Capitulo 4:
La fuerza del agua hizo que Riza perdiera el equilibrio y la tiro al suelo. La boca y la nariz se le llenaron de agua salada. No había nada de lo que agarrarse. De pronto pensó que, a pesar de todos sus planes de huida, iba a morir allí mismo. Frank habría sonreído anta tal ironía pues siempre le había dicho que, si alguna ves intentaba dejarlo, la mataría.
Unas manos fuertes la agarraron de los brazos y la sacaron del agua. Le ardían los ojos, pero pudo ver la silueta de un hombre alto. Una luz procedente del pasillo le dejo ver unos rasgos bien marcados y unos ojos negros.
No podía dejar de tiritar. Tenia el vestido empapado y el pelo recogido en aquella larga trenza le caía por la espalda como si de una soga se tratase.
-¿Hay alguien mas?- tenia la voz grave.
-No creo. Hace ya horas que oí como bajaban los botes salvavidas. Grite, pero nadie acudió a ayudarme.
De sus labios salio un juramento lleno de furia. Un brusco movimiento del barco la empujo hacia el y , al notar su pecho contra el rostro, sintió una extraña y calida sensación. Por un breve instante, se sintió a salvo.
Sus firmes brazos la agarraron la llevaron hacia la puerta.
-Vamonos de aquí- le ordeno-. No tenemos mucho tiempo.
Apenas podía moverse por el peso d la ropa mojada y el agua que ya la cubría hasta la cintura. La lana empapada de la falda le exigía la poca fuerza que tenia para avanzar por el pasillo.
-Muévase o moriremos los dos aquí- le dijo el desconocido cunado estaban a punto de alcanzar la escalera. Le puso la mano en la cintura y la levanto hasta dejarla en el primer peldaño.
Riza alcanzo la cubierta y rompió a toser. La lluvia había amainado. A lo lejos se veía la luz de un faro. Allí estaría a salvo, pero estaba demasiado lejos.
La cubierta estaba completamente inclinada y cada vez se intentaba ponerse en pie, una sacudida la devolvía al suelo.
-No puedo caminar, me pesa mucho le vestido- su voz sonaba tan débil.
- Ya casi hemos llegado- le dijo, agarrándola del codo-. Solo quedan unos metros mas.
Riza se obligo a si misma a ponerse en pie.
-No voy a moriré ahora. He llegado demasiado lejos- ni siquiera se dio cuenta de que había dicho aquello en voz alta hasta que el le respondió.
-Los dos hemos llegado demasiado lejos para morir ahora- el desconocido se agacho un poco y la cargo en brazos.
Así la llevo hasta la barandilla. Riza vio un pequeño bote que flotaba junto al buque. El mar estaba negro y muy agitado. Se agarro fuerte ala chaqueta del desconocido.
-¡No se nadar!- grito angustiada.
-Yo si.
- Y al paso por encima de la barandilla hacia el agua.
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La sensación de ligereza no duro más que un instante. Antes incluso de poder gritar, Riza aterrizó en el agua. El gélido océano se le metió en la boca y en la nariz. La sangre se le helo en las venas.
Por un momento pensó que no podría volver a tomar aire. Todo sabía a sal. Le ardían los pulmones.
Pataleo en el agua, tratando de llegar a la superficie pero sin saber que haría si lo conseguía porque, aunque pudiera soportar le peso de la ropa que la empujaba hacia el fondo, no sabia nadar.
Entonces una mano fuerte la agarro firmemente del brazo y tiro de ella. Riza se aferro a su salvador, con la seguridad de que, sin el, moriría. Cundo por fin salio a la superficie respiro hondo y rompió a toser. Al notar que su hombro rozaba con algo se dio cuenta de que estaba junto al bote de remos.
- No muevas los remos, Maes- dijo su salvador-. He encontrado a una mujer- la seguridad de su voz la ayudo a relajarse. Por algún motivo supo que estaba a salvo.
Aquel hombre la agarro por la cintura.
- Agarrase al bote. Voy a subirme yo primero para poder subirla a usted.
-No e suelte- le suplicó aterrada.
El desconocido se acerco tanto a ella, que sintió sus labios rozarle la oreja.
-No se asuste. Estará en el bote en un momento.
Le ardía la piel a causa de las gélidas aguas y apenas podía mover los dedos para agarrarse al borde del bote. Sin embargo, al mirar aquello ojos calidos y llenos de confianza, supo que no la abandonaría y que todo saldría bien.
- Dese prisa.
Su salvador subió al bote con facilidad a pesar de que el pequeña embarcación se movía mucho, peor el parecía desenvolverse como si estuviera en tierra firme. Después se asomo por el borde y la agarro de los brazos. En un abrir y cerrar de ojos ella también estaba en la barquita. El frió se le había metido hasta los huesos y no podía parar de tiritar.
-¿Donde la encontraste?- pregunto el otro hombre, dándole una manta al desconocido.
- En los camarotes- la envolvió con la manta pero ella seguía temblando.
El joven la miro como si fuera un espectro.
-Jamás habría imaginado que podría haber una mujer a bordo de ese buque.
El desconocido se sentó detrás de ella, colocando un pie a cada lado de su cuerpo. Sus muslos le rozaban los hombros.
- De eso se trata, Maes, de no imaginar.
- Si, amigo.
- Dame otra manta para la dama- dijo al tiempo que agarraba los remos y comenzaba a remar. El bote comenzó a moverse hacia la costa.
-Como tú digas, Mustang respondió el joven con una sonrisa, obedeciendo de inmediato.
"Mustang". Su salvador tenia un nombre después de todo, pensó Riza mientras se arropaba con la segunda manta. Los héroes de los libros solían tener nombres exóticos y memorables.
Se froto lo brazos, sin saber todavía si debía estar agradecida o asustada.
Mustang hundió los remos en el agua. Era increíble que aun le quedaran fuerzas para remar. Lo cierto era que a pesar de todo irradiaba energía, un poder que le daba poder absoluto sobre ella que estaba agotada. Ese hombre acababa de salvarle la vida y aun así había empezado a desconfiar de el. Y todo por culpa de Frank.
Parecía un hombre corriente, peo desde luego no lo era.
Mustang estaba sucio, cubierto de algas y arena. Pero a diferencia de los marineros del barco, no olía a suciedad ni podredumbre. En realidad desprecia un suave olor almizclado que la intrigaba.
Riza cerro los ojos. Dios, estaba tan cansada de tener miedo. Quería recuperar su vida, quería volver a reír. Aunque en aquel momento, lo que mas necesitaba era dejar de tener frió y dormir. Dejándose llevar por el agotamiento, se inclino hacia la izquierda. Su mejilla rozo el muslo de Mustang.
-¿Cómo se llama?- le preguntó el.
Aquella voz grave y profunda la sobresalto. Abrió los ojos y se sentó muy recta, de repente se dio cuenta de que acababa de poner la mejilla en su muslo.
-Riza.
- Supongo que también tendrá un apellido.
Riza titubeo unos segundos. Frank no tardaría en regresar a casa y empresaria a buscarla. Además la sola idea de unir el apellido de Frank a su nombre la daba escalofríos.
- Hawkeye-. Me llamo Riza Hawkeye.
-¿De donde es?
No quería hablar, estaba tan cansada que apenas podía pensar. El la miro sin sonreír. La luz del farol iluminaba sus rasgos bien marcados y, por un momento, Riza pensó que poda leer sus pensamientos, adentrase en su alma.
-¿Qué hacia en el Anna St. Clare?
-Tengo familia en la costa- odiaba mentir, pero no podía permitirse confiar en nadie.
- No es habitual que una mujer viaje en un buque de carga.
- Es más barato- y mas discreto.
Su rostro se puso en tensión, como si supiese que le estaba mintiendo.
-Ya.
Un escalofrió recorrió el cuerpo de Riza, seria por el frió. La lluvia había cesado, pero el viento nocturno cortaba como un cuchillo. Estaba deseando escapar de aquel bote y de la mirada escudriñante de Mustang.
- Le estoy muy agradecida, señor.
El se encogió de hombros.
- Es mi trabajo.
- Ha tenido suerte de que Roy estuviera de servicio- intervino Maes, frotándose las manso para calentárselas-. No todos los hombres se adentran en el mar en estas condiciones.
Riza miro al hombre. Debía de tener la misma edad que su amigo, y parecía amistoso. ¿O seria que ella deseaba sentirse segura?
Empezó a tiritar de nuevo y las manos comenzaron a temblarle. Mustang apretó las piernas para darle calor. Ella cambio de postura, el contacto de su cuerpo la inquietaba.
- Esta helada. Mis piernas la ayudaran a entrar en calor.
- Estoy bien- aseguró ella.
-Se le esta poniendo la piel morada.
Cerró los puños de manera inconciente, dispuesta a empezar a luchar si era necesario. Ya no volvería a rendirse ni a ceder nunca mas.
-Con las mantas es suficiente.
- Debería dejar el pudor a un lado, señora Hawkeye, al menos hasta que entre en calor. El frió puede quitarle la vida tan fácilmente como el mar.
"Señora Hawkeye".La había llamado señora Hawkeye; no se le había paso por alto la indumentaria de viuda. Estupendo.
Trato de relajarse pues en el fondo sabia que llevaba razón. Moriría si no entraba en calor.
- Tiene razón. Soy… soy una tonta.
- No se preocupe.
Se arropo bien con las mantas y el volvió a apretar las piernas. El calor de su cuerpo la arrullo. Sabia que debería sentirse aliviada, pero no era si. Era demasiado peligroso depender de alguien.
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Ya chicas, ultimo chap de la semana y espero les hay gustado. Como siempre agradezco a todas las que leen y a las que dejan su opinión:
Xris, Rizita-chan, beatifly92, tsuyu, stela y KaRiTo-Chan muchas gracias, ciao.
