Todo lo que no reconozcan salió de mi rara imaginación.
Hola!
Sólo quería hacer una aclaración. En esta historia quiero decirles (o más bien me obligaron ¬¬), que el segundo nombre de Astoria es Verónica. Bueno, sólo era eso.
Disfruten la lectura!
Operación conquista a Weasley.
Lunes.
Rose Weasley entró con dificultad en su despacho, pues iba atiborrada de papeles que debía entregar en unas horas. Dejó todo en una silla libre que había frente a su escritorio para tomar un merecido descanso.
La semana pasada había sido bastante rara, pues si sumas sueños en los que el nuevo sanador de San Mungo aparece, que te has sentido vigilada a todo lugar al que vas, y que tu familia ha estado bastante distante y misteriosa, puede ser que a) te estés volviendo loca o b) todo mundo ingirió una poción extraña.
Pero a pesar de todas esas dificultades, había tenido tiempo para analizar su vida.
Era plenamente consiente de que era infeliz, y también lo era de que todos se merecen ser felices, así que ¿por qué no darse una oportunidad?
Tal vez nunca llegara a amar a alguien tanto como había amado a Scorpius Malfoy, pero eso no iba a ser un impedimento para que tratara de buscar a alguien que pudiera satisfacerla.
Ya era suficiente de lágrimas y de desear tener pesadillas sólo para poder verlo, algo casi tan masoquista como una de las novelas muggles que leyó en su adolescencia, cuando la protagonista hacía cosas peligrosas sólo para oír la voz de su amado*.
Parpadeó dos veces, sintiendo dentro de ella que algo no andaba bien, o al menos no igual a como lo había dejado el día anterior. Inconscientemente su mirada vagó hasta su escritorio, donde encontró al culpable de su incomodidad.
Una rosa roja estaba allí posada, apacible, hermosa y fragante; sobre una pequeña nota que decía: "Buenos días, Rose", y en una esquina las iniciales S.M.
Sonrió ante el misterio y tomó le flor entre sus manos con delicadeza, temiendo romperla. Lentamente la llevó hasta su nariz, para oler el fragante aroma que desprendía.
Tomó la nota y trató de averiguar de dónde provenía, pero en vano. Estuvo tan intrigada todo el día, que hasta consideró la toma de huellas digitales y todo. Ahhh, lo que hace una mente ansiosa.
Durante el día estuvo muy atenta a lo que acontecía a su alrededor, pero como no vio nada fuera de lo normal, se fue a casa frustrada.
"S.M. ¿quién será?" se estuvo preguntando hasta muy entrada la noche. Sólo había una persona a quien habría relacionado con esas siglas, pero como no era posible, lo descartó de inmediato.
Fuera quien fuera le gustaba el misterio y el romanticismo.
Martes.
A pesar de que se había dormido con una clara muestra de confusión e intriga plasmadas en el rostro, despertó con una brillante sonrisa que habría iluminado una habitación en penumbra.
Soñó que estaba en un lugar que reconoció como el callejón Diagon, más precisamente en Flourish y Blotts, rodeada de libros de pociones. Inesperadamente entraba por la puerta el nuevo sanador de San Mungo, Steve Matthews. La miraba con una sonrisa y luego se llevaba una mano a la cara como queriéndose separar de una molesta máscara…
Justo en ese momento el sueño terminó, para dejar paso a su iluminado dormitorio.
¿Cómo pudo ser tan tonta? Acababa de conocer al hombre y no se dio cuenta del mucho interés que éste le daba.
Aún sonriendo, saltó de su cama y fue rápidamente a darse un baño relajante. Salió oliendo a su acostumbrado perfume de manzanas silvestres, envuelta en una toalla.
Fue a su armario y lo abrió. Enseguida decidió que necesitaba ir de compras un día de esos; sólo había unos cuantos jeans desteñidos junto con playeras igual de viejas.
Estuvo revolviendo varios minutos en sus cajones, pero al final encontró una blusa decente color verde y una falda que hacía juego.
Luego de desayunar un poco de café y pastel que había quedado del fin de semana, se lavó los dientes y resolvió ponerse un poco de maquillaje. Conforme con su aspecto en el espejo, pensó que era buena idea conducir hasta el trabajo para pensar claramente, pero sin poder sacarse de la mente la cara de su admirador.
Cuando llegó a San Mungo, caminó resueltamente hasta su despacho. Las personas que solían verla por el pasillo, la miraron esta vez con sorpresa, pues no estaban acostumbrados a ver a la sanadora Weasley sonreír ni ir tan bien arreglada al trabajo. Tanto así que atraía las miradas masculinas más de los normal.
Entró a su despacho, que ahora perecía tener un aspecto más acogedor de lo normal.
Este día habían dejado dos rosas, tan espectaculares como la del día anterior.
Sonrió tontamente mientras las acomodaba en el mismo florero donde había dejado la otra, y guardaba la segunda tarjeta con la otra en el cajón de su escritorio.
Domingo.
Era tan relajante cocinar…
Casi había olvidado lo mucho que le gustaba el aroma de la comida recién hecha, que se metía por cada poro de su ser dándole un calorcillo que le recordaba mucho a la casa de su abuela.
Como ese día Rose y sus más preciados amigos tenían el día libre, decidió invitarlos a su pequeño apartamento para comer algo.
Hace mucho que no los veía (a excepción de Helen, que le había hecho una inusual visita hace unas semanas), y estaba decidida a que se la pasaran bien.
Justo cuando estaba terminando de arreglarse, sonó el timbre. Fue rápidamente hacia la puerta y la abrió con una sonrisa sincera.
Allí estaba Helen, su pelirroja amiga. Estaba más alta que en tiempos del colegio y ahora llevaba el cabello hasta media espalda.
Janet ahora parecía una mujer con todas las letras, con ropa moderna y un poco de maquillaje, dejando su cabello suelto. Venía tomada de la mano de Jake, que lucía más alto y fuerte que nunca; pero con es sonrisilla traviesa que no había desaparecido con los años.
Completando el cuadro estaba Andrew, más atractivo que antes con esos ojos hipnotizantes.
-¡Rose!- chillaron las chicas y fueron a abrazar a su amiga, quien les devolvió el saludo con entusiasmo.
-Me alegro de verlos- les dijo radiante-, pasen.
Entre saludos, bromas y alguna platica rápida, se sentaron en la pequeña sala.
-¿Quieren algo de tomar?- preguntó Rose yendo hacia la cocina.
-Andrew trajo vino- dijo Helen señalándolo.
El castaño fue hasta Rose y la ayudó a servirlo. Con un movimiento de varita, pronto los cinco gozaban del líquido contenido en sus copas.
-Díganme, ¿qué ha sido de ustedes? ¿Qué tal van las cosas?- preguntó Rose con interés.
-Yo sigo en el ministerio, como bien sabes- dijo Helen restándole importancia.
-E ignorando a Albus, como siempre- intervino Andrew con una mueca de desaprobación, que fue secundada por Rose.
-Hablemos de otra cosa, ¿quieren?- dijo Helen incómoda.
A Rose no le gustaba la actitud de su amiga, pues era conocedora de todo lo que su primo favorito estaba sufriendo. Aún así, no sabía exactamente la razón por la que la chica lo había dejado.
-En ese caso…- comenzó Jake nervioso.
-¿Qué pasa?- preguntó Rose interesada.
-Es que…- siguió Janet nerviosa, pero con una sonrisa.
-Aprovechando que estamos aquí queremos que sean los primeros en saber que…
-¡Vamos a casarnos!- exclamaron los dos al unísono, con Janet enseñando el anillo de diamantes que llevaba al dedo.
Inmediatamente hubo un revuelo de abrazos y buenos deseos, seguidos de chillidos de emoción.
-¿Cuándo…?- comenzó Helen
-Hace dos días, luego de la práctica de quidditch- contestó Jan aún sonriendo.
-¿No estarás…?- comenzó a preguntar Rose señalando el vientre de su amiga.
-¡No!- exclamó Jan sorprendida y divertida a la vez.
Y así, entre broma y broma, propusieron un brindis por la feliz pareja.
Luego de la amena plática, se sentaron a la mesa, que ya estaba puesta.
-Esto está delicioso, Rosie- dijo Andrew luego de tragar un bocado especialmente rico-. Recuérdame ¿por qué no eres mi novia?
Rose rió a la vez que se sonrojaba por el cumplido.
-Porque estás enamorado de Lily.
-Cierto- dijo Andrew guiñándole un ojo, pero con un brillo en los ojos que sólo tenía cuando pensaba en su novia.
-Me alegra que volvieras a cocinar, Rose- dijo Janet alegremente mientras se llevaba un trozo de carne a la boca.
Helen corroboró lo dicho por Jan y luego dijo:
-Aunque… ¿hay alguna razón en especial?
-No…- dijo Rose dubitativa.
-Nunca has sido buena mintiendo- intervino Jake al ver a dónde quería llegar Helen.
Rose se puso roja como tomate.
-Desembucha pelirroja- dijo Helen pícara. Los otros rieron por la ironía del apelativo.
-Bueno, hay un chico que…
-¡Lo sabía!- exclamó Helen triunfante.
-Déjala hablar, Helen- dijo Andrew divertido.
-¿Te invitó a salir? ¿Son novios?- preguntó rápidamente Janet, entusiasmada.
Rose se encogió de hombros. Viéndose acosada por sus amigos, no tuvo más remedio que contarles sobre las rosas que seguían apareciendo sobre su escritorio, una más que el día anterior, así que hasta el momento llevaba 15.
Les habló también sobre sus sospechas de las notas, y del nuevo sanador de San Mungo. Al final, las chicas estaban que saltaban de alegría por su amiga, aconsejándole lo que debía y no hacer ante esa situación; ante la mirada aburrida y sofocada de los chicos, que les causó gracia.
No les mencionó el gran parecido de Steve con Scorpius, pues sabía que la verían con pena y le dirían que dejara de vivir en el pasado.
Rose miró inconscientemente a Andrew, y se preguntó qué habría pasado si en el baile de año nuevo, hace ya tanto tiempo, ella hubiera estado con él y no con Scorpius. El qué habría pasado si ese chico fuera suyo y no de su prima. No era feo, nada de eso; en realidad era muy bien parecido y simpático.
Sacudió esas locas ideas de su cabeza, sonriendo ante el hecho de que las cosas no eran así, y que Andrew era sólo como un amigo más, un hermano que sólo despertaba en ella un sentimiento fraternal.
Luego de brindar una vez más por la feliz pareja de jugadores y alegrarse por Rose, los chicos se fueron ofendidos a casa de Jake para jugar quidditch, pues las chicas querían ir de compras al callejón.
Pasaron todo el día adquiriendo, desde aretes hasta zapatos, incluidas unas blusas que Rose consideraba atrevidas, pero ¿qué más daba? Estaba decidida a no dejar ir a ese hombre, claro que tampoco le pondría la cosas fáciles. Tal vez un poco de coqueteo e indiferencia harían el trabajo perfecto.
RSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRS
-Entonces aún no sabes cómo van las cosas- repitió Annie a lo dicho por su amigo, como meditándolo.
-Espero que no me rechace- dijo Scorpius agitado por tanto correr. El sudor resbalaba por su cuello hasta perderse en los límites de su camiseta blanca, que resaltaba los trabajados músculos.
Annie y él estaban trotando por el límite del bosque, una actividad que les gustaba realizar desde hace tiempo para mantenerse en forma.
Hace unos días que Scorpius había adquirido su nueva vivienda, cerca de allí; y con ayuda de su castaña amiga, ya estaba arreglada y lista para ser habitada.
-Deberías darte prisa- dijo Annie con agitación-. No alargues mucho el decirle que regresaste, porque puede haber malas consecuencias.
Scorpius estaba consciente de ello, pero quería hacerlo a su modo.
-Esta semana me acercaré a ella- prometió cuando llegaron a la puerta de su casa.
-Espero que así sea- dijo la chica gravemente.
RSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRS
El lunes se apareció temprano en el hospital, a sabiendas de que Steve llegaba antes para poner las flores sobre su escritorio. Efectivamente, cuando llegó a su oficina, había seis rosas esperando por ella. Puso cinco de ellas en el florero rebosante y tomó una para luego dirigirse a la tercera planta.
Había tomado una decisión. Enfrentaría al chico cara a cara.
Muchos la miraban al pasar, pero era algo que ya no le importaba. Caminó decididamente hasta detenerse frente a la puerta del jefe de Envenenamientos por Pociones y Plantas.
Tocó suavemente a la puerta, donde se escuchó un distraído "pasen" desde dentro. Rose entró y cerró la puerta tras de sí, recargándose en ésta y jugueteando con la rosa entre sus dedos.
Scorpius se sonrojó al notar el perfume de manzanas, pero trató de serenarse al levantar la vista de los nuevos casos que habían llegado al hospital.
Sintió ese calorcillo familiar que llenaba cada fibra de su ser con sólo mirarla.
-Hola, sanadora- dijo Scorpius amablemente reprimiendo las ganas que tenía de besarla salvajemente y hacerle un hechizo de impasibilidad a la puerta.
-¿Podría usted explicar esto?- preguntó Rose seriamente señalando la rosa.
-¿No te gustaron?- preguntó Scorpius apurado.
Rose se enterneció por dentro.
-De ser así las hubiera devuelto- bromeó Rose, aligerando la tensión en el rubio (ahora castaño)-, pero ¿puedo preguntar por qué?
Scorpius se levantó de la silla y caminó despacio hasta ella, pero no se acercó demasiado para que no se sintiera atosigada.
-¿Te parece bien si almorzamos juntos y te contesto?- ofreció el chico con esa elegancia innata.
Rose puso gesto pensativo para hacerlo esperar.
-De acuerdo- dijo al fin. No quería apresurar las cosas, pues quería que el hombre frente a ella supiera que ese no era un juego.
-Pasaré por ti a tu oficina, entonces- dijo Scorpius sonriente.
Por toda respuesta, Rose le guiñó un ojo y salió.
Al llegar al pequeño restaurante, que tenía un ambiente acogedor, se sentaron al lado de la ventana. Scorpius hizo gala de sus buenos modales, estando al pendiente por si a Rose le faltaba algo.
La pelirroja miraba al chico, esperando su respuesta.
-¿Y bien?- volvió a decir.
Scorpius se sonrojó. No estaba acostumbrado a declarar su amor así como así, pero ese era un caso aparte.
-Lo hice porque no puedo dejar de pensar en ti- dijo sinceramente.
A Rose le sorprendió ese arranque de valentía, pero no pudo dejar de notar su sonrojo o sus penetrantes ojos grises…
En ese momento sus miradas se conectaron, como si no hubiera nada más en el mundo. Sus rostros se acercaban, sin poder recordar quienes eran, en ese acto tan familiar en ellos que…
Clin…
Scorpius había movido involuntariamente su mano, que hizo caer su tenedor. Se agachó para recogerlo y se levantó ruborizado, en un gesto que a Rose le pareció bastante familiar…
RSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRS
"Me pregunto…" pensó Rose el jueves por la noche. Estaba sosteniendo delicadamente entre sus manos un viejo collar plateado que le traía muchos recuerdos.
Toda la semana había estado saliendo con Steve Matthews, en plan de almuerzo por negocios, en el que acababan hablando de todo menos pociones.
Le agradaba bastante, pero había algo en su forma de ser que no acababa de convencerla…
Viernes.
"Rayos" pensó Rose mientras corría a su oficina. Ella nunca llegaba tarde, pero se había quedado dormida y ahora ya debía de estarla esperando ese paciente que debía de ver enseguida.
Inesperadamente, chocó con algo muy duro que se interpuso al doblar una esquina.
Unos fuertes brazos la sujetaron por la cintura para evitar su caída. Levantó la mirada y se topó con unos ojos grises que la miraban suplicantes.
-Lo siento mucho, no te vi- dijo Scorpius abochornado.
-No… no hay problema- dijo Rose con nerviosismo.
Al darse cuenta de la situación, se soltaron rápidamente.
-Hasta luego- dijo Rose segundos después de ver la expresión en su cara al darse cuenta de qué collar llevaba puesto…
RSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRS
Rose suspiraba con furia mientras salía de su despacho. Había desperdiciado valioso tiempo de sueño analizando unos casos facilísimos de enfermedades que otros no habían podido resolver. Iba tan distraída que no se dio cuenta de que alguien la esperaba en la puerta.
-Rose- la llamó Scorpius cuando se dio cuenta de que ya se iba.
-Matthews- dijo Rose con sorpresa al encontrarlo en ese pasillo vacío-, ¿qué pasa?
Scorpius se acercó lentamente a ella, conteniendo su nerviosismo.
-He estado esperándola para preguntarle algo- dijo con la garganta seca. Era muy difícil eso que iba a hacer al día siguiente, pero ya era tiempo.
-¿Y qué es?- preguntó Rose con coquetería. Mientras se acercaba a él. Si quería jugar, entonces jugarían.
-¿Le gustaría cenar conmigo mañana?- preguntó temiendo una negativa. Se sintió algo aliviado cuando la chica le ponía los brazos al cuello.
Rose quedó peligrosamente cerca de sus labios, sonriendo coqueta.
-Me temo que no podré acompañarte…Scorpius.
*Esto lo saqué del libro de Luna Nueva, de la escritora Stephenie Meyer. Al menos el contexto.
Hola!
Aquí estoy de nuevo con otro capítulo de esta secuela. Espero les haya gustado. Tanto si fue así como si no, les pido que me lo hagan saber con un review =D
Espero que estén muuuuy bien. Quiero informarles que ya tengo planeado el resto de los capítulos, sólo me quedan ganas de escribir porque a veces la madre flojera puede más :s
Otra cosita hehe, si gustan pueden pasar a mi profile, donde está el link de una especie de viñeta que escribí llamada "Somos Familia".
Nos leemos!
