Las clases estuvieron relativamente normales hasta la hora seleccionada para que ambos jóvenes se encontrasen. Un poco de Transformaciones, dos horas de Encantamientos, Pociones en la cuarta hora; Harry se excusó con que había dejado una de sus tareas en la torre por lo que al mediodía se escabulló a las cocinas pidiéndole un aperitivo a Dobby, este se lo dio y Potter pudo disfrutar sus sándwiches mientras que observaba detenidamente dónde se encontraba Draco en su hora del almuerzo, no se sorprendió al encontrarlo en la biblioteca. En su mente se debatía qué hacía todo el día allí; ¿qué buscaría? Al principio, mejor dicho, cuando supo lo que según ellos le había pasado a las memorias de los amigos del rubio, creyó que este había estado en la librería para aprender algún hechizo que lo ayudara en la modificación de estas, pero el Malfoy siguió asistiendo completamente solo a la biblioteca como siempre después del hecho. Las horas siguieron luego de que Harry bajara de la torre de Gryffindor y por fin llegó la hora, el azabache se estaba despidiendo de sus amigos cuando Hermione lo atrajo de vuelta.

Granger inhaló profundamente, como si fuera a hablar con un niño pequeño –No lo presiones tanto, Harry, ya no sabemos cómo puede reaccionar. No sabemos cómo está de humor- Ron resopló, murmurando algo que sonó como a un 'A quién le importa cómo se siente el hurón', o algo así; la castaña lo ignoró –Piénsalo, Harry. Se sutil-

-Seré tan normal como pueda serlo, Hermione- Respondió Harry, dirigiéndole una sonrisa a su mejor amiga; su comentario era ridículo. Potter se alejó a los invernaderos, sabía por Neville que estaban abiertos para todos los estudiantes hasta las seis, y eran las cinco y veinticinco. Para cuando Harry alcanzó la puerta, Draco ya estaba dentro, analizando la maceta aparentemente vacía –Draco- El rubio se dio la vuelta confundido por el nombre de pila. Harry quiso desaparecer por la mirada que el Malfoy le dirigía; el nombre se le había escapado con naturalidad de sus labios al estarlo siguiendo las veinticuatro horas en el Mapa –Digo Malfoy… ¡Argh!, ¿puedo llamarte solamente Draco? Es mucho más simple, y…y… No es que nos odiemos ni nada, ¿no?- Si, Harry estaba definitivamente nervioso; el rubio solo levantó una de sus cejas mientras Harry se frotaba las manos contra sus desgastados jeans, ¿¡cómo rayos hacia eso?! No importaba, el azabache observó la maceta que de repente era la cosa más alucinante de la Tierra.

-Llámame como se te plazca, Potter, pero terminemos con esta mierda- ¿Cómo era que un apellido podría sonar tan desagradable en los labios de otra persona? Harry solo le asintió, no esperaba nada mejor de Malfoy; de hecho, estaba sorprendido que el rubio no replicara con el hecho de que dijera su nombre. Se alegro un poco y se le acercó.

-No hay ningún cambio- Dijo luego de un tiempo de observar de muy cerca la tierra. Se dio la vuelta pero no había nadie -¿Malfoy?- Pudo escuchar un ruido a un costado de la sala pero nadie le contestó -Hey, Draco, ¿qué tanto haces en el armario?- Se le escapó una risita idiota al encontrar el otro sentido de su frase, Malfoy salió bastante exasperado, todo cabellos rubios revueltos y con una regadera en su mano derecha; Harry se calló inmediatamente contemplando cómo acomodaba algunos mechones detrás de su oreja para que no le obstruyeran su visibilidad al llenar el recipiente, Potter se sonrojó brutalmente y agradeció que el otro estuviera de espaldas.

-Madura de una vez- El joven Slytherin le tendió la jarra con agua, él la sostuvo en el lugar –Vamos, Potter, la planta no se riega solita- Harry volvió a sonrojarse, se sentía un idiota allí; ya saben, él y la regadera en medio de la sala.

-¿Qué les sucede a tus amigos?, están bastante raros últimamente- Conciso y directo, nada peor para los nervios de Malfoy. El rubio se había tensado mientras hacía unas anotaciones, se veía perceptiblemente incomodo; Harry trató de remediar un poco la situación –Ya sabes, ya no nos insultan ni están a tu lado, es…extraño. Como si todo se invirtiera de repente- Nada logró ayudar, Draco ya estaba a la defensiva.

-No pasó nada que debiera incumbirte, Potter, metete en tus propios asuntos- Y con eso se largó del lugar. Harry no podía sentirse más inútil, la había cagado en todos los sentidos posibles. Bien, tendría que intentarlo nuevamente; pues, la batalla no era la guerra, y él no planeaba perder.