Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.

Notas:

POR FAVOR LEED EL AVISO DEL FINAL ES IMPORTANTE.

Muchas gracias por dejar un comentario porque esto anima a cualquiera que empieza una historia con el mero fin de animar y emocionar.

El capitulo número 3 era mi pequeño de regalo de San Valentín para todos vosotros como la gente que más me lee, comenta y es más activa, lo hace con una rapidez increíble, he decidido que no puedo dejarles 7 días días abandonados después de lo mucho que me han apoyado, así que por y para ellos, publico este capitulo tan prontamente.

Espero que el detalle sea apreciado.

CAPITULO 4

Allí se encontraba, la mujer a la que creía que la había ayudado a corregir el rumbo. Que estúpida era, había intentado contener el mar con las manos, sin darse cuenta de que la chica que se encontraba tumbada en el suelo a su vera no necesitaba una mano, necesitaba una balsa salvavidas en medio y medio del desierto. Era Korra, no había duda, la mujer que se encontraba con su camiseta azul empapada por la lluvia, y sus pantalones grises manchados en varias zonas. Era el gato callejero que decidió abandonar. Era Korra.

-¡Ey!, fresón- saludaba con una leve sonrisa a la joven de tez pálida, para después poner un ligero puchero – No quería volver a verte, a ti no.

-Korra, ¿qué haces aquí?- preguntaba mientras se agachaba para notar la saliva en la comisura de los labios, los mocos que le caían de la nariz, los ojos encarnados y entreabiertos. En definitiva, una mujer que volvía a estas borracha- ¿Por qué viste la misma ropa?.

-Porque los pobres no tenemos más ropa. No somos como tu que quemas tus bragas cuando las usa- replicó mientras intentó ponerse de pie, sin mucho éxito.

La heredera intentaba peinar un poco a la joven alcoholizada que tenía ante ella. Esta intentaba apartarse pero el cuerpo le pesaba. Su cabello estaba sucio y enmarañado.

-Tonta, yo no hago esas cosas. No creo que nadie que conozca haga esas cosas.

Un fuerte olor llegaba de la joven que estaba tumbada en el suelo. Esta vez no solo era alcohol, sino también sudor y los restos de algo que no quería descubrir.

-Korra, ¿cuantos días llevas sin cambiarte de ropa?.

-No sé, ¿hace cuanto nos vimos?- respondía a la pregunta con otra pregunta. Arrastraba aun más las palabras que la ultima vez, y esta vez se notaba que le costaba un poco respirar.

-¿Estas bien?- fue la única duda que le venía a la joven de brillante cabellera opaca. No quería darse ella mismo el permiso para palpar el pecho de Korra y así poder notar si su respiración era arrítmica.

-Claro, muy bien – la sonrisa irónica que surgió en el rostro que tenía ante ella no era más que una mueca burlona que daba un bufón ebrio ante una pregunta innecesaria. "Acabo de hacer la pregunta más tonta del mundo", se reprendió mentalmente ella misma.

-¿Por qué no has ido a casa? - no podía creerse que la mujer llevase la misma ropa desde hacía varios días. Eso no era algo de gente de clase media, ni siquiera baja, eso era algo propio de un vagabundo que no podía cambiarse de ropa al no tener ninguna más.

-Es que esta él, con ella- esa respuesta le partió el corazón a Asami, a la vez que volvía a maldecir a sus propios nervios que la obligaban a preguntar obviedades en voz alta. La pobre chica que tenia a su lado estaba triste y asustada como ella cuando escuchaba el tronar de la tormenta; pero ella no era y sus preguntas no ayudaban en nada.

-¿Donde has estado durmiendo?- inquiría mientras hacia gestos para que su asistente saliese del automóvil y se acercase.

-Estuve durmiendo en el trabajo, pero mi jefe me descubrió durmiendo en el almacén por las noches y me despidió. Después de eso, en donde podía.

-Que tipo más poco comprensivo.

-Bueno- Korra empezaba a cerrar más frecuentemente los ojos y a toser con cierta fuerza. -Si hubiera aceptado su petición de mamársela en vez de estamparle su maldita cara contra una puerta, seguramente ahora seguiría durmiendo en el almacén.

Korra se quitó el abrigo que llevaba e intentó tapar a la joven que yacía tumbada a su vera, pero de poco valía porque aun se encontraba empapado de su espera bajo la tormenta.

-Maldita sea, ¿Y tus amigos?, ¿por qué no estas con ellos?.

-Quería estar sola. La gente se mete en mis cosas, en mi vida. Simplemente, no queria ver a nadie- en ese momento, la joven de ojos celestes comenzó a sollozar y con un mohin.

–además, he perdido un calcetín – sollozó mientras señalaba elevaba un poco una de sus botas -era mi segundo calcetín preferido.

-¿Cual es el primero?.

-El que llevo puesto.

-Pues no lo perdiste, me lo regalaste por mi cumpleaños – respondió la joven Sato con la sonrisa más dulce que pudo encontrar en su repertorio.

-¡Ah!, pues tengo frio en el pie- contestó con una mueca propia de niños y borrachos.

En ese momento ambas pudieron escuchar sonidos de claxon e insultos, pero como todos iban silenciándose a medida que los conductores se acercaban a donde se encontraba Kuvira, que quién habiendo salido del auto y dirigiéndose hacia su jefa, destrozaba con su mirada hasta la actitud más marrullera. La mujer del lunar había perdido tiempo intentando colocar el coche de forma que molestase lo menos posible, para después salir con paso decidido hacia donde su jefa se encontraba.

-¿Que sucede señorita?- la escolta se sorprendió al ver a la joven de tez morena tumbada en el suelo, con peor aspecto que la ultima vez- ¿como esta su amiga?.

-No muy bien. Korra, esta es Kuvira, va a ayudarnos.

-Fresón. Márchate, por favor – imploró la joven, a la vez que un quejido mantenía sus lagrimas en los profundos mares azules de sus ojos – esta vez no es tu cumpleaños. Esta vez no puedo darte otro regalo.

La sangre de la heredera se congeló viendo la triste realidad. Ella no había sido un soplo de aire, la luz en la oscuridad, el punto bueno de las cosas; ella solo había sido una metomentodo que había alargado injustamente su final. La joven que yacía tumbada a su lado no había pensado en cambiar su rumbo, simplemente le había concedido el regalo que pidió por ser el día de su cumpleaños. Asami le había hecho padecer más días sin haberla ayudado de verdad. Todo lo que había creído estos días que había logrado con Korra eran solo mentiras. Todo una pantalla de humo provocada por su propia necesidad, por su deseo, por su egoísmo; de notar que podría ser útil a alguien sin que fuera por su apellido o el montante de su fortuna. Ese deseo de ser relevante para alguien como ser humano la cegó, hasta el punto que pensó que su huella en el mundo ya estaba hecha, que aquí quedaba marcado el hito de quién era Asami Sato para toda la eternidad. Pero esta vez no, se había equivocado pero el destino y los espíritus quisieron que estuviese allí para corregirlo; esta vez no iba a abandonar a la persona que le hizo sentir importante, a la persona que le hizo notar que podía cambiar una parte del mundo siendo simplemente ella, algo tan simple para algunos, pero a la vez tan complicado para ella.

-Pues yo quiero darte un regalo.

-No, dejadme en paz, solo pido eso. Por eso no quería que me vieras, Asami. No quería volver a verte para que te sintieras bien. Te agradezco lo que intentaste hacer, pero yo he decidido bajarme de este mundo.

-Pues no te dejaré, ¿me oyes?. No lo haré, no voy a dejarte aquí para que una pulmonía o un salto en caída libre desde el puente te mate. No voy a contribuir a que mueras. No voy a renunciar – soltó la joven Sato como enervando un discurso antes de un batalla. Era una batalla, su batalla, la que había tomado por suya hace días y debía terminar. En el fondo, la empresaria sabía que si la volvía a abandonar , moriría, su luz se extinguiría; y Asami pasaría los días buscando una Korra en la sección de necrológicas, para después llorar de impotencia.

-Tonta, hay más soluciones que eso – replicó con una sonrisa boba en el rostro, mientras semejaba que entraba en un estado de semiconsciencia en el cual iba cayendo poco a poco.

Kuvira en ese momento se agachó con felina rapidez y encendió un mechero metálico cerca del rostro de la joven de cabello castaño. Mientras la joven de tez pálida miraba, la mujer del flequillo pellizcó con fuerza el dorso de la mano de Korra.

-Tienes los ojos dilatados. Se ha drogado. Además no siente nada, puede que sea adormidera.

-¿Es grave?- inquirió temblorosamente asustada la heredera.

-Es una droga que bastante consumida. En pequeñas dosis produce un cosquilleo, en grandes dosis genera que vayas perdiendo la sensibilidad en las extremidades. Si continuas consumiéndola, adormeces, entras en coma y tu corazón de detiene.

-¿Como sabes eso?- inquirió Asami sorprendida.

-Soy responsable de su custodia. Tengo que saber de todo- respondió con una leve y divertida sonrisa- además, fui guardaespaldas de otras personas antes que de usted.

Sin dejar de pensar si se refería a su padre o a otros miembros de la junta, la heredera decidió que aquello no era de importancia e interés en ese mismo momento y volvió a centrarse. Miró a los ojos medio cerrados de la suicida, con una mezcla entre horror, tristeza y enfado.

-Korra, ¿cuanto has tomado?. ¿No ves que te estas matando?- su tono agradable se había convertido en una voz furibunda, entrecortada por un quejido de pánico, que exhortaba a los pocos hilos de consciencia de la joven que yacía ante ella.

-No quería sufrir fresón. Al principio era para no sentir y reírme un rato, después para el final.- dos solitarias lagrimas se escaparon de sus ojos cansados y tristes, dos gotas de alma que se mezclaron con la lluvia – no quiero pedirle nada a nadie más, no quiero que se preocupen por mi. Ya no tengo ni trabajo, ni casa, ni a nadie. He luchado, he vivido, y he perdido. Ya no tengo más ganas de seguir jugando.

-Vamos, no seas idiota- rogó mientras apretaba con fuerza una de las manos de la suicida, a la vez que Kuvira la sostenía por los hombros- no te rindas

-La banca ha ganado conmigo- replicó- Gracias.

Asami estaba enfadada, molesta, furiosa. Demasiadas sensaciones para digerirlas a la vez. Ella había ayudado a la joven de pelo corto, pero la había abandonado a un páramo aun más desolado. Sabiendo lo que hacían sus compañeras de internado para forzarse el vomito, la joven Sato intentó introducir sus dedos en la boca de la mujer de piel oscura, pero esta tenía la boca sellada con aplastante insistencia.

-¡Abre la boca, maldita sea!

-Señorita Sato, esta joven esta muy drogada, no es consciente de sus actos. Si se desmaya será complicado atenderla.

-Llama a una ambulancia.

-Déjeme actuar para salvarla. Seré más rápida que una ambulancia– ante la petición de Kuvira, Asami solo pudo enmudecer, pensando que en si la mirada fulminante de su guardaespaldas podría deshacer los síntomas como disolvía el empuje de ira de los más prepotentes con solo fijar en ellos sus ojos verdes.

-Hazlo, por favor- afirmó la empresaria a la vez que pensaba si sería necesario llamar pidiendo ayuda.

Ante la confirmación de su jefa, Kuvira levantó a la joven drogada como pudo, la apoyo sobre la barandilla y le propino un potente puñetazo en la boca del estomago que espantó a la empresaria. Antes de poder replicar nada a su subalterna, la mujer del flequillo lánguido propinó un potente rodillazo en el estomago a la chica de ojos celestes, la cual ahora los tenía abiertos de par en par expresado una contraída muestra de dolor.

-¡Ah!- fue el único gimoteo que escapó de Korra.

-¿Quieres matarla?- gritó iracunda Asami.

-No quiere abrir la boca, pero hay que hacerla vomitar- rebatió Kuvira, dicho que la salvaría y si esa maldita terca no abría la boca, iba a hacerle devolver el alcohol a golpes– Esto es lo más rápido y efectivo.

El cuerpo de la chica ebria comenzó a azogarse con fuerza, pero ante esto, su escolta no se refrenó y le propició un potente gancho al estomago. En ese momento las mejillas de Korra se inflaron y mientras Kuvira la orientaba hacia el mar, la joven Sato pudo ver como se vaciaba el contenido de su estomago directamente al mar.

-Así es, buena chica- decía la mujer del lunar en la mejilla a la vez que sujetaba el cabello de la joven de ojos azules y le daba golpecitos en la espalda.

-Estúpida loca, pegas dudo- fue lo único que pudo decir la joven ebria que regurgitaba todo el contenido del estomago directo al mar.

-Y tu aguantas mucho. Venga, fuera todo – las palmaditas se acompasaron con un tono de voz dulce y armónico, como si Kuvira hablase con un niño, algo que Asami desconocía de ella- has preocupado mucho a la señorita.

-¿Estará bien?- preguntó la heredera, sorprendida de todos los conocimientos y maneras de desenvolverse que tenía su guardaespaldas.

-Si, la adormidera tarda en digerirse y es de efecto lento. Si podía hablar estando borracha y en este estado no debería ir a peor – mientras contestaba a la duda iba sacando una pequeña petaca del bolsillo de su chaqueta- esto es café de tierra negra del sur. Toma un poco.

Sin rechistar, Korra intentó tomar un tragó, solo para apartarse la botella de los labios y quejarse.

-Sabe a rayos- inquirió, a la vez que volvía a toser con fuerza.

-Lo se, me gusta sin azúcar, pero te despertará. Ahora no debes dormirte – una mueca algo divertida se dibujaba en su rostro ante las quejas de la joven que apenas podía sostenerse.

"Tengo que subirle el sueldo", pensó Sato para sí misma mientras observaba la situación.

-Y ahora, ¿qué hacemos?. ¿La llevamos a un hospital? - preguntó la mujer del flequillo.

-No, a un hospital no, dejadme en paz. No lo volveré a hacer- lloriqueaba Korra mientras continuaba tosiendo y aspiraba grandes bocanadas de aire.

Las otras dos jóvenes la miraron con severidad y exclamaron a la vez: -Mientes.

Sus ojos azules ahora estaban encarnados y lagrimeaban ante el esfuerzo, pero eso no pudo evitar que Asami se fijase en que aunque así de destrozada, la chica que tenía ante ella era una muy linda. Para su sorpresa, Kuvira rodeo por la espalda a la joven de tez morena, colocando sus manos en el abdomen de esta. Sato pensaba ya mil cosas extrañas, justo antes de que su escolta aplicase un fuerte golpe en el estomago de la chica ebria que ya apenas pudo arrojar nada más a la bahia.

-Loca bastarda- se quejó Korra mientras sus piernas le fallaban y temblaba – casi me rompes una costilla.

-Había que asegurarse- respondió con indiferencia ante el insulto a la vez que rebuscaba en sus bolsillos hasta topar un pañuelo para secarse el sudor.

Asami se acercó a la joven que volvía a desplomarse en la fría acera del puente. Ahora no solo parecía un gatito callejero, sino que al pobre animal lo habían apedreado unos niños muy crueles y ahora se escondía, herido, de todo el mundo. Con suma delicadeza, la mujer de cabello oscuro acarició la mejilla de la joven, llena de lagrimas, son saliva en los labios y mocos saliéndole de la nariz. Parecía una niña pequeña que había estado muy enferma de la tripa por un empacho.

-¿Por qué no quieres ir a un hospital?- intentó que su voz sonase lo mas suave y calmada posible.

-No quiero... no quiero ir. No tengo dinero, no quiero que llamen a nadie, no quiero que nadie se preocupe por mi, los que lo han hecho dan asco.– contestó mientras inspiraba con fuerza para que los mocos no le cayesen por la nariz.-además, no me gustan los hospitales.

La empresaria sabia que si iban al hospital seguramente llamarían a sus padres o a su novio, lo cual no parecía ser del agrado de la chica. Además, puede que la internasen a riesgo de suicidarse y la joven Sato no quería verla encerrada como un animal y llena de medicamentos.

-Vale, entonces te vienes conmigo. Vamos a ir a mi casa. Kuvira, por favor ayúdame a levantarme- esa fue la respuesta de Asami Sato, mientras en su rostro relucía una sonrisa que recordaba a la de una madre después de contar un cuento a sus hijos.

La escolta obedeció, aunque no podía ocultar su mirada de sorpresa ante tal acto. No era para menos tal sorpresa, pero la voz de amable petición y ferrea decisión impidieron a la joven del lunar cuestionar la decisión.

-Pero- añadió la heredera- si empiezas a quejarte o a decirte que te dejemos ir, llamaremos al hospital y vendrán las ambulancias; y si intentas alguna tontería será a la policía. No quiero hacerte daño, solo que puedas descansar.

-¿Por qué haces esto?- era la única pregunta que surgía en la mente ebria de Korra al ver que sin motivo aparente una persona la estaba ayudando a entrar en un lujoso automóvil gris perla.

-Porque te salve la vida.

Continuará...

Reflexiones:

AVISO:

Tengo un leve problema: Por motivos laborales tengo que ir a un congreso que me mantendrá lejos de mi hogar durante 7 días, así que tendréis que esperar por el capitulo 5. Ya había avisado que las actualizaciones iban a frenar, en termino de prontitud, pero es para avisar que no estaré en unos días.

Espero que la gente que suele comentarme aprecie el detalle, pero me sabía muy mal haber partido un capitulo para darle a el recuentro el protagonismo necesario. Creo que saciar vuestros anhelos es lo más correcto.

A veces ves que el tráfico va bien, pero no sabes si lo escribes gusta o no; así que los comentarios de las reviews son una buena forma de encontrar el empuje positivo. Que por cierto, los tres primeros capítulos suman cerca de 1000 visitas y más de 350 usuarios que se han animado a leerme. En las primeras 24 horas del capitulo 3, cerca de 100 lecturas y más de 50 personas.

Gracias, pero en especial a los que comentáis.

Reflexiones:

Estuve haciendo cálculos, y teniendo en cuenta que solo los 3 primeros capítulos son el prologo de la historia, quiero avisar que es posible que esta historia sea bastante larga. El esquema que hice pensando las partes se me ha ido de las manos, ¡esto es solo la primera hoja de una docena!.

Ahora mismo estoy realizando el borrador esquemático de otras dos obras para un futuro., una de ellas será en el universo de Naruto, la otra aun no lo sé porque me han pedido que considere varios universos y parejas, aunque respetan mi decisión, a la par que juran que la leerán. No obstante, me encanta que algunas personas crean que podría darle un buen uso a su pareja preferida porque es algo que considero muy cercano.

Estoy deseando que termine el concurso donde participo con Estaciones: Un vergel en primavera, tengo ganas de escribir Kyalin porque estará enfocado al humor, la familia y el romance, este es mucho más serio y algunas escenas dulces no podrían darse en un drama de tintes tan series.