Tal vez las cosas no suceden por una razón. Quizás solo estamos buscando la manera de darle sentido al caos que nos rodea.
Tal vez estamos dando significado a lo que no tiene sentido.
Tal vez estamos tan aferrados a la esperanza que nos olvidamos de la realidad. ¿Y si nos equivocamos y nada está destinado a nada? Buscamos desesperadamente consuelo en que las cosas saldrán bien al final, sin importar lo que pase.
¿Y si nos hemos engañado a nosotros mismos en la creencia de que todo va a estar bien al final sólo para no tener que enfrentarnos a la realidad de que tal vez no lo hará?
Capítulo 4 El nuevo juguete de Wesker
Jill estaba tumbada sobre la cama de la moderna pero escalofriante celda. Miró al techo, distraída. Un camisón blanco que le llega hasta las rodillas y de manga corta es lo único que le cubre, esta vez limpio y con olor a suavizante. Lo encontró hace no mucho en la cómoda de detrás de la cama. Tenía el ceño fruncido y una mueca de dolor permanente en el rostro: la herida del muslo se le había infectado, y dolía a rabiar. Logró cortar la hemorragia colocando una toalla sobre la herida, pero no encontró nada para sanarla debidamente. Y mucho menos iba a rebajarse a Wesker y pedirle ayuda. Eso sí que no lo haría nunca. Prefería pudrirse en aquella celda antes que rogarle ayuda a aquél psicópata.
Por otra parte, también siente una punzante angustia en el estómago. Supone que es hambre: lleva sin comer bastante tiempo. Pero es una angustia distinta a cuando está hambrienta…
Odia a Wesker. Le odia, por ser el monstruo que es. Por causarle tanto daño…
Jill se incorporó con cuidado y se sentó sobre el borde de la cama. Gimió de dolor y colocó la mano sobre su muslo, sin tener muy claro qué hacer para aplacarlo.
La puerta se abrió de repente. Entró Excella Gionne, con su vestimenta tan "sencilla" como siempre. Tenía las manos entrelazadas y firmes, y en su rostro se dibuja una sonrisa.
-Buenos días, Sta. Valentine. Veo que no tiene sueño.
Jill frunció el entrecejo. No sabía qué día es y menos la hora.
-Son las doce de la noche-le dijo Excella, adivinando lo que pensaba.
-Dudo que alguien pueda conciliar el sueño en un lugar como éste-replicó Jill.
-Créeme, esta celda es mucho más cómoda y acogedora que la que teníamos pensado asignarte en un principio.
Gionne le miró con desprecio disimulado.
-Agradece que Albert insistiera en instalarte aquí. Ahora podrías estar en una celda de contención bajo tierra junto con algún que otro B.O.W.-insistió Excella, elevando la barbilla desafiante.
-Sí, ya. Tengo mucho que agradecerle-farfulló Valentine, con un deje de sarcasmo en su voz.
Excella dirigió su mirada hasta la pierna de ella. Vio los cercos de sangre seca en la cara interior del muslo derecho.
-¿Cómo te has hecho eso?-le preguntó, poniendo los brazos en jarras.
-No me acuerdo.
-¿No te acuerdas o no quieres contármelo?
-Un poco de ambas, quizá.
Excella resopló y rodó los ojos. Sacó un móvil de alta tecnología táctil y llamó a alguien. Tras un par de frases cortas en voz baja y palabras como "Ajá. Sí. De acuerdo", colgó y guardó el móvil en su pequeño bolso de fiesta dorado.
¿Acaso cree que esto es una pasarela para su lucimiento?, se preguntó Jill en su mente.
A los dos minutos, silenciosos e incómodos, aparecieron dos hombres con batas blancas y de avanzada edad en la habitación. El de cabello castaño y corte militar sacó una jeringa del interior de la bata, y le dio varios golpecitos con los dedos para que saliera el aire de dentro de la jeringa. Después, se acercó a Jill y le insertó la aguja en el brazo, con rostro impasible. A Jill se le nubló la vista y comenzó a sentirse mareada. Sus párpados se cerraban, y sentía que su cuerpo entero se dormía. La alzaron en volandas entre ambos científicos y la llevaron hasta una camilla. Después perdió el conocimiento.
Un escalofrío le recorrió la espalda a Excella. Un enorme ataque de celos le estaba invadiendo con tan sólo ver el panorama de delante de ella.
Albert estaba cosiéndole la herida a Valentine, tras haberla curado y desinfectado. Parecía hacerlo con esmero y delicadeza. Una sonrisa permanente de lado enmarca su normalmente serio rostro. Sus manos se desplazaban con rapidez y cuidado de la mesa de laboratorio al muslo de Jill. Pero hay un gesto, que la irrita y logra convencerle de que se debe marchar de allí antes de clavarle la aguja a Jill.
Wesker acaricia el muslo de ella, de manera disimulada para cualquier persona que no estuviera tan obsesionada como Excella. Jill gimió por el contacto cálido pero incómodo y doloroso de Wesker sobre la cicatriz.
Jill abrió los ojos lentamente, parpadeando con dificultad y tratando de recostarse. Se sonrojó violentamente al ver que está prácticamente abierta de piernas ante Wesker, que esbozó una sonrisa de lado. Jill quería incorporarse y asestarle una bofetada, pero su cuerpo no estaba por la labor de realizar algún esfuerzo físico. Ahora que Jill se ponía a pensarlo, no era la primera vez que le tenía tan cerca. A Jill jamás se le olvidaría aquél asfixiante día de Mayo del 1998…
:::Flashback:::
Jill corrió a toda prisa por los pasillos que conducían al despacho personal de Wesker, con una pila de documentos entre sus brazos. Cuando se detuvo ante la puerta en la que colgaba un cartelito en el que ponía "Capitán Albert Wesker", llamó con los nudillos varias veces. No obtenía respuesta, así que entreabrió la puerta lentamente llamando a su Capitán.
El despacho estaba a oscuras, pero Jill sabía que no había nadie. Entró y dejó las carpetas y documentos sobre el escritorio. De repente, de una de las estanterías se cayó una hoja. Jill caviló sobre si debía recogerla o no, decantándose al final por la primera. Se agachó y recogió el papel, tratando de abstenerse a leerlo.
Pero no pudo resistirse, a pesar de que lo único que llegó a leer fue "órdenes". Wesker irrumpió en el despacho sigilosamente, sin que Jill se percatar, y acorraló a la joven agente contra la pared. Wesker colocó sus manos a los lados de los costados de ella, que estaba entre avergonzada y asustada.
-¿Nunca le han dicho que es de mala educación entrar en un sitio sin permiso, señorita Valentine?-le preguntó Wesker, con semblante serio.
-Yo… Perdone, Capitán. Sólo quería dejarle los reportes que terminé de hacer y…
A Jill parecía costarle trabajo hablar. Sus mejillas estaban casi tan rojas como un tomate.
-Que no vuelva a ocurrir, Valentine-le advirtió Wesker, echándose hacia atrás y ahuecándose el pelo con ambas manos.
Jill asintió y salió a toda prisa de allí. Un extraño calor le invadió el cuerpo entero, y no era por los treinta y seis grados que había de temperatura, si no por lo cerca que había tenido a Wesker. Porque, Jill reconocía que Wesker era un hombre muy atractivo, y si se le sumaba su aura misteriosa y las siempre presentes gafas de sol, era un playboy. "¿Pero qué dices, Jill? Es tu Capitán, que te recuerde", se dijo a sí misma en su mente a modo de reproche. Pero no era nada nuevo lo de pensar en Wesker de esa manera… Desde hacía ya tiempo, las piernas se convertían en mantequilla nada más verle. ¿Acaso le gustaba Wesker, en un sentido romántico? ¿Había aunque sea una ligera atracción hacia él? Quizás era algo más que atracción…
:::Fin Flashback:::
Jill miró a Wesker disimuladamente, mientras él le seguía curando la herida. A Jill lo primero que el vino a la mente al verle fue que Albert Wesker había hecho un pacto con el diablo para no envejecer. Aquél hombre, cuantos más años pasaban, mejor estaba. "Jill… ¿te estás escuchando a ti misma? No caigas otra vez en sus redes. No puedes. Hazlo por ti..."
Wesker se alejó de ella y se fue hasta una mesa de laboratorio, se lavó las manos y se las secó. Luego se remangó la camisa negra que llevaba puesta hasta los codos. Excella se acercó hasta él y le puso una mano en el pecho, acariciándoselo. Wesker se retiró de su lado y salió del laboratorio, sin echar cuentas de nadie. Jill se alegró de que se hubiera apartado de aquella víbora.
¿Tenía celos de Excella?
Wesker entró a su cuarto con una extraña sensación en el estómago. Hambre no era, porque él no sentía la misma necesidad de comer que una persona normal; una enfermedad, mucho menos. Su sistema inmunitario era inquebrantable. ¿Entonces… qué podía ser? Era la primera vez que se sentía tan desconcertado sobre algo. Y no le gustaba para nada.
Wesker agachó la cabeza y se percató del bulto que luchaba por salir de su pantalón. Frunció las cejas hacia abajo y sonrió de lado. Sabía muy bien a qué se debía su erección: el tener a Jill Valentine bajo su control, tan indefensa ante él. Su pequeña marioneta. El haberle tenido a su merced, abierta de piernas… La manera en la que ella se había sonrojado, como su piel de marfil había subido de temperatura con su tacto, o sus muecas doloridas o avergonzadas.
Ah, Jill Valentine le estaba proporcionando más satisfacción a Wesker de lo que ella imaginaba. Y él pensaba explotar aquél placer al máximo. Quisiera ella o no, claro. Gracias al P30, Jill iba a ser el nuevo juguete de Wesker.
Pero, ahí estaba esa sensación de nuevo en su estómago. Albert comenzaba a irritarse, y no quería que aquello le arrebatara ese momento de satisfacción.
Wesker se deshizo de su camisa y la arrojó sobre la cama, e hizo lo mismo con los pantalones. Se fue hasta su cuarto de baño y se introdujo en la ducha. Accionó el agua caliente, que dejó fluir entre su torneado cuerpo.
"Jill va a ser mía… Arrebataré a Redfield a su amada… Valentine tendrá una oportunidad de seguir viva. Le dejaré que se haga esperanzas y, ya veré que hacer con ella".
Ya, ya lo sé, una actualización muy corta tras tanto tiempo . Y digo que lo siento de verdad, estaba bloqueada, y como me ocupo de varias historias a al vez, pues tengo la cabeza hecha un lío. Y pido mil perdones, tenéis derecho a sacar los tomates (no seáis bruscos T.T)
Agradezco mucho todos los reviews, sois un gran apoyo. Y ya sabéis, ¡con cada review que dejéis escribiré más! XD Prometo actualizar más seguido. Un golpe de inspiración divina me ha llegado…
PD:Lo sé, Wesker en este capítulo está un poco pervert XD Pero os aseguro que ha sido solo ahora…
