Aquí va el capítulo más largo de los que escribí hasta ahora xD. Espero que les guste.
Mamá nunca me dejaba ir caminando al colegio, ni en el autobús escolar. Ella me llevaba siempre en nuestro coche. Temía que algún monstruo me atacara si iba sola. Ni siquiera Charlie, según ella, podría protegerme. Okey, Charlie era un buen amigo, pero no tenía fuerza muscular casi. Lo que sí daba eran saltos geniales, como una cabra, cuando dejaba las muletas.
Pero un día, cuando acababa de cumplir los quince años, sucedió lo imprevisto. El coche se averió.
Mamá estaba tentada de no dejarme ir al colegio ese día, pero al final tuvo que renunciar al recordar que yo tenía examen escrito de Historia. Claro está, yo llevé los brazaletes como siempre, y un teléfono móvil para decirle si algo iba mal.
Entré al autobús mirando a mi alrededor a ver si veía algo raro, pero el viaje transcurrió sin incidentes. Todos nos bajamos enfrente del edificio escolar y entramos en tropel, pues ya llegábamos tarde. Nos desviamos hacia nuestras respectivas aulas, y yo entré a la de Historia tratando de recordar los nombres y las fechas que nos iban a preguntar.
Charlie se golpeaba la nariz maldiciendo en... ¿griego? porque no recordaba nada de lo que había estudiado.
- Cálmate, hombre - traté de tranquilizarlo, aunque yo me sentía muy insegura. Mi dislexia me dificultaba para escribir, y el profesor era muy estricto en ortografía.
Manuel, uno de mis compañeros, pasó repartiendo las hojas con las preguntas y yo las empecé a leer con la cabeza dando vueltas.
1. Señale qué originó la junta de Worms.
2. Describa el reinado de Enrique VIII.
...
Las preguntas seguían, eran doce en total. El profesor puso el reloj y todos empezamos a responder. Bueno, todos empezaron a escribir. Yo no. Había olvidado casi todo, y mis respuestas fueron vagas y sin sentido, complicadas por muchos errores de ortografía.
Al terminar el tiempo, entregué mi examen al profesor sintiéndome como Harry cuando le entregaba una poción a Snape. Salí del aula con los demás y las clases siguieron una tras otra.
Al final del día, el profesor puso las notas al examen de historia.
- Isabel Dare - me miró con desagrado - Su nota es un dos.
Todos sacaron notas entre siete y nueve, incluso Charlie, que me miró apenado.
Pero si hubiera sabido lo que me esperaba, no me hubiera preocupado nada de las notas del examen.
Volvimos al autobús escolar, y me senté en una esquina a leer Harry Potter, en una edición griega, lo cual me resultaba muy fácil de leer.
Cuando llegamos enfrente de mi casa, bajé pagando al conductor, pero noté que alguien bajaba detrás de mío.
- Ay dioses, ay dioses, ay dioses...- me dije por lo bajo tensando los puños y sin voltearme. No había más compañeros que vivieran cerca, y al autobús se suponía que no podía subir nadie que no fuera un estudiante o un maestro. La única respuesta era...
Un monstruo.
Oí el gruñido a mis espaldas y sin pensarlo dos veces disparé hacia la puerta de mi casa presionando mi brazalete-espada. Cerré de un portazo, le puse el cerrojo y corrí hacia la habitación de las armas. Mamá se hallaba ahí, revisando unos cajones con municiones de bronce celestial.
- Isabel, ¿tú buscaste...? - se interrumpió al ver mi agitación y palideció un tanto.
- Ma...má - traté de calmar mi respiración desenfrenada por la carrera- Hay un...monstruo fuera.
Sacó velozmente una espada de su soporte y la balanceó probando su peso.
Se oyó un estruendo y pasos pesados en el vestíbulo.
- Ya no está fuera - gimió mi madre, angustiada - Ha tirado la puerta abajo.
Verla asustada me despertó un extraño instinto de protección. Yo era la semidiosa, yo era la buena en combate, yo era la que había matado a un monstruo. Y ahora iba a matar otro más para proteger a mi madre indefensa.
El monstruo asomó el cuerpo por la puerta. Era muy parecido al profesor Geran, con la misma cara de ogro y los músculos impresionantes.
- Un lestrigón - murmuró mamá cerrando las manos sobre el puño de su arma en un gesto asustado.
Yo me limité a ponerme en posición de combate con mi larga espada en las manos.
El lestrigón nos habló con una voz cavernosa y malvada.
- Ustedes mataron a mi hermano, yo las mataré a ustedes.
Y atacó.
Mamá blandió la espada protegiéndose pero no le hizo ningún daño al monstruo. Éste rugió enfurecido y la lanzó contra una estantería de un puñetazo. Yo intenté atacarlo por detrás pero era demasiado rápido y sacó de los bolsillos unas bolas ardientes de hierro y fuego.
- Rayos... - me tiré hacia un lado cuando los misiles volaron en mi dirección.
Fueron a parar a un baúl y éste explotó lanzando trozos de bronce en todas direcciones. Uno de ellos me alcanzó en la mejilla y me hizo un corte grande que me aturdió un momento, dándole tiempo al lestrigón a alcanzarme. Me torció el brazo haciéndome soltar la espada pero me defendí pateándolo en el estómago, y haciendo que me soltara.
Retrocedí arrastrándome hasta el soporte del hacha que había probado la primera vez y la saqué incorporándome. Al verme así armada, el monstruo volteó y le lanzó una daga negra a mi madre.
- ¡NO! - se me quebró la voz de tan fuerte que grité y vi a mamá caer con la daga clavada en el pecho.
Me volví hacia el monstruo con un fuego creciendo en mi interior.
- Hijo de puta, VETE AL TÁRTARO!
Todo sucedió a la vez.
Mi espada voló directo al monstruo al mismo tiempo que se oía un rugido atronador y todas las cañerías de la casa explotaron arrastrando con el agua al lestrigón. Armé mi arco y le lancé una flecha con toda mi furia atravesándolo de lado a lado y disolviéndolo en arena negra.
Corrí hacia mi madre velozmente y me arrodillé a su lado.
- Long... Island...- las dos palabras escaparon de sus labios y dejó de respirar.
- ¡NOOOOOOO! - grité hasta perder la voz y caí aturdida al lado de su cuerpo con mi mente nublándose.
Long Island...
Allí tendría que ir.
Bueeeeno, ya en el siguiente capítulo aparecerá el Campamento mestizo. Espero que les haya gustado, y gracias de antemano por los reviews.
