su teléfono móvil y las llaves. Luego volvió a la puerta donde Ventus seguía esperándola, sin haberse movido ni un centímetro de su posición. - Bien, ¿dónde quieres ir?

- Podríamos dar un paseo -propuso el chico, y ella asintió, hacía tiempo que no salía a caminar porque sí. Se subió la cremallera hasta arriba y se alisó el abrigo, luego metió las manos en los bolsillos y bajo antes que Ventus del edificio.

Al principio pareció que sacar un tema de conversación había sido muy difícil. Ventus pensaba en algo que pudiese gustar a la chica y ella simplemente rehuía la fija mirada que le daba el chico, aunque él no terminaba de comprender su actitud. Si tanto le molestaba su compañía, ¿por qué había accedido a ir con él de paseo? Bueno, en general no entendía del todo cómo se comportaba, vale que le había confesado que tenía miedo de que él se cansase de ser su amigo y la dejase tirada, y él hiló aquello con que a lo mejor lo había pasado mal con alguna mala experiencia en algún pasado donde él parecía no haber estado.

- ¿Estás bien? -preguntó, y a Naminé aquella frase se le comenzaba a antojar repetitiva desde los labios del chico.

- Sí -afirmó ella mientras se encogía de hombros. - ¿Por qué?

- Porque siempre estás callada, no parece que quieras mantener una conversación y me evitas -dijo directo al grano, sin dar muchos rodeos. Por mucho que hubiera sido el que había bajado a comprobar si la joven estaba bien el día de la fiesta sorpresa de Sora, y también el que le había ofrecido ser su amigo cuando sabía perfectamente que ninguno de los que allí habitaban junto a ella a parte de Sora y Kairi se habían preocupado alguna vez en preguntarse si eran o no amigos de la rubia, necesitaba que Naminé le explicase el por qué de su comportamiento frente a todos.

Ella no contestó de inmediato, simplemente hundió más su cabeza, que parecía que en algún momento u otro se iba a fusionar con su cuerpo y su cuello iba a perder toda la función que tenía. Apretó los labios que se encontraban escondidos tras el cuello de su abrigo y aguantó la respiración por varios segundos. Vale que había accedido a ir con él, pero es que no sabía qué decirle, ya le había dejado claro que era aburrida y no tenía un triste tema de conversación con él, por eso se encontraba callada y no hablaba con él, pero no le evitaba, eso sí que no era verdad.

- No te evito -contestó a lo último con un murmullo. - Y tampoco sé de qué hablar, ya te lo dije el otro día.

- Y por eso jugamos al juego de las preguntas, para conocernos -añadió él con cierto tono de reproche en su voz.

- Supongo que no sé de qué podríamos hablar.

- Bueno, pues empieza explicándome por qué le tienes tanto miedo a tener amigos -atajó él, queriendo ir directamente a donde quería llegar. Ella apretó de nuevo los labios, pero después su rostro se tiñó de una tristeza inusual. ¿Por qué tenía tanto empeño Ventus en saber por qué no quería tener amigos? ¿Tan difícil era dejar el tema y seguir con su vida? ¿No le bastaba con empezar a tener una relación de amistad entre ellos? - Si no me lo dices, nunca podremos ser amigos de verdad... -fue su respuesta ante los pensamientos de ella, que no había escuchado pese a estar contestándolos. -Ya te pedí que me dieses una oportunidad...

- Es que no lo entiendo -exclamó ella, con un tono demasiado agudo del normal. - ¿Por qué quieres saberlo? ¿Acaso no te vale con lo que ya tenemos?

- ¡Pero es que no tenemos nada! -exclamó él, exasperado, poniéndose delante de ella en medio de la calle sin importarle que las demás personas que la transitaban pudiesen observarles. - ¡Me evitas!

- No es que no lo entienda yo, es que tu no lo entiendes -le espetó ella apretando ambos puños. - No te vale con meterte directamente en la vida de la gente, que tienes que meter el dedo en la llaga y moverlo para hacer daño, ¿no? -Naminé parecía dolida con las palabras del rubio, y, ahora, con los labios fruncidos al igual que su ceño, le plantaba cara por fin a alguien.

- ¡Esa no era mi intención! -se defendió él, también dolido por el comentario de su vecina. - Yo quería ser tu amigo, pero si no me ayudas, ¿cómo quieres que lo sea? Ni yo ni nadie podemos acercarnos a ti a excepción de Kairi, y eso es muy frustrante, ¿es que acaso no lo ves?

- ¿No hubiera sido más fácil que desde el principio os hubiérais acercado a preguntar? -preguntó ella sin moverse del sitio..

- No -respondió él, cortante. - Pensaba que pasaría como pasó con Kairi, no pensaba que contigo necesitaríamos una conversación sobre la amistad para serlo. Además, lo hice, ¿o no? Cuando ya no me quedaba más remedio, porque quería y quiero ser tu amigo, ¡pero es que ni con esas!

- ¡Pareces un crío con todo esto! -exclamó ella mientras movía los brazos de forma exagerada.

- No, tú intentas aparentar que eres más madura de lo que eres -le corrigió él levantando su dedo índice. - Pero la realidad es que a todo el mundo le gustaría tener a alguien con quien hablar y pasar el rato, incluida a ti -la señaló. - Discúlpame por querer ser ese alguien.

No volvió a mirarla, pasó por su lado y se perdió calle abajo, dirección seguramente a su casa. Naminé se quedó allí, con los brazos cruzados y mirando al frente sin atreverse a girar la mirada. Sentía la necesidad de ir tras él pues el sabor amargo que tenía en la boca crecía a cada segundo que pasaba con ella cerrada, pero... ¿Qué podía decir? Era verdad, ella se había cerrado en banda y por mucho que él insistiese ella se negaba a cooperar con Ventus. Dejó escapar de una sentada todo el aire que llevaba guardando y dejó caer sus brazos a ambos lados de su cuerpo, derrotada.

Sentía que en parte tenía razón y es que parecía que nadie se había interesado por ella hasta que Sora vino a vivir con todos ellos, pero; ¿y si ella misma no se había dado cuenta de los esfuerzos de ellos? ¿Y si simplemente se había encerrado en su dolor para evitar volver a sentirlo? Frunció los labios y guardó las manos en sus bolsillos. Le picaban los ojos y sabía lo que venía ahora.

Pero allí no, pensó; así que echó a andar, y a pensar. Ahora le tocaba a ella arreglarlo.


¡Hola a todos!

Siento que estoy haciendo muy out of character a mis personajes, si es así lo siento, intentaré hacerles lo más fieles posible. ¿Qué os ha parecido? A Naminé le tienen que cantar las cuarenta sí o sí o seguirá en su burbuja y el pobre Ventus se quedará sin ser su amigo. Así que ya tocaba, quizá un poco pronto.

¿Qué os ha parecido?

¡Nos leemos!